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Tema 24. La Península Ibérica Hasta La Dominación Romana

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TEMA 24. LA PENÍNSULA IBÉRICA HASTA LA DOMINACIÓN ROMANA.

- Introducción

- Paleolítico
o Paleolítico Inferior
o Paleolítco Medio
o Paleolítico Superior

- Mesolítico o Epipaleolítico

- Neolítico

- Edad de los Metales


o Calcolítico
o Edad del Bronce
o Edad del Hierro

- Pueblo prerromanos
o Tartessos
o Iberos
o Celtas

- Colonizaciones
o Fenicios
o Griegos
o Cartagineses

- Dominación romana

- Conclusión

- Bibliografía

1.- INTRODUCCIÓN

El periodo cronológico que vamos a abarcar supera el millón de años, desde la llegada de los primeros homínidos, hasta la finalización

de las guerras astur-cántabras en el 19 a.C.

Las principales fuentes de información son la arqueología y las fuentes indirectas redactadas en fechas posteriores a los hechos

(principalmente griegas y romanas, ya que no hemos descifrado aún el ibérico). A lo largo de este tiempo, la Península no tiene una

evolución homogénea, solamente después de la conquista romana se observará en nuestra tierra una mayor cohesión política,

económica, social y cultural.

Antes de comenzar el desarrollo del tema tenemos que señalar que a nivel curricular los contenidos de este tema se desarrollarán en

1ºESO en la asignatura de Geografía e Historia y en 2º Bachillerato en la asignatura de Historia de España, como marca el Decreto

98/2016, de 5 de julio.

2.-. EL PALEOLÍTICO.

2.1. PALEOLÍTICO INFERIOR

En la Península Ibérica la presencia humana más antigua está confirmada por Arsuaga en Atapuerca, concretamente en la Sima del

Elefante, donde en 2008 se encontraron restos con una antigüedad de 1,2 millones de años. Le siguen en antigüedad los hallazgos

producidos en 1994, cuando aparecieron en el TD6 de Gran Dolina, 36 fragmentos óseos pertenecientes, al menos, a seis individuos

distintos, que fueron datados en una antigüedad aproximada de 780.000 años. Además, presentaban unos rasgos morfológicos

novedosos que llevaron a la conclusión de que se trataba de un nuevo tipo humano: Homo antecessor. Los arqueólogos concluyeron que

la nueva especie nació en África, fruto de una evolución del Homo ergaster, y de allí llegó a Europa hace, aproximadamente, un millón y

medio de años. Sería, por tanto, el origen de dos ramas paralelas: el Homo neandertal y el Homo sapiens. De ahí su nombre antecessor.

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La cultura material de estas sociedades cazadoras-recolectoras del Paleolítico Inferior (250.000 – 125.000 a.C.), inicialmente está

representada por la cultura de los guijarros, cantos que se golpeaban para conseguir un filo cortante. La industria de los cantos tallados

evoluciona hacia la producción de útiles tallados por las dos caras o bifaces, conocida como cultura Achelense. Ejemplos de ellos han sido

encontrados en los yacimientos de Torralba y Ambrona, un cazadero de elefantes en la provincia de Soria, con una datación desde el

500.000 a.C.

2.2. PALEOLÍTICO MEDIO

Respecto al proceso de hominización el Paleolítico medio (125.000-35.000 a.C.) se asocia en Europa con los neandertales, del que se han

encontrado restos desde Gibraltar a los Pirineos. Tradicionalmente se ha considerado a los neandertales como una evolución del Homo

erectus, pero los descubrimientos de Atapuerca le han colocado como descendiente del Homo antecessor, con un paso intermedio: el

Homo heidelbergensis.

Su cultura material, conocida como Musteriense se caracterizaba por una mayor diversidad y especialización de los utensilios, como los

raspadores, raederas y buriles, así como el desarrollo de nuevas técnicas de talla (técnica Levallois de útiles sobre lasca). Parecen haber

desarrollado creencias de tipo espiritual plasmadas en enterramientos, como el de Cueva Morín (Santander). Los yacimientos más
importantes de esta época son Carigüela y Zafarraya en Granada, y Atapuerca en Burgos.

La Península Ibérica cuenta con numerosos restos pertenecientes al Paleolítico medio. Destacan los dos cráneos de Gibraltar y los restos

de La Carihuela (Granada), la mandíbula de Bañolas (Gerona), y el parietal de la Cova Negra (Játiva). Por los restos encontrados en sepulturas, se
infiere que los hombres de Neanderthal practicaban ritos relacionados con creencias de ultratumba.

Se cree que los Neandertales fueron los primeros creadores de arte. Se han encontrado manifestaciones artísticas en La Pasiega, Ardales

o Maltravieso. Las pinturas de Maltravieso tienen 68.000 a.C., 20.000 años a.C. de la llegada del homo sapiens a Europa (Hoffman, 2018).

2.3. PALEOLÍTICO SUPERIOR

Durante el Paleolítico superior (35.000-9.000 a.C.), con la llegada a Europa hace aproximadamente 40.000 años del Homo sapiens se

produjo la extinción de los Neandertales, hecho acaecido según estimaciones cronológicas hace unos 15.000 años, lo que muestra que

durante algún tiempo se produjo la convivencia entre el homo sapiens y el neandertal.

El número de yacimientos del Homo sapiens es muy abundante lo que indica un aumento de la población debido, probablemente, a una

dieta más diversificada que incluía además de la caza y la recolección, la pesca y el marisqueo. Se constituían en grupos nómadas que

ocupaban alternativamente zonas de caza con asentamientos estacionales junto a ríos y cuevas.

La industria lítica experimenta un proceso de mejora en las técnicas de fabricación, se diversifican los útiles y comienzan a utilizarse

materiales distintos a la piedra, como el marfil y el hueso.


- Auriñaciense: Pirineos y Cantabria e irían avanzando hacia el sur.
- Gravetiense: costas levantina y cantábrica.
- Solutrense: perfección en el tallado de la piedra (hojas de laurel y placas decoradas).
- Magdaleniese: Cantabria. Importancia del hueso.

Durante el Paleolítico Superior, en la Península Ibérica, destaca el hábitat, aunque ya son seminómadas, en cuevas, en las que se han

encontrado, además de abundante material, manifestaciones artísticas que se encuadran en la última fase del Paleolítico Superior, el

Magdaleniense. Destacan las pinturas de las cuevas de El Castillo, Tito Bustillo y Altamira. Las imágenes aparecen en lugares recónditos

representando animales de especies diferentes (caballos, bisontes y ciervos), sin componer escenas. La representación es naturalista,

casi siempre en colores rojo y negro, aprovechando los entrantes y salientes de techos y paredes para dotar de volumen a las figuras.

Existen diferentes teorías para explicar el significado de estas obras, pero la más difundida es la que considera estas obras como parte de

un ritual mágico para propiciar la caza de los animales representados.

3.- EL MESOLÍTICO O EPIPALEOLÍTICO.

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El período de transición del Paleolítico al Neolítico recibe el nombre de Mesolítico o Epipaleolítico (9.000-6.000 a.C.). Desde el punto de

vista económico este período se caracteriza por la decadencia de la caza, como consecuencia del cambio climático, que trajo consigo la

retirada de los hielos en la Península Ibérica. Este cambio propició que el hombre tuviera que alimentarse de animales más pequeños.

Surge una nueva tipología lítica caracterizada por su pequeño tamaño, de ahí que se hable de microlitización, con el fin de adaptarse a

los nuevos recursos disponibles: caza menor, pesca…

Se trata de una cultura a medio camino entre una economía depredadora y una economía productiva. El hombre del mesolítico se hizo

sedentario allí donde había recursos suficientes para vivir. Un ejemplo de ello serían los pueblos concheros de las costas peninsulares

como lo del Muje (Portugal)

El arte mesolítico es, quizás, la manifestación más interesante de este período. En la Península Ibérica es relevante el arte rupestre

levantino, localizado tanto en abrigos rocosos como al aire libre. La fauna representada es distinta a la que encontramos en las pinturas

franco-cantábricas (ciervos, jabalíes, etc.) lo que denota el cambio climático registrado en la Península. Las figuras antropomorfas son

esquematizadas y monocromas. Las manifestaciones artísticas del mesolítico se extienden desde Cogull, en Lérida, hasta Albacete, con

ejemplos en Alpera y Minateda.

4.- EL NEOLÍTICO.

El Neolítico surge con el paso de una economía depredadora a una productora, basada en la agricultura y la domesticación de animales

y con ellas la tendencia a la sedentarización. Este proceso, denominado Revolución neolítica por Gordon Childe, se origina en Próximo

Oriente y desde allí se extiende por el Mediterráneo, llegando a la Península Ibérica hacia el 5.000 a.C., según la teoría difusionista de

Ammerman y Caballi Sforza, y durando hasta el 2.500 a.C.

Dentro del Neolítico se pueden distinguir varias etapas:


● Un neolítico antiguo caracterizado por la presencia generalizada de yacimientos de cerámicas decoradas con impresiones

«cardiales», decorada con la incisión de la concha del cardium. Los yacimientos más antiguos de neolítico «cardial» aparecen en el área de

Valencia y Alicante: cueva de l’Or y la Sarsa.


● Posteriormente, una segunda fase neolítica se ha detectado en Cataluña y norte de Castellón. Es posible que este segundo

neolítico llegase a través de los Pirineos. Su rasgo más característico es la existencia de necrópolis próximas a los poblados, con

enterramientos excavados en forma de fosas, por ello se llama a este periodo «la cultura de sepulcro de fosas».

● El sureste presenta un neolítico de tipo tardo-final, con casas de planta circular, al que se llama la «Cultura de Almería».

Destacan yacimientos en cueva como Nerja en Málaga o la Cueva Ambrosio en Almería.


*para aprender estas tres culturas: carmen folla alberto

Desde el Mesolítico hasta la Edad del Bronce, con un período de apogeo en el Neolítico, se desarrolla una nueva forma de decoración

pictórica, el arte rupestre levantino, al que nos hemos referido con anterioridad. De este periodo destacan las pinturas de los abrigos de

Cogüll y Alpera.

5.- LA EDAD DE LOS METALES.

La población de la Península Ibérica comenzó a utilizar la metalurgia a partir del 2.500 a.C., orientada inicialmente a la fabricación de

armas y después a la elaboración de objetos de adorno e instrumentos de trabajo.

La Edad de los Metales se divide en tres períodos:

5.1.- CALCOLÍTICO (2.500-1.700 a.C.)

El primer metal que comenzó a trabajarse fue el cobre, por ello a la primera fase de la Edad de los Metales se le denomina Calcolítico,

del griego calcós, cobre. El Calcolítico se extiende entre 2.500 y 1.700 a.C. La introducción de la metalurgia trajo consigo cambios

culturales.

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● La localización de minas de cobre en el sureste peninsular va a dar lugar a la aparición de poblados como el de Los Millares

(Almería), en el que destacan las murallas y las obras de fortificación, así como las viviendas circulares y las tumbas colectivas fuera de

las murallas con inhumaciones en tholos, además del desarrollo de una agricultura avanzada mediante el regadío.
● También a este período corresponde la Cultura del Vaso Campaniforme, que recibe este nombre por el uso de recipientes

cerámicos que tienen forma de campana invertida con decoración geométrica. Encontramos restos en Catañula y la provincia de

Córdoba. Eran gentes ganaderas de transhumacia.


*Mil campanas para memorizarlos

En la Península Ibérica, además de esta cerámica, son característicos una serie de elementos metálicos que se repiten en los ajuares de

las tumbas, como los puñales de lengüeta y puntas de tipo Palmela, que demuestran la existencia de unas élites sociales diferenciadas

por su riqueza.
● En esta época se desarrolla un fenómeno cultural que ya había comenzado en el Neolítico, la aparición de los monumentos

megalíticos. Destacan los dólmenes o sepulcros colectivos construidos con piedras de gran tamaño cubiertas por losas horizontales. En el

exterior, el conjunto se recubría de tierra formando una colina artificial. En el interior se han encontrado objetos identificados como

parte del ajuar funerario, lo que denota la existencia de ritos y creencias asociadas a la muerte. Los principales dólmenes se encuentran

en el sur peninsular, como el Menga (Antequera). En Extremadura y la zona de Valencia de Alcántara también se han hallado ejemplos de

construcciones megalíticas, como el dolmen de Lácara.

Otros megalitos son los menhires o enormes piedras monolíticas situadas verticalmente en el suelo y los crómlech o círculos de piedras

de discutida finalidad, como la de los menhires.

5.2.- LA EDAD DEL BRONCE (1.700-750 a.C.)

La Edad del Bronce en la Península Ibérica transcurre entre el 1.700 y el 750 a.C.

La manifestación arqueológica más relevante del Bronce antiguo y medio de la Península Ibérica es la Cultura de El Argar (Almería,

donde destacan los poblados de El Oficio y Antas). Se caracterizan por ser una sociedad dedicada a la agricultura y a la ganadería y, en

menor, medida a la explotación del metal. Los yacimientos argáricos se caracterizan por reunir en un mismo espacio hábitat y

necrópolis. Los enterramientos se localizan bajo las viviendas y habitualmente son individuales, en cista, siendo muy características en el

ajuar las copas argáricas. La superación del enterramiento colectivo propio de Los Millares supone la acentuación de la diferenciación

social.

También durante la Edad del Bronce se desarrolló en las Baleares la cultura talayótica. Se caracteriza por unas construcciones

megalíticas muy peculiares, entre las que destacan:


● Talayots, una especie de atalaya o torre de vigilancia.
● Taula, construcción megalítica consistente en un ortostato de gran tamaño que soporta, en equilibrio, a una gran piedra

horizontal. Es exclusiva de Menorca.


● Naveta. Pudiera tratarse de una construcción funeraria.

Por último, las Motillas reciben este nombre por una serie de montículos artificiales producidos por acumulación de estratos, hallados mayoritariamen -

te en La Mancha, que parecen provenir de una colonización de gentes agricultoras y ganaderas que dominaban el bronce en términos parecidos a los ar -

gáricos.

Al final del período, durante el Bronce Final, se atestigua otra cultura en el centro peninsular, denominada Cogotas I, con poblados en

lugares escarpados de fácil defensa y materiales cerámicos con características centroeuropeas que se mezclan con las locales.

Otro impacto de culturas indoeuropeas en el Bronce Final fue lo que se conoce como Bronce atlántico, desde Galicia a Extremadura, con

similitud con otros pueblos de toda la fachada oceánica europea, el espacio que conformará el ámbito de la cultura céltica. Importantes

son los yacimientos de estaño de esta zona.

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Asimismo, durante el Bronce Final, se produjeron las invasiones de pueblos indoeuropeos que conocían la metalurgia del hierro. La

llegada de estos pueblos a la Península Ibérica dará lugar a la aparición de la cultura de los campos de urnas. Su característica distintiva

será que, en lugar de inhumar los cadáveres, procederán a la incineración de los cuerpos, depositando las cenizas en una urna,

posteriormente enterrada.

5.3.- LA EDAD DEL HIERRO (800-218 a.C.)

El periodo que transcurre desde el 800 al comienzo de la conquista romana en el 218 a.C. Se denomina Edad del Hierro, fase que se

mezcla en la Península Ibérica con la etapa de las colonizaciones de pueblos mediterráneos: fenicios, griegos y cartagineses.

La Edad del Hierro comporta, además, una serie de novedades como la introducción del uso del hierro, la utilización del torno de

alfarero, la aparición de los primeros textos escritos en lengua íbera, aún sin descifrar, que hacen que esta etapa se conozca también

con el término de Protohistoria. Además, aparecen los primeros textos que hablan de la Península Ibérica, como la Biblia, en la que se

hace referencia al reino de Tartessos o los textos griegos, entre los que cabe mencionar al historiador griego Heródoto que se refiere a

unas «míticas tierras orientales». Sin embargo, la mayoría de las fuentes antiguas que nos hablan de la Península Ibérica son romanas,

como por ejemplo la Geografía de Estrabón. En todo caso estas fuentes nos permiten conocer el nombre de los pueblos prerromanos

que habitaban el territorio.

6. LOS PUEBLOS PRERROMANOS.

TARTESSOS. Tartessos hace referencia a una región situada en el suroeste peninsular, coincidiendo, aproximadamente, con las actuales

provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz, con prolongaciones hacia la actual Extremadura.

Tartessos es el primer protoestado de la Península Ibérica del que existe constancia histórica. Las fuentes literarias que se hacen eco de

las riquezas de Tartessos, como la Biblia o las fuentes griegas que mencionan el nombre de los reyes como Gerión y Argantonio, nos ha

permitido el conocimiento de este reino, en el que frecuentemente se mezcla mito y realidad.

Su momento de máximo desarrollo (siglos IX a VII a.C.) coincide con la etapa en la que los fenicios se asentaron en factorías costeras. A

partir del año 630 a.C. los griegos también entran en contacto con Tartessos. El contacto con fenicios y griegos estuvo motivado por el

comercio de metales lo que permitió a Tartessos ampliar sus conocimientos agrícolas y perfeccionar la metalurgia del hierro.

Uno de los signos del esplendor de Tartessos fue la orfebrería, en parte debida a las técnicas importadas por los fenicios, como lo

demuestran los tesoros hallados en Aliseda (Cáceres) y El Carambolo (Sevilla), así como en la necrópolis de La Joya (Huelva).

A partir del siglo VI a.C. Tartessos entra en decadencia, quizás por el agotamiento de los minerales que habría dado al traste con el

comercio fenicio, por la caída de la ciudad fenicia de Tiro que dejaría Tartessos sin mercado para sus metales o por una incursión bélica

cartaginesa que acabaría con las ciudades.

No podemos dejar de citar el yacimiento pacense de Cancho Roano, quizás uno de los mejores yacimientos vinculados a Tartessos.

Teniendo en cuenta que se trata de un edificio de periodo del final del mundo tartésico de las culturas orientalizantes y de transición al

mundo turdetano.

LOS ÍBEROS. Los términos íberos e ibéricos fueron acuñados por Estrabón para denominar a los pueblos indígenas que vivían en las

costas orientales de la Península.

La cultura ibérica se extendió por toda el área levantina y el sur peninsular. Estaban plenamente desarrollados hacia el siglo V a.C.,

perdurando hasta la romanización, a partir del 218 a.C. Los nombres de las tribus ibéricas aparecen citados en las fuentes clásicas y

reciben denominaciones como: Turdetanos, Ilergetes, Edetanos, Mastienos…

Se trataba de un mosaico de pueblos rivales entre sí. Sus poblados estaban asentados en cerros, dotados de sólidos sistemas de defensa,

llamados oppidum. En las afueras de los poblados se encontraban las necrópolis, donde los difuntos, tras ser incinerados, eran

depositados en urnas rodeadas de un ajuar funerario, donde destacan las armas, como la falcata. Dos recipientes funerarios destacados

son las esculturas de la Dama de Elche y la Dama de Baza, ambas con una cavidad posterior para depositar las cenizas.

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Su organización política era de tipo estatal, como bien estudió Maluqer de Motes, con un sistema de gobierno monárquico, bajo el

mandato de los régulos o basileus.

Su economía se basaba en la agricultura y la ganadería, aunque también en el comercio. Por influencia fenicia o griega tenían un sistema

monetario y acuñaban moneda propia.

Culturalmente eran pueblos avanzados, con lengua y escritura propia. Entre las manifestaciones artísticas destaca la escultura en piedra

con figuras de guerreros como las de Porcuna, de animales como la Bicha de Balazote y de bronce como los exvotos del Cerro de los

Santos.

LOS PUEBLOS CÉLTICOS ocupaban el área centro, norte y oeste peninsular. Se trata de poblaciones procedentes de Centroeuropa con

aportaciones importantes como la metalurgia del hierro, la cerámica a torno y la incineración. Entre ellos destacan los astures, galaicos,

vacceos, lusitanos, vettones y las tribus del área celtibérica (arévacos y pelendones).

Ocupaban poblados en alto bien fortificados que reciben el nombre de castros, como los de Santa Tecla. Las necrópolis son de

incineración, con urnas rodeadas de armas.

La economía céltica era preferentemente ganadera. El comercio era escaso y el uso de la moneda casi desconocido.

Todos estos pueblos estaban organizados en tribus y clanes basados en grupos de parentesco. Su organización política era de tipo pre-

estatal con una fuerte jerarquización social. Estrabón se refirió a este tipo de pueblos argumentando que practicaban la ginecocracia,

debido al importante peso que tenía la mujer en la organización social.

Las manifestaciones artísticas de estos pueblos son muy pobres, limitándose a decoraciones cerámicas esquemáticas y a esculturas

toscamente esculpidas en granito que representan cerdos, toros y jabalíes, denominadas genéricamente verracos.

6.1. LAS COLONIZACIONES.

Esta etapa se extiende a lo largo del primer milenio a.C. Las colonizaciones se limitaron a asentamientos escasos y puntuales, ya que

los pueblos que las emprendieron, fenicios, griegos y cartagineses, tuvieron más empeño en comerciar que en crear poblados estables.

a) LA COLONIZACIÓN FENICIA. Los fenicios eran un pueblo venido del Próximo Oriente, de las ciudades de Tiro y Sidón, en el actual

Líbano, constituyendo una talasocracia. Su colonización fue exclusivamente comercial y para asegurarse los puntos estratégicos de la

ruta de los metales, establecieron factorías en las costas del sur de la Península Ibérica, por la resistencia de lo indígenas que controlaban

los yacimientos de estaño. La más importante fue Gadir (Cádiz). Otras factorías se asentaron en Malaka (Málaga), Sexi (Almuñecar) y

Abdera (Adra).

Al comerciar con los pueblos indígenas les transmitieron el alfabeto fenicio, el sistema decimal, nuevos cultivos como la vid y el olivo y

nuevos métodos para el trabajo artesanal de los metales preciosos. En la zona sur de la Península es frecuente la aparición de objetos de

procedencia fenicia, como los sarcófagos de Cádiz, las cerámicas de barniz rojo, los jarros de bronce o los objetos de marfil decorado

(peines).

En el siglo VI a.C., al parecer a raíz de la caída de Tiro ante los babilonios, el pueblo fenicio entró en declive, lo que afectó a sus colonias

hispanas.

b) LA COLONIZACIÓN GRIEGA fue protagonizada por los focenses que, con el objetivo de acercarse al comercio de los metales, fundaron

Massalia (Marsella), constituyendo el punto de partida para el establecimiento de colonias en la costa mediterránea española a partir de

los siglos VIII y VII a.C.

De la mayoría de las colonias griegas citadas en los textos no existen restos arqueológicos. Posiblemente fueron enclaves íberos y fenicios

usados por los griegos para comerciar con los indígenas, y a los que acabaron por dar sus propios nombres griegos. Está probada la

fundación griega en las colonias de Rhode (Rosas) y Emporion, fundada en el año 580 a.C.

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La helenización de la zona fue tan intensa que no sólo transformó la economía, sino también sus costumbre y creencias. La introducción

de nuevos cultivos (vid, olivo) y animales domésticos (asno, gallina), la difusión del arado y la acuñación de moneda. Pero sobre todo

podemos verlo en el arte con las ya citadas damas iberas.

c) CARTAGINESES. El apogeo de la presencia púnica en la Península abarca los siglos VI y III a.C. Su primera fundación se localizó en

Ebusus (Ibiza), asentándose después en las restantes Islas Baleares. En esta primera fase de la colonización, los cartagineses sustituyeron

a los fenicios y se instalaron en sus factorías comerciales desde las que controlaban los productos del interior, sobre todo las minas de

Cástulo (Linares).

A esta fase le sigue una segunda (a fines del siglo III a.C.) de carácter militar con poder oligárquico (Bárcidas), que condujo a la

ocupación del sur y del sudeste de la península, donde fundaron Cartago Nova (Cartagena) e iniciaron una sistemática explotación de las

minas de Sierra Morena.

Su legado cultural está presente en los objetos funerarios procedentes de necrópolis como las figuras de terracota de barro de Puig des

Molins, o el culto a la diosa Tanit.

7. LA DOMINACIÓN ROMANA.

La heterogeneidad cultural de la Península finalizó cuando Roma puso sus ojos en este territorio en el contexto de la Segunda Guerra

Púnica (218-202 a.C.). Esta se desarrolló entre los cartagineses y los romanos porque los primeros siendo el casus belli el asalto a

Sagunto, aliada de Roma, lo que fue y sirvió para iniciar las hostilidades directas. Derrotado el imperio cartaginés, el Senado decidió

continuar la expansión por el territorio peninsular. Cerca de tres siglos y la vida de miles de soldados le costó a Roma someter a la

península Ibérica, que puede darse por finalizada en el 19 a.C. tras las guerras astur-cántabras.

CONCLUSIÓN.

Gracias a las ciencias arqueológicas e históricas podemos conocer la historia del territorio peninsular, que arranca hace más de un millón

de años, cuando los primeros homínidos poblaron estas tierras. A partir de entonces, la Historia peninsular va a ir cumpliendo las etapas

de la Historia, pero con un retraso cronológico respecto a la zona del Próximo Oriente con relación a las aportaciones destacadas: la

revolución neolítica, el uso de los metales, el surgimiento de las sociedades urbanas, etc. La conquista romana abrió una nueva fase de la

historia peninsular, de la que somos herederos directos, pero aún quedan enigmas por resolver en nuestra historia, como el lenguaje

ibérico o la historia de la civilización tartésica.

BIBLIOGRAFÍA
ALMAGRO, Martín (coord.): Protohistoria de la Península Ibérica, Ariel, Barcelona, 2001.

BENDALA GALÁN, Manuel: Tartesios, íberos y celtas: pueblos, culturas y colonizadores de la Hispania antigua, Temas de Hoy, Madrid, 2003.

CESLESTINO, S. (coord.): La Protohistoria en la Península Ibérica (Historia de España II), Itsmo, Madrid, 2017.

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