Filtros Mentales
Filtros Mentales
Filtros Mentales
¿Por qué ante determinados acontecimientos respondemos de forma tan dispar unas personas de otras? Esto
se debe a que la realidad es un concepto subjetivo: cada individuo interpreta unos mismos datos de
forma distinta en función de sus filtros mentales, llegando a conclusiones que pueden ser totalmente
equidistantes.
Por ejemplo, dos compañeros de trabajo, en una sala de reuniones, reciben una noticia de su superior: hay un
nuevo proyecto y quiere que sean ellos quienes se encarguen de planificarlo. A la salida, el primer
profesional se siente entusiasmado con el reto y orgulloso de haber sido nombrado para tal fin, mientras que
el segundo se muestra desmotivado ante la propuesta y la concibe como un castigo. ¿A qué se debe esta
diversidad de opiniones?
“No vemos el mundo como es; vemos el mundo como somos”. Anaïs Nin
En este sentido, dentro de la docena de distorsiones cognitivas que las personas aplicamos consciente o
inconscientemente, los filtros mentales hacen referencia a la valoración de un hecho o experiencia a
partir de un solo elemento -generalmente negativo- ignorando los otros. Como consecuencia, el sistema
de filtros mentales, que hemos ido conformando desde que nacemos y bajo el cual vivimos, “está formado
por experiencias que hemos vivido, valores adquiridos, aprendizajes que hemos realizado y todas aquellas
ideas que nos han transmitido sobre la vida, que tomamos como certezas y nos hacen pensar, sentir y
actuar de mantera determinada”, explica David Solá en Del caos emocional a la paz interior: Cómo
lograr una sanación integral.
Se trata de creencias, ideales, valores, experiencias, vivencias, antecedentes familiares, cultura, estados
emocionales, hábitos de pensamiento, esquemas mentales, ideas preconcebidas, expectativas, etc. “Todos
ellos se ocupan de transformar la realidad en ‘nuestra realidad’”, sostiene la psicóloga Raquel Ribes.
Pensamiento impulsivo. Lo ejercitan aquellas personas que toman decisiones y actúan sin
reflexionar sobre las consecuencias, ni tener en cuenta el punto de vista de los demás.
Pensamiento egocéntrico. Alguien egocéntrico se caracteriza por pensar que todo lo que ocurre está
relacionado con su persona, siempre aporta su experiencia personal para resolver problemas y
confunde la realidad con sus deseos o temores.
Pensamiento arrogante. Este filtro mental negativo lleva a los sujetos a sentirse como superiores
respecto a los demás, por lo que imponen su criterio y rechazan cualquier propuesta que no provenga
de sí mismos.
Pensamiento sujeto a prejuicio. Es aquel, apunta el autor, bajo el que se actúa influido por una idea
exagerada, falsamente generalizada o equivocada, de la realidad.
Pensamiento apático. Provocan desidia ante cualquier circunstancia y llevan a los sujetos a buscar
el mínimo esfuerzo.
De este modo, no solo podremos tener una imagen más fidedigna sobre los hechos, sino que también
podremos comprender mejor a las otras personas, al desarrollar una escucha activa y reflexiva como
parte de nuestras habilidades sociales. Como apunta Óscar Velasco en El éxito es una habilidad que se
aprende: Cómo lograr todo lo que te propongas: “cuando limpiamos nuestra percepción, de este modo, se
facilita mantener las relaciones humanas en óptimas condiciones”.
Así, Tim Dugger, en Escucha eficaz: la clave de la comunicación, facilita tres claves para controlar los
filtros mentales:
De este modo, mantendremos una actitud positiva y receptiva ante cualquier circunstancia, que nos permitirá
desarrollar una visión holística con la que comprender mejor el mundo y poder actuar en consecuencia.
Como dijo Harla Coben: “No es que crea en ellos pero, en caso de duda, mejor mantener la mente abierta”.
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“La actitud lo es todo”, sostiene David Stoop en su libro You Are What You Think (Eres lo que piensas).
“Vemos personas que tienen las mejores intenciones y su motivación es espiritual y moralmente correcta
pero no tiene éxito porque su actitud es negativa y autodestructiva”, señala el autor.
Seguro que se te viene a la cabeza algún caso que ejemplifique esta situación, como un compañero que, a
pesar de su trabajo duro y sus capacidades, no consigue prosperar dentro de la empresa o ese amigo que
tiene una gran idea de negocio pero se niega a abandonar su puesto fijo para llevarla a cabo.
¿Qué marca la diferencia entre un profesional exitoso y otro mediocre? La clave está en la actitud mental:
mientras el primero no se impone límites, el segundo está condicionado por la inseguridad, el conformismo
y las expectativas externas. Stephen King tiró a la basura su primera novela tras las duras críticas de sus
allegados; a Fred Astaire le dijeron que no sabía ni actuar ni bailar en su primera audición y a Einstein lo
calificaban como perezoso y de bajo intelecto. Sin embargo, no se rindieron.
¿Cómo podemos alcanzar este poder mental? Según la terapeuta Lisa Ferentz, en su libro Finding Your
Ruby Slippers, existen tres grandes barreras que nos limitan, proponiendo mecanismos para superar estos
escollos:
Ante el miedo, actúa. Todo el mundo sufre temores ante nuevos retos o desafíos: un ascenso, un
nuevo trabajo, abandonar una empresa, reinventarse profesionalmente… La diferencia entre los
profesionales exitosos y lo que no lo son es que los primeros trabajan su autoconfianza y actúan a
pesar del mismo. Citando a Nelson Mandela, “El hombre valiente no es el que no siente miedo, sino
aquel que conquista ese miedo”. Por tanto, eres lo que piensas cuando, a pesar de los temores,
continúas tu camino.
Ante el ‘status quo’, disrupción. La sociedad actual nos encadena al conformismo, a aceptar
nuestra situación como buena a pesar de que no nos satisfaga completamente. Esto se puede ver en
cualquier ámbito de la vida, desde parejas infelices que mantienen su relación porque no creen poder
encontrar algo mejor –donde estar solo también es una opción.- o trabajadores insatisfechos que se
consuelan con que tienen un sueldo con el que vivir. Pero, ¿realmente tiene que ser así? En este
sentido, la terapeuta aboga por no autoimponernos un techo de cristal a nuestras propias metas y
adoptar decisiones que realmente se correspondan con nuestros deseos y aspiraciones.
Ante las decisiones, reflexiones. Otra de las lacras que nos limita en la sociedad actual es la idea de
que, una vez que adoptamos una decisión, debemos mantenernos fieles a la misma en cualquier
situación. Como dijo Jean de la Fontaine, “la vergüenza de confesar el primer error, hace cometer
muchos otros”. Eres lo que piensas, pero esto no quiere decir que no puedas modificar tu forma de
ver las cosas: quizá aceptaste un trabajo porque inicialmente te resultó atractivo y ahora ya no te hace
sentir realizado. ¿Realmente no puedes redirigir tu vida? El hecho de no cometer errores está
sobrevalorado y lo que verdaderamente denota valentía y poder mental es tener el coraje de hacer
cambios.
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“Los seres vivos son manojos de hábitos”. Esta es la idea inicial del trabajo de William James, uno de los
referentes de la Psicología moderna y la Neurociencia social, quien ha analizado en profundidad cómo
cambiar de hábitos gracias a la plasticidad del cerebro.
Todos tenemos hábitos, buenos y malos, en nuestro día a día. En el ámbito laboral también, como por
ejemplo, confirmar las reuniones con los participantes, enviar notas de agradecimiento, llegar 5 minutos
tarde por las mañana, realizar un listado de tareas pendientes para el día siguiente, organizar el escritorio
antes de salir, dejar la puerta abierta a pesar de estar la calefacción encendida… Sin embargo, está en
nuestra mano transformar los hábitos negativos por otros positivos.
Por su parte, Pierre Bourdieu, en Raisons pratiques, define los hábitos como “el conjunto de esquemas
generativos a partir de los cuales los sujetos perciben el mundo y actúan sobre él”, mientras que Jesús
Guerrero, en su blog, los concibe como “una acción repetida de forma constante o periódica por parte de
una persona, ya sea consciente o inconscientemente”.
En este sentido, cabe destacar la clasificación que James recoge en su libro Principios de Psicología de los
hábitos en dos tipos:
De ahí que Virginia Aspe y Ana Teresa López, en Hacia un desarrollo humano: valores, actitudes y hábitos,
definan el segundo tipo de hábitos como “la capacidad que el hombre tiene de disponerse de un modo
distinto de cómo es por su naturaleza aunque no vaya en contra de ella”.
Y aunque pasen casi desapercibidos por la naturalidad con la que son aplicados, una investigación de la
Universidad de Duke sostiene que son los hábitos, y no decisiones puntuales, los detonantes del 40% de las
acciones que llevan a cabo las personas cada día.
Así, en su investigación, analizó el comportamiento de una rata que buscaba comida en un laberinto: las
primeras veces, se activaban considerablemente los ganglios basales, pero cuando el animal ya conocía el
camino, este trabajo se reducía considerablemente, disminuyendo el esfuerzo. De este modo, “si dejamos
que utilice sus mecanismos, el cerebro intentará convertir casi todas las rutinas en un hábito, porque
así ahorra energía”, añade José Antonio Marina en su artículo Los hábitos, clave del aprendizaje.
Como consecuencia, la introducción de hábitos en el día a día de las personas generan los siguientes efectos:
Esto es gracias a la plasticidad del cerebro, es decir, la capacidad de la mente para adaptarse a los
cambios, modificar la estructura física del cerebro, incorporando nuevos circuitos neuronales, y aceptar las
nuevas pautas de forma gradual como algo natural, según las teorías de James.
En este sentido, “una vez que la estructura ha cedido a los cambios y adopta una nueva configuración, la
propia inercia actúa como condición para la permanencia, tanto de la nueva forma como de los
hábitos manifestados y adquiridos en el nuevo estado”, aseveran Carlos María Alcover y Fernando
Rodríguez Mazo en Plasticidad Cerebral y Hábito en William James: un Antecedente para la Neurociencia
Social.
Por ello, para cambiar de hábitos es necesario realizar una acción consciente que nos lleve a repetir el
comportamiento deseado durante un periodo suficiente para que el cerebro lo asuma como la
respuesta natural.
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En torno a 12,8 millones de profesionales españoles, el 71%, se encuentran satisfechos con su empleo,
según el último informe Workmonitor de Randstad para el segundo trimestre de 2017. Aunque el resultado
es positivo, también refleja que hay un 29% descontento con su actual vida laboral y, muchos de ellos, se
plantearán la difícil cuestión de cómo saber lo que quiero.
Decía Séneca que no hay viento favorable para quien no sabe a dónde va. Nos repiten constantemente que
luchemos por nuestras metas y objetivos pero, en ocasiones, el problema radica en el desconocimiento
de los mismos. Esta incertidumbre se produce en todas las etapas de la vida, desde el alumno de instituto
que debe elegir dónde continuar sus estudios o el graduado universitario que tiene que ir desarrollando su
carrera profesional hasta el trabajador que, tras años de experiencia, se siente desmotivado y encerrado en un
puesto que no le satisface.
La pregunta de cómo saber lo que quiero es crucial, pues supone el punto de partida para construir
una vida personal y laboral plena. En este sentido, la coach personal y escritora Kathy Caprino, autora de
la charla TEDx Talks Time to brave up, señala en un artículo publicado en Forbes, seis pasos para dar
respuesta a esta incógnita existencial sobre cómo cambiar nuestra vida cuando no sabemos por dónde
empezar:
1. Rompe con los convencionalismos impuestos. Los imperativos sociales pueden provocar que nos
sintamos prisioneros de una vida externamente marcada: aceptar un puesto de trabajo porque está
bien remunerado, casarnos, tener hijos, acceder a una vivienda… Es como si gran parte de nuestra
existencia estuviera ya marcada de antemano, pero ¿es realmente así? Si queremos resolver la
cuestión de cómo saber lo que quiero debemos de cuestionar todas estas suposiciones y tratar de
reescribir el futuro en un folio en blanco. Nadie es demasiado joven para soñar con ambición ni nadie
es demasiado viejo para no poder emprender el cambio. Cuando eliminamos estos factores de la
ecuación, veremos el gran número de opciones disponibles.
2. Quédate con lo bueno. La experta aconseja evitar el radical “borrón y cuenta nueva” y realizar un
análisis pormenorizado de cuáles son los aspectos positivos y negativos de la actual carrera
profesional, deshaciéndonos de lo que nos hace sentir frustrados. Así, puede que nuestro actual
puesto no nos motive, pero sí que nos guste el entorno de trabajo o viceversa, o que sintamos pasión
por una parte de nuestras funciones, aunque nos parezcan tediosas otras muchas. Esta evaluación nos
va a permitir marcar el camino por el que debemos avanzar en nuestra renovación profesional.
3. Soluciona los problemas antes de partir. Aclarar cómo saber lo que quiero no significa huir de los
problemas. Para encauzar la vida profesional y personal hay que tomar las riendas de la misma y esto
supone enfrentarse a los conflictos que en ella existan. Es habitual que, una vez afrontados, esa
incertidumbre desaparezca y el único cambio que realmente necesitábamos era aclarar algunos
puntos, como una desavenencia con el superior o un compañero.
4. Busca apoyos. Como apunta Caprino, “no puedes llegar a donde quieres en la vida y el trabajo si no
tienes ayuda”. Por ello, es importante que construyamos una red de contactos que nos impulsen hacia
el siguiente nivel, desde familiares que apoyen nuestra transformación, compañeros que nos
recomienden o contactos profesionales, hechos en redes sociales o grupos de trabajo y asociaciones,
que nos abran puertas.
5. Aclara quién eres. Para encontrar un nuevo rumbo debemos averiguar lo que realmente somos:
cuáles son nuestras fortalezas, qué nos hace diferentes, qué nos gusta hacer, cuáles son nuestras
expectativas de vida, qué valores nos rigen, qué causas apoyamos, a quién admiramos… Si no
podemos responder a estas preguntas, ni nosotros ni los demás sabremos cómo ayudarnos.
6. Conecta los puntos. Llegados a este momento, el último paso para concretar cómo saber lo que
quiero requiere que enlacemos nuestras preferencias y expectativas con las posibilidades que nos
ofrece el mundo. En este sentido, la coach recomienda explorar directamente las opciones para ir
delimitando paulatinamente la trayectoria más adecuada para nosotros.
Pensamiento crítico y creativo para un aprendizaje
eficaz
14 Sep 2017 | Desarrollo Personal
Durante décadas, hemos asistido a un aprendizaje basado en la memorización. Sin embargo, en la actualidad
comienza a imponerse un nuevo enfoque que impulsa el pensamiento crítico y creativo, así como el
análisis, como medio para que cualquier persona puede alcanzar su máximo potencial.
Desarrollado por el psicólogo Robert Swartz, considerado uno de los mayores expertos en el ámbito
educativo, el conocido como método TBL (Thinking Based Learning) enseña a las personas a pensar.
“Pensar de forma correcta y adecuada es lo único que los alumnos necesitan para aprender aquello que
utilizarán en sus vidas”, sostiene. ¿En qué consiste esta metodología?
El pensamiento eficaz
El aprendizaje basado en el pensamiento, como apunta Robert Swartz en su trabajo Cómo desarrollar en los
alumnos las competencias del siglo XXI, tiene como objetivo conseguir un pensamiento eficaz, entendido
como “la aplicación competente y estratégica de destrezas de pensamiento y hábitos de la mente
productivos que nos permiten llevar a cabo actos meditados de pensamientos, como tomar decisiones,
argumentar y otras acciones analíticas, creativas o críticas”.
Se trata de crear personas que no solo sean capaces de repetir una retahíla de información previamente
memorizada, sino que comprenden el mundo que les rodea. Su éxito en el ámbito educativo está originando
que sea extendido en otros sectores, como a los planes de desarrollo profesional de las empresas, donde las
organizaciones necesitan profesionales con habilidades críticas, creativas y analíticas.
Destrezas de pensamiento. Se trata de los procedimientos que llevamos a cabo a la hora de pensar y
que pueden ser destrezas de pensamiento crítico y creativo y analítico.
Hábitos de la mente. Se refiere a cómo dirigimos estos procedimientos para dar lugar a conductas
de reflexión amplias y productivas.
Metacognición. Consiste en llevar a cabo los dos pasos anteriores basándonos en lo que se nos pide.
Ahora bien, tanto el pensamiento crítico y creativo, como el analítico, deben desarrollarse
conjuntamente para obtener un aprendizaje completo y realizar un progreso profesional eficaz. Por
ejemplo, de nada sirve idear originales y novedosas iniciativas si no somos capaces de determinar si son
factibles. No obstante, en la Escuela Europea de Management contamos con el curso online ‘Desarrolla tus
habilidades personales’ en el que abordamos en profundidad técnicas y herramientas para, entre
otros objetivos, los participantes potencien su pensamiento crítico y creativo.
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