Guatemala y la Cumbre del G77+China
Marco Fonseca
La Cumbre del Grupo de 77 + China (G77+China) que tomó lugar en Santa Cruz, Bolivia,
la tierra del “buen vivir”, a mediados de junio pasado, replanteó una vez mas objetivos
centrales históricos en la lucha contra el colonialismo y por la soberanía popular,
principios que hoy siguen vigentes precisamente por la extensión del colonialismo
neoliberal y globalizador, principios que la misma CEPAL, por medio de su Secretaria
Ejecutiva Alicia Bárcena, está instando hoy a adoptar como parte de una agenda renovada
de desarrollo post-2015 mas amplia y claramente descolonizadora y anti-neoliberal.
El gobierno de Guatemala, presidido por el conservador y ex-militar Otto Pérez Molina,
decidió participar en ese evento pero sin darle un carácter diplomático de alto rango como
se merecía. Al contrario, su delegación estuvo compuesta de carreristas académicos o
políticos consumados con un récord de hablar mucho y hacer nada incluyendo al
embajador de Guatemala en México Fernando Andrade Díaz-Durán, el de Perú
concurrente para Bolivia Gabriel Aguilera y la representante alterna ante la misión en
Nueva York Mónica Bolaños.1 Cualquiera que conozca la historia política de Guatemala
desde la “transición” a la democracia neoliberal de 1985 sabe también la trayectoria de
esta gente.
El balance que hizo el gobierno guatemalteco de la Cumbre puede verse en el discurso
que Díaz-Durán ofreció ante la misma. ¿Y en qué puede resumirse el mismo? En nada.
No hubo ni un solo elemento significativo que dicho discurso y, por lo tanto, Guatemala
haya hecho al esfuerzo del grupo para superar el neoliberalismo globalizador y ello a
pesar de que Guatemala es una de las víctimas mas visibles de dicho proceso
neocolonizador y extractivo. Quizás ello se deba a que el presente gobierno es, de hecho,
un partícipe entusiasta de la servidumbre y la explotación del país, su gente y sus recursos,
al servicio de las corporaciones transnacionales y las agencias financieras internacionales.
Pero quizás también se deba a la bancarrota intelectual e ideológica de estos
representantes así como de la gente que sirve de consejeros y consultores para esta
administración.
¿De qué habló Díaz-Durán en la Cumbre del G77+China que le permitió al mismo
tiempo hablar de nada? Habló de la necesidad de “buscar consensos que permitan
unificar posiciones teniendo en cuenta la diversidad de los países que lo conforman” y de
como “hemos aprendido a incorporar en las declaraciones y resoluciones, las distintas
visiones y prioridades de los Estados Miembros del Grupo y la segunda, porque hemos
logrado resultados importantes en las Cumbres, Reuniones y Conferencias de la
Organización de las Naciones Unidas.” Habló también de la declaración pro-corporativa
y globalizadora que emanó de Rio+20, “el futuro que queremos”, como si fuera un
documento de los pueblos y no de corporaciones y burocracias diciendo que “ha puesto
en el centro de Naciones Unidas las dos prioridades de los países en desarrollo, a saber: la
erradicación de la pobreza y el desarrollo a través de una visión integrada de los tres
pilares: el económico, el ambiental y el social.” Habló sobre la agenda de desarrollo post2015 emergente, pero sin decir nada que uno no pueda leer en un editorial de tabloide
matutino, diciendo que “debe ser universal y creativa, que impulse el desarrollo integral
en su amplio sentido.”2 Suena bien. El problema es, por supuesto, que el gobierno de
Pérez Molina, en nombre del interés privado, las corporaciones transnacionales y el
neoliberalismo, está haciendo todo lo que puede para socavar el desarrollo sostenible,
humano y soberano de Guatemala.
Porque Guatemala no está haciendo por su pueblo, precisamente, lo que el país anfitrión
de la Cumbre está hacienda por el suyo. Por ejemplo, como parte de su lucha contra el
neoliberalismo globalizador y el extractivismo de las corporaciones transnacionales, el
gobierno de Evo Morales en Bolivia ha denunciado y rechazado abiertamente sus tratados
bilaterales de inversión, en base a su nueva constitución, porque los mismos implican la
apertura de los recursos estratégicos nacionales al capital extranjero y no para el
desarrollo nacional o local y contienen mecanismos de resolución de controversias
inversionista–Estado diseñados precisamente para favorecer los intereses privados de
transnacionales y no los públicos, humanos o ambientales de los pueblos. ¿Cuáles son los
principios o fundamentos económicos, políticos y constitucionales que están guiando a
Bolivia en su lucha por desmantelar el andamiaje neoliberal al interior de su propia
institucionalidad? Son tres:
El primer pilar tiene que ver con la recuperación de todos los recursos
naturales estratégicos para el país, que es lo que llevó a las
nacionalizaciones de las diferentes empresas. El segundo pilar tiene que
ver con la revisión y denuncia de todos los Acuerdos Bilaterales de
Inversión contrarios a la nueva CPE. El tercer pilar tiene que ver con la
prohibición de cualquier arbitraje internacional respecto a cualquier
controversia entre un inversionista privado y el estado boliviano…”, es
decir que, “… cualquier controversia que pueda surgir entre un
inversionista privado y el estado tiene que resolverse en jurisdicción
nacional, esto implica una renuncia explícita a cualquier foro
internacional en el cual podría resolverse las controversias.3
Para Bolivia y, sobre todo, para la gente pobre e indígena detrás del gobierno de Morales,
la lucha por desmantelar el neoliberalismo y sus tentáculos adentro de Bolivia es solo
parte de construir, simultáneamente, un “Nuevo Orden Mundial para Vivir Bien”. Es
cierto que no todo lo que está haciendo Bolivia ahora es aplaudible. Por ejemplo, el
gobierno de Morales es muy ambivalente en términos de sus políticas hacia el
extractivismo minero y energético y ha optado por un modelo de explotación de los
llamados “recursos naturales” pero bajo control del Estado soberano y no del capital
privado nacional o las transnacionales. Aunque esto pone finalmente en práctica ideas
centrales de cómo superar la dependencia y el subdesarrollo desarrolladas en los 60s y los
70s y hoy defendidas por García Linera, el vicepresidente de Morales, esas propuestas no
tenían ni tienen ninguna respuesta adecuada a la crisis ecológica que involucra el
desarrollo nacional (de capitalismo de Estado o, pero, de libre mercado) en base a la
sustitución de importaciones en combinación con el desarrollo industrial para el mercado
interno. Fueron propuestas desarrolladas antes de la actual hola globalizadora neoliberal y
antes de que los efectos del cambio climático empezaran a sentirse tangiblemente y
resultaran estar claramente vinculados al modelo de desarrollo que hoy demanda Bolivia
para sí y para su pueblo. Aunque no hay duda que en Bolivia la lógica extractivista sí esta
siendo abiertamente desafiada desde abajo y, sobre todo, desde muchas comunidades
indígenas que, a su vez, también apoyan el liderazgo de Morales, la política oficial
boliviana esta diseñada en torno al extractivismo soberano y supuestamente en pro del
desarrollo comunal y nacional.4 Pero la crítica al anti-extractivismo no se reduce a sus
efectos destructores de la soberanía nacional sino también a su vinculación con el cambio
climático y su impacto profundamente negativo en la calidad de la vida comunal en
donde quiera que se impone siempre por medio violentos. Este es quizás el talón de
Aquiles en la administración de Morales que, además, está proponiendo el desarrollo de
energía nuclear civil en Bolivia como parte de su solución a las necesidades energéticas
“sostenibles” de su capitalismo popular de Estado. Pero por lo menos en Bolivia todos
estos asuntos se están debatiendo abiertamente en medios de comunicación nacional y
comunitarios.
En Guatemala no hay debate suficiente. Pero la gente pobre e indígena de Guatemala y
sus organizaciones autónomas entienden todo esto muy bien en términos de lo que llaman
la lucha por la “vida en plenitud”, es decir, una vida y un modelo de desarrollo
incompatible en principios y políticas con lo que demanda y obtiene de todo gobierno el
CACIF y los intereses transnacionales. Solo en términos de acuerdos bilaterales de
inversión extranjera que niegan la lógica de la última cumbre del Grupo del G77+China,
¿Qué ha hecho Guatemala? Entre 2001 y 2012, por ejemplo, Guatemala suscribió 16
tratados bilaterales de inversión – incluyendo tratados con Taiwán e Israel, es decir,
¡Enemigos de las ideas que surgieron de la Cumbre del G77-China! – y no solo no ha
denunciado ninguno sino que está buscando mas.5 ¿Y en cuanto al extractivismo? Basta
solo un ejemplo a modo de recordatorio. En mayo de 2013 el gobierno de Pérez Molina, a
través del Ministerio de Energía y Minas y el de Gobernación – ambos ampliamente
vinculados a redes militares con intereses económicos en el extractivismo y la agroexportación – impuso el Estado de sitio en dos municipios de Santa Rosa y dos de Jalapa
por supuestos “hechos de violencia”, es decir, protestas comunitarias ampliamente
pacíficas – aunque no necesariamente unificadas o de consenso regional total – contra el
extractivismo y en demanda de consultas municipales de vecinos o Consultas
Comunitarias de Buena Fe.6 7 La respuesta de Pérez Molina fue la respuesta típica del
conservadurismo militarista y represivo de larga tradición en Guatemala: ordenó el
despliegue de 8 mil 500 elementos del Ejército (¡Obviamente en defensa de la soberanía
nacional!) y de la Policía Nacional Civil (PNC) en defensa de la propiedad privada, el
orden y la paz social necesarios para la explotación de la Mina San Rafael. Como bien se
sabe ésta mina le pertenece a la transnacional canadiense Tahoe Resources Inc. quien la
opera en Guatemala bajo el nombre de Grupo Macro y cuyo presidente y CEO, Kevin
McArthur, goza de mas acceso al gobierno de Guatemala que el pueblo que lo eligió .
Para Pérez Molina la represión a la protesta pacífica y la demanda de justicia social,
ambiental y económica representan una amenaza subversiva y su represión se justifica
porque se trata de “grupos pequeños en cada municipio que desinforman al resto de la
población y realizan actividades ilícitas.”8
Evidentemente ésta “estrategia nacional de desarrollo” en Guatemala basada
centralmente en el extractivismo, la agro-exportación (en sí misma basada en el robo
legal de tierras y el desplazamiento de población campesina) y zonas de libre comercio
con fuertes inyecciones de capital extranjero sin restricciones no solo no es compatible
con el desarrollo entendido mínimamente, es decir, como lo entiende la CEPAL o la
UNCTAD, sino que como se lo ha replanteado el Grupo del G77+China en su reunión de
junio en Bolivia. Para el gobierno de Guatemala “desarrollo” consiste en la venta en
ganga de lo poco que le queda a Guatemala de su patrimonio nacional y natural para su
propia existencia como Estado viable y creíble y el endeudamiento creciente para
financiar presupuestos diseñados en función de clientelas electorales y no del desarrollo
humano, sostenible y ecológico a largo plazo.
Los medios de comunicación de Guatemala, como siempre, pasaron desapercibidos de la
sustancia de la Cumbre y de las posiciones empobrecidas y recicladas que Guatemala
llevó a la misma, mas que todo como un ejercicio de relaciones públicas, por medio de
representantes totalmente desconectados de la realidad del país.
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http://tinyurl.com/nfqcx42
http://tinyurl.com/okrfdsj
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http://tinyurl.com/qfaz9dn
4
http://tinyurl.com/kxep6tk
5
http://tinyurl.com/nv6cu75
6
http://tinyurl.com/ome3e9s
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http://tinyurl.com/oqprne7
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http://tinyurl.com/prjbkhr
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