Ensayo Mediación
Ensayo Mediación
Ensayo Mediación
Medellín, Colombia
28 de abril de 2023
Comentarios preliminares
En primer lugar, antes de realizar un análisis exhaustivo sobre cualquier tema, es siempre
prudente y necesario la elaboración de una introducción a un marco conceptual sobre el
tema a tratar. Tal estimación es intrínseca a cualquier producción académica y es por ello
por lo que abordaremos la figura de la mediación de manera breve. Ello, con la intención de
que un lector de mediana cultura, no especializado, pueda comprender y absorber el
conocimiento plasmado en este escrito. En tal sentido, se realizará un recorrido por la figura
de la mediación, tratando su definición, consagración legal en Colombia, clases y
finalidades; para ya luego plasmar el punto crítico de este ensayo consistente en el examen
integro sobre las posibilidades y problemas de este instrumento. No siendo más y
excusándonos por lo tediosos que hayan sido estas consideraciones, damos inicio a nuestro
viaje.
Introducción a la mediación
La mediación es uno de los muchos métodos alternativos de solución de conflictos
<<MASC>>. Estos, como su nombre lo indica, son instrumentos orientados a la resolución
de conflictos intersubjetivos de intereses entre dos o más partes sin necesidad de acudir a la
jurisdicción -De aquí el atributito de “alternativos”-. Así en palabras del Ministerio de
justicia, estos son “herramientas que ofrecen a las personas diversas oportunidades para
solucionar sus conflictos por sí mismas o con la ayuda de un tercero sin la necesidad de
acudir a los despachos judiciales” (Minjusticia, s.f.). En síntesis, son un repertorio de
posibilidades ofrecidas a las personas para que traten sus problemas y potenciales litigios
haciendo gala de una mayor interacción interpersonal y una nula intervención de un tercero
supraordenado que imponga una solución. Estos métodos se caracterizan por brindar a los
usuarios escenarios de imparcialidad, celeridad, privacidad, especialidad y calidad para la
administración de sus conflictos.
Así, dentro esta ala de alternativas de acceso a la justicia, se encuentra la mediación. Esta es
una figura que permite que dos o más partes alcancen de una manera autocompositiva (por
sí mismas), pacífica y respetuosa una solución a sus controversias, mediante el apoyo e
intervención de un tercero imparcial y no supraordenado. Este último, se encarga
principalmente de una labor logística-operativa, de facilitar y acercar a las partes al dialogo
y de una labor social, la de representar una figura a la que las personas encuentren cercana
y confiable para ayudarlos en el trato de sus conflictos. Dicho de otro modo, más simple, la
mediación es aquella intervención que realizamos usted, yo y muchas personas en la
cotidianidad, al interceder en los problemas de nuestros amigos, familiares, vecinos, entre
otros; con la intención de evitar que el conflicto pase a mayores y acercando a las partes a
un arreglo.
Este instrumento, no contempla requisitos formales, es decir, cualquier persona en principio
puede ser mediador, pues no hay que ser profesional, tener un cierto grado académico, una
cierta experiencia laboral, ni nada de ello. Sin embargo, es recomendable que la persona a
mediar tenga cierto estatus o reconocimiento social sea como líder/lideresa de una
comunidad o conglomerado público en aquellos conflictos de una escala mayor (por ej. El
líder social de una barriada). O, en otro caso, que sea una de alta estima y escucha entre las
partes en conflicto, cuando el conflicto es menor escala (por ej. El familiar que siempre
intercede en las disputas familiares).
Por último, esta figura en Colombia no ha tenido un desarrollo legal amplio, sino más bien
casi inexistente, sin embargo, podemos encontrar en la ley una serie de guiños de su
tipificación dentro del ordenamiento jurídico colombiano. El mayor de estos lo
encontramos en el proyecto de caja de herramientas en métodos de resolución de conflictos
(MRC) del ministerio de justicia colombiano. En este, esta entidad se ha enfocado en la
formación de mediadores a lo largo de las zonas más recónditas del estado colombiana, la
llamada “Colombia profunda” en donde el acceso a la justicia ordinaria (en sentido amplio,
entendida como justicia judicial) es bastante reducido. Por ello, todo este trabajo del
ministerio, nos da luces sobre la implementación de esta figura en Colombia.
Adicional a lo anterior, otros puntos de contacto entre la ley y esta figura son la ley 906 de
2004, que consagró la mediación en el procedimiento penal, la ley 1620 de 2013 que trató
la mediación escolar, la ley 1564 de 2012 (Código general del proceso) y la ley 2220 de
2022 que mencionan la mediación como alternativa para la solución de controversias y el
decreto 2137 de 2015, el cual reglamentó la función de mediación de la agencia nacional de
defensa jurídica. Como se puede apreciar, la regulación legal de la mediación es más bien
escasa, por lo que es un verdadero universo de posibilidades por descubrir en nuestro país,
más aún teniendo en cuenta sus finalidades, las cuales estamos próximos a estudiar.
Finalidades de la mediación
La mediación como todo MASC, puede decirse que comparte las finalidades de estas
herramientas contempladas por la Corte Constitucional en la sentencia C-222 de 2013. A
saber:
1) Busca hacer efectivo uno de los fines constitucionales como es el de la convivencia
pacífica.
La mediación, al promover la resolución de conflictos por medio del dialogo, el respeto y la
tolerancia, es sin duda, una de manifestación de la finalidad de convivencia pacífica
contemplada en la constitución política de 1991.
2) Garantiza el principio de participación democrática
La mediación va en pro de este principio constitucional, pues permite que las personas
resuelvan los conflictos por si mismas, lo que se traduce de una intervención directa de
aquellas sore el manejo de los asuntos de su interés.
Clases
Expuesto lo anterior, es conveniente finalizar este breve recorrido conceptual con un
planteamiento corto sobre las distintas clases de mediación. Estas son 3:
Mediación comunitaria
Esta consiste en la aplicación de la mediación, esto es, la intervención de un tercero
imparcial que fomente el dialogo, respeto y acercamiento entre las partes en conflicto, al
entorno comunitario. Esta se caracteriza por tener impregnada un fuerte respeto por las
costumbres y saberes comunitarios, al igual que velar por la resolución de conflictos
cotidianos. Usualmente se emplea para la solución de problemas de tipo comunal o vecinal,
en los que el mediador suele ser un líder comunitario especializado en relaciones
interpersonales. Usualmente se tranzan por esta figura conflictos relacionado con la
infidelidad, el ruido, la perturbación de la paz vecinal etc.
Mediación escolar
Al igual que la mediación comunitaria, es la mediación aplicada al entorno escolar. Se
caracteriza por ser más que todo un proceso de aprendizaje, tanto para el mediador como
para las partes, teniendo en cuenta el momento fundamental de crecimiento personal y
cognitivo en el que se encuentran los estudiantes. Asimismo, vela por el reconocimiento de
la diferencia cultural entre los estudiantes y la creación de ambientes de respeto e igualdad.
Lo curioso de esta clase de mediación, es la experiencia que ganan los participes en ella,
pues ganan aptitudes tales como la tolerancia, la inteligencia emocional, el trato
interpersonal, entre otros. Usualmente se usa en entornos de acoso escolar, problemas
interpersonales, entre otros.
Mediación intercultural
Esta es la mediación que busca solventar los problemas derivados de la multiculturalidad de
razas y costumbres que existen en Colombia. Es la figura de la mediación aplicada a las
diferencias entre identidad y colectivos culturales. Se caracteriza por velar por la
construcción de paz, tejido social y convivencia pacifica en los territorios donde existe alta
divergencia cultural y abundan formas no convencionales de resolución de conflictos. El
mediador suele ser una figura de alta estima dentro de la población y confiable en que les
ayudará a la resolución de sus conflictos. Usualmente procede en los problemas
relacionados con la interculturalidad como aquellos entre campesinos, palenqueros, etc.
También procede en las disputas por tierras.
Punto problema
Así las cosas, expuesto el marco conceptual de esta herramienta para la resolución de
conflictos, es ahora plausible proceder con el punto problema de este ensayo: la evaluación
crítica de las virtudes y riesgos que trae consigo la implementación de esta figura. Cae
resaltar, que con la expresión virtudes, nos queremos referir a las posibilidades, ventajas o
aspectos positivos que conlleva esta institución. Por el contrario, como es obvio, con
riesgos nos referimos a limites, desventajas o aspectos negativos. Así entonces, sin mas
dilación, se procede con el desarrollo del centro de gravedad de este escrito.
Virtudes de la mediación
En primer lugar, nos gustaría detallar un “macrobeneficio” de la mediación y es el
consistente en que, como vimos, esta figura contribuye inmensamente a la consecución de
una serie de principios constitucionales. Entre estos, encontramos la convivencia pacífica,
la paz, la construcción de tejido social y la participación democrática. Esta característica de
esta institución representa un punto de partida axiológico o principalísimo en cuanto a las
virtudes de la medición. Sin embargo, no se agotan aquí las posibilidades de este
mecanismo, sino que más bien el logro de estos fines es un referente del cual se derivan una
serie de aspectos positivos de la figura, tales como el menor nivel agotamiento psicológico
y emocional que trae la figura o la significativa reducción de los costos de transacción.
De esta manera, la intención de estos párrafos introductorios, es la de resaltar que, si bien
las finalidades de la mediación pueden también considerarse beneficios (son aspectos de
doble vía), no se agotan estos aquí, por lo que es menester nuestro su debida exposición en
las siguientes líneas. Así queda claro que la mediación es una herramienta virtuosa en
cuanto a sus posibilidades se refiere. Ello pues, esta institución representa una serie de
ventajas al momento de ser empleada como método alternativo de solución de conflictos,
tanto para las partes como para la sociedad en general. Entre estas encontramos:
Es decir, que personas civilizadas que somos, firmantes del contrato social y abanderados
del principio de libertad, es cuanto menos natural que cada persona despliegue una serie de
comportamiento o conductas diferentes y personalísimas por medio de las cuales desarrolla
su proyecto de vida. Asimismo, es también natural, que dicho despliegue conductual puede
no coincidir con la concepción e intereses de los demás miembros de la sociedad. Así, es
aquí donde se produce ese choque de intereses que da lugar a lo que conocemos como
conflicto. Además, es esto una situación caracterizada por su ubicuidad constante dentro de
la historia humana, lo que se traduce, en la presencia del conflicto a través de la línea
temporal de evolución social. Con todo, lo que se quiere resaltar es lo presente que siempre
ha sido y es el conflicto en la convivencia social humana.
Por otro lado, con respecto a lo segundo, para nadie es secreto que muchos de nosotros
tratamos de optimizar esfuerzos en aras de conseguir un mismo resultado de una manera
mas sencilla. Es decir, como seres humanos racionales y empíricos que seamos,
dependiendo nuestra concepción filosófica, siempre vamos a tener marcada la tendencia de
realizar el menor esfuerzo para conseguir el mismo o menor resultado. La famosa ley del
mínimo esfuerzo (interpretada positivamente). Es por ello, que, a lo largo de la historia la
resolución de los conflictos ha sido notablemente informal, pasando de resolver los
conflictos por medio de la violencia a una sociedad mas civilizada que lo hace a través del
dialogo. Empero, lo que siempre ha estado presente es la rapidez buscada en la resolución
de conflictos y una prueba de ellos son las innumerables leyes en materia de descongestión
judicial y la apuesta misma por los MASC.
Con esto, lo que se quiere resaltar es que siempre se busca la manera más optima para
resolver las controversias, la que implique menores costos y permita lograr resultados
satisfactorios. Es aquí donde entra la mediación, pues es una figura extremadamente
informal, rápida, satisfactoria y evita uno de los mayores dolores de cabeza en el mundo
moderno: acudir a la vía jurisdiccional (y más en Colombia). Es aquí donde encuentra
radical importancia esta institución, pues engloba dos características intrínsecas a los seres
humanos organizados en sociedad: una figura que les permite tratar sus controversias
sin atender a exhaustivas y agotantes formalidades mientras se logra una solución
accesible y satisfactoria para ambas partes. A continuación, se explaya a profundidad
esta expresión:
Dado lo anterior, queremos aprovechar este punto para resaltar el hecho de que la
mediación representa una reducción significativa en todos los costos tanto emocionales,
temporales y económicos, por lo que, si se hace una debida implementación en la sociedad,
contribuye a lograr otro beneficio de esta institución: la descongestión judicial. Ello pues,
es claro que, si a las personas se les forma en lo ventajosa que puede ser esta figura
respecto al proceso judicial, será mayor el número sus adeptos, lo que reduciría en cierto
margen los conflictos que escalarían ante el juez supraordenado.
No obstante, no acaba aquí, sino que el mismo momento de dialogo y acercamiento entre
las partes, el mediador suele hacer un despliegue discursivo y rico en valores a las partes.
En este, se suele explicar a las partes de manera simple lo grave que es su comportamiento
para lograr una convivencia social plena y pacífica. Por ende, gracias a esto, en la mayoría
de los casos, mas allá de solucionar el conflicto, las partes salen con aprendizajes y
ganancias en valores interpersonales lo que en un futuro se traducirá en un menor numero
de situaciones conflictivas. En conclusión, la mediación es una herramienta fundamental
pues realiza una función de solución de conflictos, a la vez que cumple con una función
preventiva y de formación en valores para los partícipes, siendo más importante esta última,
pues el mejor conflicto es el que no se tiene.
Quizás el ejemplo más emblemático son aquellos casos penales, en donde la sociedad, sin
tener a mano la totalidad de las pruebas o la historia, se deja llevar por la información
contenida en noticias y genera su propia opinión, en muchos casos, basada en aspecto
subjetivos y emocionales, dejando de lado toda pizca de objetividad. Con todo, lo que se
quiere resaltar en este punto es la excesiva influencia que tienen los medios de
comunicación sobre los procesos judiciales, debido al principio de publicidad. Ello puede
conllevar a situaciones injustas y no ajustadas a derecho, además de arruinar el proyecto de
vida de una persona que sea precondenada por valoraciones subjetivas (la mayoría de las
veces erróneas) de los integrantes de una sociedad.
Es decir, si es que el conflicto nace del abuso por parte de una de las partes contra la otra,
un abuso intencional que pretende simplemente causar daño para con ello encontrar la
satisfacción de la superioridad, como es de hecho el caso de la mayor parte de los conflictos
originados en, por ej. el acoso escolar, ¿cuál es el asunto específico por mediar? Es decir,
¿Cómo puede la víctima negociar, acordar, o llegar a una fórmula de arreglo, si es que ha
sido ella la que ve su dignidad mermada sin poder oponer más resistencia que la denuncia
ante la autoridad pertinente?
En estos casos, no existe lo que podemos llamar una “zona de posible acuerdo” (ZOPA),
pues pese a que existen intereses en conflicto, uno de ellos está amparado por el derecho y
la moral mientras que el otro interés es plenamente ilegítimo (el otro interés puede ser el de
mantener el comportamiento desviado o, a lo menos, salirse impune del mismo).
En ese sentido, la mediación podría tener efectos adversos al poner a la víctima en una
situación de desamparo (la autoridad legitima la pretensión del victimario al ponerlo en
iguales condiciones que ella), lo que se traduce en una revictimización contra la parte
afectada y, de forma indirecta, en un estímulo para la comisión de los comportamientos
desviados.
Piénsese, por ejemplo, en el acoso sexual o en los casos de actos sexuales abusivos. Si
llegara una víctima a denunciar a su victimario, “mediar” para llegar a una solución
implicaría reconocer que los actos de este deben ser, al menos parcialmente, tolerados, pues
al no sancionar, se puede interpretar que los mismos estaban permitidos. Y más aún, obligar
a la víctima a deliberar una “solución” con su agresor tiene como efecto el que el
comportamiento abusivo se torne un medio en la práctica adecuado para la consecución de
ciertos fines, lo cual resulta francamente inaceptable.
En síntesis, los actos que originen el conflicto no pueden ser los meros abusos unilaterales
de una u otra parte, mucho menos si dichos abusos han puesto en riesgo la vida o la
integridad física de la víctima.
En segundo lugar, para que la mediación se predique eficaz es necesario que el conflicto
sobre el cual la misma vaya a ser aplicado no tenga matices cuya naturaleza implique que
deban ser abordados desde el conocimiento especializado. Por ejemplo, en un caso en el
que dos alumnos tienen un conflicto sobre un asunto de orden psicológico que el mediador,
en tanto carece de cualificación, no puede comprender. En ese caso la mediación
probablemente resultará ineficaz dado que, como el mediador desconoce el conflicto, no
puede abordarlo y, por tanto, mantiene intacto el status quo.
Es posible además que los sujetos, no por ya la naturaleza del conflicto, sino por sus
propias condiciones especiales, estén en incapacidad de comunicar claramente las
condiciones del problema, de tal manera que sea imposible para el mediador discernir las
razones que impulsa a cada parte a actuar del modo determinado. En este caso, no podrá ser
eficaz la mediación pues ella carecerá de sustancia.
En tercer lugar, si es que los hechos que dieron origen al conflicto o sus consecuencias
deben ser conocidas por las autoridades judiciales, resolver el mismo a través de mediación
resultará ineficaz en tanto al final serán estas las que decidan la suerte de los sujetos.
Piénsese por ejemplo en una riña en la que ambos sujetos, armados, atentaron mutuamente
contra la vida del otro incurriendo en múltiples tipos penales. Por más que los hechos
ocurrieran dentro de la jurisdicción de la I.E. (en la mediación escolar), se hace
imprescindible la presencia de las autoridades judiciales y el inicio de un proceso
jurisdiccional que penalice a los involucrados. Ahora bien, podrá mediarse sobre los hechos
que dieron origen al altercado violento, pero sobre este mismo, no debe realizarse acto
alguno que pueda interpretarse como una legitimación de los medios usados.
En cuarto lugar, es necesario que la raíz del conflicto pueda ser conocida y, sobre todo,
abordada por el mediador de manera efectiva. En aquellos casos en los que los
comportamientos de las partes en conflicto están motivados por asuntos como, por ejemplo,
ciertas circunstancias familiares, de carácter reservado, o simplemente de un alcance
superior al que el mediador en sus funciones posee, la mediación potencialmente fracasará.
Es decir, en tanto el mediador no podrá darle solución a la motivación de los
comportamientos de los implicados, estos mantendrán el tal y el conflicto se mantendrá.
b) Los sujetos
Del mismo modo que no todos los conflictos pueden ser resueltos a través de la mediación,
no todos los sujetos pueden abordar sus diferencias a través de este medio, o no deberían al
menos, pues si bien es cierto que el propósito de este instrumento es el llegar a un acuerdo
voluntario que ponga fin a las disputas, es necesario que los sujetos que suscriben dicho
acuerdo posean ciertas calidades concretas, a fin de que no se trunque la efectividad del
arreglo pactado.
De dichas calidades, la más importante consiste en la igualdad entre las partes. Es necesario
que los sujetos en conflicto se consideren mutuamente iguales, no sólo formalmente, es
decir, no solamente a través del trato que se les dé, sino que se encuentren en condiciones
análogas a fin de que la ventaja fáctica de uno no se traduzca en un acuerdo
innecesariamente desventajoso para el otro.
Piénsese, por ejemplo, en un conflicto que se tenga lugar entre el hijo de un rector corrupto,
que amenaza con utilizar la impunidad de la que goza para hacer imposible la vida de la
contraparte, y un estudiante regular. En este caso, cualquier arreglo estará viciado por
fuerza en tanto la potencial intimidación de la que una de las partes es sujeto, de tal modo
que la eficacia de la mediación será en realidad adversa al fin perseguido, y más bien puede
convertirse en un mecanismo de legitimación de las pretensiones de aquel en posición de
superioridad.
En síntesis, la equivalencia entre las partes, que se traduce en que ninguna de ellas tenga un
poder efectivo de intimidación sobre la otra, es condición esencial para que cualquier
intento de mediación pueda tener éxito, aún más en un contexto en el que la violencia y la
corrupción se han normalizado a tal grado de convertirse en elementos naturales del paisaje
social.
La segunda característica de la que deben gozar los sujetos objeto de la mediación consiste
en la capacidad de estos a llegar a acuerdos voluntarios. Este límite subyace en el
reconocimiento de que en ocasiones los comportamientos de los actores en conflicto tienen
su origen en asuntos de corte psicológico que escapan a la comprensión de un mediador. Es
decir, un conflicto originado en los actos no racionales de ciertos individuos, no puede ser
resuelto sin abordar las razones probablemente patológicas que dan lugar a dichos
comportamientos, y esto está claramente fuera del alcance de cualquier mediador.
Los sujetos deben estar entonces bajo la disposición mental de alcanzar acuerdos y llegar a
una solución razonable. Es decir, en tanto la mediación es un proceso de contenido
estrictamente racional, si las partes no están en disposición, bien sea porque sobre ellas se
cierte una condición mental que se los impide, o porque simplemente existen circunstancias
que obstaculizan la disertación racional, cualquier intento de mediación irremediablemente
fracasará.
Múltiples factores pueden incidir en que las partes no se guíen por la razón, sino más bien
por la presencia incontrolable de emociones indeseables para la consecución del fin
pretendido. Es posible que una o ambas partes sean objeto de miedo, temor, ira o
resentimiento, a tal grado que dichas afectaciones impidan el adecuado devenir del proceso.
Todas estas cosas deben ser, en la medida de lo posible, abordadas por el mediador a fin de
minimizar las potenciales consecuencias nocivas de la preponderancia de ciertos estados
emocionales.
c) El mediador
El rol del mediador, que constituye el punto neurálgico de la figura de la mediación, pues es
a través de su intervención que se da por terminada la disputa o el conflicto, debe ser
ejercido con sumo cuidado en tanto sus acciones u omisiones pueden significar la
diferencia entre un conflicto resuelto adecuadamente, parcialmente resuelto, mal resuelto, o
simplemente no resuelto. Así, el mediador debe: 1) adecuar su comportamiento según la
naturaleza del conflicto que esté tratando de abordar; 2) preocuparte por el contexto de los
sujetos en disputa, pues el conocimiento del mismo puede ayudarlo a acercarse a proponer
acuerdos más eficaces o más susceptibles de ser aceptados por las partes; 3) la fijación de
reglas claras pero flexibles, dependiendo de quienes sean los sujetos y de la naturaleza del
conflicto; 4) y fundamentalmente preocuparte por entender y hacer entender las posiciones,
observaciones, sentimientos, y demás factores relevantes, a de cada parte.
Ahora bien, una condición esencial para que cualquier mediador tenga éxito es contar con
el respeto de las partes en conflicto, en tanto, como vimos antes, la mediación es un proceso
racional y, como tal, debe ser ordenado. El mediador es pues el llamado a proponer este
orden y buscar que sea aceptado por las partes, de tal modo que se convierta este en el
primer acuerdo de todo el proceso. Es decir, si bien el mediador no decide, ni impone, pues
no es un juez ni su equivalente, sí es un tercero cuyo propósito es organizar el diálogo en
miras a orientarlo a la consecución de un acuerdo entre las partes que finiquite
definitivamente la disputa.
Para que el mediador cuente entonces con el respeto de las partes en conflicto, es necesario
pues que el tal tenga ciertas cualidades que le permitan afianzar la confianza que por su
posición le es investida. Un mediador debe, en la medida de lo posible, mantener un
comportamiento público ejemplar, o al menos uno que no le reste autoridad moral de cara a
la resolución de los conflictos, fuere cual fuere su naturaleza (siempre que estuviera en
capacidad de abordarlos).
d) El contexto
La mediación entonces está sujeta a múltiples factores que condicionan su éxito. Este es un
mecanismo auxiliar que pese a tener gran utilidad, su uso abusivo puede degenerar en
graves consecuencias de cara a la convivencia social de las partes. La mediación es un
medio de autocomposición en el que las partes, más que dejar de lado sus diferencias, las
abordan a fin de que las mismas no signifiquen un catalizador de violencia.
En ese sentido, comprender el contexto, no sólo de las partes o del conflicto, sino de la
comunidad en la que todos los elementos previamente descritos llevan su día a día, resulta
fundamental para delimitar los fines a los que el intercambio dialógico de la mediación
quiere llegar. Es decir, si es que el contexto, que es el conjunto de circunstancias que rodean
determinado hecho, implica determinados puntos a abordar, ignorar dichos puntos puede
dañar el objeto de la mediación y hacer inútil su ejercicio.
Reflexiones finales
Negar las virtudes de la mediación para mejorar la convivencia de las comunidades y
culturas resultaría sumamente miope de cara a la verdad. No obstante, resulta imperativo
comprender, no sólo la figura, que en principio podría parecer sumamente sencilla, sino sus
límites, para así evitar su mal uso y por tanto las consecuencias negativas que este puede
tener en al interior de las escuelas, colegios comunidades, vecindades y familias.
Dichos límites deben, en consecuencia, ser tenidos presentes en todo momento, evitando de
este modo caer en los facilismos de los que muchas comunidades. suelen ser víctimas al
pretender solucionar problemas a través de medios inidóneos que más que hacer bien
terminan por afianzar las problemáticas que en principio tenían por objeto resolver.
Conclusiones
- La mediación es un MASC por medio del cual dos o más partes alcanzan por sí
mismas una solución a sus controversias con la ayuda de un tercero imparcial no
supraordenado que se encarga de promover el dialogo y el acercamiento entre las
partes. Así, esta se da en escenarios de imparcialidad, celeridad, privacidad,
especialidad y calidad para la administración de sus conflictos.
- En lo que se refiere a los conflictos que atentan contra la integridad física o vida de
uno de los implicados, utilizar la mediación puede traer consecuencias adversas
como: 1) validación del comportamiento del agresor al no haber una verdadera
sanción sobre este, 2) revictimización del agredido, al tener que enfrentar a su
agresor cara a cara y 3) puede convertirse en un estimulo para la comisión de este
tipo de comportamientos al no haber consecuencias materiales reales son estos. Es
por ello, que se recomienda otro medio.
- Por último, hay conflictos que sencillamente por carácter especialmente reservado,
como algunos dentro del contexto familiar, son imposibles de tratar por medio de la
mediación, pues están fuera del alcance del conocimiento de cualquier mediador,
incluidos aquellos allegados a la familia. Ej. Violencia intrafamiliar.
- Ahora bien, con relación a los sujetos, para que la mediación pueda prosperar
adecuadamente, es deseable que: 1) haya una verdadera igualdad material entre las
partes, 2) que cada parte tenga una verdadera capacidad mental y racional de
someterse a un acuerdo voluntario.
- Apuntando hacia la capacidad, se refiere a que las partes tengan plenas capacidades
mentales, racionales y emocionales de llegar a un acuerdo. Esto es, que no se
encuentren bajo condiciones patológicas, psicológicas, sociales o culturales que le
representen un impedimento fáctico a la hora de llegar a un acuerdo. De lo
contrario, el acuerdo estará viciado y la mediación resultaría inútil.
- Con la mira en la figura del mediador, este debe reunir una serie de cualidades
específicas que le permitan dirigir correctamente el procedimiento de mediación,
pues de lo contrario, este fracasará. Por lo tanto, un mediador no apto ni rico en
cualidades, representa un límite para esta herramienta. Entre las cualidades debe: 1)
Inspirar respeto entre las partes, 2) Excelente capacidad comunicativa y 3)
Adaptabilidad según el contexto, las partes y los momentos.
- Para finalizar, es fundamental el conocimiento del contexto que rodea a las partes, al
concreto y a la comunidad en general, pues de su conocimiento se puede derivar la
fórmula de arreglo o, como mínimo, el camino correcto a seguir para llegar a ella.
Por ende, no debe despreciarse nunca las circunstancias contextuales que rodean
cada caso.
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