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Trabajo Danni

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BIOGRAFIA

(Sevilla, 1875 - Collioure, 1939) Poeta español. Aunque influido por el


modernismo y el simbolismo, su obra es expresión lírica del ideario de la
Generación del 98. Hijo del folclorista Antonio Machado y Álvarez y
hermano menor del también poeta Manuel Machado, pasó su infancia en
Sevilla y en 1883 se instaló con su familia en Madrid.

Se formó en la Institución Libre de Enseñanza y en otros institutos


madrileños. En 1899, durante un primer viaje a París, trabajó en la editorial
Garnier, y posteriormente regresó a la capital francesa, donde entabló
amistad con Rubén Darío. De vuelta a España frecuentó los ambientes
literarios, donde conoció a Juan Ramón Jiménez, Ramón del Valle-Inclán y Miguel de
Unamuno.
En 1907 obtuvo la cátedra de francés en el instituto de Soria, cuidad en la
que dos años después contrajo matrimonio con Leonor Izquierdo. En 1910
le fue concedida una pensión para estudiar filología en París durante un
año, estancia que aprovechó para asistir a los cursos de filosofía de Henri
Bergson y Joseph Bédier en el College de France. Tras la muerte de su
esposa en 1912, pasó al instituto de Baeza.
Doctorado en filosofía y letras (1918), desempeñó luego su cátedra en
Segovia, y en 1928 fue elegido miembro de la Real Academia Española. Al
comenzar la Guerra Civil Española (1936-1939) se encontraba en Madrid,
desde donde se trasladó con su madre y otros familiares al pueblo
valenciano de Rocafort y luego a Barcelona. En enero de 1939 emprendió
camino al exilio, pero la muerte lo sorprendió en el pueblecito francés de
Colliure.

La obra de Antonio Machado


Los textos iniciales de Machado, comentarios de sucesos y crónicas
costumbristas escritos en colaboración con su hermano y firmados con el
seudónimo Tablante de Ricamonte, aparecieron en La Caricatura en 1893.
Sus primeros poemas se publicaron en Electra, Helios y otras revistas
modernistas, movimiento con el que Machado se sentía identificado cuando
comenzó su labor literaria.

No obstante, aunque las composiciones incluidas en Soledades (1903)


revelaron la influencia del modernismo, el autor se distanció de la
imaginería decorativa de la escuela rubeniana para profundizar en la
expresión de emociones auténticas, a menudo plasmadas a través de un
sobrio simbolismo. En su siguiente libro, Soledades, galerías y otros
poemas (1907), reedición y ampliación del anterior, se hizo más evidente el
tono melancólico e intimista, el uso del humor como elemento distanciador
y, sobre todo, la intención de captar la fluidez del tiempo.
Al igual que Unamuno, Antonio Machado consideró que su misión era
"eternizar lo momentáneo", capturar la "onda fugitiva" y transformar el
poema en "palabra en el tiempo". En los años posteriores se acentuó su
meditación sobre lo pasajero y lo eterno en Campos de Castilla (1912), pero
no por medio de la autocontemplación, sino dirigiendo la mirada hacia el
exterior, y observó con ojos despiertos el paisaje castellano y los hombres
que lo habitaban. Una emoción austera y grave recorre los poemas de este
libro, que evoca la trágica España negra tan criticada por la Generación del
98 desde una perspectiva regeneracionista, al tiempo que se describe con
hondo patriotismo la decadencia y ruina de las viejas ciudades castellanas.

Autógrafo de Antonio Machado

En su siguiente volumen de poemas, Nuevas canciones (1924), el autor


intensificó tanto su enfoque reflexivo como la línea sentenciosa de los
"Proverbios y cantares" incluidos en el libro anterior. Esta tendencia
filosófica se había manifestado ya entre 1912 y 1925, etapa en la que
Machado redactó una serie de apuntes que verían la luz póstumamente con
el título de Los complementarios (1971).
En este cuaderno, miscelánea de lecturas, esbozos y reflexiones cotidianas,
aparecieron por primera vez sus heterónimos, el filósofo y poeta Abel
Martín y su discípulo, el pensador escéptico Juan de Mairena. Ambos son
personajes imaginarios que permitieron expresar al creador sus ideas sobre
cultura, arte, sociedad, política, literatura y filosofía, especialmente en el
libro Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor
apócrifo (1936).
Paralelamente, en las ediciones de Poesías completas de 1928 y 1933 se
decanta una lírica de tema amoroso y erótico inspirada por la que fue, tras
la muerte de su esposa, su gran pasión en la vida real, Pilar de Valderrama,
llamada Guiomar en dichos versos. Ya durante la contienda civil, Machado
escribió algunos poemas y varios textos en prosa, parte de los cuales
fueron recogidos en La guerra (1937). Se trata de escritos testimoniales,
plenamente incardinados en las circunstancias históricas del momento.
CONTEO DE SILABAS
La Estructura de la Métrica y la Rima es la siguiente:

Poema “ya voy soñando caminos”..

Yo voy soñando caminos = 8; palabra final caminos es una palabra grave queda tal cual.
de la tarde. ¡Las colinas= 8; palabra final colinas, es una palabra grave queda tal cual.
doradas, los verdes pinos,= 8; palabra final pinos, es una palabra grave queda tal cual.
las polvorientas encinas!…= 8; palabra final encinas, es una palabra grave queda tal cual.

¿Adónde el camino irá? = 7; palabra final irá, es una palabra aguda por lo que se le suma 1 y queda en 8.
Yo voy cantando, viajero= 8; palabra final viajero, es una palabra grave queda tal cual.
a lo largo del sendero…= 8; palabra final sendero, es una palabra grave queda tal cual.
—la tarde cayendo está—,= 7; palabra final está, es una palabra aguda por lo que se le suma 1 y queda en 8.
“En el corazón tenía= 8; palabra final tenía, es una palabra grave queda tal cual.
la espina de una pasión; = 7; palabra final pasión, es una palabra aguda por lo que se le suma 1 y queda en 8.
logré arrancármela un día: = 7; palabra final día, es una palabra aguda por lo que se le suma 1 y queda en 8.
ya no siento el corazón”. = 7; palabra final corazón, es una palabra aguda por lo que se le suma 1 y queda en 8.
Y todo el campo un momento= 8; palabra final momento, es una palabra grave queda tal cual.
se queda, mudo y sombrío, = 8; palabra final sombrío, es una palabra grave queda tal cual.
meditando. Suena el viento= 8; palabra final viento, es una palabra grave queda tal cual.
en los álamos del río. = 8; palabra final río, es una palabra grave queda tal cual.
La tarde más se obscurece; = 8; palabra final obscurece, es una palabra grave queda tal cual.
y el camino que serpea= 8; palabra final serpea, es una palabra grave queda tal cual.
y débilmente blanquea, = 8; palabra final blanquea, es una palabra grave queda tal cual.
se enturbia y desaparece.= 8; palabra final desaparece, es una palabra grave queda tal cual.
Mi cantar vuelve a plañir: = 7; palabra final plañir, es una palabra aguda por lo que se le suma 1 y queda en 8 .
“Aguda espina dorada, = 8; palabra final dorada, es una palabra grave queda tal cual.
quién te pudiera sentir = 7; palabra final sentir, es una palabra aguda por lo que se le suma 1 y queda en 8 .
en el corazón clavada”. = 8; palabra final clavada, es una palabra grave queda tal cual.

El poema alterna cuartetas y redondillas octosilábicas, es decir, cuatro versos de arte menor (en este caso de ocho
sílabas) con rima consonante cruzada (abab) y cuatro versos de arte menor (también octosilábicos) con rima
consonante encadenada o abrazada (abba)
Estructura interna
Primera estrofa
Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!…

Comienza el poema con una afirmación: “Yo voy soñando caminos”. Se


trata de caminos simbólicos, donde el soñar tiene que ver con una
transfiguración lírica de un paisaje interior, no con un camino exterior
concreto, reconocible. Es muy importante el encabalgamiento que se da
entre el primer y el segundo verso, porque el impulso con que comienza
el poema termina en la palabra “tarde”. Antonio Machado es un poeta de
la tarde, siempre prefiere objetivar sus sentimientos en esta etapa del
día, donde la mañana, el mediodía, lo más pleno de la jornada ya ha
pasado y lo que resta es un transcurso hacia el ocaso. Eso nos da la
sensación de que el yo lírico va caminando en una ensoñación, pero
repito, más allá del ámbito externo al que se pueda referir, el verdadero
paisaje es el de su mundo interior, lo que hay en el poema es una
correlación entre el mundo interior del poeta y el mundo exterior al que se
refiere. Esa ensoñación, donde los planos de lo temporal y lo espacial se
funden en una misma evocación, parece ocurrir en cámara lenta, a pesar
de que formalmente el poeta hace uso del verso octosílabo, que suele
ser un verso ágil. Esa lentitud es acorde con el estado anímico del poeta,
que va a ir enumerando los elementos propios de un paisaje que conoce
y que se encarga de adjetivar de forma significativa. Los dos primeros
elementos de la naturaleza enumerados, las colinas y los pinos, están
adjetivados, si se quiere, de forma positiva, crean un clima bucólico y nos
dan una sensación de vida, las colinas son “doradas”, los pinos están
“verdes”. En cambio, en el tercer elemento de la naturaleza adjetivado,
las encinas, ya hay un cambio de tono, porque son calificadas como
“polvorientas”. Esta palabra, que muestra el verdadero estado anímico
del poeta, sugiere el deterioro que implica el inexorable paso del tiempo,
y le da al texto un tono melancólico.
Segunda estrofa
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero…
—la tarde cayendo está—,

En la primera estrofa de este poema, uno tiene la sensación, quizá por la


afirmación con que comienza el yo lírico, de que esos caminos interiores del
ensueño siempre van hacia adelante. Pero ahora, después de haber enumerado
elementos de un paisaje que le es familiar y que funciona como un correlato de su
interior, aparece una pregunta que refleja una inquietud espiritual: “¿Adónde el
camino irá?”. Aquí ya no hay certezas del yo lírico, ni tampoco las tenemos los
lectores, de hacia dónde se dirige ese camino. Si en la primera estrofa había una
sensación de progreso, de avance, aquí lo que nos embarga es una verdadera
sensación de misterio, donde podemos sentir la inquietud del yo lírico. Además, en
la pregunta con que se abre la segunda estrofa hay otro cambio significativo con
respecto a la afirmación de la primera, porque aquí no se nos habla de “caminos”,
sino de “camino”, en singular. Este camino, que remite al camino de la vida,
evidentemente hacia algún lado va, pero el poeta lo desconoce. Claro que también
esta pregunta podría hacer referencia a esos caminos interiores de la primera
estrofa, donde el poeta se estaría preguntando adónde lo va a llevar tanta
ensoñación, pero yo prefiero pensar que se trata aquí del camino de la vida. La
pregunta parece detener la ensoñación de la primera estrofa y plantear una
incertidumbre vital y también espiritual que va incluso más allá del verso y de la
misma pregunta.

El segundo verso de esta estrofa es casi una duplicación del verso con que se
abre el poema. Hay, en cambio, una variante fundamental, el poeta ya no va
“soñando”, sino “cantando”. El cantar muestra más lo exterior, hay como un salir
del poeta de su ensimismamiento para expresar su sentir. Se refiere a él mismo
como “viajero”, como un ser en tránsito, en continuo desplazamiento, un ser que
parece no tener lugar de pertenencia. La afirmación contundente con que se cierra
la estrofa, que además aparece después de unos puntos suspensivos y encerrada
entre guiones para darle todavía más importancia a la comprobación, sugiere que
el camino está llegando al final. Es significativo que “irá” rime con “está” porque lo
que hace la rima es resaltar un contraste. La estrofa se abre con una pregunta y
se cierra con una comprobación que no responde a la pregunta. El poeta sigue sin
saber con certeza hacia dónde el camino irá; de lo que sí está seguro es de que
pronto llegará a su fin. La emoción del yo lírico ha ido creciendo, se ha ido
intensificando hasta concluir, de forma lúcida, que la tarde está cayendo.
Tercera estrofa
“En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
ya no siento el corazón”.
En esta estrofa llegamos al núcleo de la vivencia. Tuvieron que
transcurrir ocho versos para que el poeta pudiera expresar lo que lo
inquieta, lo que lo angustia. Hay un cambio de tono, una ruptura con la
ensoñación de las primeras estrofas para dar paso a lo que parece ser
una especie de copla popular, no sólo por el tono del discurso poético,
sino porque el poeta elige encerrar estos versos entre comillas, como si
fueran una cita de un canto que no le pertenece, pero que decide utilizar.
Esto le da a su confesión personal un tono universal, ya que cualquiera
se podría apropiar de esos versos, simplemente por haber
experimentado vivencias similares. La metáfora de la espina de una
pasión alude, indudablemente, a una relación amorosa. El recuerdo de
esa relación le generaba un dolor comparable al que le generaría tener
clavada una espina, pero resulta que cuando logró liberarse de esa
espina, despojarse de ese dolor, perdió por completo el sentir, fue como
dejar de ser. Eliminar ese dolor del corazón, generado por el recuerdo de
lo que un día fue, no supuso la calma para este yo lírico, supuso más
bien la caída en una abulia existencial.

Cuarta estrofa
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
En el segundo momento del poema vuelve a aparecer la naturaleza y se
manifiesta en consecuencia con el alma del poeta. Como ya señalé al
comienzo de este análisis literario, el paisaje exterior es una
transfiguración lírica de un paisaje interior, de un estado anímico,
existencial. De manera que lo que comienza a describirse ahora es una
consecuencia de lo que se expresó en la estrofa anterior. El ritmo del
poema se enlentece más todavía. Encontramos pausas en medio de los
versos tendientes a resaltar lo esencial, lo que se quiere mostrar. Si
miramos con atención veremos que no hay nada en la primera parte de
la estrofa que indique agilidad; incluso, el único verbo conjugado,
“queda”, tampoco implica movimiento. Al final de la estrofa el poeta
introduce una nota auditiva, el sonido del viento entre los álamos del río,
que incluso contribuye más todavía a dar esa sensación de melancolía,
de soledad. Salvo el poeta, no hay elementos humanos en este paisaje.
La vida aquí está en la naturaleza y sigue su curso, en el viento, en el río,
pero no en el poeta, que ya no siente el corazón.

Quinta estrofa
La tarde más se obscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.
Esta parece ser la estrofa más objetiva del poema, porque lo que
encontramos en ella es una descripción dinámica del paisaje, compuesta
prácticamente con verbos. De todas formas, esas referencias a un
mundo aparentemente objetivo siguen teniendo como función poner de
manifiesto el estado anímico de un yo lírico que no aparece en la estrofa.
Esta desaparición es un indicio claro de su impotencia para seguir
soñando caminos. Es una estrofa donde se sintetizan, se vinculan
intrínsecamente, los dos motivos que han caracterizado al poema, la
tarde y el camino. El oscurecimiento de la tarde conlleva la desaparición
del camino, que se va perdiendo de forma gradual; primero blanquea,
luego se enturbia y finalmente desaparece. La correspondencia entre el
paisaje exterior y el estado del alma del poeta nos lleva a interpretar, en
la caída de la tarde, el acabamiento, la finalización de una vida. El
camino desaparece porque el poeta, que ya no siente el corazón, ha
dejado de soñarlo. Machado eligió dejar por fuera al yo lírico en esta
estrofa para hacer sentir su muerte en vida, no para nombrarla, pero sí
para sugerirla. Utiliza el polisíndeton para dar la sensación de
acumulación de elementos negativos, donde los motivos del poema
finalmente desaparecen; ya no hay tarde ni tampoco camino.

Sexta estrofa
Mi cantar vuelve a plañir:
“Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada”.
La estrofa final retoma la cita de lo que parece ser una copla popular,
versos que, como expresé en la presentación de este poema
machadiano, sin duda están inspirados en el poema “Una vez tuve un
clavo”, de la gran poeta gallega Rosalía de Castro. Es significativo
reparar en una diferencia que se presenta en esta estrofa con respecto a
la copla cantada, porque no es lo mismo decir “yo voy cantando” que “mi
cantar”. En esta estrofa final el sujeto es el cantar, independizado de la
voluntad del yo. Es como si ese canto lastimero desbordara la angustia
del yo y pasara a tener vida propia. Hay algo significativo en la referencia
a la espina, más allá del pleonasmo de calificarla como aguda, y es el
color. El hecho de que la espina sea dorada es una muestra de la
presencia de la luz en medio del dolor. En la idealización de ese
recuerdo, la espina tiene un color que sugiere, no sólo vida, sino plenitud.
En los dos versos finales encontramos el deseo del poeta, volver a sentir
el dolor de esa pasión, porque al menos mientras pudo sufrir se sintió
vivo. Quizá hubiera sido bueno que, en lugar de aspirar a algo de
antemano irrealizable, el yo lírico se abriera a la posibilidad de una nueva
pasión, pero eso no sucede, porque ha perdido la energía para volver a
soñar; el vacío en el alma que le dejó aquella pasión supuso para él la
muerte en vida, el ya no ser.

Actitudes liricas

1. El yo lírico sale a caminar por un campo, más soñado que vivido. En ese paisaje proyecta
sus sentimientos. De pronto, en ese ámbito de mansa melancolía, tan apacible y sereno,
evoca lo que parece ser una antigua copla popular que se refiere al dolor provocado por la
pérdida del amor. El paisaje del poeta se va oscureciendo hasta desvanecerse. Vuelve a
evocar de nuevo el cantar expresando su ansia de recuperar el amor.

2. a. Deseo de llenar el vacío existencial y recuperar la capacidad de sentir.

b. Nos encontramos ante un texto literario, una poesía lírica en la que el yo poético evoca con
nostalgia el sufrimiento que sintió ante una pérdida amorosa, debido a que, al menos, éste le
hacía sentirse vivo. En él Machado describe una paisaje que se corresponde con su mundo
interior (son caminos soñados, caminos interiores). La estructura del texto tiene cierto carácter
narrativo ya que el poeta nos va relatando a lo largo de su caminata diversos momentos de su
sentir.

Hay una perfecta adecuación entre la estructura interna y externa (seis estrofas de arte
menor, que explicaremos más adelante) del poema. Podemos dividirlo en dos partes. La
primera parte se corresponde con las tres primeras estrofas: el poeta pasea
despreocupadamente por un paisaje, más soñado que vivido (“Yo voy soñando caminos de la
tarde") y evoca una copla popular. Proyecta su estado de ánimo sobre el paisaje y admira la
belleza de la naturaleza con entusiasmo (doradas, verdes), aunque el término “polvorientas” lo
tiñe de melancolía. La copla revela su estado de ánimo (“ya no siento el corazón”). La
interrogación retórica “¿A dónde el camino irá?” tiene un alcance existencial, si tenemos en
cuenta que el camino simboliza la vida. En la segunda parte, que abarca las tres últimas
estrofas, al haber tomado conciencia de su vacío y de su soledad, sugeridos por el sonido del
viento entre el silencio del paisaje, éste se torna, como él, “mudo y sombrío”, en clara antítesis
con la primera, y es entonces cuando expresa su deseo de volver a sentir a través de la
metáfora de la “espina”. Ambas partes se cierran con la canción popular.

Analizaremos los diferentes niveles de la lengua en el texto para poder detallar sus
características lingüísticas y estilísticas.

En el plano pragmático, debido a que se trata de un poema lírico en el que Machado expresa
sus emociones y sentimientos, una de las funciones de la lengua más relevantes es la
expresiva. La subjetividad se aprecia en el uso de la primera persona (yo, tenía, mi) y la
interrogación retórica “¿Adónde el camino irá?”, así como en el uso de las frases nominales
exclamativas, que revelan ese entusiasmo del que hablábamos, en la primera parte, y la
oración desiderativa que cierra el texto (quién te pudiera sentir). También está presente la
función apelativa, pues el poeta utiliza el vocativo “viajero”, que en realidad se hace extensible
a todos los lectores, a todos los hombres que recorremos ese camino simbólico que es la vida,
la existencia. Además, en la última estrofa hay una invocación a esa espina (te, 2ª persona)
que desvela su ansia por volver a sentir. La función fática se aprecia en el uso de los puntos
suspensivos, que dejan en suspense el discurso.

Por supuesto, la función poética es, junto a la expresiva, la más importante. El texto tiene una
intención estética. Está compuesto por seis estrofas de cuatro versos de arte menor
(octosílabos) con rima consonante: cuatro cuartetas (1,3,4 y 6) (abab) y dos redondillas (2 y 5)
(abba). Explicaremos las figuras literarias más importantes. La enumeración asindética de la
primera estrofa le otorga un ritmo lento (Las colinas doradas, lo verdes pinos, las polvorientas
encinas); pero el polisíndeton de la penúltima estrofa logra el efecto contrario (y el camino que
serpea y débilmente blanquea, se enturbia y desaparece). A su vez, vemos estructuras
paralelísticas (los verdes pinos, las polvorientas encinas).Ya nos referimos a la interrogación
retórica más arriba. La espina, además dorada (valiosa, preciada), es una metáfora del dolor
(sufrimiento por la pérdida del amor, de una pasión), pero se trata de un dolor que el poeta
ansía volver a sentir ante el vacío emocional del presente. La proyección de su interior sobre
el paisaje se logra a través de la personificación del mismo (mudo, sombrío, meditando). La
despreocupación de la primera parte se ha vuelto grave meditación. El poeta ha tomado
conciencia de su soledad.

Se establece una antítesis entre las dos partes del texto: el paisaje es resplandeciente en la
primera parte (doradas, verdes), pero se torna “sombrío” en la segunda. Hay una gradación en
la luz: oscurece, se enturbia, desparece. En la última estrofa hay un apóstrofe: el poeta hace
una invocación al propio cantar expresando su deseo de volver a sufrir (=sentir) y se recupera
la metáfora de la espina, que ahora es “aguda”. La paradoja se explica perfectamente: es
preferible sentir dolor a no sentir nada. No podemos dejar de hablar del uso de símbolos. Ya
explicamos en el tema que es el de Machado un modernismo intimista, orientado hacia la
contemplación y la confesión sentimental, que recibió la influencia del simbolismo. En este
texto el camino simboliza la vida, la existencia, y la tarde, el ocaso de la vida y la premonición
de la muerte. La tarde es un momento propicio para meditar sobre el paso del tiempo y el
amor.

En el plano morfosintáctico, vemos como todos los sustantivos son concretos, a excepción del
abstracto “pasión”, vocablo que concentra la significación del texto. Los adjetivos aparecen en
su mayoría antepuestos al sustantivo, con lo que se enfatiza su significado (verdes,
polvorientas, aguda) o en función de atributo (mudo, sombrío). El tiempo verbal empleado es
el presente actual, pues el poeta va relatando su caminata a lo largo de sendero. Los periodos
oracionales son breves, en su mayoría, y las modalidades oracionales se corresponden con
su estado de ánimo: frases exclamativas, que revelan el entusiasmo del poeta, una
interrogación retórica que da al texto un significado existencial, las oraciones enunciativas con
las que describe el paisaje, que es en realidad su propio interior, y la oración desiderativa que
cierra el poema (quién te pudiera sentir). La sintaxis es sencilla. Combina oraciones simples
(Yo voy soñando caminos de la tarde) con oraciones yuxtapuestas (En el corazón tenía…
Logré arrancármela ….. ya no siento el corazón) y coordinadas copulativas (La tarde más se
oscurece y el camino que serpea…. desaparece).

En el plano léxico semántico, hay varias isotopías que vertebran todo el significado del texto.
Como hemos venido explicando, los elementos del paisaje se identifican con interior del poeta:
colinas doradas, verdes pinos (entusiasmo), polvorientas encinas (melancolía), camino y tarde
(símbolos), viento y álamos del río (soledad), blanquea, se enturbia y desaparece (el paso del
tiempo y fin de la existencia). La recurrencia del término espina es esencial, dado que en torno
a él se concentra la significación del texto.

El estilo de Machado no es nada retórico, su léxico es variado, pero culto, emplea un registro
formal y un nivel de uso de la lengua estándar, que puede ser desentrañado por un amplio
número de lectores. El tono, como apuntamos en la introducción, es intimista y nos lleva a la
melancolía por un amor perdido y la añoranza por volver a experimentarlo.

3. OSCURECER: derivada/verbo

oscur: raíz

-ec-: interfijo

-er: morfema verbal segunda conjugación

ENDIABLADAS: parasintética/adjetivo
en-: morefema derivativo prefijo

-diabl-: raíz

-ad-: morefama derivativo sufijo obligatorio

-a-: morfema flexivo género femenino

-s-: morfema flexivonúmero plural

Tipo de rima
El poema está formado 24 versos octosílabos de rima consonante organizados en seis
estrofas, cuatro cuartetas (la primera estrofa, la tercera, la cuarta y la sexta) y dos
redondillas (la segunda y la quinta).

Figuras literarias

YO VOY SOÑANDO CAMINOS

Antonio Machado

Yo voy soñando caminos


de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!… ENUMERACIÓN/EXCLAMACIÓN
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero METÁFORA
a lo largo del sendero… METÁFORA
-la tarde cayendo está-.
“En el corazón tenía
la espina de una pasión; METÁFORA
logré arrancármela un día: METÁFORA
ya no siento el corazón”. METÁFORA/HIPÉRBOLE

Y todo el campo un momento


se queda, mudo y sombrío, PERSONIFICACIÓN
meditando. Suena el viento PERSONIFICACIÓN
en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;


y el camino que serpea
y débilmente blanquea ANTÍTESIS
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir: ANTÍTESIS


“Aguda espina dorada, METÁFORA
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada”. METÁFORA

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