¿Qué "Ama" El Analista Con Su Acto?
¿Qué "Ama" El Analista Con Su Acto?
¿Qué "Ama" El Analista Con Su Acto?
“Hé aquí, amigos míos, lo que yo alabo en Sócrates, y también de lo que le acuso, porque he
unido a mis elogios la historia de los ultrajes que me ha hecho. Y no he sido yo sólo el que se
ha visto tratado de esta manera; en el mismo caso están Carmides, hijo de Glaucon,
Eutidemo, hijo de Diocles, y otros muchos, a quienes ha engañado también, figurando querer
ser su amante, cuando ha desempeñado más bien para con ellos el papel de la persona muy
amada.”
Platón, El Banquete
“… piensen qué testimonio damos de elevación del alma al mostrarnos en nuestra arcilla
como hechos de la misma que aquellos a quienes amasamos.”
Me gustaría tratar de abordar en este reflexivo escrito cuatro principios que, creo, se
encuentran entre las precisiones lacanianas acerca de la clínica freudiana y su experiencia:
a) La resistencia es: la del analista, en tanto la neurosis de transferencia es una neurosis del
analista.
En este sentido, quisiera acercarme al texto lacaniano (para nosotros es un texto aunque se
trate de un Seminario hablado) destinado a pensar la transferencia.
En tal Seminario, nociones como las de deseo y amor parecen co-fundirse por el rodeo que
Lacan realiza en torno al Banquetede Platón y la cuestión de la falta. Pero creo que,
apoyándonos en otras referencias, podríamos precisar al menos un poco la diferencia entre
ambos términos, aún a sabiendas de que su zona de discernimiento es compleja en particular a
esa altura de su enseñanza. Tratemos, además, de pensar la formulación de Jacques Lacan
respecto de ese “deseo más fuerte”.
En El amor, el deseo, la pasión Carlos Sopena introduce algunas precisiones que me parecen
interesantes para pensar esta cuestión. Reflexionando sobre la pasión freudiana por el
psicoanálisis, nos dice:
“No todas las pasiones se despliegan en el terreno del erotismo. Hay algunas que no son
opuestas a la razón y que son despertadas por objetos de la ciencia o del arte, entre otros; son
también objetos únicos y excluyentes que invaden al Yo y atraen hacia sí todos los intereses y
las energías del ser al que poseen. El sujeto se hace uno con el objeto de su pasión, como lo
revelan estas palabras de la correspondencia de Kafka: "No, querida Felice, no es que tenga
una tendencia hacia la literatura, es que soy literatura". Y Freud dio también testimonio de
su pasión al declarar que su vida no tenía ningún interés aparte del psicoanálisis.”[2]
Ya en esta cita, tenemos planteada una alusión a esa dimensión “más fuerte” del deseo que
aquellos anhelos particulares de la persona del analista. ¿Por qué no hacer extensiva esta
reflexión a la relación transferencial entre analista y analizante? Hay un más allá inabordable
al que los deseos de la subjetividad del analista no se pueden (ni se deben) reducir o hacer
equivalentes –se trata de niveles diferentes.
El mismo autor nos indica que: “El amor y el deseo tienen en común que ambos nacen de una
falta y que están estrechamente relacionados, aunque sean diferentes.”[3]Y más abajo precisa:
“El deseo no es un sentimiento, como el amor; es más una aspiración o una tendencia. El
amor y el deseo no buscan lo mismo, ya que el deseo procura la satisfacción, mientras que el
amor privilegia la unión, el vínculo con el otro, considerado como "persona total". El deseo,
en cambio, tiene una marcada preferencia por objetos parciales: una parte del cuerpo que es
sobrestimada, un pañuelo de la mujer deseada, etc. Tanto la pulsión como el deseo, que es un
compuesto de elementos pulsionales, fragmentan y parcializan el objeto, que toma el carácter
de un fetiche cuando es el único que puede despertar el deseo sexual.”[4]
Articulando estas definiciones con el problema de la transferencia, si bien la figura del
analista es abordada por el amor del analizante –Freud consideraba que el paciente toma
como objeto de amor al analista-, su función queda redefinida por Lacan como la de ser
semblante de objeto a, lo que remite a una eficacia que estriba en la parcialidad del objeto que
el analista encarna en tanto causa del deseo, que ya no se confunde con el objeto del amor
(narcisista) ni tampoco con el Ideal del yo (el Gran Otro).[5]
La resistencia del analista equivaldría a responder ya sea con signos de amor, con su
subjetividad o llanamente con el goce del Otro (encarnando a un Otro total sin tachaduras) allí
donde -por ejemplo- sostener el tiempo de espera o, al revés, el corte que introduce una
puntuación, resultarían esenciales para propiciar la emergencia de dicho deseo inconsciente
(recuérdese que el deseo es metonimia de la falta en ser, es decir que, aunque no sea
articulable, está articulado al registro del significante).
Si nos remitimos a La dirección de la cura…, allí Lacan aborda la cuestión del amor de
transferencia en términos muy elaborados. En la página 589 dice lo siguiente:
“Pues si el amor es dar lo que no se tiene, es bien cierto que el sujeto puede esperar que se le
dé, puesto que el psicoanalista no tiene otra cosa que darle. Pero incluso esa nada, no se la
da, y más vale así: y por eso esa nada se la pagan, y preferiblemente de manera generosa, para
mostrar bien que de otra manera esa nada no tendría mucho valor.”
Me permito hacer una pequeña torsión lectora. Aquello por lo que al analista le pagan, es por
su abstinencia, “y preferiblemente de manera generosa”, para mostrar bien el valor de
semejante posición ética. O sea, el analista puede dar un montón de cosas: un horario, una
“cita”, un saludo, un vaso de agua, inclusive un consejo –por qué no-, pero si nos remitimos a
la letra lacaniana, amor no da. Por lo menos, es lo que dice textualmente Lacan. Y no sólo eso
sino que más abajo aclara:
“Se observará que el analista da sin embargo su presencia, pero creo que ésta no es en primer
lugar sino la implicación de su acción de escuchar, y que ésta no es sino la condición de la
palabra. (…) Es más tarde cuando su presencia será notada. Por lo demás, el sentimiento más
agudo de su presencia está ligado a un momento en el que el sujeto no puede sino callarse…”
Es decir, la presencia de la que se habla en un primer momento remite sin más a la dimensión
de la escucha, término que nos reconduce al deseo de analizar (“el analista es aquel que resiste
la demanda (…) para que reaparezcan los significantes en que su frustración está retenida”).
Y si más tarde esa presencia se presenta, valga la redundancia, no tiene que ver con algo así
como el “amor del psicoanalista”, sino con algo que es del orden del deseo del Otro y del
objeto real, y por eso la angustia en el sujeto.
Alain Badiou, aunque filosóficamente, también articula la diferencia entre el amor y el deseo.
Y lo hace en los siguientes términos (todo el mundo sabe de la influencia que el pensamiento
de Lacan tuvo en este autor):
“El amor entra evidentemente en el desfile del deseo, pero el amor no tiene al objeto del
deseo como causa [¿un analista que ama a sus pacientes, en este sentido, estaría poco causado
por su función?]. De modo que el amor, que marca los cuerpos, como materialidad, la
suposición del Dos que activa, no puede eludir al objeto causa del deseo ni puede tampoco
ordenarse en él. Porque el amor trata a los cuerpos desde el ángulo de una nominación
disyuntiva, mientras que el deseo se relaciona con él como con el principio de ser del sujeto
dividido.”[8]
Más allá de la complejidad del pensamiento de Badiou, podemos rescatar el diferente
ordenamiento del deseo y del amor en relación al objeto causa: a. Con respecto
específicamente a la cuestión de la transferencia, la propuesta teórica y clínica de Lacan, vale
la pena insistir en este punto, se dio en llamar “deseo del analista”. Es un concepto específico
que no remite a los deseos del sujeto psicoanalista sino que “es una función esencial para la
confesión del deseo como exigiendo reconocimiento”[9], en virtud de lo cual sustituir su
nombre –como pasaría con cualquier otro concepto- es algo que debería estar, creemos, lo
suficientemente justificado. ¿Si no para qué? ¿Cuál sería el sentido de decir “el sentido de la
cura” en lugar de “la dirección de la cura”?[10] ¿En qué avanzaríamos al hablar de las
“producciones” en lugar de las formaciones del inconsciente, etc.? ¿Hay una argumentación
teórico-técnica o se trata de un mero afán vanguardista para sentirse más “contemporáneo” –
como sucede muchas veces con el arte contemporáneo¸ en donde la pretensión rupturista e
innovadora suele conducir a exposiciones, obras y/o performances bizarras, excesivas? Lacan
se tomó mucho trabajo para cuestionar y reemplazar al concepto de contra-transferencia (una
parte del Seminario VIII está destinado a ello, pero no sólo ya que esta discusión aparece en
otros Seminarios y en algunos de sus escritos).
Por otra parte, ¿puede reducirse a esto la función esencial del analista en la cura? Nosotros
creemos que es ahí donde precisamente debe intervenir el «deseo del analista» en toda su
potencia separadora, dado que es la función destinada a separar al sujeto de ese I(A) al que ha
quedado alienado para reconducirlo hacia el lugar de objeto causa.
Llegando al final, no quisiera dejar de mencionar una vez más a Badiou, cuando se pregunta
“¿qué es entonces para Lacan el amor a la verdad?” para responder que: “Hay que ir más a
fondo, y sostener que se trata lisa y llanamente del amor a la castración.”[16] Badiou está
tomando como referencia el Seminario sobre El reverso del psicoanálisis, en donde Lacan
afirma que:
“El amor a la verdad es algo que se origina en esa falta de ser de la verdad, esta falta de ser
que también podríamos llamar esa falta de olvido. Lo que se nos presenta en las formaciones
del inconsciente, no es nada que sea del orden del ser, de un ser pleno de ninguna manera.
¿Qué es ese “deseo indestructible” del que habla Freud al finalizar las últimas líneas de su
Traumdeutung? ¿Qué es ese deseo que nada puede cambiar ni doblegar cuando todo cambia?
Esa falta de olvido, es lo mismo que esa falta de ser, porque ser no es otra cosa que olvidar.
Este amor a la verdad, es este amor a esta debilidad, esta debilidad de la que supimos levantar
el velo. Es eso que la verdad esconde y que se llama la castración.”[17]
Lo que se espera de un psicoanalista es que pueda “hacer funcionar su saber en términos de
verdad”.[18]Siendo más precisos:
“Es a él que se dirige, y solamente a él, esta fórmula que he comentado a menudo del "wo es
war, soll ich werden". Si el analista puede ocupar este lugar arriba a la izquierda, que
determina su discurso es precisamente por no estar ahí en lo más mínimo por sí mismo. "Allí
donde eso era", el plus-de-gozar, el goce del Otro, es allí donde eso era que yo (moi), en tanto
que profiero el acto analítico, yo (je) debo advenir.”[19]
Y en este sentido
“… la función “deseo de (l) analista” debe estar funcionando y promoviendo todo el tiempo la
interrogación de aquellos puntos de identificación con el ideal que obturan, del lado del
analista, la puesta en práctica de su saber en el lugar de la verdad.”[20](…) [Se trata de]
“Ofrecer un vacío para que allí reine el semblante de a, [lo cual] es todo lo contrario de
ofrecerse como saber teórico o como Ideal porque en este caso el vaciado es el sujeto.”[21]
Concluyendo con estas reflexiones psicoanalíticas, ahora desde una perspectiva decolonial,
creemos que es menester considerar no sólo los lastres modernos “cientificistas”,
“patriarcales”, “eurocéntricos”, etc., que pueden apreciarse en los pensadores (psicoanalíticos)
contemporáneos, sino también otro tipo de sedimentos intelectuales o teóricos como por
ejemplo aquellos que pueden vincularse con determinados preceptos de la religión (por
ejemplo, del Cristianismo).
[1] Subrayado mío.
[2] http://www.chasque.net/frontpage/relacion/0707/amor.htm
[3] Ibíd.
[4] Ibíd.
[5] “¿Deseaba Freud ser un objeto parcial? A pesar de que no hay en su obra teoría del
analista en tanto que objeto a, causa del deseo, por lo menos estaba lejos de ocupar el lugar de
la cosa en sí o del Otro absoluto.” Serge Cottet, Freud y el deseo del psicoanalista.Pág. 163.
Con sus críticas a Ferenczi, “Freud apuntaba a una técnica dispuesta a inscribirse en el confort
de la oblatividad. No manifestar sus sentimientos ni prodigar bellas palabras, le aseguraba ser
esa forma de nada, a partir de la cual el sujeto puede acceder al objeto del deseo.” Pág. 162.
[6] Ibíd.
[7] Dicker, Susana: “El Deseo del analista” en Virtualia #22. Mayo de 2011.
[8] La verdad: forzamiento e innombrable.
[9]Serge Cottet, Op. cit. Pág. 157.
[10] Ejemplo de Germán García en una Jornada de carteles en la EOL.
[11] Fink, Bruce: “El deseo y la técnica psicoanalítica. El deseo en análisis” en Introducción
clínica al psicoanálisis lacaniano. Gedisa Editorial. Pág. 22.
[12] https://www.pagina12.com.ar/35501-mi-analista-me-ama
[13] http://adelfajozamipsicoanalisis.blogspot.com/2017/05/la-funcion-del-amor-y-del-
dinero-en-la.html
[14] Ibíd.
[15] http://www.polvo.com.ar/2018/08/el-amor-del-analista/
[16] La verdad: forzamiento e innombrable. No estamos desconociendo las críticas de Lacan
a Freud e