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Derecho Administrativo 2

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EL PROCEDIMIENTO ADMINISTRATIVO

Es un conjunto de principios y reglas que sigue el PE, por medio de actos preparatorios y
actuaciones materiales, con el objeto de expresar decisiones.
Es un modo de elaboración de las decisiones estatales y constituye un límite al ejercicio del poder
estatal.
El sentido y finalidad que persigue el procedimiento administrativo comprende dos aspectos
distintos y sustanciales.
Por un lado, garantizar los derechos de las personas que interactúan con el Estado porque a través
del procedimiento administrativo hacen valer sus derechos. Por el otro, el procedimiento persigue
asegurar la legitimidad, racionalidad, acierto y eficacia de las conductas y decisiones estatales
mediante el cumplimiento de ciertas reglas, por caso, la intervención de las áreas técnicas
competentes, de modo de obtener el resultado legítimo y más conveniente según los intereses del
propio Estado.
El órgano competente para regular el procedimiento administrativo es el PL.
La finalidad del procedimiento administrativo (triple perspectiva):
- Una herramienta que se relaciona con el principio republicano de gobierno (división de poderes)
- Una herramienta para que los funcionarios rindan cuenta de su actuación; para constatar que las
decisiones que adoptan no contradicen el OJ. Para que los administrados puedan revisar esas
decisiones como garantía de control.
- Una herramienta para que se adopten decisiones previamente habiendo sido escuchado el
administrado. De esta forma se ejerce el derecho de Defensa en juicio, que es inviolable, y
derecho a obtener una decisión fundada (art. 18 CN).
Todos los órganos que cumplen funciones materialmente administrativas tienen que cumplir con
el procedimiento administrativo. (Cualquiera de los 3 poderes).
DIFERENCIAS ENTRE PROCEDIMIENTO Y PROCESO: en el procedimiento administrativo el órgano
que resuelve el conflicto es el propio Ejecutivo. Por su parte, en el proceso judicial el conflicto es
resuelto por un tercero imparcial e independiente (el juez). Además la decisión judicial tiene
fuerza de verdad legal, es decir, reviste carácter definitivo; el decisorio dictado en el marco del
procedimiento administrativo no es definitivo en el sentido de que puede ser revisado
posteriormente por el juez. Los procedimientos administrativos casi siempre son gratuitos, en el
proceso judicial se paga una tasa. En el procedimiento administrativo el administrado no requiere
representación letrada, puede defenderse por sí mismo.

La LPA se aplica a la Administración Pública Nacional (centralizada o descentralizada) y a entes


autárquicos (salvo a los organismos militares y a los de defensa y seguridad). Esta ley no se aplica a
las sociedades del Estado.
La ley de Procedimiento, igual que el resto de las normas del Derecho Administrativo, tiene en
principio carácter local ya que los Estados provinciales no delegaron en el Estado federal la
regulación de estas materias, de modo que cada Provincia regula el procedimiento administrativo
en su ámbito territorial. (Art. 121 CN: las provincias conservan todo el poder no delegado por esta
Constitución al Gobierno federal, y el que expresamente se hayan reservado por pactos especiales
al tiempo de su incorporación. Art. 126 CN: Las provincias no ejercen el poder delegado a la
Nación. Art. 5 CN: cada provincia dictará para sí una Constitución bajo el sistema representativo
republicano, de acuerdo con los principios, declaraciones y garantías de la CN; y que asegure su
administración de justicia, su régimen municipal y la educación primaria. Bajo estas condiciones el
Gobierno federal es garante a cada provincia el goce y ejercicio de sus instituciones.)
El decreto reglamentario de la LPA establece expresamente la aplicación del Código Procesal Civil y
Comercial con carácter supletorio.
PRINCIPIOS DEL PROCEDIMIENTO ADMINISTRATIVO
Art. 1 LPA:
1) La impulsión e instrucción de oficio (inc. A). El PE debe instar el trámite por sí mismo, impulsarlo,
darle curso y avanzar hasta su resolución, aun cuando la parte interesada no lo haga. Las
actuaciones administrativas son impulsadas por el órgano competente, sin perjuicio de que el
interesado también puede instar el procedimiento. Sin embargo, más adelante, la LPA establece
que “transcurridos sesenta días desde que un trámite se paralice por causa imputable al
administrado, el órgano competente le notificará que, si transcurriese otros 30 días de inactividad,
se declarará de oficio la caducidad de los procedimientos, archivándose el expediente.”
Cuando el Estado, en el marco de procedimiento dado no persigue directamente intereses
colectivos, es el particular quien debe impulsarlo y consecuentemente procede el instituto de la
caducidad.
Finalmente cabe aclarar que el Estado por medio del procedimiento persigue el conocimiento no
simplemente de la verdad formal según los planteos, argumentos, hechos o derecho alegado por
las partes y volcado en el expediente administrativo, sino la verdad real, es decir, la verdad
objetiva o material, el fondo de la cuestión. La administración participa en el procedimiento,
produce pruebas, trae circunstancias a colación, analiza todo, porque tutela el interés público. En
el proceso judicial lo impulsan solo las partes y prima la verdad formal de acuerdo a lo que las
partes alegan y demuestran. El PE puede resolver cuestiones no planteadas por las partes, siempre
y cuando se observe debidamente el derecho de defensa de las personas.
El art. 1 inc. f) apartado segundo, dispone que la Administración debe requerir y producir los
informes y dictámenes que fuesen necesarios para el esclarecimiento de los hechos y el
conocimiento de la verdad jurídica objetiva.
En el proceso judicial el juez solo actúa en base a pruebas aportadas por las partes.
2) La celeridad, economía, sencillez y eficacia de los trámites (inc. b).
El principio de celeridad supone rapidez e inmediatez en el desarrollo y resolución de las
actuaciones y, en tal sentido las normas establecen dos herramientas. Por un lado, la
incorporación de plazos breves respecto del Estado e incluso sanciones en caso de incumplimiento
de tales términos a los agentes responsables. Por el otro, la regulación del instituto del silencio, de
modo que el vencimiento de los plazos debe interpretarse como rechazo de las pretensiones de
las personas.
El principio de economía significa lograr los objetivos con el menor costo posible. Ej: eliminar
plazos inútiles; concertar en un mismo acto o audiencia todas las diligencias o medidas de prueba
pertinentes, proveer todos los trámites que puedan impulsarse a la vez en una sola resolución, etc.
La sencillez es la simplificación de los trámites. Supone que el procedimiento debe tener tales
caracteres que cualquier sujeto pueda seguir y comprender los pasos del procedimiento y las
decisiones estatales.
Finalmente el postulado de la eficacia consiste en el logro de los objetivos propuestos. En este
contexto es necesario mencionar el proceso de incorporación del expediente administrativo en
soporte informático y la firma digital. Supone la inclusión de nuevas tecnologías y mecanismos de
transparencia y publicidad de los expedientes y procedimientos administrativos.
3) El principio de informalismo a favor del administrado (inc. c).
El particular está excusado de observar las exigencias formales no esenciales siempre que puedan
ser salvadas posteriormente. Ejemplo: la calificación errónea de los recursos administrativos, las
prestaciones realizadas ante el órgano incompetente por error excusable y los defectos formales
insustanciales. Cabe agregar también los defectos que deben ser salvados por el interesado, previa
intimación del órgano competente y bajo el apercibimiento del caso. Por ejemplo, el
incumplimiento de la obligación de denunciar el domicilio real y constituir domicilio especial.
La informalidad es solo para el particular, no para la Administración y su razón de ser es que en el
procedimiento administrativo, en general, no se exige que el particular asista asesorado por un
abogado, el cual conoce mucho más sobre las exigencias formales.
4) El debido proceso adjetivo (inciso f).
a) Derecho a ser oído: el titular de un derecho o interés debe exponer sus pretensiones y explicar
sus razones. Además, la expresión debe ser amplia y oportuna, es decir, sin restricciones y de
carácter previo a las decisiones estatales. Luego de dictado el acto respectivo, tiene derecho de
interponer los recursos correspondientes con el objeto de que se revisen las decisiones estatales.
Si en el marco del procedimiento están debatiéndose cuestiones jurídicas y una norma expresa no
permite que la representación se ejerza por quienes no sean procuradores o abogados, entonces
el patrocinio letrado se vuelve obligatorio.
b) Derecho a ofrecer y producir prueba y controlar la prueba producida. El particular puede ofrecer
todos aquellos medios probatorios de que intente valerse y el Estado, en su condición de
instructor del procedimiento, debe resolver sobre la procedencia o no de tales medios. (pericial,
documental, testimonial, etc.)
c) Derecho a una decisión fundada: exige que el Estado resuelva los principales planteos del
interesado, previo análisis de sus argumentos –considerándolos o refutándolos-, y a su vez
explicite cuál es su decisión y por qué decide de ese modo. Además las personas tienen derecho a
una decisión en tiempo oportuno, es decir, que el Estado debe explicar cuáles son sus razones de
sus decisiones en plazos razonables.
OTROS PRINCIPIOS: principio de legalidad (el procedimiento debe sujetarse al bloque de
legalidad). Principio de igualdad, todos los administrados que están en la misma posición tienen
derecho a ser tratados de igual forma. La administración no puede dar privilegios o negar
derechos a algunos administrados en forma arbitraria. Principio de pro acción y de tutela judicial.
Así por ejemplo, en caso de dudas sobre si las partes están legitimadas o no, o si el trámite es o no
procedente, debe estarse a favor del trámite y su continuidad.
EL EXPEDIENTE ADMINISTRATIVO
El expediente administrativo puede definirse como el conjunto de documentos, escritos,
resoluciones y actuaciones expuestos de modo ordenado y concatenado en el marco del trámite
administrativo. Es el soporte material del procedimiento que puede iniciarse de oficio o por
pedido de parte y cuyo objeto es expresar las decisiones estatales.
PRESENTACION DE LOS ESCRITOS EN EL TRÁMITE ADMINISTRATIVO
Deben ser redactados a máquina o manuscritos, en la parte superior deben llevar un resumen del
petitorio e identificación del expediente y contener el nombre, apellido y domicilio real y
constituido del interesado, la relación de los hechos y, en su caso, el derecho aplicable, la petición
en términos claros y precisos, el ofrecimiento de los medios de prueba y, además, acompañar la
prueba documental en poder de quien suscribe el escrito. Firma del interesado o su representante
legal o apoderado.
Deben presentarse en la mesa de entrada del órgano competente o por correo, y los escritos
posteriores pueden presentarse o remitirse directamente a la oficina en donde se encuentre el
expediente. El órgano de recepción debe dejar constancia de la fecha de presentación del escrito.
Art. 19 RPA: Toda persona que comparezca ante la autoridad administrativa, por derecho propio o
en representación de terceros, deberá constituir un domicilio especial dentro del radio urbano de
asiento del organismo en el cual tramite el expediente. Si por cualquier circunstancia cambiare la
tramitación del expediente en jurisdicción distinta a la del inicio, el interesado deberá constituir un
nuevo domicilio especial. Se lo hará en forma clara y precisa indicando calle y número, o piso,
número o letra del escritorio o departamento.
Art. 20 RPA: Si no se constituyere domicilio, no se lo hiciere de acuerdo a lo dispuesto por el
artículo anterior, o si el que se constituyere no existiera o desapareciera el local o edificio elegido
o la numeración indicada, se intimará a la parte interesada en su domicilio real para que se
constituya domicilio en debida forma, bajo apercibimiento de continuar el trámite sin intervención
suya o de u apoderado o representante legal, o disponer la caducidad del procedimiento con
arreglo a lo establecido en el artículo 1, inciso e), apartado 9 de la Ley de Procedimientos
Administrativos, según corresponda.
Art. 1 e) apartado 9 LPA: Transcurridos sesenta (60) días desde que un trámite se paralice por
causa imputable al administrado, el órgano competente le notificará que, si transcurrieren otros
treinta (30) días de inactividad, se declarará de oficio la caducidad de los procedimientos,
archivándose el expediente. Operada la caducidad, el interesado podrá, no obstante, ejercer sus
pretensiones en un nuevo expediente, en el que podrá hacer valer las pruebas ya producidas.

LAS PARTES
El Estado es el instructor del trámite, debe intervenir y dirigir el procedimiento. Por otro lado,
intervienen los particulares, esto es, las personas físicas o jurídicas que interactúan con el Estado.
Las partes en el trámite administrativo deben reunir dos condiciones: a) capacidad; b)
legitimación.
El decreto reglamentario dispone que los menores adultos tienen plena capacidad para intervenir
directamente en procedimientos administrativos como parte interesada en la defensa de sus
propios derechos subjetivos o intereses legítimos. (14 – 18).
La ley y su decreto reglamentario sólo reconocen legitimación a las personas titulares de derechos
subjetivos e intereses legítimos.
PARTE INTERESADA: toda persona física o jurídica, pública o privada que tenga capacidad (aptitud
para adquirir derechos y contraer obligaciones) para actuar en el procedimiento y que tenga
legitimación (ser titular de un derecho subjetivo o interés legitimo e invoque una lesión concreta
en alguno de ellos por el acto dictado o a dictarse).
PLURALIDAD DE LAS PARTES: el trámite es plural cuando es parte no sólo el interesado originario
sino además otros a quienes el acto afecte o pueda afectar sus derechos o intereses legítimos y
que se hubieren presentado en ese marco y con los siguientes matices: a) por pedido del
interesado originario, b) espontáneamente, c) por citación del órgano instructor.
El acto es triangular cuando existe pluralidad de partes con intereses contrapuestos. De tal modo
es posible visualizar los intereses del Estado, de las partes y de otras partes en términos de
conflicto.
LOS PLAZOS
Son obligatorios para los interesados y para la Administración. El principio general es que los
trámites deben realizarse y los actos dictarse en días y horarios hábiles administrativos (aquellos
días en que el Estado atiente al público). Se computarán a partir del día siguiente al de la
notificación. El plazo para la realización de trámites, notificaciones y citaciones y el cumplimiento
de intimaciones o citaciones y contestación de traslados, vistas e informes es de 10 días, salvo
cuando las normas hubiesen establecido un plazo especial.
Por último la LPA reconoce el poder de la Administración de prorrogar los plazos antes de su
vencimiento, de oficio o por pedido de parte, por un tiempo razonable según las circunstancias del
caso y siempre que no perjudiquen derechos de terceros.
Una vez vencidos los plazos para interponer recursos administrativos se perderá el derecho para
articularlos; ello no obstará a que se considere la petición como denuncia de ilegitimidad por el
órgano que hubiera debido resolver el recurso, salvo que éste dispusiere lo contrario por motivos
de seguridad jurídica o que, por estar excedidas razonables pautas temporales, se entienda que
medió abandono voluntario del derecho.
La interposición de recursos administrativos interrumpirá el curso de los plazos aunque aquéllos
hubieren sido mal calificados, adolezcan de defectos formales insustanciales o fueren deducidos
ante órgano incompetente por error excusable.
Cualquier actuación ante el órgano competente suspende los plazos y, consecuentemente, una
vez concluido ese trámite debe reanudarse el cómputo del plazo transcurrido originariamente. En
caso de interposición de recursos es claro que el plazo debe interrumpirse y luego volver a
contarse desde el inicio. Por último, cabe recordar que el pedido de vistas con el fin de articular
recursos administrativos o interponer acciones judiciales, suspende el plazo para recurrir en sede
administrativa y judicial. Otros doctrinarios sostienen que no es posible distinguir entre el instituto
de la suspensión e interrupción de los plazos.
LA DIRECCION DEL PROCEDIMIENTO
El órgano competente es el responsable de impulsar, instruir, dirigir y resolver el trámite
administrativo. Impulsar y tramitar los expedientes según su orden y decidirlos cuando estén en
condiciones de ser resueltos; adoptar medidas necesarias para remover los obstáculos que
impidan avanzar en el procedimiento; proveer en una sola resolución todos los trámites siempre
que ello fuere posible y realizar en una misma audiencia todas las diligencias o medidas de prueba;
etc.
LAS VISTAS DEL EXPEDIENTE
La parte interesada, su representante y su letrado pueden tomar vista de las actuaciones, esto es,
el acceso y conocimiento del expediente y sus anexos, con excepción de aquellos actos, informes y
dictámenes que sean reservados o secretos. Con el fin de controlar las actuaciones de los
funcionarios públicos.
El pedido de vista puede ser escrito o verbal y se otorga sin necesidad de resolución expresa y en
la oficina en que se encuentre el expediente aun cuando no sea la mesa de entradas del
organismo instructor. Por su parte, el particular puede solicitar, a su cargo, fotocopias de las piezas
de las actuaciones. A su vez, si el solicitante requiere un plazo, éste debe fijarse por escrito. Si no
se establece plazo, debe entenderse que es de 10 días.
Si la persona interesada decide pedir vista de las actuaciones, el plazo para recurrir debe
suspenderse durante el tiempo en que el órgano competente otorgó la vista, sin perjuicio de que
la sola presentación del pedido de vista ya suspende por sí el curso de los plazos. (Conviene pedir
por escrito, así el plazo se suspende también por el tiempo en que la administración decida
conceder, otorgar la vista). No corren los plazos para articular los recursos administrativos.
Quien decreta las reservas es el secretario, y no se va a poder acceder a las actuaciones reservadas
(causas sobre operativos militares, fuerzas de seguridad, fabricación o ventas de armas, servicios
de inteligencia, etc.). Si se utiliza una actuación reservada como fundamento para dictar el AA, y
afecta derechos subjetivos, el interesado va a poder pedir la vista de esas actuaciones reservadas.
NOTIFICACIONES
La notificación es el conocimiento de determinadas piezas o actuaciones de modo cierto y
fehaciente en el marco del procedimiento, dando certeza de que el particular conoce el contenido
del acto que es objeto de notificación y cuál es la fecha de tal comunicación.
Los medios de notificación son (art. 41 RPA): a) el acceso directo al expediente; b) la presentación
espontánea de cualquier escrito siempre que de ello resulte que el interesado tiene conocimiento
fehaciente de las actuaciones previas; c) cédula; d) el telegrama con aviso de entrega; e) el oficio
impuesto como certificado expreso con aviso de recepción; f) carta documento; g) los medios que
indique la autoridad postal y, por último h) los edictos.
El decreto admite, en el art. 45 la notificación verbal cuando el acto administrativo no esté
documentado por escrito.
Las notificaciones que no cumplan con los recaudos que establece la ley carecen de valor y,
consecuentemente, no tienen efectos jurídicos. (Notificaciones inválidas, art. 44). Sin embargo, si
del expediente resultase que la parte interesada recibió el instrumento de notificación, entonces a
partir del día siguiente se debe iniciar el plazo perentorio de 60 días para deducir el recurso
administrativo que resultase admisible o el cómputo del plazo de 90 días para deducir demanda
judicial.
Es decir, el precepto normativo prevé la ampliación de los plazos por notificaciones irregulares
siempre que el interesado haya recibido el instrumento de notificación.
Pues bien, el término para interponer el recurso administrativo (comúnmente de 10 o 15 días)
debe reemplazarse por el de 60 días. Por su lado, cabe preguntarse, tal como está redactado el art.
44 del decreto reglamentario (“se iniciará el plazo perentorio de 60 días… para el cómputo del
plazo previsto en el art. 25 LPA”), si el plazo de 60 días sustituye o extiende el plazo para iniciar la
demanda judicial. Creemos que entre las dos interpretaciones posibles debemos inclinarnos por
aquella que resulte más beneficiosa en términos de derecho, de modo que cabe interpretar que
ese plazo (60 días) debe sumarse al de 90 días que prevé el art. 25 LPA para impugnar
judicialmente el acto.
ART. 40 RPA: las notificaciones se diligenciarán dentro de los CINCO (5) días computados a partir
del día siguiente al del acto objeto de notificación e indicarán los recursos que se puedan
interponer contra dicho acto y el plazo dentro del cual deben articularse los mismos, o en su caso
si el acto agota las instancias administrativas. En caso de omitirse tales recaudos debe comenzar a
contarse un plazo de 60 días para la interposición del recurso respectivo a partir del día siguiente
al de la notificación. Es decir, en caso de incumplimiento de estos recaudos, el plazo de
impugnación es de 10 o 15 días debe reemplazarse por el de 60.
En síntesis, y a título de conclusión, cabe señalar que el decreto reglamentario establece, según
nuestro criterio, dos categorías diversas con respecto a los vicios del acto de notificación, por un
lado, su invalidez y por el otro, la prórroga de los plazos.
El primer caso ocurre cuando el acto de notificación no cumple con las pautas legales y no surge
del expediente que la parte interesada haya recibido el instrumento de notificación.
En el segundo, el acto cumple con los recaudos legales y reglamentarios, pero no indica los
recursos que el interesado debe interponer, cuál es su plazo y si el acto agotó el trámite
administrativo previo. Si no se transcriben los considerandos o la parte dispositiva el acto no es
saneable, nulidad absoluta.
ART. 39 RPA: los actos que deben notificarse a los interesados son, entre otros, los actos
administrativos de alcance individual de carácter definitivo o asimilable, los actos que resuelven
un incidente o afectan derechos subjetivos o intereses legítimos, los actos que decidan
emplazamientos, citaciones, vistas o traslados, los actos que se dicten con motivo o en ocasión de
prueba y todos los demás que la autoridad dispusiere teniendo en cuenta su naturaleza e
importancia.
Art. 42 RPA: El emplazamiento, la citación y las notificaciones a personas inciertas o cuyo domicilio
se ignore se hará por edictos publicados en el Boletín Oficial durante tres (3) días seguidos y se
tendrán por efectuadas a los cinco (5) días, computados desde el siguiente al de la última
publicación. También podrá realizarse por radiodifusión a través de los canales y radios estatales
en días hábiles.
Art. 43 RPA: En las notificaciones se transcribirán íntegramente los fundamentos y la parte
dispositiva del acto objeto de notificación, salvo cuando se utilicen los edictos o la radiodifusión en
que sólo se transcribirá la parte dispositiva del acto.
LA PRUEBA
Las pruebas son las herramientas de que intentan valerse las partes para sustentar sus
pretensiones y derechos. Pueden ser ofrecidas por las partes u ordenadas directamente de oficio
por el órgano instructor, es decir, el Estado puede ordenar la producción de las pruebas que
considere pertinentes para aprehender la verdad material.
En principio, el particular es quien debe probar los fundamentos fácticos de sus pretensiones.
El interesado en el escrito de inicio, debe ofrecer todas las pruebas y, en particular acompañar la
documentación en que intente apoyarse y que esté a su poder. La parte tiene derecho de ofrecer
prueba y que ella se produzca, si fuere pertinente, dentro del plazo que la Administración fije en
cada caso. Vencido el plazo puede ofrecer nuevos medios probatorios, pero su aceptación
depende de la decisión del órgano instructor de incorporarlos como medidas para mejor proveer.
El órgano debe hacer lugar a las pruebas ofrecidas cuando fuesen conducentes para dilucidar la
verdad sobre los hechos y, consecuentemente, resolver el conflicto. (Prueba documental, de
informes, testimonial, pericial).
Prueba confesional, es la declaración de las partes sobre los hechos desfavorables. La parte
interesada y los agentes públicos no pueden ser citados para prestar confesión. No obstante ello,
la declaración voluntaria tiene efectos que establece el Código Procesal Civil y Comercial. Es decir,
la confesión de carácter voluntario y expreso constituye plena prueba.
Los alegatos: una vez sustanciadas las actuaciones, el órgano competente debe dar vista de oficio
y por el término de 10 días a las partes para que éstas opinen sobre el valor de la prueba
producida en el procedimiento. La parte pierde el derecho a alegar si no presenta el escrito o
habiendo retirado el expediente no lo devuelve en término.
LA CONCLUSION DEL PROCEDIMIENTO
La conclusión normal puede ser por resolución de carácter expreso o tácito. La resolución expresa
debe hacer consideración de las cuestiones, planteos y argumentos expuestos por las partes o de
los asuntos traídos por el propio Estado. El órgano competente puede resolver: a) aceptar el
planteo y dictar el acto consecuente, b) desestimar el planteo o, c) revocar, modificar o sustituir el
acto de que se trate.
Por su lado, el desistimiento es la declaración de voluntad del interesado para dejar sin efecto la
petición que dio origen al procedimiento y debe hacerse de modo cierto y fehaciente. El
desistimiento no importa dejar de lado el derecho del interesado que puede intentarlo en otro
trámite posterior. En caso que hubiese varios interesados en el marco del trámite respectivo, el
desistimiento de uno no incide sobre los otros. Por otra parte, en los supuestos de desistimiento el
órgano puede continuar con el trámite si mediase un interés colectivo.
La renuncia es el abandono no ya del trámite sino del derecho o pretensión de fondo del
interesado, de modo que obvio es decir que éste ya no puede intentar otro reclamo con
posterioridad, salvo que se trate de derechos irrenunciables.
Vale aclarar que tanto el desistimiento como la renuncia deben ser expresos y sólo tienen efectos
a partir del acto administrativo que hace lugar al planteo.
La caducidad es otro de los modos anormales de conclusión del procedimiento y tiene lugar
cuando transcurren más de 60 días desde que se paralizó el trámite por causas imputables al
interesado y el órgano competente hace saber que si transcurren otros 30 días más y la parte no
impulsa el trámite, archivará el expediente.
LOS PROCEDIMIENTOS DE IMPUGNACION DE LAS DECISIONES ESTATALES
El particular debe cuestionar según el marco normativo vigente las decisiones estatales ante el
propio Ejecutivo y sólo luego ir por las vías judiciales. Debe hacerse en plazos breves y obligatorios,
y en caso de incumplimiento de éstos, ya no es posible hacerlo después en vías administrativas ni
judiciales. El acto queda firme y consentido. El argumento es la posibilidad del Ejecutivo de revisar
sus propios actos y rever así sus decisiones. También, permitir el control por parte de los órganos
superiores de la actividad de los inferiores y crear espacios de conciliación entre el Estado y los
particulares. (AGOTAMIENTO DE LAS VÍAS ADMINISTRATIVAS).
INSTRUMENTOS PROCESALES CREADOS POR EL LEGISLADOR Y EL OBJETO DE IMPUGNACION
(CONDUCTAS ESTATALES)
1- El reclamo administrativo previo (vía o remedio procedimental) se corresponde con las omisiones
(objeto). Plazo para su interposición: la ley no prevé ningún plazo. Plazo para su resolución por el
Estado: 90 días + pronto despacho y luego 45 días.
2- Los recursos administrativos (vías o remedios procedimentales) con los actos administrativos de
alcance particular (objeto). Plazo para su interposición: 10 o 15 días hábiles administrativos. Plazo
para su resolución: 30 días. Plazo para impugnar judicialmente: 90 días hábiles judiciales.
3- El reclamo del art. 24 (impropio – vía o remedio procedimental) es el camino de impugnación de
los actos administrativos de alcance general (objeto). Plazo para su interposición: la ley no prevé
plazo alguno, plazo para su resolución: 60 días.

EL RECLAMO ADMINISTRATIVO PREVIO


Art. 30 LPA “El Estado nacional o sus entidades autárquicas no podrán ser demandados
judicialmente sin previo reclamo administrativo dirigido al Ministerio o Secretaría de la Presidencia
o autoridad superior de la entidad autárquica, salvo cuando se trate de los supuestos de los
artículos 23 y 24.” (VIA DE RECLAMACION).
Los supuestos que están excluidos del art. 30 LPA son los casos de impugnación de los actos de
alcance particular (se agota la vía por medio de recursos administrativos) y general (se agota la vía
por medio del reclamo impropio).
Las excepciones respecto del agotamiento de las vías administrativas son las siguientes: El reclamo
por responsabilidad extracontractual y cuando se trate de repetir lo pagado al Estado en virtud de
una ejecución o repetir un gravamen pagado indebidamente (art. 32), los hechos (art. 25 inc. d y
art. 32), las vías de hecho (art. 23 inc. d y art. 25 inc. d) y el silencio (art. 23 inc. c). Excepción
denominada ritualismo inútil (existe aún vigente jurisprudencialmente) se da cuando varios
antecedentes hacen presumir la respuesta del PE , por ejemplo, frente al mismo supuesto en 100
casos iguales la Administración denegó la petición del particular.
Por medio del reclamo administrativo previo deben impugnarse las omisiones estatales, suponen
el deber estatal, el derecho del particular y el incumplimiento del Estado respecto de esas
obligaciones, tal es el caso por ejemplo del otorgamiento de un subsidio reglado o las prestaciones
de un servicio ya predeterminado normativamente. Cuando no existe deber o derechos
claramente configurados, el particular debe peticionar ante el Estado en los términos del art. 10
LPA, con el objeto de obtener decisión estatal. El silencio o la ambigüedad de la Administración
frente a pretensiones que requieran de ella un pronunciamiento concreto, se interpretarán como
negativa. Sólo mediando disposición expresa podrá acordarse al silencio sentido positivo. Si las
normas especiales no previeren un plazo determinado para el pronunciamiento, éste no podrá
exceder de SESENTA días. Vencido el plazo que corresponda, el interesado requerirá pronto
despacho y si transcurrieren otros TREINTA días sin producirse dicha resolución, se considerará
que hay silencio de la Administración.
La ley establece un plazo para su resolución luego de interpuesto el reclamo administrativo previo.
El pronunciamiento respectivo debe hacerse dentro de los 90 días hábiles administrativos desde el
planteo y, tras el vencimiento del plazo, el particular debe requerir pronto despacho. Luego si
transcurren otros 45 días desde el pedido de pronto despacho y el Ejecutivo no responde, el
particular puede iniciar directamente las acciones judiciales.
La denegatoria expresa del reclamo no podrá ser recurrida en sede administrativa.
El plazo perentorio para recurrir judicialmente tras el reclamo es de 90 días hábiles judiciales, que
debe contarse aún en caso de silencio en el trámite del reclamo. El plazo judicial de caducidad (90
días en que el interesado debe cuestionar judicialmente las conductas estatales) debe contarse en
caso de rechazo expreso, pero no en el supuesto de rechazo tácito (silencio estatal).
Sin embargo, en el caso de reclamo previo la ley lamentablemente no distingue entre rechazo
expreso y tácito sino que exige que la demanda judicial se inicie “en los plazos perentorios y bajo
los efectos previstos en el art. 25”.
Entonces, en el caso de reclamo administrativo previo no existe plazo de interposición, pero sí de
resolución por el órgano competente y de impugnación judicial (tanto en las hipótesis de rechazo
expreso y tácito).
EL REGIMEN GENERAL DE LOS RECURSOS
Los actos administrativos de alcance individual, así como también los de alcance general, a los que
la autoridad hubiera dado o comenzado a dar aplicación, podrán ser impugnados por medio de
recursos administrativos.
El recurso procede contra los actos administrativos definitivos y de mero trámite que lesionen
derechos subjetivos e intereses legítimos, pero no es posible recurrir los actos preparatorios,
informes y dictámenes por más que fuesen obligatorios y su efecto sea vinculante.
El recurso mal calificado, con defectos formales insustanciales o deducido ante órgano
incompetente por error excusable interrumpe el curso de los plazos y debe ser corregido por el
propio Ejecutivo. En efecto, “los recursos deberán proveerse y resolverse cualquiera sea la
denominación que el interesado les dé, cuando resulte indudable la impugnación del acto
administrativo.”
Los plazos para plantear los recursos son obligatorios y breves y sabemos también que, luego de
su vencimiento, el interesado pierde el derecho de articularlos. Si el particular no planteó los
recursos y no agotó las vías administrativas no puede entonces (luego) recurrir ante el juez. Es
decir, el acto está firme y consentido.
La interposición de recursos interrumpe el curso de los plazos para interponer cualquier otro
recurso y el término judicial de caducidad.
A su vez, el plazo para interponer los recursos administrativos se suspende cuando el interesado
presente el pedido de vista de las actuaciones a fin de interponer el recurso respectivo.
Por último, el plazo se prorroga si el acto de notificación no indica si el acto objeto de discusión
agota las vías administrativas, cuáles son los recursos que se pueden interponer, y en que plazos,
en cuyo caso “a partir del día siguiente de la notificación se iniciará el plazo perentorio de 60 días
para deducir el recurso administrativo que resulte admisible.
EL RECURSO DE RECONSIDERACION (art. 84 RPA)
Este recurso tiene por objeto la impugnación de los actos definitivos, asimilables a definitivos, e
interlocutorios o de mero trámite que lesionen derechos subjetivos o intereses legítimos, sea por
razones de ilegitimidad o inoportunidad.
El acto no definitivo es aquel que no resuelve la cuestión de fondo, pero en ciertos casos es
asimilable porque impide continuar con el trámite administrativo.
El objeto de este recurso no es sólo el acto dictado por cualquier órgano estatal sino también el
acto dictado en el marco del recurso jerárquico.
El plazo para interponer el recurso de reconsideración es de 10 días hábiles administrativos, ante
el órgano que dictó el acto que es, por otro lado, quien debe resolverlo. El órgano competente
debe responder en el plazo de 30 días hábiles administrativos y, vencido este término, no es
necesario que el particular presente pedido de pronto despacho, sino que el vencimiento de aquél
sin resolución del órgano debe interpretarse lisa y llanamente como rechazo del recurso.
Este recurso tiene una peculiaridad y es que, en caso de rechazo debe interpretarse por mandato
legal que el interesado interpuso el recurso jerárquico de modo subsidiario.
Así, el órgano competente una vez resuelto el recurso de reconsideración en sentido contrario a
los intereses del particular, debe necesariamente elevarlo al superior jerárquico en el término de 5
días (de oficio o a petición de parte), con el objeto de que aquél tramite el recurso jerárquico. Es
optativo, no es obligatorio para agotar las vías administrativas de modo que el particular puede o
no plantearlo y, en su caso, interponer directamente el recurso jerárquico con el objeto de
recorrer las vías administrativas y así agotarlas.
Art. 88 RPA: “El recurso de reconsideración contra actos definitivos o asimilables a ellos, lleva
implícito el recurso jerárquico en subsidio.” Lleva implícito el recurso jerárquico.
Recurso de reconsideración del art. 100: “Las decisiones definitivas o con fuerza de tales que el
Poder Ejecutivo, los ministros o los secretarios de la Presidencia de la Nación dictaren en recursos
administrativos y que agoten las instancias de esos recursos sólo serán susceptibles de la
reconsideración prevista en el artículo 84 de esta reglamentación y de la revisión prevista en el
artículo 22 de la ley.” El recurso de reconsideración del art. 100 se interpone con el fin de que la
autoridad máxima revea su postura, se dirige contra el acto dictado en el marco de un recurso
jerárquico.
Si el primer AA es dictado por la máxima autoridad se aplica el art. 84, porque el del 100 es contra
el AA dictado en el marco de un recurso jerárquico. Es optativo y no lleva el recurso jerárquico en
subsidio.
EL RECURSO JERÁRQUICO (art. 89 RPA)
El recurso jerárquico sólo procede contra los actos administrativos definitivos o asimilables a
éstos, pero no contra los actos de mero trámite.
El plazo para su interposición es de 15 días hábiles administrativos contados a partir del día
siguiente al de la notificación del acto recurrido y debe interponerse ante el órgano que dictó el
acto. El órgano inferior simplemente debe elevar el recurso interpuesto ante el ministro o
secretario de la Presidencia (la máxima autoridad, no el superior mediato) sin expedirse sobre su
admisibilidad. Si el órgano inferior no eleva el recurso ante el superior en el término que prevé el
reglamento (5 días), entonces el particular puede plantear la queja correspondiente ante éste
último.
El recurso jerárquico es autónomo de modo que no es necesario que el interesado haya
interpuesto previamente el recurso de reconsideración contra el acto cuestionado, pero si lo hizo,
no es necesario fundar nuevamente el recurso jerárquico, sin perjuicio de que puede mejorar o
ampliar los fundamentos.
El plazo que tiene el órgano competente para resolver es de 30 días hábiles administrativos. Una
vez vencido el término de 30 días no es necesario requerir pronto despacho para que se configure
el rechazo del recurso por silencio.
Agota las instancias administrativas y habilita, consecuentemente el planteo judicial. Por ello es
obligatorio.
EL RECURSO DE ALZADA
El recurso de alzada procede contra los actos dictados por los órganos superiores de los entes
descentralizados autárquicos.
En el marco del trámite de impugnación de un acto dictado por un órgano inferior de un ente
descentralizado es necesario analizar el régimen propio del ente y, si éste no establece cómo
hacerlo, entonces debemos ir por el régimen general de la LPA y su decreto (el agotamiento de las
instancias administrativas por medio del recurso jerárquico resuelto por el órgano superior del
ente).
El recurso debe interponerse ante el órgano superior del ente descentralizado autárquico quien
debe elevarlo ante el órgano competente de la administración centralizada para su resolución. El
órgano que debe resolverlo es el secretario, ministro o secretario de Presidencia en cuya
jurisdicción actúe el ente descentralizado.
El plazo para presentarlo es de 15 días hábiles administrativos contados a partir del día siguiente al
de la notificación del acto que el interesado pretende impugnar, y el plazo para su resolución es
de 30 días hábiles administrativos.
El recurso de alzada es optativo y no obligatorio para agotar las instancias administrativas. De
todas maneras si el interesado interpuso el recurso de alzada puede desistir de él y luego intentar
la vía judicial, aunque si optó por este último camino no puede volver sobre las instancias
administrativas.
Ante actos emitidos por entes descentralizados:
…creados por ley, solamente procede el recurso ante ilegitimidad.
….creados por decreto del PE, el recurso también procede por oportunidad, merito, conveniencia.
EL RECURSO DE QUEJA
Podrá recurrirse en queja ante el inmediato superior jerárquico contra los defectos de tramitación
e incumplimiento de los plazos legales o reglamentarios en que se incurriere durante el
procedimiento y siempre que tales plazos no se refieran a los fijados para la resolución de los
recursos.
El interesado debe presentar la queja ante el superior jerárquico quien debe resolverla en el plazo
de 5 días y sin traslado, agregándose el informe del órgano inferior sobre las razones de la
tardanza si fuese necesario. Cabe añadir que la resolución del superior no es recurrible.
Por último, si el superior hace lugar a la queja, deben iniciarse las actuaciones tendientes a
deslindar la responsabilidad del agente presuntamente responsable por el incumplimiento de los
trámites y plazos, y eventualmente, aplicarse la sanción correspondiente.
No es un recurso, porque su fin no es impugnar un acto. No tiene plazo de interposición. Su
interposición no suspende el procedimiento principal.
EL RECURSO DE REVISION
Procede contra los actos firmes cuando:
1) Resulten contradicciones en la parte dispositiva, háyase pedido o no su aclaración, y en tal caso el
recurso debe interponerse en el plazo de 10 días desde la notificación del acto. En verdad, en este
caso el acto objeto de revisión no está firme.
2) Cuando después de dictado el acto se recobraren o descubriesen documentos decisivos cuya
existencia se ignoraba o no se pudieron presentar como medios probatorios por fuerza mayor o
por terceros, de modo que el interesado obró con diligencia pero no pudo presentar
oportunamente documentos relevantes para resolver el caso. En este supuesto el recurso debe
plantearse en el término de 30 días contados a partir de que el particular recobró o conoció los
documentos o, en su caso, desde el cese de la fuerza mayor o conducta del tercero;
3) Cuando el acto hubiese sido dictado basándose en documentos cuya declaración de falsedad se
desconocía o se hubiere declarado después de dictado el acto, debiéndose presentar el recurso en
el plazo de 30 días desde que se comprobó en legal forma la falsedad de los documentos o se
conoció tal circunstancia
4) Cuando el acto se hubiere dictado mediando cohecho, prevaricato, violencia o cualquier
maquinación fraudulenta o grave irregularidad. Plazo de interposición de 30 días contados a partir
de la constatación legal de los hechos irregulares o delictivos antes descritos.
El recurso debe interponerse ante el órgano que dictó el acto, pero debe ser resuelto por el
órgano superior, más aún teniendo en consideración que ciertos supuestos de revisión
comprenden actos irregulares o delictivos con participación del propio agente estatal.
El plazo de resolución es de 10 días.
SOLICITUD ACLARATORIA
Se le solicita al órgano que dictó el acto (ya notificado) que explique o aclare ambigüedades o
contradicciones del mismo. Dentro de 5 días de dictado el acto puede pedirse su aclaratoria.
También para completar alguna omisión sobre peticiones o cuestiones planteadas. El mismo
órgano lo resuelve en el plazo de 5 días.
LOS RECURSOS EXTEMPORANEOS. LA DENUNCIA DE ILEGITIMIDAD
El interesado no tiene derecho a interponer los recursos administrativos luego de vencido el plazo
legal o reglamentario.
Es decir, el particular debe interponer los recursos en los plazos breves y fatales con el propósito
de agotar las vías administrativas y si no lo hace ya no puede hacerlo luego.
Si el interesado no recurre, el acto está firme y ya no puede ser revisado en sede administrativa ni
tampoco judicial. Por tanto, el acto simplemente debe ser cumplido.
El recurso en términos extemporáneos es considerado, según la ley, como denuncia de
ilegitimidad y debe tramitar como tal.
En el caso del recurso administrativo el Ejecutivo debe tramitarlo y resolverlo, y por su parte, el
interesado tiene derecho de recurrir luego judicialmente la decisión estatal.
Por su parte, en la denuncia de ilegitimidad, el Ejecutivo solo está obligado a su tramitación y
resolución siempre que, según su criterio, no existan razones de seguridad jurídica que impidan su
impulso o que el interesado haya excedido razonables pautas temporales.
En general, los intérpretes y los propios jueces consideran que las decisiones administrativas en el
marco del trámite de la denuncia de ilegitimidad no son revisables judicialmente.
En el marco de los recursos administrativos el interesado puede ir ante el juez, mientras que en el
caso de la denuncia de ilegitimidad su único camino es el Ejecutivo sin posibilidad de revisión
judicial ulterior.
La Corte dijo en el fallo “Gorordo” que el rechazo en sede administrativa de una denuncia de
ilegitimidad no puede ser objeto de impugnación judicial. Finalmente concluyó que “sería
claramente irrazonable otorgar el mismo efecto a le denuncia de ilegitimidad… que a un recurso
deducido en término…”. Afectaría el derecho de igualdad.
LAS PRETENSIONES DE IMPUGNACION DE LOS REGLAMENTOS
La ley establece dos supuestos de impugnación de los actos de alcance general. Un camino directo
de impugnación del reglamento (art. 24 inc. a) llamado reclamo impropio, y otro indirecto a través
de los actos de aplicación de aquél (art. 24 inc. b). En el primer caso, el camino es el reclamo y en
el segundo los recursos administrativos.
Sin embargo en éste último caso es necesario incorporar ciertos matices. El recurso debe ser
resuelto por el órgano que dictó el acto de alcance general, según surge del art. 75 del
reglamento, y si además no fuese el órgano máximo, deben interponerse los recursos del caso
hasta agotar las instancias administrativas. Por el contrario si se trata simplemente de la
impugnación de actos de alcance particular, no comprendidos en el inc. b) del art. 24, el
interesado debe interponer directamente el recurso jerárquico ante el órgano superior.
Por su parte, el reclamo impropio no procede contra los actos de alcance particular que resulten
ser aplicación de actos de alcance general, sino sólo contra estos últimos. A su vez, la ley no prevé
plazo de impugnación en este caso.
De conformidad con el texto de las normas, cualquier sujeto titular de un derecho subjetivo e
interés legítimo puede interponer reclamo impropio, el cual debe interponerse ante el órgano que
dictó el reglamento, agotándose así las vías administrativas.
Inderogabilidad singular del reglamento, no se puede dictar un AA que vaya en contradicción con
lo que establece el reglamento.
2 opciones: recurrir el AA de aplicación con el fin de que se deje sin efecto el reglamento o atacar
– recurrir directamente el reglamento.
El reglamento va a estar vigente hasta tanto la Administración no declare su inconstitucionalidad,
o lo revoque. Quien se vea afectado de forma inminente puede directamente recurrir el
reglamento, para que se deje sin efecto.
EL PROCESO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO
Principio de indemandabilidad del Estado: Anteriormente no era posible demandar al Estado.
El llamado “contencioso administrativo”, en la primera etapa de su evolución histórica,
recepcionó, a través de la jurisprudencia de nuestro Alto Tribunal (basado en la teoría de la
inmunidad soberana, que estaba vigente en los Estados Unidos) el sistema de la venia legislativa,
para impugnar o reclamar contra los actos en que el Estado actuaba como poder público.
Este sistema, al no articular plazos para resolver las reclamaciones ni reglar los procedimientos
garantísticos necesarios para la tutela de los derechos de los administrados, operó como una
fórmula que, en los hechos, al bloquear o impedir el acceso a la justicia, generó continuos
supuestos de denegación de esta última, puesto que los ciudadanos o empresas lesionadas no
estaban habilitados (al faltarles la autorización del Congreso) para promover las respectivas
acciones judiciales.
En síntesis, el sistema condujo a la indemandabilidad del Estado, ya fuera que actuara en ejercicio
del poder público o como persona jurídica en el ámbito del derecho privado. Ante esa situación, el
Congreso sancionó la Ley n° 3.952, conocida como Ley de Demandas contra la Nación,
admitiéndose parcialmente la demandabilidad del Estado cuando se tratare de “acciones civiles
que se deduzcan contra la Nación en su carácter de persona jurídica”. Finalmente, años más tarde
(en 1932), el requisito de la venia legislativa se eliminó en su totalidad en la ley 11.634; que sólo
exigía un reclamo previo administrativo.
De este modo, los pasos que se fueron dando para el desarrollo del Contencioso Administrativo
parecían conducir a ningún lugar, pues, si bien los particulares damnificados tenían la posibilidad
de ocurrir ante la Justicia –previa reclamación en sede administrativa y su correspondiente
denegación–, en el caso de obtener una sentencia favorable, se encontraban imposibilitados de
hacer valer el derecho que por ella se les otorgaba, con lo que volvemos a recordar el citado
precedente de nuestro Máximo Tribunal, en la causa “Vicente Seste y Antonio Seguich”, en el que
sostuvo que los tribunales nacionales no podían obligar a los otros poderes del Estado al
cumplimiento de sus mandatos.
Luego de este derrotero, terminó siendo la Corte Suprema quien, en el año 1940, en la causa
“Nación Argentina c/Bianchi, Domingo y otros” señaló –en el marco de una expropiación–, que al
reconocerse al propietario el derecho a reclamar el precio cuando no ha promediado acuerdo, de
la sentencia que lo establezca nace el derecho que tiene el dueño para perseguir efectivamente el
pago y, con ello, resulta implícita la inaplicabilidad del art. 7, de la ley 3952, en esos casos, ya que
no sería posible privar al dueño del medio de cobrar lo que le corresponde, sin dar lugar a la
nulidad de la desposesión, por violación del art. 17 de la Constitución nacional. De este modo, y sin
dejar de soslayar la estrecha vinculación del caso con una garantía constitucional, el Máximo
Tribunal dejó sentado que era imposible admitir que la sentencias del Poder Judicial sean tomadas
por los demás poderes del Estado como una mera recomendación que no genera urgencias, y que
han de cumplirse cuando ellos así lo consideren, haciendo de aquellas una obligación inejecutable,
sujetas al mero arbitrio en cuanto a la época y forma de solventarlas.
Corresponde señalar, que al hablar de demandabilidad, como manifestación de una acción judicial,
se requiere de un sujeto demandante y otro demandado; y para que esto exista, es necesario que
se reconozca la existencia de sujetos por ambos lados. Para que la demandabilidad de la Nación
sea posible, previamente debió reconocérsela como sujeto de derecho; que en nuestro caso, tal
reconocimiento surge de la Constitución nacional (art. 116). Algunos autores pregonaban a favor
de la libre demandabilidad de la Nación ante los estrados judiciales, fundando su postura –
primordialmente– en los principios liberales de nuestra Constitución nacional y el respeto a los
derechos de los particulares frente a los eventuales abusos de la Administración. Otros autores
afirmaban que la indemandabilidad del Estado sin previo acuerdo legislativo, formaba parte del
concepto de soberanía, pues –de por sí– aquel tiene la facultad de rechazar la pretensión de ser
llevado ante los tribunales judiciales –incluso los propios– sin su consentimiento expreso.

Es el trámite judicial que tiene por objeto impugnar las conductas estatales (acciones y omisiones)
ante el juez (órgano independiente e imparcial respecto de las partes) con el propósito de que
revise su legitimidad y, en su caso, declare su invalidez o le obligue al Estado a reparar los daños
causados. Es decir, una de las partes en este proceso es necesariamente el Estado.
El principio que debe guiar y seguirse en el proceso contencioso es el derecho de defensa y control
judicial en términos amplios, rápidos y sencillos con el objeto de reconocer los derechos. A su vez,
el derecho de defensa puede desgranarse por medio de derechos instrumentales; en primer lugar
el derecho de acceso al juez está vinculado con el principio pro acción que exige que las normas
procesales se interpreten del modo más favorable posible por la admisión de la acción y la tutela
judicial. En segundo lugar el derecho al proceso, esto es el derecho de las personas a que sus
pretensiones se tramiten y resuelvan según las normas preestablecidas. Otros derechos como, los
derechos a ofrecer y producir pruebas, al patrocinio letrado, al acceso y publicidad del proceso,
etc. En tercer lugar, las personas tienen derecho a una decisión debidamente fundada en los
hechos y el ordenamiento jurídico y, finalmente, el derecho de acceso a los recursos, es decir a la
revisión de las decisiones.
El carácter estrictamente revisor del proceso judicial sobre las decisiones estatales reduce
notoriamente el control judicial. El particular debe obtener el acto estatal y sólo entonces recurrir
a las vías judiciales.
El art. 30 LPA dice que “el reclamo versara sobre los mismos hechos y derechos que se invocarán
en la eventual demanda judicial y será resuelto por las autoridades citadas”.
El proceso contencioso administrativo y su carácter revisor deben plantearse y construirse desde
las perspectivas de las pretensiones de las personas y sus derechos y no simplemente desde el
objeto impugnado, esto es, las conductas estatales.
En el plano federal no existe un Código Procesal Contencioso Administrativo, mientras que en las
Provincias y en la Ciudad de Buenos Aires, los legisladores locales si dictaron el código procesal
respectivo.
La LPA exige el cumplimiento de ciertos recaudos preliminares propios del trámite judicial. Así, los
arts. 25 y 30 disponen el agotamiento de las vías administrativas y el plazo en el que debe
deducirse la impugnación judicial de las conductas estatales (plazo de caducidad de las acciones
judiciales). Es decir, las condiciones de admisibilidad de las acciones contra el Estado.
Se debe aplicar de modo analógico el Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, sin perjuicio
de que éste fue pensado por el legislador alrededor de las figuras propias del derecho privado.
LA LEGITIMACION
Los sujetos legitimados en el marco del proceso contencioso administrativo son los titulares de
derechos subjetivos y de incidencia colectiva.
LA HABILITACION DE LA INSTANCIA
Las personas que inicien cualquier proceso judicial contra el Estado deben cumplir con ciertas
condiciones de admisibilidad. Por su parte, el juez debe verificar si se cumplió o no con estos
recaudos. Los presupuestos que condicionan el acceso judicial son 1) el agotamiento de las vías
administrativas por un lado, y 2) la interposición de la acción judicial dentro de un plazo perentorio
por el otro. El art. 25 LPA: “la acción contra el Estado o sus entes autárquicos deberá deducirse
dentro del plazo de 90 días hábiles judiciales”.
La ley entiende que las conductas estatales que no fueron recurridas en sede administrativa y
judicial en los términos legales y reglamentarios están firmes y consentidas y, consecuentemente,
ya no es posible impugnarlas.
El texto de la ley 25.344 (que modificó parcialmente la ley 19.549) exige claramente que los jueces
controlen de oficio si, en el marco del proceso judicial, las partes cumplieron con los presupuestos
de habilitación. Es decir, el juez está obligado a verificar de oficio el cumplimiento del agotamiento
de las vías administrativas y el plazo de caducidad.
Una vez iniciada la demanda judicial, el juez debe remitir copia de la demanda y la prueba
documental que se hubiere acompañado por el actor (por oficio) a la Procuración del Tesoro (Jefe
del cuerpo de Abogados del Estado); el juez debe luego correr vista al fiscal para que se expida
sobre la competencia del tribunal y la procedencia de la acción (etapa de “Habilitación de
instancia”); luego de contestada la vista por el fiscal, el juez debe expedirse sobre su competencia
y, en particular, si la instancia judicial está o no habilitada; si el juez cree que es competente, pero
no se cumplieron los presupuestos de habilitación de la instancia judicial, debe rechazar la acción;
por el contrario, si el juez entiende que el proceso está debidamente habilitado, entonces debe
correr traslado al Estado (Poder Ejecutivo) “por el plazo de 30 días o el mayor que corresponda,
para que se opongan todas las defensas y excepciones dentro del plazo para contestar la
demanda”.
La Corte se expidió a favor de la constitucionalidad de este trámite en los autos “Cohen Arazi”.
Hemos dicho que el particular sólo puede acceder ante el juez si cumple con dos requisitos, el
agotamiento de las vías administrativas y la presentación de las acciones judiciales dentro del
plazo que prevé la ley (plazo de caducidad).
El art. 25 LPA “la acción contra el Estado o sus entes autárquicos deberá de deducirse dentro del
plazo perentorio de noventa días hábiles judiciales”.
En el derecho público el plazo de caducidad y su cumplimiento es el principio general mientras que
el plazo de prescripción es sólo excepcional. Así, sólo en el marco de las excepciones no corre el
plazo de caducidad sino el de prescripción. Es decir, cuando no es necesario cumplir con el plazo
de caducidad, entonces, nace el plazo de prescripción de las acciones.
EL CÓMPUTO DEL PLAZO DE CADUCIDAD:
a) Si se tratare de actos de alcance particular, desde su notificación al interesado;
b) Si se tratare de actos de contenido general contra los que se hubiere formulado reclamo
resuelto negativamente por resolución expresa, desde que se notifique al interesado la
denegatoria;
c) Si se tratare de actos de alcance general impugnables a través de actos individuales de
aplicación, desde que se notifique al interesado el acto expreso que agote la instancia
administrativa;
d) Si se tratare de vías de hecho o de hechos administrativos, desde que ellos fueren conocidos
por el afectado.
En caso de silencio en cualquiera de los apartados a), b) y c), no corre el plazo de caducidad sino
sólo el de prescripción de la acción.
Art. 26 LPA: La demanda podrá iniciarse en cualquier momento cuando el acto adquiera carácter
definitivo por haber transcurrido los plazos previstos en el artículo 10 y sin perjuicio de lo que
corresponda en materia de prescripción.
Art. 10: El silencio o la ambigüedad de la Administración frente a pretensiones que requieran de
ella un pronunciamiento concreto, se interpretarán como negativa. Sólo mediando disposición
expresa podrá acordarse al silencio sentido positivo. Si las normas especiales no previeren un
plazo determinado para el pronunciamiento, éste no podrá exceder de SESENTA días. Vencido el
plazo que corresponda, el interesado requerirá pronto despacho y si transcurrieren otros TREINTA
días sin producirse dicha resolución, se considerará que hay silencio de la Administración. (si se
pidieron recursos no tengo que pedir pronto despacho).
VIA IMPUGNATIVA (se ataca un AA)
ARTICULO 23.- Podrá ser impugnado por vía judicial un acto de alcance particular:
a) cuando revista calidad de definitivo y se hubieren agotado a su respecto las instancias
administrativas.
b) cuando pese a no decidir sobre el fondo de la cuestión, impida totalmente la tramitación del
reclamo interpuesto.
c) cuando se diere el caso de silencio o de ambigüedad a que se alude en el artículo 10.
d) cuando la Administración violare lo dispuesto en el artículo 9 (comportamientos materiales que
importen vías de hecho administrativas lesivas de un derecho o garantía constitucionales; poner
en ejecución un acto estando pendiente algún recurso administrativo de los que en virtud de
norma expresa impliquen la suspensión de los efectos ejecutorios de aquél, o que, habiéndose
resuelto, no hubiere sido notificado).
ARTICULO 24.- El acto de alcance general será impugnable por vía judicial:
a) cuando un interesado a quien el acto afecte o pueda afectar en forma cierta e inminente en sus
derechos subjetivos, haya formulado reclamo ante la autoridad que lo dictó y el resultado fuere
adverso o se diere alguno de los supuestos previstos en el artículo 10. (se presento el reclamo
impropio cuestionando directamente el reglamento).
b) cuando la autoridad de ejecución del acto de alcance general le haya dado aplicación mediante
actos definitivos y contra tales actos se hubieren agotado sin éxito las instancias administrativas
(en este caso se agota la vía mediante un recurso jerárquico).
VIA RECLAMATORIA/RECLAMATIVA (no se ataca un AA, es una petición a la administración)
El Estado nacional o sus entidades autárquicas no podrán ser demandados judicialmente sin previo
reclamo administrativo dirigido al Ministerio o Secretaría de la Presidencia o autoridad superior de
la entidad autárquica. El reclamo previo agota la vía administrativa.
El pronunciamiento acerca del reclamo deberá efectuarse dentro de los noventa (90) días de
formulado. Vencido ese plazo, el interesado requerirá pronto despacho y si transcurrieren otros
cuarenta y cinco (45) días, podrá aquél iniciar la demanda, la que deberá ser interpuesta en los
plazos perentorios y bajos los efectos previstos en el artículo 25, sin perjuicio de lo que fuere
pertinente en materia de prescripción. (Si resuelve expresamente el reclamo previo – 90 días
hábiles judiciales). El Poder Ejecutivo, a requerimiento del organismo interviniente, por razones de
complejidad o emergencia pública, podrá ampliar fundadamente los plazos indicados, se
encuentren o no en curso, hasta un máximo de ciento veinte (120) y sesenta (60) días
respectivamente.
Art. 32 LPA: El reclamo administrativo previo no será necesario si mediare una norma expresa que
así lo establezca y cuando:
a) Se tratare de repetir lo pagado al Estado en virtud de una ejecución o de repetir un gravamen
pagado indebidamente (acción de repetición);
b) Se reclamare daños y perjuicios contra el Estado por responsabilidad extracontractual.
c) ritualismo inútil (que si bien se derogó este inciso, existe aún vigente jurisprudencialmente). Se
da cuando hay varios antecedentes en los cuales la Administración denegó frente al mismo
supuesto, y eso hace presumir la respuesta frente a su reclamo previo).
El plazo para contestar la demanda y oponer excepciones cuando la parte demandada es el Estado
Nacional es de 60 días hábiles judiciales.
MEDIDAS CAUTELARES
Son aquellas que pueden pedir las partes durante el juicio o previo a él, con el fin de asegurar la
conservación de los bienes objeto del juicio o las pruebas, a fin de que la sentencia sea eficaz.
El art. 230 del Código Procesal Civil y Comercial establece que “podrá decretarse la prohibición de
innovar en toda clase de juicio siempre que: 1) el derecho fuere verosímil (que a simple vista
parezca que el solicitante tiene derecho); 2) existiere el peligro de que si se mantuviera o alterara,
en su caso, la situación de hecho o de derecho, la modificación pudiera influir en la sentencia o
convirtiera su ejecución en ineficaz o imposible (peligro en la demora, que exista temor fundado
de que el derecho del solicitante pueda sufrir un perjuicio irreparable si no se ordena la medida
cautelar de inmediato); 3) contracautela suficiente, es una garantía, quien pide la medida debe dar
caución para responder por las costas y perjuicios que pudiera causarle a la otra parte, en caso de
que la medida haya sido pedida indebidamente. La caución puede ser juratoria (jura hacerse
responsable, la menos efectiva), real (bienes, valores, dinero del solicitante); personal (fianza
judicial, una persona distinta de acreditada responsabilidad económica o un banco, se
compromete a responder por los daños y perjuicios).
El art. 12 LPA: “…la Administración podrá, de oficio o a pedido de parte y mediante resolución
fundada, suspender la ejecución por razones de interés público, o para evitar perjuicios graves al
interesado, o cuando se alegare fundadamente una nulidad absoluta.”
La verosimilitud del derecho y el peligro en la demora se relacionan y deben entenderse como
requisitos para el dictado de medidas cautelares con :“el vicio notorio”, “evitar perjuicios graves al
interesado” que se tornen irreparables y “el interés público comprometido”.
No es necesario agotar las vías administrativas para peticionar ante el juez el dictado de las
medidas cautelares. De lo contrario no cumpliría debidamente el propósito de proteger
preventivamente. Las medidas de no innovar producen la suspensión del acto estatal.
Medidas cautelares positivas: se persigue el otorgamiento de un medicamento. El dictado de la
medida cautelar positiva es autosatisfactiva. Se trata de medidas precautorias de dar y de hacer.
En este caso no se persigue la suspensión de un acto estatal.
LA ACCION DE AMPARO
El amparo básicamente es un proceso judicial mucho más breve y rápido que los procesos
ordinarios ya que, entre otras cuestiones, su régimen prohíbe ciertos trámites con el propósito de
darle mayor celeridad (entre ellos, los incidentes y las citaciones de terceros) y, además, prevé
plazos más cortos.
Art. 43 CN: “toda persona puede interponer acción expedita y rápida de amparo, siempre que no
exista otro medio judicial más idóneo, contra todo acto u omisión de autoridades públicas o de
particulares, que en forma actual o inminente lesione, restrinja, altere o amenace, con
arbitrariedad o ilegalidad manifiesta, derechos y garantías reconocidas por esta Constitución, un
tratado o una ley. En el caso, el juez podrá declarar la inconstitucionalidad de la norma en que se
funde el acto u omisión lesiva.
Podrán interponer esta acción contra cualquier forma de discriminación y en lo relativo a los
derechos que protegen el ambiente, a la competencia, al usuario y al consumidor, así como los
derechos de incidencia colectiva en general, EL AFECTADO, EL DEFENSOR DEL PUEBLO Y LAS
ASOSIACIONES QUE PRPENDEN A ESOS FINES, REGISTRADAS CONFORME A LA LEY, la que
determinará los requisitos y formas de su organización.”
Las reformas más importantes introducidas en el texto constitucional del año 94 en relación con el
amparo regulado por la ley 16986 son: que comprende no sólo los derechos garantizados por el
texto constitucional sino también aquellos reconocidos por los tratados y las leyes.
No es necesario agotar las vías administrativas para interponer acción judicial de amparo y que el
juez puede declarar la inconstitucionalidad de las normas cuestionadas en el marco de este
proceso. La ley 16986 establece que no será admisible la acción de amparo cuando existan
recursos o remedios judiciales o administrativos que permitan obtener la protección del derecho o
garantía constitucional de que se trate. En el art. 43 se hace referencia a que va a ser admisible
cuando no exista otro medio judicial más idóneo.
La ley establece que no va a ser admisible el amparo cuando se requiera una mayor amplitud de
debate o de prueba; mientras que el art. 43 de la CN habla de una acción expedita y rápida.
El art. 43 extiende la legitimación en determinadas materias no sólo al afectado, sino también el
defensor del pueblo y las asociaciones debidamente registradas. Y es admisible no solo ante actos
u omisiones de la autoridad pública, sino también de particulares.
La ley 16986 prevé un plazo de caducidad de 15 días hábiles judiciales en que debe interponerse el
amparo a partir de que el acto fue ejecutado o debió producirse. Los jueces entienden que ese
plazo está vigente.
Art. 8 de la ley 16986: Cuando la acción fuera admisible, el juez requerirá la autoridad que
corresponda un informe circunstanciado acerca de los antecedentes y fundamento de la medida
impugnada, el que deberá ser evacuado dentro del plazo prudencial que fije. La omisión del
pedido de informe es causa de nulidad del proceso.
El requerido deberá cumplir la carga de ofrecer prueba en oportunidad de contestar el informe, en
la forma establecida para el actor.
Producido el informe o vencido el plazo otorgado sin su presentación, no habiendo prueba del
accionante a tramitar, se dictará sentencia fundada dentro de las 48 horas, concediendo o
denegando el amparo.
Art. 11: Evacuado el informe a que se refiere el artículo 8 o realizada, en su caso, la audiencia de
prueba, el juez dictará sentencia dentro del tercer día.
Se puede apelar la sentencia dentro de las 48 hs de notificada la resolución impugnada y será
fundado, debiendo denegarse o concederse en ambos efectos dentro de las 48 horas. En este
último caso se elevará el expediente al respectivo Tribunal de Alzada dentro de las 24 horas de ser
concedido. En caso de que fuera denegado, entenderá dicho Tribunal en el recurso directo que
deberá articularse dentro de las 24 horas de ser notificada la denegatoria, debiendo dictarse
sentencia dentro del tercer día.
ACCION DE AMPARO POR MORA
Es un proceso que tiene por objeto que el juez se expida sobre la demora del Ejecutivo en
responder a las pretensiones de los particulares y en su caso ordenarle que resuelva en un plazo
perentorio.
Este proceso no tiene por objeto revisar decisiones del Ejecutivo o resolver el fondo del planteo
sino simplemente obligarle a que “despache las actuaciones”.
El art. 28 LPA dice que aquel que es parte en el expediente administrativo puede solicitar
judicialmente que se libre una orden de pronto despacho con el objeto de que se obligue al
Ejecutivo a resolver las actuaciones.
El amparo por mora procede cuando el Estado ha dejado vencer los plazos para resolver o, en caso
de que no existiesen tales plazos, haya transcurrido un tiempo que excede los límites razonables.
Cabe aclarar que el amparo por mora no procede en el campo de los recursos administrativos ya
que aquí el transcurso de los plazos constituye por sí mismo el rechazo del planteo.
EL TRÁMITE DE EJECUCION DE LAS SENTENCIAS CONTRA EL ESTADO
Las sentencias condenatorias contra el Estado pueden tener por objeto obligaciones de dar, hacer,
no hacer o de dar sumas de dinero. El cumplimiento de estas últimas han creado históricamente
muchos inconvenientes.
El art. 7 de la ley 3952 establecía que “las decisiones que se pronuncien en estos juicios cuando
sean condenatorios contra la Nación, tendrán carácter meramente declaratorio, limitándose al
simple reconocimiento del derecho que se pretenda.” El Estado podía o no cumplir las sentencias,
sin perjuicio de reconocer su validez y autoridad de cosa juzgada. Posteriormente, la Corte fue
fijando un criterio distinto en varios de sus precedentes, es decir, el carácter ejecutivo de las
sentencias. Fallo “Pietranera”, la ley 3952 no puede interpretarse como una autorización al Estado
para no cumplir con las sentencias judiciales. El sentido es otro, evitar que el Estado se encuentre
en la situación de no poder satisfacer el requerimiento por no tener los fondos necesarios o
perturbar la marcha normal de la Administración Pública. El carácter declarativo de las sentencias
contra el Estado debe entenderse en términos razonables. El juez le otorga un plazo al Estado para
que pueda cumplir eficientemente con la sentencia.
Las situaciones de crisis social y económica recurrentes en nuestro país con un alto déficit fiscal y
fuerte endeudamiento crearon un escenario lleno de dificultades o la imposibilidad de cumplir con
las sentencias. El Estado comenzó mediante el uso de de diversas herramientas jurídicas a
extender el tiempo para el cumplimiento de las sentencias. Por ejemplo la suspensión de la
ejecución de las sentencias por tiempo determinado (MENEM 2 AÑOS). La consolidación de
deudas y la espera en términos del trámite de previsión y ejecución del presupuesto.
Con la sanción de la ley 23982 se trato, por un lado de consolidar las obligaciones anteriores y por
otro lado, fijar un nuevo régimen sobre el trámite de ejecución de las sentencias condenatorias
contra el Estado.
Luego de recibida la liquidación, el órgano competente debía solicitar el crédito presupuestario
respectivo ante la Secretaria de Hacienda que debía responde “exclusivamente con los recursos
que al efecto disponga el Congreso de la Nación en la ley de presupuesto de cada año, siguiendo el
orden cronológico de prelación”.
El PE debía proponer al Congreso que votase anualmente los recursos necesarios para hacer frente
al pasivo consolidado en un plazo máximo de 16 años para las obligaciones generales y de 10 años
para las de origen de previsión.
Sin perjuicio de la vía anterior (previsión presupuestaria), los acreedores podían optar por suscribir
bonos de consolidación.
El PE debe comunicar al Congreso los reconocimientos administrativos y judiciales firmes de
obligaciones de dar sumas de dinero o que pudiesen convertirse en tales y que carezcan de
créditos presupuestarios para su cancelación “en la ley de presupuesto del año siguiente al del
reconocimiento”.
La ley agrega que “el acreedor estará legitimado para solicitar la ejecución judicial de su crédito a
partir de la clausura del periodo de sesiones del Congreso en el que debería hacerse tratado la ley
de presupuesto que contuviese el crédito presupuestario respectivo.”
Así, cuando el PE comunique en el curso del año 2011 al Congreso el reconocimiento judicial de
una obligación de dar sumas de dinero y no exista crédito presupuestario, el Congreso debe
entonces incorporarlo en el presupuesto del año siguiente (2012). El acreedor, una vez vencido el
plazo de sesiones de este último año, es decir, tras el 1 de diciembre del año 2012, puede
entonces ejecutar judicialmente su crédito.
La otra hipótesis que puede plantearse es si la sentencia firme es comunicada a la Secretaria de
Hacienda después del 31 de agosto del año 2011, en cuyo caso el Estado puede incorporarlo en
cualquier ampliación del presupuesto del ejercicio del 2012, pero si no fuese así, la ley obliga al
Ejecutivo a su incorporación en el presupuesto del año 2013 y solo después de clausuradas las
sesiones de ese período, esto es, el 1 de diciembre del 2013, el acreedor puede ejecutar su
crédito.
El 31 de julio de cada año se eleva la ley a la Secretaria de Hacienda, esta la eleva al PE antes del
31 de agosto, el 15 se de septiembre se eleva al Congreso. Del 13 al 31 son las sesiones del
Congreso, donde debe incorporar la deuda en el presupuesto del año siguiente o subsiguiente.
RESPONSABILIDAD DEL ESTADO
El Estado debe actuar conforme a la ley (principio de legalidad), tiene que permitir impugnar sus
actos ilegítimos que dicte y sus actuaciones irregulares. Tiene que hacerse cargo de los perjuicios
ocasionados por su actuar irregular.
En este proceso largo que partió del extremo de la irresponsabilidad y avanzó hacia el
reconocimiento de la responsabilidad estatal, influyeron dos hechos jurídicos que entendemos
relevantes.
Por un lado, la personificación estatal. El Código Civil le asigno al Estado el carácter de persona
jurídica pública (capaz de adquirir derechos y contraer obligaciones), de modo que es posible
imputarle, desde el punto de vista técnico, conductas y sus consecuencias.
Por el otro, la imputación o traslado de las conductas de los agentes al propio Estado (teoría del
órgano). Es cierto que las acciones u omisiones de los agentes públicos, en el ejercicio o en ocasión
de sus funciones, son hechos evidentes, y ésta teoría permitió ligar al Estado con sus agentes, en
términos de traslado e imputación de conductas desde éstos hacia aquél de un modo especifico y
propio del derecho público, y distinto de las teorías del derecho privado.
Anteriormente se recurría analógicamente al Código Civil para cubrir el vacío normativo que
existía en función de la responsabilidad estatal.
En sus primeros precedentes la Corte negó la responsabilidad estatal con fundamento en el art.
43 del Código Civil, salvo los casos en que una ley especial hubiese establecido expresamente la
responsabilidad. Antes de la reforma introducida por la ley 17711, el art. 43 disponía que “no se
puede ejercer contra las personas jurídicas, acciones criminales o civiles por indemnización de
daños, aunque sus miembros en común, o sus administradores individualmente, hubiesen
cometido delitos que redunden en beneficio de ellas”.
Sólo era responsable el funcionario y no el Estado como persona jurídica.
Por su parte el art. 36 decía “se reputan actos de las personas jurídicas los de sus representantes
legales, siempre que no excedan los límites de su ministerio. En lo que excedieren, solo producirán
efecto respecto de los mandatarios.”
Con la reforma del art. 43 se estableció que “las personas jurídicas responden por los daños que
causen quienes las dirijan o administren, en ejercicio o con ocasión de sus funciones. Responden
también por los daños que causen sus dependientes o las cosas, en las condiciones establecidas en
el título de las obligaciones que nacen de los hechos ilícitos que no son delitos”.
LA RESPONSABILIDAD DEL ESTADO EN TERMINOS INDIRECTOS Y SUBJETIVOS
En el fallo “Devoto” un grupo de operarios dependientes del Estado provoco un incendio. El
tribunal sostuvo que, por un lado “el estrago ha podido ser previsto y evitado desde que él ha
ocurrido por falta de atención de los agentes del gobierno y en tanto éstos ejecutaban trabajo
bajo su dependencia” y, por otro “el incendio, como acto reprobado por la ley, impone al que lo
ocasiona por culpa o negligencia la obligación de reparar los daños ocasionados a terceros,
extendiéndose esa responsabilidad a la persona bajo cuya dependencia se encuentra el autor del
daño o por las cosas de que se sirve o que tiene a su cuidado” (arts. 1109 y 1113).
Esta resolución tiene su fundamento en que los agentes no son solventes, es muy difícil
individualizarlos y probar su responsabilidad. Responsabilidad del principal por su dependiente
(culpa y negligencia del dependiente).
En el fallo “Ferrocarril Oeste” el Registro de la Propiedad Inmueble expidió un certificado erróneo
en virtud del cual el actor adquirió el bien de quien no era su propietario. En este caso la Corte
recurrió al concepto de principal/dependiente (factor de imputación indirecta) con el objeto de
justificar la responsabilidad estatal. Conducta culpable en el personal, que, en desempeño de sus
funciones y obrando bajo la dependencia del Estado, ha causado un daño, siendo así aplicación al
caso los arts. 1112 (negligencia de los funcionarios estatales), y 1113 (imputación indirecta al
Estado).
LA RESPONSABILIDAD DEL ESTADO EN TÉRMINOS DIRECTOS Y OBJETIVOS
En tercer lugar, el tribunal cambió su criterio y sostuvo que el Estado es responsable de modo
directo por los actos, hechos u omisiones de sus agentes, es decir, siguió la teoría del órgano
(responsabilidad directa), y en términos objetivos (por aplicación del art. 1112 CC.).
Así, en el fallo “Vadell”, el actor demandó a la Provincia de Bs. As. Por los daños sufridos como
consecuencia del error en los informes expedidos por el RPI sobre el estado de dominio.
El tribunal resolvió que el Registro “cumplió de manera defectuosa las funciones que le son
propias y que atienten, sustancialmente, a otorgar un conocimiento cabal de las condiciones de
dominio de los inmuebles. Esa idea objetiva de la falta de servicio encuentra su fundamento en la
aplicación por vía subsidiaria del art. 1112 CC. que establece un régimen de responsabilidad por
los hechos y las omisiones de los funcionarios públicos en el ejercicio de sus funciones, por no
cumplir sino de una manera irregular las obligaciones legales que les están impuestas. Deber de
responder en términos directos y objetivos. No se trata de una responsabilidad indirecta la que en
el caso se compromete, toda vez que la actividad de los órganos o funcionarios del Estado
realizada para el desenvolvimiento de los fines de las entidades de las que dependen, ha de ser
considerada propia de éstas, que deben responder de modo principal y directo por sus
consecuencias dañosas”. En efecto, esa idea objetiva de la falta de servicio encuentra su
fundamento en la aplicación del art. 1112 (post reforma 17711) que establece un régimen de
responsabilidad por los hechos y omisiones de los funcionarios en el ejercicio de sus funciones. Es
objetiva la responsabilidad porque no es necesario probar la culpa o negligencia del funcionario
que actuó en forma irregular. La noción de falta de servicio hace referencia a que el Estado tiene la
obligación de prestar el servicio de forma regular, y debe responder si funciona irregularmente, sin
que sea necesario probar la culpa o negligencia de los funcionarios. La falta de servicio es el
incumplimiento o cumplimiento irregular o defectuoso de las obligaciones por parte del Estado, es
decir, actos, hechos u omisiones del Estado realizados en violación del derecho vigente. El deber y
su incumplimiento es el fundamento de la responsabilidad estatal por sus actividades ilícitas.
LA RESPONSABILIDAD ESTATAL POR SUS ACTIVIDADES LICITAS
La responsabilidad por conductas licitas es propia del derecho público porque en el derecho
privado nadie es responsable por el ejercicio regular de sus derechos. En efecto, el art. 1071 CC.
establece expresamente que “el ejercicio regular de un derecho propio o el cumplimiento de una
obligación legal no puede constituir como ilícito ningún acto.”
En el caso “Laplacette” la Corte dijo que “la responsabilidad del Estado por los daños causados
nace en los caso como el presente, de la garantía de la inviolabilidad de la propiedad consagrada
en los arts. 14 y 17 de la CN y que la forma de hacer efectiva esa garantía es necesario buscarla en
los principios del derecho común, a falta de disposición legal expresa, pues de lo contrario la
citada garantía constitucional seria ilusoria”.
En efecto “la reparación debe atender, ante la falta de normas expresas sobre el punto, al modo
de responder establecido en instituciones análogas, debiendo aceptarse en la especie que la
expropiación es la que guarda mayor semejanza con el supuesto planteado, por el ámbito en que
se desenvuelve, la finalidad que persigue y la garantía que protege”. El tribunal justifico la
responsabilidad del Estado en el art. 17 CN, asimila la expropiación por razones de interés público.
Si bien la ejecución de las obras necesarias para el cumplimiento de las funciones estatales es
licita, ello no impide el reconocimiento de la responsabilidad estatal en tanto prive del derecho de
propiedad o lesione sus atributos esenciales. El fundamento de la responsabilidad dentro del
Estado de Derecho es la justicia y la seguridad jurídica y la obligación de indemnizar es un lógico
corolario de la garantía constitucional de la propiedad. Cuando la actividad licita de la autoridad
administrativa, aunque inspirada en propósitos de interés colectivo, se constituye en causa
eficiente de un perjuicio para los particulares (cuyo derecho se sacrifica por el interés general)
esos daños deben ser atendidos en el campo de la responsabilidad del Estado por su obrar licito.
Esta interpretación de la Corte se apoya en el art. 16 de la CN, en el principio de igualdad, para
tratar de restablecer la paridad entre aquellos que se ven beneficiados por el accionar estatal y
quienes se ven perjudicados, indemnizando a éstos últimos.
En el fallo “Columbia” la Corte añadió que es necesaria la “verificación de un sacrificio especial en
el afectado, como así también la ausencia de un deber jurídico a su cargo de soportar el daño”.
En los casos de responsabilidad estatal por actividades ilícitas, el alcance de la indemnización es
integral, comprende tanto lucro cesante, como daño emergente.
En el caso de la responsabilidad estatal por actividad licita, la Corte la mayoría de las veces se ha
entendido que la indemnización solo comprende el daño emergente, puesto que lo asimila con la
expropiación, y en la ley que regula dicho instituto se prevé sólo ese rubro indemnizatorio y no
comprende ni lucro cesante ni daño moral.
En otros fallos como “El Jacarandá” se reconoció la indemnización integral. Este criterio se apoya
en los siguientes pilares: 1) el derecho de propiedad del cual nace, principio instrumental de que
“todo daño debe ser reparado íntegramente”; 2) el silencio de la ley y su consecuente
interpretación según los principios constitucionales; 3) la imposibilidad de aplicar por vía analógica
y de modo extensivo un criterio restrictivo sobre derechos (expropiación). Hay que analizar las
características particulares de cada situación, y no hay como principio, fundamento para limitar al
daño emergente con exclusión del lucro cesante.
CODIGO CIVIL Y COMERCIAL DE LA NACION SOBRE RESPONSABILIDAD DEL ESTADO
ARTICULO 1765.- Responsabilidad del Estado. La responsabilidad del Estado se rige por las normas
y principios del derecho administrativo nacional o local según corresponda.
ARTICULO 1766.- Responsabilidad del funcionario y del empleado público. Los hechos y las
omisiones de los funcionarios públicos en el ejercicio de sus funciones por no cumplir sino de una
manera irregular las obligaciones legales que les están impuestas se rigen por las normas y
principios del derecho administrativo nacional o local, según corresponda

Hoy en día la responsabilidad del Estado se encuentra regulada por la ley 26944.
ARTICULO 1° — Esta ley rige la responsabilidad del Estado por los daños que su actividad o
inactividad les produzca a los bienes o derechos de las personas.
La responsabilidad del Estado es objetiva y directa.
Las disposiciones del Código Civil no son aplicables a la responsabilidad del Estado de manera
directa ni subsidiaria. (si de manera analógica).
ARTICULO 2° — Se exime de responsabilidad al Estado en los siguientes casos:
a) Por los daños y perjuicios que se deriven de casos fortuitos o fuerza mayor, salvo que sean
asumidos por el Estado expresamente por ley especial;
b) Cuando el daño se produjo por el hecho de la víctima o de un tercero por quien el Estado no
debe responder.
ARTICULO 3° — Son requisitos de la responsabilidad del Estado por actividad e inactividad
ilegítima:
a) Daño cierto debidamente acreditado por quien lo invoca y mensurable en dinero;
b) Imputabilidad material de la actividad o inactividad a un órgano estatal;
c) Relación de causalidad adecuada entre la actividad o inactividad del órgano y el daño cuya
reparación se persigue;
d) Falta de servicio consistente en una actuación u omisión irregular de parte del Estado; la
omisión sólo genera responsabilidad cuando se verifica la inobservancia de un deber normativo de
actuación expreso y determinado.
ARTICULO 4° — Son requisitos de la responsabilidad estatal por actividad legítima:
a) Daño cierto y actual, debidamente acreditado por quien lo invoca y mensurable en dinero;
b) Imputabilidad material de la actividad a un órgano estatal;
c) Relación de causalidad directa, inmediata y exclusiva entre la actividad estatal y el daño;
d) Ausencia de deber jurídico de soportar el daño;
e) Sacrificio especial en la persona dañada, diferenciado del que sufre el resto de la comunidad,
configurado por la afectación de un derecho adquirido
ARTICULO 5° — La responsabilidad del Estado por actividad legítima es de carácter excepcional. En
ningún caso procede la reparación del lucro cesante.
La indemnización de la responsabilidad del Estado por actividad legítima comprende el valor
objetivo del bien y los daños que sean consecuencia directa e inmediata de la actividad
desplegada por la autoridad pública, sin que se tomen en cuenta circunstancias de carácter
personal, valores afectivos ni ganancias hipotéticas.
ARTICULO 7° — El plazo para demandar al Estado en los supuestos de responsabilidad
extracontractual es de tres (3) años computados a partir de la verificación del daño o desde que la
acción de daños esté expedita.
EMPLEO PÚBLICO
El Estado está internamente estructurado por órganos y éstos están integrados por personas
físicas que ocupan esos lugares. Las relaciones entre estas personas físicas y el Estado están
regladas por el llamado régimen de empleo público.
La Corte ha dicho que dentro del concepto de empleo público están comprendidos tanto los
supuestos de incorporación permanente a los cuadros de la Administración como aquellos del
personal contratado y temporal.
A su vez, el agente recibe básicamente como contraprestación una remuneración dineraria y
periódica.
Los agentes públicos son las personas físicas de que se vale el Estado para el cumplimiento de sus
fines, y consecuentemente, sus conductas, en el marco del ejercicio de sus funciones, constituyen
actuaciones del propio Estado.
El vínculo entre el Estado y sus agentes es contractual, el ingreso nace del acuerdo de voluntades
entre el particular y el Estado y que es instrumentado mediante el convenio que tiene por objeto
realizar, por parte del agente, funciones estatales esenciales. Es esencial y necesario el
consentimiento del agente con el propósito de perfeccionar el vínculo.
La Corte ha establecido en el fallo “Guida” que “las relaciones de derecho entre el Estado y el
empleado público, no nacen de un contrato de locación de servicios, sino de un acto de imperio o
de mando, en virtud del cual se inviste al agente que acepte su designación, de la función pública,
reglamentada por leyes, decretos y resoluciones del Superior… en tal sentido puede afirmarse que
la relación de función o de empleo público es de naturaleza contractual, pero no configura un
contrato de derecho privado.
El régimen básico de empleo público es la Ley Marco de Regulación del Empleo Público que
establece los derechos, garantías y deberes de los agentes públicos.
El ámbito personal de aplicación de ésta ley comprende al personal que presta servicios en el PE,
es decir, la Administración central y descentralizada. Están excluidos: el Jefe de Gabinete,
ministros, secretarios, subsecretarios, autoridades máximas de los entes descentralizados,
personal militar y de las fuerzas policiales y de seguridad, personal diplomático, personal
comprendido en convenios colectivos del sector privado y el clero.
A su vez, la ley establece que el personal del PL y PJ está excluido de su ámbito de aplicación ya
que es regulado por sus respectivos ordenamientos especiales.
Los requisitos para ingresar en la función pública son los siguientes: 1) ser argentino; 2) reunir
condiciones de conducta, idoneidad y aptitud psicofísica.
La ley establece los derechos de los agentes, entre ellos, estabilidad absoluta, retribución justa por
su servicio, igualdad de oportunidades en la carrera, capacitación permanente, libre afiliación
sindical y negociación colectiva, descanso, licencias, justificaciones y franquicias; compensaciones,
indemnizaciones y subsidios; asistencia social para sí y su familia; interposición de recursos;
jubilación o retiro; renuncia; higiene y seguridad en el trabajo; participación en los procedimientos
de calificaciones y disciplinarios.
Los agentes gozan de estabilidad (propia), que es el derecho del trabajador a no ser despedido por
su empleador, salvo causas justificadas e imputables a él. Por el contrario, en el caso de la
estabilidad impropia, el empleador puede despedir sin causa al trabajador, sin perjuicio de que
deba indemnizarlo. El agente adquiere estabilidad en el cargo cuando se cumplen estas
condiciones: 1) transcurre el período de doce meses desde su incorporación, 2) aprueba las
evaluaciones periódicas; 3) obtiene el certificado de aptitud psicofísica y; 4) es ratificado por acto
expreso dictado por autoridad competente. El agente puede ser despedido durante el período en
el que no goza de estabilidad.
Otro derecho controvertido es el de las retribuciones de los agentes, y en particular, su recorte por
el Estado empleador. Así, la Corte convalidó las disminuciones del cinco, diez y quince por ciento
de los salarios de los agentes públicos, pero rechazó la potestad del Ejecutivo de recortar sin
límites las remuneraciones de aquéllos.
Los deberes de los agentes son: prestar el servicio personalmente con eficiencia, eficacia,
rendimiento laboral; respetar normas jurídicas y actuar con colaboración y respeto hacia el público
y el resto del personal; responder por la eficacia, rendimiento y personal del área a su cargo;
observar el deber de fidelidad y guardar discreción de todo asunto del servicio cuando
corresponda; cumplir con la ley de ética pública y tener una conducta decorosa, digna; obedecer
órdenes del agente superior; declarar bajo juramento su situación patrimonial y modificaciones
ulteriores; dar a conocer todo acto, omisión o procedimiento que cause o pueda causar perjuicio
al Estado, configurar delito, o resultar una aplicación ineficiente de los recursos públicos;
someterse a examen psicofísico.
La ley también establece una serie de prohibiciones a los agentes, entre ellas, peticionar tramites
o gestiones administrativas a terceros relacionados con su función; dirigir, administrar, asesorar,
patrocinar, representar o prestar servicio a personas de existencia visible o jurídica que gestionen
o exploten concesiones o privilegios de administración o que fueran proveedores o contratistas;
recibir directa o indirectamente beneficios por contrato, concesiones o franquicias que otorgue la
administración; obtener beneficios u obligaciones por entidades directamente fiscalizadas por el
ministerio, dependencia o entidad donde trabajo; aceptar dádivas, obsequios u otros beneficios y
hacer uso indebido o con fines particulares del patrimonio estatal; usar sus facultades o
prerrogativas para fines ajenos con su función o para hacer acción política; representar litigantes o
intervenir en gestiones extrajudiciales contra la administración pública nacional; no discriminación
al realizar un acto u omisión; no puede tener dos empleos a la vez en la administración público.
REGIMEN DISCIPLINARIO
El marco legal disciplinario de los agentes públicos prevé los principios; los hechos reprochables
(infracciones disciplinarias); las sanciones aplicables y el trámite de revisión y control judicial.
Respecto de los principios: 1) el procedimiento debe garantizar el derecho de defensa; 2) el agente
no pude ser sancionado más de una vez por el mismo hecho; 3) la sanción debe graduarse según la
gravedad del hecho y los antecedentes del agente; 4) la imposición de las sanciones menores tales
como el apercibimiento o la suspensión de hasta 5 días y las sanciones por hechos materiales
claros (por incumplimiento del horario o las inasistencias), no requieren instrucción de sumario; 5)
los plazos de prescripción son de 6 meses a 2 años según el hecho de que se trate, y debe contarse
a partir del momento en que se produjo el hecho (por apercibimiento y suspensión 6 meses, por
cesantía 1 año; exoneración 2 años); 6) el plazo de resolución del sumario debe fijarse por vía
reglamentaria, pero no puede exceder el término de 6 meses contados desde la comisión del
hecho.
Por su parte, los hechos tipificados (faltas administrativas) por la ley son, entre otros:
APERCIBIMIENTO O SUSPENSION DE HASTA 30 DÍAS EN 1 AÑO SIN PRESTACION DE SERVICIOS NI
GOCES DE HABERES: 1) el incumplimiento del horario; 2) las inasistencias injustificadas de hasta 10
días en 1 año; 3) el incumplimiento de los deberes que no lleguen a justificar la cesantía;
CAUSALES PARA IMPONER CESANTIA: 4) inasistencia injustificada de más de 10 días; 5) abandono
de servicio; 6) infracciones reiteradas al cumplir sus tareas; 7) incumplimientos de los deberes con
magnitud y gravedad de la falta; 8) la comisión de delito doloso no referido a la administración
pública pero que afecte el prestigio de la función o del agente; 9) las calificaciones deficientes
durante 3 años consecutivos o 4 alternados, en los últimos 10 años de servicio, en estos casos
puede pedirse la rehabilitación a partir de 2 años de la cesantía;
CAUSALES PARA IMPONER LA EXONERACION: 10) sentencia condenatoria firme por delito contra
la Administración pública nacional, provincial o municipal; 11) la falta grave que perjudique
materialmente a la Administración; 12) la pérdida de ciudadanía; 13) la violación de las
prohibiciones que establece la ley; 14) la imposición, como pena principal o accesoria, de
inhabilitación absoluta o especial para el ejercicio de las funciones públicas, en estos casos puede
pedirse la rehabilitación a partir de los 4 años de la exoneración.
EL DERECHO A LA ESTABILIDAD
Es el derecho del agente a la continuidad en el cargo o empleo del que no puede, en principio, ser
separado. La estabilidad del empleado público es absoluta, impide el despido salvo que haya justa
causa prevista en ley y no puede reemplazarse por indemnización, debe reincorporárselo al
trabajo. Esto es para evitar que los funcionarios públicos sean despedidos en forma masiva cada
vez que se asumen nuevos gobiernos, reemplazándolos por trabajadores de su partido político.
Este escenario es claramente cambiante, inestable e incluso ineficiente en términos de
planificación y ejecución de las políticas públicas. Este derecho está garantizado en el art. 14 bis de
la CN.
Muchas veces el Estado suprimió el cargo y función con el propósito encubierto de despedir al
agente y, luego recreó el cargo bajo otro nombre. En particular, el régimen vigente (ley 25164) ya
mencionado dice sobre este aspecto que el personal con estabilidad que resultase afectado por
medidas de reestructuración “que comparten la supresión de organismos, dependencias, o de las
funciones asignadas a las mismas, con la eliminación de los respectivos cargos, será reubicado”. Si
ello no fuese posible el agente pasa a estar en situación de disponibilidad por un período no
inferior a los 6 meses ni mayor a 12, según su antigüedad. Concluido dicho período sin que haya
sido reubicado, el Estado dispone el cese del agente pagándole la indemnización correspondiente.
Por último, el texto dice que “los organismos o dependencias suprimidos y los cargos o funciones
eliminados no podrán ser creados nuevamente” por un plazo de 2 años.
Otro caso de excepción son las leyes de emergencia económica.
El agente sí es estable en el cargo o empleo, pero no así en el ejercicio de las funciones. Es decir, la
estabilidad comprende el cargo (situación en el escalafón) y los derechos propios del agente, pero
no el ejercicio. De modo que el Estado puede cambiar las funciones siempre que no vulnere los
derechos del agente (por ejemplo prohibición del Estado empleador de asignar al agente tareas
impropias de su especialidad o disminuir sus haberes).
La Corte ha dicho que el art. 14 bis de la CN “reconoce la estabilidad del empleado público, pero
que ese derecho no es absoluto, sino que debe ejercerse de conformidad con las leyes que lo
reglamentan y en armonía con los demás derechos individuales y atribuciones estatales
establecidos con igual jerarquía por la misma CN”.
CASO MADORRÁN (despido sin expresión de causa): la Corte ordenó su reincorporación en razón
de que “la estabilidad del empleado público preceptuada en el art. 14 bis significa, a juicio de esta
Corte y dentro del contexto en cuestión, que la actora no pudo válidamente ser segregada de su
empleo sin invocación de una causa justificada y razonable, de manera que su reclamo de
reinstalación resulta procedente”. La estabilidad del empleado público impide al Estado excluir a
sus agentes sin invocar causas justificadas y razonables. Esto concuerda con los principios y pautas
de interpretación del Derecho internacional de los DDHH. La estabilidad tutela la dignidad,
atributo inherente a toda persona, además del centro sobre el que gira la organización de los
derechos fundamentales de nuestro orden constitucional.
Cabe aclarar que ciertos agentes públicos no gozan de este derecho, es el caso del personal
vinculado por medio de contratos de locación de servicios, tampoco en el caso de las plantas
transitorias y el personal del Gabinete.
FALLO “RAMOS”: el Estado contrató al actor durante 21 años, en abierta violación al plazo máxima
previsto. A su vez, surge del legajo del actor que sus tareas carecían de transitoriedad; el estado le
reconocía la antigüedad y gozaba de los servicios sociales. Las circunstancias descriptas, más la
violación a la norma que limita la renovación del contrato a un plazo máximo de cinco años,
llevaron al Tribunal a concluir que “la demandada utilizo figuras jurídicas autorizadas legalmente
para casos excepcionales, con una evidente desviación de poder que tuvo como objetivo encubrir
una designación permanente bajo la apariencia de un contrato por tiempo determinado.” A ello,
debe agregarse que las conductas del estado pudieron generar en el actor una legítima
expectativa de permanencia laboral. En este caso se le reconoce al actor una indemnización, pero
no la estabilidad en el empleo, pues ello vulneraria el régimen legal de la función pública. Solo se
reconoce estabilidad a quienes ingresen a cargos pertenecientes al régimen de carrera cuya
financiación esté prevista en la Ley de Presupuesto.
EXTINCION DE LA RELACION JURIDICA
Concluye por las siguientes causas:
1) Al cancelar la designación del personal.
2) Renuncia aceptada o vencimiento del plazo para aceptarla.
3) Conclusión o rescisión del contrato en el caso del personal bajo el régimen de
contrataciones.
4) Razones de salud que imposibiliten el cumplimiento de tareas laborales.
5) Aplicación de sanciones de cesantía o exoneración.
6) Baja por jubilación o retiro.
7) Fallecimiento del empleado.

SERVICIO PÚBLICO
El servicio público es la prestación que realiza la Administración ya sea en forma directa o indirecta
con el fin de satisfacer necesidades de interés general.
El Estado debe garantizar derechos y para ello es necesario que preste servicios materiales o
garantice su prestación por otros. El Estado debe garantizar el goce de múltiples derechos y
hacerlo de modo integral con el objeto de que cada cual pueda elegir y materializar su propio plan
de vida. Así, es necesario e imprescindible que el Estado intervenga activamente.
El Estado debe, por un lado, regular y, por el otro, realizar prestaciones positivas o sea prestar
servicios.
En este marco el Estado puede: regular y prestar directamente servicio, o regular y garantizar el
servicio prestado por terceros. Por ejemplo, el servicio de educación, seguridad, salud y vivienda y
los llamados servicios domiciliarios (agua potable, luz y gas, entre otros).
Es obligatorio respecto de las funciones estatales como es el caso de la seguridad, el servicio de
justicia y el servicio exterior el deber del Estado de prestar o garantizar los servicios y no sólo
regularlos. En relación con los otros servicios también es obligatorio, sin perjuicio de que la CN lo
establece en términos expresos sino implícitos. El Estado debe hacerlo en tanto su obligación
constitucional es reconocer y hacer ciertos los derechos y esto sólo es posible si el Estado
garantiza la prestación de los servicios por sí o por terceros. EL ESTADO DEBE PRESTARLOS O
GARANTIZAR SU PRESTACION Y ELLO CON EL OBJETO DE HACER VALER LOS DERECHOS
FUNDAMENTALES.

LOS FUNDAMENTOS DEL SERVICIO PÚBLICO


Publicatio: según este criterio el servicio público es un conjunto de actividades que el Estado
sustrae del campo privado con el propósito de imponerle el marco propio del Derecho Público. Es
decir, el Estado por razones de interés público decide sustraer ciertos servicios del sector privado y
residenciarlos en el sector público con las siguientes consecuencias. Por un lado excluir la libre
iniciativa en el intercambio de los servicios y, por el otro, aplicar el régimen jurídico exorbitante
del Derecho Público.
El Estado invade ciertas actividades particulares en razón del interés público haciéndolas propias,
desplazando al sector privado y ejerciendo su titularidad. El concepto de titularidad estatal
permite que el Estado ordene, regule, organice y preste el servicio de que se trate por sí solo con
exclusión de otros. Estos solo pueden participar en el trámite de gestión del servicio mediante el
reconocimiento por concesión, título que es otorgado por el Estado. La titularidad es
intransferible, y en su caso, la concesión del servicio (gestión por terceros) es discrecional y
temporal. Publicatio significa entonces titularidad del servicio por el Estado y, por tanto,
responsabilidad de éste por la prestación del servicio.
Es el propio Estado quien decide qué actividad es servicio público y cuál no. Los servicios públicos
son actividades que el Estado declaró tales porque son esenciales para la comunidad, en cuyo caso
el Estado es titular, controlador y regulador de modo exclusivo e intransferible.
El régimen jurídico establece entre sus reglas básicas que: 1) el servicio sólo puede ser prestado
por terceros por concesión y con carácter temporal y 2) el reconocimiento de las potestades
estatales de revocación y rescate del servicio en el marco de la concesión de éste, esto es,
potestades exorbitantes implícitas.
El Estado decide reconocer el servicio y garantizar su prestación calificándolo consecuentemente
como servicio público con el objeto confeso de satisfacer los derechos instrumentales y así
reforzar los derechos fundamentales.
El servicio es público no por la titularidad estatal sino porque el Estado asume la responsabilidad
de su prestación (por sí o por terceros) con el fin de satisfacer derechos y, por ello, se le reconoce
mayor poder de regulación y ordenación.
La publicatio es una técnica que consiste en que el Estado toma para sí una determinada actividad,
la sustrae de manos privadas, que los titulares no sean más los particulares, para cubrir
necesidades públicas, que los particulares por su cuenta, independientemente no podrían cubrir.
Sustrae la actividad de la libre oferta y demanda del mercado. Para esto es necesario una ley del
Congreso, ya que es el único poder competente para restringir derechos de los particulares. El
Congreso es quien decide cuando una determinada actividad no va a ser más servicio público, por
el principio de paralelismo de las competencias.
El fundamento del carácter retributivo del servicio (pago de un precio justo y razonable) es el
contenido económico del derecho de los usuarios. Este elemento permite distinguirlo claramente,
y entre otros conceptos, de los servicios sociales, tales como la educación y la salud que deben ser
prestados por el Estado en términos de gratuidad, sin perjuicio del carácter concurrente de su
prestación por los particulares. El servicio social satisface derechos fundamentales de modo
directo y debe ser, consecuentemente gratuito; en tanto los servicios públicos reconocen
derechos instrumentales de contenido económico y su carácter es oneroso, consecuentemente el
usuario debe pagar las tarifas con el objeto de resguardar el derecho de propiedad del prestador.
El art. 42 CN establece que “las autoridades proveerán a la protección de esos derechos, a la
educación para el consumo, a la defensa de la competencia contra toda forma de distorsión de los
mercados, al control de los monopolios naturales y legales, a la calidad y eficiencia de los servicios
públicos, y a la constitución de asociaciones de consumidores y usuarios.”
LOS CARACTERES DEL SERVICIO PÚBLICO
CONTINUIDAD: supone que el servicio no puede interrumpirse ni paralizarse, sin perjuicio de que
su prestación puede revestir carácter continuo o discontinuo según las modalidades del caso.
Supone la permanencia del servicio y sólo la interrupción en casos debidamente justificados.
Siempre que la necesidad surja tiene que prestarse la actividad. La continuidad puede ser absoluta
(cuando deba prestarse ininterrumpidamente, como los servicios domiciliarios, agua luz, etc.) o
relativa (cuando no se preste ininterrumpidamente sino en determinados momentos, como los
colegios que funcionan en horas y días específicos), según si el servicio se presta constantemente
o de manera alternada.
Con respecto al derecho a huelga, éste debe ser limitado si afecta servicios públicos. El Estado en
estos casos debe garantizar un mínimo de prestación en casos de emergencia. Y en ciertas
circunstancias si estuviera en manos de terceros, prestar el servicio por sí mismo.
No se pueden ejecutar forzosamente los bienes que están sujetos al servicio público (trenes).
REGULARIDAD: supone que el servicio debe prestarse según las reglas vigentes, es decir, de
conformidad con el ordenamiento jurídico. En este contexto cabe mencionar especialmente a la
calidad del servicio (características de las prestaciones, transparencia en las facturaciones,
información al usuario y medidas de seguridad). También es razonable incorporar en el marco
normativo compromisos de calidad y evaluaciones periódicas internas y externas.
GENERAL: exige que todos tengan acceso al servicio, y en tal sentido el prestador no puede
impedirlo o restringirlo.
UNIFORMIDAD O IGUALDAD: es que todos deben acceder y hacerlo en condiciones similares, es
decir, en igualdad y sin discriminación. Este aspecto tiene un vínculo directo con el precio del
servicio que debe ser razonable y justo, sin perjuicio de que el Estado pueda establecer categorías
entre los usuarios sobre bases razonables y no discriminatorias (esto tiene que ver con la
proporcionalidad, que no pague lo mismo de luz una casa de familia que una fábrica). La igualdad
supone también accesibilidad de cualquier usuario, de modo que el precio debe estar al alcance de
todos incorporando en su caso tarifas sociales y si fuese necesario subsidios con ese propósito.
MUTABILIDAD: el Estado puede modificar el servicio en términos de calidad y por tanto modificar
el propio contrato, siempre claro en términos razonables y en su caso debiendo indemnizar al
concesionario.
OBLIGATORIEDAD: el prestador de servicio tiene la obligación de prestarlo y el usuario, en algunos
casos, está obligado a hacer uso de ese servicio (por ejemplo: barrido, limpieza, cloacas ya que
tienden a fines de salubridad e higiene).
CLASIFICACION DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS
PROPIO: prestado por el Estado directa o indirectamente.
- Prestados en forma directa: los presta el Estado sin intermediarios y con las prerrogativas
de poder inherentes a la actuación del Estado en el campo del Derecho público.
- Prestados en forma indirecta (privatizaciones): cuando el servicio lo presta una persona
privada o pública no estatal a título propio con autorización o habilitación del Estado. El
Estado los controla por medio de sus agentes reguladores e impone las condiciones de su
prestación (precio, frecuencia, características).
IMPROPIO: es una actividad privada realizada por personas privadas de acuerdo con
disposiciones reglamentarias, establecidas por la Administración pública, quien las controla
para evitar abusos que perjudiquen a los usuarios. Ejemplos: servicios de taxis, farmacéuticos,
panaderos, carniceros, etc.
La concesión es el contrato que tiene por objeto transferir la gestión del servicio público a
manos de los particulares. El núcleo del acuerdo consiste en que el concesionario asume la
obligación de prestar el servicio en determinadas condiciones y al mismo tiempo, adquiere,
entre otros, el derecho de cobrar el precio del servicio.
ENTES REGULADORES
Son entes autárquicos (sujetos con personalidad jurídica) que actúan en el campo del derecho
público y privado. Fueron creados en ciertos casos por ley y en otros casos por decretos del
PE. En el marco constitucional actual, las disposiciones que prevén específicamente los arts.
42, 75 inc. 20, 99 inc. 7 y 100 inc. 3, los entes deben ser creados por una ley del Congreso.
Básicamente la función de los entes consiste en planificar, regular y ejecutar las políticas sobre
los servicios públicos por medio de las siguientes herramientas: a) el dictado de reglas
complementarias y de detalle; b) aplicación y ejecución del marco de regulación; c) el control
de los agentes y actividades del sistema; d) la resolución de controversias y; e) la protección de
los usuarios.
En particular, el ente regulador, en el marco de sus poderes de contenido materialmente
administrativo y con fines de hacer cumplir y controlar el cumplimiento del marco regulador,
ejerce potestades sancionadoras.
MODOS DE USO
Uti singulari: dirigido a personas determinadas, se consideran que son onerosos. Por ejemplo
la luz de una casa, cada administrado va a pagar por lo que utilice el servicio.
Uti universi: dirigido a personas indeterminadas. Por ejemplo la luz de una plaza, es para que
la utilicen todos, quienes quieran ir a ese lugar público. Se consideran que son gratuitos.
RETRIBUCION DEL SERVICIO PÚBLICO
La tarifa es el precio que debe pagar el usuario por el servicio prestado. Las tarifas deben ser
fijadas por el Estado. Estas deben contener los costos, impuestos, amortización de activos y
rentabilidad de la inversión. Deben ser justas, razonables y accesibles.
El sistema denominado tasa de retorno, consiste en que el ente regulador apruebe cada cierto
tiempo tarifas que permitan cubrir todos los costos que razonablemente hace la empresa
incluyendo la retribución por el capital invertido.
Otro sistema que se denomina precio tope se apoya en los incentivos (productividad) más que
en los costos del servicio y prevé niveles máximos de precios fijos durante un determinado
período que se incrementan en razón de la inflación mediante un factor basado en el índice de
precios minoristas.
El ente es quien debe fijar las tarifas de acuerdo con el marco jurídico vigente. El juez debe
controlar la fijación de las tarifas.
La tarifa puede ser de 2 formas: 1) precio (se paga por el servicio no obligatorio, se paga por lo
que se usa, la relación es contractual. 2) tasa (se paga por los servicios obligatorios, se usen o
no el gasto se divide por los habitantes que se benefician con ellos, alumbrado, barrido y
limpieza, la relación es reglamentaria).
CARACTERÍSITICAS DE LA RETRIBUCIÓN:
Proporcionalidad: deben ser justas y razonables, deben compensarse con el servicio que se
presta y no pueden ser discriminatorias (son iguales para todos los que están en las mismas
condiciones).
Legalidad: el Estado fija las listas de precios o tasas. Si el servicio, lo presta un concesionario,
éste interviene en la fijación de la tarifa pero el Estado es el que la aprueba o no
(homologación).
Efectividad: debe abonarse sólo si se presta el servicio, caso contrario el cobro es ilegítimo.

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