Filosofía Arostóteles
Filosofía Arostóteles
Filosofía Arostóteles
Para Aristóteles, la realidad es el mundo sensible. Rechaza la teoría de las Ideas de Platón
porque, para él, las Formas (Ideas) no existen en un mundo separado, sino que están presentes en
los seres sensibles, dándoles unidad y consistencia. Así, su Física estudia lo material y su
Metafísica analiza las esencias que trascienden esa materia. Esta visión lo lleva a su teoría
hilemórfica, según la cual los seres están compuestos por materia (la potencialidad indeterminada
de la que están hechos, el sustrato) y forma (su esencia, que actualiza esa materia para que sea lo
que es). Estos dos co-principios se unen para formar los seres concretos de la realidad, los sujetos.
Aristóteles también observa que a los sujetos se les pueden añadir o quitar características sin que
dejen de ser lo que son. Por ejemplo, cortarse el pelo no cambia mi humanidad. Por eso, en su
doctrina de las diez categorías o modos de ser, distingue entre sustancia, que es el ser en sí mismo
(independiente, qué es), y accidentes, que son propiedades que pueden cambiar sin alterar la
esencia. Son en otro (cantidad o cualidad). Además, ya que todos somos algo en común de forma
particular, clasifica dos tipos de sustancia: la primera, que es el individuo concreto (como
"Sócrates"), y la segunda, que es el concepto universal compartido por una especie (como "ser
humano").
En cuanto al cambio, Aristóteles se sitúa entre Parménides (el ser como único e inmutable) y
Heráclito (el ser es múltiple y siempre cambiante). Aristóteles sostiene que el cambio existe ya que
el ser es análogo1 (de distintas formas), pero tiene un fin: la perfección que define la esencia de
cada ser. El cambio es, por tanto, el paso de la imperfección, ser en potencia (lo que puede ser), a
la perfección que establece la esencia, al ser en acto (lo que se es al haber adquirido). Este cambio
puede ser accidental (modifica los accidentes sin afectar la esencia) o sustancial (una sustancia se
transforma en otra). De ejemplo tenemos cómo una semilla (potencia) se convierte en planta (acto),
gracias a una nueva forma que actualiza la materia (sustancial), alcanzando su fin. Esto más la
concepción teleológica de la realidad de Aristóteles.
Por último, todo esto se unifica bajo su teoría de las cuatro causas: Todo fenómeno natural se
explica con una causa formal (la esencia que define a un ser), material (de qué está hecho),
eficiente (lo que provoca su existencia) y final (su propósito). Estas cuatro causas superan las
explicaciones de los Presocráticos, que se centraban en la causa material, y de Platón, que añadía
la causa formal, pero no resolvían por completo el "por qué" de las cosas y su movimiento.
Por otro lado, en la Metafísica, Aristóteles estudia el ser en cuanto ser, es decir, lo que es común a
todos los seres y los hace reales. En este estudio, establece los primeros principios indemostrables
que fundamentan toda la realidad (axiomas): no contradicción (una cosa no puede ser y no ser al
mismo tiempo, analogía), identidad (una entidad es idéntica a sí misma y diferente al resto) y
causalidad (todo tiene una causa que permite pasar a estar en acto, ser). También clasifica las
1
El término "Ser" es análogo (Metafísica, ppo de no contradicción). Puedo cambiar sin dejar de ser, ya
que "el ser se dice en varios sentidos". El ser tiene un significado fundamental (todo es) y se aplica a
realidades distintas (se es de modos diferentes). Por eso se añade "en el mismo sentido": puedo ser algo
y no ser otra cosa simultáneamente.
categorías, lo que se puede decir de los seres, como la cantidad, cualidad, lugar o tiempo
(sustancia-accidentes).
La concepción de la realidad de Aristóteles nos lleva a su epistemología. Para él, conocer un objeto
implica no solo saber qué es (su composición), sino también entender qué lo causa, cómo cambia y
cuál es su finalidad o modo de ser. En resumen, se trata de comprender los principios y causas que
rigen la realidad. Por otro lado, según su física y metafísica, la esencia de los seres reside en su
forma, por lo que para comprender algo debemos primero captar esa forma de manera intencional e
inmaterial. Así, el conocimiento se define como la posesión intencional e inmaterial de las formas.
A este conocimiento de las cosas y sus causas es lo que Aristóteles llama ciencia. A diferencia de la
opinión, la ciencia es un saber seguro, universal y necesario que aprehende esencias y las explica
por sus causas. Las ciencias se clasifican según su objeto de estudio: lo universal y análogo
(Metafísica) y lo particular y unívoco (ciencias particulares). Se dividen en Ciencias de la
Sabiduría (conocimiento de la realidad: Metafísica, Matemáticas y Física), Prácticas (actividad
humana: Política, Ética, Economía), Técnicas (producción: Arquitectura) y Teóricas (desarrollo de
otras ciencias: Lógica, Gramática).
Además, dado que Aristóteles sitúa toda la realidad en lo sensible, su epistemología será realista:
los sentidos nos conectan directamente con la realidad, y el conocimiento parte de la experiencia
sensorial para llegar a esas formas. Por ello, existen dos tipos de conocimiento: sensible e
intelectual. El conocimiento sensible, propio de humanos y animales, capta formas sensibles,
distinguiendo entre accidentes y sustancia segunda, a través de los sentidos. Primero, los externos
(olfato, vista...) perciben cualidades simples y materiales y luego, los internos procesan y unifican
esas percepciones. Entre los sentidos internos destacan el sentido común, que unifica estímulos en
una percepción, la imaginación, que reproduce percepciones ausentes y la memoria, que conserva
imágenes reconociendo su temporalidad y permitiendo revivir esas experiencias.
A partir del conocimiento sensible, se desarrolla el conocimiento intelectual, exclusivo del ser
humano. Este capta las formas sustanciales, diferenciándolas de la materia prima. Primero, el
intelecto agente actualiza las formas potenciales de las imágenes concretas, despojándolas de sus
elementos individuales y abstrae su esencia universal. El intelecto paciente conoce (almacena)
estos conceptos abstraídos, permitiendo la formulación de juicios (unión o separación de elementos
dando un predicado a un sujeto) y razonamientos (encadenamiento lógico de juicios), que nos
permitirán explicar las causas y llegar, finalmente, a la ciencia. Aristóteles distingue entre
razonamientos inductivos (conclusiones universales a partir de casos particulares) y deductivos
(conclusiones particulares de premisas universales).
Además, distingue el alma humana frente a la del resto de seres vivos según su comportamiento.
Establece el alama vegetativa (nutrición, reproducción y crecimiento), presente en todos los seres
vivos; la sensitiva (sensación y movimiento), propia de los animales; y la intelectiva (conocimiento y
deliberación), exclusiva de los seres racionales (hombres). Estas almas se contienen
sucesivamente, siendo la intelectiva la más elevada y distintiva, ya que nos posibilita el
conocimiento (intelecto y abstracción de formas) y la capacidad de elegir racionalmente,
superando los impulsos del apetito (agradable y desagradable).
EL PROBLEMA DE LA MORAL
Para lograr esto, Aristóteles habla de las virtudes intelectuales o dianoéticas, fruto de la educación y
el aprendizaje e identificadas con el conocimiento. Distingue entre las relacionadas con el
conocimiento de las cosas necesarias y buenas (teórico) y con sobre cómo aplicarlo a nuestra vida
(práctica). Tendrán dos virtudes principales correspondientes:
Al mismo tiempo, conociendo que el hombre tiene facultades vegetativas y sensitivas relacionadas
con necesidades corporales (apetito concupiscible) y sociales (apetito irascible), serán necesarias
unas virtudes (éticas o prácticas), que consisten en controlar esta faceta perfeccionando la parte
desiderativa (voluntad) para poder centrarnos en la intelectiva (nuestra diferencia). De esta forma,
crítica el intelectualismo moral afirmando que a veces actuamos contra nuestro propio beneficio
(sensibilidad) pese a conocerlo.
Estas virtudes son hábitos adquirido por la práctica constante, que nos permiten elegir, habiéndolo
determinado con la prudencia, el término medio entre dos extremos viciosos (exceso y defecto),
como la fortaleza entre la cobardía y la temeridad, la templanza entre el desenfreno y la
insensibilidad o la magnanimidad entre la pequeñez de ánimo y la vanidad. Y la justicia, que
refiere a la obediencia de la ley y regula nuestra relación igual con los demás, es la virtud social por
excelencia. Aquí entra también la importancia de la amistad (philia), que se funda en la virtud y es
un apoyo indispensable para desarrollar las virtudes y alcanzar la felicidad, ya que es una relación
que implica igualdad y reciprocidad en la búsqueda bien.
Por otro lado, para adquirir esta justicia social y unas leyes que promuevan las virtudes éticas, se
necesitará un legislador prudente. Este debe saber aplicar su intelecto de manera práctica y
perseguir el bien común en vez de los particulares, respetando los derechos naturales y
permitiendo a los ciudadanos realizar su virtud. Aristóteles distingue tres formas justas de gobierno:
Monarquía (gobierno de uno superior en virtud, con Tiranía como su corrupción), Aristocracia
(gobierno de los mejores, corrompido en Oligarquía, ricos) y República o Politeia (gobierno de
hombres buenos, corrompido en Democracia o Demagogia). Para Aristóteles, la República es la
mejor forma de gobierno, ya que, siendo realista y no ideal (como la Monarquía y la Aristocracia),
equilibra oligarquía (ricos) y democracia (ignorantes), con ciudadanos competentes de clase media
gobernando.
Además, la polis debe tener una cantidad adecuada de ciudadanos y territorio: suficiente para la
organización y el desarrollo del intelecto, pero no tanto como para dificultar la convivencia y
fomentar el lujo. También destacó la importancia de una educación, bajo el control de la polis
(contraria al sofismo), que comience educando en el control del cuerpo (ética), creando buenos
hábitos (virtudes) en los ciudadanos en la infancia, y luego educando en el conocimiento al alma
(dianoética).