Las Tres Hermanas - Libreto
Las Tres Hermanas - Libreto
Las Tres Hermanas - Libreto
De Antón Chéjov
Tres hermanas
de Antón Chéjov
Acto 1
Sala en casa de los Prózorov. Primavera. Mediodía.
Olga- Hoy hace un año que murió papá, en este día, el de tu cumpleaños, Irina… Hacía
mucho frío, nevaba… Me pareció que no lo podría sobrevivir; te habías desmayado,
como muerta. Pero pasó un año y lo podemos recordar con serenidad. Ya vestís de
blanco y estás radiante… Recuerdo que cuando se llevaron a papá tocaba la banda y en
el cementerio dispararon salvas. Era general, tenía el mando de una brigada y sin
embargo hubo poca gente en el entierro. Claro, llovía. Una lluvia fuerte, y nieve.
Olga- Hoy está templado, podemos tener las ventanas abiertas de par en par, pero lo
abedules no brotaron todavía. Hace once años que papá recibió el mando de esta brigada
y partió con nosotras de Moscú; pero me acuerdo que, para esta época, en Moscú todo
empieza a florecer, está tibio, todo bañado de sol. Pasaron once años y yo recuerdo todo
como si nos hubiéramos venido ayer. Esta mañana, cuando vi toda esta luz y esta
primavera, sentí un deseo apasionado de volver a mi ciudad.
Olga- No silbes, Masha… Siempre termino con dolor de cabeza después de estar todo
el santo día en el liceo, me vienen ideas de vieja. Durante estos cuatro años en el liceo
siento que cada día se me van, gota a gota, la fuerza y la juventud. Lo único que crece y
se arraiga en mí es un sueño…
Masha silba.
Irina- Ojalá que todo salga bien… Hoy hace buen tiempo. No sé por qué está todo tan
luminoso en mi alma. Esta mañana me acordé de que era mi cumpleaños y sentí alegría,
y recordé cuando éramos chicas, y mamá vivía… tuve pensamientos maravillosos…
Olga- ¡Hoy estás radiante, pareces más bella! Masha también está bella. Andrei no
estaría mal, sólo que engordó mucho, no le queda bien. En cambio yo envejecí, debe ser
de tanto lidiar con las chicas del liceo… Hoy estoy libre en casa y no me duele la cabeza
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y me siento más joven… Todo está bien, pero me parece que si me casara y me quedara
todo el día en casa sería mejor… Amaría a mi marido.
Tusenbach- (A Solioni.) Dice tantas pavadas que estoy harto de oírlo. (Adelantándose.)
Me olvidaba: hoy va a venir a visitarlas nuestro nuevo comandante de la batería.
Tusenbach- No, más o menos. Parece muy sociable, nada tonto. Pero habla mucho.
Tusenbach- Sí, bastante. Pero tiene mujer, suegra y dos hijas. Va de visita y en todas
partes cuenta que tiene mujer y dos hijas. Acá también lo va a contar. Su mujer está
medio trastornada y cada tanto se suicida. Por lo visto sólo para fastidiar al marido y él
se contenta con lamentarse.
Solioni- (Adelantándose.) Con una mano levanto sólo unos veinticinco kilos, y con las
dos, ochenta y hasta cien. De esto infiero que dos hombres no son dos veces más fuerte
que uno, sino tres veces y aún más…
Irina- Dígame, ¿por qué me siento tan feliz hoy? Como si si estuviera navegando y
arriba un ancho cielo azul y grandes pájaros blancos volando. ¿Por qué?
Irina- Cuando me desperté hoy, me pareció que todo era claro para mí en este mundo y
que sabía cómo hay que vivir. El hombre, sea quien sea, debe trabajar. En eso está el
sentido y el fin de su vida. Me da envidia del obrero que se levanta al amanecer, del
maestro, del maquinista del tren… ¡Dios mío! Más vale ser un caballo de tiro que ser
una mujer joven que se levanta a mediodía, toma el desayuno en la cama y después
pasa dos horas vistiéndose… ¡Es horrible! Tengo ganas de trabajar y si no llego a
levantarme temprano y trabajar, niégueme su amistad, doctor.
Olga- Papá nos acostumbró a levantarnos a las siete de la mañana. Irina se sigue
despertando a las siete, pero hasta las nueve, se queda en la cama pensando en no sé
qué. Pero con una cara muy seria.
Irina- Siempre me estás viendo como una niña. Por eso te sorprende mi cara seria.
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Solioni- Dentro de veinticinco años usted ya no estará en este mundo, gracias a Dios.
Antes de dos o tres años, reventará de una pataleta, o si no yo, en un arranque de cólera
le incrusto una bala en la cabeza, ángel mío. (Saca un frasco de perfume y se rocía el
pecho y las manos.)
Chebutikin- De veras, yo nunca hice nada. Desde que salí de la universidad ni siquiera
leí un libro; sólo diarios… Ahí tiene, sé por los diarios que existió un tal Dobroliúbov,
pero qué escribió, eso no lo sé… Dios lo sabe… (Entra un criado y le hace una seña.)
Me están llamando. Enseguida vuelvo. (Sale.)
Masha- “Un roble verde a la orilla del mar. A una cadena de oro preso…”1
Masha- A casa.
Masha- No importa. Vuelvo por la noche. Hasta luego, querida… Una vez más te deseo
salud y felicidad. Cuando vivía papá, para estas fiestas siempre venían treinta, cuarenta
oficiales. Hoy nada más que un hombre y medio y una quietud de desierto… Es mejor
que me vaya… Estoy un poco triste, no tengo alegría; no me hagas caso. Después
hablamos. Me voy por ahí.
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Del poema de Pushkin “Ruslán y Luzmila”.
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Solioni- Cuando un hombre filosofa, hace “filosofística”; pero cuando lo hace una
mujer, o dos, lo que tenemos es un gallinero alborotado.
Anfisa- Por aquí, hombre. Entrá, tenés los pies limpios. De parte de Protopópov, del
Consejo Provincial. Una torta.
Ferapont- ¿Cómo?
Olga- Ayita, dale una empanada. Ferapont, ahí te van a dar una empanada.
Ferapont- ¿Cómo?
Irina- Yo no lo invité.
Chebutikin- Pero, mis queridas, ustedes son lo único, lo más precioso que tengo en el
mundo. Soy un viejo solitario, inútil. Lo único bueno que hay en mí es el cariño que les
tengo, y si no fuera por ustedes, hace tiempo que no viviría en este mundo… Hijita mía,
te conozco desde que naciste… te tuve en brazos… Yo quise mucho a tu difunta
madre…
Entra Vershinin.
Vershinin- ¡Qué contento estoy, qué contento! Pero ustedes eran tres hermanas. No
recuerdo los rostros, pero que el coronel Prózorov tenía tres hijas, eso lo recuerdo
perfectamente… ¡Cómo pasa el tiempo!
Vershinin- Sí. Su difunto padre era allí el comandante de la batería y yo era oficial en
la misma brigada. (A Masha.) Me parece recordar un poco su cara.
Irina- ¡Olga! ¡Olga! (Vuelve Olga.) ¡Resulta que el coronel viene de Moscú!
Vershinin- Sí, estudié en Moscú y también hice mi carrera allí. Hasta que me
trasladaron al mando de esta batería, y aquí estoy. A ustedes no las recordaba mucho,
pero a su padre lo tengo tan presente. Yo los visitaba en Moscú…
Irina- Sí, esperamos estar allá en otoño. Es nuestra ciudad, allí nacimos.
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Masha- Ahora recuerdo, Olga: ¿en casa no lo llamábamos “el mayor enamorado”?
Usted era teniente, estaba enamorado de alguien. ¿Por qué le decían mayor?
Vershinin- Sí, cuando me llamaban “el mayor enamorado” todavía era joven, estaba
enamorado. Ahora todo es distinto.
Irina- Once años. Pero, Masha. ¿Por qué llorás?... Mirá que yo también me pongo a
llorar.
Vershinin- No diga eso. El clima de aquí es tan bueno, tan sano. Los bosques, el río…
y abedules también… graciosos y humildes abedules, los quiero más que a todos los
arboles. Es muy agradable vivir aquí. Lo único extraño es que la estación de ferrocarril
queda a veinte kilómetros de la ciudad. Y nadie sabe por qué.
Solioni- Yo sé. Si la estación estuviera cerca, no estaría lejos; y si está lejos, quiere
decir que no está cerca.
Masha- Ya empiezo a olvidarme de su cara. Así también nos van a olvidar a nosotros.
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Vershinin- Sí. Ese es nuestro destino. También llegará un día en que todo lo que hoy
nos parece serio, trascendente, será olvidado o resultará insignificante. Seguramente,
con el tiempo, esta vida nuestra, a la que nos resignamos tan bien, parecerá extraña,
poco inteligente. Quizás hasta vergonzosa.
Tusenbach- Quien sabe. También puede ser que sientan compasión por nuestra vida y
que seamos recordados con indulgencia. Ahora no hay torturas ni guerra ni pena de
muerte. Pero claro, ¡todavía existen tantos sufrimientos!
Solioni- Pío, pío, pío… Al barón no hay necesidad de darle su sopita; basta con dejarlo
filosofar.
Tusenbach- Solioni, le ruego que me deje en paz. Esto ya empieza a ser fastidioso.
Se oye un violín.
Irina- De una señorita de aquí. Es muy posible que hoy venga a vernos.
Masha- ¡Cómo se viste! Si fuera de una manera fea o pasada de moda… pero es que es
sencillamente deplorable. Lleva una ropa de lo más vulgar. No, Andrei no está
enamorado de ella, él tiene buen gusto. Es para hacernos enojar a nosotras, se divierte.
Ayer oí decir que ella se va a casar con Protopópov, el presidente del Consejo
Provincial. Y está bien… ¡Andrei, un minuto, por favor, querido!
Entra Andrei.
Vershinin- Vershinin.
Irina- Mire que marquito me regaló hoy Andrei. Lo hizo él mismo. (Muestra el marco.)
Andrei- Basta, basta. No dormí en toda la noche. Estuve leyendo hasta las cuatro,
después me acosté, pero nada. Pensaba en mil cosas y ahora amanece temprano. Tomé
la decisión este verano, quiero traducir un libro del inglés.
Andrei- Sí, papá, que en paz descanse, nos atosigaba de educación. Debo confesar que
después de su muerte empecé a engordar, como si mi cuerpo se hubiera liberado de una
opresión. Gracias a papá los cuatro sabemos francés, inglés y alemán. Irina además,
italiano. Pero lo que nos costó.
Masha- Saber tres idiomas, en esta ciudad, es un lujo superfluo. Más que un lujo, un
apéndice inútil, como un sexto dedo. Sabemos muchas cosas de más.
Vershinin- ¡Saben muchas cosas de más! A mi me parece que no puede existir una
ciudad, por aburrida que sea, donde alguien instruido esté demás. Supongamos que
entre los cien mil habitantes de esta ciudad, atrasados, incultos, no existan más que tres
personas como ustedes. Es evidente que no van a poder imponerse sobre esa masa
ignorante que las rodea, pero no van a pasar sin dejar huella. Y mañana serán seis,
pasado, doce y con el tiempo la mayoria de las personas será como ustedes. Dentro de
doscientos o trescientos años, la vida en la tierra será increíblemente hermosa. El
hombre necesita una vida así, y aunque todavía no la tenga, debe esperarla, soñar,
prepararse para ella. Y por eso tiene que ver y saber más de lo que veían y sabían su
padre y su abuelo. ¡Y usted se queja de saber demasiadas cosas!
Tusenbach- Usted dice que dentro de muchos años, la vida en la tierra será hermosa,
sorprendente. Cierto. Pero para participar en ella ahora, aunque sea de lejos, hay que
prepararse y trabajar.
Vershinin- Sí, sí, claro… ¡Qué casa espléndida tienen! Las envidio. Pasé toda mi vida
en pisos de alquiler, una casa así es lo que siempre me hizo falta.
Tusenbach- Pero es necesario trabajar. Ya sé, usted debe estar pensando: éste es un
sentimental.
Kuliguin- ¡No puede ser! En ese caso, dámelo. O mejor, dáselo al coronel. Tome,
coronel; algún día, de aburrido, lo puede leer.
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Hice lo que pude, haga mejor quien pueda.
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hoy a las cuatro de la tarde a casa del director. Se organizó una excursión de los
profesores y sus familias.
Masha- Yo no voy.
Masha- Después hablamos… Está bien, voy. Pero ahora dejame, por favor.
Kuliguin- Y después habrá una fiesta en casa del director. A pesar de su mala salud,
este hombre trata de mantener su actividad social. Es una persona excelente,
esclarecida. Ayer, después de la reunión de profesores, me dijo: “Estoy cansado,
Kuliguin, cansado”. “Sí”, dice, “estoy cansado”.
Se oye el violín.
Olga- (Adelantándose, luego del aviso de un criado.) Por favor, sírvanse pasar a la
mesa. Hay tarta.
Kuliguin- ¡Olga, querida! Ayer trabajé desde la mañana hasta las once de la noche; me
cansé, pero hoy me siento feliz… (En dirección a la mesa.)
Chebutikin- ¡Bah! Hace como dos años que no me da una pataleta. Y por otra parte,
¿qué más da?
Masha- Sí, no vaya… Qué vida maldita, insoportable. (Va a la mesa. Chebutikin y
Solioni la siguen.)
Irina- Hoy Masha está de mal humor. Cuando se casó tenía dieciocho años, le parecía
que su marido era el hombre más inteligente. Ahora es distinto. Es el más bueno, pero
no el más inteligente.
Irina- Usted dice: la vida es hermosa. ¿Y si sólo lo pareciera? Para nosotras tres la vida
todavía no fue hermosa, nos ahogó como la hierba mala… Ya estoy llorando. Eso no
está bien… Hay que trabajar, trabajar… Estamos tristes y miramos la vida con ojos
sombríos porque nacimos de personas que despreciaban el trabajo.
Natasha- (Entrando.) Ya están sentados a la mesa. Llego tarde… Creo que no estoy
mal peinada… Querida Irina, la felicito (La abraza.)… Tienen muchos invitados, me da
vergüenza… Buenos días, barón.
Olga- Son todos de confianza. ¿Cómo se puso un cinturón verde? Eso no está bien.
Natasha- Pero si no es verde… es más bien mate. (Sigue a Olga a la mesa. Todos están
sentados a almorzar.)
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Masha- Voy a tomar una copa de vino. Total, ¿qué más da?
Solioni- De cucarachas.
Olga- Para la cena habrá pavo y tarta de manzanas. Gracias a Dios hoy voy a estar todo
el día en casa… Señores, vengan esta noche.
Todos cantan a la mesa. Fedótik y Rode entran con una canasta de flores.
Fedótik- Esperá un segundo. (Saca una foto.) ¡Una! Esperá otro poquito. (Saca otra.)
Dos. Ahora ya está.
Rode- La felicito y le deseo de todo, de todo. El tiempo está espléndido, una delicia.
Toda la mañana estuve paseando con los alumnos del liceo. Soy profesor de gimnasia
en el liceo…
Fedótik- No tiene que estar quieta, Irina, puede moverse… (Le saca una foto.) Hoy está
hermosa…Mire lo que le traje: un trompo… (Lo hace funcionar… Todos observan en
silencio…)
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Masha- “Un roble verde a la orilla del mar. A una cadena de oro preso… a una cadena
de oro preso…” ¿Por qué lo digo? Estos versos se me pegaron desde la mañana…
Kuliguin- Cuando hay trece a la mesa, eso quiere decir que hay un enamorado. ¿No
será usted, doctor?
Chebutikin- Yo soy un viejo pecador, pero lo que no entiendo es por qué Natasha se
puso colorada.
Natasha- ¡Qué vergüenza! No sé qué pasa y ellos se burlan de mí. Levantarse así de la
mesa es mala educación, pero yo no puedo… no puedo…
Andrei- Querida, le suplico, no se ponga nerviosa. Sólo lo hacen por bromear, sin mala
intención. Querida, todos son buena gente, de buen corazón, y nos quieren a mí y a
usted… Venga. Acá no nos van a ver.
Andrei- ¡Qué joven que es!.. Mi querida, no se inquiete… Crea en mí, confíe en mí…
Soy tan feliz. Mi alma está llena de amor y de entusiasmo… No nos ven, no nos ven.
¿Por qué la quiero así? ¿Cuándo empecé a quererla? No entiendo nada. ¡Querida, mi
bien, sea mi esposa! La quiero, la quiero como nunca quise a nadie. (Beso.)
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Acto 2
Misma sala. Invierno. Noche. Se oye una nana.
Natasha- (Entrando.) Andrei, ¿qué estás haciendo? ¿Leyendo? No, nada, porque sí...
Quería ver si había luz…
Natasha- Estoy viendo si quedó alguna luz encendida. La servidumbre anda trastornada
con el Carnaval; hay que vigilarlos. Andrei, ¿qué hora es?
Natasha- Y tus hermanas no volvieron todavía, pobrecitas. Seguro que Olga está en
alguna reunión de profesores. Irina todavía en el Telégrafo, claro. Te digo: esta mañana
se lo dije a tu hermana: “Irina, hay que cuidarse”, le dije. Pero no hace caso. ¿Las ocho
y cuarto, dijiste? Tengo miedo, nuestro Bobik no está bien. ¿Por qué está tan frío? Ayer
tenía fiebre y hoy está todo frío. Estoy muy asustada…
Natasha- Sin embargo, es mejor que esté a dieta. Yo tengo miedo. Y dijeron que a eso
de las nueve va a venir el conjunto de máscaras. Sería mejor que no vinieran, querido.
Andrei- Eso que lo decidan mis hermanas. Ellas son las dueñas de casa.
Natasha- También se lo voy a decir a ellas. Van a estar de acuerdo. Son buenas. Para la
cena, mandé preparar leche cuajada. El doctor dice que la única manera de que
adelgaces es tomando leche cuajada. Bobik tiene frío. Estoy segura de que pasa frío en
ese cuarto. Habría que mudarlo a otro, por lo menos hasta que llegue la primavera. Al
de Irina, por ejemplo, que es ideal para un bebé; es seco y tiene sol todo el día. Hay que
decírselo a Irina, mientras tanto ella podría estar con Olga en la misma pieza. Total de
día nunca está en casa. Andrei, ¿por qué estás tan callado?
Natasha- Sí… algo quería decirte… Ah, sí: vino Ferapont. Trae algo del Consejo.
Quiere verte.
Andrei- Gracias. ¿Pero por qué viniste tan tarde? Son más de las ocho.
Ferapont- ¿Qué?
Ferapont- Vine cuando todavía era de día, pero no me dejaron entrar. “El señor está
ocupado”, me dijeron. Y bueno, si está ocupado está ocupado. ¿Yo qué apuro tengo?...
¿Qué?
Andrei- Nada. Mañana viernes no hay sesión, pero igual voy a ir. Me aburro en casa.
¡Cómo cambia la vida, cómo engaña! Hoy, de puro aburrido, tomé este libro, apuntes de
la universidad, de cuando yo estudiaba, y me dio ganas de reír… ¡Yo empleado del
Consejo Provincial que preside Protopópov!... Todo lo que puedo pretender es llegar a
ser vocal de ese Consejo. Yo, que todas las noches sueño que soy un famoso profesor de
la Universidad de Moscú, el orgullo de toda Rusia.
Ferapont- ¿Qué?... El mismo contratista contaba que tendieron una cuerda a través de
toda Moscú.
Andrei- Sí. Que te vaya bien. (Ferapont sale.) Mañana venís y retirás los papeles…
Andá… Se fue… Sí, así son las cosas. (Sale.)
Se oye cantar a la niñera acunando al niño. Entran Masha y Vershinin. Mientras ellos
charlan, un criado acomoda algo de la escena.
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Masha- No sé. Creo que en mí habla el sentido de la justicia. Tal vez en otros lugares
no sea así, pero acá los más correctos y bien educados son los militares.
Masha- No hablo de mi marido, ya estoy acostumbrada a él. Pero hay tantos hombres
mediocres, mal educados. Me exaspera, me ofende la grosería, sufro cuando veo que
una persona no es suficientemente delicada, cortés. Cuando tengo que estar entre los
colegas de mi marido, sencillamente sufro.
Vershinin- Sí, sí. Pero me parece que todos, civiles o militares, son iguales; carecen de
interés, por lo menos en esta ciudad. Cuando se escucha a un hombre de aquí, siempre
está cansado de luchar con la mujer, con la propiedad, con los caballos… El hombre es
capaz de pensamientos elevados, pero dígame, ¿por qué vuela tan bajo en la vida? ¿Por
qué?
Vershinin- ¿Por qué? ¿Por qué está harto de la mujer y los hijos y por qué la
mujer y los hijos están hartos de él?
Vershinin- Puede ser. Hoy no almorcé. No comí nada desde la mañana. Tengo una hija
un poco enferma, y cuando mis chicas se enferman, me siento intranquilo, me remuerde
la conciencia por haberles dado semejante madre. Si usted la hubiera visto hoy, qué
poca cosa. Comenzamos a pelear a las siete de la mañana y a las nueve di un portazo y
me fui… Nunca hablo de esto y, qué raro, sólo con usted me quejo. (Le besa la mano.)
No se enoje conmigo. Fuera de usted no tengo a nadie, a nadie…
Masha- ¡Qué zumbido en la chimenea! Poco antes de morir papá, se puso a zumbar así.
Masha- Sí.
Vershinin- ¡Qué raro! Divina. Usted es una mujer maravillosa, espléndida. Está oscuro
pero veo el brillo de sus ojos.
Vershinin- Yo amo, amo… amo sus ojos, sus gestos, los veo en sueños… Mujer
maravillosa, espléndida.
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Tusenbach- Y voy a acompañarla diez, veinte años, hasta que me eche… (A Masha y
Vershinin.) Son ustedes, buenas noches.
Irina- Por fin estoy en casa. Recién vino una mujer a la oficina para mandar un
telegrama a su hermano en Sarátov, avisándole que acababa de morírsele un hijo. Pero
no recordaba la dirección. Tuvo que mandar el telegrama sin domicilio. Lloraba. Y yo
fui grosera con ella sin motivo. “No tengo tiempo”, le dije. Fue tan estúpido. ¿Vienen
las máscaras esta noche?
Masha- Sí.
Tusenbach- Cuando viene del trabajo parece tan jovencita, tan pobrecita.
Irina- Estoy cansada. No me gusta el Telégrafo. Tengo que buscar otro empleo. Éste no
es para mí. Lo que tanto soñaba, justamente es lo que no tiene. Un trabajo sin poesía, sin
contenido… Antes de que venga el doctor, ayer fueron al club con Andrei y volvieron a
perder. Dicen que Andrei perdió doscientos rublos.
Irina- Hace dos semanas perdió. En diciembre perdió. Ojalá lo pierda todo así nos
vamos de una vez por todas de esta ciudad. Sueño todas las noches con Moscú, estoy
como alucinada. Nos mudamos allá en junio, pero faltan todavía febrero, marzo, abril,
mayo. Casi medio año.
Vershinin- No sé. Quiero tomar té. ¡Media vida por una taza de té!
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Chebutikin- Irina, por favor, venez ici! No puedo estar sin usted. (Irina va a la mesa y
comienza a hacer un solitario.)
Vershinin- Bueno, ya que no sirven té, vamos a filosofar un poco, por lo menos.
Vershinin- Soñemos un poco… con la vida que vendrá después de nosotros, dentro de
unos doscientos o trescientos años.
Tusenbach- ¿Y qué? La vida seguirá siendo la misma, una vida difícil, llena de
misterios. El hombre, igual que ahora, seguirá temiendo a la muerte y no querrá morir.
Vershinin- ¡Cómo decirle! Me parece que todo tiene que cambiar. Algo ya está
cambiando delante de nuestros ojos. Dentro de doscientos, trescientos años, digamos
mil años, va a venir una vida nueva y feliz. Nosotros no vamos a participar de esa vida,
por supuesto, pero estamos viviendo para ella, para eso trabajamos y sufrimos, estamos
creándola. En esto reside el sentido de nuestra existencia.
Masha ríe.
Vershinin- Yo no pasé por la universidad, leo muchos libros pero no sé elegirlos… Más
vivo, más tengo ganas de saber, pero creo que lo esencial lo sé, lo sé de verdad. Y como
me gustaría demostrarles que la felicidad hoy no existe, que no puede existir y que
nosotros no la tendremos. La felicidad es el destino de nuestros lejanos descendientes.
Vershinin- No.
Masha ríe.
Tusenbach- Está visto que no nos entendemos. ¿Cómo puedo convencerlo? (A Masha.)
¡A ver, ríase! (A Vershinin.) No digo dentro de doscientos o trescientos años, sino
también dentro de un millón de años la vida será la misma. Permanece constante,
siguiendo sus propias leyes. Los pájaros migratorios, por ejemplo, las grullas, vuelan y
vuelan y seguirán volando, seguirán sin saber ni adónde ni por qué…
Masha- Me parece que vivir y no saber para qué vuelan las grullas, para qué nacen los
niños, para qué están las estrellas en el cielo… La vida así resulta vacía. O se sabe para
qué se vive, o nada importa nada.
Tusenbach- No importa. No soy buen mozo, ¿qué tengo yo de militar? Voy a trabajar.
Voy a trabajar tanto que cuando vuelva por la noche a casa, voy a desplomarme en la
cama y a quedarme dormido en el acto.
Fedótik- (A Irina.) Acabo de comprar para usted en la calle Moscú, lápices de colores.
Y también este cortaplumitas…
Irina- Usted está acostumbrado a tratarme como a una niña, pero ya soy mayor…
Traen el samovar, Anfisa trabaja junto a él. Entra Natasha y también se ocupa de la
mesa. Entra Solioni.
Fedótik- No, no sale. ¿No ve que el ocho está tapando al dos de espadas? Quiere decir
que no van a ir a Moscú.
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Natasha- (A Solioni.) Los bebés entienden todo. “Buen día –le digo-, Bobik… Buen
día, mi cielo.” Y él me mira de una manera especial… Usted cree que hablo así porque
soy su madre. Pero se lo aseguro, es una criatura brillante.
Vershinin- ¿Para mí? (Toma la carta.) Es de mi hija. Perdóneme, Masha, me voy sin
despedirme. ¡Siempre la misma historia!
Vershinin- Mi mujer trató de envenenarse otra vez. Quiero salir sin que nadie lo note.
Todo esto es tan desagradable. Mi querida… (Sale.)
Masha- ¡Déjame! Siempre encima mío, no la dejás a una en paz… Me tenés harta,
vieja. (Va con su taza hacia la mesa.)
Masha- (Revuelve las cartas sobre la mesa.) Ocupan toda la mesa con sus cartas. ¿Por
qué no se toman el té?
Masha- ¡Usted no sea metido! A su edad se porta como una criatura, siempre diciendo
pavadas.
Natasha- Il parait que mon Bobik deja ne dort pas5, se despertó. Hoy no lo tengo bien,
voy a verlo, perdonen. (Sale.)
Tusenbach- (Se dirige hacia Solioni.) Usted siempre solo, pensando nadie sabe bien en
qué. Hagamos las paces. Tomemos una copa.
Solioni- ¿Por qué hacer las paces con usted? No nos peleamos, que yo sepa.
Tusenbach- Usted siempre me provoca la sensación de que algo malo hubiera pasado
entre nosotros. No me va a negar que tiene un carácter raro.
Solioni- Soy raro, pero, ¿quién no lo es? Cuando estoy a solas con alguien soy como
todos, pero en sociedad soy apagado, tímido y digo toda clase de tonterías. Pero soy más
honrado y noble que muchos.
Tusenbach- A veces me enojo con usted, siempre me ataca cuando estamos con gente.
Sin embargo, usted me cae simpático. Pase lo que pase hoy me emborracho. Tomemos.
Solioni- Tomemos. Yo jamás tuve nada contra usted, barón. Pero tengo el carácter de
un poeta maldito… (Saca del bolsillo el frasco de perfume y se rocía las manos.)
Tusenbach- Pido el retiro. Durante cinco años lo pensé y por fin me decido. ¡Voy a
trabajar!
Chebutikin- Me acuerdo una vez que nos sirvieron una comida auténticamente
caucasiana: sopa de cebolla y después chejartmá, un plato de carne.
Chebutikin- No, ángel mío. El chejartmá no es una cebolla sino un estofado de cordero.
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Le ruego que me perdone, pero tiene usted unos modales algo ordinarios.
5
Parece que mi Bobik no duerme ya.
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Chebutikin- ¡Para qué voy a discutir con usted! Nunca estuvo en el Cáucaso ni comió
chejartmá.
Solioni- No lo comí porque no lo puedo soportar. Deja el mismo olor que el ajo.
Tusenbach canta y baila con Rode y Fedotik. Se suma Chebutikin. Luego Andrei.
Tusenbach- (Besa a Andrei.) Salud, Andrei. Vamos a tomar. Me voy con vos a Moscú,
a la universidad.
Solioni- En Moscú hay dos universidades. Hay dos: la nueva y la vieja. Pero si no
tienen ganas de escucharme, si mis palabras los irritan, puedo callarme. Hasta puedo
irme a otra habitación. (Sale.)
Natasha- (Entrando.) ¡Doctor! (Le dice algo y sale. Chebutikin le susurra algo a
Tusenbach.)
Andrei- Querida, Natasha dice que Bobik no está del todo bien, y por eso… yo no sé
nada, a mí me da lo mismo.
Masha- Nada: si nos echan tenemos que irnos. No es Bobik el que está enfermo, es ella.
¡De acá!... Burguesita.
Andrei sale. Chebutikin lo sigue.
Fedótik- Qué lástima. Y yo que esperaba pasar una noche divertida. Pero si el nene está
enfermo, claro… Mañana le voy a traer un juguete.
Rode- ¡Y yo que a propósito dormí una buena siesta porque creí que iba a bailar toda la
noche…! ¡Y no son más que las nueve!
Todos salen. Anfisa y un criado levantan la mesa. Se oye cantar a la niñera. Entran
silenciosamente Andrei, con abrigo, y Chebutikin.
Chebutikin- Sí, pero, ¿la soledad? Podés filosofar lo que quieras, pero la soledad es
una cosa espantosa, querido… aunque en el fondo, todo es absolutamente igual.
Chebutikin- Ah…
Andrei- Esta noche no voy a jugar. Sólo voy a mirar un poco. No me siento bien…
dígame, ¿qué puedo hacer contra los ahogos?
Otro campanillazo.
Irina- Deciles que no hay nadie en casa, Ayita, que nos disculpen.
Solioni- Recién me porté sin tacto. Pero usted no es como todos. Es pura, distingue la
verdad… sólo usted puede comprenderme. La amo, la amo profundamente…
Irina- Váyase.
Solioni- No puedo vivir sin usted. Esos ojos maravillosos, no los vi en ninguna otra
mujer…
Natasha- Sí, pero tiene un sueño intranquilo. A propósito, querida, hace días que quiero
decirte… pero vos no estás o yo no tengo tiempo… Me parece que la habitación de
Bobik es fría y húmeda. Y la tuya estaría muy bien para un chico. Querida, mudate por
un tiempo a la de Olga.
Irina- ¿Adónde?
Natasha- Por ahora junto con Olga en una habitación y la tuya para Bobik. ¡Es tan
lindo! Hoy le dije: “Bobik es mío, mío” y me mira con sus ojitos… (Suena la
campanilla.) Debe ser Olga, ¡qué tarde! (Un criado se le acerca y susurra al oído.)
¿Protopópov? ¡Qué gracioso! Vino Protopópov y me invita a dar un paseo. ¡Qué
extraños son los hombres!... Después de todo, irse a pasear por un rato… (Al criado.)
Decile que enseguida voy. (Sale.)
Kuliguin- ¿Masha también? ¿Adónde? ¿Y por qué está Protopópov? ¿A quién espera?
Olga- Recién termina la reunión de profesores. Estoy rendida. La directora está enferma
y yo la reemplazo ahora. ¡La cabeza, esta cabeza!... Andrei perdió ayer doscientos
rublos a las cartas… Toda la ciudad habla de eso.
Irina- Seguramente.
Olga- Esta cabeza, esta cabeza… Andrei perdió… toda la ciudad habla de eso. Voy a
acostarme. (Saliendo.) Mañana tengo libre, qué suerte, mañana, pasado también. Esta
cabeza…
La niñera canta.
6
¡Oh, falaz esperanza humana!
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Acto 3
Habitación de Olga e Irina. Las dos de la mañana pasadas. Verano. Sirenas. Masha
recostada.
Anfisa- (Entrando con Olga.) Ahora están sentadas las dos en la escalera. Yo les digo:
“Hagan el bien de entrar, no pueden quedarse así”. Y lloran. “No sabemos dónde está
papito –dicen- ¡qué Dios no quiera que se haya quemado!”. Y en el patio hay otros,
también sin ropa.
Olga- Tomá este gris. Y éste. La blusa también… Y esta pollera, ayita… ¡Qué
desgracia, Dios mío! Parece que ardió un barrio entero… Tomá esto, y esto. (Le va
echando los vestidos en las manos.) Los pobres Vershinin se asustaron. Por poco se les
quema la casa. Que se queden a dormir con nosotros.
Anfisa- Vas a tener que llamar a Ferapont, Olga. Yo sola no voy a poder con todo.
Olga- (Llama con una campanilla.) Es inútil llamar. ¿Hay alguien ahí? ¡Que venga!..
¡Qué horror! Ya estoy harta… (Entra Ferapont.) Tomá, lleva esto. Al pie de la escalera
están las señoritas Kolotílini; dáselo a ellas.
Ferapont- A sus órdenes. En el año 1812 también ardió Moscú. ¡Dios y Señor mío! Los
franceses se sorprendieron ante el incendio.
Olga- Estoy cansada, apenas me tengo en pie… Las chicas de Vershinin pueden
acostarse en la sala, y el padre, en el cuarto del barón. El doctor, como a propósito, está
terriblemente borracho, no se puede poner a nadie con él. La mujer de Vershinin
también en la sala.
Anfisa- Hija mía, yo me preocupo, trabajo… Pero cuando ya no pueda más, todos me
van a decir: ¡Fuera! ¿Y adónde voy a ir? ¿Adónde? Ochenta años. Ochenta y uno
cumplidos…
Olga- Estás cansada, pobre. Quedate sentada. Descansá. ¡Qué pálida estás!
Natasha- (Entrando.) Se dice que van a organizar cuanto antes una sociedad de ayuda a
los damnificados. Me parece una excelente idea. A la gente pobre hay que ayudarla, es
un deber de los ricos. Bobik y Sophie duermen como si no pasara nada. Nuestra casa
está llena de gente, por todas partes se tropieza una con alguien. Y la cosa es que ahora
hay gripe, yo tengo miedo de que los chicos se me contagien.
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Natasha- Acá no sirve para nada. Es una campesina; que viva en el campo, entonces…
¡Cuántas contemplaciones! En la casa me gusta el orden. No debe haber gente de más…
Qué cansada estás. Nuestra directora está cansada. Cuando mi Sophie crezca y vaya al
liceo, te voy a tener un miedo…
Olga- No voy a aceptar, no puedo. No tengo fuerzas para eso. (Bebe agua.) Acabas de
portarte tan groseramente con Anfisa… Perdoname, no puedo soportarlo. Se me nubló
la vista.
Olga- Entendelo, querida… Nosotras estamos educadas quizá de un modo extraño, pero
yo no soporto estas cosas. Un trato semejante me deprime, me enferma.
Olga- Cualquier grosería, hasta la más mínima, una palabra poco delicada, me turba…
Natasha- Es cierto: a veces digo cosas que no hay que decir, pero tendrás que reconocer
que ella debería vivir en el campo.
Natasha- ¿Cómo que esté sentada? Si es una sirvienta. No te entiendo, Olga. Tengo
niñera, nodriza, mucama, cocinera. ¿Para qué necesitamos además a esta vieja? ¿Para
que?
Natasha- Tenemos que ponernos de acuerdo. Tu lugar es la escuela, el mío, la casa. Por
eso, cuando digo algo sobre los sirvientes, sé lo que digo. Sé-lo-que-di-go… ¡Y que
mañana mismo no esté más esa vieja ladrona, esa vieja bruja! Y no me irrites, no me
irrites. Te lo digo en serio. De veras, si no te mudas abajo nos vamos a pelear siempre.
Es horrible. (Sale.)
Kuliguin- (Entrando.) ¿Dónde está Masha? Es hora de ir a casa. Dicen que el incendio
ya está dominado. Estoy exhausto, Olga, querida…A veces pienso que si no hubiera
sido con Masha, me habría casado con vos. Sos muy buena... (Escucha.)
Olga- ¿Qué?
Vershinin- Si no fuera por los soldados se habría quemado toda la ciudad. Muchachos
bravos. Valen oro.
Irina- Todos están en la sala, nadie se va. Ese Solioni también está ahí. Doctor, usted
debería ir a dormir.
Kuliguin- ¡Qué forma de empinar el codo, doctor! In vino veritas7, decían los antiguos.
7
En el vino está la verdad.
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Vershinin- Sí… ¡Qué extraño es todo esto!... Cuando comenzó el incendio corrí a casa.
Llegué y vi que estaba intacta, fuera de peligro. Pero mis dos hijas en la puerta, en ropa
interior; la madre no estaba, la calle roja de fuego, la gente corría, los caballos y los
perros huían. Y las caras de las chicas expresaban horror, súplica, no sé qué… Se me
encogió el corazón. Dios mío, pensé, lo que tendrán que soportar estas chicas en su
vida. Las alzo, corro, pero sigo pensando: lo que tendrán que soportar todavía en este
mundo… y recuerdo años atrás cuando el enemigo nos invadía, nos saqueaba, nos
incendiaba, ¿qué diferencia entre esto y aquello? (Entra Masha con la almohada y se
sienta.) Pero pasará un poco más de tiempo, doscientos o trescientos años y todo lo
actual parecerá raro, tosco, pesado… Qué vida será esa, qué vida. Perdonen, otra vez me
metí a filosofar. Hoy tengo un estado de ánimo especial… me siento con unas ganas
bárbaras de vivir. (Canta.)
Masha- Tran-tan-tan.
Vershinin- Tan-tan.
Masha- ¿Tran-tan-tan?
Vershinin- Tran-tan-tan.
Fedótik- (Entra bailando.) ¡Todo lo mío hecho cenizas, todo lo mío hecho cenizas!
Todo, hasta lo último.
Irina- ¿Todo?
Entra Solioni.
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Solioni- Dicen que se está apagando. Pero no, de veras, me extraña, ¿por qué al barón se
le permite y a mí no?
Vershinin- Tran-tan-tan.
Masha- Tran-tan.
Solioni- Muy bien. Pero tomo nota. Este asunto se podría aclarar mejor, pero temo a los
gansos enojar. (Mirando a Tusenbach.) Pío, pío, pío… (Sale con Vershinin y Fedotik.)
Kuliguin- ¿Eh?
Kuliguin- Es extraordinario. Hace siete años que nos casamos y parece que fue ayer.
¡Estoy contento, contento, contento!
Kuliguin- No te atormentes. ¡Dejalo! Andrei está lleno de deudas. Y bueno, allá él…
Masha- A mí no me hace falta nada, pero la injusticia me subleva. ¿Por qué no te vas?
Kuliguin- Estás agotada: descansá media hora. Yo me siento por ahí y te espero.
(Saliendo.) Estoy contento, contento.
Irina- Sí, es cierto. ¡Cómo se acható nuestro Andrei, cómo se volvió viejo y estéril al
lado de esa mujer! Antes se preparaba para la universidad y hoy se jacta de haber
llegado a ser funcionario del Consejo Provincial. Él, funcionario, y Protopópov el
presidente. Toda la ciudad habla y se ríe y sólo él no sabe ni ve nada… Y miren, todos
corrieron al incendio pero él se queda en su habitación y ni se preocupa. Toca el violín.
Es horrible, horrible. No puedo, no puedo soportar más, no puedo… (Entra Olga.)
Échenme, échenme de acá, no puedo más.
Irina- ¿Dónde se fue todo? ¿Dónde está? ¡Dios! Lo olvidé todo. Todo se me confunde
en la cabeza… No recuerdo cómo se dice ventana en italiano, ni techo. Cada día olvido
algo más y la vida se va y no vuelve nunca. Jamás nos vamos a ir a Moscú, jamás.
Irina- Soy tan desgraciada… No puedo trabajar, no voy a trabajar. Basta. Fui
telegrafista, ahora trabajo en la Municipalidad y detesto y desprecio todos los trabajos
que me dan… Hace tiempo que estoy trabajando y mi cerebro se secó. Estoy más
delgada, más fea, más vieja y no tengo nada, nada, ninguna satisfacción. El tiempo pasa
y siento que me alejo de la vida verdadera, cada vez más, hacia no sé que abismo. Estoy
desesperada. No entiendo como sigo viviendo, como no me maté ya…
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Cuanto tengo, lo llevo conmigo.
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Olga- Te hablo como hermana, como amiga. Si querés mi consejo, casate con el barón.
Te inspira respeto, aprecio… Es verdad, es feo, pero es tan decente, tan puro… Una se
casa, no por amor, sino para cumplir su deber. Así pienso yo, y me casaría sin amor.
Con cualquiera que me lo pidiera, con tal de que fuese un hombre decente. Hasta me
casaría con un viejo…
Olga- No seas tonta, Masha. La más tonta de nuestra familia. Perdoná que lo diga.
Masha- Quiero confesarme, hermanas. Tengo una angustia muy grande en el alma. Se
lo voy a decir a ustedes y después a nadie más, nunca. Lo digo ahora mismo. Es mi
secreto, pero tienen que saberlo… No puedo callarme… Lo amo, amo a ese hombre…
Quiero a Vershinin.
Olga- (Se mete detrás del trasto.) Basta con eso. No te escucho.
Masha- ¿Qué voy a hacer? Primero me pareció raro, después le tuve compasión…
después empecé a quererlo… a querer su voz, sus palabras, sus desgracias, sus dos
hijas…
Masha- Sos tonta, Olga. Este es mi destino… Y él también me quiere. Todo esto da
miedo. No está bien, ¿verdad? (A Irina.) Querida, ¿cómo vamos a seguir con nuestras
vidas, qué será de nosotras? Cuando una lee una novela le parece que todo es muy claro
muy sabido. Pero cuando es una misma la que ama, se da cuenta de que nadie
comprende nada, que cada una tiene que decidir por sí misma. Queridas mías,
hermanas, ya les confesé todo. Desde ahora en adelante, me callo. Como el loco del
cuento de Gógol: “Silencio… silencio”.
Ferapont- Los bomberos, su Excelencia, piden permiso para pasar por el jardín hasta el
río. Si no, tienen que dar toda la vuelta con los baldes, y es un castigo.
Andrei- Está bien, que pasen, está bien. Estoy harto… ¿Dónde está Olga? Vengo a
verte para que me des la llave del armario. Perdí la mía.
Andrei- ¡Qué incendio enorme! Ya comienza a calmarse. ¿Por qué diablos me enojé
con Ferapont? Le dije una estupidez: su Excelencia. ¿Por qué estás tan callada, Olga?
Ya es tiempo de dejar de andar ofuscada, sin motivo. Masha está aquí, Irina también.
Bien, vamos a aclarar las cosas de una vez por todas. ¿Qué es lo que tienen ustedes
contra mí? ¿Qué?
Olga- Ahora no, Andrei. Mañana lo aclaramos… ¡Qué noche más torturante!
Andrei- No te pongas nerviosa. Se los pregunto con toda calma: ¿qué es lo que tienen
contra mí? Hablen con franqueza.
Masha- Tra-ta-ta. Buenas noches, Olga. Que descanses. (A Irina.) Dormí tranquila…
Andrei, estamos cansadas. Mañana lo aclaramos… (Se va.)
Olga- Sí, Andrei, dejémoslo para mañana… (Va detrás del trasto.) Hay que dormir.
Andrei- Lo digo y me voy. En primer lugar, ustedes tienen algo contra mi mujer, lo
vengo notando desde el mismo día de mi casamiento. Natasha es una persona excelente,
recta y decente. Ésta es mi opinión. Yo quiero y respeto a mi mujer, ¿entienden? Y exijo
que los demás también la respeten. Repito: es una persona recta y decente. Y todos esos
disgustos de ustedes, perdonen, no son más que caprichos. Segundo: parecen estar
enojadas porque no soy profesor y abandoné los estudios. Pero soy funcionario del
Consejo Provincial, y este servicio lo considero tan elevado como servir a la ciencia.
Tercero… tengo algo más que decirles. Hipotequé la casa sin pedirles permiso. Hice
mal, lo sé, y les pido que me perdonen. Me obligaron las deudas. Ya no juego más, hace
tiempo. Pero lo único que puedo decir para justificarme es que ustedes son mujeres
solteras y reciben la pensión de papá, mientras que yo no tenía… ingresos, por así decir.
Kuliguin- (Atravesando la escena.)¿Pero Masha no está acá? ¡Qué cosa más rara!
Irina- (Saliendo del trasto, está en camisón.) ¡Olga! ¿Quién hace ese ruido?
Irina- ¡Qué noche más intranquila! ¡Olga! ¿Oíste lo que dijeron? Trasladan la brigada,
la mandan lejos, no sé dónde.
Olga- ¿Qué?
Irina- Sí, yo respeto al barón, y lo aprecio mucho. Es un hombre excelente. Está bien:
me voy a casar con él. Pero, ¡vámonos a Moscú! Te lo suplico, vámonos. ¡No hay en el
mundo nada mejor que Moscú! ¡Vámonos, Olga, vámonos!
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Acto 4
Jardín de la casa de los Prózorov. Mediodía. Otoño.
Fedótik- Hasta pronto, no. Adiós. No nos vamos a ver nunca más.
Fedótik- ¿Dentro de diez o quince años? Ni nos vamos a reconocer. Apenas nos vamos
a saludar fríamente… Un momento. (Saca una foto.) La última.
Tusenbach- Dios quiera que nos volvamos a ver. Y escriban, escriban sin falta.
Fedótik- Nos queda menos de una hora. De nuestra batería, sólo Solioni se va en la
balsa. Nosotros vamos con la tropa. Hoy parten tres baterías. Mañana otras tres.
Kuliguin- En el jardín.
Fedótik- (A Kuliguin.) Esto es para usted, de recuerdo… una libretita con su lápiz…
Vamos por acá hacia el río…
Van alejándose.
Rode- ¡Adiós!
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Kuliguin- ¡Adiós!
Irina- Se fueron.
Chebutikin- Yo también me olvidé. Pero pronto los voy a ver… si yo me voy mañana.
Dentro de un año, cuando pase a retiro, voy a volver acá a vivir el resto de mis días.
Voy a vivir con ustedes y a cambiar mi vida radicalmente. Me voy a volver muy
tranquilito y muy decentito.
Kuliguin- Qué se le va a hacer. Es modus vivendi. Nuestro director anda sin bigotes y
yo, cuando me nombraron inspector, también me los afeité. A nadie le gusta, pero a mí
me da lo mismo. Con o sin bigotes estoy contento…
Por el fondo pasa Andrei con un cochecito donde duerme una criatura.
Irina- Doctor, usted estaba ayer en el bulevar, dígame, ¿qué fue lo que pasó?
Kuliguin- Parece que Solioni y el barón se encontraron ayer en el bulevar cerca del
teatro…
Kuliguin- Dicen que Solioni está enamorado de Irina, y que por eso odia al barón… es
comprensible. Irina es una muchacha muy buena. Hasta se parece a Masha…
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Irina- Todo me asusta hoy, no sé por qué. Ya tengo todo listo. Después del almuerzo
voy a despachar mi equipaje. El barón y yo nos casamos mañana y salimos para la
fábrica de ladrillos. Y pasado mañana ya voy a estar trabajando en la escuela. Vida
nueva. El otro día, lloré de alegría cuando aprobé el último examen de maestra…
Chebutikin- Tesoro mío… Qué lejos llegó. No hay manera de alcanzarla. Me quedé
atrás, como un pájaro envejecido. Pero vuelen ustedes, vuelen… Y usted hace mal en
afeitarse el bigote.
Kuliguin- ¡Termine con eso! Hoy se van los militares y todo va a ser como antes. Digan
lo que digan, Masha es una buena mujer, y honrada. Yo la quiero mucho y agradezco mi
destino. Tuve suerte en la vida, soy feliz, hasta gané la medalla honorífica de segundo
grado. Claro, soy inteligente. Más inteligente que muchos otros, pero la felicidad no está
en eso…
Irina- Mañana ya no tendré que escuchar esa música ni encontrarme con Protopópov.
Ya está sentado ahí, en el salón. Como todos los días. Hoy también vino.
Irina- Ya la mandamos llamar. ¡Qué difícil fue vivir sin Olga! Desde que se mudó al
liceo, yo sola, aburrida, sin nada que hacer; odio la habitación en que vivo. Por eso me
dije: si no es mi destino vivir en Moscú, que así sea. El barón pidió mi mano, y qué voy
a hacer… lo pensé y me decidí: el barón es una persona buena… Y de pronto me
pareció que a mí alma le crecían alas, me sentí más alegre y de nuevo me dieron ganas
de trabajar… Pero eso que pasó ayer…
Chebutikin- Pavadas.
Chebutikin- ¿Y qué?
Chebutikin- Mucho.
Masha- ¿“El mío” está aquí? Nuestra cocinera llamaba así a su soldado. ¿“El mío” está
aquí?
Chebutikin- No sé, tal vez vuelva dentro de un año. Pero quién sabe… De todos
modos, ¿qué más da?
Andrei- La ciudad va a quedar desierta… ¿Qué pasó ayer cerca del teatro? Todos
hablan de eso y yo no sé nada.
Chebutikin- Nada. Solioni se puso a provocar al barón hasta que éste perdió la
paciencia y lo insultó. Y Solioni lo retó a duelo. Parece que ya es la hora, a las doce y
media, en el bosquecito, del otro lado del río, pum-pum. Ya es su tercer duelo.
Chebutikin- De Solioni.
Masha- Todo se me confunde en la cabeza… No hay que permitir ese duelo. Solioni
puede herir al barón, o matarlo.
Chebutikin- El barón es un buen hombre, pero un barón más, un barón menos, ¿qué
más da? Déjenlos, da lo mismo.
Andrei- Yo creo que tanto participar en un duelo como asistir a él, aunque sea en
calidad de médico, es sencillamente inmoral.
Masha- Y así todo el día hablan, hablan… (Va saliendo.) No voy a entrar en la casa, no
puedo entrar… Cuando venga Vershinin, avísenme… Ya vuelan las aves de paso. ¿Son
cisnes o gansos? Dichosos…
Andrei- Qué vacía va a quedar la casa. Se van los oficiales, se va usted. Irina se casa y
yo me quedo solo.
Chebutikin- ¿Y tu mujer?
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Andrei- Mi mujer es como es. Honrada, decente; pero tiene algo que la rebaja hasta
hacerla un animal mezquino, ciego, áspero… En todo caso, ya no es un ser humano. Yo
quiero a Natasha, pero a veces me parece asombrosamente vulgar, y me siento
desconcertado, no entiendo por qué la quiero tanto o, por lo menos, por qué la quise
tanto…
Chebutikin- Yo me voy mañana, tal vez no volvamos a vernos nunca más. Voy a darte
un consejo: tendrías que ponerte un sombrero, agarrar el bastón, salir de acá y caminar,
caminar y caminar sin darte vuelta. Y cuanto más lejos, mejor.
Chebutikin- Ya voy. ¡Estoy harto de todos ustedes! Si alguien pregunta por mí,
enseguida vuelvo.
Solioni- “Apenas pudo decir ¡Oh!, y el oso se le abalanzó”. ¿Cómo anda la salud?
Solioni- Tranquilo, amigo. Lo voy a matar como una perdiz. (Se perfuma las manos.)
Hoy ya vacié un frasco entero pero siguen oliendo. Huelen a cadáver. ¿Recuerda este
verso? “Y él, rebelde, busca la tormenta, como si en la tormenta encontrara reposo…”9
Chebutikin- “Apenas pudo decir ¡Oh¡ y el oso se le abalanzó”. (Sale con Solioni)
Kuliguin- ¡Masha!
9
Del poema de Lérmontov “La vela”.
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Irina- No es cierto. ¿Por qué estás tan distraído? ¿Qué pasó ayer cerca del teatro?
Tusenbach- Dentro de una hora voy a estar de vuelta acá, a tu lado. Mi amor… Ya van
cinco años que te quiero y cada día te encuentro más hermosa. Mañana te llevo
conmigo, vamos a trabajar, a ser ricos y vas a ser feliz. Pero hay una cosa… una sola
cosa: no me querés.
Irina- Eso no está en mis manos. Voy a ser tu mujer, fiel, leal. Pero amor no hay. ¿Qué
puedo hacer? No amé nunca en mi vida. ¡Soñé tanto con el amor! Sueño desde hace
tiempo, día y noche; pero mi alma es un piano cerrado, del que se perdió la llave. Tenés
la mirada inquieta.
Tusenbach- No dormí en toda la noche. No hay nada en mi vida que pueda asustarme.
Sólo esa llave perdida destroza mi alma, no me deja dormir. Decime algo… decime
algo.
Tusenbach- Algo.
Tusenbach- Qué tonterías cobran de pronto un gran significado en la vida. Uno sigue
considerándolas una insignificancia, pero se deja llevar por ellas y no puede detenerse.
No hablemos de eso. Estoy alegre. Es como si viera por primera vez esos abetos, esos
arces, esos abedules… y que todo me mira con curiosidad, como esperando algo. Tengo
que irme, ya es hora. Ese árbol está seco y, sin embargo, se mece con el viento, como
los demás. Me parece que yo también, si muero, voy a seguir participando de la vida, de
alguna forma. Adiós, querida… Los papeles que me diste están sobre mi escritorio,
debajo del calendario.
Irina- ¿Qué?
Ferapont- Los expedientes no son míos, sino del Estado. Yo no los inventé.
Andrei- ¿Dónde está, dónde se fue mi pasado? Yo era joven, alegre, inteligente, soñaba
y mi futuro estaba iluminado… ¿Por qué apenas comenzamos a vivir nos volvemos
grises, perezosos, indiferentes, inútiles? En esta ciudad no hacen más que comer, beber,
dormir y después, morirse. Y nacen otros que también comen, beben y duermen. Y las
mujeres engañan a sus maridos y los maridos mienten, fingen no ver nada, y su
influencia vulgar aplasta a los hijos y se convierten en miserables, como sus padres y
sus madres, en cadáveres parecidos los unos a los otros... ¿Qué pasa?
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Ferapont- Contaban hace un rato que en San Petersburgo, este invierno, el frío llegó a
doscientos grados bajo cero.
Ferapont- Dicen que murieron de frío dos mil personas, que el pueblo estaba
horrorizado. En San Petersburgo o en Moscú, no me acuerdo.
Andrei- Está bien. Voy a revisarlos y a firmar lo que haya que firmar.
Andrei entra en la casa leyendo los documentos. Ferapont lleva el cochecito hacia el
fondo.
La voz de Natasha- Bobik, y ésta, ¿quién es? Es la tía Olga, decile a la tía: Buen día,
Olga. ¿Y cómo se llama mamá? Mi amor, mi amor…
Anfisa- ¡Irina, hijita! Mi tesoro, si vieras qué bien vivo ahora, qué bien vivo con Olga,
en el liceo. En un departamento, gratis. Es un regalo que me quiso hacer el Señor en la
vejez de mi vida. Desde que nací, pecadora, nunca viví de este modo. El departamento
es grande y yo tengo para mí una pieza entera. Y una camita para mí sola. Me despierto
de noche y pienso: “Señor y Virgen santa: no hay un ser más feliz que yo”.
Vershinin- Ya partimos, es hora de que me vaya, Olga. Mis mejores deseos, los
mejores. ¿Dónde está Masha?
Vershinin- Todo tiene su fin. También nosotros tenemos que separarnos. La ciudad nos
despidió con un banquete, pero mi corazón estaba acá, con ustedes. Me acostumbré
tanto a ustedes…
Vershinin- Seguramente no. Mi mujer y las dos chicas van a vivir aquí dos meses más.
Por favor, si ocurre algo, si llegan a necesitar…
Olga- Sí, quédese tranquilo. Mañana todo se va a convertir en recuerdos. Y claro, para
usted empezará una nueva vida. Todo sucede al revés de cómo lo deseamos. Yo no
quería ser directora y me hice directora. Eso quiere decir que no voy a ir a Moscú…
Vershinin- Gracias por todo. Perdóneme si en algo no estuve bien. Hablé mucho,
demasiado. Perdónemelo también. No me recuerde mal.
Vershinin- ¿Qué más decirle como despedida? Es dura la vida. A muchos de nosotros
nos parece sórdida, desesperante y, sin embargo, debemos reconocer que ella se hace
cada vez más clara y más ligera. Quizás no esté lejos el tiempo en que sea luminosa del
todo…. Es hora, es hora. La humanidad antes estaba ocupada en guerras, invasiones,
campañas, victorias, ahora eso acabó y dejó un vacío difícil de llenar. La humanidad
busca ardorosamente y lo va a encontrar algún día. ¡Ojala sea pronto!... Ya es hora.
Entra Masha.
Kuliguin- (Que había entrado antes.) No es nada. Que llore un poco, que llore…
Masha, mi buena… mi buena Masha. Es mi mujer y yo soy feliz, pase lo que pase… No
me quejo, no te hago reproches. Olga es testigo. Empecemos a vivir otra vez como antes
y no voy a decirte una sola palabra…
Masha- “Un roble verde a la orilla del mar. A una cadena de oro preso… a una cadena
de oro preso…” Me estoy volviendo loca.
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Masha- “Un roble verde a la orilla del mar. A una cadena de oro preso… un gato
verde… un roble verde…” Me confundo. Vida fracasada. Ya no necesito nada más…
Ya me calmo… Da lo mismo. ¿A la orilla del mar? ¿Por qué tengo esta frase en la
cabeza? Las ideas se me confunden.
Entra Irina.
Masha- No, allá no voy. En esta casa no entro. No voy a entrar más.
Kuliguin- Ayer le quité esto a un chico de tercer grado… (Se pone una barba y bigotes
postizos.) Me parezco al profesor de alemán, ¿no es cierto? Qué divertidos son estos
chicos…
Natasha- (Entrando con un criado.) ¿Qué? Con Sophie se queda Protopópov y a Bobik
que lo pasee Andrei. ¡Cuánto trabajo dan estos chicos! (A Irina.) Irina, te vas mañana.
¡Qué lástima!… (Al ver a Kuliguin da un grito.) ¡Qué hombre! Me asustó. (A Irina.) Me
había encariñado con vos. No me va a ser fácil esta separación. Voy a hacer mudar a
Andrei con su violín a tu pieza. ¡Qué serruche ahí! Y en la suya pondremos a Sophie. Es
una criatura maravillosa, divina. Hoy me miro con sus ojitos y me dijo: “Mamá”.
Natasha- Entonces, desde mañana, voy a estar sola acá. Lo primero que voy a hacer es
mandar que talen esos dos caminos de abetos. Después ese arce seco… es tan feo,
sobretodo de noche. (A Irina.) Querida, ese cinturón no te queda nada bien. Es de muy
mal gusto… Y acá voy a mandar hacer canteros con muchas flores, todo flores, para que
den olor. ¿Qué hace acá un tenedor tirado?... (Al criado.) Pregunté por qué hay un
tenedor tirado… ¡Silencio! (Salen.)
Kuliguin- Ya empezó.
Olga- Se van.
Entra Chebutikin.
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Masha- Se van los nuestros. Feliz viaje. Hay que volver a casa…
Chebutikin- ¡Olga!
Olga- ¿Qué?
Chebutikin- Sí… qué historia… Estoy agotado, torturado. No quiero hablar más…
pero qué importa…
Masha- ¡Cómo suena la música! Se alejan de nosotras. Uno ya se fue del todo, para
siempre. Nos quedamos solas para comenzar nuestra vida de nuevo. Hay que vivir, hay
que vivir…
Irina- Va a llegar el día en que todos comprendan para qué es todo esto, para qué estos
sufrimientos. No habrá más misterios. Pero mientras tanto hay que vivir, hay que
trabajar. Mañana me voy sola, a enseñar en la escuela, a dar mi vida a los que tal vez la
necesiten. Estamos en otoño, pronto llega el invierno, todo se cubre de nieve, y yo voy a
trabajar, a trabajar…
Olga- La música suena tan alegre… que siento ganas de vivir. ¡Dios mío! El tiempo va
a pasar y nosotras vamos a irnos para siempre, y nos van a olvidar: nuestros rostros,
nuestras voces y cuántas éramos, pero nuestros sufrimientos se transformarán en alegría
para los que vivan después de nosotras; la dicha y la paz reinarán sobre la tierra y habrá
una buena palabra de recuerdo para los que viven ahora. ¡Queridas hermanas, nuestra
vida todavía no está terminada! Vivamos. La música suena con tanta, tanta alegría, que
parece que pronto vamos a saber para qué estamos viviendo, para qué sufrimos. ¡Si
supiéramos, si supiéramos!
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Kuliguin entra trayendo el sombrero. Andrei empuja el cochecito dentro del cual está
Bobik.
Fin