Jacob y Esau
Jacob y Esau
Jacob y Esau
Esta es la historia de Isaac, el hijo de Abraham. Isaac tenía cuarenta años cuando se
casó con Rebeca, que era hija de Betuel y hermana de Labán, los arameos que vivían en Padán-
aram. Rebeca no podía tener hijos, así que Isaac le rogó al Señor por ella. Y el Señor oyó su
oración y Rebeca quedó embarazada. Pero como los mellizos se peleaban dentro de su vientre,
[3] ella pensó: 'Si esto va a ser así, ¿para qué seguir viviendo?' Entonces fue a consultar el caso
con el Señor, y él le contestó: 'En tu vientre hay dos naciones, dos pueblos que están en lucha
desde antes de nacer. Uno será más fuerte que el otro, y el mayor estará sujeto al menor.'
(DHH)
Jacob y Esaú desde que estaban en el vientre de su madre Rebeca, mantenían una
constante lucha, provocándole tanto dolor a su madre, a tal punto que ella deseo su propia
muerte, ante lo cual YHWH le contestó, que en sus entrañas llevaba dos reinos, por un lado,
Jacob que a la postre seria el pueblo de Israel y por otro lado estaba Esaú, quien a la postre
seria el pueblo de Edom. YHWH dijo en su palabra que uno de ellos sería más fuerte que el
otro. Esta historia la podemos aplicar hoy día en nuestra vida espiritual, ¿De qué manera?
Sencillo, el Apóstol Pablo lo explico muy bien en su carta a los Gálatas, capítulo 5, versículo
17 “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y
éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.” (RVR1960). Nota que esto
habla sobre la lucha interna de un cristiano, tú y to somos representados por Rebeca, mientras
que los deseos a los que se refiere el Apóstol Pablo, están representados por Jacob y Esaú.
Cuando esa lucha interna inicia en la vida de un cristiano, comienzan los padecimientos y
dolores, ya que no queremos ser confrontados por el Espíritu, más deseamos seguir haciendo
lo que anhela la carne, es un proceso de transformación al cual no aceptamos fácilmente.
Volvamos al capítulo 25 del libro de génesis, YHWH le dice a Rebeca que uno será
más fuerte que el otro, refiriéndose a los reinos, la pregunta para nosotros es ¿Cuál deseo
permitirás que sea más fuerte en ti? ¿Los deseos de la carne o los deseos del espíritu?
El Señor te bendiga y te guarde; el Señor te mire con agrado y te extienda su amor; el
Señor te muestre su favor y te conceda la paz.