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Krishnamurthy L. y J. Rente Nascimento, (Eds.). 1997.

Áreas Verdes Urbanas en Latinoamérica y el Caribe. 109 -138 pp.

CAPÍTULO 5

Participación pública en la arborización urbana


WANIA COBO1

Palabras claves: arborización urbana, paisaje urbano, participación pública, Quito.

Resumen. El crecimiento rápido y descontrolado de las ciudades de Latinoamérica y el Caribe


ha tenido como consecuencia graves problemas ambientales. Las autoridades municipales
normalmente no cuentan con los medios apropiados para enfrentar los problemas generados
por la deforestación del paisaje urbano. Una serie de agentes públicos y privados han
emprendido acciones que tienen la finalidad de paliar esta crítica situación. Con base en una
experiencia de muchos años en este tipo de labores en la ciudad de Quito, y a través de casos
particulares, se analizan los distintos aspectos positivos y negativos de esta actividad,
concluyendo que es imprescindible tomar en cuenta las necesidades y aspiraciones de los
pobladores más pobres si se quiere tener éxito en la arborización de la ciudad.

Key words: urban trees, urban landscape, public participation, Quito.

Abstract. The rapid and uncontrolled growth of cities in Latin America and the Caribbean has
grave environmental consequences. The municipal authorities normally do not have
appropriate means to confront the problems generated by the deforestation of urban
landscape. However, some public and private agents have been involved to alleviate this
critical situation. Based on the long-term experiences in this type of work in the city of Quito,
Ecuador, and through specific case studies, the distinct negative and positive aspects of urban
greening are analyzed. It is concluded that taking into account of the necessities and
aspirations of resource poor people is important to succeed in urban greening efforts.

1
Directora Ejecutiva del Capítulo Quito de la Fundación Natura.

D.R. © 1997. Banco Interamericano de Desarrollo. Impreso en México.


110 Wania Cobo

1. Introducción
Latinoamérica y el Caribe tienen en la actualidad una población
predominantemente urbana. En la década de los 50 se inició un proceso de
concentración demográfica, con un crecimiento explosivo y desordenado de
las ciudades. Esto se debió, en gran medida, a la inmigración de gran número
de campesinos empobrecidos que buscaban fuentes de trabajo alternativas.
Hoy, cuando estamos a punto de finalizar el siglo veinte, más del 70 % de los
habitantes de nuestra región reside en aglomeraciones de carácter urbano1.
En nuestro continente abundan las urbes millonarias, incluyendo entre ellas
algunas de las metrópolis más pobladas del planeta, como la Ciudad de
México (más de 20 millones), Sâo Paulo (17 millones y medio) y Buenos
Aires (11 millones y medio) (Naciones Unidas, 1991; Carter, 1993; Murray,
1995).
¿Qué queremos expresar cuando decimos que una población es
urbana y otra rural? ¿Cuáles son los criterios más apropiados para establecer
la diferencia entre estos dos tipos de asentamiento?
Podríamos afirmar que, la mayor parte de la población del área rural,
se dedica fundamentalmente a actividades agrícolas como el cultivo de
plantas alimenticias y la cría de animales, y algunas de carácter extractivo
como la minería. Los asentamientos son generalmente dispersos y carecen,
en una alta proporción, de servicios básicos: agua potable, alcantarillado, etc.
A pesar de la creciente deforestación, el paisaje presenta una cobertura
predominantemente vegetal, y las superficies pavimentadas son bastante
limitadas. Las actividades de carácter contaminante ocurren de manera muy
localizada, aunque sus efectos pueden ser violentos en el caso de las
explotaciones mineras, petroleras, cementeras, agroindustrias, etc.
Por el contrario, en la zona urbana se centraliza el poder político y
económico, la población está muy concentrada, contando en una proporción
mucho mayor, con servicios básicos. Hay en ella zonas específicas en que se
localizan las actividades de tipo comercial o industrial; hay calles
pavimentadas, edificios, tráfico vehicular, áreas de recreación y
entretenimiento. La emisión de desechos contaminantes es de gran magnitud
y ocurre de manera más generalizada. Las superficies de terreno descubierto

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Participación pública en la arborización urbana 111

y con cobertura vegetal representan, por lo general, una proporción muy baja
del área total, y los árboles son muy escasos.
Una forma bastante usual de establecer la diferencia entre el ámbito
rural y el urbano tiene en cuenta el número de personas que residen de
manera permanente en un determinado asentamiento nucleado. Por encima
de cierta cantidad de habitantes en una población se considerará de carácter
urbano, pero si presenta una cifra menor será rural. Hardoy y Satterthwaite
(1986), definen como “urbano” a un asentamiento de más de 5.000 personas;
las Naciones Unidas (1991), por su parte, lo considera así a partir de los
20.000 habitantes. Esa cifra diferenciadora, sin embargo, variará de acuerdo
con las características particulares de cada país.
Una tercera clasificación de asentamientos, de carácter
antropológico, considera rurales a aquéllos en que la mayor parte de los
moradores se dedica a actividades agrícolas o de servicios dirigidos
básicamente a dicha población. Lo contrario se considerará urbano.
La primera de estas tres clasificaciones, que se fija más en las
características físicas del establecimiento, y en los servicios de que dispone,
es la que empleamos en este estudio.

2. El ecosistema urbano
La ciudad, que es el tema que nos interesa en este momento, es el resultado
de las alteraciones provocadas por el hombre al ambiente natural como
consecuencia de la concentración de sus viviendas y de las actividades de
intercambio, servicios, utilización y transformación de los recursos naturales
para su beneficio. Aunque hay una ruptura del equilibrio natural, sin embargo
se debe considerar, además, que el hombre, al transformar el medio, está
creando para sí un hábitat nuevo, un nuevo ecosistema: el medio urbano
(Nacif, 1992).
Se debe cambiar la concepción de que el concepto medio ambiente
hace referencia exclusivamente a la naturaleza; medio ambiente es también
la ciudad. No se debe disociar lo urbano de lo ambiental, especialmente si

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tenemos en cuenta los desequilibrios que la acción desordenada del hombre


provoca en el medio natural en que se asienta la ciudad.
Esto es más evidente en nuestros países, donde no sólo tenemos una
urbanización descontrolada sino también problemas sociales propios del
subdesarrollo y de la crisis económica en que vivimos hoy. Ésta agrava el
grado de pobreza de los habitantes y dificulta, además, la capacidad de
acción de la administración local para atender las necesidades básicas de la
mayoría de la población. A esto se une la escasa o nula planificación y la
falta de control por parte de los organismos estatales o seccionales sobre las
actividades con efectos contaminantes o que sobreexplotan los recursos
naturales.
Los problemas sociales y ambientales están interrela cionados
íntimamente (mala ocupación del suelo, disposición de desechos sólidos,
alcantarillado, agua potable, etc.), y deben ser solucionados conjuntamente.
Los desequilibrios ecológicos asociados, como la contaminación del agua y
aire, el ruido, la falta de áreas verdes, etc., afectan a toda la comunidad y
deterioran la calidad de vida de la población.
Esto resulta especialmente grave en el caso de los sectores de
menores recursos económicos: éstos sufren graves carencias en salud,
vivienda, servicios básicos, desintegración del grupo familiar y social, etc. A
pesar de ello, los campesinos siguen llegando a la ciudad y muy pocos de
ellos regresan a sus lugares de origen (Murray, 1995). Parece ser que las
condiciones de vida miserables que tienen que soportar en los barrios
marginales son preferibles a las que dejaron atrás, o a que consideran que en
la ciudad tienen posibilidades más inmediatas de hacer realidad sus
expectativas de mejora.
La ciudad es un socio-ecosistema integrado, en el que interactúan en
forma interdependiente los distintos componentes bióticos (organismos vivos
como los animales, plantas, insectos, etc.) con los abióticos (el suelo, agua,
aire). Estos procesos naturales, a su vez, se interrelacionan con el
componente humano-social (Murray, 1995).
Por lo tanto, para realizar una planificación y gestión urbana
adecuadas, hay que empezar por considerar y entender al ecosistema de la

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Participación pública en la arborización urbana 113

ciudad. Éste tiene un funcionamiento y unos procesos complejos e


interrelacionados, pues nada actúa de manera aislada. La intervención sobre
una parte del mismo afectará a todo el sistema; hay que buscar las
interrelaciones y considerar sus diversidades y su dinámica. Esto nos ayudará
a conocer las causas de los problemas, a plantear las estrategias de solución
y a ejecutar las acciones de una manera más exitosa.

3. La forestación urbana
La forestación urbana es uno de los componentes del ecosistema urbano
integral. En la mayoría de las definiciones se resalta al árbol como el único
elemento de plantación, cuidado y manejo. Creo que se debería integrar,
como un sistema relacionado, a todo tipo de vegetación plantada por el
hombre en el espacio “ciudad”: flores, césped (e incluso pastos), huertos y
cultivos agrícolas.
Carter (1993), cita una definición que nos da una idea integral de la
dinámica y alcances de la arborización. “La arborización urbana es el manejo
de los árboles para su contribución al bienestar fisiológico, sociológico y
económico de la sociedad urbana. Tiene que ver con los bosques, otras
agrupaciones menores de árboles, y los árboles individuales presentes allí
donde vive la gente. Esto tiene muchas facetas, porque las áreas urbanas
abarcan una gran diversidad de hábitats (calles, parques, rincones
abandonados, etc.), en los cuales los árboles producen una gran variedad de
beneficios y de problemas” (Carter, 1993: pág.3; trad. pers.).
Es importante tener en cuenta que existen diferentes tipos de
conjuntos forestales en la ciudad, y que es necesario reconocerlos para
planificar apropiadamente la forma correcta de manejo. No sólo tienen
características biológicas y físicas distintas, sino que, además, el ser humano
actúa o se interrelaciona con cada uno de ellos de forma diferente.
Murray (1996), clasifica la variabilidad de los bosques urbanos en
tres niveles:
1. En primer lugar, considera un nivel Macro. Éste corresponde a las Zonas
de Vida, definidas por Holdridge en función de la precipitación, la altitud,

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la latitud, la temperatura, la vegetación predominante, etc. En países


montañosos como Ecuador, que presentan un marcado gradiente
altitudinal en muy corto espacio, esto es evidente aun dentro de una
misma ciudad.
2. El siguiente nivel sería el Intermedio o Regional. Tiene que ver con la
diversidad dentro de la cubierta vegetal de la ciudad, aunque las
condiciones abióticas y bióticas naturales sean similares. En este caso, las
diferencias dependerían, sobre todo, de la intensidad de la manipulación
humana sobre el sistema natural. Se puede considerar la existencia de una
gradación, desde el centro de la ciudad hacia las áreas periféricas y más
silvestres, y observar diferencias en la cantidad y tipo de vegetación, y en
los distintos valores humanos asociados a ésta.
3. Finalmente, habría un nivel Micro o Local. Éste correspondería a las
avenidas, calles, parques, predios particulares, áreas de protección, etc.
En este caso, la diferencia estaría dada, también, por la actividad humana
y social, la densidad de la implantación urbana, así como los distintos
agentes y objetivos en el uso del espacio (por ejemplo, sitios públicos,
privados, residenciales o comerciales, etc.).
Por lo tanto, la planificación y las estrategias de manejo y promoción
deberán variar en función del tipo de bosque urbano, y de los intereses y
necesidades de la comunidad.

4. La arborización urbana y sus beneficios


Se puede hacer una larga lista de los beneficios y valores asociados al
bosque urbano; algunos de éstos serán más importantes en unos casos que
en otros e, incluso, lo que se ha considerado beneficioso por una comunidad
determinada puede ser percibido como nocivo por otra. Sin embargo, todo el
mundo parece estar de acuerdo actualmente en que la forestación urbana
representa grandes beneficios y valores de carácter ecológico, social,
material y financiero (Carter, 1993; Oxman, 1994; Murray, 1996)
Existen muchos beneficios ecológicos que se pueden atribuir a la
presencia del árbol en un ambiente urbano. Entre ellos podríamos mencionar

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el mejoramiento de la calidad del suelo, pues los árboles le aportan la materia


orgánica y los nutrientes que ayudarán a mejorar su textura y calidad
nutritiva, lo cual será beneficioso para las plantas mismas. Por otro lado, los
árboles son importantes para disminuir la erosión, tanto por la acción directa
de su sistema radicular como por la protección contra los efectos del viento,
actuando como cortinas rompeviento.
Otro de los beneficios ecológicos de los árboles es la mejora en la
calidad del aire. Aumentan la proporción de oxígeno en la atmósfera,
disminuyen la de bióxido de carbono y de agentes contaminantes, y filtran las
partículas de polvo en suspensión. Sin embargo, es importante recordar que
los árboles, por sí solos, no limpiarán nuestras ciudades de la contaminación
atmosférica, y que para lograrlo son necesarias otro tipo de medidas de
carácter político.
La retención de la humedad es otro de los beneficios de la
forestación urbana. Los suelos cubiertos de vegetación filtran el agua y las
plantas, además, transpiran humedad.
En la ciudad, la vegetación puede servir, además, para mantener y
recuperar la vida silvestre e, incluso, constituirse en una fuente de semillas y
esquejes para propagar y reintroducir especies de árboles nativos.
Entre los beneficios sociales hemos de tener en cuenta, también, la
recreación física y mental. El embellecimiento que traen los árboles a una
ciudad sirve no solamente como una mejora de su imagen estética, si no que,
además, ayudará a establecer o recuperar un espíritu de identidad cultural o
cívica entre sus habitantes, o entre los de un determinado barrio. Resulta
también pertinente incluir aquí entre los beneficios sociales, el valor educativo
que determinadas áreas urbanas con vegetación poseen para sus habitantes:
un jardín botánico, quebradas con restos de vegetación nativa, etc.
Además, los árboles y los arbustos pueden ser útiles para reducir el
ruido, separar propiedades privadas dándoles una mayor privacidad, crear
barreras en lugares peligrosos (como, por ejemplo, al borde de una
quebrada), o impedir la vista de lotes vecinos abandonados, llenos de basura,
etc. Los árboles pueden ser aprovechados también, para disminuir los

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impactos micro-climáticos (calor del sol, vientos fuertes, etc.). El habitante


encontrará sombra bajo un árbol, y éste le protegerá de la lluvia.
Un tema muy importante en nuestros países es el relativo a los
beneficios materiales que la forestación urbana ofrece a los pobladores de
estratos sociales pobres. No sólo les puede ayudar a su subsistencia directa
al proveerles de productos comestibles, como frutas, sino, además,
significarles una mejora de sus ingresos económicos. Los bosques urbanos
pueden ser fuente de leña, forraje para los animales, postes, productos
medicinales, colorantes, resinas, especias, etc.
El fortalecimiento de la organización comunitaria es otro importante
beneficio que ha de tenerse en cuenta. Es más fácil unir a los diversos
sectores de un asentamiento en un esfuerzo común si sus beneficios van a
ser compartidos por todos. Sin duda, los problemas del medio ambiente local,
los programas de arborización, el arreglo de un parque barrial, etc., son
actividades que tienden a unir a la comunidad.

5. La participación comunitaria
En las páginas anteriores se ha resaltado la necesidad de que la arborización
urbana no se centre exclusivamente en el árbol, y en su manejo y cuidado,
sino que se realice en función del ser humano y sus necesidades.
Tradicionalmente, en nuestras ciudades, esta actividad ha sido
realizada exclusivamente por las municipalidades en función del
embellecimiento de la ciudad. Sin temor a equivocarme, podría decir que esta
arborización fue hecha habitualmente sin planificación y sin las técnicas
apropiadas. En la mayoría de los casos, las especies sembradas no
correspondían al lugar, al tipo del suelo y, peor aún, el pequeñisimo tamaño de
las plantas utilizadas no garantizaba su supervivencia. Por lo general, la
comunidad jamás fue convocada a participar en este esfuerzo.
Consecuentemente, los resultados obtenidos de estas campañas de
arborización eran poco satisfactorios.

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Participación pública en la arborización urbana 117

Esta descripción corresponde a las ciudades de mi país, pero


supongo que lo mismo podría decirse de la mayoría de las de nuestro
continente.
El Municipio Metropolitano de Quito, ciudad capital del Ecuador,
cuenta con un Departamento de Parques y Jardines sólo a partir de la
década de los 70. Esta unidad se inició con muy pocos técnicos y con un
escasísimo presupuesto2. Hasta el año 1989, estos funcionarios se
preocuparon sobre todo del embellecimiento de la urbe, efectuando pequeñas
plantaciones en las avenidas y calles principales3. Se utilizaban especies
exóticas, que generalmente no eran las más apropiadas: pinos (Pinus radiata
y Pinus patula), acacias (Acacia dealbata y Acacia melanoxylon) etc.
Actualmente, muchos de estos árboles están siendo eliminados por los
destrozos que causan en las aceras; otros son derribados por el viento, y
ponen en peligro la vida de las personas y las propiedades.
En 1989 fue elegido un Alcalde que llegaba con la decisión de
realizar una gestión ambiental urbana, y que mostraba un gran interés en la
mejora del ecosistema forestal de la ciudad. Durante su mandato, no sólo se
produjo un marcado cambio en el compromiso del gobierno seccional por
arreglar las áreas verdes, los parques, y el resto de la vegetación de la
ciudad, sino que se alentaron y facilitaron, además, los esfuerzos privados
tendientes al mismo fin (Murray, l995). Una de sus primeras acciones fue el
fortalecer el Departamento de Parques y Jardines, dotándole de un buen
número de técnicos y de un presupuesto elevado.
En este mismo año, el Capítulo Quito de Fundación Natura, una
organización ambientalista no gubernamental, con la aceptación del Alcalde y
el apoyo del Departamento de Parques y Jardines del Municipio, inicia la
elaboración de un “ Programa de Arborización de Quito” a diez años
(Gangotena et al., l990).
Con la elaboración de este plan, la Fundación Natura buscaba dar al
Municipio los instrumentos que le permitieran planificar y ejecutar una
arborización exitosa. Se identificaban los lugares idóneos donde se debían
plantar los árboles, se indicaban qué especies deberían utilizarse, se instruía
sobre la mejor manera de realizar la siembra y qué momento era el más

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apropiado. Se especificaba, además, qué recursos económicos se


necesitaban y de qué fuentes se podían obtener. Se planteaba, también, una
reestructuración del vivero, para asegurar así la necesaria provisión de
plantas para ejecutar el programa.

5.1. El barrio “La lucha de los pobres”


Con el fin de que los planteamientos del estudio alcanzaran un suficiente nivel
de detalle para que pudie ran ser puestos en práctica, se decidió formular,
también, una experiencia piloto de arborización en un barrio marginal de
reciente creación, en proceso de consolidación, y con una población de
escasos recursos económicos. La propuesta contemplaba, además, un
programa de difusión y promoción con la finalidad de comprometer la
participación de la comunidad en las actividades de forestación. El proyecto
debía ejecutarse conjuntamente con el Departamento de Parques y Jardines,
y pretendía convertirse en un modelo a ser replicado en otros sectores de la
ciudad con condiciones similares.
El propósito inicial era exclusivamente la arborización del barrio con
fines estéticos 4. Sin embargo, la realidad encontrada exigió un
replanteamiento del proyecto. Los intereses de la comunidad privilegiaban la
solución de otras necesidades emergentes y básicas, como la instalación de
las redes de alcantarillado y suministro de agua potable, la pavimentación de
calles y vías de acceso, la organización de servicios comunitarios como salud
y educación, y la creación de fuentes de trabajo.
Por tanto, se decidió proponer un proyecto que integrase
estrechamente a la arborización otras acciones, como el mejoramiento de la
dieta familiar y de los ingresos de los pobladores. Para ello se decidió crear
un vivero comunitario con la capacidad de proporcionar suficientes plantas
para la conformación de huertos familiares en una primera etapa, y de
huertos comunitarios en una fase posterior. La última actividad sería el
programa de arborización.
Se consideró que estos instrumentos, además de generar empleo
para los habitantes del barrio, servirían para consolidar sus organizaciones y

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Participación pública en la arborización urbana 119

ayudarían a la recuperación de una conciencia solidaria en bien de la


comunidad (Gangotena et al., 1990). Es importante indicar aquí que a este
replanteamiento del proyecto se llegó con base en una decisión conjunta de
los pobladores del barrio, representados por sus organizaciones de base, y los
funcionarios del departamento municipal de Parques y Jardines.
Durante el proceso de recolección de información, a través de
entrevistas y reuniones con los dirigentes de las diferentes organizaciones
sociales del sector y con grupos de moradores, se pudo apreciar la existencia,
además, de otro problema muy común en este tipo de barrios y que puede
afectar el resultado de un proyecto; esto es, la diversidad de tendencias
políticas de sus moradores. Las actividades planteadas por un grupo de
determinada afiliación serán miradas con desconfianza por los demás. Esto
crea serias dificultades al momento de plantear la realización de actividades
que impliquen la colaboración de todos o de la mayoría de los pobladores.
Otro problema detectado fue la presencia de muchas organizaciones
privadas y públicas, nacionales e internacionales, todas ellas muy celosas de
su espacio y sin interés de trabajar coordinadamente. Ésta es, también, una
constante en la mayoría de los barrios marginales y en las áreas rurales
deprimidas.
Se constató, además, un empeño por parte de los moradores en
arborizar ciertas áreas concretas del barrio, como las destinadas a parques, a
la escuela y a la cancha de fútbol5. Los líderes insistían en que el trabajo con
la comunidad debía ser constante, con el fin de lograr una suficiente
concientización respecto al cuidado y mantenimiento de las plantas.
Esta propuesta de “proyecto piloto”, realizada con gran detalle en
cuanto a los distintos pasos y etapas a seguir, fue entregada al Municipio de
Quito, con la finalidad de que el Departamento de Parques y Jardines y el de
Promoción Popular lo ejecutasen coordinadamente, y con la participación
activa de la comunidad. Desgraciadamente, este proyecto nunca se ejecutó.
A pesar de que los funcionarios de los departamentos municipales habían
participado en la elaboración de la propuesta y en la toma de decisiones, los
intereses políticos de sus superiores y las prioridades de la institución
municipal estaban encaminadas a otro tipo de actividades en otras áreas de la

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120 Wania Cobo

ciudad. La propuesta acabó convirtiéndose en un simple ejercicio académico


destinado a ser archivado en una biblioteca. La comunidad, que confió en la
realización del proyecto y fijó sus esperanzas en el mismo, se sintió frustrada
y engañada 6

5.2. El barrio “Cochapamba Sur”


Muy poco tiempo después de esta experiencia fallida, la Fundación Natura
decidió proponer un proyecto de arborización en otro barrio marginal7. A
pesar de que este asentamiento tiene una antigüedad de treinta años, todavía
no está completamente consolidado y carece de ciertos servicios como una
adecuada red de alcantarillado.
Se realizaron varias visitas al barrio con la finalidad de entrar en
contacto con el Comité Pro-mejoras y presentarle la propuesta. Esta fue
aceptada, primero por los dirigentes y luego por la comunidad, durante una
asamblea de vecinos convocada por dicho Comité. El proyecto consistía,
básicamente, en que la Fundación Natura elaboraría un plan integral para
arborizar las vías principales y secundarias, y las áreas comunales. En una
etapa posterior, se ampliaría la actividad a los predios privados.
El proyecto pretendía combinar los esfuerzos de varios actores en la
ejecución del plan. El Municipio Metropolitano de Quito, a través del
Departamento de Parques y Jardínes, colaboraría proporcionando los árboles
necesarios, el abono, la asesoría técnica, y efectuaría la apertura de los
huecos en las veredas o aceras encementadas de las vías principales. El
Comité barrial promocionaría la participación activa de los pobladores, y
coordinaría con la organización no gubernamental y el Municipio de Quito las
fechas de la siembra. Los pobladores, a su vez, sembrarían los árboles,
cavarían los huecos en los sitios no encementados y se encargarían del
mantenimiento. Finalmente, la empresa privada aportaría el material o el
dinero necesario para elaborar los protectores de madera que debían ser
colocados alrededor de los árboles, para evitar el vandalismo y la
depredación de los animales.

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Participación pública en la arborización urbana 121

Durante el proceso de elaboración de la propuesta técnica, se


mantuvieron relaciones con los moradores, solamente como informantes,
sobre temas históricos y generales de su barrio. Una vez que estuvo listo el
plan, un magnífico documento técnico, nos reunimos con el Comité Pro-
mejoras para entregárselo y proponer la realización de una nueva asamblea
de vecinos en la que se definiese el cronograma de ejecución. Éste podía
comenzar inmediatamente, dado que Parques y Jardines estaba listo para
iniciar la siembra y una empresa privada había comprometido su aporte para
los protectores de los árboles.
Pocos días antes de la presentación del plan de arborización, la
comunidad había realizado la elección de un nuevo Comité Pro-mejoras. Sus
actuales integrantes, de tendencia política diferente a la de los anteriores, nos
comunicaron que sus prioridades de trabajo estaban encaminadas a
solucionar otro tipo de problemas, y que no consideraban pertinente convocar
a la asamblea de moradores propuesta.
Unos pocos meses después, la institución municipal sembró los
árboles en las vías principales pues esta acción estaba incluida ya en su
programación de actividades. La comunidad no participó en la siembra sino
que fue realizada por los jardineros municipales; por falta de mantenimiento y
cuidado, muy pocos árboles han sobrevivido.

5.3. El barrio “Atucucho”


En 1993, el Capítulo Quito de Fundación Natura recibió, de parte de un grupo
de jóvenes de un sector marginal, la solicitud de que se les apoyase en la
tarea de arborizar su barrio. Para nosotros este pedido significaba un reto, no
sólo porque era la primera vez que una comunidad nos pla nteaba, por
iniciativa propia, su necesidad e interés en un tema que veníamos
promocionado de tiempo atrás, sino porque, en años anteriores, la
organización ambientalista había luchado con mucha fuerza para evitar este
mismo asentamiento ilegal, enquistado dentro del Bosque Protector de la
ciudad.

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122 Wania Cobo

El límite occidental de la ciudad de Quito lo constituye el volcán


Pichincha. En 1983, el Ministerio de Agricultura y Ganadería declaró Bosque
Protector a una parte de su ladera oriental, no a causa de la riqueza de su
biodiversidad, pues es una zona cubierta básicamente por eucalipto
(Eucalyptus globulus), sino como una área de protección para la ciudad,
debido a los continuos deslaves que allí se producen a causa de sus suelos
volcánicos inestables y a la deforestación. 8
Este barrio es el producto de una invasión de tierras. Está situado en
la ladera oriental del Pichincha y, consecuentemente, se halla al interior del
citado Bosque Protector. Está asentado sobre pendientes de hasta el 45% de
inclinación. Su relieve es muy accidentado y está cortado por varias
quebradas profundas. Su altitud varía entre los 2.600 y los 4.000 m.s.n.m.
Las precipitaciones son allí entre 1 y 2 m por año, y se concentran
principalmente entre los meses de octubre y marzo. En la época más seca
del año (meses de julio y agosto) corren vientos muy fuertes. Actualmente,
residen en el lugar unas 4.000 personas de muy escasos recursos; la mayoría
de ellas son inmigrantes de zonas rurales de todo el país 9 (Cobo et al., 1995).
Como la iniciativa había partido de un grupo pequeño de moradores
del sector, cuando quisimos iniciar el proyecto encontramos que se repetía allí
uno de los problemas ya detectado en los otros barrios. Es decir, este grupo
de jóvenes era cercano a un determinado partido político. Lo cual produjo la
desconfianza del resto de la población, que no compartía su afiliación.
Además, los jóvenes no mantenían buenas relaciones con los dirigentes
barriales quienes, debido a su labor comprometida y dinámica en la solución
de los problemas más acuciantes de la comunidad (títulos de propiedad
individual, ausencia de red de agua potable, alcantarillado, electricidad,
escuelas, calles, etc.), eran las únicas autoridades reconocidas y aceptadas
por la mayoría, independientemente de su particular afiliación política.
Finalmente, el grupo juvenil se desintegró. Como consecuencia,
parecía que nuestra intención de devolver la vegetación a esta área correría
la misma suerte. Sin embargo, los dirigentes barriales, ya en conocimiento del
proyecto, nos solicitaron que siguiésemos adelante con el mismo.

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Participación pública en la arborización urbana 123

El proyecto fue realizado en dos fases. La primera se inició después


de conocer, a través de los líderes barriales, los planes y proyectos de la
comunidad, sus necesidades y prioridades y sobre todo el cómo podríamos
integrar a la población en la ejecución del programa de arborización.
En estas reuniones se tomó conjuntamente la decisión de iniciar la
capacitación de 13 líderes juveniles, a través de talleres sobre temas
ambientales generales y específicos de su entorno. Su preparación tenía
como objetivo el que se convirtieran en agentes multiplicadores. Deberían
capacitar a 50 adolescentes, que actuarían como guías de 5.000 niños de la
zona, en los campamentos vacacionales organizados por la dirigencia barrial.
Los dirigentes, consideraron que la única manera de lograr que los
habitantes no siguiesen destruyendo el bosque sería el conocimiento del
mismo, de su flora y su fauna, y la comprensión de la importancia de
conservarlo y protegerlo. Como una de las principales actividades en los
campamentos vacacionales, los niños realizaron recorridos educativos a
través de senderos del bosque.
Otra de la resoluciones a las que se llegó, conjuntamente con los
dirigentes barriales, fue la de que se arborizaran las áreas comunales y que
se entregara, además, un árbol a cada familia para que lo sembrara en su
casa. La comunidad no fue consultada sobre las especies que se debían o
querían plantar. Se emplearon especies nativas ornamentales propias de la
Zona de Vida en que está localizado el asentamiento; éste fue el único
criterio utilizado para escogerlas, aparte de que tuvieran el tamaño apropiado.
Se plantaron cedrillos (Cedrela montana), llínllínes (Cassia canescens),
alisos (Alnus acuminata), pusupatos (Tidllansia sp.), etc.10
La siembra en las áreas comunales, como por ejemplo la escuela, se
realizó conjuntamente con los padres de familia, alumnos y profesores. En
general, la comunidad participó en todas las plantaciones. Es importante
señalar que en este barrio la dirigencia exige la presencia de los pobladores
durante la realización de cualquier actividad comunitaria. Se registran sus
nombres y se multa a quien no ha asistido.
Si bien se ejecutaron todas las acciones previstas y programadas
conjuntamente con los líderes barriales, al realizar el seguimiento y

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124 Wania Cobo

evaluación de los resultados de la arborización, encontramos que la tasa de


supervivencia de los árboles fue muy baja: un 20% en las áreas comunales y
un 50% en los predios privados. Como los árboles de la s áreas comunales no
tenían dueño concreto, la lucha por satisfacer las necesidades básicas de la
comunidad era demasiado apremiante como para dedicarles tiempo y
recursos (el agua es muy escasa en la zona) al cuidado de unos árboles cuyo
fin era básicamente estético y público.
El único lugar comunal donde los árboles tuvieron una aceptable tasa
de supervivencia fue la escuela, a pesar de que nadie cuidó de ellos durante
la época de vacaciones. Los mejores resultados en los predios particulares,
se debió, evidentemente, a la mayor preocupación de determinadas familias
por el cuidado de sus árboles.
La experiencia acumulada en esta primera fase del proyecto nos
llevó a replantearlo. Con el conocimiento y aceptación de los dirigentes
barriales, decidimos disminuir el área de influencia del proyecto, que para su
primera fase contemplaba el barrio en su totalidad, y sembrar solamente en
los predios privados. Se escogieron dos sectores que incluían a unas 200
casas. Se realizaron visitas de puerta en puerta, para dialogar con los
moradores y conocer sus necesidades. Nos interesaba saber cuáles eran,
según su criterio, los principales problemas del asentamiento y, sobre todo,
qué tipo de vegetación estaban interesados en plantar en sus propiedades.
Para tener una relación más estrecha con la comunidad, se integró al
proyecto a uno de los líderes, muy aceptado y respetado por todos los
pobladores del barrio. Colaboró con las visitas casa por casa, en las
convocatorias para las reuniones de capacitación, en la elaboración de
material educativo, etc.
Los moradores tenían una situación laboral muy precaria. La
mayoría de ellos, o no tenían empleo, o eran trabajadores eventuales. En
muchos casos, además, el jefe de familia era una mujer sola. Los principales
problemas identificados fueron los relativos a la escasez de agua (tienen este
servicio en llaves públicas, dos o tres horas diarias, tres días a la semana
solamente) y a la eliminación apropiada de la basura.

_______________Áreas Verdes Urbanas en Latinoamérica y el Caribe_______________


Participación pública en la arborización urbana 125

Su respuesta a la pregunta sobre qué tipos de plantas estarían


interesados en sembrar en sus predios particulares, se limitaba a cuatro tipos:
a) árboles y arbustos frutales como el capulín (Prunus serotina), el tomate
de árbol (Cyphomandra betacea), y la mora (Miconia prasina); b) plantas
medicinales como la hierbaluisa (Cymbopogon citratus), el cedrón (Garcia
nutans), y la manzanilla (Matricaria chamomilla); c) flores como los
claveles (Dianthus caryophillos); d) la supirrosa (Lantana camara) para
formar setos de cerramiento de los lotes de sus casas.
Previas a la siembra, se desarrollaron una serie de actividades de
promoción y capacitación sobre técnicas apropiadas de plantación y cuidado
de las plantas, sobre disposición de los desechos sólidos, que fue una de las
preocupaciones manifestadas durante las visitas realizadas a sus hogares, y
sobre reciclaje y reutilización de materiales. Para reforzar la enseñanza
impartida, y con la colaboración de un líder barrial integrado al proyecto, se
elaboró un pequeño folleto de lenguaje sencillo, que contenía multitud de
gráficos.
La siembra se hizo manzana por manzana, y siempre se la convertía
en un día de fiesta. Se iniciaba con una presentación de títeres a la que
asistían niños y adultos; además de entretener, este espectáculo servía para
concientizarlos respecto a temas ambientales e incentivarlos en la tarea de la
protección de los árboles y el bosque. A continuación, cada familia plantaba
los árboles, arbustos y flores, en los lugares de su casa que habían sido
escogidos previamente por el morador en colaboración con un técnico.
Finalmente, se hacía la entrega formal de un certificado de adopción de las
plantas.
La evaluación y seguimiento de este esfuerzo nos reportó bastantes
satisfacciones. La supervivencia de estas plantas alcanzó un 80%. Como
tenían una utilidad inmediata, fueron regadas y cuidadas, a pesar de la
escasez de agua. Las casas iban a disponer de un cerramiento que impediría
que personas o animales ajenos ingresasen libremente, la fruta la comerían o
venderían, y sus males y dolencias se verían aliviadas aunque no tuviesen
dinero para adquirir otro tipo de medicinas.

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126 Wania Cobo

5.4. El barrio “Carapungo”


Actualmente, estamos trabajando en un barrio de la ciudad11 que, a
diferencia de los casos anteriores, se originó como una ocupación planificada
y diseñada, con áreas específicas para habitación, parques, zonas comunales,
etc. Se trata de una solución habitacional para habitantes de nivel social y
económico medio-bajo y bajo.
Tiene todos los servicios básicos, pero un grave problema respecto a
la recolección de basura. Ésta, que hace la empresa municipal responsable
de este servicio, es irregular; lo que provoca que los moradores la tiren a las
quebradas que limitan el asentamiento (Campos, 1995).
Los moradores de una de las zonas o etapas de este barrio 12, nos
solicitaron apoyo para crear una barrera verde al borde de la quebrada que
constituye uno de los límites de la urbanización, a causa del peligro que
representaba sobre todo para los niños.
Se visitó el lugar y, con base en las entrevistas a sus moradores,
especialmente con las mujeres, se programó la realización de un taller
participativo de identificación y análisis de los principales problemas
ambientales de la zona y sus alternativas de solución. Se identificaron como
prioritarios: la erosión del borde de la quebrada, la falta de árboles en las
áreas verdes y la acumulación de la basura.
Conjuntamente, se decidió iniciar las actividades con la siembra de
una barrera viva al borde de la quebrada. Previamente, se había gestionado
con el Municipio la entrega de los árboles necesarios y se había buscado el
financiamiento internacional (de una organización no gubernamental) y
nacional (de la empresa privada) para realizar actividades educativas.
Como trabajo previo a la siembra, los vecinos debían aplanar el suelo,
limpiar la basura y escombros y abrir los huecos en los sitios anteriormente
escogidos por los técnicos municipales y de la Fundación Natura. Esta acción
la realizaron durante dos fines de semana a través de una “minga”13. Una
vez que la zona estuvo limpia, se procedió a la siembra de los árboles y
arbustos nativos: el molle (Schinus molle), llín-llín (Cassia canescens) y
otros.

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Participación pública en la arborización urbana 127

Posteriormente, se plantaron árboles en la escuela y guardería


cercanas a esta Etapa, en las cuales los hijos de los moradores estudian o son
cuidados. Esta acción se llevó a cabo con la ayuda de los niños, profesores y
padres de familia.
Ante el interés demostrado por las mujeres, iniciamos también el
establecimiento un huerto comunal para cultivar legumbres y hortalizas. Se
dictaron talleres prácticos y conjuntamente con los técnicos se inició el
huerto.
Nuestra intervención en el área no ha terminado todavía, pero los
resultados actuales son bastante satisfactorios en lo relativo a la arborización.
Los árboles plantados al borde de la quebrada, frente a las viviendas, y en la
escuela y guardería, tienen una supervivencia del 100%. No podemos decir lo
mismo de los sembrados en los bordes de la quebrada más alejados de la
zona habitada, pues se han perdido en un 25%. Con respecto al huerto
comunal, sólo continúan trabajando en él cinco de las 20 mujeres que se
integraron inicialmente.
Otro de los temas que se resaltó durante el taller de identificación de
los problemas ambientales de la zona, fue el relativo a la deficiente
recolección de basura. Como un paliativo, se propuso a las mujeres de barrio
que realizaran la separación y reciclaje de la basura; indicándoles que esto
podía significarles incluso un pequeño ingreso económico. Sin embargo, nos
encontramos con la oposición de sus esposos, pues consideraban que sus
mujeres no “podían rebajarse a ser minadoras”14.
Es muy importante, identificar claramente no sólo las necesidades
sino incluso los valores de cada comunidad para lograr el éxito de un
determinado proyecto. Esta comunidad no es marginal y por lo tanto, sus
necesidades de supervivencia no son tan acuciantes como para realizar
actividades que exigen tiempo y esfuerzo, y que no son tan necesarias para
mejorar su nivel de vida. Las mujeres que continúan trabajando en el huerto,
lo hacen por gusto personal, como podrían cuidar un jardín. No es, como en
muchos casos en los barrios marginales, el único alimento que a lo mejor
puedan conseguir para consumirlo o para venderlo y solucionar así otros

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128 Wania Cobo

problemas, si no que aquí se trata del placer de “comer lo producido por mis
propias manos”.

6. La colaboración interinstitucional y el apoyo de la empresa privada


En la ciudad de Quito, existe una regulación municipal del uso del suelo que
exige a todo plan habitacional o urbanización que reserve un 10% del área
total a áreas verdes y de uso comunal. Normalmente, una vez terminada la
infraestructura habitacional de la urbanización, los promotores entregan al
Municipio los espacios designados para uso comunitario, y esta institución es
la que se encarga de realizar las obras de implantación.
En los barrios de nivel económico bajo, éste es un proceso muy lento,
mientras que en los de nivel medio y alto, debido a la presión política que sus
habitantes pueden ejercer, la formación de los parques y jardines por parte
del Municipio es bastante más rápida. Además, en estas zonas residenciales,
la mayoría de las casas y edificios cuentan con jardines privados y árboles en
las veredas, a cargo de jardineros contratados.
Es importante mencionar un caso, por el momento único en la ciudad
de Quito, en el que los promotores de un conjunto habitacional dirigido a los
estratos medios y altos, integraron a la planificación urbanística la de las
áreas verdes y comunales. La empresa constructora, contrató a la Fundación
Natura para que diseñe el plan de arborización y el de las áreas verdes con la
intención de ejecutarlo y así entregar al Municipio la urbanización totalmente
consolidada. Se decidió, conjuntamente, realizar un diseño que incluya
especies nativas y conservar las existentes. Se puso especial énfasis en
preservar la vegetación nativa de la quebrada que constituye uno de los
límites de la urbanización, e integrarla al diseño paisajístico. Se instaló un
vivero con el fin de contar con la cantidad de plantas requerida, y de las
especies apropiadas. Actualmente, la constructora está ejecutando las
siembras, paralelamente a la construcción de la infraestructura habitacional.
A partir de 1989, la actitud asumida por parte del Alcalde de Quito,
respecto a la vegetación y parques urbanos, ayudó a que una gran variedad

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Participación pública en la arborización urbana 129

de actores sociales participasen y promoviesen diversas acciones de


arborización.
Aparte de las ONG´s nacionales, también han participado, aunque
indirectamente, organismos no gubernamentales internacionales, con base en
la canalización de apoyo económico a través de instituciones y organismos
privados y públicos nacionales. Esta colaboración ha estado dirigida a
diversos tipos de actividades relacionados con la arborización, como la
producción y plantación de árboles, la publicación de materiales educativos y
promocionales, etc. Es necesario destacar que la propuesta de ayuda partió,
en estos casos, de las organizaciones nacionales y que los proyectos no
fueron impuestos desde afuera.
Desde fines de los años 80, es también notable destacar el aporte
económico de la empresa privada nacional para la mejora de los parques
públicos y avenidas de la ciudad. En la mayoría de los casos, el dinero fue
entregado a una organización no gubernamental, Fundación Natura, como
responsable de la ejecución de las obras. Esta institución, a su vez,
coordinaría las actividades con el Departamento de Parques y Jardines. En
otras ocasiones, y dependiendo del sitio en la ciudad en el que se iba a realizar la
arborización, la Fundación actuaba independientemente.
Otra modalidad utilizada por las empresas privadas ha sido la de
contratar jardineros para realizar el mantenimiento de parques, parterres,
redondeles, etc., los cuales ya habían sido previamente arreglados por
Parques y Jardines. En otras ocasiones, las empresas mismas se han
encargado de la ejecución de las obras y del mantenimiento del área verde
escogida (redondel, parque, etc.).
La Fundación Natura, ha logrado mucho apoyo de la empresa
privada para realizar campañas de promoción, cuidado y siembra de árboles.
Sin embargo, esto ha sido más fácil cuando los sitios escogidos correspondían
a la zona norte de la ciudad15. El criterio utilizado para ofrecer y entregar el
apoyo, tiene siempre un fuerte componente de carácter publicitario y de
imagen; por este motivo, suele exigir que el área que hay que intervenir se
encuentre en un sector de gran afluencia de público (es decir, potenciales

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130 Wania Cobo

clientes), que la obra sea bien visible y quede bien claro el nombre de la
empresa auspiciadora.
El Ministerio de Educación y Cultura, es otra institución que
indirectamente ha colaborado con la arborización urbana y la reforestación
de ciertas áreas del país. Desde hace algunos años, esta cartera de estado ha
dispuesto que los alumnos del penúltimo año de Bachillerato (5° Curso)
realicen a lo largo del año escolar, y de una manera obligatoria, actividades
en servicio de la comunidad: alfabetización, reforestación, etc. Así, por
ejemplo, grupos de estudiantes han reforestado cuencas hidrográficas en
colaboración con empresas de agua potable. Igualmente, han plantado
árboles en parques, avenidas, cinturones de protección ecológica, etc., en
colaboración con municipios. Este apoyo se extiende también a las
organizaciones no gubernamentales, con las cuales han realizado varias
actividades relacionadas con la arborización.
El Ministerio de Educación y Cultura también ha participado en otros
proyectos tendientes a la arborización de las ciudades. Conjuntamente con
Fundación Natura y una editorial de textos educativos, se organizó un
proyecto denominado “Siembra tu propio arbolito”. Esta actividad estaba
dirigida a los escolares y sus profesores, del área urbana. Se les entregó
semillas de especies nativas para que se responsabilizasen de la germinación,
crecimiento y posterior plantación en el área de la escuela o en su casa. El
proyecto fue muy exitoso, desgraciadamente, sólo se realizó durante un
periodo escolar, pues el cambio de Ministro y de otros altos funcionarios
afectó a los planes y prioridades de dicho Ministerio.
La arborización urbana, sin lugar a dudas, une esfuerzos y
voluntades. No sólo hay más actores que participan en la tarea de devolver la
vegetación a las ciudades de una manera, activa sino que además, trabajan
en coordinación para lograr el objetivo.

7. Conclusiones y recomendaciones
En nuestros países, es muy común que las labores de forestación empiecen y
terminen con la siembra de los árboles. Sin embargo, esta actividad debe ser

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Participación pública en la arborización urbana 131

un proceso integral en el que se cumplan diferentes acciones


interrelacionadas.
En las páginas anteriores, y con motivo de las descripción de
nuestras experiencias en programas de arborización en barrios pobres y
marginales de la ciudad de Quito, se fueron adelantando diversas
sugerencias, tanto implícitas como explícitas, referentes a la manera más
eficiente de realizar las distintas actividades tendientes a lograr una
arborización urbana exitosa, tanto de parte del sector público como de la
iniciativa privada.
Considerando a la ciudad como un ecosistema integrado en el que se
interrelacionan los distintos componentes bióticos, abióticos y humanos, es
importante lograr que el impacto y la transformación del ambiente urbano por
parte del hombre sea el más apropiado para mantener un ecosistema
equilibrado.
La arborización urbana debe integrarse a la planificación de la
ciudad, de los servicios municipales como la infraestructura urbana, el
suministro de agua potable, la energía eléctrica, etc., y de cada nueva
urbanización o solución habitacional.
Además, el éxito de una siembra de árboles y de vegetación auxiliar,
lo mismo si la realiza una empresa o el departamento municipal, una entidad
privada o la comunidad barrial, dependerá de su correcta planificación. De
esta forma, no se desperdiciarán esfuerzos ni se obtendrán resultados poco
satisfactorios. Es importante diseñar la infraestructura urbana, las calles y las
avenidas de manera que permitan la presencia del árbol; el tamaño y las
especies deben ser cuidadosamente seleccionados, teniendo en cuenta no
sólo del espacio físico en el que se realizará la siembra sino del valor que la
comunidad da a determinados árboles. Antes de realizar una siembra, los
ciudadanos tienen que estar conscientes de los beneficios que ésta les va a
reportar.
Una correcta planificación de las labores de forestación deberá
contemplar siempre una serie de actividades fundamentales: recolección de
información, diagnóstico del problema, planteamiento de metas y objetivos,

_______________Áreas Verdes Urbanas en Latinoamérica y el Caribe_______________


132 Wania Cobo

definición y selección de las alternativas más apropiadas, diseño y ejecución


de los proyectos y, por último, la evaluación de los mismos.
Otros aspectos importantes de la arborización son los que tienen que
ver con su manejo técnico. Es imprescindible contar con un vivero (o
viveros) que provean de las plantas necesarias en los tamaños apropiados. Se
deben emplear las técnicas más adecuadas en la plantación, la poda, el
mantenimiento y protección: control de plagas, monitoreo de los efectos de la
contaminación atmosférica en determinadas especies, suficiente espacio
físico para el desarrollo de los árboles, posible incompatibilidad del tamaño del
árbol con el tendido de redes de energía eléctrica, etc.
Es importante, además, que exista un soporte legal y administrativo.
Es necesaria la existencia de ordenanzas y leyes que mermen la arborización
y la protección de los árboles. Debe haber una organización institucional
municipal que disponga de los técnicos y administradores necesarios para que
realicen de una manera eficiente el necesario manejo de la información y del
personal, de los aspectos financieros, de las relaciones públicas, etc.
La participación, el apoyo y la buena relación con la comunidad, con
las municipalidades y con otros agentes de la arborización son también de
vital importancia. Si la plantación se realiza en lugares públicos, es
imprescindible llevar a cabo una adecuada promoción y concientización que
promueva la protección y cuidado de los árboles por parte de la ciudadanía y
minimice el vandalismo. Si la arborización se ejecuta en un barrio, se deberá
realizar un acercamiento previo con sus habitantes; no se puede llegar sin
más, con los árboles y el plan de forestación, y pretender que la gente
colabore voluntariamente en la siembra. La comunidad debe estar
involucrada desde el comienzo en la planificación y diseño; y mejor aún sería
que la idea misma del proyecto se generase en su interior. Se logrará así que
el mayor número posible de sus integrantes participen en él, y se contará así
con un apoyo firme y sostenido de las acciones programadas.
La arborización urbana no debe centrarse solamente en el elemento
árbol y la vegetación auxiliar, así como en los problemas de su manejo y
sobrevivencia en el medio ambiente de la ciudad. Esta acción tiene que
realizarse en función de sus habitantes; así como de las necesidades

_______________Áreas Verdes Urbanas en Latinoamérica y el Caribe_______________


Participación pública en la arborización urbana 133

económicas, sociales, culturales, etc., que ellos puedan y quieran satisfacer a


través de ella.
Debemos aprovechar, también, el actual discurso ecologista de los
políticos locales y nacionales; y tratar de convencerles de la importancia y
necesidad de la arborización urbana. Hay que intentar obtener su apoyo,
económico y político, para poder concretar y realizar acciones de
arborización que permitan mejorar el ecosistema de la ciudad.
Los municipios deben fortalecerse para que puedan liderear las
actividades de arborización. Esta fortaleza les permitirá incentivar el trabajo
coordinado con otras instituciones, públicas y privadas, y sobre todo el de las
organizaciones comunitarias barriales. Es obligatorio que, tanto los organismos
seccionales como las organizaciones no gubernamentales, refuercen la organización y
conexión de las comunidades de base, para que éstas sean gestionarias de su
propio desarrollo.
En Latinoamérica y el Caribe, tanto las agencias como las
organizaciones no gubernamentales, sean nacionales o internacionales, han
elaborado y ejecutado los proyectos más en función de sus propias
prioridades y planes que en los de la comunidad. Esta actitud, en vez de
fortalecerlas, ha impedido y seguirá impidiendo que éstas desarrollen, de
manera propia y autónoma, sus propias capacidades de negociación, de
organización, de programación y de ejecución. El papel de las organizaciones
no gubernamentales y de otras agencias, debe ser el de apoyo a las
comunidades, para que ellas encuentren por sí mismas la solución a sus
problemas. El punto de partida ha de estar en las iniciativas de la población y
de sus organizaciones. La agencia o la organización no gubernamental no
debe ser la protagonista; su rol es el de fortalecer la capacidad de actuación
del movimiento popular.
Un proyecto o un programa en una comunidad debe realizarse
inmediatamente después de la planificación y promoción. La planificación
debe prever la ejecución de las obras que se evidencien por sí mismas y
cuyos beneficios puedan alcanzar a todos. Los habitantes de los barrios
marginales, carentes en la mayoría de los casos de lo más básico y elemental
para disfrutar de una calidad de vida aceptable, apoyarán las actividades

_______________Áreas Verdes Urbanas en Latinoamérica y el Caribe_______________


134 Wania Cobo

propuestas y continuarán realizándolas, aún después de que el agente externo


se haya ido, sólo si estas pueden llegar a satisfacer sus necesidades más
sentidas, si han participado en la elaboración de la propuesta, y si tienen
control de las actividades durante su ejecución. Es decir, si se consideran
“dueños” del proyecto.
Un proyecto de arborización en un barrio marginal tendrá éxito si
está dirigido primeramente a satisfacer las necesidades de subsistencia de
sus moradores. Luego podrá continuar su intervención en los espacios
comunales: escuelas, guarderías, iglesias, áreas verdes y deportivas, etc. En
estos casos participarán, además, otros actores particulares: profesores,
sacerdotes, madres-cuidadoras, o algún club deportivo o juvenil. Solamente
cuando ya existan calles y aceras, se podrá iniciar una siembra cuya finalidad
primordial sea la de embellecer el asentamiento.
El éxito de un programa de arborización en un barrio, sea o no
marginal, dependerá también de la correcta identificación de las distintas y
variadas organizaciones barriales existentes, y del poder de convocatoria de
cada una de ellas. Muchas veces, no son los “comités pro-mejoras” los que
guían la actuación de los habitantes, aunque constituyan la autoridad legal.
No es extraño, por ejemplo, encontrar que es la “liga deportiva barrial” la que
logra aglutinar a la comunidad para realizar las distintas actividades y, más
aún, “los comités de madres de familia”.
Otro tema importante que tener en cuenta es el relativo a la afiliación
política de los líderes. En todos los barrios marginales, los políticos, sobre todo
locales, crean redes clientelares. En un mismo barrio, se podrá encontrar
varias de éstas que llevan, a menudo, a enfrentamientos dentro de la
comunidad. El proyecto, por lo tanto, deberá estar, en lo posible, apoyado por
aquellos líderes que no provoquen resistencia ni desconfianza entre los
habitantes.
La presencia de un gran número de organizaciones no
gubernamentales, nacionales y extranjeras, así como de organismos del
Estado, puede ser también un factor que impida el buen desenvolvimiento de
un proyecto. En los barrios marginales de extrema pobreza es muy común
que estén presentes muchos agentes externos y, normalmente, no dispuestos

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Participación pública en la arborización urbana 135

a trabajar coordinadamente. Esto, no sólo provoca un desperdicio de recursos


económicos y técnicos, sino que, además, conduce a que la comunidad se
acostumbre al “paternalismo”. No son pocos los casos en que un proyecto
autogestionario que ha promocionado la comunidad no funcione, y que esto
se deba a que ha tenido que “competir” con otros agentes que entregan y
“regalan” las soluciones.
La arborización urbana es una actividad que puede cumplir muchos
objetivos, y servir a múltiples propósitos públicos, y conseguir recursos. En
nuestras ciudades, donde los recursos técnicos y económicos son
insuficientes, es necesario que todas las organizaciones públicas y privadas,
las asociaciones de vecinos y la empresa privada se unan para trabajar
coordinadamente; sólo así se podrá compartir los recursos, disminuir los
costos y maximizar los esfuerzos para hacer que reverdezcan nuestras
ciudades.

8. Referencias
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Hardoy, J. y D. Satterthwaite (eds.) 1986. Small and Intermediate Urban Centres: their in

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national and regional development in the third world. Hodder and Stoughton. Londres.

Murray, Sharon. 1995. Estudio de Caso sobre Forestación Urbana y Periurbana de Quito
(m.s.) F.A.O., Forestry Department. Roma.

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Simposio sobre el Medio Ambiente Urbano Municipio de Quito / U.S.A.I.D. Quito.

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Sironi, A. 1989. El Maravilloso Mundo de las Plantas, Editorial Auriga S.A. Madrid.

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Participación pública en la arborización urbana 137

Notas

1
Esta proporción es muy superior a la de otras regiones del mundo en desarrollo (34% en África y 33% en Asia Meridional). Sin
embargo, el índice de crecimiento de las ciudades latinoamericanas está disminuyendo a una tasa anual del 2,6% mientras que el
crecimiento urbano de África está en el 4,9% y el de Asia en el 4,5% (Naciones Unidas, 1991).
2
Hasta el día de hoy la mayoría de las otras ciudades del Ecuador no cuentan con un departamento o área administrativa responsable de
la arborización urbana.
3
En el año 1989, cuando se realizó el “Plan de Arborización de Quito” (Gangotena et al., 1990) sólo estaba arborizado un 34,5% de los
185 km. de las avenidas de la ciudad y, desde 1983, se había sembrado a una media de 238 árboles por año. Sólo 700 m. lineales del total
de las avenidas presentaba unas condiciones adecuadas en cuanto al número de plantas por unidad de longitud. Las calles sin
arborización correspondían al 50%. Sólo tenían árboles un 3,73% de las aceras de las calles secundarias. El déficit, en cuanto a áreas
verdes y de recreación, correspondía al 51,2%. El vivero sólo proporcionaba unas 5.000 plantas anuales. Estas tenían un índice de
mortalidad muy alto, debido a su pequeño tamaño en el momento de ser plantadas. Además, el suelo es muy pobre por estar compuesto
en casi toda la ciudad de escombros y restos de materiales de construcción y no era tratado previamente.
4
La cooperativa de vivienda “La Lucha de los Pobres” está situada al Sureste de Quito, entre los 2.870 y 3.170 m.s.n.m. Su extensión es
de 124,5 hectáreas; de éstas, de acuerdo con la planificación inicial, se destinaban un 46,58% a vivienda, un 22,3% a áreas verdes, un
28,6% a espacios comunitarios, y el 12,65 a calles. Sin embargo, el tamaño y distribución de los espacios de las áreas verdes y de
recreación ha sufrido una reducción considerable en favor de las áreas destinadas a vivienda. El barrio cuenta con una población de unas
30.000 personas (Gangotena et al, 1990).
5
Un interés similar se advierte en todos los barrios marginales de la ciudad.
6
El Departamento de Parques y Jardines del Municipio Metropolitano de Quito, sin embargo, sí aceptó y ejecutó muchas de las
recomendaciones del “Plan de Arborización de Quito”; como, por ejemplo, el manejo adecuado del vivero, que actualmente tiene una
producción aproximada de 280.000 árboles anuales. Las plantas se siembran de acuerdo con la especie, el tamaño y el sitio apropiado.
7
El barrio “Cochapamba Sur” está en la zona noroccidental de la ciudad, entre los 2.870 y 3.150 m.s.n.m. El área total es de 50,5 ha.; de
ellas 45 ha. (89%) corresponden a viviendas y 5,56 ha. (11%) a vías. Está asentado sobre un terreno en pendiente cuya inclinación varía
entre el 13 y 40%. Habitan en él unas 2.500 personas. Cuenta con red de agua potable, energía eléctrica y líneas telefónicas. (Espinosa,
1990).
8
Desde el periodo colonial (1534) se tienen datos registrados de varios deslaves ocurridos en las laderas del volcán Pichincha. En 1979,
se produjo uno de gran magnitud sobre la zona norte de la urbe, con muchas pérdidas de vida humana y material. Este hecho llevó a que
se declare Bosque Protector la ladera oriental del Pichincha, que domina la ciudad. En años posteriores, se han producido algunos
deslaves más; aunque de menor entidad, que también han ocasionado víctimas y daños materiales.
9
Al implantar el asentamiento ilegal dentro del Bosque Protector, se habían talado muchas hectáreas de árboles para construir cientos de
viviendas de 106 m² de extensión cada una.
10
Para realizar el proyecto se consiguió una donación internacional, exclusivamente para adquirir los árboles. Esto limitaba la
realización de las actividades educativas, tan importantes como la plantación misma. Los costos de éstas fueron financiados por una
entidad financiera nacional. Además, se trabajó conjuntamente con una entidad estatal que realizaba allí un programa dirigido a los
niños y adolescentes trabajadores del barrio.
11
Este barrio está localizado en la periferia norte de Quito. Se divide en siete sectores o Etapas, donde viven alrededor de 45.000
habitantes.
12
Este sector del barrio comprende 306 viviendas, en lotes de 100 m². Viven en él 1.683 personas, con un 60% de mujeres.
13
Actividad colectiva tradicional de los Andes, por la cual los componentes de una comunidad colaboran aportando su esfuerzo físico
para llevar adelante un trabajo, generalmente en beneficio de todo el grupo. Como por ejemplo, abrir un camino, excavar un canal de
riego, etc.
14
En la ciudad de Quito se denomina “minadoras” a las personas cuyo sustento económico proviene del aprovechamiento de la basura.
Normalmente realizan esta actividad en los botaderos de basura municipales, junto a los cuales suele estar además su lugar de
residencia. En algunos casos, también recolectan los desechos aprovechables que encuentran en las bolsas de basura colocadas a las
puertas de las viviendas o empresas.
15
La ciudad de Quito se ha dividido tradicionalmente en tres sectores principales: Sur, Centr o y Norte. En este último, se encuentran las
zonas residenciales de altos recursos y los sectores financieros y comerciales; por esta razón está provista de más y mejores servicios.

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138 Wania Cobo

Muchos de los habitantes de los otros sectores se trasladan habitualmente a éste para utilizar sus grandes centros comerciales y disfrutar
de sus áreas de recreación.

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