Herejías Medievales
Herejías Medievales
Herejías Medievales
Junto con las herejías gnósticas y maniqueas surgieron conflictos que se basaban
fundamentalmente en la figura central de Jesucristo, y en la acertada interpretación de su
persona, sus naturalezas, su procedencia, su carácter divino o humano, etc. A este conjunto de
creencias que se fueron desviando se les conoce como herejías cristológicas. Si bien surgieron
en el mundo antiguo, llegaron en algunos casos a época medieval.
Con los Concilio de Nicea (325) y Constantinopla (381) quede fijada la ortodoxia cristiana,
convertida en religión oficial del Imperio por el Edicto de Tesalónica (380). Las resoluciones de
los citados concilios ecuménicos darán como resultado el Credo Niceno-Constantinopolitano
donde se recogen con exactitud los principales dogmas de la Iglesia Católica que tras el cisma
de Oriente se dividió entre la Apostólica Romana y la Ortodoxa.
En esta página sobre las herejías medievales haremos un repaso de los principales
movimientos heréticos, no sólo de la Edad Media sino de los primero siglos.
Es importante empezar por este tipo de herejías puesto que muchos movimientos
religiosos o antirreligiosos a lo largo de la historia tuvieron elementos gnósticos. Sin ir
más lejos, muchas corrientes masónicas y esotéricas de los siglos XVIII y XIX se
basaron en que el hombre está atado a una realidad material empobrecedora que ha de
superar, si bien este camino de "iluminación" está vedado al conjunto de los seres
humanos y reservado sólo una minoría selecta.
Otra característica del gnosticismo suele ser un dualismo de contrarios donde los
material es malo, incluyendo el cuerpo del hombre que combate contra lo positivo que
es el espíritu.
Docetismo
Bajo el amplio paraguas del gnosticismo dual (materia-mal vs. espíritu-bien) surgieron
numerosas herejías. Una de ellas fue el Docetismo que negaba la humanidad verdadera
del Verbo encarnado. Si la lógica gnóstica es que la materia es mala, no se podía
consentir la idea de que el Verbo, Hijo de Dios, se hubiera encarnado. Eso supondría
que la divinidad se habría "manchado" y "degradado" con la impureza de la carnalidad.
Por tanto para la herejía docetistas gnóstica, la Encarnación es una apariencia (dokein
significa parecer). Para los docetistas, Jesucristo no posee dos naturalezas divina y
humana. Ésta última era una apariencia, por lo que su cuerpo no era real sino una
especie de imagen.
Los teólogos rechazaron esta herejía desde su comienzo pues es claramente opuesta a
los textos bíblicos. Pero esta herejía de raíz gnostica debió extenderse ampliamente
contra la ortodoxia cristiana en la segunda mitad del siglo I. En diferentes textos
canónicos de San Juan se establece con claridad que el Verbo se encarnó:
"Podréis conocer en esto el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo,
venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; ese
es el del Anticristo. El cual habéis oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo"
"Muchos seductores han salido al mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en
carne. Ese es el Seductor y el Anticristo"
Mandeísmo
Es otra de las herejías de base gnóstica. Fueron conocidos también como los nasareos.
Maniqueísmo
El origen del Maniqueísmo hay que buscarlo en Persia y se extendió durante el siglo III
d.C. por amplios territorios, llegando al Imperio Romano.
El Maniqueísmo de hace 1.800 años comparte con la New Age actual la idea de que
Jesús, Buda y otras muchas figuras religiosas habían sido enviadas a la humanidad para
ayudarla en su liberación espiritual.
Priscilianismo
El Priscilianismo fue una herejía de doctrinas gnóstica y maniquea como otras que ya
hemos descrito anteriormente, que nació en la Hispania romana durante el siglo IV d. C.
enseñadas por el egipcio Marco, que fue sumando seguidores como una dama de
nombre Ágape y posteriormente Prisciliano, su principal impulsor.
Como tantas creencias maniqueas, lo material era mal visto y ello les llevó a una serie
de prácticas de exacerbada ascesis.
Algunas de esas herejía surgidas en la Antigüedad pero que pudieron llegar en mayor o
menor medida al periodo medieval fueron:
Arrianismo
Fue una de las herejías más difundidas en los primeros siglos del cristianismo. Arrio fue
un obispo que divulgó sus enseñanzas entre las últimas décadas del siglo III y
comienzos del IV. Para él, Jesucristo fue una criatura creada por Dios, por tanto no es
divino. También consideraba lo mismo del Espíritu Santo.
Dos importantes concilios del siglo IV, Nicea y Constantinopla fijaron el dogma
trinitario y la consustancialidad del Hijo y del Espíritu Santo con el Padre. Con ellos el
arrianismo desapareció prácticamente del Imperio de Oriente.
Hasta entonces la adscripción al arrianismo, doctrina a la que habían sido convertidos estos
pueblos por el Obispo Ulfilas durante su asentamiento al otro lado del Danubio, había
funcionado como elemento de cohesión ideológica y social de la minoría germánica, erigida en
superestructura política y militar en la parte occidental del Imperio.
De hecho, la monarquía goda que gobernó la antigua Hispania romana fue arriana hasta
finales del siglo VI cuando Recaredo, hijo de Leovigildo, se bautizó en el Catolicismo
trinitario.
Adopcionismo
En la Alta Edad Media las herejías tienen un carácter fundamentalmente doctrinal, herederas
en muchos casos de controversias cristológicas surgidas en los siglos anteriores, y con
frecuencia de un marcado carácter local.
Para los adopcionistas, Jesús nació sobrenaturalmente por obra del Espíritu Santo de la
Virgen María, pero el ser nacido era un mero hombre que luego fue adoptado por Dios.
Este hombre recibió poder divino en el momento de su bautismo en el río Jordán.
Pelagianismo
El Pelagianismo fue una doctrina herética establecida por un monje inglés llamado
Pelagio entre los siglos IV y V d. C. Se extendió por Oriente y el Norte de África en el
siglo V, y sobrevivió hasta el siglo VI en la Galia y Gran Bretaña. Doctrinalmente
afectaba a cuestiones relacionadas con la gracia y el pecado original;
en efecto, Pelagio opinaba que el Pecado Original sólo afectó a Adán, pero no al resto
de los hombres por lo que el sacramento del Bautismo es innecesario. De igual forma, el
hombre no necesita de la Gracia divina para su salvación pues es completamente
autosuficiente, puesto que no posee una naturaleza caída con tendencia al pecado y
puede comportarse con plena perfección moral en base a su libre albedrío -siguiendo el
ejemplo de Cristo- hasta ganarse el premio de la salvación.
Fue muy contestado por figuras tan sobresalientes como San Agustín y San Jerónimo.
Donatismo
A partir del año 1000, y durante la Plena Edad Media, las nuevas condiciones de vida, el
desarrollo urbano, y la centralización pontificia contribuyeron a crear un clima favorable a los
nuevos movimientos heréticos que cabría conceptuar como herejías de masas, en algunos
casos vinculados a movimientos mesiánicos, proféticos y milenaristas, en otros a los
movimientos de pobreza voluntaria.
Milenarismo Joaquinita
De entre los primeros cabe destacar el milenarismo joaquinita, surgido a finales del siglo XII,
por su proyección temporal, ya que sus enseñanzas aparecen en brotes heréticos del siglo XV,
como los Herejes de Durando (1445). Proclamaba la llegada de la "Era de Espíritu Santo", en la
que la historia llegaría a su plenitud.
Iglesia Valdense
Albigenses y cátaros
Caso aparte es el de albigenses y cátaros. Fue la más importante de todas las herejías
medievales, no sólo por su arraigo y extensión territorial - afectó a todo el Mediodía francés - ,
sino por sus repercusiones políticas, y por ser la única que realmente supuso un grave peligro
para la unidad de la Iglesia.
Los cátaros, herederos de los movimientos dualistas basados en los principios del
maniqueísmo, creían en dos principios el Bien y el Mal, organizándose en una iglesia aparte, en
la que los fieles se dividían en perfectos, minoría de consejeros, y fieles, masa de creyentes.
Admirado por muchos en la actualidad -en parte por ignorancia al no conocer los estrambóticos
preceptos en que se basaban- han sido fatuamente convertidos en "paladines de la libertad de
conciencia contra la opresora iglesia medieval"
Sin embargo, las creencias de los albigenses llegaron a ser en muchos casos de un
extremismo ciertamente estremecedor, donde se remansaron muchas de las tesis gnósticas ya
comentadas anteriormente. Para empezar creían que todo lo material era malo, incluyendo el
cuerpo y todo ello lo había creado un dios maligno. En cuanto a la naturaleza de Jesucristo
creían que fue en verdad un ángel, y que su muerte y resurrección tenían un sentido
meramente alegórico.
Por contra, lo único bueno es el espíritu creado por un dios benigno al que había que adorar.
Esta confrontación maniquea y dualista entre el bien-alma y el mal-cuerpo debía conducir a que
el alma debía ser liberado del cuerpo. En este contexto, procrear hijos era lo peor que se podía
hacer puesto que suponía atrapar nuevos espíritus en en el abominable mundo material y
corporal.
También abolieron los sacramentos, que fueron sustituidos por el consolatum, que se
administraba antes de la muerte.
Tolerada por algunas autoridades con intereses políticos (fueron protegidos y alentados por
Pedro II de Aragón y Raimundo VI de Toulousse) la herejía albigense se extendió con rapidez,
convirtiéndose en un verdadero movimiento de masas que embaucó a numerosos seguidores
simplemente por el hecho de encontrarse insatisfechos y embarcarse en un cambio radical de
vida.
Wyclifismo (Lolardismo)
El wiclyfismo representó una ruptura total con la Iglesia, ya que afirmaba que existía una
relación directa entre los hombres y Dios, sin la intromisión de la iglesia por lo que desaparecía
la mediación sacerdotal.
Juan de Wyclif consideraba que las Escrituras eran suficientemente claras y no necesitaban la
interpretación de la Iglesia, por lo que favoreció la traducción de la Biblia. No obstante se
entendía que el Antiguo Testamento era muy inferior en verdad al Nuevo, por lo que todo lo que
se apartaba del Nuevo Testamento era dañino.
Tras su muerte sus enseñanzas se expandieron con rapidez: su Biblia apareció en 1388 y sus
doctrinas se matizaron en tres corrientes, la académica, la política - grupos de parlamentarios y
nobles deseosos de que la monarquía se sacudiera la tutela del pontificado -, y la popular que
habría de proyectarse en el movimiento de subversión social.
Las obras de Juan de Wyclif influyeron de manera inequívoca en el fundador del otro gran
movimiento de la época, el Husismo y posteriormente en el Luteranismo y Calvinismo.