Las Alasitas y Ekeko
Las Alasitas y Ekeko
Las Alasitas y Ekeko
Por eso al ingresar a las ferias de las alasitas en Puno o en cualquier otra similar, los
visitantes se sumergen en un mundo mágico religioso de utopías e ilusiones que
prometen los objetos ofertados que, por estar en ese tiempo y espacio adquieren una
dimensión simbólica. Cada objeto tiene su propio significado y la suma de todos
ellos le da a la feria un espacio de profundo contenido mágico religioso que transporta
al visitante a un mundo de ilusiones alejándolo de su mundo cotidiano. Este mundo
esta estructurado para satisfacer las aspiraciones, deseos y sueños con el fin de
alcanzar las utopías de todos y cada uno de los asistentes a la feria, sin distinción de
clase social, edad o sexo. Todo está allí: casas, edificios, vehículos, títulos profesionales
de universidades del Perú o del extranjero, dinero en nuevos soles peruanos, dólares
americanos o los euros, títulos de propiedad, certificados de matrimonio, lectores
de la suerte etc. para colmar los sueños e ilusiones de los asistentes a la feria.
Los objetos por si solos no tendrían mayor valor que el de ser objetos en miniatura
pero al estar sujetos a tres prácticas rituales sucesivas adquieren un extraordinario valor
agregado.
El primer ritual es de carácter propiciatorio y se hace con sahumerios y decoraciones
de serpentinas y mixturas y se realizan en el momento de entregar la pieza
adquirida a sus dueños.
El segundo es un rito católico que busca el auspicio de la Santísima Cruz de Bellavista y
para ello, el día tres de mayo, se deben presentar todos los objetos adquiridos para la
bendición sacerdotal a las doce en punto del medio día frente a la mencionada
Santísima Cruz de Bellavista. Esta bendición propicia que el deseo invocado se
vuelva realidad.
El tercer rito lo hacen los paqhos y yatiris ubicados hacia el lado Este de la Santísima
Cruz de Bellavista, los asistentes a la feria solicitan a éstos que les hagan los ritos
propiciatorios a sus objetos y éstos son sometidos a sahumerios e
invocaciones a los dioses andinos y católicos. Con este rito se finalizan las prácticas
rituales propiciatorias.
Luego de estos ritos se ingresa a una fase social que empieza con la búsqueda de
padrinos para los objetos adquiridos como casas o vehículos. Cuando los requeridos
para ser padrinos aceptan, se dan lugar las “challas” e intercambio de bebidas que
consolidan las nuevas relaciones de compadrazgo.
Los productores de los pequeños objetos que se ofertan en las alasitas, se convierten en
vendedores de ilusiones, sueños y utopías en un mundo lleno de fantasías en el que el
personaje principal es el Ekeko dios de origen aymará, propiciador de ese mercado de
miniaturas simbólicas y al que el colectivo social de Puno llega para satisfacer sus
sueños personales y familiares considerando que a partir de esta fecha y después de
haber cumplido con todos los ritos, éstos se realizarán y la casa, el vehículo o
negocio que solicitaron serán adquiridos a corto plazo, estimulados por su fe y bajo el
auspicio benefactor del Ekeko y la Santísima Cruz de Bellavista.
Ekeko es otro ejemplo del importante sincretismo que existe entre la religión indígena
tradicional y la religión católica, entre lo « nativo » y lo « importado » de los españoles.
Ekeko es entre otras cosas el dios de la casa en varias comunidades aymará hablantes,
tradicionalmente festejado en el solsticio de verano (21 de enero en América del Sur).
Su fiesta fusionó con la fecha del 24 de enero elegida por el gobernador Sebastián
Segurola para rendir homenaje a la Virgen de la Paz y agradecerla de la liberación de la
ciudad del sitio de Tupak Katari.
La leyenda del Ekeko
Mucho antes de la conquista española, vivía en el Altiplano un hombre aymará llamado
Iqiqu. Era bajito, humilde, generoso y alegre. Su bondad era tal que donde iba, daba
armonía a las existencias, cultivaba las buenas relaciones, reunía a los enamorados. Por
otra parte daba consejos avisados y su sola presencia garantizaba días felices a todos.
Para mejorar todavía sus virtudes, "el Apu Qullana Qullo" (Dios el Padre Divino), que
vivía en las alturas sagradas del « khuno Qullo » (Montana Sagrada), le regaló unas
calidades maravillosas. Así logró realizar grandes hazañas, como mover piedras
enormes, secar ríos enteros, abrir o desplazar montañas. Lo hizo con todo corazón, con
todo su entusiasmo, todo le obedecía, y por esto mismo, la gente lo seguía sin vacilar.
La felicidad se acabó con la llegada del "Awqa" (el ser maligno) y de su ejército
destructor. Su aspecto de joven bárbaro y su piel blanca se combinaban con su mente
maligna. Tomando nota de los favores que recibía la gente que seguía Iqiqu, arruinó sus
tierras, matando ferozmente a cada cual le resistía. Obtuvo la aprobación forzada de las
mentes más débiles.
Para que no lo capturen, Iqiqu fue a esconderse en otras regiones, cuidando siempre de
no involucrar a las poblaciones de su alrededor, para que no sean las próximas victimas
del Awqa. Un día, entró en un Ayllu (territorio político) donde se había reunido la gente
para desarrollar un sistema de ayuda entre agricultores. Al mismo tiempo, Awqa y su
ejército vinieron a sorprender la reunión. Para evitar la masacra de la gente, Iqiqu
prefirió entregarse al Maligno.
Sin esperar a más, Awqa dio orden para que torturen al prisionero, y unas horas
después, de desmembrarle. La cabeza, los brazos, las piernas, así como las demás partes
de su cuerpo fueron entierradas en lugares diferentes y secretos del Altiplano para
impedir una reunión futura de su cuerpo que daría vida de nuevo al benefactor.
Algunos ancianos creen que el tiempo de la reunión vendrá. Otros aseguran que ciertas
partes de su cuerpo ya están en camino hasta « Wiñay Marca » (la ciudad eterna), donde
esperan las demás partes del cuerpo de Iqiqu para por fin reunirse, víspera de la
emancipación del pueblo aymará.
El mercado de las alacitas es la utopia liberal del mercado perfecto. No hay inflación, ni
escases de bienes. Tampoco de circulante. El límite para las transacciones lo pone la
imaginación y la capacidad para comprar y vender todo lo que quiera el jugador de esta
suerte de “monopolio andino”. Es evidente que se trata de una manifestación del deseo
de conseguir los bienes más preciados de la modernidad, como lo constituyen las casas
y automóviles de moda, así como computadoras y demás artefactos. No se aprecian
rituales vinculados con la compra de ganado o especies agrícolas. Todo lo contrario, lo
que predominan son bienes urbanos y modernos, procedentes del extranjero.
Sin embargo, no puede faltar en el juego de las alacitas intentos de robo o de estafa. Eso
hace que el ritual adquiera mayor verosimilitud. Por eso en el juego de las alacitas no
hay solamente un banco o personajes que simulan ser cambistas de dólares, sino
también una comisaria y personajes que representan a notarios, abogados y jueces. Son
frecuentes los problemas que surgen entre jugadores que alegan tener la propiedad sobre
alguna misma mercancia. Fue lo que ocurrió con un caso de venta de un mismo
“terreno” a dos diferentes dueños. Cada uno de ellos tenía su título de propiedad, sus
“papeles” que con la firma del notario daba legalidad a la posesión del terreno en
cuestión. Uno de ellos alegaba que llegó primero y aviso a sus “vecinos” que era el
dueno e incluso hizo el ritual de inauguración de la casa (con cajas de cerveza en
miniatura, serpentina y una sarta de cohetes que hizo reventar), que le otorgaba
legitimidad sobre el mencionado terreno. El otro alegaba que había comprado dicho
terreno primero y que no había ningun vecino cuando el hizo la compra, pero tenía sus
“papeles” que demostraba que en realidad había hecho la compra. No había forma de
ponerse de acuerdo, hasta que el que decidieron ir donde el “comisario”, que no era otra
persona que un Ukuko que fungía como dicha autoridad. Para ir donde el “comisario”
uno de los litigantes llamó a otro Ukuko que hacia las veces de policia y llevaron su
caso ante la autoridad correspondiente (comisario/juez), donde cada uno expuso sus
argumentos. Antes de eso, cada uno tuvo que contratar los servicios de un “abogado”,
que no eran otros que amigos de ellos que habían comprado sus títulos en el juego. Uno
de ellos quizó sobornar al abogado del otro con tres mil dólares y al parecer algo similar
logro hacer con el comisario, ya que cuando este demando los argumentos de los
litigantes puso evidente parcialidad hacía aquellos de quien le había dado el dinero. El
comisario/juez hizo rápidamente justicia al preguntarle muy prepotentemente al otro
sobre sus “papeles”. Se los quitó y los empezó a revisar, encontrando que tenía la firma
de un testigo que se apellidaba de manera similar al propietario: Quispe. El juez
rápidamente dictamino que se trataba de uns estafa (en realidad sin ninguna prueba), ya
que la firma de la testigo había sido hecha por “su pariente” y por ese motivo no tenía
validez. El juez en su fallo dictaminó que la casa le corrrespondia al otro litigante, ya
que el interrogado habría cometido el delito de estafa. Su castigo consisitió no sólo en
perder el juicio, sino también recibir tres latigazos –suaves- de parte del Ukuko que
fungía como policia.
SEMANA SANTA EN AYACUCHO (MARZO /
ABRIL)
La Semana Santa se inicia el Domingo de Ramos, con la entrada de Jesús a la ciudad
montado sobre un blanco pollino (burro).
El lunes, la Oración del Huerto, el martes el Señor de la sentencia y el miércoles,
encuentro donde se escenifica el camino de Jesús llevando la Cruz al Calvario, esta
escena impresionante, muestra el encuentro de la Madre con el hijo (María y Jesús),
escena que conmueve hondamente a todos los participantes.
El jueves Santo visita a los templos para ganar las indulgencias necesarias. En la noche
del viernes Santo, las luces de la ciudad se apagan para dejar el paso al Señor del Santo
Sepulcro.
Las andas llenas de velas blancas, sobrecogen por su magnificencia. Luego se realiza
una vigilia con rezos y cantos hasta el sermón de las 3 horas del día sábado. Después de
los días de congoja, el Domingo de Resurrección se torna en fiesta, Cristo resucitado
aparece en andas y es cargado por las calles.