Iberia Hispania Spania COMPLETO
Iberia Hispania Spania COMPLETO
Iberia Hispania Spania COMPLETO
PRODJCC!Ó!~ Y ORGH-iiZACiór~
ilt,AGU.J Y DISENO
eRm
Caja de Ahorros
de l Me diterráneo
O BRAS S OC IALES
as ciudades, símbolo de las civilizaciones, se construyen sobre las ruinas de otras anteriores,
cuyos restos duermen guardando pacientemente eslabones de una historia que es origen y
consecuencia del mundo en que hoy vivimos.
Parte de la impronta que esa historia ha dejado en las diferentes culturas que florecieron en los territorios
do la península Ibérica bañados por el Mediterráneo, constituye la esencia de la exposición que me
complace presentar. Un período histórico en el que los pueblos asentados en sus costas fueron sus más
destacados protagonistas.
Nadie duda a día de hoy de la importancia de ese territorio, localizado en los límites del mundo conocido,
al que los griegos dieron el nombre de Iberia, cuna de una de las más grandes culturas mediterráneas de
la antigüedad, cual es la ibérica, que alcanzó altas cotas de creatividad, y en cuyo seno acaecieron las
primeras manifestaciones de un mundo con una sociedad, una economía, un urbanismo y un arte bien
organizados y de extraordinaria creatividad.
Esa Iberia que en las postrimerías del siglo 111 a.C. fue marco del enfrentamiento entre Roma y Carthago,
las dos civilizaciones más poderosas del momento, por la hegemonía del Mediterránea. Pugna en la cual
se evidenció la valentía y capacidad de los guerreras iberos, pero que terminó con la adaptación de su
mundo y su cultura a la de los conquistadores romanas. Así, tras haberse convertida en un inmenso campo
de batalla donde se decidió el destino del mundo conocido, Iberia se transformó en época de la República
tardía en una de las más florecientes provincias del Estado romano: Hisponio.
Tras una floreciente historia de varios siglos, en que las provincias hispanas llegaron a transformarse en
motar y cuna de provisión de grandes estadistas del Imperio romana, nuevos avatares históricos desgajaron
la unidad imperial y transformaron la franja costera del sureste y mediodía de la otrora Hisponia romana
en la Spanio bizantina, una nueva transformación que finalizará con la invasión musulmana.
Dicha secuencia histórica se nos sugiere con claridad y acierto en el título de esta exposición: "Iberia,
Hispania, Spania. Una mirada desde !lici''. Enunciado que clarifica su objetivo, trasciende la mera muestra
estética y ordenada de restos de culturas diferentes, e invita a la reflexión y el conocimiento de un período
histórico oscuro y remoto, del que, gracias al esfuerzo de numerosos investigadores, tenemos cada vez un
mayor conocimiento.
Esta espléndido exposición no hubiera podido convertirse en realidad sin la colaboración entre aquellos
Comunidades Autónomas que conservan muchos de los valiosos testimonios de aquellas épocas, sin el
esfuerzo y entusiasmo de sus comisarios y organizadores, así como sin el siempre generoso patrocinio de
la Caja de Ahorros del Mediterráneo. Gracias a todos ellos por esta iniciativo que nos acerca un poco más
a nuestro pasado y al conocimiento de las inquietudes y formas de vida de aquellos que han precedido en
el devenir de la Historia.
n el tiempo que media entre los años 500 antes y 500 después de nuestra ero se desarrolló en
la fachada oriental de lo Península Ibérica un proceso ininterrumpido de transformación cultural,
a partir de unos núcleos ibéricos que llegaron o alcanzar importantes logros y cuyos contactos
con elementos púnicos, griegos e itálicos facilitaron su pronta incorporación al ámbito cultural romano.
Lo expansión del cristianismo y la presencia visigoda, junto con episodios coyunturales como un corto
período de dominio bizantino, marcaron luego la pauta de un periodo tardoantiguo especialmente rico e
interesante.
Iberia, Hispania, Spania, denominaciones con las que se conoció sucesivamente a nuestro península,
pretende ser una mirada reflexivo sobre este proceso a través de algunos de sus elementos más
significativos. Se organiza a partir de 1/ici, destacado ciudad ibérica, colonia romana, obispado visigodo
y hoy en día importante núcleo cívico y una de los raíces de lo actual Coja de Ahorros del Mediterráneo.
Pero incorpora también materiales y vestigios de diversa procedencia y significado, que la convierten en
una ocasión excepcional para contemplar un modelo de pluriculturalidad que se desarrolla o lo largo de
todo un milenio.
Deseamos agradecer a los Museos Arqueológicos: Nacional, Provincial de Alicante, Cataluña, Camil
Visedo de Alcoy, Murcia, Municipal de Cartagena, Municipal de Villojayoso y Alejandro Ramos Folqués
de Elche; a los de Albacete, de Prehistoria i de les Cultures de Valencia, de Arte Ibérico de El Cigarra leja
de Mula, Municipal Jerónimo Molino de Jumilla, Arqueológico y Marítimo de Santa Polo; al Gabinete de
Antigüedades de la Real Academia de la Historia, a los dueños de colecciones privadas, y especialmente
a la Fundación Universitaria de Investigación Arqueológica La Alcudia de Elche y a su Museo Monográfico,
la colaboración prestada en este proyecta.
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esta ocupación prehistórica, representada por los estra-
tos H y G, el primero asociado al Eneolítico/Bronce y
el segundo al periodo preibérico que fecha entre los
siglos VIl y VI a.C (Ramos Folqués, 1989). Sin duda, la
abundancia y complejidad arquitectónica de La
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Alcudia expl"rco que en muy pocos lugares se hoyon
alcanzado niveles prehistóricos y, en su caso, su redu-
cido espacio en extensión y potencia. En el sector 5-F,
(
donde la inexistencia de estructuras sólidas de época
romana permitió alcanzar la roca virgen, el estrato H,
asociado por su excavador a etapas del Bronce Final,
tenía una potencio de 41 cm y sus pavimentos, "de tie-
rra pisada, endurecido y muy compacta", se localiza-
incompleto, disperso y, en ocasiones, contradictoria. de media kilómetro al W del río Vincrlopó y un ,1 ' ""
De manera reiterado Alejandra Ramos Folqués indi- tro de uno llanura deltaica can obundon!e ur¡tH1 011 In
có la presencio de materiales prehistóricos en Lo lagunas y zonas encharcadas, cerrodo ol rnur poi U ti• ¡
Alcudia. Un cierto número, que asocio al Eneolítico y la cadena de dunas y rodeado por uno sori<J de, llill!dlllhl:.
Edad del Bronce, las recogió en superfici~, suponiendo en las que se abren barrancas/rornblw; y ol pr~'llH-, 11,_,
que procedían de lo remoción de tierras con ocasión convertidas en vías de comunicoción, Jh) :.knnpu~ [(¡, i
de las excavaciones de Albertini y de v·rves, en 1905 y les, con e! interior o can las tierros del L~oj!) :-:.nqw•~ "ni
1923 respectivamente, quienes abrieran zanjas de más Campa de Alicante. Estos tms espocio:; Hdju \r~q11111
de cuatro metros de ancho y otras cuatro de profundi- Boja Vinalapó y Campo de Alicnnln, ,¡,.,.¡., M"'''"
dad en varios puntos del yacimiento. Por otra lada, en hasta El Compello, al norle de In ,,..¡¡¡ul '¡¡¡,¡,,¡ ,¡,
su propuesta estratigráfico de La Alcudia se refiere a Alicante- constituyen uno mismu unid( 1d J¡·,i\ ;! JI •d ¡, -.
2C,,ó~d" !c"'O p!!ncp,v C:<o<
C(l '"'oi):l ~1' p,("),~!b:(G (i( iJ'I<:! )' ck >U Cf\!Q'~C·
delimitada por las alineaciones Subbéticas -Sierra de cantidad de carbones todos de )uniperus sp (enebros
Crevillente- y las últimas del Prebético Meridional -sie- y/o sabinas), datados mediante C14 en el 17.360 ±
rras Negra y Tabayá- y el mar. Un territorio con una 180 B.P., sin calibrar, acorde con las industrias solú-
historia compartida desde sus orígenes, abierto a las treo-gravetiense con las que se asocia. En los alrede-
tierras y culturas del sureste y del interior peninsular. dores del hogar otros carbones dispersos, posiblemen·
te fruto de anteriores combustiones, pertenecían a pino
negra!, acebuche, cornicabra, lentisco, fresno, aladier-
no e, incluso, higuera silvestre, conformando una serie
Las más antiguas evidencias de la presencia huma- vegetal supramediterránea de los sabinares albares de
na en las tierras del Bajo Vinalopó, en las que se inte- tendencia continental semiárida o seca, semejante al
gran Elche y La Alcudia, corresponden al Paleolítico que en la actualidad se encuentra en zonos del sistema
Superior y se asocian, por tanto, con los primeros hom- ibérico, cordilleras béticas y zonas de la Meseta. El
bres anatómicamente modernos que ocuparon el País paisaje de esta Sierra de Crevillente sería en estos
Valenciano, quienes desde sus lugares de hábitat y momentos el de un bosque más o ~~-?nos abierto, domi-
campamentos temporales ubicados en puntos estratégi- nado por enebros/sabinos y pinoS",ccon acebuches, pis-
cos de las sierras controlan el movimiento de los anima- tachas e higueras en las zonas resguardadas y algunos
les en las tierras llanas y las pasos interiores. Es el caso fresnos en los zonos rnós húmedas.
de la Sierra de Crevillente, donde se han localizado A partir de la información actualmente disponible,
varios lugares que, al menos desde hace unos 30.000 durante varios milenios estas tierras permanecen desha-
años, conservan testimonios de estos cazadores y reco- bitadas, ya que no se han encontrado materiales que
lectores. Se trata de las cuevas de la Ratlla del Buba y puedan asociarse al Epipaleolítico, con la excepción
del Xorret, del abrigo del Coste!! Vell y del yacimiento de los recogidos en Les Cadalles que, de todos modos,
de superficie de Les Codalles. De las das últimos, cano· se situarían a inicios de éste.
cidos sólo por una reducida colección de materiales líti-
cos recogidos en superficie, su adscripción cultural es PlZ!iV\Eí<OS HABIT.AG~TES DE
necesariamente imprecisa, clasificándose el primera en
un genérico Paleolítico Superior y Les Codolles en el La ocupación inicial de La Alcudia coincide con la
Magdaleniense superior final o en el Epipalealítico ini· aparición de la agricultura y ganadería en el Bajo
cial (Menargues, 1998). También se encuentra repre- Vinalopó, ya en momentos pastcardiales del Neolítico
sentado el Magdaleniense superior en la Cava del según atestiguan algunos materiales arqueológicos,
Xarret 1 donde, asimismo, se constató la presencia de tanto de este yacimiento cama de la Cueva de las
Gravetiense, a juzgar por los materiales líticas recupe- Arañas del Carabasí, en Santa Polo, acordes con otras
rados en remociones y recogidas poco rigurosas (Serna ocupaciones neolíticas del Campo de Alicante y Vega
López, 1991). Baja del Segura.
La Cova de la Ratlla del Bubo es, sin duda, el yaci- En la excavación del sondea 6-B del sector 5F de
miento de mayar interés, gracias a las esfuerzos de sus La Alcudia se descubrió una compleja galería subterrá-
excavadores pese a los reiterados destrozos de las nea de época romana de unos 30 metros de desarrollo
actuaciones clandestinas y la posterior dispersión de que comunica el interior de la ciudad con una supues-
sus materiales por distintos museos y colecciones parti- ta pequeña playa de una corriente de agua que al
culares. La primera ocupación detectada en la cueva entrar en contacta con el extremo septentrional de la
corresponde al Gravetiense, aunque na se alcanzó la colina se bifurcaría para rodearla y unirse de nueva en
roca base, de ahí que en ocasiones se ha sugerido un el otra extrema. Sobre la existencia de este pretendido
no descartable Paleolítica Media, presente en otras cauce ha mostrado recientemente J. Moratalla Jávega
yacimientos relativamente próximos del Media fundamentadas dudas y, al menas, en el exterior del
Vinalopó. Lo más conocido de este yacimiento es un lada W, donde se ha sondeada para construir el nuevo
hogar formado par un semicírculo de piedras, en cuya Centra de Interpretación de La Alcudia na se han detec-
interior, de 28 cm de diámetro, se recogió una gran tado evidencias de este cauce.
Ledua , en Novelda, del que proce-
de un recipiente cerámico que
recuerda por su forma, aunque su
decoración incisa e impresa es más
compleja, al ejemplar de La
Alcudia.
Otro referente reiteradamente
9
e lche citado para el Neolítico del Bajo
C r vliton co L. a Atcudlt Vinalopó es la Cueva de las Arañas
del Carabasí, en Santa Polo, ubica-
da en la margen derecha de uno de
los pequeños .barrancos que rom-
pen la ladera de la llamada Sierra
•
+
Neolltico
Campaniforme
de Santa Polo• r: se pierden en la
El' Neolltico- plataforma co~t~ra que se continúa
Campaniforme
-
o
ha sido objeto de varios estudios que la sitúan dentro da bajo la pintura y el relleno de las incisiones de la
del ciclo del Arte Levantino (Beltrán , 1995; Ramos cerámica se considera contemporánea a ésta (Ra mos
Fernández, l983c). La pieza más antigua de todo el Fernández, l983b), mientras el équido pinta do, según
conjunto y que puede relacionarse con la ocupación
neolítica de La Alcud ia corresponde a los fragmentos
de una vasija de tendencia ovoide con pequeño cuello
y asa de cinta vertical decorada con incisiones. La
punta de flecha , los fragmentos de grandes láminas y
la placa tabular con retoque plano cubriente, todas de
sílex, pertenecen a un momento posterior, al igual que
un plato cerámico. Las dos campañas de excavaciones
que realizamos en esta cueva con objeto de contextua-
lizar estos hallazgos resultaron decepcionantes al com-
probar que los sedimentos estaban totalmente altera-
dos, mezclándose los escasos restos prehistóricos recu-
perados con otros recientes , incluso hasta el mismo
suelo rocoso de la cueva. Por otro lado, coincidiendo
con estas excavaciones los técnicos en el tratam iento
del arte rupestre designados por la Dirección General
de Patrimonio de la Generalitat Valenciana, después Équido pintado de lo Cueva de los Araños del Corobosí, en Santo Polo
(coleo de R. Romos Fernóndez)
de un detenido análisis y limpieza de las paredes, no
pudieron localiza r la pintura por lo que resulta difícil
precisar su estilo y cronología , que por similar compo- los calcos publicados, constituye una excepción en el
sición entre unas manchas de pin tura en la roca situa- arte prehistórico de todo el Mediterráneo, de ahí que
no se incluyeran en los estudios sobre los distintos hori-
zontes artísticos del País Valenciano, ya que, en nues-
tra opinión, por su propia tipología y convencionalis-
mos en el tratamiento de la cabeza e interior del cuer-
po, no pertenece al Arte Levantino, ni tampoco al Arte
Esquemático.
Estas cerámicas neolíticas de La Alcud ia y de la
C ueva de las Arañas se pueden relacionar con las reco-
gidas en el yacimiento de superficie de La Bernarda , en
Rojales (Soler Díaz y López Padilla, 2000-200 l ), ya
en el Bajo Segura.
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dimensiones y características de esta ocupación, ya según atestiguan las malformaciones óseas de las patos
que en el Corte 5F -el mejor conocido para estos de los bóvidos.
momentos prehistóricos- no se detectó su presencia, Es muy probable que todos los yacimientos de este
coincidiendo la ocupación inicial de este lugar con el momento que jalonan el Vinalopó, entre los que se
Bronce Pleno-Bronce Final. No obstante, otros yaci- incluiría La Alcudia, correspondieran a una misma ocu-
mientos próximos ofrecen una información extraordina- pación que, a modo de estratigrafía horizontal, perdu-
riamente valiosa, aunque parcial, del poblamiento del rase durante varios siglos dellll milenio a.C. según evi-
111 milenio en el Bajo Vinalopó. dencian los mismos tipos de cerámicas y de láminas
El más importante es, sin duda, la Figuera Reona, retocadas y puntas de flecha de sílex, desplazándose
conocido desde 1900 por Pedro lbarra que recoge y los todavía reducidos grupos humanos a lo largo del río
describe sucesivos hallazgos en sus célebres en uno y otro sentido donde construían sus casas en
Efemérides. En 1958 Alejandro Ramos Folqués excava ocasiones junto a otras ya derruidas e, incluso, encima
8 cabañas que por su descripción -manchas de tierras de ellas, de ahí la distribución irregular de las manchas
oscuras, planta circular de entre 1,20 y 2 m de diáme- de tierras oscuras que evidencian estas construcciones
tro y muros de piedra y tierra, que describe corno semihundidos, entre las que:n'o existen referencias de
adobe según la interpretación de la época para todos fosos, constatadas en otros y6cimientos contemporáne-
los muros de barra, corresponde a un característico os, entre ellos el relativamente próximo -y de reciente
poblado de este momento, del que sorprende la correc- excavación- de La Torreta-El Monastil, en Elda.
ta ordenación del espacio can calles y casas alineadas. Más alejado del Vinalopó se encuentra el asenta-
2
No así su extensión, que supone de unos 14.000 m , miento de la Playa del Carabasi, donde el agua, ahora
que debería ampliarse para incluir las yacimientos de salobre del Clot de Golvany, y el mar, siempre abun-
La Rata y La Reja, próximas al de Figuera Reono, del dante en recursos alimenticios, explican su ubicación,
que en su opinión formaban parte (Ramas Folqués, profundamente alterada en la actualidad par acción
1989, 10-17). Aguas arriba, en el nivel más antigua del viento sobre las dunas costeras sobre las que se
del Promontari d' Aigua Dal,a i Salada, también rela- asienta. Las materiales arqueológicos -algunos frag-
cionada con este momento, se excavó un fonda de mentos cerámicos y de molinos, lascas y laminitas de
cabaña de 2,30 m de diámetro y 0,35 m de profundi- sílex y placas de arenisca y pizarra- se encuentran dis-
dad can el interior revestida de arcilla y un pavimento, persos por un área de unos 2.000 m', donde también
también de arcilla, de 3 cm de grosor (Ramos se han localizada manchas de arenas ahumadas y que-
Fernández, 1981 ). madas (Soler Díaz y López Padilla, 2000-2001).
Las pobladas valencianos conocidos para este Por su ubicación y estructuras de hábitat estas
momento, objeta de modélicos estudios por Joan pobladas eneoliticos, o lo que es lo mismo del Neolítica
Bernabeu y su equipo, se sitúan en tierras bajas y res- 11, contrastan con sus contemporáneos del Sureste
ponden a estos estructuras en negativo, en la que hon peninsular, ubicadas en altura, protegidos por escarpes
identificada fosos, cabañas, silos y hogares, dispersas naturales, murallas y torres. Es el casa de Les Mareres,
de manera aislada o en grupas varias de ellas, por una en la Sierra de Crevillente, considerado como el único
gran superficie como ocurre en la cuenca del Serpis, poblado en altura para este momento en todo el País
desde Alcoy y Cocentaina, con el extraordinaria yaci- Valenciano, aunque la presencia de cerámica campa-
miento de Les Javades, hasta Muro de Alcoy. niforme desde la base de la estratigrafía (González
Indudablemente se trata de poblaciones que durante Prats y Ruiz Segura, 1991-1992) sugiera una ocupa-
varias generaciones viven y frecuentan entornos privile- ción algo más tardía.
giados, siempre próximos a ríos y agua cama ocurre en No se han localizada las enterramientos de estas
el yacimiento ilicitano, cambian la ubicación de sus poblaciones eneolíticas que en las tierras valencianas
casas, siempre frágiles, y rellenan can desperdicios los utilizan las cuevas naturales para inhumar las cadáve-
agujeras de las anteriores, que quizás aprovecharían res de manera colectiva, quizás con la excepción de la
para el posterior abana de las campos de cultivo en las tumba excavada a principios del siglo XX en Algorfa,
que se podrían utilizar aradas tiradas par animales en la Vega Baja del Segura (Soler Díaz, 1995). En el
lü
aCuóndo tuvo principio e~to2
la ocupoctón prehistórko de llici y de su entorno
MAURO S HERNÁNDEZPÉREZ
Bajo Vinolopó lo único cueva ocupado en a lgún poniformes, muy abundantes y de tipo Ciempozuelos
momento de este 111 milenio es lo de Los Araños del en el estrato B y más escosas y de peor calidad en pos-
Corobosí, en lo que, ni entre los materiales de los an ti- tos, acabados y decoración , ahora de líneas quebra-
guos remociones ni de los recientes excavaciones, se dos paralelos a l borde y triángulos invertidos, en el
han recog ido huesos huma nos. Se troto en este coso de estrato A, asociado o un periodo de Tro nsic ión o lo
uno ocupac ión marg ina l, posiblemente relacionado Edad del Bronce. Sorprende, asim ismo, lo escasez de
con el poblado próximo. fauno -asti llas no identificados y un fragmento de asto
Los ob jetos metálicos, utilizados con los de piedra de ciervo- y de otros materiales arqueológicos, reduci-
poro denominar este periodo, están ausentes en estos dos o unos pocos fragmentos de cuchillos de sílex en
yacimientos ilicitanos, lo que por otro lodo no resu lto los estratos A y B, conchos perforados en el estrato B y
extraño al escasear en el resto de yacimientos del País uno azuelo de piedra y un punzón metálico en el estra-
Valenciano y en un elevado porcentaj e se reducen o to A (Romos Fern ández, 1981 y. "1985; Ru iz Seguro,
punzones. 1990). An te estos evidencias el poblado ha sido consi-
derado como un luga r especio l iz~~o en lo elaboración
los PRIMEROS OBJETOS METÁLICOS de cerám ico, hipótesis sugestiva ·~ue, por el momento,
no puede confirma rse, como tampoco su interesante
Lo generalización de lo metalurgia, pri mero de estrati grafía en el morco actua l sobre el campan iforme
cobre y avanzado el ll milenio a.C. de bronce fruto de en los tierras va lencia nos .
lo aleación del cobre con el estaño, coi ncide en los tie- N o menor interés presento el poblado de Les
rras valencianos con lo apa ri ción de lo cerámico cam- Moreres, en Crevillente, ubicado en este coso en a ltura
paniforme en el llamado Horizonte Campan iforme de y protegido por escarpes naturales y murallas, en el
Tronsición, uno eta pa identificado en Lo Alcud ia o par-
tir de un pequeño fragmento de pared de un vaso cam-
paniforme inciso y va rios puntos de flecho metálicos,
seguramente del tipo Polmelo por su largo pedúnculo
(Romos Fernández, 1985, 452).
En otros lugares del Bajo Vinolopó también se han
constatado cerámicos campaniformes, aunque en algún
coso como en lo Playa del Corobosí los recien tes pros-
pecc iones no han confirmado su presencio (Soler Díoz
y López Padilla, 2000-2001). No es el coso del
Promontori d ' Aiguo Dol~o i Solado, en Elche, y Les
Moreres, en Crevi llen te, sin dudo, los yacimientos
campaniformes más interesantes de todo el territorio
valenciano.
El poblado ilicitano, situado en lo margen derecho
de un recodo del Vinolopó y o unos 1O metros sobre su
cauce, destoco por su elevado número de fragmentos Excavaciones en el Promonlori d'Aiguo Dol~a i Solodo
de cerámico campaniforme, 498 de los 4.500 inventa-
riados en los tres estratos identificados en uno excava- que el campa nifo rme -cuatro fragmentos con decora-
2
ción de 100 m . Según su excavador, los formas cerá- ción impreso geométrico y el resto incisos e impresos
micos -cuencos y vasi jas de perfil en S- se mantienen que sus excavadores re lacionan (González Prots y Rui z
o lo largo de todo lo secuencio estratigráfico, incluso Seguro, 1991 / 1992) con los campaniformes más
en un primer nivel-estra to C- precomponiforme, a l que recientes- se asoc io o un notable conjunto de ob jetos
se asocio un fondo de cabaña referenc iodo con ante- metálicos, compuesto de punzones, uno punto de
rioridad. En los otros dos estratos, sin restos de cons- Polmelo y un pequeño puñal de lengüeta, todos de
trucciones, se constató lo presencio de cerámicos com- cobre con uno pequeño cantidad de a rsén ico.
La ausencia de evidencias relacionadas con activi- La excepcionalidad por su situación en llano para
dades metalúrgicas en estos poblados -vasijas-hornos, un poblado de la Edad del Bronce en La Alcudia remi-
crisoles, moldes o escorias- sugiere que los aludidos te también al crevillentino yacimiento de Canyada
objetos metálicos se adquirieran mediante intercam- Joana, donde bajo las construcciones romanas se loca-
bios, posiblemente desde el Sureste a juzgar por la pre- lizó un foso con materiales prehistóricos, entre los cua-
sencia de !a llamada cerámica simbólica en Les les se inventarió un pie de copa que se relacionó con
Moreres, para satisfacer !as demandas de las nacientes el Bronce Argórico (Trelis y Molino, 1999) y posterior-
élites que también podrían haber adquirido la propia mente con momentos campaniformes (Soler Díaz y
cerámica, siempre presente en escaso número en estos López Padilla, 2000-2001). A la luz de estos hallaz-
poblados, con la excepción del Promontori, para el que gos no sería aventurado situar los hallazgos de ambos
sería de extraordinario interés confirmar !as actividades lugares en los inicios de la Edad del Bronce y desear..
alfareras propuestas mediante !os correspondientes lar de este modo la fase carnp 0 niforrne de La Alcudia,
análisis de pastas cerámicas. ya que no es raro encontrar "intrusiones" campanifor-
mes en poblados de la Edad de_! Bronce, aunque tam-
LA PLENA OCUPACIÓN DEL TE!d<ITORIO bién elementos que se consid-~ran "fósiles directores"
de ésta, como los dientes de hoz, en yacimientos clara-
En los inicios del 11 milenio a.C., según la cronolo- mente campaniformes. En el caso de La Alcudia, y a la
gía convencional, se produce un significativo cambio espera de su confirmación estratigráfica, cabría pensar
en los patrones de poblamiento de las tierras alicanti- una ocupación de los momentos finales de Eneolítico
nas y progresivamente en el resto del País Valenciano. y/o iniciales de la Edad del Bronce, can los que podrí-
Coincidiendo con la plena ocupación de! territorio sus- an relacionarse el fragmento campaniforme y las pun-
ceptible de ser explotado, se abandonan los poblados tas de Polrnelo, no necesariamente superpuesto a otro
en el llano poro situarse en las laderas y cimas de las anterior eneolítica, para abandonarse muy pronto al
montañas, eligiendo lugares estratégicos y de amplia producirse una redistribución del hábitat en todo el
visibilidad sobre el entorno. territorio del Bajo Vinolopó y reocuparse de nuevo en
En este panorama general, La Alcudia constituye el Bronce Final, aunque tampoco podemos precisar si
uno excepción si se acepta la identificación del Estrato en el mismo punto o en otro lugar del yacimiento, yo
H -o al menos una porte- con el Bronce Pleno, ya sea que las estratigrafías publicados no permiten establecer
Bronce Valenciano, como se ho propuesto en ocasio- la existencia de varias momentos dentro de la Edad del
nes, yo seo Bronce Argárico, con el que se han identi- Bronce.
ficado otros poblados ilicitanos. Los restantes poblados ilicitanos de la Edad del
También algunos materiales prehistóricos recogidos Bronce se sitúan en altura, en cerros protegidos por
en superficie -fragmentos cerámicos, algunos de ellos escarpes naturales y en algún coso por murallas en los
con mamelones, de pastas poco cuidados y dientes de puntos más accesibles, siempre en lugares con amplio
haz sobre sílex- se han adscrita a la Edad del Bronce dominio visual sobre el entorno y las vías de paso entre
aunque por el exigua y pobre registro no puede relacio- los diferentes espacios geográficos. El Tabayá, en la
narse con uno u otro cultura y menos aún con una sierra del mismo nombre entre Aspe y Elche y, par
etapa a cronología determinado. Idéntica valoración tanto, entre el Medio y Boja Vinolopó, es, sin dudo, el
tienen los materiales publicados del citado Estrato H, poblado más importante par situación, tamaña y larga
asociadas a una hipotético ocupación anterior al vida, ya que se ocupa de manera interrumpida en los
Bronce final y periodo Orientalizante. Asimismo, las inicios de la Edad del Bronce, con algunas cerámicas
excavadores de! yacim"1ento señalan la existencia de un que recuerdan las del Estrato A del Promontori, y per-
faso natural y un muro de piedra que relacionan con la dura hasta el Bronce Final. El Tabayá es, incuestiona-
defensa del poblado ante la inestabilidad social que blemente, un yacimiento del Bronce Argárico
tradicionalmente se asocio a la Edad del Bronce en los (Hernández Pérez, 1990), al igual que las restantes
tierras valencianas, sobre lo que en ocasiones he mani- yacimientos del Bajo Vínalapá como evidencian algu-
festado algunos reservas. nos elementos culturales, tonto por los enterramientos
tCuóndo tuvo principio é$la?
la ocupación prehidórico de /lió y de $U entorno
Ninguno de estos poblados del Bajo Vinalopó per- de El Campello. El Bajo Vinalopó queda oislado, de
duran en el Bronce Tardío y tampoco surgen otros nue- ahí la ausencia de yacimientos del Bronce Tardío.
vos en este momento como consecuencia de la reestruc-
turación del territorio que tiene lugar en los tierras ali- tL FINAL DE LA PREHISTORIA
cantinas avanzada la segunda mitad delll milenio a.C.
con el abondono de la moyoría de los poblados ante- Yo iniciado el 1 milenio a.C. Lo Alcudia y el Bajo
riores y la concentración del hábitat en unos pocos Vinalopó retoman y acrecientan su protagonismo, con
poblados con uno perfecta orgonizoción del espacio hollozgos y materiales que pueden considerarse excep-
interno. El curso alto del Vinalopó, con el Cabezo cionales y, en ocasiones, únicos en nuestros tierras.
Redondo, se convierte en el centro del Bronce Tardío en Unos se relacionan con el Bronce Final -siglos IX-VIII
las comarcas centro-meridionales valencianas y el a.C.- y otros con el denominado periodo
curso del río en el camino, en uno y otro sentido, de !os Orientalizante -siglos Vil-VI a.C.-, en el que las
productos que sostienen a estas incipientes aristocra- influencias mediterráneas impulsan los cambios que
cias, capaces de acumular el excepciono! conjunto de darán paso ol origen y posterior desarrollo de la
orfebrería prehistórico del Tesoro de Villena. El Culturo Ibérica, excepcionolmente representada en La
Tabayá, desde su altura en el otro extremo, olcanza en Alcudia. No ocurre así con las dos etapas antes cita-
este momento un gran desarrollo y controla los inter- das, sobre las que una y otra vez se señala su presen-
cambios de los productos que circulan por todo la cuen- cia, tanta en la propia estratigrafía como en hallazgos
co del río hosta olcanzor el mor en la !lleta deis Banyets descontextuolizados. En efecto, el Estrato H se relacio-
~Cuándo tuvo puncipio esto?
lo ocupociOn preh1sh)r-co de 1/ici y de ~u entorno
na con el Bronce Final, aunque lo reduc ido de la super- lla . La existencia de esta actividad metalúrgica en
ficie excavada y los escasos materiales recuperados Crevillente -también se han encontrado moldes de are-
- ninguno de ellos significativo, al menos entre los publi- nisca en El Bosch (Trelis Martí, 1995)-, asociada en la
cados- sólo permita constatar su presencia y la existen- misma vivienda de Peña Negra a actividades textiles
cia de pavimentos de tierra pisada, endurecida y muy con motivos decorativos seme jantes a los sus cerámi-
compacta como testimonio de construcciones domésti- cas, reivindica el papel de la Sierra de Crevi llente y del
cas de las que se desconocen sus características, al Bajo Vinalopó, ahora conectado al Bajo Segura, como
igual que las dimensiones del poblado. punto de apoyo estratégico en las rutas entre el
En el mismo Término municipal de Elche existe -o Occidente de la Península Ibérica y el Mediterráneo
mejor existía al haber sido afectado por la construcción central (Ruiz-Gálvez Priego, 1995, 149-150).
de la autovía Alicante-Murcia- otro poblado del Bronce Al mismo tiempo se produce un profundo cambio
Final, que sus excavadores consideran de " dimensiones ideológico con la introducción d~l rito de la crema ción
respetables " y fechan entre los siglos IX y VIII a .C., a de los cadáveres y la posterior colocación de los hue-
juzgar por las formas de sus cerámicas, unas de pare- sos quemados en vasijas u hoyos.Elxcavados en el suelo
des gruesas y superficies descuidadas y otras más finas
.
que se protegen con piedras y ·.~é acompañan de un
'
y de pastas depuradas que re lacionan con los Campos rico ajuar, entre el que destacan las pulseras de metal
de Urnas, y en el caso de un vaso con incrustaciones de y marfil y las cuentas de collar de vid rio, cuya desigual
botones metálicos con otros meridionales hacia donde distribución en las tumbas parece responder a su situa-
también se asemeja el particular sistema constructivo de ción socia l, género y edad de los cadáveres . En el cre-
la muralla, formado por un muro de piedras hincadas villentino de Les Moreres se han excavado 152 enterra-
con un relleno interior de piedras y cascajos (González mientos, aunque 19 no tenían restos humanos -cenota-
Prats y Ruiz Segura, 1992) . Se desconocen, en cambio, fios-, entre los que se han identificado hombres, muje·
sus viviendas que en Peña Negra, en la Sierra de res, niños e, incluso, neonatos (González Prats, 2002) .
Crevillente, presentan para este momento del Bronce De ellos 41 individuos corresponden a la fase 1 de la
Final -aquí denominado PN 1- una singular evolución necrópolis, fechada entre el 900 y el 750 a .C., en el
que de simples fondos de cabañas ovales o circulares, Horizonte PN 1 o Bronce Final. La segunda fase de la
pasan a viviendas circulares de estrechas paredes de necrópolis, caracterizada por la presencia de cerámi-
tapial y posteriormente a otra s subrectangulares de cas fenicias , las fíbulas de doble resorte y los cuch illos
gruesos muros de barro sobre zócalo de piedras hinca· afalcatados de hierro , se fecha entre el 750 y
das, configurando un poblado no inferior a las 30 Ha 625 a.C. , coi ncid iendo con el denominado
(González Prats, 1983) . También al Bronce Final y con Oriental izante.
una cro nología entre el 780 y el 7 40 a.C. pertenece
una habitación de planta rectangular con ángulos cur-
vos, en cuyo interior se construyó un horno de arcilla
para fundir metales -de ahí la denominación de
"vivienda metalúrgica" (González Prats, 1992)-, colo-
cándose, además, el cadáver de un recién nacido en
una esquina y en el extremo opuesto un pequeño cabri-
tilla decapitado, a modo de depósito de fundación de
un espacio que se debió considerar excepcional. Se
trata de un taller de metalurg ia atlántica -el denomina-
do Horizonte Baioes/Venat- dedicado a la producción
de espadas , lanzas, hacha s, hoces y agujas
(Ruiz-Gálvez Priego, 1990), por lo general de bronce
pobre en estaño y poco plomado que utiliza técnicas Urna y tapadero de lo necrópolis de les Moreres, en Crevillente.
de fundici ón no excesivamente complejas (Gómez Museo Arqueológ ico Municipal de Crevillenle
]J
Hochos·lingote de los alrededores de lo Alcudia . Museo Arqueológico Municipal de Elche Hochos·lingote de Peño Negro, Toboyó y lo Alcudia .
Museo Arqueológico Municipal de Elche,
seg ún José L. Simón
IBERIA
26
nacionalista, romántico y positivista del s. XIX el que
desarrolló los posibilidades de modificar la concepción
de la historia antigua o partir de tal identificación yo
que, de acuerdo con lo búsqueda de realidades nocio-
nales más próximos que las de carácter universal que
satisficieron a los Ilustrados, dio contenido cultural a los
etnios prerromonas en bueno parte de Europa, incenti·
vando lo investigación arqueológico sobre los galos en
Francia y Bélgica, los etruscos en ltolio, osí como sobre
los iberos y los celtíberos en nuestro coso, con debates
o menudo aposionodos y controvertidos.
Espoño perdío entonces los colonias ultromorinas;
la generación del 98 se dolía de uno decodencio que
negobo en lo intelectual (Ortego y Gosset, 1922), y
por eso anhelaba recuperar una Espoña fuerte, que
asociaba mejor a la unidod que a la pluralidad, en
contra de lo que pensaban los heterodoxos entre los
que cobe destacar al Eugenio D'Ors (1881-1954) del
Noucentisme que fuera secretario del lnstitut d'Estudis
Catalans, todo lo cual influyó en las interpretaciones
que de Iberia se hicieron no sólo en aquellos momentos
sino tombién en los inmediatamente posteriores.
La Etnología de la Península Ibérica de Bosch Pere Bosch Gimpero, Folo De Pere Bosch Gimpera i
Gimpera (1932) fue la primera obra científica de refe- el Museu Arqueológic: de Barcelona, 50 aniversari, Barcelona, 1986
27
Carpetanos
Turdetanos
talizado política y académicamente, sin que sea ajena derada y diversificada de las cultu ras peninsulares
a esa instrumental ización el régimen franquista que, desde un enfoque, sin embargo, no estrictamente
aunque resulte ahora pintoresco, consiguió escindir a a rqueológi co sino, sobre todo, antropológico y folklóri-
los arqueólogos a propósito del significado del término co, hasta que Maluquer de Motes ( 1954, 305-3 70)
que nos ocupa. incluyó sorprendentemente en la Historia de España
Así se aprecia en una serie de publicaciones edita- dirigida por Menéndez Pida! el capítulo correspondien-
das hacia los años cuarenta, reflejo de la ideología de te a los pueblos de España, acorde en su contenido con
sus autores. Martínez Santa-Oialla (1941) propugnó la un mosaico plura l en coherencia con la propuesta de
unificación étnica de España debida a los celtas, consi- Bosch a quien, sin emba rgo, el director de la ob ra cri-
derando que el ca lificativo ibérico era una simple alu- ticó ásperamente en el prólogo de la misma al tiempo
sión a la facies cultural mediterránea de los que estuvie- que defendía sin fisuras el unita rism o histórico como el
ron en contacto con las colonizaciones fenicia y griega. valor de la esencia de España (Menéndez Pida!,
En el pequeño manual con el que Almagro se introdujo 1952- 1954, LXVIII).
en la Universidad de Barcelona (Almagro, 1941), en la Paralelamente se iban haciendo excavaciones y
plaza del exiliado Bosch Gimpera, se observa la misma estudios ibéricos en el País Valenciano, Murcia y
línea argumental, sin que aparezca en su obra un solo Albacete, principalmente, que contribuían a ampliar la
apartado dedicado a la cultura ibérica, de modo que carta arqueológ ica y a fo rmula r teorías sobre sus mate-
sólo Los pueblos de España de Caro Baroja (1946) pro- riales, su origen y su cronología; por eso se entiende la
porcionaba en aquellos momentos una visión más pon- vehemente reacción de Fletcher ( 1949, 168- 178) fren-
28
lber~o
LA CULTURA
29
admitirse que hubiera manifestaciones tecnológicas e arqueológicos contextualizados, desde la Dama de
incluso artísticas entre los iberos por efecto de sus con- Baza , al conjunto escultórico de El Pajarillo (Huelma).
tactos externos, como un apéndice de las culturas que El reconocimiento de una cultura ibérica con una diná-
las habían susci tado, según la expresión de Camille mica autónoma, con un imaginario propio y con un sis-
Ju llian cuando escribió a propósito de la Dama de tema socio-político específico no se asume hasta el
Elche: "Si la tete d'Eiche est une ceuvre hellénistique fina l de los años seten ta del s. XX y, aun después de ese
d'entre 500 et 450, elle ne peut etre due qu'a un méte- momento, el descub rimiento de ha llazgos extraordina-
que phocéen demeuré en terre barbare, enfant perdu rios, principalmente los grupos escul tóricos, como los
de la lonie vaincue" (Jull ian, 1903, 10 1-111), pero la del Cerrillo Blanco de Porcuna (Jaén), o bien los monu-
capacidad de crear un fenómeno cultural estaba restrin- mentos funerarios , como la torre de Pozo Moro
gida entonces a los centros hegemónicos, ad judicándo- (Chinchilla), ha vuelto a abrir la puerta del difusionismo
se excepcionalmente a algunas instancias periféricas la paro los arqueólogos que la siguen considerando nece-
capacidad de producir una cultura arqueológica: hacer saria para su comprensión. Ciertamente la cultura ibé-
cerámica, tejer, trabajar metales, y, en suma, desarro- rica es en buena medida el resultado de una secu lar
llar un trabajo artesanal. apertura hacia el exterior, pero a l darle categoría de
Por eso los capítulos de la cultura ibérica más difí- cul tura, depositamos en su sociedad las capacidades e
ciles de solucionar han sido los relativos a sus manifes- iniciativas necesarias para activar los d ispositivos que
taciones artísticas, en parte por la tendencia a atribuir- conforman un sistema cultural , ya sean materiales o
las a culturas superiores, desde la errónea influencia in materia les, económicos o simbólicos (AA.VV., 1997).
micénica sobre la cerámica pintada hasta la tendencio-
sa ca lificación jonio-ibérica de algunas de las escultu-
ras, y, en parte, por los deslices en que incurrió la pro-
pia investigación española, cuando, por ejemplo, Rada
y Delgado (1875) confundió a la investigación interna-
cional a propósito de las piezas atribuidas al Cerro de
los Santos (Montealegre del Castillo) que no reconoció
parcia lmente como fa lsificaciones; o cuando García y
Bellido ( 1943) dató la emblemática Dama de Elche en
época romana.
Y esta situación ha requerido mucho tiempo para
que la acepc ión cultural de Iberia se mod ificase, a lo
que han contribuido fundamenta lmente los ha llazgos
30
HISPANIA:
31
ámbitos del Mediterráneo más avanzados culturalmen- en la dedicación de auténticos edificios de culto (Ann.
te, fueron imprimiendo una personalidad propia a los 1, 78). Hay que advertir, no obstante, que la adopción
diferentes territorios y acrecentando unos contrastes y difusión de las cultos oficiales, entre ellos al empera-
que, al menos desde los inicios del primer milenio, dor, junto a las tradicionales divinidades romanas, no
habían producido distintos grados de desarrollo social supuso la desaparición de otros cultos de origen prerro-
y cultural. En consecuencia, el proceso de integración mono u oriental que, bien sincretizados con sus corres-
de los Turdetanos, según Estrabón (111, 1, 6) "los mas pondientes greco-romanos, o bien incorporados ol pro-
cultos de los iberos", fue distinto en el tiempo y las for- pio panteón romano se mantuvieron de forma invaria-
mas al de los cántabros, quienes, según este mismo ble hasta finales de la antigüedad_ Recuerdo Apiono
autor (111, 3, 8) eron, de todos los pueblos del norte his- (lber., 2) cómo en el santuario de Heracles, fundado
pano, "los más aferrados o sus hábitos de bandidaje, por los fenicios, se celebraban oún en su época las
dodo lo escasez de tierras y lo limitación de los recur- prácticas religiosos ol modo fenicio, y cómo su dios no
sos de subsistencia". Pero si bien es cierto que el some- ero el tebono, sino el de los tirios. Al mismo tiempo, en
timiento militar y político del territorio hispano tardó Lusitania, cultos corno los de Endovélico o Ataecina
mós de doscientos años, la sumisión y asimilación cul- siguieron muy arraigados, como demuestran las nume-
tural fue, según qué zonas, un proceso mucho mós lento rosos inscripciones escritas en latín halladas en su terri-
y complejo que alcanzó diferente intensidad y que, o torio y fechadas entre los siglo 11-111 d.C.
pesar de la aparente homogeneidad que pueden tradu-
cir las grandes construcciones públicas y oficiales de TIEMPO Y I'ORMi\ EN LA NUEV i\ ARTICULI,CIÓN DEL
época imperial, inspirados directamente sobre modelos TERRITOF<!O Y DEL P/--\IS!\JE Uf<IJ/.\NO
desarrollados en lo propia ltalio, no onuló por comple-
to hábitos, creencias, supersticiones y formos de vida La heterogeneidad cultural del omplio solar penin-
muy arraigadas entre los pueblos prerromanos, que sular, cuyo perímetro total medido sobre las costas
aún eran visibles en plena época imperial, como atesti- desde el cabo extremo del Pyrenaeus hasta el opuesto,
guan varios inscripciones de la mitad septentrional de unos calculan es de 2. 924.000 pasos; si bien otros lo
la península Ibérico. estiman en 2.600.000 (Piinio, N.H, IV, 118), y la incli-
Sin embargo, es indudable que la conquisto y ane- nación adoptada por las diferentes comunidades deter-
xión de Hispania al nuevo lmper'ro, representó la defi- minó las fórmulas empleadas por los magistrados y
nitiva quiebra y desaparición de determinados sistemas Senado romano. Tol es así que, en función de lo reali-
de organización social, estructuras económicas, mode- dad preexistente, es posible diferenciar cuatro patrones
los de ocupación y explotación del territorio, así como distintos de actuación:
de tradiciones artísticas y culturales y su sustitución por
un nuevo orden sustentado en lo potenciación de la ciu- 1) Incorporación de los núcleos urbanos preexistentes,
dad como ente centralizador y de control político, reli- tanto de origen griego -Emporion y Rhode---, como
gioso y cultural de un territorio ordenado, parcelado y semita, o bien las ciudades herederos de las viejos
distribuido entre los ciudadanos, o los que proporciona- fundaciones tirias -Gades, Malaka, Sexi, Abdeda,
ba el sustento económico básico; la red viaria, poten- Baria- o bien las más recientes creadas por los cau-
ciada paro el desplazamiento de los ejércitos desde los dillos cartagineses, casos de Akra Leuke y
primeros momentos de la conquista y renovada, sobre Carthago Nova_
todo, a portir de época ougusteo, garantizaba la movi- 2) En casos muy excepcionales se llevó a cobo lo fun-
lidad y comunicación entre capitales, ciudades y cam- dación de nuevas ciudades mediante la instoloción
pos, así como el intercambio de excedentes entre las de veteranos o ciudadanos romanos. Estos funda-
distintos regiones, aglutinadas muy pronto en torno al ciones se pudieron realizar "ex novo", cosos de
culto imperial, que en un primer momento se manifesta- Valentia, fundado en el 138 a.C. por D. lunio Bruto
ré mediante la erección de altares conmemorativos, tras las guerras lusitanas, o las colonias de Palma y
como los reflejados en determinadas emisiones maneto- Pollentia, fundados, según Estrabón (111, 5,1), en el
les de época augustea, y poco después desembocará 123 a.C. mediante el traslado de 3000 "romanos
32
Hisponio: Interacción y oculturoción romanos
en los provmcios del extremo occidenle
de Iberia". En este grupo habría que inscribir tam- nas e incluso, en algún caso, surg ieron a partir de
bién otras fundaciones realizadas junto a núcleos insta laciones militares, siendo el ejemplo más
ibéricos preexistentes, sin que se haya atestiguado emblemático el de Asturica Augusta; se ha sugeri-
una destrucción previa de las estructuras anteriores, do un origen similar para Lucus Augusfi, si bien en
como se ha apreciado, por el contrario, en algunas este caso las evidencias son menos precisas.
colonias de Italia; en ta les casos se hallarían 3) El tercer modelo constituye la situación más frecuen-
Corduba, habitada desde el comienzo por un te en la Hispania republicana: incorporación, bien
núcleo selecto de romanos y de indígenas vecinos de forma amistosa o forzada, tra nsformación y,
(Estrabón, 11, 1), que habría sido instituida por más tarde, promoción jurídica de grandes oppida
Claudia Morcella hacia mediados del siglo 11 a.C.; -obien en época augustea o bien bajo Vespasiano-
ltalica, "fu ndada " por el propio P. Co rnelio situados en puntos estratég icos y que pasan a
Escipión en el 206 a.C. para instala r a los heridos desempeñar fu nciones de control de determinados
de la guerra contra los bárquidas, y la Colonia territorios. La existencia de un sustrato indígena en
Libertinorum Carteia instituida en el 171 a.C., la mayor parte de las ciudades romanas, especial-
para, según nos cuenta n las fuentes, instalar en ella mente en la Bética, sugieren que este fu e el sistema
a los hijos ilegítimos fruto de la unión entre solda- más empleado para fijar la población al territor io.
dos romanos y mujeres del país . Ya a finales del 4) En determinadas reg iones se observa también una
siglo 1 a.C. y tra s un amplio período con fundacio- reestru cturación del poblam iento con la concentra-
nes limitadas, se multiplicaron las ciudades roma - ció n en nuevos asentamientos si tuados en llano de
33
Santuarios de Ampurias
población dispersa instalada hasta entonces sobre nuevo dique portuario, lo que expresa con clarida d la
cerros encrespados. También en algún caso, se han importante función comercial que en el noreste de
atestiguado traslad os de pobla ciones ibéricas Hispania va a desempeña r la ciudad durante la época
romanizadas a un emplazam iento más acorde con tardo rrep ublicana. Se sospecha la insta lación a
la nueva si tuación político-admini strativa y econó- comienzos del siglo 11 a.C. de un posible praesidium
mica. Al margen de estos grupos se observan tam- junto a ciudad griega, sobre el que se fundaría la ci u-
bién otras situacio nes particulares que no vienen dad romana de Emporiae a fi na les del mismo sig lo o
sino a confirmar la complejidad del proceso de inicios de la centuria siguiente. El testimonio arqueoló-
incorporación real de Hispania al estado romano. gico de esta instalaci ón militar previa sería una gran
cisterna múltiple descubierta junto al foro (vid. en gene-
Dentro del primer grupo hay que diferencia r, por ral, Mar y Rui z de Arbulo, 1993). Al margen del
un lado, el noreste peninsular, ba jo la influencia cultu- supuesto emporitano, la existencia de destacamentos
ral de Emporion y por otro las ciudades de la costa militares estables en puntos estratégicos y junto a ciuda-
meridional, herederas de la tradici ón fenicia. l a colo- des o núcleos ibéricos preexistentes debió ser frecuen te
nia griega, primera base roma na de operaciones en sobre todo en la s primer(ls décadas del siglo 11 a.C. Se
Hispania, conoce bajo la protección de la Urbs, un han sugerido tambi én casos similares en Tarraco,
notable desarrollo en el siglo 11 a.C. que se man ifiesta , donde se ha propuesto la instalación de un castrum
desde el punto de vista edilicio en la construcción de romano en la zona alta - que posteriormente sería urba-
una nueva muralla que cerca el sector meridional de la nizada con la construcción del llamado " foro provin-
N eápol is y en la erección o resistematización de nu e- cial "- mientras que la población ibérica se hallaba
vos santuarios a Serapis y Asclepios; a l mismo tiempo, situada al p ie en la zona más próx ima al mar, un
entre fi nales del sig lo 11 a.C. y comienzos de la centu- patrón q ue, en cierto modo, recuerda la implantación
ria sigu iente se construye con opus caementicium un romana en Corduba, donde los cives romani habrían
34
H,;p ~¡(,. :nietccc:&n y c:cv!i;,·rc(,Óc, wmnnm
~n .(;\ piGYi~ciGI Úfl ('y!rCn:C· C<Wieli!i·
ocupado la zona más elevada permaneciendo la teatro en época augustea, así como técnicas edilicias y,
población turdetana en las proximidades del río. Sin sobre todo, ornamentales. En el caso concreto de
dudo alguna estas bases "urbanas" se convirtieron en Carthago Nova, este proceso se intensificó con la pre-
auténticos cuarteles de invierno poro las ejércitos des- sencio desde el último cuarto del siglo 11 a.C. de
plazados a Hispania, lo que contribuyó de formo efi- amplios contingentes de inmigrantes, que atraídas por
caz al rápido desarrollo de los núcleos poblacionales la posibilidad de explotar las ricos afloramientos de
allí instalados. plata del entorna de la ciudad y de canalizar los flujos
La situación y evolución histórico en las urbes del comerciales con el Mediterráneo Central y oriental,
sur de raigambre feno-púnica es menos conocida, en trasplantaron o este territorios modas y hábitos propios
lo que respecta a los siglos finales de la República. No de ambientes itálicos. El elevada número de pavimen-
obstante, hay que pensar que tras los episodios de con· tas de opus signínum decoradas con motivos geométri-
quiste militar que, en algunos casos y a juzgar por las cos y vegetales, que sólo encuentran comparación en
fuentes escritas debió ser traumática -como en Bario las ciudades del Vesubio y en la propia Roma, las pin-
cuyo asedio duró tres días o en la misma Carthago turas del Primer Estilo pompeyano, que constituyen, pro-
Novo, donde, tras la conquista, Escipión situó una bablemente, las más antiguas manifestaciones pictóri-
guarnición y ordenó que se levantara muralla hasta la cos de este género fuero del ámbito romano-campano,
altura que alcanzaba la marea (Apiano, lber., 24)- la gran cantidad de elementos arquitectónicos de orden
estas ciudades se plegaron a la nueva situación, man- toscano, sin parangón en todo el occidente romano,
teniendo su autonomía cultural y política mediante la hacen de la capital bárquida un pilar esencial para
firma de pactos con la Urbs, lo que no evitó, al menos conocer los mecanismos de difusión y reinterpretación
en un primer momento, ciertos titubeas y revueltas. El de las modelos tardo-helenísticos en ambientes itálicos
foedus, acuerdo amistoso firmada en el 206 a. C. por del extremo occidente.
Gadir con el estado romana a través del general Lucio Al segundo grupo corresponden una serie limitada
Marcia Séptimo, marcó el camina a seguir y abrió las de núcleos urbanos fundados ex nava a lo larga del
puertas de la integración, conservando altas cotas de siglo 11 a.C. y la primera mitad de la centuria siguiente,
libertad política y autonomía comercial, la que se Ira· que alcanzan su máximo desarrollo en época imperial.
dujo en una rápida prosperidad y desarrollo hasta con- En estas cosos, la ausencia de condicionantes topográ-
vertirse, según nas cuenta Estrabón (111, 5, 3) en la ciu- ficos y de estructuras preexistentes permite la planifica-
dad más "poblada del orbe" después de Roma. En con- ción reticular del asentamiento y una distribución de los
secuencia1 estas núcleos urbanos costeros debieron espacios según los cánones de la ciudad romana. En
mantener su fisonomía y, al ampara del comercia y las ella el foro ocupa desde el principia un lugar preemi-
actividades marítimas conocieran durante este período nente y en la cabecera del misma, siguiendo el modela
una cierta prosperidad como reflejan las abundantes ideológico de la Urbs, se ubica el capitolium. Es muy
emisiones monetales que conservaron hasta época paco lo que sabemos de estas poblaciones hispanas en
imperial la leyenda can el topónimo en su forma origi· época republicana, ya que las foses más antiguas se
na l. El usa de este alfabeto y el panteón religiosa debió hallan enmascaradas o han sida destruidas por las
pervivir en todas estas comunidades hasta bien avanza- transformaciones monumentales de época alto-impe-
da la época imperial, e incluso en poblaciones donde rial. Na obstante, las excavaciones arqueológicas de
la presencia púnica fue más limitada, como en estos últimos años en alguno de estos centros "privile-
Carthaga Nova, se debió conservar la lengua en deter· giados" permiten una aproximación a las primeros
minadas sectores de la población como indican las múl- construcciones. Las fuentes escritas mencionan la exis-
tiples grafitos incisos sobre cerámicos campanienses tencia de un foro en la Corduba republicana, aunque
hallados en distintos puntas de la ciudad. No obstante, de momento na hay evidencias materiales y sólo algún
desde finales del siglo 11 a.C., estas ciudades fueron elemento arquitectónico por sus características, dimen-
incorporando elementos típicos de la cultura romana y siones y cronología podrían corresponder a este com-
componentes básicas de su paisaje urbano, cama los pleja. Par el contrario, el foro de Pollentia nas ofrece,
bañas, amortizados en Malaka can la construcción del tras los ultimas excavaciones y revisión de las trabajos
Cimentación del posible ca pitolio de Sagunto
antiguos, una imagen más completa de la planta de la nes conservadas, indica una planta modulada sobre el
ciudad, al parecer, regulada desde fechas muy tempra- pie romano que reproduce con bastante fidelidad el
nas a través de un módulo geométrico que permite inte- modelo vitruviano de triple celia en la mitad posterior y
rrelacionar edificios entre sí, y en la que el capitolium ancho y profundo pronaos en la anterior, donde las
se convierte en pieza esencial (Orfila y Moranta, anta s del podium enmarcaban la esca linata frontal
200 1). (Aranegui, 1992). La cronología sugerida, finales del
Algo semejante sucede con el templo de Carteia, siglo 11 a .C. convierten al templo sagun tino en el más
colonia fundada en el 171 a.C. , sobre un núcleo ante- an tig uo ejemplo de transpos ición fuera de Italia de este
rior de marcada raigambre feno- pún ica, que, al hallar- emblemático edificio de la Roma republicana a una
se muy alterado por transformaciones posteriores de su comun idad ibérica romanizada e implica la existencia
planta, ha sido identificado como un capitolium de tri- de un fuerte componente de individuos de procedencia
ple celia, pero también como templo ad alae y un itálica y, tal vez, de una situación jurídica privileg iada,
períptero sine posticum de fachada hexástila, tipos algo de lo que no tenemos constancia hasta época
ambos de marcada inspiración itálica (Roldón et alii, augustea.
1998) . Un problema distinto susc ita el templo de Junto a los templos, el otro componente del paisaje
Sagunto, el tercero de los supuestos templos capitalinos urbano que se introduce de forma precoz en las prime-
de época repub licana identificados en la península ras fundaciones romanas de Hispania fueron los baños
Ibérica; en este caso, los restos muy arrasados se públicos, que aun con dimensiones modestas y con sis-
halla n en la cabecera norte del foro pero a una cota temas de calefacción rudimentarios, se introdujeron a
muy inferior respecto de las construcciones augusteas . finales del siglo 11 a .C. o comienzos del siguiente como
La interpretación propuesta, a partir de las cimentacio- prueban los conjuntos balneares de Valentía, Cabrera
36
Hiop:ll1iG. !r,:c~cccCCn y c:c~!:"'"'!Qo ·cn":na\
fr, ;~\ provinc;c~ d~! ~xl!i::':'Q (~<:id~.,:~
del Mor y Baetulo, dotados ya de todos sus componen- esclavitud de los habitantes, traslados forzosos de
tes esenciales: apodyterium, tepidarium, caldarium y un población, desarme e imposición de tributos, exigencia
conjunto de hornos para calentar el agua y caldear, de rehenes, desmantelamiento de murallas, etc., medi-
probablemente junto a braseros, las salas de baño das todas ellas que debieron ser sobre todo más fre-
caliente INalla, 2001). Precisamente, la última de las cuentes en los primeros años de la conquisto y para
poblaciones citadas, sirve para caracterizar una serie sofocar las rebeliones acaecidas pocos años después
de "fundaciones" ex novo que se enmarcan dentro de de la definitiva expulsión de los cartagineses de Iberia.
un proceso de reestructuración en el noreste peninsular, Sin embargo, junto a medidas coercitivas se adoptaron
que va acompañado de la consolidación del sistema otros encaminadas a atroer de formo pacífico y
viario, en función de las nuevas estrategias de explota- mediante acuerdos a estas comunidades que, en
ción y control del territorio por parte de Roma. En este muchos casos, presentaban ya un marcado acento
grupo de nuevas ciudodes, definidas por Plinio mós de urbano. Por ejemplo, Ti. Sempronio Graco concentró a
un siglo después corno oppida civium romanorum, hay las indigentes en una ciudad y les distribuyó tierras y
que incluir también Gerunda, la ciudad romana de estableció tratadas precisos con todos los pueblas de
Emporion, !/uro, lesso, Aesso o !lerda IGuitart, 1994), esta región [de las lusones}, según los cuales habrían
si bien en estas últimas se ha cuestionado el carácter de ser amigos de los romanos ¡Apiano, !ber., 43).
"de nuevo" de tal fundación al existir núcleos ibéricos Todos estas situaciones se reflejan en lo orquealogía, si
preexistentes. Se han interpretado también como crea- bien la dificultad que existe o veces para diferenciar los
ciones "ex nava" una serie de asentamientos en llano estratos de finales del siglo 111 a.C. de aquellos que
situadas en el valle del Ebro habitados por poblaciones corresponden a los primeros décadas de la centuria
indígenas, como los de La Caridad o La Corona, carac- siguiente, condiciona los resultados de la investigación.
terizados por la amplia utilización de materiales de No obstante, en las regiones del Levante y del Sur la
construcción o técnicas decorativas típicamente itálicas continuidad de los appida preexistentes, que mantení-
IAsensia, 1995). Estos núcleos de población se consti- an aún un cierto grada de autonomía, parece el fenó-
tuirían hacia inicios del siglo 1 a.C. -y par tanto meno más extendido, al menos durante gran parte del
contemporáneos a los del área catalana- para reagru- sigla 11 a.C. !vid. poro los distintos territorios, Moret,
par y controlar en ellos a una pablocián ibérica proce- 2003). En otras regiones más del interior Roma intervi-
dente de otros asentamientos del entorno. A diferencia no de intermediario, sancionando pactos entre comuni-
de las ciudades del área catolana, los núcleos del valle dades que mantuvieran su autonomía, a cambia de res-
del Ebro parece que se destruyen hacia finales del pri- petar las exigencias de tributo y ayuda militar impues-
mer cuarta del sigla 1a.C., en coincidencia con las con- tas por el estada romano, mediante la aportación de
vulsiones que provoca la guerra contra Sertorio. Si hay hombres para los cuerpos auxiliares del ejército, que
una relación entre ambos acontecimientos, destrucción en ocasiones excepcionales llegaran a alcanzar la ciu-
violenta y conflicto bélico -tal y como parece suceder dadanía romana, honor y premia que, como nos
en Valentía- es alga que habrá que verificar con una recuerda el famosa bronce de Ascoli, fue concedida a
mayor y más precisa información arqueológica. la turma salluitana mediante un decreta emitido en
Precisamente, la integración de las numerosas diciembre del año 89 a.C., por Cn. Pompeio Estrabón,
comunidades ibéricas a celtibéricas en el nueva engra- como recompensa par su valerosa intervención en el
naje política-militar y económico implantada por Roma asedio y conquista de Asculum, episodio clave de la
en los territorios sometidas a su control fue la situación guerra social que enfrentó a Roma contra los aliados
que can mayor frecuencia tuvo que afrontar Roma itálicos !Roldón, 1986). Sin embarga, en otras casos,
desde los mismas inicias de la conquista. Y aquí las Rama se vio obligada a intervenir en asuntos internos
medidas fueran muy variadas y diversas, na sólo entre de las comunidades hispanas; así, en el 189 a.C., un
los distintas territorios sino entre oppida próximas entre decreto promulgado par Emilio Paulo proporcionaba la
sí. La abundante información literario sobre este perío- libertad a las habitantes de la Turris Lascutana, hasta
do nos transmite la variedad de soluciones aplicadas: entonces siervos de los de Hasta Regia, concediéndo-
conquista violenta y destrucción con reducción a la les, además, las tierras circundantes !García Moreno,
37
&
1
1986). Cien años más tarde, y volviendo de nuevo al de Era se tiende a la unificación bajo el patrón semiun- 1
valle del Ebro, el gobernador romano refrenda el vere- cial. No obstante, muchas cecas conservarán el bilin-
dicto de los representantes de la población de güismo de sus emisiones hasta, prácticamente, época 1
Contrebía Belaísca en el conflicto entre los poblaciones cesariana en que se impondrá definitivamente el uso
de Allavona y Salduíe, en el que se había visto envuel- del latín en las leyendas.
1!
ta una tercera población denominada como civifas las elites locales fueron las primeras que aceptaron
Sosínestana (Fatás, 1983). las formas de vida y los signos externos de sus "alia-
1
1
A nivel arqueológico, ¿cómo se refleja el proceso dos" romanos. El ejemplo de Corduba, mencionado 1
de integración e interacción entre todas estas comuni- más arriba, es suficientemente significativo. Y en este i
1
dades y Roma?. La situación es, como ya se ha señalo- contexto, hay que situar la adopción de los símbolos 1
do, distinta según los territorios e incluso dentro de externos de romanización, entre los que destaca la
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estos mismos, de manero que vemos cómo mientras indumentaria que se manifiesta, en primer lugar, entre
1
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ciertos oppida ibéricos sufren un proceso de destruc- los grupos aristocráticos del sureste y mediodía penin- !¡
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ción violenta y abandono, a finales del siglo 111 a.C. o sular como atestiguan los togados en piedra del Cerro
!!
en los primeros años de la centuria siguiente, lo mayo- de los Santos o algunos exvotos de bronce del santua-
río pervive sin grandes traumas a lo largo del siglo 11 rio de la luz, que si bien podrían ser interpretados
1
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a.C., si bien en muchos casos languidecen hasta las como ofrendas personales de los generales y mag istra-
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gración en el nuevo sistema socio-económico y a las Otro de los símbolos tangibles de la aceptac'ión de
nuevas estrategias comerciales y productivas. El auge hábitos ajenos a la tradición local la constituye la apa-
que alcanzan determinadas manifestaciones artísticas rición del retrato entre estas mismos elites ibéricas; val-
como la cerómico, representada de forma excepcional gan como ejemplo algunos retratos masculinos del
en los vasos de Azaila, liria y en los del grupo Cerro de los Santas que se hallan fuertemente influen-
Elche-Archena es un magnífico exponente de la vitali- ciados por costumbres helenísticas e ítalo-romanas, si
dad de estas comunidades ibéricas durante época tar- bien las técnicas empleadas son aún herederas de la
dorrepublicana. la acuñación de moneda, además de experiencia ibérica.
facilitar lo percepción de los tributos, refrenda la auto- En otro plano, la cosa, con su aparato ornamental
nomía "controlada" de estos oppída o viejas ciudades y decorativo, se convierte en signo de distinción de las
de origen prerromano, integradas plenamente en el clases aristocráticas frente al resto de la población, a la
engranaje político del estado romano. Hasta comien- vez que les equipara en el aspecto externo a los pro-
zos del siglo 1 a.C. Roma se muestra tolerante con los pios romanos. lo búsqueda de esta identidad en las
patrones metrológicos del bronce, no así de la plata manifestaciones externas, sin que tengamos que des-
que desde el principio se adaptó al patrón del denario cartar, incluso, posibles promociones jurídicos o peque-
romano; tan sólo en la última centuria antes del cambio ños grupos o nivel individual, justifica la gran cantidad
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l'i;p:;r.ic l~len:cciór. y aa,!!,·rccióo rc-saoc~
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de pinturas y pavimentos de opus signinum asociados fúnebre, utilizados desde finales del siglo 1 a.C. por
a construcciones domésticas que hallamos en la zona todas las capas de la sociedad.
del valle del Ebro -y que cada vez van siendo más fre- En relación con la arquitectura, privada y pública,
cuentes en la zona turdetana- contemporáneos a la otra de las consecuencias más inmediatas de la incor-
serie levantina, vinculada sobre todo, y en sus primeros poración de Hispania al estado romano es la introduc-
momentos, a edificios de carácter sacro y con epígra- ción de nuevas técnicas edilicias y materiales de cons-
fes latinos y a los numerosos pavimentos de la Neápolis trucción así como de sistemas de revestimiento y orna-
de Ampurias, donde los textos epigráficos reproducen mentación. Entre las primeras la principal innovación
fórmulas propiciatorias helenísticas muy relacionadas vendrá dada por el empleo del apus caementicium y
con la fortuna y el bienestar. las hallazgos de Andelas del opus quadratum, empleadas, sobre todo, en para-
y la Caridad son e¡emplos muy expresivos. En ambos mentos defensivas durante la época republicana. Entre
casos, y sobre un pavimento de signinum, técnica de los materiales, y hasta la generalización del mármol
claro origen itálico, aparece escrita con teselas blancas que no se producirá hasta bien entrado el siglo 1 d. C.,
una inscripción en caracteres ibéricos, cuyo significado se puede constatar una potenciación del uso de la pie-
exacto no alcanzamos a comprender, prestándose a dra, que, sin embargo, no desplazará por completo, al
distintas interpretaciones. En los dos textos aparece un adobe y tapial que formarán parte de los alzados
posible nombre likine (en la población navarra) y likine- murarías tanto en construcciones publicas como priva-
fe (en Caminreal), ¡unto a los topónimos bilbiliarn -rela- das, técnicas que en Hispania, al igual que en África,
cionado probablemente con la localidad de Bi/bi/is- debieron estar muy difundidas (Plinio, N./-1, XXXV,
que aparece en la primera y usekerteku, en la segunda; 169). No obstante, el signo más tangible de las inno-
las inscripciones se completan can el término ekiar / vaciones romanas en la construcción ibérica serán las
ekien, y un segundo término, abularaune, que aparece cubiertas de tegulae e imbrices, adornadas con acróte-
en el texto de Andelos, que se interpreta como antropó- ras y, sobre todo, antefi¡as. Dentro de esta última serie
nimo. El primer término se ha relacionado con el nom- destacan por su singularidad dos antefi¡as de Itálica,
bre de un individuo, que para Untermann de aproximadamente 30 cm de altura, que representan
(1993-1994) habría que identificar como el mosaista a la pofnia theron de frente vestida con largo chiton y
o ¡efe del taller musivarío, mientras que para otros auto- los brazos que caen a lo largo del cuerpo con las
res correspondería al propietario de la casa, cuyo manos apoyadas en sendos thymiateria o candelabros.
antropónimo representaría una transposición del nom- A diferencia de lo que sucede con el tipo de la diosa
bre Licinius. Conviene recordar a este respecto 1 el toga- alada flanqueada por dos leones o panteras rampan-
do del Cerro de los Santos, con el epígrafe inscrito en tes, aquí se trata de una variante extraña que sólo
caracteres latinos L{ucii} Lic{i}ni, adoptado, probable- encuentra parangón en una antefi¡a con genio alado
mente, par un notable ibero. Por estos mismos años, en procedente de Capua y otra del santuario de lo
la Alcudia de Elche un mosaico policroma, que repro- Scasato (Falerii Veteres), ambas fechadas hacia finales
duce motivos geométricos de inspiración helenística del siglo IV y las inicios del siglo 111 a.C. A estas mismas
con teselas de distinto tamaño y material ¡unta a cantas regiones y cronología remite un conjunta de lastras
policromos, introduce una inscripción con translitera- arquitectónicas del santuario ibero-romano de La
ción al latín de nombres personales ibéricos. Encarnación (Caravaca de la Cruz), que muestran un
Probablemente fueron también las elites locales las estrecho parentesco can e¡emplares centro-itálicas.
primeras en aprender y adoptar el idioma del aliado
romana. La existencia de una lengua escrita arraigada NUEVA IMAGEN DE LAS CIUDADES HISPANAS
en amplias zonas del levante y sur facilitó la tarea. De
manera que, a las documentos de carácter oficial cin- El final de la Guerra Civil entre pompeyanos y par-
celadas sobre el bronce -acuerdos y pactos suscritos tidarias de César, por un lada, y el consiguiente desea
entre comunidades, a entre estas y Roma- siguieran las de premiar o castigar a las ciudades a facciones par su
dedicaciones a divinidades, inscripciones conmemora- actitud y apoyo hacia una u otra banda durante el con-
tivas y honorarias y, sobre toda, epígrafes de carácter flicto ¡unta a la definitiva pacificación del territorio tras
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las Guerras Cántabras, son episodios de una gran tras- Ahora bien, estos nuevos recin tos ofrecen algunas
cendencia para el devenir futuro del territorio hispano, diferencias frente a las viejas obras ibéricas o romanas
ya que señalan el inicio de un proceso de urbanización de época republicana. En primer lugar, destacan las
a gran escala que se consolidará de forma definitiva técni cas edilicias utilizadas, de marcada tradición itáli-
con la concesión por Vespasiano del lus Latii a todas ca , en tre las que prevalece el uso del opus caemenfi-
las ciudades hispanas (Piinio, N.H. , 111, 30), acon teci- cium para los relle nos internos o forros y el opus qua-
miento que supondrá, al menos en el plano oficia l, la drafum para las caras externas, frente al tipo de mam-
desaparición de cualquier estructura organizativa de puesto formado por piedras irregulares de gran lama-
tradición prerromana .
Estrechamente ligado a ese
proceso de municipalización de
las viejas comunidades hispán i-
cas y con la creación de nuevas
ciudades con estatuto juríd ico pri-
vilegiado está la construcción de
la muralla , como paso previo o
paralelo a la sistema tización de
todo el espacio interior. La cons-
trucción del encintado que prote-
ge y al mismo tiempo acrecienta
el sentimiento de distinción de sus
habitantes constituye una de las
primeras obligac iones de los
magistrados de las nuevas comu-
nidades urbanas, como queda Derrumbe de uno murollo de El Tolmo de Minotedo
reflejado en las leyes municipales
de Urso y refrenda el testimonio
epigráfico. Así por ejemplo, en Sagunto, una de sus ins- ño careadas y trabadas con tierra característico de las
cripc iones más antiguas -a juzga r por la paleografía y fases anteriores en ambientes indígenas o el gran apa-
ciertos arcaísmos- recuerda la repara ción o reconstruc- rejo poligona l de poblaciones prerromanas. De forma
ción defurris ef muros por los //viras [¿} Fulvius Titianus que, sin ren unciar a la solidez que transmiten las viejas
y C. Lucilius, siguiendo una disposición del senado obras del siglo 11 a .C. como las mura llas ciclópeas de
local (CIL, 02 , 14, 36 1). En Cartagena, el número de Tarragona, de la Neápolis de Ampurias o de cualquier
epígrafes que aluden a la muralla, tras la concesión del oppidum importante del área ibérica, se les dota de
nuevo estatuto colonial, se multiplica y nos permite una mayor monumental idad .
conocer las fam ilias que con tribuyeron de sua pecunia Ese cuidado por el aspecto y la imagen externa del
y con la correspond iente autorización del ardo decurio- cin to murario se acrecienta aún más en la concepción
num, a la construcción / reconstrucción -que en algu- de las puertas úrbicas que desde la vías exteriores con-
nos puntos debió ser a fundamenfeis- de distintos ducían al corazón de la ciudad, transmitiendo una pri-
paños del cerco murario (Ramallo, 2003) . Más intere- mera imagen de monumentalidad al visitante . Por des-
santes son los sillares de la muralla augustea del Tolmo gracia es muy poco lo que conocemos sobre este tema
de Minateda (Hellín), construida en parte tras su promo- en los recintos fortificados de Hispania, pero extrapo-
ció n jurídica sobre una fortificac ión anterior, grabados lando la información proporcio nada por otras ciudades
con una inscripción monumental que recuerda a los ciu- rom a na s, tanto en representaciones iconográfi cas
dadanos los benefactores de tal evento, a la vez que como por algunos elementos arquitectónicos descontex-
sirve para exaltar la figura del emperador Augu sto y su tualizados, podemos llegar a pensar que, al menos en
sobrino L. Domicio Ahenobarbo (Abad , 1996). la s ciudades de mayor importancia , su aspecto no
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Hi~ponio; lnterocc•ón y ocuhurcción romanos
en los provmc•os del extremo occidenle
debió diferir en mucho de la imagen que nos proporcio- lica , curia y otros ed ificios de carácter adm in istrativo o
nan las puertas geminadas de N lmes o de Polo, por religioso, como recuerda la inscripción hallada en
citar dos de los ejemplos más conocidos. Munigua (AE , 1972, 268; Trillmich , 1997, 138), en la
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Tra spasados los límites de la muralla, los principa- que un personaje de nombre {V}alerius Firmus dedica y,
les e jes viarios conducían generalmente al foro, autén- probablemente financio de su dinero, la construcción
ti co centro neurálgico de la ciudad donde se custodia- de {templu}m, forum, {¿basilicam?J {exed}ra{m}
ban las señas de identidad de la comun idad y do nde, {tabjula{rium}, lo que viene a constituir, prácticamente,
a través de las imágenes y epígrafes allí levantados, se el equipamiento monumental imprescindible de este
podía n reconstruir las eta pas más brillantes de su des- importante conjunto urbano. Desde el punto de vista
arrollo. Las leyes munici-
pales y los edictos q ue
regulaban la convivencia
de los ciudadanos colga-
ban de las pa redes y
zóca los de los principales
edificios y recorda ban a
la vista de todos sus dere-
chos y obligaciones. En
torno a la plaza enlosada,
que constituía el centro de
todo el complejo, se articu-
laban todos los ed ificios
necesarios para el fun cio-
namiento cotidiano de la
colectividad : templo, basí- Foro de Baelo Claudia
41
planimétrico, la mayor parte de los foros hispanos global de todo el complejo como en el detalle de la
excavados se pueden agrupar en dos modelos distin- decoración arquitectónica y el programa ornamental,
tos: foros de planta rectangular alargada, caracteriza- subyacen modelos de prestigio emanados directamente
dos por el desarrollo de las estructuras a partir de un de la arquitectura oficial. El complejo emeritense, algo
eje longitudinal sobre el que se alinean sucesivamente más antiguo, que se construye, probablemente hacia
el templo, punto focal de todo el complejo, la plaza y mediados del siglo 1d.C. y de pretensiones más modes-
la basílica, colocada de forma transversal y en el extre- tas, adopta la forma de una plaza cuadrangular porti-
mo opuesto, cerrando en toda su anchura la plaza cada donde se reproducen, no sólo los clípeos con
forense, y foros de planta cuadrangular presididos, cabezas de Júpiter Amón y Medusa que adornan el
como en el caso anterior, por el templo, pero con la ático de los pórticos laterales del Foro de Augusto en
basílica colocada en uno de los laterales (vid. en gene- Roma, sino también parte del programa ornamental
ral, AA. VV., 1987). Al primer grupo se pueden adscri- que completaba la decoración y que estaba dotado de
bir los foros de Ampurias, con unas dimensiones totales un marcado carácter simbólico. Menos conocido, e!
de 120 x 80 m, C!unia (amplia plaza de 160 x l 15 m, complejo monumental de Colonia Patricia debió repro-
sin contar la anchura de la basílica), Conimbriga ducir un programa de carácter similar a juzgar por los
(reconstrucción flavia) que presenta unas dimensiones restos de decoración hallados en la ciudad (Trillmich,
de c. 96 x 48 m, ¿Caparra? y el más atípico de Belo, 1996). Pero es precisamente en la arquitectura religio-
situado en el centro de una trama urbana ortogonal e sa y concretamente en los edificios relacionados con
inscrito en un amplio rectángulo de 130 x 80 m donde los cultos oficiales, especialmente el dedicado al empe-
se ubican también otros edificios como el macellum y rador, donde mejor se aprecia la reproducción o rein-
un templo dedicado a lsis. Al segundo pertenecerían terpretación de modelos originados en ambientes
los foros de Sagunto, con las distintos edificios organi- metropolitanos. El llamada templo de la calle Claudia
zados en torno a una plaza porticada de c. 62 x 48 m, Marcelo de Córdoba constituye uno de los mejores
de la Conimbriga augustea con los componentes bási- ejemplos al respecto; su planta pseudoperíplera, de
cos inscritos, excepto el templo, en un cuadrado de 51 6 x 11 columnas (Jiménez, 1994), guarda estrecho
m de lado, y de Bilbilis con plaza porticada par tres de paralelismo formal y métrico con la "Maison Carrée"
sus lados de c. 48 x 45 m. Más difícil de definir en su de Ní'mes que, a su vez, se relaciona -aunque can cier-
integridad son los complejos forenses de Valeria, tas particularidades en el alzado- con los templos de
Cartagena, Tiermes, Ce/ti o Caparra, aún en proceso Apolo Sosia no y Apalo Palatina de Roma que pudieron
de excavación. haber sido tomados como modelo. En la misma línea,
Casos excepcionales, tanto por sus dimensiones, el capitolium de Ampurias se concibe probablemente
componentes, disposición de las estructuras y progra- como un templo pseudoperíptero de fachada tetrástila.
mas decorativos, constituyen los denominados "foros No obstante, un aspecto singular de la arquitectura
provinciales" erigidos en las tres capitales provinciales templar hispánica es una cierta predilección por la
a partir de mediados del siglo 1 d.C., donde la presen- planta períptera que na encuentra parangón en las res-
cia directa de artífices procedentes de la Urbs parece tantes provincias de Occidente y que incluso en la pro-
suficientemente probada. En Tarraco este imponente pia Roma no goza de un especial fervor. Par el contra-
complejo, probablemente el de mayor envergadura de rio, en Híspania se adscriben a la tradición períptera
toda Hispania, construido en época flavia, se estructu- las templos de Barcelona, Evora, el llamado de Diana
ra mediante tres terrazas escalonadas con el templo de de Mérida y, probablemente, el imponente edificio de
culto imperial en la más alta, una plataforma porticada culto que preside el foro bilbilitano, todos ellos con
intermedia de 175 m de longitud por 318 de anchura fachada hexástila de orden corintio y once columnas en
para las procesiones y actos relacionados con el culto, los lados. Al margen de ciertos paralelismos de carác-
donde se alzaban los pedestales con estatuas de los fla- ter constructivo o estilístico, los templos de Augusta
mines de la provincia, y el circo para la celebración de Emerita y de Eboro Libera/itas !ulia aparecen asociados
las ceremonias y espectáculos cerrando todo e! conjun- a grandes estanques de agua y a un criptopórtico de
to [Aquilué el alii, 2000, 80). Tanto en la concepción doble nave, sobre el que se alzaría el correspondiente
42
H1~ponio Interacción y ocuburación romanos
en los provincias del exttemo occidente
pórtico que encuadraba la composición arquitectónica intensa restauración a que fue sometido a finales del
(Áivarez y Nogales, 2003); en ambos casos se han siglo XIX. Casos excepcionales por los modelos adop-
identificado tramos parciales que no han permitido res- tados son los santuarios de Munigua e Itálica; el prime-
tituir la planta completa, aunque, seguramente, no ro se erige sobre un con junto de terrazas artificiales
debía diferir mucho de los tripórticos que envu elven los apoyadas en la ladera de una colina siguiendo un
templos forenses de Conimbriga y Emporion. modelo ensayado con éxito en los santuarios laciales
Precisamen te, la presencia del criptopórtico, construc- de época tardorrepublicana, con especiales referencias
ción ampliamente utilizada en Italia en complejos al santuario praenestino (Coarell.i, 1987), mientras que
sacros de época tardo-republicana , en estos complejos el denominado Traianeum de ltalica, monumental recin-
forenses , y muy vinculados a l edificio pri ncipal de to de veneració n a los dos emperadores de origen his-
culto, ha sido puesta en relación con la difusión del pano que constituye la expresión más monumental de
culto imperial. la arquitectura religiosa hispana, reproduce modelos
Junto a estos edificios de mayor envergadura , otra de prestigio del Oriente mediterráneo, concretamente
interpretación más sencilla del templo romano se puede de la Biblioteca de Adriano en Atenas, combinados
con templar en el templete construido por C. lulius Lacer con alusiones a otras construcciones monumentales de
en el puente de Alcántara, o en los edificios in anfis de la Urbs (León, 1988).
varias ciudades hispanas entre los cuales el descubier- El templo adopta siempre una posición dominante
to en Osea constituiría uno de los más antiguos ya no sólo mediante su elevación sobre el alto podium,
(Asensio, 2003). Más monumental y de cronología ple- siguiendo la tradición itálica , sino aislándolo con clari-
namente imperial es el de Vich, con seis columnas de dad de los edificios dedicados a las restantes funcio-
fachada si bien con múltiples interrogantes debido a la nes; en Conimbriga, Be/o o Cartagena , el espacio reli-
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gioso se enfatiza con la construcción de una terraza Asturica Augusta, una gran sala rectangular, pavimen-
situada a una cata más alta. tada con un lujoso opus sectile, aparece asociada a los
Junto al templo y la plaza enlosada, la basílica restos de un porticada que podría formar parte del
constituía el tercer componente imprescindible en cual- ambulacrum de la basílica. En este caso, el diseño del
quier complejo forense. La del foro de Tarraco nos pro- esquema decorativa del pavimento 1 bordeado en tres
porciona uno de los ejemplos más antiguos de trasla- de sus lados por una franja lisa podría reforzar su ínter·
ción a la Península Ibérica del esquema canónico, prelación como curia.
desarrollado y consolidado en la Italia de los dos últi· Pero no sólo las grandes capitales y ciudades más
mos siglos de la República. En este caso se configura, importantes disponían del equipamiento básico que
según el tipa de planta más habitual, como una amplia garantizaba el normal funcionamiento de la comuni-
sala rectangular con un a mbu locro interna de columnas dad, otras poblaciones de menor entidad e incluso
que compartimenta el espacio en tres naves, la central, apartadas de los principales ejes de comunicación,
de mayor anchura, sabreelevada respecto a las latera· adaptaron a lo largo del siglo 1 d.C. la panoplia de edi·
les para facilitar la iluminación del interior (Mar y Ruiz ficios públicos que les equiparaban a cualquier urbe
de Arbulo, 1987). Tradicionalmente se ha interpretada romana. Un ejemplo muy significativa de esta situación
como el edificio destinado a la administración de justi· lo proporciona el municipio de Labitolosa, desconocido
cia, si bien sus funciones, debido precisamente a sus en las fuentes escritas y localizado en el pre-pirineo
grandes dimensiones y versatilidad al poder compartí· oscense, donde junto al complejo termal que reproduce
mentar el espacio interior, debieron ser también otras, los patrones más característicos de este tipo de estable-
proporcionando a la ciudad, sobre todo en aquellas cimientos, las excavaciones han puesto al descubierto
situadas en regiones de climas fríos o lluviosos, un en el área forense los restas de un interesante edificio
espacio cubierto donde desarrollar las actividades rea- de planta rectangular ( 18'30 x 11 m), estructurado en
lizadas habitualmente en el faro; la basílica de C/unia, dos estancias de distintas dimensiones de la cuales la
que cierra en toda su anchura el costado norte del foro principal, situada al fondo, albergaba en su interior
opuesto al del templo, permitía prolongar bajo techo el una serie de pedestales e imágenes de la elite munici-
espacio descubierto de la plaza mediante la apertura pal, uno de cuyos miembros -M. C!odius Flaccus-
simultánea de los grandes portones -de 4 m de anchu- habría alcanzado, tras recorrer las principales magis-
ra- que constituían su fachada. En el eje transversal del traturas y cargos sacerdotales en su ciudad, significati-
edificio, que corresponde a su vez con el eje longitudi· vas distinciones de manos del emperador Adriano, que
nal del faro, estaba situado un amplio espacia rectan· habrían culminado can su entrada en el orden ecuestre,
guiar apoyado sobre un potente basamento, interpreta- aspiración común de muchos de estos ricos provincia-
do con la aedes Augusti que cita Vitruvio en su edificio les (Silliéres y Mogollón, 1995). La sala principal esta·
de Fanum (Palol, 1994). Este mismo ambiente se ha ba presidida por la estatua de bronce del Genio del
reconocido en la amplia sala que ocupa el centro del municipio emplazada justo en el eje longitudinal del
lado noreste de la basílica de Tarraco, si bien aquí se edificio, lo que ha permitido identificar este espacio
halla directamente comunicado con el aula rectangular con la curia ordinis, lugar sacralizado donde se
a través de un vano delimitado por dos columnas y flan- reunían los senadores bajo la tutela y protección de la
queado a uno y otra lado por compartimentos conti- divinidad local. Construcciones de características seme-
guos de menores dimensiones. Es muy probable que jantes se han identificado en otras complejos forenses
fuese utilizada como sede del tribunal de justicia, bajo como los de Sagunto, Belo y Cartagena, aunque, salvo
la atenta "mirada" del Princeps -presente a través de en esta última, la ausencia del mobiliario impide su atri·
su imagen esculpida-, pero también como lugar de reu- bución definitiva. En la capital del convenlus cartagi·
nión del ordo decurionum desempeñando la función de niensis se ha identificado con la curia una lujosa sala
una auténtica curia, estancia que en !os foros de rectangular pavimentada con un opus secti/e de mármo-
Valeria y Emporion se ha identificado en sendas salas les importados, situada en el ángulo nororiental del
rectangulares contiguas a la basílica, si bien en el últi· foro y muy próxima al templo principal de la ciudad. En
mo se ha revisado posteriormente tal adscripción. En su interior apareció desplomada una estatua de mármol
de tamaño mayor que el natural con lo representación donde era necesario solvor vaguadas o cursos fluviales
de un togado copile ve/ato, que reproduce con gron yo que se procuraba, mediante cuidados estudios topo-
fidelidad lo imagen de Augusto hallada en Vio gráficos, adaptar el trozado ol terreno, manteniendo
Labicano (Romo), si bien en nuestro coso la pérdida del uno pendiente no muy acusada desde el punto de cap-
retrato impide afirmar con rotundidad que se trate del loción hasta el de destino, de forma que, según qué tra-
Princeps, aunque tanto el tamaño como la cronología y mos, lo canalización discurría en porte enterrado, en
la iconografía no desdigan esta posibilidad. En cual- otros sectores en superficie y con uno conducción de
quier caso, la citada escultura incide en el proceso de opus caernenticiurn cubierta, o, a veces incluso, recor-
sacralización de determinados espacios públicos que tada en el terreno natural. Si en algún punto la pendien-
ya veíamos en el tribunal/ aedes Augusti de Tarraco, al te era muy acusada se recurría, para atenuar la fuerza
tiempo que enfatiza la protección y, a la vez, la subor- del agua, o pozos de resalto o sifones corno los atesti-
dinación del poder político local y lo comunidad de ciu- guados en el acueducto de Valdepuentes de Córdoba
dadanos, o la máxima autoridad político y, sobre todo (Ventura, 2002, 118, fig. 4). El acueducto de Tiermes
religiosa, que representa el emperador. proporciono una imagen completo de las distintas solu-
Uno de los primeros pasos en las "nuevas ciuda- ciones técnicos utilizadas para transportar el agua
des" romanas era, junto a su diseño y trazado urbano, desde el área de captación, situada probablemente en
la planificación y desarrollo de todo el sistema hídrico, el río Pedro, y el punto de destino en la ciudad ubica-
que garantizaba su subsistencia. Comenzaba con la do o varios kilómetros de distancio (Argente y Díaz,
búsqueda, captación y transporte de los recursos hídri- 1995, 106). Junto a las aguas exógenas el aprovisio-
cos a través de acueductos y canalizaciones que ali- namiento hídrico se realizaba a nivel doméstico
mentaban los grandes depósitos -el castellum aquae- mediante pozos excavados en el nivel freático, bien
situados en puntos elevados de la ciudad, desde donde documentados en la mayor porte de las ciudades de
se distribuían tanto o las fuentes públicas, emplazadas Hispania, y a través de cisternas excavadas en el terre-
generalmente en los cruces estradales y que a veces no y revestidos de mortero hidráulico que fueron sobre
adoptaban un aspecto monumental en forma de autén- todo frecuentes en época republicana, destacando en
ticos ninfeas con comple¡as fachados arquitectónicas y el área surestina los que presentaban perfil ovoide, de
múltiples surtidores de agua, como a los baños públicos probable tradición púnica. Un aspecto mucho más
y privados. Los imponentes arcadas superpuestas en monumental adoptan las grandes cisternas construidas
dos o tres pisos de los acueductos de Segovia, ba¡o los foros de Va feria -con cuatro depósitos comuni-
Tarragona, Mérida o A!muñécar son testimonios tangi- cados y contiguos-, Sagunto -de dos noves aboveda-
bles del grado de pericia y las soluciones técnicas das separadas por pilastras-, Bilbilis, o la gran cister-
desarrolladas por los ingenieros romanos para solven- na circular de Uxarna. En todos estos casos, su posición
tar los problemas de abastecimiento a las grandes ciu- en puntos elevados de lo ciudad favorecía la redistribu-
dades y, probablemente, constituye el testimonio que a ción de las aguas allí almacenados hacia las zonas
nivel popular me¡or identifica a lo civilización romano. ba¡as del núcleo urbano.
Las grandes capitales hispanos contaron con varios El ciclo natural de las aguos se completaba con los
canales de este tipo: tres garantizaban el suministro de sistemas de evacuación de las residuales mediante una
agua a la capital de la Lusitania, de los cuales el cono- completa red de conducciones que entroncaba las
cido como "Los Milagros" se alimentaba del pantano canalizaciones de desagüe de las viviendas privadas
de Proserpina, otro obra maestra de la ingeniería roma- con las grandes cloacas que, situadas ba¡o las calles,
na; el llamado "puente del Diablo" aportaba agua a arrastraban las aguos ol exterior del recinto urbano. En
Tan·aca, mientras que Corduba se aprovisionaba con varias ciudades hispanas la trama urbano se ho podi-
las oguos de otros tres acueductos, dos de ellos, recor- do restituir en sus líneas básicas a través del estudio de
dados en inscripciones, construidos en épocas augus- las cloacas; Zaragoza, Lo Alcudia o Astorga, donde los
teo -el Aqua Augusta- y domicionea -Aqua Nova colectores romanos se hon conservado en un estado
Domitiana Augusta- (Ventura, 2002, 11 8). No obstante, excepcional, son algunos e¡ernplos que se podrían
las arcuafiones se reducían sólo a aquellos puntos ampliar a la mayor parte de las ciudades hispanas.
Dentro de la cu ltura del agua, los baños públicos construido en el último cuarto del sig lo 1 a.C. , que es
constituyen un elemen to indispensable e inseparable de uno de los más antiguos establecimientos balneares
cualquier ciudad romana. Su explotación, uso y mante- conocidos en la actualidad, y la pequeña instalación
nimiento estaba regulado a través de disposiciones de Cabrera del Mar, construida hacia med iados del
legales, como vemos en las Leyes de Vipasca (1, 3) siglo 11 a.C. y destruida hacia mediados de la centuria
donde se enumeran las obligaciones de los arrendata- siguien te, que muestra , inscritos sobre una planta cua-
drangular, los componentes básicos del edificio de
caldarium, tepida-
baños de época tardorrepublicana:
rium y apodyterium. A estos dos ejemplos hay que
sumar la s terma s de Baetulo, levan tadas, según la inter-
pretación más reciente, en el segundo cuarto del siglo
1 a.C., que, aunque conservan aun el sistema de cale-
facción parcia l mediante braseros, mues tra n ya un cu i-
dado programa decorativo que se refleja en el uso de
pavimentos de opus tessellatum blanco y negro en las
sa las más importa ntes y en la incorporación al con jun-
to de baños de una posible palestra o espacio descu-
bierto para e jercicios . Estos edificios no debieron ser
los únicos existentes en Hispania; vagos testimonios de
otros e incluso algunos excavados de antiguo y con
Termos de Popilio, lucenlum
información deficiente parecen ind icar que la introduc-
ción y aceptación de esta s construcciones, con un
rios para el buen funcionamiento del servici o esquema definido, debió ser más amplio y precoz de lo
(Domerg ue, 1983). Vitruvio (V, 10- 11) enumera sus que hace apenas una década sospechábamos
componentes y cómo se deben construir y orien ta r, (Nolla, 200 1).
mientra s que méd icos y tratadistas recomendaban el N o obstante, la gran expansión del ed ificio termal
recorrido más sa ludable para cu ra r determ inadas en fer- se produjo sobre todo a partir del siglo 1 d.C. , siguien-
meda des y procesos febriles . En Hispania, la introduc- do ya unos modelos definidos y casi canón icos aunque
ción del edificio para el baño
ca liente representa uno de los pri-
meros y má s tangibl es signos de
la tra slación y adopción de hábi-
tos itálicos al solar peninsular, y
ninguna poblac ión, por grande o
pequeña que fuese, ca recía de
esta importante infraestructura
muy relacionada al otium en la
sociedad romana. Lo s primeros
ejemplos atesti guados en la
Península Ibérica son los más anti-
guos del Occiden te romano, sólo
superados por algunos edi ficios
itál icos. Forman parte del equipa-
miento básico de las fund aciones
romanas en Hispania desde el pri-
mer momento, como parecen ates-
Termos de lo muralla, lucenlum
tiguar el balneum de Valentía
46
H~spon~o. lnrefDCC•Of\ y ccuhurocu)o romanos
en los províndos del uhemo occ•denle
con variaciones particulares sobre el esquema básico. espacio porticada con una piscina cuadrada de inmer-
La generalización de opus caementicium en la arquitec- sión en el centro, y con un mayor desarrollo en las
tura romana y el desarrollo del sistema de hypocaustum grandes termas de Emporion, situadas junto al foro,
pa ra caldear las salas de baño, bien atestiguado en los do nde un amplio espacio identificado como basílica
conjuntos terma les de las ciudades campanas desde el thermarum precede las salas de baño que se yuxtapo-
siglo 1a.C., junto a la difusión del hábito del baño dia- nen a una pa lestra porticada por tres de sus lados y
rio entre la sociedad romana, provocó la afl uencia rematada en el cuarto por un paramento articulado en
masiva a los nuevos establecimientos termales, dotados dos exedras semicirculares (Aquilué et alii, 2002).
cada vez más con mayores comodidades y me jo ras téc- En el plano monumental, el edificio terma l alcanza
nicas. El incremento de visitantes llevó implícita la mul- plena madurez a partir del siglo 11 d.C. con la construc-
tiplicació n de los baños en todas las ciudades y la ció n de las Termas de Trajano en Roma que consolidan
ampliación en muchas de ellas de los ya existen tes. Los definitivamente un tipo de planta ya experimen tado en
ambientes pequeños y oscuros con decoración austera las termas de Tito y , probablemente, en las de Nerón,
y pequeñas hendiduras en la pared que nos describe caracterizado por la existencia de un eje axia l teórico
Séneca (Ep. Morales, LXXXVI) en la villa de Escipión que atraviesa las tres estancias principales, notable-
Africano y q ue, en cierto modo, contemplamos en los mente ampliadas, en torno al cual se disponen de
baños republ icanos arriba mencionados, van siendo forma totalmente simétrica los apodyteria y las restan-
sustituidos de forma paulatina por amplias salas cubier- tes salas de los baños. Amplias pa lestras dotadas de
tas de mármoles y con ricos mosaicos, ilum inados por ambulacros superiores, espacios aja rdinados con
grandes ventanales por donde penetra abundante luz y bibliotecas, salas de conversación y reunión, ~asajes y
ca lor. Las llamadas term as Centrales de Pompeya, ung üentos, y una gra n piscina (nafafio) a cielo ab ierto
construidas tras el terremoto del 62 d.C., aún mante- si tuada generalmente frente a l frigidarium , completan
niendo la estructura básica de desarrollo lineal de los estos con juntos termales perfectamente organizados y
balnea más antig uos con la yuxtaposición de l cuerpo en a rmoniosa simetría, donde el uso del opus caemen-
de baños a la palestra porticada, muestran ya plena- ticium y del ladri llo logran sus máximas cotas de apro-
mente consolidado el esq uema pompeya no o "campa- vechamiento. En Hispania, las termas de Clunia (l os
no" que gozará de amplia difusión a lo largo del siglo Arcos 1) consti tuyen la plasmación a escala reducida de
1d.C.; las distintas estancias que conforman el edi ficio, este monumental esquema geométrico; a med io comí-
apodyterium, frig idarium, tepidarium y
caldarium, se suceden alineados en el
mismo orden y sobre un ún ico eje, con
un recorrido de ida y vuelta. Las ciuda-
des hispa nas nos ofrecen una amplia
re presentació n d e este diseño definido
como " linea l simple". Construcciones
como los ba ños de Labitolosa, Los
Arcos 11 de Clunia y las termas mayo-
res de Segobriga perm iten perfilar la
evolución de este sencillo esquema en
Hispania (vid. en genera l, Fernández,
M oril lo y Za rza le jos, 200 1).
Una variante que gozará tamb ién
de gran aceptació n es el esq uema
"lineal-angular" representado, en tre
otras, por las termas augusteas de
Na tatia de las termos orientales de 1/ici
Conimbriga, inscritas en un cuadrado
flanqueado latera lmente por un amplio
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no, entre los baños de tipo lineal más desarrollados y dan situar en época tardorrepublicana, aunque tene-
estos monumentales complejos de higiene y ocio, se rnos constancia de la celebración de juegos con un
encuentran otros importantes complejos balneares carácter fúnebre -y no lúdico- desde los primeros
como las termas de Conimbriga, reconstruidos en momentos de la conquista. Según nos cuenta Tito Livio
época flavio/trajanea sobre la más antigua instalación (28, 21, 2) el joven P. Cornelio Escipión celebró juegos
de comienzos del Imperio, o las termas mayores de en honor de su padre y de su tío tras la conquista de
Itálica ("Baños de la Reina Mora") atribuidos a época Oart-Hadost, práctica que debió estar también arra·r-
2
adrianea, que con sus 35.000 m , constituye uno de los gada, al menas en determinadas comunidades hispa-
mayores complejos de baños de toda Hispania, lo que, nas, si nos atenemos a la descripción que hace
unido a su rico programa decorativo, ha llevado a Appiano (Iberia, 75) de las ceremonias realizadas tras
sugerir la participación directa del emperador en la la muerte de Viriato e incluso a ciertas representaciones
edificación de tan magna abra. El edificio, que se suma escultóricas anteriores al cambio de Era. Con el tiempo,
a otro anterior atribuido a época de Trajano, refleja las estos juegos realizados de forma excepcional para con"
nuevas tendencias de la arquitectura termal, bien visi- memorar grandes acontecimientos se fueron convirtien"
bles en los dos complejos privados de la villa de Tívoli do en algo habitual demandado por la plebs urbana y
donde se introducen o adaptan soluciones arquitectóni- a la vez utilizado por las elites locales como medio de
cas opuestas a los tradicionales esquemas clásicos de proyección y promoción personal. Para su desarrollo,
la arquitectura anterior 1 con una predilección par los desde finales del siglo 11 a.C. se fueron diferenciando
ambientes de formas mixtilíneas y un empleo masiva de tipos arquitectónicos específicas en función de la natu-
la bóveda, en sus diferentes variedades, y de la cúpu- raleza de los espectáculos que iban a acoger y que se
la. A partir de este período se multiplican los estableci- concretaron y fijaron definitivamente con la construc-
mientos termales en todas las ciudades hispanas, con la ción de los teatros de Pompeyo (62-55 a.C.), Morcella
consiguiente diversificación en la distribución de sus (13 a.C.) y Balbo en Roma, destinados a los ludi scae-
componentes básicos, y si bien todas incluyeron en su nici, la definitiva rnonumentalización del Circo Maximo
interior los imprescindibles ambientes de baños fríos, en la misma Urbs para los ludi circenses y la construc-
tibios y calientes, su forma y disposición dentro del con- ción a lo largo del sigla 1 a.C. de los primeros anfitea-
junto variará de una región a otra, condicionada por la tros en las regiones del sur de Italia destinados a los
naturaleza del terreno, el clima o la misma fantasía del munera gladiatoria y venafianes, que alcanzarán en el
11
arquitecto. Y así, en una misma localidad estableci- Coliseo su máxima expresión. A pesar de esta espe"
mientos termales construidos con una diferencia de muy cialización" arquitectónica, algunas de estas construc"
pocos años presentan notables diferencias no sólo en cianes debieron tener un uso polivalente, sobre todo en
grandes ciudades como la ya mencionada capital del época imperial avanzada, y su definitiva consolidación
convenfus cluniensis o en la del convenfus asfurum, sino tampoco implicó la desaparición total de las arquitectu-
en poblaciones de rango menor como Segóbriga, liria ras efímeras que habían caracterizado las últ'1mos
o llici donde, hasta el momento se han identificado dos siglos de la república. Es probable, incluso, que ciertas
complejos termales públicas distintos que, al menos en inscripciones que aluden a la celebración de ludi en
determinadas períodos, funcionaron de forma coetá- poblaciones donde no existen testimonios de edificios
nea. Algunos autores han relacionado esta duplicación permanentes se realizaran en construcciones de
de los baños a partir del siglo 11 d.C. can el decreto pro- este tipo.
mulgado por Adriano en el que lavacra pro sexibus El gran número de teatros constatados arqueológi-
separa bit. camente en Hispania, junto a los edificios del mismo
De igual manera, las arquitecturas para el espectá- tipo conocidos sólo par referencias literarias, epigráfi-
culo se convirtieran muy pronto en un componente esen" cas o por estudios del urbanismo moderno, los catorce
cial de las más importantes ciudades hispanas (en anfiteatros y ocho circos excavados parcialmente o en
general, AA. VV., 2002). A diferencia de lo que sucede su totalidad, y una abundante serie de inscripciones
con los edificios de baños, na hay testimonias de la alusivas a la celebración de ludi constituyen una evi-
existencia de construcciones permanentes que se pue" dencia explícita de la variedad, popularidad e impar-
Hispon1o lnterocctón y ocu!turoción romanos
en los provincias del extremo occidente
tancia que los juegos (/udi}, en sus distintas facetas, A juzgar por los restos arqueológicos, parece exis-
alcanzaron en la sociedad romana de Hispania. La tir una predilección en las ciudades de Hispania por los
mayoría de estos edificios presentan componentes edificios teatrales fre nte a los anfiteatros y circos, lo
comunes fruto de su inspiración en modelos desarrolla- que paradójicamente contrasta con la documentación
dos en la Península Itálica a finales de la República; epigráfica y con las preferencias de los espectadores,
pero analizados en detalle esa aparente uniformidad apasionados, según otras fuentes, por las luchas de
se diversifica fruto de las distintas respuestas y solucio- gladiadores y las carreras de carros. En el equipamien-
nes empleadas por los arquitectos romanos ante los to monumental de la ciudad los teatros preceden en su
condicionamientos naturales, las necesidades locales y construcción, como edificios permanentes en piedra, a
los recursos disponibles para la ejecución de la obra. los espacios destinados a munera y circenses; la
Si nos atenemos a las dedicaciones epigráficas de secuencia cronológica de inscripciones emeritenses a
Augusta Emerifa, las arqui tecturas para el espectáculo las que ya se ha alud ido es clarificadora del ritmo
estaban ya plenamente definidas en la nueva capital seguido por estas construcciones.
hispana hacia el cambio de Era: la conmemoración de La gran eclosión de la arquitectura teatral en
la construcción del teatro por M. Vipsanio Agrippa en Hispania se produce en época augústea y julio-claudia
el año 16 a.C., del anfiteatro en el año
8 a.C. y del circo en la primera mitad
del siglo 1 d.C., prueban, al margen de
los problemas cronológicos que susci tan
las técnicas edi licias o el registro
arqueológico, la existencia diferencia-
da de un marco adecuado para cada
tipo de representación así como de pro-
gramas edilicios específicos para las
" nuevas fundaciones" donde estas cons-
trucciones se convirtieron en piezas
básicas del nuevo modelo de ciudad.
Junto a la capita l de la Lusitania, sólo
Tarraco y Corduba completaron su pro-
grama con los tres componentes esen-
ciales, si bien en esta última localidad
la información a rqueológ ica sobre la
ubicación y características del anfiteatro Escena delleolro de Acinipo
y el circo es aún parcial y objeto de dis-
cusión. Estas tres ciudades son, precisa-
mente, las que han proporcionado el
mayor número de testimonios epigráficos de profesio- y constituye uno de los fenómenos más tangibles del
nales del espectáculo, destacando sobre todos los epi- proceso de consolidación urbana iniciado en época de
tafios de gladiadores hallados en la capital de la César y completado con Augusto y sus más inmediatos
Bética; esta provincia cuenta además, con la serie más sucesores. De este modo, los teatros de Cádiz,
amplia de inscripciones alusivas a la celebración de Córdoba, Itálica , Cartagena, Málaga, Mérida,
ludi, tonto scaenici como munera y circenses (Castulo, Tarragona y lisboa se inauguran en época aug ústea ,
Tucci, lsturgi, Urgavo, Singilia Barba, etc.) y ha propor- mientras que en los años siguientes se puede situar la
cionado los únicos textos jurídicos -leyes de Ursa e construcción de los edificios de Sagunto,
lrni- que nos informan sobre la organización de los jue- Caesaraugusta, Bilbilis y Clunia en tanto los monumen-
gos y los compromisos adquiridos por los magistrados tos de Regina y Segobriga entrarían en época flavia. La
encargados de tal cometido. rápida y precoz introducción de estos edificios en la
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trama urbana se justifica no tanto por un deseo de paro corroborar la introducción desde época augustea
dotar a la comunidad de un espacio concreto donde de este emblemático edificio en la arqu itectura monu-
desarrollar determinadas manifestaciones de carácter mental de sus ciudades más importantes, si bien los tes-
lúdico sino por la necesidad de proporcionar un marco timonios arqueológicos nos conducen a fechas más
arquitectónico excepcional donde, presidido por las avanzadas: julio-cloud ios se han considerado los anfi-
imágenes de la familia imperial y los protectores de la teatros de Ampurias y Conimbriga; flavios los de
ciudad, reuni r de forma ordenada y jerarquizada al Cartogeno, Caparra y, quizás, Bobodelo, mientras que
conjunto de la población para obtener el refrendo y a inicios del siglo 11 d.C. , corresponden los de Tarraco
reproches a sus actuaciones y transm itir las consignas y el de ltalica, este último el más monumental de todos
políticas. El interés del Princeps por fomentar la cons- los hispanos y uno de los mayores de todo el Imperio,
trucción de estos edificios (Suetonio, Aug. 29) encontró construido en época de Adriano. Debido a sus enormes
una ráp ida e interesada respuesta en las eli tes munici- dimensiones, se ha llan en general si tuados extramuros,
pales que con su aportación perso-
nal contribuyeron a completar los
equipamientos básicos de sus res-
pectivas ciudades, entre los cuales
el tea tro se concibió como una
pieza fundamental , como demues-
tra su supremacía en el conjunto
de construcciones de espectáculos
hispanos.
En todos ellos y como en todo
teatro romano, cavea y escenario
co nsti tuyen los pila res básicos
sobre los que gira el ed ificio. Salvo
en los teatros de Zaragoza,
Badalona y Córdoba, construidos
en su mayor parte sobre cimenta-
ciones artificiales de opus caemen-
ticium articuladas mediante galerí-
as anulares y muros rad iales, en Teatro de Cortogeno
los restantes la cavea apoya par-
cia l o tota lmente sobre elevaciones
del terreno, aunque desarrollando distintas soluciones junto a los puertos principales de acceso a lo ciudad y,
constructivas en función de la topografía y característi- en consecuencia , conectados con las principales vías
cas del terreno. de comun icación, pa ra faci litar el acceso no sólo de los
A espaldas del escenario, los teatros de Mérida , que habitan intramuros sino de aquellos otros que pro-
Itálica , Cartagena y Zaragoza presentan una amplia ceden del ager. Lo mayor parte de los edificios hispo-
superficie a jardinada delimitada por pórticos, la porti- nos presenta fórmulas mixtas en su construcc ión; así, es
cus post scaenam que, según Vitruvio, ofrecía protec- frecuente lo utilización de la ladera de una pendiente
ción a los espectadores en caso de que el espectáculo para apoyar al menos una parte de las grados, comple-
fuera interrumpido por lluvias imprevistas, y que eran tándose el resto con obra artificial en la que se aplica n
utilizados también por los actores para los preparativos. diferentes materia les y soluciones, condicionando, en
Junto al teatro, el anfiteatro se configura como el gran porte, el aspecto de la fachada externo. Esto solu-
segundo gran edificio de la arquitectura paro el espec- ción se aplicó por ejemplo en los edificios de Tarraco,
táculo en Hispania. Los inscripciones de Augusta Cartageno y Segobriga. En Ampurias se ha insinuado
Emerita constituyen un excepcional indicio cronológico lo construcción de parte de las g radas con madera,
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Hisponto. lnteroc:ci6n y oculturoción romanos
en los provincias del extremo occidente
algo frecuente en la misma Italia al menos ha sta época da para excava r la p ista, a su vez atravesada por la
flavia , mientras que en Itálica , la grada apoya sobre espi na, mientras que el graderío se apoyaba parcial-
las laderas de dos colinas enfrentadas q ue determ inan mente en las pend ientes naturales del terreno.
una vaguada en el centro que es aprovechada para En la trama urbana, junto a los edificios públicos
encajar la arena , parcialmente ocupada en los anfitea- tanto rel igiosos como civiles, de ocio y espectáculos,
tros de Augusta Emerifa, Tarraco e ltalica por la fossa que ocupan una superficie que, a veces nos parece des-
bestiario. proporcionada respecto a la entidad del núcleo urbano
Por último, el circo cierra el elenco de edificios des- en que se ub ica n, grandes residencias domésticas
tinados al espectáculo en las ciudades romanas de -auténticas domus- ocupan desde el principio amplios
Hispania. Su difusión fu e más restringida que la de los espacios de la retícula urbanizada . En un primer
otros dos, aunque paradójicamente contamos con un momento, estas viviendas reproducen con bastante fide-
buen número de inscripciones que aluden a ludí circen- lidad el modelo de casa itálica estructurada en torno al
ses y son varios los mosa icos -especialmente de época atrio y con una gran sala rectangular ubicada en el
tardía- q ue reproducen carreras de cuad rigas, aurigas extremo opuesto al ingreso ocupada por el dueño de la
o caballos victori osos, alcanzando su mayor desarrollo vivienda . La ciudad romana de Ampurias nos propor-
entre finales del siglo 1 y 111 d .C. , período en el que se ciona en las denominadas casas l y 2A y 2B el ejem-
sitúa la construcció n de la mayor parte de ellos: plo más elocuente de trasposició n fiel del modelo pom-
Sagunto , Valencia, Toledo y Mirobriga , constituyendo peyano a la Península Ibérica. En ambos casos, las fau-
el edificio emeritense, hasta el momento, el testimonio ces/ vestibulum perfilan el eje axial de la casa y condu-
más antiguo. En su estructura siguen con fidelidad la cen al atrio, tosca no o tetrástilo/ hexástilo, al que abren
forma establecida desde época republicana por el los d istintos ambientes entre los que destaca por su
Circo Máxi mo de Roma, reproducie ndo sus componen- situació n y dimensiones el tablinum, centrad o en el eje
tes básicos. Salvo el circo de Tarragona , integrado en long itudinal de la vivienda. Al igual que lo vemos
el gran comple jo de cu lto imperial de época fl avia que d urante la época republi cana en las ciudades del
se levan ta sobre una compleja infraestru ctura de mam- Vesub io, también en Ampurias podemos contemplar el
postería, la mayoría aprovecha una depresión o vagua- proceso de evolución del espacio doméstico que repre-
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senta la incorporación de un segundo cuerpo abierto y 1 d.C., a unas instalaciones dedicadas a la fabricación
porticada, el peristilo, en torno al cual se articulan los de vino. Precisamente, otra vivienda excavada en esta
habitaciones privadas, entre las que destacan lriclinium misma población, en concreta en la calle Fluvió nº 23,
y oecus, quedando relegada la parte anterior a zonas sirve paro enfatizar la importancia que en lo domus
de representación y recepción. El programa decorativo tuvieran, junta a las estancias de representación y resi-
de ambas viviendas, can sus pavimentos de opus signi- dencia -atrio, tablínum, cubiculum, triclinio- otros espa-
num, opus lessellatum bicroma y los emblemas helenís- cias destinadas a las actividades artesanales, despensa
ticas refuerzan el paralelismo con las ciudades campo- y almacén, a los que, a partir del siglo 1 d.C. se añadi-
nas y, probablemente, reafirman lo procedencia itálica rán solos privadas de baña en las residencias de mayor
de sus moradores !Santas, 1991 ). No obstante, y coma porte. Esto convivencia de espacias domésticos de resi-
ocurre en lo propia Pompeya o en Herculano, no siem- dencia y zonas artesanales se aprecio también en la
pre el típica esquema itálica se manifiesta de forma tan casa nº 2 de Munigua, situada ¡unto al foro aunque
clara y estereotipada, sino que en la mayor parte de los construida probablemente con anterioridad, dotado de
casos, o pesar del carácter propiamente itálico del una instalación para la producción de aceite. Un dispo-
modelo, existen adaptaciones o cambios que modifican sitivo similar es amortizado en época tordaflavia para
la planta "canónica", y es que distintos factores pueden la construcción de lo cosa nº 1, que muestra una estruc-
alterar y condicionar el desarrollo planimétrico de una turo de marcada impronta itálica IHauschild y
domus: topografía del terrena, forma de la trama urba- Hausmonn, 1991).
na, la existencia de construcciones previas, las necesi- En general, todas estas características se introdu-
dades específicas del propietario, tradiciones sociales cen desde el siglo 1 a.C. -si no antes- en aquellas
y constructivas de carácter local, actividades artesona- regiones donde la presencia de inmigrantes itálicos es
les que se necesitan incorporar a la viv'1endo, etc. notable, como muestran las restos de arquitectura
Sin embargo, y a pesar de las diferencias que pue· doméstica de Carthago Nova y su entorno, donde lo
den existir en el número y organización espacial de las abundancia de pavimentos republicanos de opus signi·
estancias, en todas los viviendas inspiradas sobre el num y de pinturas y enluc'idos de tradición itálica cons·
modelo itálico, el atrio, con su impluvíum en el centro, tituyen una auténtica novedad en la ciudad, pese a su
constituye el elemento indispensable tanto para la ilumi- pasado bárquido y a que se trota, al menos en el tipa
nación y aireación del interior como para el aprovisio- de pav'rmentación, de técnicos aplicadas en ámbitos
namiento hídrico -al menos en un primer momento- y púnicos del norte de África desde el siglo 111 a.C.
la circulación y ordenación de los distintos ambientes. Pero además, la temprana adopción de modelos
Una domus excavada en la calle Lladó de Badalona itálicos en la arquitectura y de las técnicas decorativas
completo la imagen de vivienda señorial que proporcio- que les acompañan no es un fenómeno exclusivo de
nan las casas emporitanos en su primera fase. También poblaciones con una fuerte presencia de inmigrados
aquí el espacia se estructura en torno a un gran atrio itálicos o romanos, sino que se extiende también muy
pavimentado con opus sígnínum que se comunico direc- pronto entre los clases más elevadas de las población
tamente con todas las habitaciones de la casa; pero ibérico, coma muestra la casa de Likinete ICaminreal,
aquí y a diferencia de los que ocurre en Emporion, el Teruel) que se diferencia, tanto por sus enormes dimen-
pasillo de ingreso está flanqueado por dos grandes siones como por el número y organización de los espa-
estancias abiertas exclusivamente al exterior, en las cios, de los tipos habituales de casas de otros asenta-
que hay que identificar las típicas tabernae o negocios mientos de marcado carácter indígena en los que el
que en las viviendas pompeyanas ocupan con frecuen- patio enlosado es la pieza central !Vicente el alii,
cia esta posición IGuitart, Podrás y Puerta, 1991). 1991). No obstante, los modelas arquitectónicos de
Además, la casa de Badalona conserva aún al fondo el raíz centro-itálica se difunden ampliamente en el último
patio abierta heredero del ¡ardín u hortus de la primiti· tercio del siglo 1 a.C. asociados a las nuevas fundado·
va casa itálica, donde, inicialmente, se concentran las nes romanas. El amplio muestrario de viviendas urba-
actividades de carácter artesanal o doméstico, para nas excavado en Celsa, colonia fundada en el año
de¡ar poso en la última fase, hacia mediados del sigla 44 a.C., es un testimonio expresiva de la diversidad de
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soluciones aplicada en el ámbito doméstico en función nes animados por estanques y conducciones de copri·
de la categoría y disponibilidad económico de los pro- chosos formas transmiten uno sensación de prosperi·
pietarios (Beltrán, 1991 ). Como rasgo distintivo desta- dad y bienestar a sus moradores al tiempo que son un
ca el uso del atrio testudinado en las viviendas de reflejo de su status y elevada condición social. Las
menores dimensiones, dotadas probablemente de un domus del siglo 11 d. C. de Augusta Emerita e ltalica, o
segundo piso y que contrastan con viviendas más las de Conimbriga, algo mós tardías, muestran el resul-
importantes como las denominadas Cosa de los tado fino! de un proceso de monumentalización de la
Delfines y Casa de Hércules; en este último caso, el arquitectura doméstico urbano que alconzoró su cenit
esquema modular itálico aparece desarrollado en su en los grandes "palacios" suburbanos de época tardo-
plenitud, con los estancias articuladas en torno al atrio rromana como las de Centcelles (Tarragona) o
toscano y a un amplia patio cuadrangular que tanto Cercadilla (Córdoba) y, sobre todo, en las lujosas resi-
por sus dimensiones como por el aparato ornamental dencias rurales del Bajo Imperio, con sus grandes
asumen una función bien definida en el conjunto de la estancias de representación con cabecero obsidol o
casa. En otros puntos de la Celtiberia, estas plantas polilobulada, tapizadas can mosaicos policromos en
"importadas" y ajenos o la tradición se ejecutan y com- las que los temas mitológicas, y sobre todo de caza, se
binan can soluciones constructivas arraigadas en la convierten en expresión gráfica de la mentalidad, cultu-
arquitectura de época prerramana. En Tiermes (Soria) ra y actividades de estos grandes propietarias. Las
parte de las viviendas identificadas se hallan excava- villae de La Olmeda (Pedrosa de la Vega), Santervás
das, parcialmente en la roca natural, llegando incluso del Burga, Quintanilla del Marco, Ouintanilla de la
a alcanzar varias pisos de altura; en la "Casa del Cuezo o CorTonque, son sólo una muestra representati-
Acueducto", habitada entre mediadas del sigla 1 y el va que podríamos completar con muchos más
comedio de la centuria siguiente, los estructuras se dis- ejemplos.
tribuyen a distintas niveles para adecuarse al terrena No obstante, desde el siglo 111 d.C. se empieza a
natural, recortándose en parte en lo piedra arenisca vislumbrar en algunas ciudades un fenómeno que se
que constituye la base del terreno (Argente y Díaz, hará mucho más evidente en los centurias siguientes: la
1995). Precisamente, esta disposición aterrazada de progresiva reducción de los grandes espacias de repre-
las estructuras domésticas, utilizado a veces para sentación en !a vivienda urbano, compartimentados y
remarcar la funcionalidad de los distintos sectores, es readaptados a nuevas funciones, y un creciente
bastante habitual en la arquitectura doméstica hispana, desarrollo de las actividades artesanales dentro del
que en ocasiones recurre a auténticos criptapórticos y ámbito doméstica. Este procesa se refleja también en
patios internos paro nivelar, equilibrar y relacionar el un empobrecimiento y reempleo de los materiales
conjunto de las estructuras. constructivos, en las técnicas edilicias, y sobre todo del
Más hacia el interior pero en un contexto plena- aparato decorativo y ornamental; sin embarga tampo-
mente romana, la llamada "Casa del pavimento de co se puede generalizar al conjunta de ciudades hispa-
opus signinum" de Astorgo, nos proporciona el proce- nas e incluso dentro de estas afecta de manera
so evolutivo común de las grandes residencias urbanas, desigual a todos los sectores urbanos. En Clunia, par
aunque se conoce sólo de forma parcial (Burón, 1997); ejemplo, la casa n2 1, alcanza en el sigla IV su momento
o lo primero edificación, construido en época de máximo esplendor, y lo mismo se puede decir para
julia-claudia y articulada en torna a un atrio o patio algunas viviendas de Augusta Emerita corno la llarnada
central, se añade en época flavia un peristilo porticada "Casa-Basílica", a de Complutum.
que se convierte en el elemento dinamizador en torno Par estas mismas años, el Edicto de Milán del 313
al cual se estructuran los nuevas espacios. y posteriormente el reconocimiento de! cristianismo
Precisamente, a finales del sigla 1 d.C, el peristilo, que como religión oficial del Imperio en el 380, favorecerá
desde el sigla 11 d.C. va acrecentando su presencia en la aparición primero y la construcción de los nuevos
e! conjunto de lo edificación, en un proceso que es visi· espacios necesarios para el desarrollo del culto, que
ble también en las vi/loe, desplaza al atrio corno punto progresivamente irán ganando un mayor protagonismo
focal y más importante de la vivienda, y con sus jordi- en la ciudad hasta convertirse en !os nuevas vectores
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del renacimiento urbano a partir de los siglos V y VI derecho de conquista, del territorio perteneciente a las
-como se expondrá más detenidamente en el capítula comunidades indígenas que conservaron sus sistemas
siguiente de este catálogo- procurando a la ciudad un de explotación a cambio del paga de tributa; el bron-
aspecto completamente distinto al de las urbes clásicas ce de Alcántara, donde se sanciona la rendición del
del siglo 1 d.C. caracterizas por sus inmensos espacios pueblo de los Seanos al gobernador romano en el año
públicos. 104 a.C., es muy explícito a este respecto (López,
Sánchez y García, 1984). Na obstante, sabemos tam-
TRANSFORMACIONES EN El PAISAJE Y NUEVAS bién que en determinadas fases de la conquista Roma
ESTRUCTUI<AS DE PRODUCCIÓN privó de sus tierras a determinadas poblaciones que le
habían sida hostiles (Apiano, lber., 98: [Escipián} tras
Junto a la consolidación del fenómeno urbano, la repartir la tierra de los numantinos entre los que habita-
conquista de Hispania y su incorporación al Estado ban cerca ... regresó o coso por mar) y cómo en otros
romano provocó cambios sustanciales en las formas de casos distribuyó tierras para frenar el bandidaje
ocupación y usufructo de los recursos naturales que, (Apiano, lber. 75).
desde muy pronta, fueron sometidas a una intensa Este proceso, que se inició en época cesariana y
explotación, que afectó sobre todo a los metales, ya que en determinados casas tuvo una función punitiva al
que en casi toda Hispania eran abundantes las yaci- despajar a las habitantes de una determinada ciudad
mientos de plomo, hierra, cobre, plata y oro (Piinio, de sus tierras y distribuirla entre los adeptos a su causa,
n.h., 111, 30). Estas minas fueran explotadas a cielo se intensificó en época augustea corno una forma jurí-
abierto, cama testifican los impresionantes paisajes dica ordenada destinada a articular el territorio. Como
auríferas de Las Médulas, pero también en galerías muestra el bronce de Elche, en los repartos participaran
(Diodara, 5, 36-38) donde se aplicaron avances tecno- también grupas de indígenas, aunque hay que sospe-
lógicos heredados, tanta de las griegas como de los char que a estos quedarían reservadas las tierras de
cartag'rneses, tales como el tornillo de Arquímedes ates- más bajo rendimiento. No obstante, no hay que buscar
tiguada en la mina de El Centenilla !Jaén), para extraer restos de centuriacián en torna a todas las ciudades his-
el agua de los pozos, la bomba de Ctesibius de La panas, ya que, con toda seguridad, existieron otras fór-
Unión, o los depuradas sistemas metalúrgicos que, mulas de explotación agraria tanto en manos de inmi-
recogiendo la experiencia acumulada durante siglas de grantes itálicos y colonos como de indígenas. En
las minas de Laurion (Atenas) y otros distritos del área Augusta Emerita, la gran superficie de tierra disponible
mecedónica, se aplicaron en las fundiciones documen- permitió tres asignaciones distintas de las cuales está
tadas en Las Herrerías y el Cato Fortuna de Mazarrón. constatada arqueológicamente la parcelación del espa-
Las consecuencias sobre el paisaje debieron ser inten- cia situado al sur del Guadiana donde se aplicó una
sas y agresivas, contribuyendo a la deforestación y pertica basada sobre parcelas (o centurias de 40 x 20
desaparición de las especies autóctonas en amplios actus (400 iugera) (Ariña y Gurt, 1992-1993). En
rincones de la geografía peninsular. Coesoraugusta, tras una primera centuriación de 1 5
Por otra parte, muy vinculado a la fundac'rán de actus se procedió a una nueva reparcelación sobre
nuevas ciudades con estatuto colonial o a la promoción aquello con un módulo de 20 acfus (Ariño, 1990).
jurídica de entidades urbanas preexistentes, está el También en torno a la colonia ilicitana se estableció
fenómeno de las centuriaciones, mediante el cual una centuriación can parcelas de 20 actus (Gurt el alii,
Roma, además de premiar y fijar a las nuevos colonos 1996) mientras que trazas de centuriacián se han podi-
en un determinado espacio geográfico -generalmente da reconocer al norte de Carthago Nava, aunque de
licenciados del ejercita-, intervenía directamente en el momento de manera imprecisa. En relación con este
territorio mediante la reordenación y redistribución de proceso de ordenación del espacio agraria, la villa se
las tierras asignadas a cada comunidad. Hasta la convierte a partir del siglo 1 d .C. en el principal mode-
segunda mitad del siglo 1 a.C., tanto la información lite- lo de explotación aunque no el único, del espacio agra-
raria como los datos arqueológicos parecen indicar ria, y entre sus dependencias, bien diferenciadas espa-
que Roma no se incautó, como podía haber hecho por cialmente, conviven la residencia del propietario (pars
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11;1:; "'~ !11!ercc~ión 'r' :n: '"CC:on r<XC<ma~
:'~~ vcvinc!;¡¡ (!¡,,' e>~n:;m~· ccó::!en:~
urbana) que codo vez ocupa una mayor superficie y a oles, especialmente trigo y cebada, cuyo producción se
la que pronto se incorporan las salas de baño, ¡unto o guardaba en silos subterráneos, según nos cuenta
los estructuras de producción: molinos y prensas, alma- Plinio (N.H., XVIII, 306) y la arqueología se ha encar-
cenes, depósitos y habitaciones de servicio, así como gado de verificar.
alfarerías, ámbitos dedicados a las labores artesana- La pesca a gran escala y, derivada de esta, la mul-
les, corrales y establos. tiplicación de las factorías de salazón, de las salinas y
En el ámbito productivo, los cultivos mediterráneos de otros industrias fue otro de los recursos económicos
constituyeron el soporte básico de muchos de estas más dinámicos del territorio hispano. Estas actividades
establecimientos, pero combinados con otros activida- que en la Península Ibérica se remontaban o época
des económicos y cultivos recordados en las fuentes fenicia, se rnultiplicoron pm toda el litoral entre el Golfo
escritas. Lo explotación intensiva del olivar superó los de Rosos y la cornisa cantábrica, como demuestran los
límites de lo Bética y alcanzó amplias regiones de lo hallazgos de Gi¡ón y la casta gallega (Fernóndez y
meseta sur y Levante, como muestran las almazaras Mortínez, 1994), alcanzando un especial impulso en la
halladas en Villaricos (Mula), Fuente la Te¡a costa andaluza donde se desarrolló una próspera
(Corovaca), Canyada Joana (Crevillente) y Parque de industria alfarero para la fabricación de envases de
los Nociones (Aibufereto, Alicante), así como del resto salazón, especialmente ánforas, bien atestiguado en el
de Hisponio. No obstante fueron los centros béticos, los entorno gaditano.
que con los famosas ánforas Dressel 20, inundaron de La explotación intensiva de todos estos recursos,
aceite hispano, y durante mós de dos siglos, no sólo la esquilmados por completo en algunos casos, y sobre
Urbs, sino que aprovisionaron también a los ejércitos todo su distribución hasta las más ole¡ados fronteras
acantonados en las zonas fronterizas del imperio. Las del Imperio constituyen otra de las consecuencias más
vi/loe de El Gallumbor (Antequero), activo entre el evidentes de ese procesa de cambios que se inicia a
segundo cuarto del siglo 1 d.C. y la centuria siguiente, comienzos del siglo 11 a. C. y se acelera en todas sus
y la de Manguarra y Son Jasé (Cartamo), de cronolo- vertientes a partir de época imperial, alcanzando su
gía más tardía, nos ofrecen una muestro de estas insta- plenitud entre los siglos 1 y 11 d.C. Es este un período de
laciones oleícolas dotadas de prensas para la tritura- profundas mutaciones, que afectan a todos las esferas
ción de lo aceituna, de cubetas y depósitos de distinto de la convivencia y durante el cual la Península Ibérica,
tamaño para el refinado del aceite, así como diversas por primera y única vez en toda su historia, aparece
dependencias para la preparación y el almacena¡e del unificada y gobernada por una sola autoridad, locali-
producto obtenido antes de su comercializoción zada en lo figura del emperador; todos sus habitantes,
(Carrillo, 1995) con independencia de su condición social, se rigen
Con el aceite, la fabricación de vino, bien atesti- bajo las mismas normas jurídicas y responden ante una
guada en el Levante peninsular ol menos desde el siglo administración común, centralizado en las capitales
VI o.C., se convirtió desde finales del siglo 1 o.C. y conventuales y, a uno escala superior, en las tres capi-
durante gran parte de la centuria siguiente, en otra tales provinciales desde donde se organizan y canali-
fuente de riqueza y de actividad económica, desarrolla- zan todos los asuntos relacionados con el culto impe-
do, sobre todo, en el noreste y levante hispano, donde rial, principal elemento de cohesión entre los ciudada-
las actividades vitícolas perduraron hasta finales de la nos. No obstante, es evidente que, si bien esa unifica-
antigüedad (en general, AA,VV.1987). Una floreciente ción política, administrativa, lingüística y religiosa
industria alfarero se asocia a muchas de estas explota- alcanza todos los rincones del solar hispano, la unifica-
ciones, especialmente activas en época augustea, sien- ción cultural no cala por igual en el con¡unto de territo-
do los envases Dressel 2-4 y Pascual 1 los más utiliza- rios que constituyen las tres provincias hispanos y no
dos, atestiguadas por doquier en el área catalana y anula por completo, como ya se ha indicado mós arri-
levantina (Revilla, 1999). Hay que advertir, no obstan- ba, la diversidad de época prerromana. Precisamente,
te, que la supremacía de un determinado cultivo en una el poso cultural preexistente, fruto en gran medida de
región no implicó la eliminación de los otros, siendo una dilatada historia de relaciones circunmediterráneas
frecuente la convivencia de vid y olivo, ¡unto a los cere- y atlánticas, combinada con el vigor y la fuerza de
55
penetración de los esquemas culturales implantados por exagerada, no deja de traducir el alto grado de roma-
Roma, determina esos rasgos singulares que distingui- nización alcanzado por los habitantes de la Bética, una
rán a Hispania frente a los restantes territorios del impe- situación que sólo será parangonable a parte de la
rio e incluso permitirán matizaciones diversas entre las Tarraconense y a algunas, y no todas, de las regiones
tres provincias hispanas. de Italia.
En todo este proceso, la ciudad adquiere una fun- Junto a la ciudad, el campo, esto es, el territorio
ción esencial y se convierte en el elemento vertebrador asignado o vinculado al núcleo urbano, constituye el
del territorio, al tiempo que se data, a lo largo del siglo soporte básica de subsistencia, hasta el punto que, la
1 d.C., de todo el equipamiento básico que, en forma historia y el desarrollo de ambos discurren paralelas.
de monumentales edificios públicos construidos con fun- La villa se convierte en el centra de las explotaciones
ciones y objetivos específicos, garantiza el normal fun- agropecuarias, siguiendo modelas itálicos, y adopta
cionamiento y desarrolla de todas las actividades cívi- distintas soluciones arquitectónicas y dimensiones en
cas (vid. en general sobre las ciudades de Hispania, función de los recursos económicos del propietario, las
AA.VV, 1993). Por otra parte, la reproducción miméti- características de la explotación, las condiciones climá-
ca de los programas oficiales desplegados en los edifi- ticas y la orografía del terreno. La evidencia arqueoló-
cios oficiales de la Urbs de mayor prestigio y que mejor gica permite seguir su evolución a lo largo de los
simbolizan las nuevas directrices desarrolladas en el siglos 1-111 d.C.
entorno del Princeps, constituye un autentico manifiesto No obstante, y tras esta aparente y continuada ima-
de adhesión al nuevo sistema por parte de las elites gen de prosperidad, hay todavía múltiples lagunas,
municipales, en parte formadas, como muestra la epi- sombras y preguntas a las que la arqueología no ha
grafía monetal, por individuos o familias de origen sida aún capaz de dar respuesta. Pese a toda, la cali-
local. Sin duda alguna, estos programas monumenta- dad y cantidad de datos y testimonios materiales, algu-
les, la construcción de amplios espacios públicos entre no de ellos imprescindibles o de gran trascendencia
los que destacan los edificios de espectáculos, junto a para comprender mejor los propios modelos culturales
otras manifestaciones materiales propias de la cultura instituidos en la propia Roma, son un testimonio excep-
romana, contribuyen de forma eficaz a extender a cional para valorar la amplitud e intensidad de un pro-
todas las capas de la población los hábitos de vida ceso histórico cuyas consecuencias transcienden los
romanos, hasta el punto que, si bien la tantas veces estrictos límites de la antigüedad.
repetida frase de Estrabón sobre los tourdetanoi, sobre
todo los que viven en las riberas del Baetis, que han
adquirido enteramente la manera de vivir de los rhama-
noi, hasta olvidar su idioma propia puede parecer
56
SPANIA
.•
Pompoelo
•
INSUW 8AlfARES
~-,
atención. No sobemos si fue por los efectos devastado-
res de la inestabilidad anterior o si fue a causa de esta
nueva reorganización del territorio, o por ambos, pero
el caso es que desde este momento disminuyó el núme-
ro de ciudades existentes. La realidad arqueológica nos --\ ~, 1 '
hace ver que unas fueron reconvertidas y mantuvieron '-..:: ) 1\(¡:. ..
su status urbano, como serian las antiguas colonias de
Valen tia e 1/ici y, por supuesto, la nueva capital provin-
cial, Carthagonova. Otras desaparecieron o redu¡eron
~
mucho su importancia, caso de los municipios de
' •i ,,
Edeta, Saguntum, Alonis o Lucentum. De otros no sabe-
mos mucho para este momento, pero por su posterior
conversión en centros episcopales, se podría pensar en
que perdurarían como núcleos urbanos. Así pasaría
con Saetabis, Dianium o 1/unum. A pesar de esta ten-
íi< .
dencia general, apenas esbozado, la evolución de
varias de estas ciudades también debió supeditarse a
elementos locales o situaciones coyunturales, que en la Planimetría parcial de lo villc1 de Colpe, según J.M. Abw.CCII et alii, 2000.
59
Los INICIOS DEL CRISTIANISMO mártires, alrededor de los cuales, junto a la Vío
Augusta, irío surgiendo todo un borrio suburbial
Uno de los rasgos principales del s. IV es que fue el IMacíos, 2000). Un fenómeno semejante, pero no tan
de la implantación progresiva de una nuevo religión, la bien documentado arqueológicamente, y probablemen-
cristiana, que empezó la centuria perseguida por el te o una escala menor, por la diferente importancia de
poder imperial, poco después fue tolerado y reconoci- los dos ciudades, se encontraría en la Roqueta, al sur
do, posó la moyor porte de las siguientes décadas de Valentia, también junto a lo Vío Augusta, donde la
ampliando continuamente el número de su feligresía y tradición sitúa lo tumbo de son Vicente y la arqueolo-
ascendiendo en la escola sociol y, finalmente, concluyó gía ha proporcionado pocos pero muy expresivos
el siglo como única religión reconocida y perseguidora hallazgos que parecen confirmar la existencia de un
del paganismo. Tras su reconocimiento explicito por cementerio cristiano del s. !V, cuyo existencia se expli-
Constantino, ya no hubo morcha otrás posible, a pesar caría con facilidad si suponemos lo presencia de la
de los intentos de dos emperadores, Juliano y Eugenio, tumba de un mártir !Ribero, 2000). Un esquema similar
que efímeramente reinstouraron los cultos antiguos. Este también se ha reconocido, en Mérida, en lo actual igle-
primer cristianismo fue eminentemente un fenómeno sia de sonta Eulalia, debojó de la cuol se hon efectua-
urbano y su cada vez más creciente organización jerár- do modélicas excavacíone·~ que han deparado conocer
quica normalmente siguió el esquema administrativo de lo evolución de un omplio espacio que tiene su origen
las provincias imperiales. en un mausoleo del s. IV, alrededor del cual muy pron-
Elemento clave en su difusión inicial fue el papel de to surgió un cementerio ad sanctas y con el paso de los
los mártires, que convirtieron en focos de atracción y siglos se formó un complejo edilicio constituido por una
prestigio los lugares, en este caso las ciudades, que gran basílica martirial y un xenodochium, u hospital,
acogieron estos episodios judiciales. Los más numero- ombos conocidos por los fuentes históricas y la arqueo-
sos son los que fueron afectados por lo última y más logía, amén de otros edificios, como un monasterio
sangrienta persecución, lo decretada por Diocleciono. IMoteos, 1999). Lo formación de estos o veces exten-
Lo tradición posterior, especialmente la surgida en sos suburbio, hasta hace poco prácticamente descono-
pleno época visigoda, menciona ya a gran número de cidos en Hispania, en los que a portir de una tumba de
mártires repartidos a lo largo y ancho de lo provincia un mórtir, llegarían o surgir estos borrios periféricos
hispana. Pero la realidad debió ser muy otra, ya que con sus iglesias, cementerios, monasterios, hospitales y
los mártires más fiables, los constatados, como muy hostales de peregrinos, se vo haciendo patente gracias
tarde, a fines del s. IV o inicios del s. V, componen una a los recientes excavaciones sistemáticas de los lugares
nómina mucho más reducido !Castilla, 1999). No se mencionados. Además, hoy por hoy, constituyen el tes-
puede dudar de la veracidad de los mártires de timonio arqueológico más antiguo de la implantación
Tarragona, el obispo Fructuoso y sus diáconos, o el de! cristianismo en las ciudades romanas.
también diácono San Vicente de Valenlia o santa Peor conocida es la forma en que lo nueva religión
Eulalia de Mérida, conocidos por historiadores anti- se fue introduciendo en el interior de las ciudades, que
guos y, además, por disponer de un amplio repertorio aún eron paganas en su forma, aunque poco a poco
de hallazgos arqueológicos, que remontan al mismo iban dejando de serlo en el fonda. Uno de los primeros
s. IV, que dan validez a estos personajes. Todo lo con- testimonios hispanos lo tenemos en 1/ici, cuya basílica,
trario se puede decir de la pretendida visita evangeli- situado dentro de la ciudad pero en su periferia inter-
zadora a nuestras costas de uno de los primeros após- na, con sus mosaicos del ciclo de Jonás, nos lleva a
toles, san Pablo, que supuestamente, ya en el s. 1 d.C., modelos urbanísticos e iconográficos propios de los pri-
comenzaría la conversión de Hispania illobregot, meros tiempos del arte y la arquitectura paleocristiana,
1977) siempre del s. IV, como Aquileia. No tiene sentido man-
Los hallazgos cristianos más antiguos del litoral tener su identificación con una sinagoga, como se hizo
serían los del amplio complejo bosilicol y el gran en un principio jPovedo, 2000).
cementerio de Tarrogo na, de los siglos IV y V, relacio- Otro de los pocos casos conocidos de cristianiza-
nado con lo ubicación de los sepulcros de sus famosos ción prematura de la topografía urbana lo tenemos en
60
Valenlia, donde hemos propuesto la ubicación exacta rol Carthaginensis, cuyas primeras noticias ya son del
del lugar del martirio de san Vicente en un edificio s. VI. Sin embargo, no vemos ningún problema en colocar
público del s. 111 cercano al foro (Marín y Ribera, en plenos. IV la creación de, al menos, los principales obis-
1999), una de cuyas dependencias fue sacralizada y, pados, estos es, Carthagonova, 1/ici o Valentia.
El paganismo también ha dejado sus hue-
llas en esta etapa romana final, como pare-
cen indicar la perduración de algunos edifi-
cios públicos del foro de Valentia o las necró-
polis de I'Aibir (Alfas del Pí, Alicante)
(González, 2001) o de Orriols en Valencia
(Ribera, 2000).
/.?
Spomo
o bizantino, impulsada por el emperador Justiniano, gua llunum (Hellín) y Córdoba. Sin embargo, lo más
deseoso de restaurar la unidad del antiguo poder roma- probable es que se limitara a la fra nja litoral entre el
no. Estos que ahora llamamos normalmente bizantinos, Júcar y el Guadalquivir, con alguna zona interior,
en rea lidad habría que denominarlos romanos, que era como las comarcas de Guadix y Baza . Sus principales
como se conocían durante toda la Edad Media. Milites centros urbanos sería n Carthagonova, convertida en
romani, soldados romanos, es como los denominan los capital de la provincia, donde llegó a fu ncionar una
autores de la época. El primer ataque imperial en ceca, y Maloca, además de otras ciudades menores,
Occidente culminó rápidamente con la destrucción del como llici, Larca, Basfi o Asido (Medina Sidonia ). Los
reino vándalo del norte de África en el 535, lo que territorios hispanos del Imperio dependían en última ins-
puso a la península Ibérica a su alcance, ya que los tancia del gobernador o exarca de Carthago y se inte-
bizantinos se instalaron en Ceuta y las Baleares, ante- graban en la provincia de Mauritania 11. En conjun to,
riormente posesiones vándalas. Teudis intentó ocupar se conoce muy poco de los avalares de estas lejanas
Ceuta pero fue derrotado. No obstante, la principal posesiones, cuyas fronte ras sufrieron alg unas variacio-
atención de los visigodos sig uió centrada en la zona nes, por los retrocesos con los fuertes ataques de
septentrional para hacer frente a la continua amenaza Leovigildo y algún avance por la ·~~cción del legado
franca. Durante los siguientes 20 años los romanos Comenciolo, enviado por el emperador Mauricio. Su
orientales se ocuparon de la difícil conqu ista de la Italia final, a inicios del s. VIl , se debió más a los graves pro-
ostrogoda y el largo reinado de Teudis fue más tranqui- blemas generales que el Im perio su fri ó en los reinados
lo que otra cosa, sólo a lterado por algún intento de de Focas y Heraclio que al poder rea l de los visigodos,
invasión franca que fue derrotado. Su interés por los
asun tos meridionales fue tan esporádico como desastro-
so. Hay que recordar que tanto la zona Cantábrica
como gran parte de la Bética y de la Carthaginensis
escaparían al control directo visigodo.
Esta estable pero insegura si tuación cambió repen-
tinamente hacia el 550, con la final ización de la con-
quista bizantina de Italia y la muerte de Teudis, a la
que siguió un grave conflicto sucesorio entre facciones
visigodas, combinación que resultó ser explosiva cuan-
do uno de los pretendientes a la corona, Atanagildo, Inscripción de Comenciolo, Cortogeno.
solicitó la ayuda bizantina contra su oponente Agila . Museo Arqueológico de Cortogeno
64
Sponio
penden con sendos momentos de actividad bélica los visigodos para administrar los territorios de la sede
(Ribera, en prensa) y, tal vez, con la presencia de una ilicitana , aún romana , que estaban en manos visigo-
flota, que sabemos actuaría por estas fechas. dos. Esta sede se debe relacionar con el Tolmo de
En contra de lo expuesto por otros autores (Ripoll, Minateda, cerca de Hellín y de la antigua 1/unum, en la
1996), creemos que existe la suficiente documentación Vía que desde Carthagonova iba a Complutum. Sin
histórica y a rqueológica para proponer que hubo una descartar que en un primer momento sus mural las fue-
especie de limes entre roma nos y visigodos. Los datos ran obra de los roman os orientales, queda fuera de
no se reducen a la actual provincia de Valencia y a la duda que se convirtió en un centro estratégico visigodo,
Vista aérea de El Talma de Minateda. Al fondo, la basílica. Foto Paisajes Españoles
bien fortificado y dotado con un completo complejo pesar de la favora ble coyuntura, que duró 20 años,
episcopal: basílica, baptisterio y ¿palacio?, que encaja hasta que cayó la capital y ulti mo reducto ,
bien con una sede episcopal subsidiaria y efímera Carthagonova (Ramallo y Vizca íno, 2002).
como la de Elo, que tras la definitiva expulsión de los Ceuta fue roma na hasta fines del s. VIl, cua ndo,
romanos sólo apareció esporád icamente, y siempre aislada por los árabes del resto del Imperio, se incorpo-
asociada al obispo ilicitano . Algo parec ido ocurrió en raría al reino visigodo, que crearía a am bos lados del
otra nueva sede "fronteriza", la de Begastri, junto a Estrecho una zona fronteriza para inten tar d etener el
Cehegín, que supliría en territorio visigodo a la de nuevo peligro meridiona l (Ga rcía Moreno, 1987 ), que
Carthagonova. En otras zonas de la provincia bizanti- poco tiempo después demostró ser leta l pa ra la mona r-
na, como en la costa andaluza , los visigodos no crea- quía visigoda . Antes de eso, a lo largo del s. VIl, en la
ron nuevas sedes en los territorios recuperados pero zona costera de la Carthaginensis, que antes había
cuyo cen tro episcopal aún era dominio imperial, como sido autónoma y luego fue recuperada por el Im perio,
en Maloca, sino que los repartieron entre los obispados se iniciaría un c ierto proceso de "visigoti zación" de
limítrofes, lo que posteriormente originó problemas este territorio. Donde an tes se man ifestó , como ya
jurisdiccionales, porque tras la expulsión de los roma- hemos visto, fue en Valentía, que vería una más tempra-
nos, los obispos malagueños reclamaron la restitución na y numerosa llegada de cuad ros mi lita res y eclesiás-
de la extensión de su diócesis, a lo que se opusieron ticos, que han dejado su impronta en el registro a rqueo-
sus colegas beneficiados (Vallejo, 1993). lógico de la ciudad , especialmente en su necrópolis
Las largas y serias dificultades por las que pasó el episcopal , que no sólo mantuvo sino que aumentó la
Imperio a partir del 602, con la deposición de importancia de los lugares santos vin cu lados a la fig u-
Mauricio, la usurpación de Focas, la invasión persa y ra de San Vicente, rasgo común a l auge d el culto a los
la revu elta de Heraclio en África , a la que pertenecía mártires que se produjo en la Hispania del s. VIl
Spania, que significó el traslado de muchas tropa s a (Ribera , 2003).
Oriente, fueron aprovechada s por los visigodos para ir Algunos elementos litúrgicos de llici, como los
ocupando la s posesion es imperiales, proceso lento, a supuestos ca nceles calados, se ha n datad o en el s. VIl
Sponoc
AlBERT V RIBERAllACOMBA
y serían del periodo de dominio visigodo, como lo son implicado. A l estar al mando de tropas, y ta l vez de
las placas decoradas de la Albufereta de Alicante, per- una flota , en el litoral de la provincia Carthagínensís,
tenecientes a un cementerio, que sería el de Lucentum, debió ser el gobernador de la provincia, el dux, lo que
que recientemente se ha ubicado en el cerro situado al le permitiría rechazar con ra pidez a los roma nos, ya
lado del de la antigua ciudad romana (Oicina, 2003). que se encon traría cerca del lugar de los hechos. No
debe ser casual que, durante los reinados de Egica y
Witiza , Valentía y Saguntum volvieran a acuñar mone-
da, actividad que se relaciona, sobre todo en estas
cecas intermitentes, con episodios milita res, que en este
caso coinciden con la actividad de Teodomi ro (Ribera,
en prensa). Algo más de una década después, en una
misma tesitura, y en el mismo territorio, volvemos a
encontrar al mismo personaje asumiendo el mismo
papel: la defensa de la zona costera de la provincia
67
codo vez más debilitado monarquía (Gorcío Moreno,
1998). Su vinculación con el círculo de Witiza , a qu ien
debía su ca rg o, explicaría que no se un iera al ejército
real que se enfre ntó o Tari k en Guadalete, yo que sería
más normal que apoyara al candida to w itizano ,
Akhíla, in sta lado en lo Tarraconensis y la Septimonio ,
que no reconoció o Rodrigo, en el mo rco del confl icto
sucesorio que facili tó lo invasión musulmana (Garcío
Moreno, 1992).
En todo este panorama , encojo o la perfección uno
El Pla de Nadal de los más espectaculares yacimi entos de esto época,
lo denominada " Villa Áulico " del " Pio de Nodol", en
tivo islá mico separo claramente los territorios (qoras) Ribarojo de Turio, o 14 km. al oeste de Valencia , edi-
de Va lencia y Tudmír. Pero esto situación sería poste- ficio fechado entre el s. Vil y. el VIII, que fue destruido
rior al efímero episodio teodomiridiano. Tal vez sea por un incendio cuando ya ·estaba abandonado o
más ilustrativo reparar en la división terr itorial visigodo saqueado. Debió ser el pa lacio de uno personalidad
que en lo posterior, para entender la ca tegoría jerárqu i- impo rtante, un ta l Tebdemi r, según un anagrama gra-
ca de este personaje, vinculado al estado visigodo y bado en el centro de un medallón pétreo, que recuerda
anterior a lo ocupación y organización mu sulma na, o los que aparecen en las ultimas emisiones monetoles
que no se basó precisamente en la que ya existía sino visigodos. También se encontró un grafito con el nom-
q ue lo fragmentó. En la época visigodo la an ti gua y bre de Teudinir (Juan y Lermo , 2000). Tenemos pocos
extenso provi ncia Carthagínensís sufrió no pocos ova- dudas en asimilar estas dos inscripciones con nuestro
tares debido o la ocupación bizantina de casi todo su Teodomiro, cuyo vida co incide perfectamente con lo
litoral y o la elecc ión de Toledo como capital del reino, construcción del edificio. Si también reconocemos en
episodios que fueron casi coetáneos y que culminaron Valentía la Balantala ignoto, podemos acabar de enco-
con lo marginación y desaparición de la antiguo sede jar este puzzle, en el que Teodomiro, el último visigo-
provincial y episcopal, Carthagonova. Dentro de esto do, sería primero el dux provincial de un territorio morí-
problemáti co juri sdicciona l, se estableció uno nuevo timo entre Sogunto y A lmerío, cargo en el que se per-
región, la Corpetanio, que integraría los extensos terri-
torios interiores de lo provincia. C uando fueron expul-
sados los ro man os, la parte litoral de la Carthagínensís,
de Valentía o Almerío, se constituyó en una entidad
diferente. Ante el peligro que aun suponía la floto roma-
no y el rápido avance islámico por África, es compren-
sible que el gobernador, el dux províncíalís, de este
territorio tendría o su cargo uno zona fronterizo
marítimo.
Las fu entes árabes, cuando narran la invasión de
esto región, en el 713, mencionan que se enfrentaron
Medallón de piedra con el monograma de Tebdemir. Pla de Nadal. Foto SIP
a las gentes de Orihuela, Lacont, Denio y Valentía, con
los que pactaron después de derrotarlos. Su jefe, petuó tras su célebre pacto con los árabes. Sus domi-
Teodomiro, organ izó esto resistenc ia porque era el nios no comprenderían sólo el sudeste penin su lar sino
representante del reino visigodo, con amplios poderes que llega rían a abarca r la ac tual provincia de
militares, aunque en estos momentos yo había avanzo- Valencia. El palacio del "Pio de Nada l" posiblemente
do bastante el proceso de protofeudalizoción de la alto sería construido en esta segundo etapa, cuando gozo-
nobleza , especialmente los poderosos duces de los pro- ría de más independencia de facto.
vincias, con ansias de perpetuarse en ellos , frente o lo
68
LA ALCUDIA IBÉRICA
tn ousca ae la c1uaaa perdtdn
El YACIMIENTO
69
Años después, la adquisición de la finca por la hechos históricos no resulta un método seguro. En cam-
familia Ramos propic ió el desarrollo de excavaciones bio, muchas ciudades romanas incluyen en su nombre
anuales que han puesto al descubierto no pocas estruc- oficial términos ajenos a la lengua latina acabados en
turas y materiales; pero sobre todo han proporcionado -ci (ejemplos: Acci, lptuci, Urci, Tucci, 1/orci, etc) que
gran cantidad de recipientes cerámicos con decoración parecen corresponder a los nombres ibéricos de las ciu-
figurada y fragmentos de escultura monumental; ambos dades que se romanizan . Si tomamos como hipótesis
elementos se han convertido en las señas de identidad este hecho, parece posible que el nombre de la ciudad
de La Alcudia , y hacen de ella una de las ciudades ibé- Ibérica de La Alcudia fuera ya el de 1/ici, y es éste el
ricas de mayor interés . Todo el lo no exento, sin embar- que vamos a utilizar a partir de este momento.
go, de problemas que, como luego veremos, obliga n a De esta ciudad ibérica no conocemos su perímetro
replantear muchas cuestiones aparentemente ya ni su extensión, aunque es de suponer que, como es
resueltas. normal en su tiempo, estaría rodeada por una muralla.
Parece que ocupaba parte del altozano, y que su exten-
lA CIUDAD sión fue aumentando de forma paulatina , quizás a par-
tir de un núcleo en lo que hoy es la zona septentrion al
La Alcudia ibérica se ubicó sobre un altozano de del yacimiento, según la propuesta reciente de Jesús
una altura no muy definida, aunque los sondeos geotéc- Moratalla (Moratalla, 2004) ; la mayor parte de las
nicos realizados al pie, en el lugar donde se ubicará el esculturas, que en nuestra opinión deben dotarse a fina-
nuevo centro de interpretación , han mostrado que en les del sig lo V a. C., proceden de la parte meridional,
este lugar y en este momento, la diferencia de cota lo que quizás refleje una diferenciación entre lugares
entre la parte alta del cerro y su entorno debía estar en de habitación y lugares de culto o funerarios. En el sec-
torno a los siete u ocho metros. No sabemos si esta tor orien tal se ha detectado una alineación de piedras
medida es extensible a todo el perímetro, aunque pare- que la bibliografía tradicional ha venido denominando
ce que hacia el este la diferencia debía ser menor, pues " muralla púnica " , entre cuyos materiales se incluyen
al menos en época romana era inexistente . fragmentos de escultura y de elementos arquitectónicos
El nombre de la ciudad ibérica no debió diferir reaprovechados, por lo que en caso de que fuera ibé-
mucho del de 1/ici que se incluyó en la denominación rica su construcción debió tener lugar en un momento
oficial de la colonia romana. Los investigadores han avanzado. O tra muralla, que ha aparecido en los son-
tratado de vincularlo con el de Helike que aparece cita- deos realizados durante el año 2003 en la parte occi-
do en algunas fuentes (Ramos, 1974), aunque la utili- dental, y que aún se encuentra en estudio, no parece
zación de homofonías como argumento probatorio de ser de esta época, o en todo caso correspondería
también a una fase ibérica posterior (Abad y Tendero,
2003) . Tendríamos así que las líneas de cierre
conocidas de la ciudad, que flanquean el perímetro de
la loma por oriente y occidente, habría que
adscribirlas, en la versión que nos ha llegado, al menos
a una fase ibérica avanzada.
Tradicionalmente se ha venido suponiendo que 1/ici
es el principal yacimiento de la comarca, ya que sería
el de mayores dimensiones del entorno: 1O Ha según
sus investigadores, 6 Ha según la medición que recien-
temente ha propuesto Jesús Moratalla, aunque parece
que en sus primeros tiempos no debió superar las 3 Ha
(Moratalla, 2004). Se encuentra ubicada en la zona do
paso entre la costa y el interior, y domina una vía quo
lugar previsto poro lo ubicación del nuevo centro de interpretación desde la depresión meridional , la zona de albufera q uo
conformaba la desembocadura del Segura, se dirigía
"1(\
lo Akvdio lberico
En buKo de lo ciudad p•rdido
71
eneolítico y/o bronce valenciano; el Galos comienzos
de la cultura ibérica; el F iría desde principios del siglo
V hasta el 228 , fecha de una destrucción hipotética de
la ciudad por Amílcar; el E, desde este momento hasta
mediados del siglo 1 a.C. , y ha recibido los nombres de
ibero-púnico, ibérico 11 o ibero-helenístico; el D iría
desde este momento hasta mediados del siglo 1 d.C. ,
abarcando aproximadamente un siglo, y corresponde-
ría al momento de fundación de la colonia. Y por últi-
mo, el estrato C sería ya del alto Imperio.
Esta propuesta resultó muy acertada en su momento
y permitió establecer un marco para la evolución de la
cultura ibérica, fijando el ambiente cultural de fenóme-
nos tan importantes como la escul tura , asociada al nivel
F, y la cerám ica figurada, que correspondería al E. Esta
periodización ayudó también a asentar propuestas
como la baja cronología de esta cerámica, realizadas
por investigadores como Domingo Fletcher (Fietcher,
1940), quienes hacía ya tiempo que se habían dado
cuenta de que no era posible mantener, con los datos
estratigráficos en la mano, la correspondencia pura-
mente formal entre las cerámicas del estilo denominado
••
Elche-Archena y otras por entonces ya bien datadas,
en momentos muy antiguos, como las micénicas.
En líneas generales, esta propuesta sigue siendo Esquema con lo superposición de e¡lrucluros en el seclor SF,
sobre plonimelrío de Romos Fernández, 1983
útil todavía hoy, aunque ha permanecido inmutable
demasiados años y en ocasiones se ha tratado de apli-
car a priori a los resultados de las excavaciones, inten- conocimiento de la re lac ión entre las estructuras ibéri-
tando adaptar éstos a aquélla y no aquélla a éstos, cas excavadas, estén visibles o no, y los materiales
como marcan las normas de la arqueología actua l. El recuperados. Resulta , por e jemplo, difícil asociar las
esquema se ha convertido en un corsé que aprisiona la esculturas ibéricas que tanta fama han dado a la
investigación en la Alcudia, y ha llevado a buscar las Alcudia con estructuras e incluso con estratos determi-
mismas fases en todo el ámbito del yacim iento, sin nados, en buena parte porque aparecieron descontex-
tener en cuenta que puede que falte alguna y que tualizadas, como en el caso de la Dama de Elche, que
dentro de cada una de ellas tienen que existir niveles se encontró oculta cerca de una muralla que hoy no se
intermedios que son, precisamente, los que permiten la conserva, sin que las técnicas de excavación del
restitución del proceso cul tural de un lugar, los que momento permitieran recuperar informac ión arqueoló-
hacen posible, en suma, reconstruir la intrahistoria de gica fiable (Ramos Molino, 2000). Otras muchas escul-
un yacimiento, cuyos hitos no tienen por qué coincidir turas aparecieron formando parte de una calle poste-
con los grandes acontecimientos de los que ha n queda- rio r, aunque hoy sabemos, gracias a los traba jos de
do noticias en las fuentes escritas. Recientemente Jesús Alejandro Ramos, que esta aseveración, que tanto se
Moratalla (op. cit.) ha llevado a cabo un estudio de los ha repetido, no es del todo correcta. Y otro tanto ocu-
materiales y memorias publicados, desarrollando pro- rre con las grandes cerámicas con decoración figura-
puestas muy interesantes acerca de la comparación da , que se cuentan en tre las mejores manifestaciones
entre los niveles de las diferentes áreas excavadas. de la cultura ibérica, cuyo contexto a rqueológico, que
A ello hay que añadir que las características del hoy sería vital para comprender su significado, no está
registro arqueológico y de su publicación no facilitan el definido; sólo sabemos que aparecieron por debajo de
lo /,kvdic: lbériCQ
f.n bo\(G dQ !a ciudad ¡;erdidc
los niveles romanos en las zonas denominadas 3F y 5F, mentas exteriores, sino que está dando los primeros
esto es, en la zona de las domus romanas actualmente pasos de su transformación. Estudios recientes han
visibles. puesto de manifiesto que el entorno del poblada ape-
Algo similar ocurre si intentamos asignar contextos nas podía asegurar lo subsistencia de sus habitantes,
a las estructuras ibéricas que se conservan en el yaci- par lo que éstos debieron estar estrechamente relacio-
miento, las llamadas "casas ibéricas" y la "casa del nados con otro núcleo cuyas excedentes les permitieran
culta a la cabeza cortada". Ninguna de ellas es fácil- subsistir (Grau y· Moratolla, 200 1). Este núcleo debió
mente relocionable, en la actualidad, con la sucesión ser La Alcudia de Elche, aunque resulta paradójico que
estratigráfica propuesta, aunque el dato de que el con- sea prácticamente desconocido y que tengamos que
junta de materiales conocido como "la tienda del alfa- intentar reconstruir su facies ibérica antigua a través de
rero" (Sala, 1992) corresponda a una habitación de
las "casas ibéricas" nos hace pensar que los niveles de
este conjunto corresponden a una fase muy avanzada,
contemporánea de la romanización, y que por debajo
deberían estar los niveles de la época ibérica pleno
que se pudieran estudiar. Donde mejor se puede
observar la evolución estratigráfica es en la domus 5F,
cuya estratigrafía, publicada en su momento por Rafael
Ramos (Ramos, 1983), permitió ubicar niveles corres-
pondientes a las sucesivas foses ibéricas y facilitó la
contextualización de monumentos ton importantes
como el célebre mosaico helenística.
7'1
puerta abierta al mar, en una zona más
próxima y sobre todo más favorable para la
navegación inmediata que la del sur, donde
el tráfico por la albufera debía irse tornando
cada vez más difícil. No está de más campa·
rar el caso de La Picola con lo que ocurre
siglos más tarde, cuando tras la fundación
de la colonia de 1/ici se crea el Porlus
1/icilanus, un puerto dedicado cla ramente a
servir de puerta marítima a la nueva ciudad
(Malina y Márquez, 2001) . Cae en desuso la
ruta meridional, que debía haber perdido
buena parte de su interés económico y
comercial , como indica el hecho de que los
antiguos establecimientos abandonados no
fueron sustituidos por otros nuevos.
Restitución hipotético de volúmenes en el poblado de El Oral,
dibujo Alicia Postor, 2003 Por El O ral sabemos que la urbanística
de este momento es bastan te regular. Sus
cota más baja , prácticamente en la costa y en un entor- casas testimonian una clara diferenciación social y eco-
no agrícola más fértil. Las carriladas visibles en la puer- nómica , por su tamañ o y también por su equipamiento
ta del poblado, en dirección al mar, indican que tam- y por sus estructuras domésticas. Existe un planeamien-
bién aquí el tránsito de mercancías fue bastante inten- to general urbanístico, que se muestra no sólo en los
so (Abad, Grau el alii, 2003, 265-287) . grandes aspectos, sino en detalles como que las casas
El Oral no es el único caso. También La Picola en adosadas a la muralla están dotadas de canales de
Santa Polo (Badie el alii, 2000), cuando ya aquel desagüe que drenaban hacia el exterior los patios
abiertos, separados de la mura lla por estancias cerra-
das. Las aberturas se practicaron en el momento de
construir la muralla, antes de proceder a la urbaniza-
ción interior del poblado, por lo que está claro que se
tenía un conocimiento previo de dónde iban a resu ltar
necesarios. Algunas de las casas van incorporando en
su propio beneficio espacios que anteriormente eran
públicos y que ahora se reconvierten para uso privado.
Muchas de estas casas, y en concreto las adosadas
al lienzo oriental de la muralla , son casas de patio,
que, como hemos comentado en otro lugar, parecen
Moqueta del puerto ibérico de Sonto Polo, Alicante. atestiguar el reforzamiento de la privacidad personal y
Museo Arqueológico y Marítimo de Santo Polo
sobre todo fa miliar en relación con la comunidad, al
tiempo que indican la desigualdad social entre los gru-
había dejado de existir, se convierte en un pequeño pos privilegiados y el resto de la comunidad (Sala y
establecimiento orientado al mar, siguiendo la misma Abad, en prensa). En El Oral, y suponemos que con
función que había tenido el primero. En este caso, la más razón aún en La Alcud ia, esta jerarqu ización
impronta es, según sus excavadores, fuertemente grie- social se percibe a partir de las diferencias entre los
ga, aunque al igual que ocurre con El Oral, no sabe- tipos de casas, sobre todo entre las casas de patio y el
mos si ésta es suficiente para postu lar una " fundación " modelo más simple de doble estancia. Sin embargo,
extranjera, o si más bien, como creemos, es un nuevo ello no se traduce en un reparto del espacio urbano, ya
intento de la cultura del interior por asegurarse una que las casas complejas son vecinas de las simples,
lo Alcudia lbéuco
En bu~eo de lo ciudad perdido
aunque tra s las últimas campañas parece que podemos Las piezas de Elche presentan una abigarrada
ha blar de una cierta co ncentració n de las estructu ras decoración de tipo vegetal estilizado, con presencia de
complejas en el barrio IV. En las casas con pa tio se figuras femeninas, con preferencia del tipo botella tan
observa también, como es lógico, una mayor especiali- conocido en el ámbito pún ico, o de rostros femeninos
zación de los espacios. de fren te, a modo de rosetas, pero sobre todo a través
de las dos figuras emblemáticas: un felino que conoce-
lA RELACIÓN CON LA CULTURA ROMANA mos con el nombre de carn icero, puesto que no repro-
duce ningú n animal concreto, y u~ ave que tampoco
El último período de la hi storia de La Alcud ia que corresponde a ninguna en general, aunque tiene ras-
ahora nos interesa es el de la romanización . Se trata gos de rapaz (Ramos Folqués, 1990; Menéndez,
de un momen to de gran importancia , que se inic ia con 1988). Es posible que en estos animales imaginarios
los episodios de la Seg unda Guerra Púnica relaciona- podamos ver el tra sunto, sobre un nuevo soporte, de
dos con la conquista de Carthago Nova, con la que aquellos seres míticos que estuvi eron en el origen de la
siempre estuvo muy un ida la ciudad
de 1/ici. El fina l de la Segunda
Guerra Púnica conlleva la desapa ri-
ción de yacim ientos de su entorno,
como La Escuera , pero en cambio no
se observa que la ciudad de La
Alcud ia sufriera una destrucción
generalizada, ya que los vestig ios
espigados a lo largo del yacimien to
no resultan suficientes como para
defender este acontecimien to.
Los materiales arqueológicos
proporciona n ob jetos púnicos -ánfo-
ras con sellos, cerámicas importa-
das, sobre todo de Ibiza- y muestran
la incorporación al ámbito cultura l y
religioso ibérico de elementos de o ri-
gen púnico, como la iconografía de
la dama-botella , del rostro-roseta,
Ave y felino , dos de los molivos corocteristicos de lo cerámico ibérico decorado
etc (Ramos Fernández, 1975; Tortosa
Rocamora, 1998, 207- 216) . Esta
presencia se mantendrá , e incluso podemos decir que propia cultura ibérica: los grifos , las esfinges, los leo-
se hará más fuerte a ún, por paradójico que pueda nes, las sire nas, que aunque perdidas en la gran esta-
parecer, en el momento en que la presencia política y tuaria desde al menos dos siglos atrás, b ien pudieron
militar pún ica ha desaparecido, cuando 1/ici comienza haberse mantenido vivos en la memoria de las gentes.
a entrar en la órbita roma na. De hecho, la cabeza de las aves recuerda en cierta
A lo largo de los siglos 11-1 a.C. parece que en 1/ici medida la de los antiguos grifos, y la de algunos de los
se desarrolló una cu ltura florec iente, seguramente la fe linos, las de los antiguos leones de fauces abiertas y
más floreciente de su hi storia , q ue se caracteriza sobre lengua fuera.
todo por el estilo cerámico Elche-Archena , denomina- Esta cerámica se consideró en su momento propia
do así por los lugares donde se encontraron sus mate- de una reducida área ceñida a parte de la provincia de
ria les más significa tivos, aunque hoy sabemos que exis- A lica nte, pero hoy sabemos que desborda con mucho
ten varios talleres q ue trabajan de forma estos límites; hacia el norte aparece mezclada con ras-
independiente . gos propios del otro gran estilo cerámico, el denomina-
75
do Oliva-liria, y por el sur y el oeste se adentra en tie- !erí sticos de época helenística, cuyos mejores ejemplos
rras de Albacete y Murcia, donde se detectan produc- están en el Mediterráneo central y orienta l y de los que
ciones propias que seguramente atestiguan una fuerte el ilicitano parece una adaptación local (Abad , 1986,
interrelación cultural (Grau, 1996, 83-1 19; Abad y 97- 105).
Sanz, 1995, 73- 84). A lo largo de las últimas décadas del sig lo 1 a. C. ,
Interesante también para conocer el proceso de la ciudad ibérica de La Alcudia recibió la condición de
transformación cultural de La A lcudia ibérica es el colonia romana (Aifoldy, 2003, 35-57), lo que con lle-
mosaico denominado "helenístico", que apareció en el vó la reorganizació n de las tierras de labor, atestigua-
sector de la domus 5F, pavimentando una estancia rec- da por una placa de bronce aparec ida hace unos
tangular, seguram ente el tablinum de una casa con años, y la renovación de las estructuras urbanas, aun-
que de ésta no se ha detectado ninguna huella arqueo-
lógica clara; las estructuras que la bibliografía ha vin-
culado con este momento, como el posible Foro, pare-
cen corresponder en su mayoría a estructuras bastante
más recientes, segu ramente de época bajoimpe rial,
como ha puesto de man ifiesto el estudio rea lizado por
Gabriel Lora en su Memoria de Licenciatura (Lora ,
2004).
Interesante es destacar, sin embargo, que lo que
va mos conociendo de la colonia romana parece indi-
car que la ciudad no se circunscribió al altozano con el
que tradicionalmen te se ha ven ido identificando. Los
sondeos realizados al este de la loma, en la zona deno-
minada El Borrocat, por Eduardo López Seguí han
puesto al descubierto importa ntes a li neaciones de
muros, los más próx imos de los cuales continúan los de
las termas ori entales, por lo que está claro que el lím i-
te de este edificio no era el del altozano, sino que se
adentraba en las zonas bajas; de hecho, el propio
esca lonamiento de la estructura termal, que desciende
hacia el este, parece ind icar que la ciudad desborda
Mosaico de tipo helenístico
ya en el momento de su construcción, que se ha fi jado
provisionalmente en la primera mitad del sig lo 1 d.C. ,
pavimentos de opus signinum en otras habitaciones. los límites que trad iciona lmente se le han asignado. Es
Parece que la casa donde se ubicó el mosaico deb ió interesante destacar también que por debajo se han
ser la remodelación de una casa ibérica an teri o r, aun- encon trado otros muros más antiguos, con una orienta-
que la reducida superficie excavada no permita afir- ción distinta, que bien pudieran correspond er a época
marlo con seguridad. El mosaico conforma un cuadro ibérica, aunque en este caso las estructu ras parecen
con una roseta hexapéta la en su centro, rodeada por más dispersas y posiblemente puedan tratarse de ele-
una seri e de cenefas con motivos geométricos, vegeta- mentos extrau rbanos, sean elementos ind ustria les o
les y letreros en los que los especialistas que los han necrópolis .
estud iado han visto nombres ibéricos escritos con letras Por el oeste, los sondeos rea lizados en el solar
latinas. La orla exterior está compuesta por una muralla donde se va a ubicar el cen tro de interpretación han
torreada, como es característi co en muchos mosaicos dado fuertes desniveles y rellenos que no atestig uan, al
de este momento. La técnica musivo, que combina tese- menos en ese luga r, un esta blecim iento im portante. Sin
las de piedra y de cerámica con guijarros, y los moti- embargo, los huertos de pa lmeras si tuados algo más al
vos representados, incluyen el mosa ico entre los carac- oeste presentan restos de estructuras de sillería nunca
76
lo Alcudoo lberoco
En busco de lo coudod perdido
exploradas, y no es de descartar que la ciudad conti- penas permiten reconstruir el proceso que ha llevado a
núe también por esta parte. De hecho, si aceptamos las la elaboración de las propuestas rea lizadas.
propuestas de fundación realizadas por Mayer y Olesti Por ello la mayoría de lo que sobre la arqueología
(200 1, 109-1 30), con la presencia de unos novecien- ibérica de La Alcudia se conoce son datos aislados,
tos colonos, debería haberse producido una revolución descontextualizados, que se repiten sin excesiva crítica
urbanística que hasta el momento no se ha detectado . y que no facilitan la asociación de materiales y monu-
Incluso si la presencia rea l de colonos fuera menor, su mentos; "la Tienda del Alfarero " (Sala, 1992) o los
impacto en la estructura urbana debería haber sido grandes vasos figurados, a diferencia de lo que ha
espectacular. Es posible, por tanto, que buena parte de podido hacerse en el Tossa l de Sant Miquel de Llíria
la renovación urbana que acompaña a la fundación (Bonet, 1995, 446-448) o en La Serreta de Alcoy
hubiera tenido lugar fuera del solar tradicional, pero (Grau, 1998-99, 75-91), no se pueden asignar a
todo ello son interrogantes abiertos a la investigación unas estancias concretas, lo que impide reflexionar
que sólo futuros trabajos arqueológicos podrán comen- acerca de si su uso era de tipo funerario, religioso o de
zar a dilucidar. representación. Otro tanto ocurre, por ejemplo, con el
edificio ubicado bajo la ba sílica . Esta fue excavada de
los PROBLEMAS ARQUEOLÓGICOS antiguo, y es lógico que la información que poseemos
sea escasa y en ocasiones con tradictoria (Lorenzo, en
Mucho trabajo arqueológico se ha desarrollado ya este mismo catálogo; ídem, en prensa), pero el templo
a lo largo de más de un siglo en el solar de La Alcud ia, infrapuesto, que fue excavado en fechas recientes,
pero aun así , y como ya hemos ind icado, la asociación debería haber permitido una aproximación
de los objetos conservados con las estructuras del yaci- arqueológica más rigurosa. Así ha sido, en efecto, pero
miento no queda clara en la bibliografía existente. El la publicación que lo ha dado a conocer no permite al
talón de Aquiles de La Alcudia ha sido la metodología lector recrear el proceso de excavación ni constatar la
de excavación y la publicación científica de sus base de los argumentos que han permitido reconstruir
Restitución tridimensional del edificio mós antiguo, dibujo A. Guilobert Reconstrucción del "templo ibérico•
resultados, ya que si bien en su momento estos trabajos el edificio en la forma en que se ha hecho (Ramos
estuvieron en línea con los de otros yacimientos, y la Fernández, 1995). Y ello hubiera sido importante, ya
metodología aplicada era la que entonces estaba en que el prestig io que arrastra el yacimiento de La
boga, con el paso del tiempo se ha ido quedando anti- Alcudia hace que muchos au tores utilicen esta recons-
cuada, y pese a las memorias de excavación publica- trucción como documento fidedigno para basar en ella
das, los datos conocidos son incompletos y a duras propuestas similares.
77
Otro tanto ocurre con las "casas ibéricas" y con la
"casa del culto a la cabeza cortada"; de las primeras
sólo se conoce la planta, rehecha varias veces, y sobre
la que se observan con claridad niveles romanos
(Ramos Molino, 1997); de la segunda, lo que puede
observarse parece propio de una estancia doméstica,
con un hogar similar a los de otras muchas casas ibéri-
cas; la asociación de materiales (pebetero en forma de
toro, cabecitas femeninas de terracota, etc), conocida
en este caso, parece indicar que la estancia pudo tener
un significado en, cierta medida religioso, pero sin que
la aparición de un cráneo permita elaborar teorías, al
menos en nuestra opinión, acerca de la existencia de
un culto a la cabeza cortada, algo que por otra parte
resulta extraño al mundo ibérico.
La escultura monumental es uno de los elementos
significativos de La Alcudia más afectados por esta
falta de contextualización, ya que los trabajos donde
aparecieron monumentos de este tipo son bastante anti-
guos (síntesis en Ramos Molino, 2000). Guerreros y
caballos se corresponden con los tipos escultóricos pro·
pios de las urbes, conocidos sobre todo en necrópolis,
pero que debieron existir también en ámbitos urbanos;
en este caso coexisten con figuras femeninas, la Dorna
de Elche y la otra dama recientemente restaurada, que
sin duda debieron tener un sentido religioso. La mayor Planimr:lría de las dos fases del edificio, según R. Ramo>, \995
' Una 'lierhanic ;in:e¡:\ ~<:· (•\ luct:r·.'VI en lkL>rc~iG!, 1972.79-81 Romo; Fo!q.;&s,
i966o n.-n..~c:n"l; h ,ácde>z l.'J-i72
COLONIA JULIA ILICI AUGUSTA
parte de un edil local está grabada en una placa y no decía : T{ito) Statilio 1 Tauro, imp(erafori) 1 111, co(n)s(uli)
en una losa del propio suelo, hay que suponer que su 11, 1 patrono, seguido de los restos de una línea casi
acto de mecenazgo cívico fue recordado med ia nte un imperceptible. Ya en el siglo XVIII, cuando la dibujó
14
monu mento, probablemente un pedestal ep igráfico con Ascensio de Morales había perd ido alg una de las
esta tua, que durante generaciones honraría la memoria letras pero aún hoy puede leerse con claridad en los
de aquel personaje. calcos de material plástico recien temen te real izados.
Si atendemos a la cronología de la inscripción que
menciona el foro, parece que la posible pavimentación
no debió ser anterior a la segunda mitad del sig lo 1
d .C. e incluso quizá algo posterior. Es decir, entre la
refundación augustea de la colonia y esta obra media
casi un siglo. Es inimaginable que en una colonia roma-
na el foro hubiera permanecido sin pavimentar durante
tanto tiempo después de la fundación, máxime cu ando
desde el primer momento estaba decorado con pedes-
tales y estatuas. La única solución posible es que nues-
tro aedilis se ocupara de reparar el pavimento que,
después de tantos años de uso continuado, presentaba
ya zonas deterioradas que precisaba n de una nueva
pavimentación. De hecho, había más elementos urba-
nos en 1/ici que acusaban ya el paso del tiempo a
mediados del siglo 1 d .C. , pues otro fragmento de ins-
11
cripción , probablemente de época julio-claudia,
alude a la reparación de una dependencia pública
vetustate conlapsa, es decir, deteriorada por el paso de
los años. La forma urbana de la vieja colonia comenza-
ba ya en esos años a necesitar de reparacio nes conti-
nuadas tras un sig lo de exposición a la intemperie, Molde de lo inscripción de Estotilio Tauro en el Ayuntamiento de Elche
como ocurría en las ciudades del entorno inmed iato.
Baste recordar aquí otra inscripción de Villajoyosa, Tifus Statilius Taurus fue am igo de A ugusto y pro-
algo más tardía, en la que se menciona un macellum, cónsul de la Hispania Citerior probablemente entre los
15
el mercado local, vetusfa fe conlabsum 12 años 29-28 a.C. Tras diversos éxitos militares q ue le
Los pórticos del foro de 1/ici y quizá también el pavi- valieron ser aclamado tres veces como imperator, el
mento en menor medida, fueron el escenario en que se año 26 a.C. fue elegido para un segundo consulado,
colocaron a lo largo de la vida de la ciudad los pedes- por lo que la inscripción de 1/ici debería ser de esa últi-
tales epigráficos con estatua en honor de d iferentes per- ma fecha o poco posterior. En el texto se le honra como
sonajes. Sin duda uno de los más importantes es el patronus probablemente de la colonia lulia 1/ici
encontrado en La Alcud ia el 4 de febrero de 1621 y Augusta, aunque ni la ciudad ni sus colonos apa recen
que fue puesto por los ¡urados de Elche en la pared del citados en el texto por tra tarse de a lgo obvio al situar-
archivo en la plaza mayor, según contaría aquel mismo se la estatua en el prop io fo ro colonial 16 .
año Cristóbal Sa nz. Hoy está en la fachada del actual En el capítulo 97 de la ley de la colonia cesariana
Ayuntamiento de Elche, donde lleva muchas décadas de Urso (Osuna , Sevilla), como luego en las leyes fla-
viendo desfi lar a nte él a miles de ilic ita nos 13 . El paso vias (/ex Vrs. 97; /ex lrn. 61), se establece cómo se
del tiempo y los humos de los vehícu los lo han ido dete- nombraba a un patrono loca l del tipo del que tenemos
riorando poco a poco, pero aún se puede leer, sobre en la inscripción ilicitana. Por tales leyes sabemos que
todo después de la limpieza dada por manos expertas en la elección del pa trono debía estar presente la
a comien zos de 2003. Esta inscripción originalmente mayoría de los decuriones y que nadie, sin su cansen-
timiento, podía ofrecer el pa tronato a un personaje. importancia a los otros dos elementos o incluso ya se
Sólo había una excepción a esta norma en la figura del habían perd ido. Sobre este pedestal iría la estatua de
deductor de la colonia, es decir, de la persona que lle- Tifus Sfafilius Taurus, a quien los ilicifani recordarían
vaba a cabo el primer asentamiento de los colonos y la siempre como fundador de la colonia en época
d istribución de los lotes de tierra entre ellos, que podía augustea.
ser nombrado patrono por un magistrado local incluso En el foro de la colonia debieron llegar a situa rse
sin consultar a los decuriones. varias decenas de pedesta les de este tipo con sus
El nombramiento de Tifus Sfafilius Taurus como correspond ientes estatuas así como algunos otros monu-
patrono, tal y como se ha defendido ya en varias oca- mentos, tambié n coronados por estatuas, en los que la
17
siones debe relacionarse con su probable condición inscripción no estaba grabada en un bloque sino en
de deducfor de la colon ia, es decir, con la persona a una placa dispuesta a ser empotrada en la cara ante-
la que podemos asignar la "refundación" colonial cer- rior de un monumento. Esta circunsta ncia era corriente
cana al año 26 a .C. (Aifoldy, 2003, 41 L que trajo al cuando se iba a emplear para el texto un material de
viejo enclave de la Alcudia a algunos veteranos de las mejor calidad y no se d isponía de recursos para
Guerras Cán tabras a los que se asignaron lotes de tie- costear una gran pieza. Es el caso de la placa de cali-
rra como veremos luego. za de Buixcarró, de las canteras cercanas a Xátiva
lo que nos queda del pedestal en honor de Tifus (ValenciaL en la que aparece el nombre y la carrera en
18
Sfafilius Taurus es la parte media, el bloque con la ins- las magistraturas coloniales de un personaje . En la
cripción, que iría montado sobre un zócalo moldurado primera línea de esta fina placa rectangu lar se lee
y sobre el que apoyaría un coronamiento simétrico que {Q(uinfo} ? lul}io Q(uinfi) f(ilio) G[al(eria)? -], un nom-
sostenía la estatua . Desgraciadamente, las tres piezas bre en dativo fácilme nte restituible en las lagunas per-
del pedestal fueron fabricadas por separado y monta- didas de qu ien llegó a ser aedilis, 1/vir y, probablemen-
das luego en su ubicación definitiva en el foro de 1/ici, te, quinquennalis, es decir, que ejerció su duu nvirado,
por lo que quizá en el momento del hallazgo no se dio la máxima magistra tura loca l, en el año en q ue debía
La invocación de la inscripción a una divinidad El tercer templo ilicitano de época romana docu-
augusta!, es decir, a una divinidad del panteón roma- mentado hasta la fecha estaba dedicado a la Domina
no o a la personificación de una virtud imperial segui- Caelestis, un culto de origen africano que forma parte
da del epíteto Augusfus 1 Augusta forma parte de ese de ese amplio conjunto de religiones mistéricas para
universo del culto al emperador que se difunde a partir iniciados que coexiste con la religión romana en
del reinado de Tiberio. En los ases de Augusta Emerifa muchas zonas del Mediterráneo y también en
de este periodo se representa un templo tetrástilo y la Hispania", donde en lo Bética parece que se superpo-
leyendo Aetemilafi Augustae (RPC 47-48); en las mis- ne al culto púnico de Tanit (García y Bellido, 1967,
mas fechas en Tarraco aparece en las monedas un tem- 140-141). En la Península el testimonio más antiguo
plo octástilo asociado a esto Aeternitas Augusta en ses- parece el texto grabado sobre un exvoto en el santua-
tercios IRPC 219, 222) y ases IRPC 224); a mediados rio ibérico de Torreparedones (Córdoba), quizá antes
del reinado, hacia 28-29 d.C., en Caesaraugusta se del cambio de Era (Marín Cebollas 1993, 217-225),
representa un templo hexástilo con la leyenda Piefafi mientras que el más reciente parece ser un oltar de
28
Augusfae IRPC 344); y en Abdera en el mismo reinado lugo de fines del siglo 11 o comienzos del 111 d.C. . El
29
se omite la leyenda pero vuelve a aparecer la imagen testimonio ilicitano no parece anterior ol siglo 11 d.C. •
del templo tetrástilo sobre tres gradas IRPC El templo de //ici de esto Ah·ica Caelestis, como se lo
124-126). denomino en una de las dos inscripciones de Lugo 30
A esto misma serie deberían pertenecer los semises pudo ser sólo un pequeño edículo, muy probablemente
tiberio nos RPC 174-177 de Carthago Nova, que situado fuera del espacio del foro, reservado a una
hemos dotado ca. 22 d.C." y que presentan en el pequeña comunidad de iniciados en esto religión.
reverso un templo tetrástilo con la leyenda Augusto, Uno parte importante de la decoración de las ciu-
claramente en dativo para indicar la invocación del dades romanas estaba constituida por las placas de
edificio. Es decir, también en esta localidad más próxi- bronce expuestas públicamente en un muro lateral o en
ma a 1/ici que el resto de los ejemplos citados se un monumento central del propio foro. la rúbrica 95 de
construyó en época de Tiberio el templo dedicado al la /ex /milano descubierto en El Saucejo (Sevilla), el
culto imperial. antiguo municipio flavio de /mi lleva por título De lege
Sabemos por Tácito que Tiberio autorizó el año in aes incidenda, es decir, sobre lo referente o la gra-
15 d.C. la construcción de un templo dedicado a bación en placas de bronce del contenido de la ley
Augusto en Tarraco y que, según el mismo autor, con local; en el texto se indica que los primeros duunviros
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ello se dio un ejemplo o todas los provincias Con del municipio deben encargarse en primer lugar de que
esta autorización arrancaba de hecho el culto imperial su articulado sea trasladado a placas de bronce a par-
y a partir de esa fecha habría que situar la construcción tir del texto que en pergamino o tablas de cera hubie-
de todos esos edificios que aparecen en las monedas ra llegado a la ciudad, y a continuación se dice expre-
del reinado y de los recintos que albergarían inscripcio- samente que la ley sea in loco celeberrimo eius munu-
nes como la de Hercules Augusfus de //ici. A esta evi- cipii ligatur ita uf d(e) p(lano) r(ecte) [/(egi) p(ossit}}'';
dencia hay que añadir la emisión monetal de época es decir, la ley debía ser fijada en el lugar más concu-
tiberiona de //ici que representa en el reverso un altar rrido del municipio de forma que pudiera ser leída con
con la leyenda SAL/ AVG ", que no puede entenderse facilidad. Evidentemente, este locus celeberrimus no
más que como Sal(uti) 1 Aug(ustae) y que constituye la podía ser otro que el foro municipal, aunque la elec-
evidencia del culto a una virfus imperial personificado ción del emplazamiento exacto quedaba al arbitrio de
en el marco del culto imperial. los duunviros, que podían elegir el emplazamiento
Este templo de culto imperial, del que tampoco hay definitivo.
evidencias arqueológicas, debió formar parte de la Esta instrucción de la /ex lrnitana no es un fenóme-
estructuro del foro y quizá fue contiguo al templo capi- no aislado, sino que formo parte de las garantías de
talino; su construcción debió tener lugar, como en el conocimiento del derecho que Roma extendió desde la
resto de los ejemplos citados, durante el reinado época republicana. De hecho, algunos otros documen-
de Tiberio. tos de bronce conservan también las perforaciones pre-
paradas para fijar las placas al muro de un edificio o documento duradero, el resto de los textos, salvo excep-
a cualquier otro espacio público. De este modo, el perí- ciones, debió grabarse en madera, yo que los jueces se
metro forense, además de las series de pedestales que renovaban cada año, en la composición del senado
adornaban sus pórticos, debió tener en muchos casos local también se producían modificaciones, etc. la pro-
una decoración básicamente constituido por estas plo~ pia provisionalidad de la mayor parte de los documen-
cas de contenido jurídico; tales placas reproducían tos aconsejó sin duda el uso de materiales baratos y
tabularium local, y debie-
documentos archivados en el fáciles de trabajar, dejando el bronce y el mármol sólo
ron coexistir con relieves y placas de mármol poro las normas vitalicias.
decoradas. De esa decoración broncínea del foro de 1/ici nas
A la vista de todas los ciudadanos, en el foro de han llegada das documentos. El primero es un fragmen-
colonias o municipios, debían estar expuestas de forma to de placa de bronce que contiene parte del catastro
permanente la propia ley local ya citada, el album colonial, can el reparto de lotes de tierras de 13 iuge-
decurionum o lista de las componentes del senado ra cada uno a diez ciudadanos romanos n; el origen de
local, el a lb um iudicum con la relación de los jueces en estos personajes es diverso pues entre ellos se encuen-
activa, los edictos a rescriptos del gobernador provin- tran gentes procedentes de Praeneste y Vibo Valentia
cial, y los contratos establecidos con particulares para en Italia, de las Baleares y de las ciudades peninsula-
el cobro de impuestas; a estos documentas se podían res de Ulia (Mantemayor, Córdoba), Aurelia Carissa
añadir ocasionalmente epístolas imperiales, rescriptas (junta o Bornas, Cádiz), Corduba y Maloca. Como ha
sobre materias concretas, sentencias judiciales sobre puesto de manifiesto recientemente G. Alfoldy, el docu-
límites, etc. Si pensamos que la ley municipal de lrni mento debe ser posterior al período 33-25 a.C., fecha
medía algo más de 13 metras de longitud, como pudo en que se estableció el convenfus cívium Ramanarum de
ocupar en su día la de 1/ici, y añadimos a ella el resto /cosium 33
, la localidad de la que proceden tres de los
de las documentos, hay que imaginar que la legislación individuas citados en el texto cama beneficiarios del
constituía una parte importante, si na la que más, en los reparto, que se identifica con la actual Alger en la
edificios que integraban un faro. Sólo ha llegado a costa de la Maurefania Caesariensis 34 • De este modo,
nosotros una pequeña parte de esa documentación, esta asignación de tierras puede considerarse parte del
debido en parte al tipo de materiales utilizados; proceso de fundación de la colonia a comienzos del
aunque la ley local se grabara sobre bronce par ser un reinada de Augusto.
Colonia Julio 1/ici Augvsto
La segunda de las placas de bronce que decoraban lAs NECRÓPOLIS Y EL TERRITORIO DE LA COLONIA
los muros de foro de llici, de ese locus celeberrimus ciu-
dadano, era la que contenía las disposiciones senato- El terriforium de la colon ia llici tuvo unas proporc io-
riales sobre los honores fúnebres de Druso con motivo nes considerablemente grandes si lo comparamos con
de su muerte el 1 de julio del año 23 d.C. 35 . Sólo se el de otras ciudades de Hispania , exceptuando el de la
conservan de este documento dos fragmentos hallados colonia Augusta Emerita, del que sabemos por Agenio
en 1899 y 1949 en la finca El Alcalet, que albergan Urbico de sus enormes dimensiones 37 .
Por el norte sus tierras se extendían seguramente
hasta el curso al to del río Vinalopó, abrazando la
mayor parte del interior de la provincia de Alicante;
por el nordeste limitaba con el de Lucenfum (Tossal de
Monises, A licante), que desde la primera etapa del rei-
nado de Augusto tenía la condición de municipium iuris
Latini 38 ; por el este su límite era la costa mediterránea,
en la que la colonia disponía del Portus llicitanus en el
golfo que recibía su nombre del de la colonia 39; por el
sur no conocemos ningún otro enclave privileg iado
hasta Carthago Nova (Ca rtagena), por lo que entre
ambas colon ias debió existir una divis ión territoria l; por
Placo con los disposiciones poro los honras funera rios de Druso el oeste, los municipios más cercanos debían ser
Begastri (Cehegín, Murcia) e /lunum (Tolmo de
Minateda, Albacete).
Esta enorme extens ión estaba parcialmente dividi-
hoy los Museos Arqueológico Municipal de Elche y da en parcelas que se asigna ron in icialmente a los
Monográfico de La Alcudia de Elche respectivam ente. colonos asentados a llí en las dos fases de la fu ndación
De tales disposiciones ten emos noticia en Tácito (Ann. y que irían pasando posteriormente a sus herederos . Al
4 , 9, 2) que indica que se decretaron para Druso los menos las tierras productivas estarían en manos priva-
mismos honores que el año 19 a.C. se habían estable- das, mientras que sin duda fueron comunes a lgu nas
cid o para Germánico y que aparecen recogidos, entre zonas de pasto y los terrenos de orografía más d ifícil,
otros documentos, en la fabula Siarensis del año como sabemos por el caso de Mérida.
20 d.C. 36
. La placa de la sorfifio con la distribución de tierras
Estos dos documentos de bronce, son por lo tanto, que ya hemos citado indica que cada parcela de las
distintas manifestaciones de la historia de la ciudad. La asignadas a comienzos del reinado de Augusto , proba-
primera, la sortitio o reparto de tierras, es una de las blemente bajo la dirección de Tifus Statilius Taurus
huellas que nos quedan del acto fundacional de la colo- como responsable de la deductio, medía 13 iugera
nia, un documento de carácter interno tra s el que hay repartidas en dos sectores distintos del territorio. Una
que ver la mano de Tifus Statilius Taurus y de un agri- pequeña parte del territorio quedó, según lo que dedu-
mensor que le acompañó para llevar a cabo esa parce- cen Mayer y Olesti del documento (200 1, 1 2 1-127)
lación que habría de garantizar la subsistencia de los en manos de los magistrados de la colonia, pues se tra-
nuevos colonos. El segundo texto, el que recoge los taba del espacio probablemente reservado a los cami-
honores fúnebres de Druso casi cincuenta años des- nos que permitían el acceso a todas las parcelas. Dado
pués, es la señal inequívoca de que llici formaba parte que un iugerum equivalía a 25 áreas actuales, es decir,
del tejido urbano que daba vital idad al Imperio a 2 .500 m2, cada ciudadano romano reci b ió en llici un
Romano, la prueba fided igna de sus lazos con Roma, total de 32.500 m2 , algo más de 3 hectá reas de terre-
cuyas disposiciones sena toria les llegaban por medio de no. Con estos datos, los au tores citados (Mayer- O lesti,
este tipo de documentos a los habitantes de todas las 2001 , 129) han ca lculado que el territorio pudo admi-
p rovincias. tir a 900 personas con sus correspondi entes fam ilia s,
Las vías que entraban y salían de los centros urba-
nos atravesaban grandes necrópolis en las que se
reproducían las jerarquías sociales y económicas de la
sociedad romana. Lo disposición de las tumbas a
ambos lados de estas arterias aseguraba el acceso a
las mismas sin atravesar propiedades privadas, aunque
la ley permitía este paso cuando fuera preciso, y la con-
centración de las necrópolis permitía a la ciudad ejer-
cer una protección efectiva de ellas. La distribución de
las parcelas funerarias formó parte de la organización
del territorio urbana coma si de fincas de labor de Ira·
tara, por lo que la organización de las necrópolis entra-
ba de lleno en las competencias de los magistrados
locales. La compra, registro y medidas de esas paree·
las constituía el objeto de documentas de compraventa
que se archivan en el tabularium de la ciudad. Las
Inscripción funerorio. Foto lnstilulo Arqueológico Alemón, Madrid.
Cor!c:sia de W. Kuhoff
incluso con las letras pintadas. De ellas nos han llega- tro del solar de la ciudad, con excepciones como las de
do sólo fragmentos de poco más de una decena de tes- las viviendas con peristilo situadas en uno de sus extre-
timonios, muy por debajo de lo que estamos acostum- mos (Ramos Fernández, 1975 , 184, lám. C) o las ter-
brados a ver en otras ciudades incluso del entorno, con mas de su borde oriental. Eso explica que en la biblio-
edades de defunción, cuando éstas se conservan, de 8, grafía de sus excavadores se hable continuamente de
36 y 37 años.
Domus romano
venfus Carthaginiensis de la Hispania citerior, en sus propias monedas/ de patrón romano y con leyen-
donde aparece como la única colonia de carácter das latinas. la explicación hay que buscarla en la nece-
inmunis, y ya en época augustea tenía adscrita como sidad de dotar a los nuevos colonos de instrumentos de
civifas confributa a lcosium. De las buenas y fluidas comercio estandarizados que completaran los sistemas
relaciones con la capital del Imperio es buena prueba hasta entonces empleados por los habitantes ibé ricos
la presencia de la placa que contiene las disposiciones del lugar, que habían hecho uso de monedas foráneas
senatoriales sobre las honras fúnebres de Druso. pero que no habían sentido la necesidad de acuñar sus
Desde la primera fundaci ón inmediatamente poste- propias monedas 45 . A los viejos hábitos de trueque se
rior a la muerte de César la ciudad comenzó a emitir iba a sumar ahora un comercio moneta rizado de cuyo
Domos romono
91
crecimiento hay que responsabilizar, aunque no exclu- entre colonos y población autóctona. También habrían
sivamente, a los nuevos colonos. El proceso de emisión desaparecido ya los problemas surgidas por la asigna-
de moneda local nunca fue suficiente para permitir el ción de la tierro en propiedad a los primeros y la con-
funcionamiento fluido de las prácticas comerciales secuente pérdida del uso mediante stipendium por
pues, en lo práctica, la maso monetaria en circulación parte de los segundos; al mismo tiempo, en el territo-
en la colonia 1/ici fue primordialmente lo de Carthago rium de la ciudad se habían establecido yo algunas
Nova al menos hasta el reinado de Tiberio". Durante vi/loe rústicas (Ramos Folqués, 1953a, 323-354;
los reinados de Augusto y de Tiberio la mayorio demo- Ramos Fernández, 1976, 209 ss.). En el solar del
gráfico de los colonos frente a lo población local se núcleo ibérico poca a poco se fueron instalando vivien-
observa bien en lo iconografía de los reversos maneta- das romanas, con mosaicos y pinturas parietales
les: 6 de los 13 tipos conocidos hasta ahora tienen (Ramos Fernández, 1992a, 155-160; Corell, 1999,
insignias militares en el reverso. 80, n2 25), tal coma han mostrado las excavaciones, y
Con la escasa muestra disponible, básicamente la los materiales de construcción sellados indican que
de las leyendas monetales, poco podemos saber de la incluso se están importado legu/oe y !aferes para ser
jerarquía social de esta fase inicial de la colonia. Sólo empleados en estos viviendas. El abundante registro
uno de los 13 1/viri conocidos, Marcus !ulius Settal pare- cerámico de esta época indica, par otra parte, una
ce tener un cognomen indígena; los nombres de los plena integración de 1/ici en los circuitos comerciales de
demás 47 evidencian la pertenencia a diferentes grupos la región.
familiares y entre ellos sólo parecen mayoritarios los Probablemente yo en el siglo 1d.C. se llevó a cabo
Terentii, que pudieran constituir una familia de cierto la construcción del sistema de saneamiento para permi-
peso en la vida local. El registro onomástico de estos tir el abastecimiento hidráulico de las viviendas y la
magistrados no parece guardar relación con el de los evacuación de aguas residuales que se ha documento-
colonos mencionados en la placo de reparto de tierras, do en las excavaciones (Ramos Fernández, 1975,
aunque hay que tener en cuenta que esta última listo es 189), lo que testimonia uno importante actividad por
sólo un fragmento de la original, que incluiría proba- parte de los aediles coloniales. No hay explicación
blemente varios centenares de ellas. alguna para la destrucción de mediados del siglo 1d.C.
A la nueva dimensión administrativa y monumental a la que se refiere Romos Fernández ( 197 5, 159) con
de la ciudad y a los cambios en las relaciones comer- la que terminaría el estrato O en La Alcudia. Debe tra-
ciales hay que añadir también cambios importantes en tarse de algún incendio doméstico que no podemos
la vida cotidiana. Las dos conjuntos termales exhuma- extrapolar por ahora a la vida de la ciudad.
dos hasta la fecha están situados en dos extremos de la A lo largo del siglo 111 d.C. en 1/ici se llevaran a
meseta en que se sitúa La Alcudia. Uno de estas conjun- cabo nuevas reformas urbanísticas, fruto de las cuales
tos, el conocido como las termas occidentales excava- es la colmatoción de los llamados pozos manantiales
das en su día por !barra, podrían ser unos termas pri- del sector 6F, vinculados tradicionalmente a invasiones
48
vadas; sin embargo, las orientales, con ricos pavimen- germónicas • La evidencia de tales invasiones, que
tos marmóreos, son claramente unos termos públicas. constituyeron una moda bibliográfica en lo literatura
En estas últimas, el acceso se realizaba desde el lado hispana de los años 60 y 70 del siglo XX, no está con-
oriental, por donde hoy pasa la valla que limita el área trastada excepto para Tarragona y sus alrededores en
arqueológica, lo que significa que lo ciudad se exten- torno al año 264 d.C.; sin perjuicio de que algún encla-
día más allá de este perímetro y que lo que estamos ve costero septentrional de la Tarraconense se viera
viendo hoy es sólo una acrópolis perteneciente al anti- también afectado, la mayor parte de las llamadas des-
guo núcleo ibérico, sin duda rodeada en su día por la trucciones atribuidas a los francos, y más en la zona
arquitectura de la colonia romana. En el borde de eso meridional de la casta mediterránea, son modificacio-
acrópolis, elevadas respecto o la planicie contigua, los nes urbanas o accidentes aisladas (incendios de habi-
termas podían aprovechar mejor la radiación solar. taciones, hundimiento de cobertizos, etc.) que se expli-
A lo largo de los siglos 1 y 11 d.C. se difuminó com- can desde la historia interno de cada núcleo sin recu-
pletamente la barrero cultural originalmente existente rrir a agentes exteriores. En este siglo pudo tener más
92
Colonio /vfio 1/ici AuguJfo
Termas orientales
impacto en la vida local la in estabilidad re inan te en el en tiempo de pa z tenía más de símbolo que de sistema
trono hacia 238 d .C., que expl ica por ejemp lo el esta- defensivo y era poco operativo en caso de confl icto
blecimiento ese año de una vexillatio de la legio VIl armado. En otras ciudades de la costa mediterránea ,
Gemina en lo a lto del Montgó de Denia (Aiféildy, de lo que es buen ejemplo Ba rcelona, se echó ma no en
1978, 59-90) . El conten ido de los pozos manantiales esta ocasión de cua lquier ma terial susceptible de ser
de 1/ici parece hoy una colma tación consciente de un empleado para forma r una pared, y la muralla se llenó
sistema hidrá ulico que había de jado de func iona r; el incluso de estatuas e inscripciones, aún a costa de des-
registro material de tales pozos (Ramos Fernández, mantelar parte del foro. A lgo simi la r hay que esperar
1975, 213-238) es del máximo interés pues indica en 1/ici a medida que ava ncen las excava ciones .
que a mediados del siglo 111 d.C. los ob jetos de uso coti- Del siglo IV d.C. en La Alcudia conocemos funda-
diano en 1/ici eran similares a los del resto de los encla- men talmente el registro cerámico y el nu mismá tico. El
ves mediterrá neos . primero muestra una fluida relación comercia l con el
Fruto de los ecos de in estabilidad que llegaba n a la norte de África (Ramos Fernández, 197 5, 244-250)
ciudad desde la época de Gordiano 111 , acrecentados mientras el segundo indica que el abastecimiento del
sin duda por las noticias de francos en el litoral norte circuito con piezas de refresco se ma ntuvo ina lterable
de la Tarraconense, la colonia 1/ici, como otros muchos hasta la última década de este siglo; en la centu ria
enclaves peninsu la res en estos años, llevó a cabo a siguien te llegarían algunas piezas aisladas, de las que
mediados del siglo 111 d.C. una reorganización de su la más moderna es un AE 3/4 de Anthemius (R/C X,
sistema defen sivo si atendemos a los datos de las exca- 2858L lo que sig nifica que en las relaciones locales y
vaciones (Ramos Fernández, 1975, 239). Esta no fue regionales se sigu ió emp lea ndo el numerario an terior.
la primera muralla de la ci udad roma na, pues la deduc- En esta última centuria de la Hispan ia roma na, el solar
tio colonial debía estar abrazada ya por un prim itivo histórico de La Alcudia aparece salpicado de viviendas
perímetro que deslindara el espacio urbano de su ager, construida s sobre estructuras anteriores, fruto de las
como sabemos por los hábitos en los ri tos de fundación sucesivas rem odelaciones del enclave, e incluso en la
colonia l romanos; sin embargo, aquel perímetro inicial zona más próxima a l actual Museo se observan calles
y huellas del trazada urbano de esta centuria. La anti- habia convertido en colonia lulia 1/ici Augusta y de que,
gua ciudad se habia convertido en una más de las ciu- can ella, la había ligado para siempre a la historia de
dades de la provincia Carthaginiensis, aunque segura- Roma.
mente aún conservaba en su foro la huella inequívoca
de que cuatrocientas años antes Tifus Statilius Taurus la
Melo, Chor., 3, 6: SequuM !!licilctw! f!int'!} Alo11om hc&ot, el lvcenliom, c'i, undo oi nomon O!l, lílicon; 27 Hal:b~!ghe 1984, 2203-2223; para Hioponia, prirtcipaimcnle: Ga1cia y Bcl!ido 1957, !967.
Plioio, Nor hisl. 3, 19 reliquo in oro flunwn Toder, colonío inmuni:; 1/ici, vnde 1/ici!onu! Jillt'l. In eom ! 40-151: Ser.dolo 1986, 369-371; Morin Ceballo1 1993, 8?:5-8!,5; ~ad, i 994, ?:17 -225
con!nbuunlc•r lcoli!oni,· /fin. Anl. 401, 3, en!re Aspi! y Thiar; Roven. 304.17 !ras ,\/Ion y 31.3] irOI i\d
28 A[ 1973, 291.; 1976,312, 1980, 595bi;, Afir:¡ Vib-le Roux- Twrtc·y, 1979,,:7-48, n'·23, Pi
leone!, en ombos cosos cm1es de Corlc:gcna. Po: uno nolicio de Paulus ¡Fo¡r/_ 2 de an!. en Dig. 50,
IX. De ülla ciudad pwcede un 1cgundo ie1iimor.io hoy pfrrdido iCII 1! 2570, 1\rio1 Vtbl · le Rou~
15, 81~<:bemos que en époco IC'<eriono Iliciy \'o/oniia disfru!obon dd iuslmfícum Tranoy, 1979,29, n: 1]
So~ re los exca,·acionel de Ale¡@dro Romos Folquó1 en k: ciudcd, d Ramos folquós, 1955, 107-133; 29 Corel11999, 50, propone lindel dels<nlo 1n e o cornitOlOI dtll d.C
id., 1956a, 102-l 13; id, 1962o, 273-277: id., 1962b, 91-97: id., 1970a; Ramo1 folqué1- Ramo>
fom6ndez, 1976. tn úllirr.o té1mino, Romo¡ fem6ndez, 1975 e id_ !99\b, que te<::Ogú lo omplicr 30 AE 1973, 291,. Supra nota 28 con ci <esto á b bibltograíin
bibk>grofio debido o sus propios iraba¡ol y a lo> de Aic¡aodw Homos fo!qvól, cf. liobrogot, 1972, 31 lex irn_ 95: Rfuhricoj de lege in oeJ incidendo. qui ¡¡,,ir{i} in eo muniojJio ivre dficvnda) f!(foeerit) faci·
78··86. Un e!enco de todo>lo1liivlo1 pvede >er1e en la biblio¡;rdia g¡,neml de ¡,bo>cal·- Abnd, 2003, fa uli haec l~x primo quo/que lempore in eo; inódolvr el in /c-r:o cofeberrimo oiu! mv/nucipii figa!ur ilu
251-252 ,,¡ d/e} p{lano} r/ecte} fl{egi} p/ossi!)]
AiiO!dy, 2003, 37-45, no!ns 8-63, incluyendo ei w1umen de lo1 crnieriorc\ pur1!0l do vi¡lo y de lo> 32 Chao - Mesa - Serrano, 417-42/,; Coreli 1999, 63-67, n'' 12; Cebri6n, 2000, 57: ,'/,ayer - Ole;li,
inconvenienlel pom O(ep~ar alguno¡ prop~eliOI 200 l, 109-130_ Principnlmen1e y en último lérmino, /1iloid)', 2003, lo 1-44, con lo li¡o<::ión dt le crono
Elto propuo11o ouonccr de 8el!riw V:lktg<olc, 19.15 y Gmcia y Bellida, 1962,371 )' ho sido 1eguido !ogia
por diverlOl outorc>: cf_ ;,lló!dy. 2003. noto ! 2 33 Teut1ch, 1962,2001. y221, laffi, 1966, 119-122; t\lfOld)', 2003, 42 y r.o!o 35 ccn éo1o1 y el fC\Io
El Íoro era ei celeber!imu¡ locul en el que debían f,¡orso lo1 leye1 iocalas uno vez gmbadm nn bronce, de lo1 refcrencios bib!iogrólicm
como ;abemos ocr ur.u dü !m 1irb!ico; de lo !ex !milano de úpora fbvia (/ex !m_ 95]: -~(vhrica) df fege 3~ Mela, Chor. l, 6, 31: Plinio, No/_ /,i;!_ 5, 30, /!in¡.,,¡ 15. Piol 4, 2. 6, Rm<'" 155,1! 3~6.6. Cl
in a&s inciden/o: qvi livir{r} m co municipio iurc d{iwndo} p(roeeri!) facifo t'li hoec leY pfimo cwoqt'e Gscll 1906; le Gla)', 1968, 7-51.; 1\énebov. 1976, ,18-57; y lo bibiiogrofia ülpecificu citadG por
temporc in cos incida!ur e! in loco cdeberrimo eiv¡ mvnicipii figo!vl ilo u! d(ef p(lanof¡fcctc} flfegi} ;,lfold¡, 2003, t.2
pfossit)J- Sobr~ d foro como celeberrímu! locus, el. fe k, 1996o, 313, no la 1 wn mó; ejemplo¡ y bibiio
gralio. Uno inmipción ecueliiC del>iglo 1! d.C en Terge;le incka exprescrnenle !a co!ccU{ión ?e uno 35 Erróncnmenla con~idewdo1 en 1u día como pmte de !a 1rx colonice !oc<rl. fl primer frcgmento e~ FE 9,
ellotua in ccloberrimo fori no!lri parle: Cll V 532" /JS 6680, ''- 60; Alloldy, 1984, 58 y 84, n' 30, 349, a porlir de dibujo de P. liwrro; lo¡ do1 frogmenlol como pnrle de urto rni~mo piew hon ;ido p~bli·
Ecl, 1996a, 299 y nola 1, Zimrner, 1989, 12 ccdo1 en divcnc~ oca~iono1 do~do 1950: Gorcio y Bellido. 1950. 163··164: Coli. 1950,433--438,
Gordo)' Boliido, 1951,24011." i-!AE 1-3, 1950-52, 9; D'Ors, !950, 2SO 11 "/-!AE263; D'011
Sobe los pcdeslnlel ~onorilico1 en lo1 foro\ urbono1 y !os pwgramal de aulo<c¡newntaci6n de fa¡ di· 1953,25 y 449; Romos Fernóndez, I97S, 277--278: Rabanol- Abnlcal, !935, 223-224, n'' 62, id.,
te¡loccle; exi1te un buen número de obrm, P'incipalmenle de lo1 úl!imo¡ oiio1. Cf ¡,Jfoldy 1975,252 1986, 172, n''21; /liwd- ¡\boleo!, 1992, 82-84, ,·, 1.; Crowford- Richcrrdson, en Crawford 1996,
1.; id., 19!!1 e id. 1984; lahu1en 1983; B~jor 1987, 10~-1 06; Zimme1 1989; td 1996a, 299-318 e 51,5-5.17, w~ íoto¡ de J M.Aba;wl, Corell 1999, 67-69, ,- \3, con d re1to de lo bibliog<ofio
id_l996b, 346-357, con mucl:n rnó1 biblicgrofio Bibliogwíie hoslo 199.) rrn Aba1Caii99S, 19-81., ;ección 2 2 2 2
Cll !15952, i1bod- ¡,bmccl, 1992, 81., n' 5; Corcll\999, 62, n' 10 36 Omitimo1 oqui lo d:loicda relación bibliogré:fiw 1obre este docvmeo!o. Cf Gonzólez, /w¡¡3l, i9SO,
/1bmccl - Alfo id y - Cebri6n, 2001, 117-130 Aí resumen de lo 1iiunción a!li exp~e1!o, aiiádo1e ahow 135-137 (noticia dd ~a!lago]; Gonzóiol. - ferni:rtdel, i 981, 1-36 [editio ptilrccps) 8ibliogrolia bmtu
el nuevo te¡tirr.onio del Íoro do Cort/Jago Nova (Noguera - ¡,bo;cai 2003, 11-63) 1995 en Abmcall995, i9-84. ;ección 2 2 2_1 lcr i>ltima edtción compl~to e1la de Dcmouguir.,
Nicoiet, Rkhardson y C<owlord en Crawferd 1996, 507.-5.17; d. er> último ex!rerno Frmchelti 1999,
Clll· 3173 {Af 1959, 272]: AE 1927, 12 i!nscrit 3. l, 136]: IIAfr 558 {Af 191 ·1, 172] que reúne diverw' colr.borocioftü\
1O Rebencia¡ e¡peciliwl o po,·imentoción con lapidas: Cll V 1892: lapide !v,binola !,•;lomen/o ;!e mi iu¡
37 Según Agenio Urbico, lo portica emcriten1e 1e e~lendia en <rmbol mórgene1 del Ana;, el octual
si!, Cll V 71,27. pewnio ¡ua leóf id em forvm lopide quodrat/o) ;lrO''il, C/1 Vil! 13 l 1: :amplum For!unofe
Guod•ono. y lU superficie ero ap!ecicble tanto ~ccio el nor:e como hucia el1ur .. t~ e\le e;pocio io1
-ljopído Jilovorunf; Cll IX 5938: ''iil novo stroto lapide pe1 modivm fo1um 1 .. ]; Cll XI 1062: {viojm
vele,urtoo ocupa1011 en un primer morr.Htlo io1 Niromol nt6; <•lcjadol del ((rsco urbano y del cuf\o del
lapide !urbinoi{oj [o f]o10 od pofiom fm}ormorrbt•l s!otufei.<]{liJI}vlciJ al ¡a/ientibus orna~·il. Un elenco
rio lAg Urb., 44 [Thulin) ~ fronl, do con!r og1. 51 11 [lachmcnn]: 1obre la clribvciOo de· b obre, cfr
detcllado de lo1 te1timonio1 o1eciadol e ;!emere puede er.conlwrse en /1bo>eol - Alfóldy - Cebrión,
lo; a<gumenlo¡ en lc•chmann, 181,8, 83, que adjudica el ic¡.lo a 1-rcr.tino. Sobre ello cvúllión, cfr
2001' 121 l6poz Puz, 199J., pp >:>:i 11
11 HAE 1970; Abad- Aba1col, 1992,84-85, n'· 6: Corc!ll999, 61, n·, 9
38 Alfo!dy, 2003, t.5-1.7 <on le bibliogrofio onterio' y lo reccpituk:ción dú !os e·,idenciol li!erorim y epi·
12 Cll lf 3570; liS 5586; Abad - Abalcoi, 1992, 116-117, n'· 62; Corc!l 1999, 185, n'' 106 gráfico\
13 Cll il3556 f P- 957: /J5893: Abad- Aba1cal, 1992,82-83, n'" 3;; Corolll999, 54-56. n' 4. con 39 Mela, Chor., 3, 6; Pl:n:o, Nc!_ Iris!. 3, 19
e! re;lo de la bibliogrolia
40 Toh. XII, 1O, 1 {Cic , de log , 2, 22, 58; Sefl'tO. in Aon 11, 206]; cf_ M. Crow!ord e! ofii l 996, 582
14 A1cen1io de Moroles, Japida1 / lnwipciones 1 y 1 airas monumento\ 1 de 1 Alicante, ficha y 1 "'' y 70/o-705. Sob1c la1 co¡lumbrc\ anlerio,e;, el. Son l;idoro, Etym. 15, 1) , 1; úll el mi!mo oenlido,
inmediaciones, MI_ P.AH-9-5676--3, n' 12. E1tc lcxlo e> uno porle del onónimo de Íincs del siglo XVIíl Scrvio, in Aen., 11, 206
que cilo Coreil 1999, 12
f.! Cic., de leg, 2. 22, 58; 2. 61; ScNio, in Aen .. 11, 206; Dió:l Co11iO, 48,43 fAugus:o]; Dig. 1.7, 12,
15 T Stalilius Taurus: A. Nogl, i_ Sloliliu1 Tou,ul, REIII A 2, 1929, col. 2199-2203; Brough1on, 1952, 3-5 {Adriano); HA, vil a Pii, 12, 3; Poulu1, Sen!. 1, 21, 3 !Sevewi: Son llidoro, Etym 15, 11, 1
622; Syme, 1939, 302: id., 1979, 827 l. y 846 Resumen do lo cuestión ¡,n /,bo1coi, 1991, 221-222
16 Sobre la au;encia de los dedkonlel en elle tipo de podcllalcl en foro; locab, el. AlfOid¡·, 1981, 42 íoi!. Xli, 10, 9 {Ci<:, do lag .. 2, 61]; d Crewlo1d ~~ olii 1996, 582 )' 711
177-275, esp. 203: id., 1984, 53; id., \987, ~2 y 80$ 43 Ro mOl folquél, 1966o, 71~76; Romo> Fcrni:ndez, 19B3o, 147-172: llobregnl, \972, 78--86
17 Cf_ en úitimocxtremo ¡,lfOidy, 2G03, 41, nolol31 y 32, con biblio9rafia onleriof.
44 Run:o1 folquú1, \975, 69-81; Ramo1 Fern6ndcz, 1975, 150, lóm (XXII, 3; Sib, 1978,331-31,0,
18 HAE 1969; Abad- Abascol, 1992,87-88, n·, \2: Corcli 1999,56-57, n' 5 Untermonn, 1990, 613 1. ,,. G.l2.4, con lcc!o io biblicgrcrÍ[o (lftifrio,, (o,el!, 1999, 78-79, n' 24
19 Cll il3555; Abod -Abo;ca!, 1992,81-82, n'' 2; Corelll999, 52-5~. n'" 3, con clre¡to de la biblia 1.5 Sobre \o¡ emi1ione1 de !o colonia, el. en e1ie rn[¡n;o voivmen eltwbajo de PP. RipoiiG>
grofio
!.6 le1 holiozgo¡ mone!orioo en !e Alcudie de flch o116n recogidos~~~ !o1 diíerer.l~l memorias de e>.covo·
20 Cllll 34(¡8, 115929 )' Abo1<:ol- Romollo, 1997, n' 379 ción, con un lrolomiento elped;co en Romo¡ fo!qu<Íl, 1949, 510-5 i 5; id., 1959o, i 33-149; id.,
21 Scmi1 . .~PC 192. Vive\, 16m. CXXXIil, 4.llorenl, 1987,37--41 )' 43-67 l964c, 75-80. El imparlanie volumen de moneda~ inédito\ y lo recapit~loción compleJo de ledo¡ lo>
holfozgo¡sc encucntron en cvrso de ¡:;ublicoci6n po1 J.M. /,balcol y A_ Albero!a, aunque un avance
22 Cll !1 5950; Abad- Aba~Ca!, 1992, 86, n'' 9; Corel\1999, 51-52, n' 2 e¡todillico puede vcr1e yo e~ ei !robojo de P.P_ Ripollé1 on elle mi1rno volurr.er.
23 Cll !1 3571: Abc:d - Abolcol, 1992, 117-118. n' 63; Corell 1999, 183-185, n: 105 ~7 Ovinlu5 Íewnlívs- Coius Sofviul, lucius Mar;/iu5- Ti!u5 Petronius, Ouintus Popiríus Corvl- Q~in!u!
24 Abmcd, 2002 22,25 )' 29, lobic l. C( lloren¡ 1994, 71-7~ (emisib XVI). que propone uno Íecho de Teren!iu; A1onlonu¡, Ti! u¡ Coeliu¡ Pro,ulv;- !.íarcus Aemiliu¡ Sevews, /,1arcv¡ 1~/iul Se:tcf- lvcius
acuiiaci6n entre lo1 aiio1 quinquenob 17/18 y 23/24 d C. Sob1e k: p01ible iden!d,cación del ediltcio Se>liu¡ Ceb, Juu'vl ierenliu¡/c•llgU!- Jucic'! fapiriu; ;hilus y Ovintv5 i?) {lu!}iu! OuiMi filius G{ol(elicj2
repre1enlodo en lo1 monedo1 con el Aug~¡let•m excovado en lvd:o1 recienlel, d. Noguera- Abmcal, ...¡
2003,31-38 43 Romo; folqués, 19&0c; íd., ! 963, 231.-249; Ramo1 fer~óndel., 1975, 191-192 y 2 i 2-238.
25 Toe, Ann_ 1, 78. Mó1 tmde oolorizmie lo dificcci6n de o!ros do1 en 1u propio ho.'.CI en los fliO'Iin
ÓOl de A;ia y Bae!iw (loe., Aon. 4. i 5 )' 4. 37]_ Cf_ D~ininger 1965, 27, 37 y 28: Múry l 985, l.
26 RPC 196. Vi·'el, !Gm. CXXXill, lO. !lor~n>, 1987. 83-134 {A~e1i, RPC 197 '/i,·e¡, í6rn CXXXI!I, i!
Uo1en1, 1987. 135-139 (S~mi¡c¡i
ILtCI EN LA ANTIGÜEDAD TARDÍA
La ·udad vor e... ent
La uestratigrafío
11
imaginada por Ramos Folqués, o o ..
Jn basada en datos estratigráficos precisos ( 1966),
:> dejaba de ser uno periodización idea1
~ reprodujo en una temprana publicación de Rafael
2
y como tal
o ~ J···"· "
......
• • • ii
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~-----11!11---------~ =~:.,,,
Eslroligrofío de los excavaciones en el seclor 5·F, Eslroligrofío ideal que preside lo enirodo del
según Romos Fernóndez. 1983 museo de lo Alcudia
3
otros yacimientos en la primera mitad de la pasada nueve ciudades que guarda La Alcudia" (Ramos
cen turia? . Fernández, 1974, 127) ; así, en esta nueva llión del
La respuesta nos la proporciona el propio Palol al Vinalopó las ciudades se destruyen a golpe de invasión
avanzar unas cuantas páginas en su lectura: "A pesar -cartagineses, francos o "bárbaros del norte"- , "suce-
de nuestro esfuerzos y cuidados en la técnica de exca- so extraordinario, guerra u otra causa" (Ramos
vación para comprobar la existencia de estratigrafía, Fernández, 1975, 67), para dar paso a nuevas urbes
me di perfecta cuenta de que todo el sedimento arqueo- que se edifican ex nouo sobre la tabla raso de las rui-
lógico correspondía a un mismo momento cronológico nas anteriores, con los caracteres propios de la nueva
y que a pesar de mi busca cuidadosa no existían estra- fase; en este esquema " pseudoestratigráfico", que pre-
tos arqueológicos" (1952, 173). Es evidente que se side todavía hoy el Museo Monográfico de la
estaban confundiendo conceptos puramente estratigrá- Alcudia •, las monedas se convierten en un fiab le ele-
ficos (secuencia estratigráfica y estratigrafía, que no es mento de datación absolu ta , cuando es bien sabido
otra cosa que la interpretación de la estratificación) con que la evidencia numismática nunca lo es, y los mate-
la eventual discriminación de fases cronológicas o, en riales se adscriben a cada horizonte con precisión
palabras de Palol , " estratos arqueológicos". En Puig suiza . La trampa del argumento circular estaba servida
Rom no se encontraron porque su ocupación fue exclu- y la investigación de La Alcud ia cayó en ella: los nue-
sivamente visigoda, pero en La Alcudia Alejandro vos datos se interpretaban en func ión de esta estratigra-
Ramos Folqués sí los identificó, y es esa capacidad fía imaginada - " singularmente homogénea" en pala-
innovadora, a la que antes aludía , la que pudo haber bras de Enrique Llobregat ( 1972, 83)- y se convertían
convertido La Alcudia en un importante referente de la
en tonces incipiente arqueología estratigráfica. ¿Qué lo
impidió?; sin duda, la consagración acrítica de este
esquema cronológico.
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101
región montañosa de lo Orospeda (sierros de Cazarlo, en lo persona Vinibal, sucesor de Serpentinus, que
Seguro y Alcaroz), incorporada al dominio visigodo firmó su primer concilio -el VIl de Toledo del 646)-
por el rey Leovigildo, y ero la puerto hacia el Vinolopó como obispo " ... sancfae ecclesiae 1/icitanoe, quí ef
y la Vía Augusta, a más de controlar el comino más Elatonae" (Vives, 1963, 257). Esta unificación respon-
directo y expedito hacia lo propia Cartagena. La erec- dería a un intento de reintegrar y restaurar los límites
ción de la sede Eiolana responde al deseo regio de primitivos de la diócesis más antiguo, alterados por lo
crear un centro urbano y episcopal acorde a los intere- guerra con los bizantinos, al tiempo que el orden adop-
ses toledanos, y la espectacularidad de su programa tado en la doble titulación sugiere la mayor antigüedad
urbanístico constituye, hoy por hoy, el espejo urbano de la cátedra ilicitana, que en la interpretación históri-
en que se refleja nuestra Alcudia evanescente. co clásico terminó por absorber la sede Eiotana en la
La ciudad de 1/ici, al igual que Corthogo Spartaria, figura de los sucesivos obispos ilicitanos. Con indepen-
cayó en monos visigodas durante la época del rey dencia de si dicha reunificación supuso lo desaparición
Suintila (circo 623-25), y su sede volvió a tener repre- definitiva del obispado Eiotano o por el contrario se
sentación en los concilios toledanos, donde acudió el mantuvieron ambos sedes en cotitularidad, "goberna-
obispo Serpentinus con regularidad entre los años 633 das par un mismo obispo, que tenía Catedral en
y 638 (IV, V y VI Concilios de Toledo). La reaparición ambas ... " como suponía el Podre Flórez, (XV; 1, 5; p.
de la sede ilicitana debió plantear un litigio territorial 21 8), sus consecuencias debieron ser notables para
con la nuevo diócesis desgajada de sus territorios, la 1/ici, que acogería nuevamente la residencia episcopal.
Eiotana, que no parece haberse producido entre Además de los zonas puramente litúrgicas, repre-
Cartagena y Begastri, porque la primero, supuestamen- sentadas por el templo catedralicio y el baptisterio
te destruido por los visigodos, no recuperó su rango anejo, o los funerarias, correspondientes a las necrópo-
episcopal hasta muy avanzado el siglo Vil. lis ad sonetos de su entorno, un complejo religioso de
Este mismo tipo de litigios territoriales se había rango episcopal debía cantor con zonas residenciales,
planteado con anterioridad en otras sedes béticas y de representación y administrativas, que se vinculan
lusitanas, por causas diversas, y existía legislación al generalmente al polatium, a más de áreas funcional-
respecto. En teoría se había estipulado un plazo de mente "profanas" pero dependientes y organizadas
prescripción de treinta años, pasados los cuales no se por el clero, como son talleres, almacenes y bodegas,
podía redomar ningún territorio diocesano, como se donde se guardaría el vino y el aceite recaudado por
indica en el canon VIII del Concilio de Mérida del año lo Iglesia para su consumo o distribución. La catedral
666 (Vives, 1963, 331-2). No obstante, el canon pri- de 1/ici se viene identificando tradicionalmente con la
mero del Concilio de Sevilla 11 del año 619 había sen- conocida basílica, antiguo edificio de culto datado por
tado previamente, que en caso de guerra no cabía apli- el pavimento musivario que lo decora en un momento
11
car la prescripción temporal • Si como parece lógico, avanzado del siglo IV y largamente utilizado, si bien no
la sede Eiatana fue creada con territorios desgajados existe ninguna prueba irrefutable de tal suposición;
de la Ilicitana, esta jurisprudencia autorizaba al obispo mientras que tanto el necesario baptisterio como el
de 1/ici a reclamar la reposición de los límites prístinos eventual polotium permanecen ignotos.
de su circunscripción, lo que entrañaría necesariamen- Este último debió constituir un hito significativo del
te la desaparición de la cátedra Eiotana, que fue crea- paisaje urbano cristianizado de la !lici tardía, ya que
da ex profeso y carecía de jurisdicción propia previa a otros ejemplos documentados en época visigoda, como
la segregación. Como se aprecia, el problema era bien el segundo palacio episcopal de Barcelona (Bonnet y
distinto al suscitado en lo provincia Bética, ya que allí Beltrán de Heredio, 2001, 87) o el edificio del Tolmo
las sedes usurpadoras -Astigitana, Iliberritana y de Minatedo, presentan una dinámico monumental,
Egabrense- tenían entidad propia y su continuidad no que comparten con otros edificios civiles visigodos
peligraba tras lo devolución de los territorios como el palatium de Recópolis (Olmo, 2000) o lo villa
malacitanos. áulico del Pla de Nada! (Juan y Lerma, 2000),
Esta particularidad debió influir en la inusual solu- e incluso con edificios de cronología emiral como los
ción del litigio, saldado con lo unión de las dos sillas de Morería en Mérida (Mateas y Albo, 2000, 158,
/lici en al Antiguedad Tardia:
lo ciudad evanescente
/~
1~\1: ( e
lentia
L.
r:HSJ-
nta de l'llla
Sonitja
Can Sor6
fig. 6). Sin embargo, el episcopio ilicitano está todavía esquema histórico preconcebido. En este orden de
por descubrir y no existe ningún indicio concreto de su cosas conviene comenzar por desmitificar alg unos de
eventual ubicación, toda vez que los alrededores de la sus hitos histórico-arqueológicos más señeros 12 •
basílica no han sido explorados en profundidad, Es un lugar común de la historiografía "a lcuditana "
excepción hecha de algunas estructuras al noroeste de afirmar que la ciudad se refortificó tras la destrucción
la misma, donde Alejandro Ramos Folqués encontró urbana provocada por la invasión de los francos,
abundante cerámica común (1 955) . Este desconoci- correspondiendo a esa época ba jo imperiallos 45 m de
miento de la rea lidad material del obispado ilicitano un lienzo de piedra y cal, con dos torres, hallado en el
nos lleva ineludiblemente a abordar una cuestión cen- sector 5B; muralla que por otro lado reproduciría el
tral: ¿qué sabemos realmente de la ciudad tardoanti- contorno irregular del promontorio urbano que constitu-
gua y visigoda? ye, siempre según esta hipótesis clásica , el lím ite fí sico
secular - la " forma urbis" intemporal- de al menos las
lA C/UITAS MATERIALIZADA ciudades iberas y roma nas de La Alcud ia . Pues bien, la
reciente excavación de la misma en el ma rco de la
Lo d icho hasta ahora debería bastar para dejar Fundación Universitaria de Investigación Arqueológica
claro que la imagen de la llici tardoantigua forjada por "La Alcudia de Elche", di rigida por Lorenzo Abad y
la investiga ción tradicional, es una amalgama de supo- M ercedes Tendero, ha demostrado que dicho lienzo no
siciones y fal sas atribuciones, cuando no manifiestos es otra cosa que el frente exterior de un gran comple jo
errores, consecuencia tanto de la imprecisión estratigrá- termal construid o en el tercer cua rto del sig lo 1 d. C.
fica, como de la forzada adecuación de los datos a un Au nque los excavadores no niegan la posibilidad de
y perentoria necesidad defensiva 13 • El recurso a la epi-
grafía monumental en las mismas y la insistenc ia con
que se repiten fórmulas hiperbólicas del tipo "aedifica-
ta est a fundamentis ciuifas" en programas edilicios
bizantinos de fortifica ción, como ocurre en Thamugadi
o en Cartagena, demuestran que las murallas conse r-
van un notorio valor administrativo, que se denota en el
distinto significado de la posición interior y exterior de
los edificios (intra/extra muros), aunque hayan perdido
parte de su antiguo carácter sacro (Durliat, 1981 , 11),
y que su erección es todavía el signo tangible de la pre-
tendida restauración urbana (Duval, 1983, 166).
El desconocimiento del perímetro urbano real de
llici afecta igualmente a la comprensión de sus espa-
cios funerarios, bien estudiados recien temente por
Ricardo Gonzá lez Vi llaescusa (2 001, 401 ss).
Atendiendo a la escasa documentación existente, el
autor ha logrado identificar dos posib les necrópolis tar-
doantiguas en La Alcudia: un cementerio oriental (sec-
Frente torreado de lo supuesto muralla bojoimperiol de lo Alcudia
tores 6E y 6F), que el autor define como " ... urbano,
que el alzado de esta estructura se reaprovechase intramuros, en el centro neurálgico de la ciudad... " y
como defensa, dado el carácter de eminencia que siem- data en torno a los siglos IV y V d. C.; y el cementerio
pre mantuvo este sector en la topografía (Abad, ad sonetos de cronología visigoda (siglos VI y VIl),
Moratalla y Tendero, 2000, 146), no deja de ser inne- situado en el entorno de la basílica. Ahora bien,
gable que mientras dicha posibilidad no se confirme ¿podemos estar seguros de que el cementerio bajoim-
estratigráficamente -y por el momento no lo está- la perial estaba realmente intramuros o se trataba de un
llici tardía ha perdido uno de los signos distintivos de cementerio suburbio! , igualmente típico del urbanismo
la facies urbana tardoantigua: el carácter de ciudad tardío?
murada. De otro lado, los trabajos realizados reciente- Que llici fue una ciuitas episcopal está fuera de
mente por Eduardo López Seguí en el Camino del toda duda, pero su materialidad topográfica sigue sien-
Borrocat, al Este de la ciudad, parecen demostrar que do una incógnita . ¿Debemos imaginar un espacio
la ocupación romana y visigoda se extiende fuera de homogéneamente urbanizado o bien una ciudad deses-
los límites tradicionales de la colina supuestamente tructurada y discontinua , salpicada de islas habitadas
amurallada. en torno a ciertos hitos religiosos, emergiendo del ma r
Estos datos desdibujan la imagen urbana de 1/ici y de ruinas ruralizadas del otrora solar urbano?. En La
sobre todo dejan sin sentido el significado ideológico Alcudia se ha propuesto la existencia de al menos dos
de la muralla como elemento definitorio del paisaje edificios de culto: de un lado, la famosa basílica situa-
urbano tardío. La ciudad tardorromana es clara y noto- da al suroeste de la ciudad, en un sector aparentemen-
riamente una ciudad fortificada , hasta el punto de que te periférico, y construida según sus excavadores,
las murallas se configuran casi como la única contribu- sobre una sedimentación natural de 14 cm de espesor,
ción innovadora de la Antigüedad Tardía y definen la "arqueológicamente estéril, que expresa un abandono
ciuitas, como se aprecia en los textos de Gregario de humano de la zona durante un amplio periodo culturaf'
Tours, recogiendo la función ideológica y de hito urba- (Ramos Fernández, 1995a, 9) ; de otro, el "cosiddetto"
nístico que hasta ese momento habían jugado los foros. templo de Juno, en el supuesto foro roma no que en la
La importancia y el carácter monumental con que se las primera mitad del siglo V sufrió, según su excavador,
dota indican que nos hallamos ante un hecho de incues- una importante reforma -cegamiento del pórtico in
tionable significado ideológico, que trasciende la mera antis y división de la celia con un muro tra nsversal- vin-
104
/lici en ol Anhguedod Tord;o
lo ciudad evanescente
&..J cristianización (Ramos Fernández, 1995a, 9). mente excéntricas, que en el caso barcelonés ocupaba
P /"1 0 en este momento no se trata tanto de ana- previamente una domus altoimperia l en lo que podría
~'!::::7 1
tratarse de un ejemplo hispano de domus ecclesioe 14
(Bonnet y Beltrán de Heredia, 2000 y 2001).
De otro lado, en lo que sí existe acuerdo unánime
es en el hecho incontestable de que con anterioridad al
313 la incidencia urbana del cristianismo es insignifi-
can te (Thebert, 1986, 40) . .Sólo a partir de esta fecha
la iglesia comienza a salir a la calle con pleno apoyo
imperial , como se aprecia en el caso de Roma por las
donaciones de Constantino destinadas al mantenimien-
to de San Juan de Letrón, ca tedral de Roma construida
en el solar del antiguo cuartel de los equites singulares,
que habían combatido en el bando de Ma jencia
(Guyon, 1993), o en el de la iglesia doble de Tréveris
la primera tras el edicto de Tolerancia de Constantino,
construida en una propiedad imperial cedida a la igle-
Recipiente cerámico de época tordorromono sia, el palacio de Maximiano y Constantino Cloro. No
obstante, ambas edificaciones ocupan posiciones mar-
cJ ¡fic i os de culto y sus características arquitec- ginales en la trama urbana; de hecho, todas las funda-
~~
~ ¿::1
~ ,.,o de trascender el monumento para integrar ciones eclesiásticas de Constantino en Roma están ale-
o fío cnsttana en un d'tscurso urbants' t'tco y com-
o o
jadas del centro histórico (la Santa Cruz en Jerusalén,
'? ~ sí las implicaciones sociales de un fenómeno como iglesia palatina privada) o son extraurbanas (San
..-# o 1 o t'
nte como a progrestva ocupacton cns tona
,, o
Pedro o San Pablo "fuori muri"), aunque el mismo empe-
0
~cíO urbano (Cantina Wataghin, 1992, 173). rador construye en el 315 unas grandes termas en el
~
IIO n os interesa el dónde y el cuándo se insta- Quirinal (Brenk, 1993, 132-3). Este dato sin duda indi-
~ ¡ficios de culto y si resulta posible leer en esta ca que pese al apoyo imperia l, en fechas tan tempranas
/ e ¡ ón una paulatina conquista de los espacios
:?~ ot i vos de la antigua ciudad. Xavier Barra! en
'~ f' trabojo sobre este tema ya señaló, recogien-
t ~ ~én op in iones de P.-A. Février, que la sustitu-
r ~ed i fi c ios públicos paganos por iglesias no era
en te como comúnmente se afirmaba y que la
:,., ..._.)c íón inicial de edificios de culto cristianos esta-
~ ¡c i onada por la disponibilidad de suelo públi-
~_,.o d o, libre y barato, lo que determina normal-
~ 5 ituación excéntrica (Barra!, 1982, 113) . En
/ ~ - 1 1 1 ,,
7 línea se sena a que a tmp antacton arquttec-
o o
i06
lhci en ol Antoguedod Tardío
lo ciudad evoneKtnle
:os
lli6 e~ al Anriguedad Tardia·
to ciudad evanescenle
SONIA GUTIÉRREZ llORE!
NOTAS
lo reconver~ión alfabético de lo e~trotigrofío general de lo Alcudia, con siete niveles de habitación 1) • ...tn lo primero Óemonc/o de reoc/ulfo, obispo de fo iglesia mo/ocitono, SC presentó ante nOSOifO$ uno
seriados de lo 'A' o lo 'G', Iue atribuido de formo indirecto o Alejandro Romos Folqués por Enrique sVplico olifmondo que lo antiguo diócesis de dicho ciudad había sido des9ouodo en otro tiempo con
llobregot en su Con/eslonio lbilico, donde recoge igualmente lo ccluclizodón de su hijo Rafael Romos '!'••ión ele o/gunos operaciones mi/ilote• y hobio posado po1ciolmenle o podet de /os ig/.,io> de
Fernóndez en une conferencie pronunciada en 1970 illobregct, t972, 79-8 t 1. que posteriormente Eci¡o, Elvito y Cobro. Acerco de toJo lo cual lvvimos pot bien que cuolqui~t teuilorio que probou1
publicó en su tesis doctoroll19751. hobfr pertenecido antes de /os operaciones militares pot derecho onliguo o su propia dióctuis, fuere
Como tontos otros cosos, los problemas de esto •eslroligrofia • no posaron desapercibidos o kJ sagaz devuello e lo ¡uti>clicción do oquollo, pue> (...}no podtó oponerse hobet posado el plazo de/o pteSCiip·
reflexión de Enrique llobregol, que al ocuparse de los niveles ibéricos de lo Alcudia reconocía que "o ción donde exislio causo moyot cie lo guerto' !Vives, t963,t63-4).
lrovés de los esltoligtolios que he ano/izado, y que sen /os so/os publicados, no se llego lócilmenle o 12 En este sentido hoy que destocar el imprescindible trabajo de Roberllorenzo Perez de Son Ramón, aún
lo comporlimentoción propugnado por el excavador...", poro señalar más adelante ". lo extroordinotio inédito, >Obre I'Akúdio d'Eix o I'Anliguilallo,dono (S. V-VIII}. Anólisi Hisloriogtólico i Olqueológico de
comple¡idod de inletp!eloción que prt>enlon lo• nivele• arqueológicos de lo Akudio, y /os dilicullodes /'epoca visigodo o 1/ici, 120031.
de su encvoóromiento en un esquema homogéneo, sin simplificar mucho los problemas · (1972, 83). 13 Sobre el papel >imbólico y urbonistico de le• murcllos en les ciudad., tcrdoontiguos puede verse, entre
Alejandro Romos Folqués propuso inicialmente seis niveles de hobitoción 1 mientras que Rofoel Romos otro>, Contino, 1992, t72; Février, t974, 73; t989, 1384, f uenteJ, t993, t87; Arce. t982, 73 y"·
Femóndez hablo de nueve ciudades superpuestos en lo Akudio, considerando lo rrimero lo conespon· lo Roccc, 1989, 723; Borre!, t992, 521
diente al poblado eneo!ítico (197 4), aunque un año mós larde en su tesis doctoro propone lo estro ti· 14 las domus ecclesioe o de dominicum eran centros comunitarios cti~lianos, ~urgidos en coso~ privados,
grolic clásico en ocho niveles, que oúno Bronce y Eneolitico en lo lo,. mós ontiguo, designada par lo insuloe o domvs, con lo aquiescencia de ~us propietario~. o menudo conversas de familtos de los elites
letro H lf975, 65 ul. Esto> titubeos closilicotorios" deben o los di>tintos •istemc• de de>igncción de urbanas, que prestaban m propiedad e• poro le celebración del culto, y que ccobcbon por donorlc• o
los niveles eslroligróficos que conviven durante un tiempo hasta que se consagro el sislemo alfabético. lo lgle~io, dando lugar o uno parroquia generalmente conoc1da por el nombre del propietario primitivo:
4 En eJte co•o sensiblemente ampliado o tO niveleJ, ol introducir par debajo del trodicionol estroto del lilulv• Clemenli, Coecilioe, Chrisogoni, ... fGuidoboldi, 2001, 40, Krcutheimer, 1981.
Bronce no sólo lo lose eneolitico sino también lo neolítico. 15 Como ocurre con lo residencio del Dux eme ritense Claudia, muy próximo al palacio episcopal de
5 • ... las excavaciones plantean y llevan consigo gran nVmero de problemas y estudios que (.. .} requie1en Masona según elliber uitos sonclotum polrvm emeriteruium jX, 8).
lodo vio mucho dedicación y tiempo, como po1 eiemplo· lo estrotigrolio definitivo en cvonto o los épo- t6 De hoberJe construido el oño 322, lo bo>ilico de //ici sólo Jerío •uperodc en onllguedcd por le cote·
cos móJtecienleJ..." !Ro mos Folques, t962c, 2761. drol de Romo en elloterono, cuyo construcción se emprende en torno ol año 313, pero sería anterior o
6 Cristóbal Sonz en su Re<:opiloción en que se do quento de los cosos onsí antiguos como modernos de Son Pedro en el Vaticano, fundado por el propio em perador, cuyo construCCIÓn se inicio entre el319 y
lo inclilo villa de Elche ...de t621 lp 1091 señale que lo superficre de lo lomo •,. cullivo de pocos años el 322 y finaliza el 329, y o lo Santo Cruz, iglesio pclotino de lo emperatriz medre, El<no, fundado no
o es/o porte• con diversos cultivos de secano !trigo, cebado y barrillo). cnteJ del 326-28 fKrcutheimer, 1981, 33-38).
7 • ...t i nivel superior, por encontrarse o veces Ion sólo o 15 ó 20 cm. de lo superficie, ho sido removido 17 En mi opinión, lo identificación de 8 /.nl.lo con Vale ncia o través de kJ formo diminulfva del topónimo,
casi pot complelo al elecluo1 lo• loborts ogticolo>, •i bien tn alguno• punlos se ha conservado mo•· 8olenlulo , - recientemente retomado por Ribe ro y Rouelló 12000 o) - •igue planteando problema• de
/rondo unos sepu/lutcs ele lipa vi>igodo y cerámicos be> los o mono· 1Remo• Folqués, t966o, 711. No orden geopolitico, derivado• de •u incoherente Jituoción geogrólico respecto del resto de ciudodeJ del
ob>tonte, •e de le paradoja de que en el >ondeo IV, donde >upueJtcmente el primer eJircto hcbio deJ· Pacto en el territorio que luego será designado precisamente como lo Coro de Tudmir, en recuerdo del
aparecido, se documentan restos funerarios y cerámico típicamente visigodo en los niveles 11 y 111 (lóms propio Teodomiro.
XIII, e yc). 18 El opayo de un ponlilex 1/icilonu• ol obod 5omJOn, tron>mitido par el propio Apologelicum de Som>ón,
8 Informe preliminar de lo compaño del 2003 dirigido por Lorenzo Abod y MercedeJ lendero, en el y su probable presencio físico en Córdoba, sugieren que se trole de uno dignidad sin relación real con
morco de lo Fundoci6n Univenilorio de Lo Alcudia. lo revisión del •cosiddello• templo de Juno en llici la antiguo sede, que no pruebo por tonlo lo pervivencio de una comunidad cristiano organizado en
he >ido abordado por Gobrielloro ViveJ en su Memorio de lkencioturo. e>c>lechc>. Sobre eJte porticulor clr E. Llobregotlf9751.
9 Informe preliminar de lo 66' Compaña de excovocioneJ en lo Alcudia de Elche, 2001, dirigido par 19 El coso de lfici presento grandes concomitancias con el de UfCi, en Almerio, cuyo obispo Genesio o
Rofoel Remo• Fernóndez y Alejandro Ramos Molino. Ginés asistió también o dicho concilio, aunque Urci yo habría desaparecido como ciudad en el siglo IX
10 Ambos grolio• aparecen atestiguados en les luenteJ conciliares, debiendose el titubeo, Jegún el Podre IAcién, t999).
Flórez fl75 t p 2221, o ' .. .lo unilotmidod quBin lo• Código• Go!hico• •uele hov11 enltelo l. y lo i.
110
El PAISAJE ANTIGUO
~
eLJ o observación detallado de los huellos
a rqueológicos que uno sociedad antiguo ha
dejado impresos en su entorno físico nos
ofrece lo posibilidad de recomponer el paisaje antiguo y
los pautas que modelaron su formo concreto . Los asenta-
mientos, los ca minos, los campos de cultivo o los cemen-
terios de uno determ inado época no son elementos aislo-
dos que se distribuyen azarosamente en el espacio, cons·
tituyen uno construcción cultural que responde o un pro-
ceso histórico. El paisaje se convierte de eso forma en un
elemento cultura l de sumo importancia poro entender los
sociedades pretéritas y lo posibil idad de observar en un
espacio concreto y particula r lo materialización de diná-
•Área de Arqueología. Universidad de Alicante
micos de carácter general.
Este traba jo se ho realizado en el morco del proyecto de investigación BHA 2002· Durante el primer milenio a.C. , el área oriental de
02028 De 1/ici o Elo. Un proceso de transformación cultural en el sureste de lo
Iberia comporte los procesos sociopolíticos de urbaniza-
Península Ibérico, de lo DGICYT del Ministerio de Ciencia y Tecnología, y se ha
financ iado en parle con fondos FEDER. ción que acontecen en el amplio ámbito geográfico del
111
Mediterráneo y la Europa templa- urbano, y el ager, paisaje agrícola productos foráneos y mano de
da. Estos cambios se muestran en la de su entorno inmediato. A mayor obra, recaudar tasas e impuestos,
composición y estructura de los pai- distancia se localizarían las tierras etc ..
sajes que a partir de época ibérica de la circunscripción de la ciudad Estos modelos que de formo
muestran un proceso de agrega- que constituyen áreas alejadas inte- sucinta hemos descrito, san una
ción en entidades urbanas. Se trata grando un espacia agreste, el sal- simplificación necesaria, un mero
de la transformación regional de un tus. La unidad básica de esta forma instrumento poro comprender y dar
paisaje rural formado por núcleos de organización es lo constituida o conocer el esquemo en el que se
poca diferenciados y con pobla- por el binomio ciudad-campo, que integran los realidades orqueológi·
ción más o menos homogénea en la en ocasiones se encuentra organi- cas más complejos y plurales. El
edad del Bronce que dio paso a un zada a partir de tramas parcelarias siguiente paso será precisamente
patrón de asentamiento de carácter regulares centuriodos, los perticae, aproximarnos a los paisojes
jerarquizado donde destacan unas sobre los que se distribuyen los arqueológicos ilicitanos.
pocas aglomeraciones de carácter núcleos rurales tipo vi/loe y otros
urbano que dominan poblaciones núcleos como vicus o pequeñas lA ALCUDIA EN LA
dependientes. aldeas (Iglesias Gil, 1998). IIEG/0 CON7ESTANA
Los paisajes ibéricos están La ciudad romona es el centro
caracterizados por la emergencia de gestión económica principal e La cultura ibérica inicia uno de
de los núcleos urbanos, los oppida, integra las diferentes áreos regio- los episodios más brillantes del
amplios poblados fortificados, de nales en las provincias del Imperio yocimiento ilicitano, una historia
economía especializada y diversifi- a partir de la reproducción del proyectado a todo el mundo, sin
cada, residencia de grupos dirigen- modelo de ciudad-estado que exagerar un ápice, a través de una
tes de carácter guerrero. El oppi- represento Roma. Las funciones pieza tan ilustre como la Dama de
dum controla territorios amplios que económicos de la ciudad se ven Elche. Parece coincidir en el tiem-
son protegidos y explotados a par- ocompañodas en todo una serie de po, por tanto, la emergencia defini-
tir de uno serie de poblados depen- prácticos sociales y políticos, pues tiva de Lo Alcudia sobre su entorna
dientes e infraestructuras necesa- además de la residencio del princi- -que abarcaría el Boix Vinalopó y
rios como caminos e insto!acíones pal grupo de pobladores, otroe las la Vega Baja del Segura, abrevia-
portuarias, necesarios para la espe- funciones de representación políti- do como Depresión Meridional-
cialización económica y el inter- ca y social de los habitantes del con la definición de lo que entende-
cambia. Este paisaje es lo represen- entorno. mos como ibérico, hecho que
tación espacial de un modelo eco- Por lo que refiere al espacio recientemente hemos defendido
nómico y sociopolítico de dominio rurol, si en el modelo ibérico los coma el resultado de un nuevo pro-
de una elite aristocrática sobre una principales vinculas entre ciudad y yecto político (Morotolla Jávega,
amplia base de campesinos. El pai- su entorno son de índole estratégi- 2003 y e. p.].
saje de los oppida es la materiali- ca, defensiva y simbólica, en el Hosta mediados del s. VI a.C.
zación territorial de las aristocra- caso romano, la relación del poiso- el protagonismo del poblamiento se
cias cliente/ares ibéricas definidos je rural de vi/loe con la ciudad es lo reparten el hábitat de la sierra de
por A. Ruiz y M. Molinos (1993). mucho más intensa debido o las Crevillent -con Peño Negra como
Sobre este modelo territorial y necesidades económicas del mode- principal núcleo (Ganzález Prots,
ajustando sus estructuras espacia- lo y las prácticas sociales de inte- 1983 y 1990)- y el de la desembo-
les, el nuevo concepto romano de gración política. El funcionamiento cadura del Segura, donde han
estructura territorial urbana se cons- del sistema de vi/loe requiere de un documentada un destacado asenta-
truirá sobre bases diferentes. El pai- mercado próximo y bien comunica- miento en La Rábita-La Fanteta
saje romano está constituido por el da a través del que dar salida a las (Guardamar del Seguro) en el que
terriforium en el que se integran de producciones especializadas, inter- sin duda residió población de ori-
forma inseparable la civitas, núcleo cambiar mercancías y proveerse de gen fenicia aunque resta par definir
112
El Poi~aje antiguo
su papel en el entramado político en un único centro con caracteres Abad et al., 2001).
de la región, pues los argumentos urbanos -el oppidum-, más una Otro indicio del aprovecha-
esgrimidos hasta hora no son coin- reducida serie de asentamientos miento del medio sería la constata-
ciden tes (Azuar et al., 1998; secundarios. Así , sería La Alcudia ción de un camino claramente pre-
González y Ruiz, 2000). En cual- la que recibiría los contingentes rromano que uniría La Alcud ia y el
quier caso, el sincretismo cultural desplazados, pasando a tejer una Segura a través de la sierra del
creado entre la población local y nueva malla demográfica en el que Mola r, con un rama l hacia El Ora l
los conocimientos transmitidos por se aprecian además pequeños y que certificaría su uso simultáneo.
individuos procedentes de ciudades medianos núcleos, como Los Parece obvio el trasiego comercia l
altamente civilizadas, está en la Saladares y El Oral. con el litoral , mostrando así una
génesis de la cultura mastieno-con- El primero responde a un tipo organ ización del territorio sim ilar a
testana y muchas pautas culturales de caserío interior junto a la huerta la a nterior, por lo que es probable
que caracterizarán a ésta aparecen de Orihuela de alrededor de media que, igualmente, la actividad eco-
ya en estos hitos genéricamente lla- hectárea con posible función agro- nómica repita pautas o rientaliza n-
mados "orientalizantes". Este subs- pecuaria (Arteaga y Serna, 1975), tes. El posible intercambio de metal
trato semita será una auténtica mientras El Oral -un hábitat fortifi- en bruto -que podrían corroborar
"marca de fábrica " para estas tie- cado y bien planificado de 1 Ha- los hitos de Orihuela y Ca llosa- y,
rras y en gran med ida estará pre- parece heredar la vocación comer- sin duda, las sa lazones -como se
sente hasta la dominación romana. cial que caracterizó a la zona ante- evidencia en El O ral-, podría n
En este paisaje orientalizante, riormente (Abad y Sala , 1993; nutrir el g rueso de la ex portación,
La Alcudia sería un yacimiento más
que salp icaba el llano -como
Hacienda Botella o El Bosch, en
Crevillent-, con funciones no bien
definidas pues aunque a priori
sería deducible una destacada
orientación agropecuaria, cierta-
mente tanto El Bosch como La
Alcudia muestran claras evidencias
de actividad metalúrgica (Trelis
Martí, 1996; lbarra y Manzoni,
1981). Con todo , su carácter
dependien te respecto de Peña
Negra parece indudable.
El territorio se altera desde fines
del VI a.C., con el abandono de
Peña Negra y del núcleo costero.
No entraremos a valorar las razo-
nes que explican este cambio
-¿políticas, económicas, ambas a f
.........( ....
la vez?-, que por otro lado parece
• •••••••·•..........! •• :··
11
mostrando odemós el control sobre -esfinge alada con figuro masculi- en Guardamar, ofrecen buenos evi-
otro producto abundante en la no más diosa- ofrece sin duda una dencias de estas jerarquías
región: la sal. Se terminaría asi de lectura iconográfica y estilístico (Aranegui el al., 1993), con un dis-
cerrar el círculo sobre lo explota- mós rico y singular (Ramos y tinguido grupo definido por su
ción de recursos. Ramas, 1992). No es aventurado carácter guerrero y su relación con
El paisaje dibuja osí uno dis- suponer uno estrecho relación entre los monumentos escultóricos. A ello
persión equilibrada, complementa- este hito y lo Alcudia, separados añadiríamos la realización de pro-
ria y jerárquica, ampliamente por 3 km aunque unidos por el yectos de gran envergadura. Nos
extendida y con uno explotación Camino de Castilla, probablemente referimos o la fundación de un
muy adecuada de sus recursos, lo la prolongación hacia el norte de la asentamiento como la Picola (Santo
que permite inferir, o la vez, evi- vía que viene del Segura y donde Polo), interpretado por sus excava-
dencias cloros de uno organización después se proyectará el kardo dores como el puerto de lo Alcudia
social cada vez más compleja y maximus de la centuriación roma- en el s. IV o.C. (Badie el al., 2000),
urbanizada. la evolución antropo- na. Sería un argumento más que si bien en nuestra opinión existen
lógico es coherente y, así, la cultu- ovalaría el papel rector de la otras posibilidades de análisis.
ra ibérica contestona se integra, Alcudia y su consideración como Sorprende que más de la mitad del
con personalidad propia, en el pro- núcleo residencial de las máximas espacio construido -6500 m' en
ceso de formación de etnias prerro- autoridades del territorio. total- esté ocupado por la fortifica-
manas que acontece en todo El cenit de esta formación ción, una compleja fórmula polior-
!a cuenca del Mediterráneo social se alcanza en la fase pleno cética de paralelos griegos, y tam-
occidental. (ss. V-IV a.C.): el territorio conoce bién resulto reseñable que los
Es una comunidad que reside una ocupación mós dilatado, sur- viviendas excavadas muestren sin
en núcleos urbanizados como El gen nuevos hitos destinados a la excepción una disposición canóni-
Oral, con espacios de habitación y explotación de los campos o a fun· ca en batería con dos estancias y
11
circulación bien planificados y cienes industria!es" -como lo alfa- un tamaño similar. Ni un factor ni
viviendas acabadas con gran esme- rería de El Arsenal (lópez Seguí, otro son propios de enclaves por-
ro. Algunas tienen una planta com- 2000), km al norte de la tuarios, sobre todo el segundo pues
ple¡a, con patio interior, y otras son Alcudia- y hay una mayor densi· la planta de estos asentamientos'
de gran tamaño, la que abre la dad en las áreas ya habitadas. El ofrece por lo general edificios de
posibilidad o identificar grupos pri- proceso parece coincidir con una diferente morfología: almacenes,
vilegiados, probablemente las mis- mayar atención par la agricultura, instalaciones productivas, lugares
mas que comienzan a enterrarse indispensable para una población de culto, etc. Tampoco el repertorio
con monumentos coronados por creciente. El paisaje conoce así una moteriol ofrece un registra porcen-
esculturas de animales. la apari- explotación acorde con las necesi- tual ocarde con esa definición inter-
ción de éstos como un nuevo con- dades y posibilidades tecnológicas mediaria: la cerámica ática apenas
cepto artística y simbólica resulta ibéricas, con un mayor equilibrio alcanza el 8% del total, par citar
novedosa pues rompe con el carác- entre las actividades económicas sólo un dota. Ella nas lleva a plan-
ter eminentemente anicónica de las que nutren un mercado par donde tearnos si más que un puerto -par
saciedades fena-púnicos, otorgan- fluyen, entre otras, piezas cerámi- otra lado innecesaria por la presen-
da o lo ibérico un carácter propio y cas griegas, ampliamente localiza· cia en el Segura de varios asenta-
creativo que la acerca más a las das en las tumbas contemporáneas. mientos que mantendrían la activi-
postulados artísticos del mundo A esta mayor complejidad dad comercial en su área tradicio-
griega. demográfica le sigue de cerca una nal-, no estamos ante una funda-
Existen indicios que permiten similar estratificación social, profun- ción promovida desde la Alcudia
atisbar unas pautas inclusa más dizando en las desigualdades que -y en esto sí coincidimos con el
complejas, pues el monumento ya aparecían en la fase antigua. equipo hispano-francés- que ten-
escultórico del Parque de Elche Necrópolis como Cabezo lucera, dría por objeto defender esta por-
'11
El Poi•oje ont,guo
IGNACIO GRAUMIRA
JESÚS MORA TAllA JÁVEGA
116
El Po11o¡e antiguo
117
territorio ilicitano. Fundada hacia
mediados del s. 1 a .C. el puerto de
llici era un elemento básico en la
organización económica del territo-
rio, pues pe rmitía el intercambio
comercial con la exportación de los
excedentes agrícolas de los cam-
pos locales y la llegada de importa-
ciones alimen tarias y otros bienes
(Sánchez et al., 1986; Badie et al. ,
2001; Márquez Vil lora, 1999).
En la plenitud de la época
imperial el paisaje de 1/ici y el ferri-
torium ilicitanum no debía diferir
demasiado de aquel organizado
en otras urbes del Med iterráneo
romano. Un enclave no muy exten-
so, construido y mantenido con los
frutos de sus campos cercanos. Una
unidad territorial que se integraba
---C:::=-=--
O 10 50 km en el tejido del imperio gracias a
una red de transportes terrestres y
marítimos, para lo cual se dotó de
Mapa de poblamiento romano del sureste de Hisponio
las infraestructuras necesa ria s.
cuando las necesidades económi- existirían toda una serie de cami- La época ba joimperial supone
cas y de control político de un nos secundarios necesarios para la el declive del sistema urbano y la
extenso imperio hicieron necesario comunicación a escala local y organización territorial diseñada
la creación de una densa red de comarcal. Esta trama viaria sería el en los inicios del Imperio. El clima
calzadas empedradas que permitie- principal eje de organización del de crisis generalizado que se mani-
ran la rápida conexión entre territo- poblamiento del Sureste de fiesta en d iferentes aspectos afecta-
rios. En el ámb ito oriental de Hispania, jalonada por las ciuda- rá ta mbién al paisaje y la organiza-
Hispania destacaba la vía Augusta, des principales y una serie de ción del territorio. Qu izá el fenóme-
la calzada que cruzaba todo el lito- poblaciones secundarias como las no más importante es la ruptura del
ral mediterráneo de norte a sur y mansiones de Aspis y Ad Ello en el modelo de interrelación campo-ciu-
que alcanzaba el campo ilicitano propio Valle del Vinalopó o Thiar dad de fo rma que tanto el núcleo
después de atravesar el Valle del en el camino hacia el sur. urbano como los rura les serán cada
Vina lopó. Desde este punto un Uno de los caminos locales que vez más autosuficientes. La manifes-
ramal se derivaría hacia la ciudad tendría una destacada importancia tación de este proceso es la modifi-
de Lucentum y otro se dirigiría a es el que comunicaba la ciudad cación de la estructura urbana y el
1/ici, para continuar posteriormente con el Portus llicitanus, en la actual desarrollo de vi/loe rústicas, como
hacia el sur y llegar a Carthago Santa Polo , asentamiento portuario la de Algorós, que compondrían un
Nova. Junto a este eje principal que suponía el acceso al mar del paisa je sensi blemente distinto.
1 El mapo adorna une d~ lo; ¡afc¡ dei octuol diíicio de;tinodo a le 4 En c;n 1epono de lie~r(:\ 1io dudo IC!acionQdo coo In ccn:vrialio ref:e
in·<e¡tigocib de! Mu1no d~ la ¡,lcudio. joda en e! pai>oje !Chao el d. 1999: (ore!!. 1999: N.ayer y
O!elti, 2001; Guii!oumin, 2002: A!!Oidy, 2003]. A do1 1emitimo¡
2 lo feáo de li~olizc:ción de lo; obr('l e; i632 iGolél·<ez P6re,
1977. 214) ' .. , drrectcrr.cnte con el fin de cgikcr e' discurso
5 E! wtowo de Hici ho
de;consa en u~ ;irnple ew
cr.óii1i1 (Go;.óhez ?~!ez, ct al..
l 996], r¡¡c;cntemente dei ex!racrdr~a:io
t¡''C tomarlo; w~ Ci(,rl<:
ho!!ozgo del ircgmen:o dé ¡¡:Qu,'o dú co~ la in1críncrón Ó
lí'l\
URBANISMO
INTRODUCCIÓN
126
Urbanismo
dades se descubrió una especie de va que los muros de adobe descan- escuetas y poco revel(l(lnr' •
cámara subterránea de 1A m de san sobre una zapata de piedra tra- Destacamos la existencia do 1111lr ''
anchura , 1,8 m d e longitud y bada en seco y enlucida con mientes ibéri cos en el sector t1l
2A3 m de profundidad . La s estruc- barro 8 . sistentes en dos urnas quo '' onll•
turas presentaban evid encias de un La vincula ción de este edificio restos óseos identificwl11
acabado elaborado e indicios de con usos rituales se debe a la loca- niños de corta edad, lllllf 1
uso . El pavim ento d e la estan cia lización en su interi o r y en sus in me- con decoración geomulf h 11 ft
Folqués, 1956a, 113 y 1962b,
92-93), y otros dos en el sector
1OD. Este tipo de enterramiento no
es excepcional en contextos domés-
ticos, por lo que su presencia no
determina una vinculación estricta
con espacios funerarios .
Fuera de los límites estableci-
dos del yacimiento, tenemos noti-
cias referentes al hallazgo de restos
escultóricos ibéricos en el cercano
huerto de Vizcarra, al norte del
yacimiento siguiendo el trazado de
la vía paralela al río. La morfología
de los mismos, parle de una dama
sedente, un relieve figurando un
jinete y un león, posibilitan su ads-
cripción al paisaje propio de una
necrópolis de cronología antigua.
Otras noticias relatan el hallazgo
de un loro de piedra y una pierna lugar de ubicación de los hallazgos romanos
de guerrero en casa de Andrés
9
Antón lrles , situada también al excavadores en el siglo 11 a .C. con el estilo de Elche, cuya cronolo-
norte del yacimiento, así como el (Guardiola et alii, 2001 ). gía debe situarse en torno a fines
hallazgo de varias urnas cinerarias A momentos más tardíos, coin- del sig lo 11 y durante el sig lo 1 a.C.
con decoración geométrica en El cidentes ya con época lardo rep u- La s evidencias de la ocupación
10
Ballet , al sur del yacimiento. blicana , corresponde la gran mayo- del yacim iento en este período
Otros puntos con hallazgos que se ría de los hallazgos de estructuras y podrían demostra r cierta vincula-
han relacionado con posibles usos edificios. Por ello los analizamos a ción con la loma de pa rti do por
11
funerarios son Casa Blanca , la continuación . parle de los conting entes ibéricos
Hacienda de Canales (Ramos de la regio contestona a favo r de
Folqués, 1953 , 345), la Hacienda ILICI ROMANA Sertorio. Recientes ha llazgos en el
de Torregrosa (Ramos Folqués, extremo occidental del yacimiento,
1953a, 354) o la Hacienda de El registro arqueológico del aún en proceso de estudio, parecen
Agustín Molió (Ramos Folqués, yacimiento presenta la misma pre- demostrar la ex istencia de un lien-
1953a, 351 ). El hallazgo más cariedad de datos para el
claro fue realizado en la Hacienda siglo 111 a.C., ya que no se detectan
12
de Juan lbarra . con claridad estratos de esta crono-
Del mismo modo, recientes logía y los materiales del período
excavaciones en el Parque son muy escasos, sobre todo al com-
Agroalimenlario, situado a menos parar la secuencia existente con los
de 1 km de La Alcudia, han propor- datos ofrecidos por el cercano yaci-
cionado el hallazgo de algunas miento de La Escuera (Abad el alii,
tumbas del siglo 111-11 a .C. aunque 2001) . En cambio, son más frecuen-
sólo se ha dado a conocer por el tes las estructura s y los complejos
momento una de ellas, con restos urbanos datados por la presencia las llamados · cosas ibéricas
128
Urbanismo
1?0
ciudad asume definitivamente el que mencionan cambios en el foro del mundo romano . Por ello se
rang o de colonia. Sin embargo, y la introducción del culto al empe- con figuran grandes domus dotadas
18
desconocemos por el momento evi- rador con aras y algún edículo. de elementos d e representación
dencias de un proceso de monu- Los programas de monumentaliza- como atrios y peri stilos con
mentalización que debió proporcio- ción y dotación de infraestructuras estanques polilobulados, alrededor
continúan en marcha a finales de la de los que se distribuyen estancias
época julio-claudia , pues es en para la vida privada y para las
estos momentos cuando se edifican relaciones clientelares. Así pode-
dos grandes complejos termales 19 • mos comprobarlo en los sectores 3F
Desconocemos por el momento y 5F, ocupados por dos de estos
la existenci a de edificios de espec- complejos, y posiblemente igual
táculos vinculados a la colonia, a valoración corresponda a los restos
pesar de que existen testimonios documentados en 4C, 1OD y 6F.
diversos que en unos u otros El aprovisionamiento de agua
momentos han servido como base a para el consumo parece ser una de
aseveraciones de diverso tipo. Se las mayores preocupaciones de los
Monedo con lo representación de un templo
trata de la probable existencia de habitantes de esta ciudad, debido
en Lo Alcudia
una estructura de forma elíptica a la proliferación de todo tipo de
nar una entidad urbana digna de la situada al nordeste del yacimiento, estructuras de ca ptación y conser-
categoría del establecimiento. A identificada como anfiteatro, vación de líquidos y a las infraes-
pesar de que las acuñaciones aunque en la actualidad dichos res- tructura s termales, que necesitan un
20
monetales de estos momentos pre- tos no son visibles . volumen considerable. Debido a las
sentan un templo tetrástilo en los Existen también pruebas de la condiciones del río Vinalopó, con
reversos, recientes investigaciones presencia de aurigas en la colonia, cierto índice de salinidad en sus
22
(Lora, 2004) han desestimado la como muestra una inscripción de aguas , las aguas de lluvia son
identificación de éste con un edifi- Valeria, en Cuenca , aunque este conducidas hacia cisternas de
cio situado en el sector 5D (Ramos dato ha sido bastante discutido y dimensiones variables o captadas a
Fernández, 1995c). El emplaza- desvincu lado de la existencia de un través de pozos detectados en
miento del espacio forense y de los recinto adecuado para la celebra- diversos puntos del yacimiento. El
ed ificios de represen tación pública ción de carreras de carros. En el establecim i ento de una red de
no se conoce y, por el momento, extremo noroeste hay constancia alcantarillados y desagües permite
sólo contamos con elementos arqui- de una estructura de g ra ndes abastecer todo tipo de instalacio-
tectónicos descontextualizados dimensiones y recubierta en su inte- nes y facilita la evacuación de líqui-
para reconstruir la realidad del pa i- rior por signinum, excavada en dos y sustancias diversas de la
saje urbano augusteo (Lora, 2004). época de A. !barra . Parece tratarse ciudad.
Conocemos el patronato de T. de una gran piscina de forma elíp-
Statil io Taurus, personaje muy cer- tica, con dos accesos dotados de
cano a Augusto, que refuerza la escalinatas 21 •
probable entidad del programa de Las viviendas plasman sucesi-
monumentalización y su vincula- vas reformas y acondicionamientos
ción con la propaga nda de estos de su interior, debido a la dilatada
monumentos, al igua l que sucede ocupación de los solares edifica-
en otros centros hispanos como dos . A la introducción de nuevos
Carthogo Novo o Emerifa Augusta. pavimentos musivos y programas
La ciudad experimenta transfor- decorativos acordes con las modas,
maciones a lo largo del alto impe- se une la configuración de esque- Domus del sector 5F
1.10
Urbanismo
NOTAS
•... 26 de ¡ulio de 1401 ... Desde esto lecho se hon practicado ban los cenizos y restos humanos, en unión del hierro de uno Historio; !borro Monzoni, 1879 y Romos Folqvés, 1953o,
numerosos excoYociones, los que, 5olvo los verificados bajo lo lanzo, lo ho¡o doblo do y rolo, ol parecer de uno espado, el 113- 114.
dirección del Marqués de Lendinez, hermanos lborro, Albertini, trozo de un gran cuchillo~ fragmentos de dos vo~tjos de metal, 2 l No descartamos lo posibilidad de relacionar esto estructuro con
Vives y otros, sOlo se hicieron con la finalidad de conseguir con osos dobles movibles, ingeniosomenle colocados, poro que el sistema de acogido de aguas procedentes del Vinolopó, no
excelentes materiales de comtrucción procedentes de los edifico· aquellos se mantuviesen en equilib rio; dos colinos, uno muy .sólo por sus ccrocterísticos formoles sino por el hecho de ubicor·
dones romanos que un día mtegroron lo Colonia lvlio llici pequeño, de borro común cocido, y el otro de un hermoso borro se muy pr6ximo o unos estructu ras que podría n relacionarse con
Augusto, osi como los restos del pueblo ibérico que lo precedió, negro y lustroso como el de los va sos etru~cos; e infinidad de !ro- los basamentos de un ocueduclo (vid noto 22).
con los que fue edificado parle de lo ocluol ciudad de Elche. zos de metal oxidados, sobresaliendo entre todos los obietos
Consecuencia de la labordemoledoco llevada o cabo por los hollados en lo vasija, un in lere~onte busto coronado de hojas y 22 No desechamos lo hipótesis de lo exi•tencio de un ocueducro
buscadores de piedra, y de los constantes relormm agrícolas de frutos y con lo bullo ol cuello, igualmente de borro cocido, de que, desde el río, aportase o lo dudad un complemento de
que ho sido ob¡eto el pequeño promontorio... es lo alteración de color plomizo>!lborro Monzoni, 1879, 207-208, lóm XXII). aguo. Pruebo de ello podría ser el specus doc umentado sobre el
los niveles arqueológicos, especialmente romano y visigodo, en Como podemos observar se trola de un depósito secundario, en lienzo que delimito los termos occidentales por el oeste así como
algunos zonas... ~. el que los restos de la cremación se introdujeron junto al ajuar los dos estructuros cuodrongulores que se ubican junto al tramo
dentro de fa urna. Oc este último destoco lo presencio de armas. más seplenlrionol del moro !Abad, l y Tendero, M. Informe preli·
Recientemente se ha realizado una revisión hhtoriogrófico sobre minar de los fraba¡os arqueológicos en las Termos Occidentales
el yacimiento, en lo tesis de licenciatura de Robertlorenzo Pérez No se indico el metal de los vasijas, pero en coso de estor reoli·
zedas en bronce, debieron ser algún tipo de sitola, lavamanos o de lo Alcvdio. Compaña de 1999. Inédito. Depositado en
de Son Ramón, I'Aicvdio d'Eix o 1' Antiyuilol Tardona {ss. V-VIII}. Conse~lerio de Culturo, Genero~ itot Vale nciano; Romos Folqués,
Anófisis hisloriogrólico i arqueológico d'llici en época visigodo. brasero. Respecto o los colinos, e~cudillos o cuencos, destoco·
mos lo aparición de uno de barniz negro que, debido o lo follo A. Diarios de excavación. Ola 27 de octubre de 1966.
Inédito. 2003. Universidad de Alicante. Ma nuscrito inediro).
de mayores precisiones, podríamos asociar o varios produccio-
!borro Ruiz, 1926; Ro mos Folques, 1953o; Romos Fernóndez. nes El doto que mayores perspectivos oftece es el thymiolerio 23 Romos Molino, A. Informe preliminar de los lrobojos de campo
1975, 79-86; Romos Molino, 1997, 16-17. con busto de Tonit, similar o los ejemplares localizados en lo en los Termas Oriento/es de la Alcudia. Compaña 2000.
Existen numeras yacimientos fechados durante la P1ehsitorio necrópolis de lo Albulerero (Alicante) dorados en el siglo 111 a.C. Inédito. Entregado o Consellerio de Culrvro, Generolitol
Reciente en lo comarco del Boix Vinclopó con materiales similo. 13 Abad y Tendero, 2003-2004. InForme preliminar de los ocluo· Valenciano. lo gran solo ubicado al sur de lo no/olio es campar·
res o los dO<umentodos en lo Alcudia Uover el olii, 1999). dones otqueofógicos reolizoc!as en ef seclor 68 y 68 este. fimentodo en cinco dependencias, separados por muros de dife.
Uno de los pocos referencias o e~trotos de cronología prehist6ri· Inédito. Entregado o Consellerio de Culturo, Generolital ten te f6 brico, durante lo reocupoci6n de esle edificio monumen·
ca lo enconfromo~ en el 5ecfor de los cosos ibéricos, sector .dC, Volendono tal en época ta rdío.
por debo¡o de los niveles ibéricos (Romos Folques, 1966b, 14 Romos Folqués, A. Diarios efe excavación. Dio 2 de moyo de 2~ !borro, 1879; Romos Folques, 1953o; Ro mos Fernóndez, 1975,
217-219) y en el seclor 5F )Romos Fernóndez, 1983o, 172). 1952 Manuscritos inéditos. Agradecemos lo colaboración de 1976.
6 Azuor er olii, 1998 ; Gonzólez Prols, 1999 ; Gonzólez Prols el Alejandro Romos Molino por facilitamos estos informaciones 25 loro, 2004; Informe preliminarde los oclucciones realizados en
olii, 1999; Gonzólez Prols, A.-Ruiz, E., 2000; Guliérrez el olii, inéditos. el sector 50 de lo Alcvdio !Agoslo-sepliembre de 2003).
2001 . 15 Romos Fernóndez, 1975, Abad, 1979; Fernóndez Dioz, 2003 26 Romos Fclques interprelo lo conslrucción original como uno solo
7 Almagro · Garbeo y Moneo, 2000; Romos Fernóndez 1992b, 16 Existe un nutrido compendio bibliogrófico sobre este aspecto del domestico del siglo IV d.C y establece paralelo• de su singvlor
1994, 1995o, 1997o; Romos y Uobregot, 1991; Romos Molino, poblamiento romano. Véase, entre otros Gozólvez Pérez, 197.d; mosaico con los de las villas de los alrededores. Con posleriori·
1997, 33-34 Aroso, 2003 ; Ariño el olii, 2002 ; Guillaumin, J. Y., 2002 ; dod, el edificio se lronsforma, con lo construcción del Obside en
llobregor Coneso, E y Remos Fernóndez, R Diario de excavo· Gurl, J. M. el olii, 1996 ; Moyer, M· Olesli, 0 ., 2001 el siglo V d.C. y el aporte ornamental de los canceles en el Vil
ción. Memorro de lo 51' compaña. 1990. Inédito. dC )Romos Folques, 1962oj,
17 !borro Monzoni, 1879
9 Sonz, 1621 , 139; Romo> Folques, 1953o, 348, Romos Folqués, 27 Bibliografía de lo bosilico.
18 Cuyo ejemplo mós potente lo constituye el oro dedicado o Solvs
1966o; Romos Fernóndez, 1975. 26. Avgu51o que aparece en el reverso de uno emisión de oses de 28 lorenzo Perez de Son Ramón, R., e.p.. En ello •e recogen rodas
10 Romos Folques, 1953o, 349; Romos Fernóndez, 1975o, 26 Tiberio )RPC, 196) los discusiones hisloriogréficos y se ofrece uno nuevo v críl1co
lectura del conjunto
11 !borro, 1914, 51 ; Romos Folqués, 1953o, 345; Romos 19 Romos y Tendero. 2000,245,250
Fernóndez, 1975, 26. 20 Gacela de Madrid, de lecho 26 de marzo de 1776, Sónchez
12 wuno gran vasija de borro cocido, dentro de lo que ~e conservo· Coboñm HiJtotio d vitovense, monUSCfllo de lo Academia de lo
lA ESCULTURA IBÉRICA DE LA ALCUDIA
135
es sobresaliente. Uno bondo deco- toro, de tres cuartos, que mira a la
rado por incisiones verticales poro- derecho.
lelos decora la porte superior a los En la parte central más oriental
ojos. Se conservo lo mitod de lo del yocimiento (E en el plono):
oreja izquierda, mientras que de lo leona. Fragmento escultórico de
derecha sólo se conserva el arran- piedro caliza de 75 cm de longi-
que. Tanto la porte frontal como la tud, 35 cm de altura y 30 cm de
posterior están redondeados, en grosor que representa el cuerpo de
contraposición a las orrugos de los una leona o lo que folta la cobezo,
pómulos y de debajo de los orejas. el cuello y las potos. Todo su super-
En lo zona noreste del yaci- ficie es redondeoda y liso, único-
miento (C en el plano): Torsode mente interrumpida por uno banda
varón. Fragmento escultórico de que recorre la línea cervicodorsol
Cabeza femenina.
piedra caliza de 46 cm de altura,
Fola lnsliltl!o Arqu8ol6gico Alemón, Modrid
30 cm de anchuro y 20 cm de gro-
sor que representa una escultura
exento con una figura masculina a dido que estos producen en la figu-
la que faltan las piernas, los brazos ra. la frente está cubierta por un fle-
y la cabeza. Su indumentaria cons- quillo formado por lineas rectas ver-
ta de una túnica de escote rectan- ticales. A ambos lados de la cabe-
gular, con reborde en su parte infe- za y por delante de las orejas cuel-
rior, por debajo de la cual salen las gan dos finas trenzas, mientras que
faldillas de la túnica, trabajada en Cuerpo de leona. la parte superior de la cabeza
roto Instituto Arqueológico Alemán, Madrid
forma de pliegues rectos y ángulos parece estar cubierta por algún
muy marcados. del animal y por las siete ondula- gorro liso y ajustado. En la parte
Torso con brozo. Fragmento ciones a cada lado que marcan sus posterior se muestra una fina mele-
escultórico antropomorfo corres- costillas. En definitiva, se mantiene na, pegada al cuello y marcada
pondiente al tronco, desde la cintu- en todo momento la suavidod de por líneas incisas verticales.
ra al cuello, en el que es observa- formas, a lo que colobora un vien- Tronco de toro. Fragmento
ble la posición del hombro con el tre liso y unos cuartos traseros que escultórico de piedra caliza, de 50
arranque del brazo alzada en acti- continúan la forma del tronco del cm de longitud, 40 cm de altura y
tud agresiva. Sus dimensiones son animal. 35 cm de anchura que representa
de 38 cm de altura, 19 cm de Cabezo femenino. Fragmento parte de un toro. Comprende desde
anchura y 35 cm de grosor. escultórica de piedra caliza de 18 la mitad del cuello hasto el abdo-
En la parte oriental de la mitad cm de altura y 12 cm de anchura men. A pesor de su erosionado
norte del yacimiento (D en el que representa una cabeza femeni- estado de conservación se pueden
plano): Sillar con toro en relieve. na en la que, a pesar de su alto apreciar todavía los volúmenes
Sillar de piedra coliza, con unas grado de erosión, se observan correspondientes a los omóplatos y
dimensiones aproximadas de 40 todavía todos los rasgos de la cara a la zona ventral. En su lado dere-
cm de ancho, 60 cm de larga y 50 y parte de su complejo peinado. la cho, mejor conservado, existen
cm de alto, que presenta la obra baca es pequeña y sus finos labios unas líneas prácticamente perpen-
escultórica por una de sus caras esbozan una sonrisa de discreto ric- diculares a la línea cervicodorsal
laterales mientras que par la otra tus, muestra del arcaísmo de la del animal que representan las plie-
presenta un baquetón que le da obra. la nariz está fracturada. las gues de su piel.
mayor complejidad a la pieza. la ojos son pequeños y de forma Cintura con faldeta. Fragmento
obra es un relieve en el que se almendrada, marcados por una de una figura humana de 32 cm de
muestra la cabeza y el cuello de un línea incisa que contornea el rehun- altura, 17 cm de anchura y 30 cm
Lo e1cuhuro ibérico de la Alcudia
Fragmento perteneciente o lo cintura de un guerrero. Relieve de cabezo de caballo. Relieve con grupo de cobollo y lanzo.
Foto ln$tituto Arqueológico Alemón, Madrid Foto ln$tituto Arqueológico Alemán, Madrid Foto ln$tituto Arqueológico Alemán, Modrid
137
que configuran una imagen que se los siglos VI allll a.C. Lo más carac- Los ojos son redondos y grandes,
puede interpretar como la grupa de terístico de esta pieza es el disco con aspecto de fiereza por su ceño
un caballo. pectora l o kardiophylax que prote- fruncido, junto con un aire ultrate-
En la esquina suroeste del ge al personaje, aunque quizás rreno por carecer de pupilas. Las
yacimiento, donde se ub ica el edi fi- más de forma simbólica que real. orejas son puntiagudas, práctica-
cio identificado como templo (F en Es un disco de 20 cm de diámetro mente triangulares. Tanto el hocico
el plano) : Torso de guerrero. con una base metálica con cuatro como la lengua están muy erosiona-
Fragmento escultórico de piedra pares de remaches redondos que dos. Este pectoral se complementa
caliza de 42 cm de altura, 38 cm sirven como anclaje a l resto del con otro disco sin decoración que
de anchura y 22 cm de grosor que disco, decorado con un amenaza- se coloca en la espalda . Ambos dis-
representa un torso masculino ata- dor animal carnívoro de diseño cos van sujetos con unas correas
decoradas con bellotas que alter-
nan a los lados de una cinta ondu-
lante, que pasan sobre los hombros
y por otras correas más fi nas que
pasan por debajo de las axilas,
todas ellas un idas a los discos por
dos remaches cada una en cada
extremo.
Torso con fíbula . Fragmento
escultórico de piedra caliza de
Torso de adolescente.
Foto Instituto Arqueológico Alemón, Madrid
35 cm de altura, 47 cm de anchura
y 20 cm de grosor que represento
un torso de varón del que se conser-
Doma sedente, reconstrucción, de R. Ramos
vo desde el cuello hasta el abdo-
men. Va vestido con túnico con de lo escultura ibérico de esto
escote de pico, pintado de rojo; zona. La escultura es exento pero
sobre ella, un monto de color ber- no es lo su ficientemente g rande
mellón y azul celeste, cog ido en el poro ser de tamaño natural.
hombro derecho con uno fíbula Dama sedente. Se troto de cua-
anular de tipo hispánico de 7 cm tro fragmentos escultóricos, tres de
de diámetro. Esto fíbula es idéntico ellos cosontes entre sí, de piedra
o la que lleva lo Dama de Elche en Domo sedente, fragmentos originales. calizo. Los tres fragmentos conti-
lo túnico interior, pero de tamaño Foto Instituto Arqueológico Alemán, Madrid nuos forman un cuerpo de 85 cm
mucho mayor. Este elemento consti- trata de lo mitad superi or del tronco de altura, 40 cm de grosor y 29 cm
tuye un doto de excepcional interés de un torso masculino, probable- de grosor. El cuarto fragmento
para el estud io de la escultura mente de un adolescente, con el corresponde o uno de las olas del
ibérico y, más concretamente, de arranque de su brozo derecho, trono, con unas dimensiones de 23
La Alcudia, yo que este broche estu- careciendo, por lo tonto, de cabe- cm de al tura, 14 cm de anchura y
vo en uso entre los siglos IV y za, abdomen, brozo izquierdo y 4,5 cm de g rosor. Lo obra repre-
111 a.C. Conservo con viveza el estu- brazo derecho o excepción de su sento una figuro femenino sentado
co y los colores con que el artista in icio . Conservo porte del cuello. Lo sob re un trono de la que se conser-
quiso hacer resa ltar el realismo de suavidad de formas anatómicos del vo lo mitad derecho del cuerpo, fol-
lo obro (Ferrero Colobuig , Roldán personaje modelo de lo escultura lándole también la cabezo . El
Gorcío, Romos Fernández, Romos hace pensar que se trataba de un brozo está apoyado en lo rodillo.
Molino, y Ramos Molino, 1999. joven adolescente. A esto se une lo Viste una túnica y va cubierta por
540- 545). En lo porte posterior de sencillez de su vestuario, uno sim- monto de gran realismo y movili-
lo pieza se observan claramente los ple túni co con escote de pico, de dad por sus varios plegados, que
marcos del cincel con que el artista color rojo, en la que sólo hay mor- se envuelven unos al brozo de lo
talló lo escultura, estando por este cados dos arrugas producidas por figuro y otros penden hasta llegar o
lado inacabado, lo cual indico que el adelantamien to de su brozo lo altura de sus tobillos. El monto va
estaba pensada poro ser colocada derecho. Esto postura do ligereza y sujeto con un broche a lo a ltura de
junto o un muro. movilidad o la escultura , muestro lo sepa ración del pecho y el vien-
Torso de un adolescente. de los recursos técnicos del autor. tre, yo que este no va pegado al
Fragmento escultórico de piedra Anatomía , vestuario y ese pequeño cuerpo sino que quedo tenso entre
calizo de 21 cm de altura, 30 cm in dicio de movilidad convierten los hombros y las rod illas. Se troto
d e anchura y 22 cm de grosor. Se esto pieza en e jemplo de lo calidad de uno fí bula an ula r hispá nico con
decoración entorchada, que en car existentes en el Museo túnica, tanto por su parte externa
modelo original sería metálica, con Monográfico de La Alcudia destaca como en su parte interna, con una
un diámetro de 5 cm. Son abundan- lo presencia de uno por lo que este anchura de aproximadamente
tes sus ropajes, de exagerada representa. Se trata del pie derecho 6 mm.
anchura y de no menos exagerado calzado de una doma sedente Cara exterior de un escudo.
grosor. También cubre lo parte infe- semicubierto por una túnica, de pie- Fragmento escultórico de 30 cm de
rior de su cuerpo una especie de dra caliza local, cuyos dimensiones altura, 41 cm de anchura y 26 cm
faldeta que en su parte frontal con- son de 28 cm de altura, 21 cm de de grosor, que representa un escu-
cluye con una borla o botón central anchura y 15 cm de grosor. Al pie do visto por su cara exterior, redon-
casi a la altura de los tobillos. Luce le falta por fractura desde el empei- do, cóncavo y con umbo, viéndose
un collar sobre su pecho sujeto a ne hacia delante, dejando a la
los hombros, formado por un haz vista únicamente la parte compren-
de gruesos hilos del que cuelgan, dido entre lo línea de lo articula-
por medio de abrazaderas, bulas ción del tobillo en su porte superior
de lengüeta, muy parecidas o los hoslo el punto medio del empeine.
del tercer collar de lo Dama de Por su porte inferior, lo de la plan-
Elche pero en este coso con ribete la, se conservo a lo vista desde la
decorado, de las que aquí se obser- zona interno del talón hasta el ini-
van dos completas. Por debajo del cio del dedo exterior. El calzado es
manto aparece la mono derecha liso y fino, adoptándose a la forma
perfectamente trabajada, que se natural del pie. Lo túnica cae de
apoyo de formo relajada sobre la formo poco natural, bordeando el
rodilla del mismo lado, luciendo en pie formando una concavidad. Los
su muñeco una pulsera espiralifor- pliegues son curvos y demasiado
me de sección triangular, y sujetan- simétricos. Son cuotro, dos en su
do entre sus dedos pulgar e índice porte exterior que caen cosi verti- Escudo, cara exterior.
Foto Instituto Arqueológico Alemán, Madrid
una pequeña ramo de adormidera. calmente curvándose en su final y
Los pies irían apoyados sobre un dos que vienen oblicuos desde el
escabel colocado en lo porte infe- centro de la figuro. También en su en su frente las cabezas de rema-
rior frontal del trono. Del trono sólo parte interno se aprecio de formo che de los pasadores que sujetan la
se conserva el brozo derecho, que muy ligero el arranque de ol menos correa de lo porte inferior
va olmohodillodo, con una decora- dos pliegues más que parecen tener del escudo.
ción de moldura tallado hasta el dirección horizontal. Lo parle poste- Cara interior de un escudo.
arranque de la pota, que es de sec- rior de lo pierna y lo planto del pie Fragmento escultórico de 38 cm de
ción cuadrada y base piramidal perecen estor en contacto con algo altura, 26 cm de anchura y 33 cm
truncada faltando el pie. También que probablemente seo un trono. El de grosor, que representa un escu-
se conserva el ala derecha, de pie no está apoyado sobre una do por su caro interior que conser-
forma rizada con un gran rizo en el superficie plana yo que su planta va parle del antebrazo y lo mono
ángulo y otros decrecientes o sus tiene un quiebro que indica una que lo sujeta. Tiene un guardarna-
lados. Tiene marcada con líneas mayor elevación en su talón, como nos sobre el que atraviesa una
incisos su decoración intentando se produce cuando un pie calza correa con dos orificios a cada
asemejar la piezo a los olas de un con tacones. Tonto en la superficie lado, por los que posan los lotera·
ave de forma simbólico. Conserva de lo parle correspondiente al pie les de un garfio remachados en el
todavía restos de color rojo, mues- como en lo de la túnica se conser- exterior, como es observable en el
tra de la policromía de la pieza. van restos de color rojo. También otro fragmento de escudo al que
Pie de dama. Entre los fragmen- se conservan restos de color ozu! seguidamente se hará referencio,
tos escultóricos ibéricos sin identifi- celeste en el borde inferior de la que fijan dicha correa. Lo mono,
lo e~eulturo ibérico de lo Alcudia
cabezo como el pecho tienen uno lujosamente ataviado con ropajes y lo frente por uno diadema. A
superficie liso suavemente redonde- joyos, pero en el que lo más sobre- am bos lodos de lo cabezo presenta
ado. Desde lo frente surge lo crin , saliente es lo personalidad con que unos gra ndes estuches, en formo de
esculpido con incisiones perpendi- se ha trabajado lo figuro humano . · disco, que debieron ser metálicos
culares a la silueta de la fig ura. El Su nariz es delgado y recto, lo en lo realidad, probablemente de
arranque del ala, de la que sólo se boca está muy bien dibujado, con oro, destinados o guarda r el cabe-
observo la parte superior, está com- unos finos labios en los que todavía llo trenzado y enrollado en espiral ,
puesto por plumas con forma de se conservan restos de pintura rojo , que sujetaban o lo diadema por
escamas superpuestas. sus ojos son muy rasgados, con medio de un doble tirante. De la
En la esquina sureste del yaci- aire oriental, en los que lo pupilo y porte interior de estos estuches d is-
miento (G en el plano): Dama de el iris irían superpuestos y ahora coidoles penden unos largos y flex i-
Elche. Busto de piedra caliza, de faltan. Uno expresión abstraído bles cordones, en cuyos extremos
56 cm de altura y 115 cm de perí- caracterizo lo pieza . Uno tiara penden onforillos de superficie liso.
metro en sus hombros y pecho, que cubre su cabezo, que pudo estor El monto, en el que también que-
representa un personaje femenino cubierto por uno mantillo ceñido o don re stos de pintura rojo, le cubre
143
caliza, de 43 cm de altura, 35 cm dio nos hemos visto obligados a tro-
de anchura y 27,5 cm de grosor, ba¡ar exclusivamente con los prime-
en el que se aprecia un personaje ros documentos existentes sobre
masculino del que sólo se conserva cada pieza, es decir 1 las anotacio-
la parte desde la cintura y hasta la nes manuscritas procedentes de los
rodilla en la pierna izquierda y cuadernos de campo de las campa-
hasta medio muslo en la pierna ñas de excavaciones. De otro modo
derecha, con una falcata colocada su veracidad habría estado cuestio-
sobre sus muslos que viste una túni- nada por la tendencia a agrupar
ca sujeta a la cintura por una piezas atribuyéndoles cualidades
correo, formando pliegues en aba- de conjunto. El ejemplo más eviden-
nica sobre su vientre. Sobre los te es el altarrelieve de la escena de
muslos cruza una falcata típicamen- guerreros. Este aglutinaba siete
Guerrero con lolcota
Museo Arqueológico Nocional. Madrid te ibérica en la que se aprecian las fragmentos, pero según el estudia
estrías de la hoja y parte de la de la procedencia de estos sólo
la espalda y las hombros y se empuñadura donde hay una deco- cuatro tienen la misma, la que nas
extiende por delante, plegándose ración esmerada realizada con plantea una revisión técnico de lo
de forma escalonada paro dejar líneas rectas que perfilan por den- abra. Si bien es cierto que casi la
ver tres collares integrados por dos tro lo silueta del mango. En el lado mitad de las piezas procede del
tipos de colgantes, posibles bulas y izquierdo se ve la vaina que pende sedar suroeste del yacimiento este
anfarillas con asas y superficie gra- de una correa can anilla del cintu- estudia demuestro que la escultura
nulado, reproducciones de joyas rón. En el dorso de la pieza sólo se de la Alcudia procede de toda su
que responden a modelos de los aprecian los pliegues de la túnica. extensión, desmitificando en cierta
años entre el 440 y el 260 a.C., Cabeza con casco. Fragmenta manera la idea de un único punta
sobre una especie de montilla de escultórico de piedra caliza muy de exposición de las mismas vincu-
color azul, calor que posiblemente erosionado, de 17 cm de altura y lada al edificio existente en ese sec-
fue aplicado sobre una imprima- 21 cm de anchura 1 que representa tor y conocido coma templo ibéri-
ción en rojo. Debajo de esta manti- una cabeza humana cubierta can co. Par el contraria, esta proceden-
lla lleva una túnico interior blanca, un casco con guardanuca. cia variada de las esculturas puede
ajustada al cuello por una pequeña indicar una extensión par todo el
fíbula anular hispánica. la parte CoNCLUSióN yacimiento del culto dinástica a que
dorsal de la figura no presenta aca- están destinadas, eliminando su
bado de superficie. En ella existe Este trabajo es el resultado de vinculación a un mundo funerario
una cavidad casi esférica de 18 cm una investigación realizada con el directo, necrópolis, aludida por
de diámetro y 16 cm de profundi- objetiva de averiguar la distribu- algunos investigadores, ante la
dad, sobre cuya utilidad se han ción de los hallazgos escultóricos inexistencia de enterramientos y su
presentado varias teorías de las de la Alcudia de Elche. Esta distri- condición urbana.
que es aceptable su condición de bución está muy condicionada por
depósito de ofrendas. la mayor o menor intensidad de las
Guerrero con fa/cata. excavaciones realizadas en cada
Fragmento escultórico de piedra zona del yacimiento. Para este estu-
144
lA ESCUlTURA ROMANA
DE lA COlONIA /uuA ILICI AuGUSTA
Un 1 r X In l IQil 1que 10
~/
V
...-
r uesctro conocimiento sobre los testimon ios
de escultura romana recuperada en el pre-
dio de La Alcudia (Elche), donde otrora se
alzaron las casas y ed ificios públicos de la colonia lulia
1/ici Augusta, es escaso y parcia l, pues si difícil es el aná-
lisis tipológico, iconográfico y estilístico de muchas
labras por su fragmentar ia conservación , no lo es menos
el estudio conducente a ligarlas a sus originarios edificios
de proveniencia ; y ello porque la casi totalidad de los
hallazgos preservados -sin duda en número inferior a los
aún ocultos o a los desaparecidos para siempre- carece
de contextos arqueológicos que consientan conocer su
procedencia y, por ende, significación primigen ias en el
conjunto de la trama urbana . En efecto, buena parte de
las esculturas salvaguardadas se recuperaron en el trans-
curso de las labores arqueológicas decimonónicas de
·ea de Arqueología. Universidad de Murcio Aureliano lbarra, movidas no sólo por un mero afán
re trabajo se encuadro en el proyecto de 1nve~tigación de lo DG'CYT del Ministerio de Ciencia y coleccionista, sino por el ávido interés de probar el
><nologio SHA 2002-01845, 1,nonc1odo en poile con fondo1 FEDER
esplendoroso pasada histórico de 1752, en la cual se refiere que Don Respecto a los materiales polícro-
11
Elche. Otros muchos lobros o sus Ascensio de Morales, Comisíona- mos, se constata la caliza amari-
fragmentos provienen de prospec- do por SuMa-/gestad para la ave- llento de Chemtou (Túnez), en que
ciones y excavaciones más recien- riguacion de las/ antiguedades de estó ejecutado un herma arcaizante
tes, si bien en su mayoría adolecen las Poblaciones de España", cono- de Dioniso, y el rosso antico, usado
asimismo de contextos de proce- ció el hallazgo en La Alcudia de en un pequeño calceus de carácter
dencia bien definidos. Asi las '/muchos trozos/ de columnas, una
cosas, sólo el estudio tipológico e cabeza de mármol, y otros / de
iconográfico ayuda a discernir, en estatuas, [... }; y estas antigüedades
algunos casos, cuáles pudieron ser y otras muchas más fueron dispues-
los óreas y edificios a que pertene- tos en la fachada de la Casa
cieron las esculturas, al menos en Consistorial ilicitana por mandato
origen, y con qué volor y acepcio- de Don Ascensio, siendo su parade-
nes se emplearon en ellos; sin ro actuol desconocido. Años des-
embargo, el estodo sumamente pués, en 1755, los excavaciones
fragmentario en que se han conser- de J. Caamaño, D. de Cuesta,
vado muchas de ellas complica e, E. García y L. Soler permitieron el fragmento de lo me¡illo de una estatua de bronce.
Museo Arqueológico Ne~cionol. Modrid.
incluso, dificulto su interpretación hallazgo de restos de estatuas de Archivo fotográ!ico MAN
iconográfica y, por tanto, su asimi- "cobre" y de mármol. También en
lación a contextos urbanos el transcurso de los labores arqueo- votivo. También el bronce se verifi-
concretos. lógicas del Vicario Ors en 1820 se ca en contadas, aunque no poco
Oué duda cabe que el elenco hallaron fragmentos de estatuas, interesantes, ocasiones. Al respec-
de las estatuas y fragmentos escul- muchas de ellas remitidas a to, destacan, sin duda alguna, tres
tóricos romanos de //íci debió ser Madrid, aunque cabe la duda fragmentos broncíneos asignables,
muy superior a lo actualmente con- sobre su adscripción cultural. Pero, dos de ellos a sendas cabezas
servado. Lo escasa potencia de tie- sin duda, serán las prospecciones y humanas de tamaño cercano o
rra de laboreo agricola que sepulta excavaciones de A. !barra en La igual al natural, preservadas en el
los vestigios de la colonia romona Alcudia y otras heredades no muy Museo Arqueológico Nacional de
debió favorecer desde siempre los distantes, como la de Algorós, los Madrid y de los que restan la meji-
hallazgos casuales y los rebuscas que propiciaron el hallazgo de múl- lla izquierda con el arranque de las
de antigüedades, entre las cuales tiples edificios y una elevadísimo comisuras de los labios y el párpa-
las esculturas de bronce y mármol nómino de antigüedades, entre do inferior de los ajas, y un tercera,
debieron ostentar un elevado esca- ellas muchas esculturas en diversos conservado en el Museo
lafón. Múltiples documentos del grados de conservación, constituti- Monográfico de La Alcudia, al men-
ochocientos y novecientos refieren vas de una magnífica colección, tón y labio inferior. A ellas cabe
el hallazgo de estatuas en el predio vendida por sus herederos en 1 892 sumor un dedo meñique derecha
de La Alcudia, aunque sus descrip- al Museo Arqueológico Nacional conservado en el antedicho museo
ciones no ilustran lo suficiente como de Madrid, donde aún se custo- ilicitano y un total de veintinueve
paro identificar sus tipos; incluso dian; la mayoría de dichos escultu- fragmentos broncíneos, también en
algunas podrían ser ibéricas y no ras fueron publicadas por el propio Madrid, de distintas partes del
romanas, si bien la anotación del lborro en su libro 1/lici, su situación cuerpo (torso, piernas, brazos ... )
material en que estaban ejecutadas y antigüedades (1879). atribuibles a una o más estatuas de
(mármol y bronce) acredita su La escultura romana ilicitana dimensiones próximas o iguales al
romanidad. Boste referir como está labrada predominantemente natural. Estos fragmentos, en su
ejemplo significativo la información en mármol blanco, si bien carece- mayoria procedentes de la colec-
recogida en el Acta Capitular mas de análisis mineralógicas que ción lbarra y lamentablemente
fechada el 18 de noviembre de posibiliten puntualizar su origen. carentes de contexto arqueológica,
i 46
JOSÉ MiGLitl NOGUERt1 WDRÍ1N
son del máximo interés por cuanto caciones de deidades del panteón de altura, perteneciente a un bebé
las esculturas antiguas en bronce grecorromano vinculadas al tiaso de tan sólo unos meses de edad.
son escasas y, por ende, de singu- dionisiaco, y alguna oriental. Se Asimilable a un privada de identi-
lar valía, si bien no menos cierta es trata de estatuas o estatuillas exen- dad desconocida, debió fallecer
que su lastimoso estado de conser· tas, sin que ninguna de ellas forma- prematuramente, siendo su retrato
vación hacen de la restitución de
los originales una tarea harto com·
piejo. Las diferentes trozos de bra-
zas, piernas .. parecen estar desnu-
das, de ahi que podríamos estar
ante una o más esculturas ideales,
tipo mellepnebos de Antequera
(Málaga) o Apolo de Pineda
(Valencia), por citar ejemplos bien
conocidos, aunque también ante
estatuas oficiales, como el tnoraca-
to de Cádiz. En la misma línea, las
cabezas pudieron ser retratas o
evocaciones de divinidades o per-
sonajes mitológicos. Por último, refi-
ramos que no existe constancia
alguna de que las cabezas puedan
atribuirse con certeza a las fraccio- Retrato infantil. Mus,eo Arqueológico Nocional. Madrid. Archivo fotográfico MAN
nes de cuerpo, de donde resulta
imposible elucidar ante cuántas ra parte de composiciones mitológi- ubicada en un destacado ambiente
estatuas nas hallamos. Otros cas con varios personajes. doméstico o, más probablemente,
muchas objetos e instrumentos Referente a la retratística, en el en su tumba. Aunque muestra el
menores, la mayoría domésticos, se Museo Arqueológico Nacional se arreglo del flequillo muy erosiona-
elaboraran con esta aleación, a!gu· custodia una cabecita, de l 2, l cm do y parte de la zona inferior del
nos esculturados: sería el caso de
múltiples amuletos y diminutas figu-
11
rillas humanas, como un Priapo
pequeño, de bronce, con un oso
para poderlo llevar colgada enci-
mo, cual si fuera un amuleto/' o una
diminuta Venus desnuda de pésima
factura que, conservada en el
Museo Monográfico de La Alcudia
y tan sólo ataviada con un manto
en derredor de las piernas y asido
con la mano diestra sobre el pubis,
está evocada, según tipos estatua·
rios de raigambre helenística, en el
momento de su salida del baño.
Temáticamente, el conjunto más
Frogmcn!o de un sarcófago lordorromono. MusM Arqueológico Nacional. Modricl
nutrida está integrado por la escul- Archivo fotográfico MAN
tura ideal, predominando las evo·
rostro desaparecida, algunos de altura, podría asimilarse a la parte nífica calidad. Funcionalmente, lo
sus mós relevantes rasgos estilísti· central del sinus de una estatua mayoría decoraron los estancias de
cose iconográficos, a saber, la eje- togada o ol muslo vestido de cual- prestigio de los casas y sus mue-
cución alargado de la membrana quier género de escultura icónico; bles, o sus peristilos, jardines y
de los párpados, el gesto mórbido otro, 38,8 cm de alto, corresponde pequeñas fuentecillas. Pompeya y
y vivaz de la boca, la frente alta, o un torso femenino ataviado con Herculano ofrecen las mejores
las amplios mejillas y la disposición chiton (o funica) ceñida bajo los manifestaciones de estos ambien-
del peinado, formado por escasos pechos con cingulum, lo que lo ads- tes, donde la acumulación de esta-
mechones alargados que confor- cribe a una estatua icónica femeni- tuillas y muebles marmóreos generó
11
man un característico flequillo, na, o al simulacro de una diosa auténticos Marmorgarten" o, inclu-
11
acreditan una datación en edad como Diana, Artemis, Ceres, so, "Mormor-Paradeisos • Pero
claudia-neroniana, similar a la de Abundantia .. frente a los testimonios campanos,
otros retratos infantiles de rasgos La plástica ideal está compues- en ciudades provinciales como 1/ici
similares. Por demás, la escultura ta, en su mayoría, por figuraciones estos composiciones experimenta-
funeraria sólo está constatada por de género, en alguna ocasión tra- ron un fuerte grado de reduccionis-
un fragmento de sarcófago con filó- sunto en pequeño formato de mo, en lo que a tamaño y conteni-
sofo o difunto docente, conservado arquetipos de conocidas estatuas dos se refiere, derivado de las posi-
en el antedicho museo, datoble de culto. De 1/ici proceden evoca- bilidades espaciales, económicas
hacia finales del siglo 111 o inicios ciones de Dioniso y de miembros e, incluso, culturales de sus habitan-
del IV y sin contexto arqueológico, tes, si bien en todos los casos el
aunque debe de proceder de una predominio de la temática báquica
de las necrópolis tardorromanas de imbuía estos espacios de connota-
la ciudad. ciones dionisíacas, bucólicas, casi
En época altoimperial, el paisa- paradisiacas, invitando al disfrute
je de los espacios y edificios oficia- de los placeres de la vida y al plá-
les de la colonia ilicitana debió cido reposo.
contar con las consabidas estatuas Al ámbito de lo dionisiaco cabe
y obras escultóricas propias del circunscribir tres hermae báquicos,
nuevo arte estatal, destinadas al de corriente producidos en serie en
culto del panteón oficial, de los
emperadores y a la autorrepresen-
tación de las elites locales. Pero
nada de ello se ha preservado,
como tampoco restan pedestales
epigráficos, a excepción del
dedicado a un emperador por
lechuza sobre mono
C. Maecius Celer. Sin embargo, los
referidos pedazos broncíneos
pudieron ser de estatuas de este de su thyasus, como Ariadna,
género, aunque no es cosa segura; Mercurio y Pan, pero también de
también los fragmentos escultóri- Venus y deidades de raigambre
cos, antaño empotrados en la oriental, como Attis y, acaso,
fachada de la Casa Consistorial, Sarapis. También parece probada
de "gran tamaño" a decir de la presencia de Minerva, la Palas
A. lbarra y de compleja restitución, Atenea griega, coma sugiere una
podrían ser evidencias de estos lechuza posada sobre una mano
Hermo arcaizante. Archivo fotográfico MAN
ciclos: uno de ellos, de 55,5 cm. de roto por la muñeca, labra de mag-
lo ClCUÍiuw romana de !a colonia lu!ia !l!ci Au9vsic
u~o oproxin:ación mquoo!óg;ca
Hermo dioni>íaca. Museo Arqueológica Nacional Herma. Oioniso o Ariadna. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Archivo fotográfico MAN
Madrid. Archiva fotagrófico MAN
talleres especializados y utilizados cuando Dioniso y otros miembros pequeño plinto sobre el que apo-
como remate de monopodia y tra- de su cortejo fueron recreados con yan sendas pezuñas caprinas, can-
pezophora de muebles, en particu- nuevas iconografías; una de ellas servando la izquierda todovia el
lar mesas, o de pilarcillos dispues- muestra al dios con el rostro imber- arranque de la pata cubierto de
tos en los jardines y peristilos de la be y un tocado en que priman ele- vello. El fragmento debió pertene-
casas, aunque hoy quien los englo- mentos vegetales vinculados con lo cer a una estatuilla de Pan estante,
bo en el grupo de los satyrica signa dianisíaca, especialmente enreda- que acosa ejerció como monopo-
que, a decir de Plinio (N.H. XIX, deras y pámpanos de vid; el otro, dium de un mueble. Ya fuero del
50), ejercian una función protecto- quizás evocación de Dianisa a de círculo báquico, a otro monopo-
ra en los hogares. Los hermae Ariadna, con peinado y tocado que dium pudo pertenecer, aunque no
ilicitanas siguen esquemas icono- encuentra óptimos paralelos en her- es cosa segura, una estatuilla de
gráficos muy usuales. El primero se mae procedentes de la villa romo- Attis joven o infantil, de la que resta
adscribe al género de los "arcai- na de Massorosa llueca, Italia), la porte del tórax ataviada con un
zantes", así llamadas pues se ape- Casa del Efebo de Pompeyo y típico atuendo oriental consistente
gan a tradiciones y reelaboracio- Torroca, la que acredita, si no la en un manto debo jo del que se dis-
nes derivadas del afamado Hermes procedencia de todos ellas de un pone una túnica de manga largo
que, hacia los años 450-440 a.C., misma taller, sí al menas su inspira- (tunicafa manicata) abierta sobre el
labró Alcámenes, discipulo de ción en cartones iconográficas muy pecha y abdomen, al modo en que
Fidios, poro ser dispuesto delante o la moda y extendidos por todo el aparece en una estatuilla brancínea
de las Propyleas de la Acrópolis de Imperio. procedente del pecio de Soncti
Atenas; la nómina de las recupero- Otros estotuillas de miembros Petri (Cádiz); complementario su
dos en las provincias hispanas es del thyasus báquica sirvieron de atuendo con calzos persas (anaxy-
muy numerosa, siendo cada una ornato en las viviendas, a la par rides a bracae) y, acaso, con un
exponente de los múltiples varian- que formaron porte del mobiliario pedum o bastón de pastar, el syrinx
tes y reinterpretacianes que experi- doméstica. Así ocurrió can y una tiara frigia; igual tocado
mentó el modelo y sus derivacio- una esculturillo, desgraciadamente muestra una cabeza marmórea,
nes. Las otras das hermae siguen desaparecida casi en su totalidad, ocaso también de Attis, procedente
modas surgidos en el Helenismo, de la que sólo resto porte de un de la ilicitana uillo de El Bosquet,
149
nio de esta problemática. De forma- blemente sea creación del
to mediano [ca. ll O cm), su tamo· Helenismo Temprano [ca. 300
ño lleva a desechar su carácter reli- a.C.) atribuible a Cefisodoto el
gioso, público o privado, y a olor· Joven, hijo de Praxíteles. Confirma
garle una función, como a tantas tal atribución tipológ ico-iconog ráfj.
obras de similar sujeto y formato, ca el peinado de los cabellos.
en el ámbito de lo puramente deco· Además, como la Capitalina, la
rotivo, bien en una domus o en Venus ilicitano apoya en la pierna
algún edificio público de lo colonia izquierda, que se yergue recto, en
romana y ocaso como parte inte- lugar de hacerlo en la derecha al
Pezuñas de una estatua de Pan. grante del aparato ornamental de modo de la Cnidia, quedando lo
Museo Arqueológico Nocional. Madrid
una fuente o surtidor de agua que diestro abarquillada y avanzada,
así como un entalle de ágata con con la rodillo orientado ligeramen·
una preciosista evocación de! joven te hacia su opuesta y el talón del
amonte de Cibeles. pie sin apoyar directamente sobre
A un integrante del círculo la base. Esta impostación se tradu-
báquico, aunque también cualquier ce en lo consiguiente inversión del
otro personaje mitológico, debió movimiento de los brozas, siendo el
evocar una estatuilla desnuda sólo izquierdo el que desciende pegado
ataviada con una chlamys anudada al cuerpo hasta ocultar con la mano
sobre el hombro izquierdo con una el pubis, en tanto que el opuesto se
fíbula circular. Aunque asimilada pliego o la altura del pecho, solu·
con Hércules, su suave y delicada cienes éstas asimismo originales
anatomía sugieren incluirla en un respecto al modelo praxitélico. La
amplio grupo de evocaciones -bien afinidad con la Afrodita Capitalina
de deidades como Apolo y Dioniso, se advierte también en la disposi·
bien de jóvenes efebos-, caracteri- ción de la cabeza que giraba a la
zadas por cuerpos dulcificados, de izquierda a juzgar por la torsión
estructura idealizada, musculatura del cuello y la acentuado tensión
escasamente remarcada y desnu- Cabezo de Atis. Museo Arc¡uealágico Nacionol. del músculo esternocleidomastoi·
Mmlrid
dez de tono heroico. Estas figuras deo diestro. Referente al motivo
¡uveniles se insertan en la codeno contribuiría a remarcar la ambien- evocado, la ambientación puntual
de derivaciones de prototipos clási· tación temática del motivo evoca- de la Venus ilicitana se obtiene
cos del siglo IV o.C., que bien pudo do. Obro romana de arte culto mediante el recurso como soporte o
iniciarse a partir de algún original calada por los resabios artísticos un delfín montado sobre una barbo·
u originales de Praxíteles o de sus emanados de las formas clasicistas teante ola. De tal forma, la diosa
discípulos más inmediatos. que distinguen o los herederos de acredita su vinculación con la temá-
En ocasiones se suscita esc!are· lo Afrodita Cnidia de Praxíteles, su tico de reelaborociones tardías
cer hasta qué punto algunos de esquema tipológico y diseño arquetípi· sobre la base de la Capitalina que
estas imágenes de divinidades co evidencian estrechas analogías muestran a la deidad surgiendo de
jugaron un papel religioso o, por el con la Afrodita Capitalino, recono· las aguas del mar [Anadyomene),
contrario, rindieron un mero papel cida en la copia epónima romana lo que determina que el atributo
ornamental corno obras ornamenta- procedente de San Vitole [Romo) y que le acompaña sea un delfín. En
les y de prestigio en las domus conservada en los Museos realidad, para el tema escogido
romanas. Una estatua marmórea Capitalinos, cuyo origen se ha vin· bien servía la pose y actitud del
de Venus, conservada en el Museo culada a diversas épocas y trodi· tipo Capitalino pues en él se evoca
Arqueológico de Elche, es !estimo· ciones escultóricas, aunque proba- justo la instantáneo en que al salir
la úl(vi!urt: rc·"'(:nc e!~ !a (O.;on;o lo-/iD
UO(: Qf)rOX,n!(:(:Ó~ Wq<,OO!é,gico
Venus antes de la restauración. Museo Venus restaurada. Museo Arqueológico de Elche Cabezo de Venus. Museo Arqueológico de Elche
Arqueológico de Elche. Foto lmlitulo Arqueológico /~lemán, Madrid
foto Instituto Arqueológico Alemán, Madrid
151
capillitas domésticos donde se ren- Lisipo (340-31 O a.C.), que cobró
día culto o uno variopinto gama de gron difusión en époco romana
divinidades menores que actuaban mediante muchos réplicas y reela-
como genii o númenes protectores boraciones en bronce, coda uno de
de codo uno de las facetos de la ellas fruto de eclecticismos locales.
vida hogareño. En este grupo Otro grupo de esculturillos y
cabrío incluir, además de lo referi- relieves escultóricos ilicitanos de
da figurilla broncíneo de Venus o especial interés es aquel que
de otro diminuto esculturillo femeni- podría vincularse o, en todo caso,
na conservada parcialmente y derivar de lo difusión de cultos
acoso de Venus, un personaje sen- orientales por el Mediterráneo e
tado sobre uno roca, ejecutado en Hispanio, por lo demás lógico si
bronce o lo cero perdida y con consideramos la condición costera
aplicaciones de plato en los ojos, de 1/ici, uno colon io abierto o toda
cuyo modelado y acabado es de suerte de influjos -entre ellos los
fragmento de una escultura quizás de Venus. mediano calidad. Aunque ho perdi- religiosos- procedentes de Oriente
Museo Arqueológico de Elche
marsu-
do sus atributos (quizás el de la mono de comerciantes y otras
pium que aserio con su mano dies- gentes arribadas o lo ciudad por el
de en una testa de Ártemis conserM tro), podría identificarse con Porlus 1/icitonus. Un fragmento de
vado en una colección particular Mercurio ataviado con el único adi- placo marmóreo con sendos plan-
de Ronda (Málaga)-, según uno tamento de uno chlamys que, onu- tas de pies (plantae pedum), graba-
práctico sobradamente atestiguada dada sobre el hombro diestro, dos en bajorrelieve, podría relacio-
mediante esculturas e inscripciones cubre bueno porte del cuerpo, narse con estas cultos a pesar de
epigráficos. como acontece en un ejemplar del no conservar evidencia de epígrafe
Aportado especial merecen Historisches Museum de Luzern alguno. El origen de este tipo de
algunos figurillas, de bronce o már- (Suizo). Esto iconografía, con sus exvotos parece estor ligado al culto
mol y pequeño formato, usadas consabidas variantes, remite a un alejandrino de lsis, difundiéndose
cama aderezas decorativos, amule- renombrado original, creado en el desde Egipto por toda
tos, a destinados o los larario o siglo IV a.C. probablemente por el Mediterráneo antiguo.
153
También las villas del territorio Helenismo Tardío, que podría
ilicitano debieron ser proli¡as en tenerse como una simbiosis entre
ornamentación estatuaria. A la Eros y el Sueño (Hipno) o, más
cabecita de Attis de El Bosquet, correctamente, como una 1magen
cabe sumar tres interesantes labras de Somnus ba¡o la apariencia de
marmóreas que, halladas hacia un amorcillo, pues tiene alas en los
1862 en la villa de Algorás por temporales. Los otras muestran
A. lbarra, integran en la actualidad otras das imágenes de amorcillos,
las fondos del Museo Arqueológico derivados de un original surgido a
Nocional. La primera es un amorci- finales del Helenismo Temprano o
llo estante, con las piernas cruza- en el Helenismo Tardío; vencidos
das y vencido por el sueño; con por la acción del sueño, recostados
una antorcha invertida como atribu- sobre una piel de león y con atribu-
to, se trota de una réplica romana tos cama la adormidera, una clava
de una creación hibrida del o el arco y el carca¡, son alegorías
Cabeza de Sarapis. Museo Arqueológico Nacional de Eros-Hipna, que insinúan la
idea de la quietud de la sepultura y
de la recompenso gloriosa reserva-
da a Herodes en el más allá.
Erote dormido. Museo Arqueológico Nacionol. Erote dormido. Museo Arqueológico de Elche ..
Archivo fotogrófico MAN Archivo fotográfico /v',AN
IS4
EL ARMAMENTO
ALBERTO J. LORRIO *
156
El ormomento
AlSERTO J. lORRIO
clásica curvatura cóncava en su ter- Se observan las tres anillas de sus- Finalmente , es posible que
cio inicial, lo que produce la red uc- pensión propias de estas fundas, varios fragmentos de un brazo, con
ción de la anchura de la hoja, dos en la zona del dorso y una en la mano cerrada, pud iera n repre-
para, a continuación, iniciar una la del filo, que evidencian la locali- sentar a un guerrero asiendo un
convexidad que termina en la arma ofens iva, qu izás una lanza o
punta, alcanzando hacia la zona una falcata (Ramos Molino , 2000,
med ia de este tramo su máx ima 23, lám . XII), lo que confirmaría la
anchura. Sobre la ho ja se han presencia de una muñequera, tam-
representa do las ca racterísticas bién utili zada por el guerrero con
estrías, bien conservadas en su ter- escudo.
cio inicial , no siendo visibles en el
resto de la pieza, incluyéndose en Armamento defensivo. Destaca,
el grupo de las que arrancan en sin d uda, el torso de guerrero pro-
dos series de líneas, unas paralelas visto de un pectoral decorado con
al dorso y otras al filo (Cuadrado, Detalle de lo vaina de uno lolcolo una cabeza de lobo (Ramos
1989, 10). No se conserva la
empuñadura, elemento clave para
la cla sificación de estas piezas, zación de dos de las abrazaderas
quedando únicamente los restos de o refuerzos transversa les metálicos
la guarda basa l. En el lado izquier- de las vainas, de 8 cm de longitud
do del guerrero se observan los res- cada una , separadas en tre sí
tos de la va ina , que parece pender 6,5 cm (la anilla su peri or del dorso
del cinturón mediante una correa formaría parte, junto con la única
con anilla (Ramos Molino, 2000, del filo, de la primera guarn ición,
28). la longitud de la hoja se apro- mientras que la segundo del dorso
xima a la media establ ecida por lo haría de la segunda gua rnición,
Quesada (1997, 85) en 48,9 cm, carec iendo de pareja). l as anillas
mientras que sus diferentes anchu- deberían atravesar el cintu rón por
ra s (basal, mínima y máxima) supe- medio de o jales abiertos en el
ran las de la mayoría de los e jem- cuero, lo que parece más probable Guerrero con disco·corozo
ALBERTO J. LORRIO
de bronce, aparece decorada con caría la reducida anchura conser- escultórico se conserva el reborde
una cenefa q ue rodea la pieza , vada . A diferencia de otras repre- orig inal de la pieza , lo que permite
reprod uciendo un sogueado de tra- sen taciones de cnemides o grebas, conocer su diámetro total, que sería
dición orienta lizante, realizado como las documentadas en el con- de unos 43 cm . Presenta una mani-
mediante repujado. Presenta forma junto de Porcuna (Negueruela , lla del modelo llamado " de aletas",
curva, adaptándose a la anatomía 1990, 157), en las que la pierna una invención orig inal de los ibe-
de la pierna , protegiendo la zona aparece envuelta por una pieza ros, rea lizada en hierro forjado
entre la rodilla y el tobillo . Se ciñe seguramente de cuero sobre la ql!e (Cuadrado, 1989, 84 ss.; Stary,
a la pierna mediante correas que sitúa la greba metálica, el ejemplar 1994, mapa 1O D; Quesada ,
hay que suponer de cuero, fijadas de La Alcudia carece de cualquier 1997, 502 ss.). Está formada por
a la pieza metálica por medio de otro elemento protector. una chapa cilíndrica, o empuñadu-
unas pestañas, no observables en Otras piezas de gran interés ra propiamente dicha, cuyos extre-
el ejemplar ilicitano, aunque sí son dos fragmentos en los que apa- mos se prolongan constituyendo las
documentadas en las piezas broncí- recen figuradas la zona interna y aletas de fijación al armazón del
neas conocidas, como los e jempla- externa, respectiva mente, de sen- arma , de forma triangular, perfil
res, que formaban parte de tumbas dos escudos. continuo y generalmente planas,
con ajuares aristocrá ticos, de Can La primera (Ramos Molino , aunque en el ejemplar de La
Canyis, Mas de M ussol 2000, 25 , lám. XIV) reproduce la Alcudia presen ten una cierta conca-
(Tarragona), La Solivella (Castellón) zona correspondiente a la empuña- vidad, estando ligeramente sobree-
o Cabezo Lucero (Alicante) (Dehn, dura de un escudo circular, ligera- levadas en la zona más próxima a
1988, figs. 5- 7 ; Quesada, 1997, mente convexo en su interior, con la empuñad ura. Estas aletas se fi jan
588, fig. 333) . Del lado izquierdo restos de pintura de color rojo. En al cuerpo del escudo, que sería de
de la pieza, respecto de la posición la parte inferior del fragmento madera revestida de cuero,
del guerrero, parten dos cintas, mediante varios remaches, obser-
cuya disposición coincide con la vables al exterior, lo que expli-
identificada en el conjunto de caría su ausencia en este
Porcu na: una rodea la p ierna por ejemplar. Sí se han repre-
encima de los músculos gemelos, la sentado, en cambio, las
otra lo hace por la parte inferior de anillas de suspensión de
la pantorrilla (Neg ueruela , 1990, la correa , no reprodu-
157, lám . XXXII), fijando la pieza cida, que permitía
en el lado derecho mediante una
lazada en cada caso. Esta forma
de sujeción resu lta semejante a la
observada en el disco-coraza ,
pieza con la que puede relacionar-
se estilísticamente, aunque su dife-
rente procedencia impide asegurar
que pudieran haber formado parte
del mismo con junto. Una detenida
observac ión de la pieza permite
observar, en su parte superior, una
impronta , de 12,5 cm de long itud y
Escudo redondo empuñado
tan sólo 2 de ancho, que cabría
interpretar como la huella dejada
por un arma, quizás una falcata ,
parcialmente exenta, lo que expli-
159
su transporte, colgado en bandole-
ro. Se trata de sendas presillas, una
en cada aleta , que atravesarían el
armazón del escudo y de las que
pendería, en la zona interna, una
anilla en cada caso, aunque, en el
ejemplar estudiado, sean dos las
reproducidas en cada aleta, de
tamaño ligeramente desigual (3 ,2 y
3 cm, respectivamente) . La empuña-
du ra no es visible al aparecer
enmangada, aunque sus dimensio-
nes son de 8,5 cm de longitud por
2,5 cm de anchura, lo que coincide
con la media paro este tipo de
objetos. La longitud de la manilla
-de la que se conservan 34 cm a l
estar fracturada , siendo su anchura
máxima de unos 4,5 cm-, debió de
superar ligeramente los 40 cm,
toda vez que sus dimensiones son
algo menores a l tamaño natural ,
siendo asimilable al tipo lilA 1 de
Quesada (1997, 504, fig. 2901,
modelo cuya longitud media se
sitúa en torno a 37,2 cm. Por detrás
de la mano, y por deba jo de la
empuñadura, aparece una pieza
de forma rómbica de lados curvos, Exterior de escudo redondo con umbo. Foto Instituto Arqueológico Alemán, Madrid
seg uramente de cuero, que prote-
gía la mano del guerrero del roce
con el escudo, amortiguando los ráneo al de La Alcudia , realizado cuerpo del escudo por medio de
golpes recibidos; para Cuadrado en bronce (Cuadrado, 1989, 85, un roblón central , de cabeza
(1989, 871, a partir de ejemplos fig . 36, 101. Aunque fracturado, se redondeada, de 2,5 cm de diáme-
más modernos, se trataría de un conserva el radio de la pieza, lo tro. No se trata de un tipo de umbo
"coj incillo" o "almohadilla" rellena que perm ite saber que alcanzaría habitual entre los iberos, más com-
de lana en rama. El guerrero porta, un diámetro de unos 41 cm, 1 1 de plejos y genera lmente provistos de
asimismo, una muñequera, posible- los cuales corresponderían al rebordes, aunque se puede mencio-
mente también de cuero, fijada por umbo, cuya altura seria de 5,6 cm, nar un ejemplar de hierro de la
medio de sendas tiras anudadas. dimensiones que, como hemos sepu ltura O de la Hoya de Santa
El segundo fragmento escultó ri- señalado, deberían ser ligeramente A na (Aibacetel, hemiesférico y sin
co (Ramos Molino, 2000, 26 s., mayores en los ejemplares rea les re borde, con un diámetro de
lám . XVI reproduce la zona exterior que sirvieron de modelo. El umbo, 9, 1 cm (Biánquez, 1990, fig . 861,
de un escudo redondo, ligeramente de forma circu lar, está formado por que Quesada ( 1997, 5 161 cons ide-
cóncavo, con umbo metálico, segu- dos piezas troncocónicas de diáme- ro dudoso, incluyéndo lo en su
ramente de hierro, aunque se tro decreciente superpuestas, care- g ru po IV, donde recoge un reduci-
conozca algún ejemplar, contempo- ciendo de reborde; se f ijaría al do número de piezas atípicas.
i\L8f:RTO j lORR!O
A ambos lodos del umbo, dos pare- diámetros entre 60 y 40 cm, y de algunas exvotos ibéricos
jas de sendos remaches (de los que menores de 40 cm, respectivamen- (Nicolini, 1969, 120 s., figs. 1-2 y
se conservan 3), de diámetro simi- te, englobándose los e¡emplares de 5; Ruana, 1987, 1, 429, fig. 41), a
lar al roblón central, deben ponerse La Alcudia entre los primeros. veces también provistos de cimera.
en relación con el anclaje de la Finalmente, cabe mencionar Como se ha señalado, parece
manilla, con seguridad un ejemplar una cabeza, muy erosionada, de probable que todas las esculturas
del tipo de aletas. Hoy restos, ape- guerrero tocado con un casco integraran una o varios
nas identificables, de una de las (Ramos Molino, 2000, 12 s., lóm. grupas escultóricas, que para
fijaciones de las anillos de transpor- 111), de cuero, de forma redondea- Almagra-Garbea (1999, 15 ss.)
te, de la que apenas han quedado da, con guardanuca y rebordes formarían parte de un heroon desti-
vestigios, localizada en el extremo reforzados. Su tomoño, clase de nado a ensalzar a los antepasados
de la manilla, ocupando una posi- míticos de la monarquía ilicitana,
ción centrada respecto a los rema- cuya ejecución cabría situar entre
ches pareados. El escudo presenta, mediados del siglo V hasta el IV
sobre su superficie y en relieve, los a.C. (Almagra-Garbea, 1999,
restos, de 1O por 4 cm, de lo que 13), y que habrían sido destruidas
podría ser una falcata que atravie- intencionadamente y reutilizadas,
sa el escudo (Quesada, 1997, 67), la mayoría de ellas, en lo pavimen-
de la que tan solo es identificable el tación de la "calle del santuario",
dorso, liso, representación ya cono- la que habría ocurrida a fines
cida en una de las esculturas de del siglo 111 a.C. según Ramas
Porcuna (Negueruela, 1990, lám. Fernóndez (1995a, 115), para
XXXV,B). quien las esculturas procederían del
Se trata en ambos casas, de
1
templa ibérica ¡unta al cual se loca-
piezas representadas en altorrelie- lizaron. Entre tales esculturas se
ve, que podrían formar parte de encuentren algunos de las ereccio-
una misma composición, como nes más representativas de lo que
demuestran sus similitudes en cuan- P. León (1998, 37 s., 60s.) halla-
to a su forma, redonda y cóncava Cabezo con cosco. mada el "estila de Elche", que,
Foto Instituto Arqueológico Alem6n, Madrid
al exterior (y convexa al interior), según la autora, conocerá su apo-
sus dimensiones, o el tipa de mani- geo a finales del sigla V y durante
lla utilizada. Aunque no resulte piedra y el hecho de haber sido el IV a.C., aunque su cronología
habitual entre los iberos, lo existen- hallada en una zona próxima al pudiera ser alga anterior.
cia de escudos cóncavas es señala- guerrero con fa/cata hizo pensar a Dicha cronología parece ade-
da por Estrabón (3, 3, 6) ol descri- Ramas Fernández (1975, 112) en cuada par lo que se refiere al arma-
bir la caelra de las lusitanos, docu- la pasibilidad de que tales hallaz- menta reproducido, aunque na
mentándose igualmente en algunos gos pudieran corresponder a una siempre las representaciones icono-
exvotos ibéricos (Nicolini, 1969, misma figura. Para Quesada gráficas encuentren su correlato
177, fig. 52), en diferentes repre- (1997, 566), el modela resulta con las hallazgos de armas reales,
sentaciones iconográficas (Stary, similar, aunque simplificada, can el corno han demostrada las restas de
1994, 115), así como por lo exis- representada en Porcuna, de inspi- varias falcatas que formaban parte
tencia de algunas pocas monillos ración jonia. lgualmente 1 se aseme- del can¡unta escultórica de
doblados en esa posición ja al que parta el "guerrera de La Porcuna, fechada en la primera
(Cuadrado, 1989, 84; Quesada, Bastida" (Mogente, Valencia) mitad del sigla V a.C. (Negueruela,
1997, 528). Par la que respecta al (Kukahn, 1954), aunque cama en 1990, 302 s.), posiblemente antes
tamaño, Cuadrado ( 1989, 82 ss.) Porcuna el casca presente un pena- del 480 a.C. (Almagro-Garbea,
ha individualizado dos tipos, con cho a modo de cimera, así como al 1988, 64 s.; Id., 1999, 16), mien-
tras que las dotaciones más anti- des marcadamente aristocráticas, res funerarras (vid. supra). Su posi-
guas para ejemplares reales de fal- que desaparecerían, como ha seña- ble representación en el fragmento
catas se sitúan a partir de ca. 440 lado Quesada (1997, 583), a fines que reproduce una greba, confir-
a.C., fecha propuesta para la del siglo V o inicios del IV a.C., maría el uso conjunto de ambos ele-
sepultura 11 de Galera, pudiéndo- siendo sus mejores ejemplos en la mentos.
se fechar los restantes hallazgos a plástica ibérica los conjuntos escul- Además de las piezas escultóri-
3
partir de finales del siglo V o inicios tóricos de Porcuna y La Alcudia de cas , cabe referirse a un e¡emplar
del IV a.C., momento en el se gene- Elche. Similar sería el caso del de machaira (nº ínv. M.A.N.
raliza su uso (Quesada 1997: casco, asimilable al modelo repro- 986/149/188)., arma considera-
80-82). ducido en Porcuna, lo que permiti- da corno el antecedente de la falca-
No obstante, mientras que la ría fechar el modelo a inicios del la ibérica. La pieza, procedente de
manilla o el umbo de los escudos siglo V a.C., coincidiendo así con La Alcudia, habría ingresado en el
figurados en La Alcudia correspon- la datación propuesta por Kukahn M.A.N. con la Colección de lbarra
den a modelos más evolucionados (1954, 150) para el guerrero de La Manzoni, de acuerdo con Ramos
que los reproducidos en Porcuna, el Bastida de Mogente, que sitúa Fernández (1975, 112, 292, lám.
casco, el kardiophylax y las grebas hacia el "fin de la época arcaica o CLXVIII, fig. 3'). aunque posterior-
remiten a un contexto muy próximo ya al comienzo del siglo V a.C.". mente se perdiera la referencia
al representado en el conjunto jien- Diferente parece ser el caso de correcta sobre su procedencia 1vid.
nense, lo que no impide necesaria- las dos representaciones de escu- Quesada, 1997, 130, nata 2). El
mente su datación más moderna. dos, cuya cronología no parece ejemplar, ya identificado por
Efectivamente, grebas broncíneas posible remontar más allá de ini- Cuadrado (1989, 55) como una
similares a las reproducidas consti- cios del siglo IV a.C. La manilla machaira, ha sido estudiado por
tuyen un tipo característico que se corresponde al tipo de empuñadu- Quesada (1997, 129-132, fig.
documenta, desde el Languedoc al ras con aletas triangulares desarro- 70,3, lám. IV,B). Se trata de una
Sureste peninsular (Dehn, 1988, lladas, grupo 111 de Quesada, espada curva a la que le falta la
186). en sepulturas aristocráticas características del mundo ibérico empuñadura, que presenta nota-
fechadas entre mediadas del sigla del Sureste y la Alta Andalucía bles diferencias con las falcatas
VI y la primera mitad del V a.C. desde inicios del siglo IV a.C. ibéricas, de aspecto más achapa-
(Quesada, 1997, 586), pudiendo (Quesada, 1997, 502). Una crono- rrada y maciza, al presentar hojas
desaparecer, de acuerdo con logía similar debe plantearse para de mayor longitud (82 cm del ejem-
Quesada (1997, 590). a inicios el escudo del que se reproduce la plar ilicitano, frente a los 48,9 de
del sigla IV o incluso antes, toda cara exterior, al ir provisto de una media de las falcatas). carecer de
vez que su presencia no está regis- manilla similar, identificable por los acanaladuras en la hoja, o del
trada en ninguna sepultura de los clavos de fijación, y presentar un característico filo dorsal en el tercio
siglas IV-11 a.C. Por su parte, los umba de pequeño tamaño, muy dis- final de la hoja, presentando un
hallazgos peninsulares de tinto de los grandes chatones de grueso nervio trapezoidal a lo
discos-coraza presentan una cro- bronces propios del siglo V a.C., ni largo de todo el darso 5 . Para
nología del siglo V a.C., aunque se de los umbos con prolongaciones Quesada (1997, 131 ss.). se trata-
conozcan algunas ejemplares más radiales, derivadas de aquellas ría seguramente de un ejemplar itá-
recientes, ya realizadas en hierro, (Quesada, 1997, 508 ss.). lico, dado su dorso muy curvado,
fechables en el siglo IV a.C., prefe- Finalmente, la falcata no permi- pudiendo dotarse en el srglo VI o
rentemente en el primer cuarto a, te hacer mayores apreciaciones, primera mitad del V a.C.
todo lo más, hacia mediados de la toda vez que su presencia es cono- El Museo alberga, entre las
centuria (Stary, 1994, 103 s.; cida por la iconografía desde ini- materiales procedentes del nivel al
Quesada 1997, 575). Tanto las cios del siglo V a.C., aunque sea a que corresponden las esculturas, un
grebas como los discos-coraza inicios del siglo IV cuando su pre- fragmento de hoja de 19,5 cm de
serían armas propias de socieda- sencia se haga habitual en los ajua- longitud, 4,9/4 cm de ancho, y
162
El armamento
AlBERTO J lORRIO
--
una central, que es !a prolongación
de la hoja, recubriéndose por sen-
das piezas de material perecedero,
no conservadas, y dos chapas exte-
riores, enterizas con la cruz, recta,
o
remachadas sobre ellas; en gene-
':. ~(. :
ral, tanto el glóbulo central como el
i"
del pomo ofrecen una arandela de
1 2
bronce, repujado y moldurado
(Cabré, 1990, 221), de la que
o 3
todavía quedan restos en el reverso ¡.
-=-
del ejemplar de La Alcudia. Se trata
de un tipo de arma, de origen celti-
bérico, cuya presencia resulta fre-
cuente en buena parte de la
Hispania céltica desde el siglo 111
hasta el 1 a.C. (Lorrio, 1997, 183,
190, fig. 8,B), aunque también se
-· ~-
conozca algún ejemplar en el ámbi-
to ibérico peninsular (Quesada,
3
1997, 294, fig. 173). La pieza,
que aparece enfundada, presenta
vaina toda metálica, con estructura
guarnecida con cañas de perfil en
U, dos travesaños de refuerzo en el
Puntas de lanza o de jabalina ll·J) y fragmento de un cuchillo lti)
reverso, con los restos de una de
las anillas de suspensión en el más
próximo a la embocadura, en su los modelos celtibéricos, por pre- Ramos Fernández, 1976, 23),
lado izquierdo, y pequeña contera sentar la parte superior del pomo actualmente perdidos. Por su parte,
discoidal, todo ello de hierro, en forma de creciente y por sus vai" Ramos Folqués y Ramos Fernández
enmarcando una chapa de bronce nas con cuatro anillas de suspen- (1976, 116 s.) mencionan "un frag-
enteriza, sin restos de decoración, sión (Cabré 1990: 222; Feugine, mento de puñal de hierro", fechado
en el anverso, y los restos de otra, 1993, 163 ss.). en época imperial, quizás ídentifi~
peor conservada, en el reverso. El Además de estas piezas, exis- cable con los restos de la empuña-
puñal fue publicado como una ten noticias relativas a los hallaz- dura, formada por tres chapas de
pieza ibero-romana procedente de gos de un fragmento de hoja, "pro- hierro, entre las que se sitúan dos
los niveles fechados entre el bablemente de falcata" (Ramos de bronce, decorativas, únicamente
42 a.C. y mediados del siglo 1d.C. Folqués, 1953b, 116 s.), asociado visibles en la parte superior del
(Ramos Fernández, 1974, 79) 6 a materiales de época republicana, mango, y el arranque de la hoja de
Corresponde a un modelo en el que y algunos fragmentos de falcata, un cuchilla (LA-598), conservado
se inspira el parazonium utilizado procedentes de nivel E, fechado en el Museo Monográfico de La
por las tropas romanas a partir del entre época bárquida y mediadas Alcudia. Entre las armas de asta
siglo 1 d.C. caracterizado, frente a del siglo 1 a.C. (Ramos Folqués y cabe mencionar el hallazgo de "un
pilum de 11 cm de longitud y un hallazgo de algunos glandes mar- 1989, 230), fechados hacia los
fmgmento de otro", no conserva- cados, que procederían de diversos siglos 11-1 a.C. Reproducen jinetes y
dos, al parecer asociado a materia- yacimientos de la zona. algún infante formando parte, en
les de época romana republicana Las evidencias se completarían general, de escenas cinegéticas,
(Ramos folqués, 1953, 116 s.). con un conjunto de representacio- que ilustran relatos heroicos de tipo
Además, habría que añadir tres nes sobre cerámica (Ramos mítico. Aparecen provistos de
puntas de lanza a jabalina muy Falqués, 1961 a, 170; Id., 1990, armas arrojadizas, a veces con !a
afectadas por la corrosión, conser- láms. 63, 67,1 y 4, 71,1, figs. 97, representación de! amenfum o
vadas en el citado Museo. Dos de 111, 113, 115, 119,2; Maestro, correa de impulso (Ramos Folqués,
ellas, con las puntas fracturadas,
presentan hojas de secciones
losángicas, sin nervio central, y
enmangue tubular, con una longi-
tud de 14,5 (LA-3403) y 16 cm
(LA-3399), respectivamente. La ter-
cera (LA-3396), de 17 cm de longi-
tud, y sección igualmente plana,
está rota a la altura de su tubo de
enmangue, no conservado.
El conjunto se completa con un
1
número reducido de proyectiles de
honda, que aunque aparecidos en
superficie o, al parecer, con mate-
riales altoimperiales (Ramos
Folqués, 1953b, 113; Ramos
Folqués y Ramos Fernández, 1976,
23), deben considerarse de época
republicana (Feugere, 1993, 104
s., 209 ss.), como lo confirman los
frecuentes hallazgos de glandes de
plomo aparecidos en la Península
Ibérica desde inicios del siglo
1 a.C. hasta las guerras civiles
(Quesada, 1997, 477). El Museo
Monográfico de La Alcudia alberga
13 glandes de plomo con la carac-
terística forma bicónica de extre- 4 5
mos apuntados; sus dimensiones
oscilan entre 5,4 y 3,5 cm de longi-
tud, 2 y 1,1 cm de diámetro y 60,3
y 31 ,2 gr de peso. La presencia de
proyectiles de honda constituye la
evidencia de combates, siendo
habituales en lugares de sitio, aun-
que excepcionalmente puedan apa-
Representaciones de armas sobre cerámica o diferentes escalas:
recer formando parte de arsenales. ormos orrajodizos (1·21 con amentum (4), puiial de: ontc:nos (7), cosco (3-5), escudos ovalc:s (5, 6, 7), caelra
lbarr·a (1926, 60) menciona el (6), protección corporol(2·31
1990, lám. 63, abajo-derecha), poseen también visera y penacho, representado escudos ovales, por-
aunque en un caso porte una espo- modelo que recuerda a algunos de todos por infantes, así como una
da o puñal de empuñadura de ante- los identificados en la iconog rafia coetro o escudo circular, asociado
nas. Estón tocados a veces con cas- monetal (Lorrio, 1995, fig. 1,E-e], a un guerrero yaciente, siendo más
cos provistos de guardanuca aunque en otros cosos lleven mode- difícil determinar la posible utiliza-
(Ramos Folqués, 1990, lóm. 63, los cuya interpretación entraña ción de algún tipo de protección
abajo-derecha), que por !o común mayor dificultad. También se han corporal.
l Oue¡emOI mon,fc¡taf nuestm ag•r.dccimicnto el D1 lkHIÍn 3 Cubo rdcrir1c. tombiü, a un frcgmcnto dü 1illw c>r¡¡,riiNtónico de ,j El c:uiOt lu<o G{CCIO e: Id mformación <= lwv&¡ cid ~r.lor.cc> dirc¡.
Almcgro Gorhe.:;, p~r IUI inlerCH1~tcs sugelencilll 1obrc dibcn· piedw éolizo, aparecido~~~ 1955 en lo pode inferior de lo mure tor del M A N . Moriin ¡\lmogro Bc.1ch (Rc:f~:cl R~:mo;, com<Jn,¡c
tc1 o¡peclol del trabajo, ol Dr. Rdaol Rcmo1 l'ermindez, por lla de levontü, en el que lf reproduce en bo¡or¡dieve lo1 cuc:rloo (ión pmonc:l)
habernos propcróonado información sob'e lo procede1Kio de lo lrc\crOI de un wbollo, o1i como un ¡;neie. c:pcno1 idcntifitob!c, 5 Cuc:drc:do (1989, 55]. no ob¡lontc, wiwla que le: pun!G de k:
mathoiro, a D. Alejandro Romos 1\',o!ino, po' su wloboración al por!c:ndo une lunw en ri¡tre, que Jobre1ole por encimo de in colo pieza co muy aguda y do doble lib. corl!rodiciemk por icmto lo
b:ilito1nos el onólisis de las piezo1 düpositadas en Mu1eo del animoi(Romo1 /~.o!inc 2000. 96. kim. lXXIII). Má1 que con1i· dúo por Oucscdc, lo que k lícv6 e cbificor lo p1cia como une
Monogr6fico de lo f1kudio, o D ' Concepción Pcpi Redes por dcror le: pieza como contemporánea de lo¡ onteriormen!e mwliz-.. ·machairo ibcricodo', 'poliblc,,cntc el nnxo con lo ho¡(: de bl
propoicionarno¡ informnción relativa e• los armes de lo ColeC(ión do1 (Chopo, 1980, 178 y 862), cobc plcntec:r vnc dotocián má1 cc:tq ibilrica'
ibar1o en el Mu1eo Ar<¡veol6gico Nocional., y o D.'',',',_' Dolorc1 moderno, dodc 1u ¡imilit~d con alguno de !a1 relieve¡ de Ü1una
Sónchez de Prado. e r;uicn se debe !o realización de lo~ dibujos (Scvilk,l (Gorcio y Bellido. 1980, fig 70) y, wbrc :odo, .;on ia1 ó Oucwdo p997, 291.]. el abordc:r el o;ludio de !o1 puíi.olcl biglo
a line~: ¡inclel lonccro1 mproducído1 en lo iconogrclio IIXMctol(vid., bulorc1, hcce rdcrcncin G "" frasmenlo de puiial con1crvodo en
1obrn el origen del ¡inctc !onwo, Alrnogro-Gorbnc., 1995,242 el Mu1co de la fllcudio, que idcnlifico con el public.c:do po1
2 Cite 01 el co~o de "un hogmc11to Gc contero de lo ~c:ino de uno
11.). lo ligur¡: del hüoc/iinclc ormc:do con !anzo, prc1Cn!e 011 los Ramo; fo!qué1 y Romo1 fcrn6ndcz (1976, 38) .;orr,o "un lrc:gme11
c~pcdc", de 3,5 cm de oncho, y une' punto de pilvm", de 3,9
ocuiiccione¡ de Hierón 11, que impircron el ¡;nctc lonccw cdoptc: la de puñal, de hierro", ptcccden!c de! c¡tro!a C. y, por lr.nlo, )'C:
.;rn de longitud, pertcnc,icntcs a le Colee(ión !borra dol Mu<eo
do en Hi1pcnia, 1c gencroiizcrio por d prc;ligio de !o caha!lcria de época imperial rorncno, piCZi> identificoble rne¡o, <:011 olro,
Atqvco!ógico Nocioncl[n··· '"''- 17528 y 17552. rClf)C(tivorncn· h:gmenlr:dc: (lA-598]. que hemo1 interpreioc:o corno un po1iblc
te). dc1oporccida1 en lo c<:tvolidüd [Concepción Popi, comunico· mawdónicc Ira¡ Ale¡ondto 1\',cgrlo, populoriúwdo;c, n p(i<lir del
¡iglo IV o C., cnlte lo! otisto~rc:cic:l e;:uo\IICI d~ dilcr~nlcl regio· cuchillo
ción pcr\onal). Por 1u pOIIe, Ramo1 fernández (1975. 292.1i:m
ClXVIII, lig. 3). 1ciia!o !o pre1Cncio. en drcho CoiNció11, de varios nc1 {Airncgto-Gorbca, 1995, 21.3).
fragmento~ de lalcoto1, CIÍ como de un c¡emp!or de SO cm de Ion·
gitud, idcnt;ficodo como uno mochairo [vid. ínfm)
los PROGRAMAS 0RNAMENTALES
1--rnruro y /\tloSolcu
INTRODUCCIÓN
1 o
se a partir del sig lo 111d.C. , momen-
to que representa la consolidación
definitiva de los ta lle res provincia-
les con la adopción de la técnica
polícroma y con la con figuración
de su propia persona lidad . Se tra ta
de un mosaico que pavimenta la
totalidad de la nave de la basílica,
rea lizado con teselas de color azu l,
blanco, rosa y amarillo, y con la
presencia de tres inscripciones. Su
decoración es geométrica y consta
de tres grandes fajas longitudinales
o rnadas con elementos geométricos
Mosaico polícromo de uno coso de fuero de los limites de lo Alcudia muy comunes -tipo meand ros-
(Ramos Fernández, 1983c,
lo componen se han extraído de cos de Ostia caracterizados por las 68-73 ). Tanto su diseño como su
forma aislada de la composición e grandes composiciones unitarias. decoración lo sitúan a mediados
insertado en pequeños comparti- Además de otros mosaicos del sig lo IV d. C. y demuestran su
mentos cuadrados y rectangulares como los de Galatea - margen dere- vincu lación esti lística, tem ática y
-delfines, tritones, faisanes y pavos cha del Vinalopó- (Ramos compositiva con pavimentos halla-
reales- que rodean un cuadro cen- Ferná ndez, 1975, 28-31, lá m. dos por ejemplo en la villa de Los
tral con diversas representac iones XIV) y mosaicos pendientes, esca- Cipreses en Jum illa (Mu rcia) (Pa lol,
animalistas -felino, jabalí, toro y un sos en la zona como los del 1967) así como con los de los alre-
d edores de la ciudad (R amos
Fernández, 1975), por consiguien-
te, es clara la generalización y difu-
sión de este tipo de mosaico en el
litora l levantino.
Pintura Mural
do se crea la Fundación de La
Alcudia; no obstante, son los dos
últimos, los que pueden adscribirse
a sectores y edificios conocidos en
el propio yacim iento, lo que facilita
su estudio y la obtención de una
mayor fiabilidad. la mayor parte
de estos restos pictóricos, localiza-
esta fecha (Ramos Folqués, 1946, del busto de una figura femenina
154-155; ídem, 1953, 110-123 velada y alada de excelente ejecu- círculo rojo bordeado de puntos
y Ramos Fernández, 1992a , ción , hoy día en pésimo estado de blancos y cuyas hojas están forma-
155-158) y los posteriores a conserva ción (ídem, 1975 , 189, das por dos segmen tos de círculo,
1999, estos últimos obtenidos cuan- lám. Clll). De los sectores 5-E con fondo azul y tambi én delimita-
171
ellos y recorridos exteriormente por suroeste 1 y el otro en el sector este 2 .
un filete liso y otro denticulado que La primera todavía en proceso de
no ofrecen ninguno duda de su ubi- excavación, conservo algunos frag-
cación, pues en el reverso se apre- mentos de pintura mural de fond o
cian las improntas del cañizo pro- blanco, con la representación de
pio de esta zona (Abad, 1982, 32 , algunos dibujos de tipo caricatures-
fig. A.2 .1. 2.1 0.2e). Esto imitación co en color neg ro. Aunque ésto
OTROS HALLAZGOS
tes termales o zonas de vivienda de flores que a l igual que aquí,
Junto a los materiales expuestos relacionadas con el agua como aparecen abiertas y cerradas y
a nteriormente, localizados algunos puedan ser los ninfeas y de los que posiblemente hagan relación a l día
in situ y otros fuera de contexto, se tenemos tantos ejemplos en las ciu- de la rosa , costumbre de origen
g riego propia del culto de Dionysos
y Ado nis (Abad y Benda la, 1975 ,
31 O, fig . 5). La decoración, proba-
blemente del techo, consiste en una
serie de flores rojas en fo rma de
capullo que comienzan a abrirse,
negras y amarillas con tallo verde
en las que pueden observarse cla-
175
Detalle de tinaja con compo1ición vegetal (E 1tilo 1 ilicitano! Pequeño recipiente con decoración de
tollo + brote + e1pirole1 (E1tilo 1 ilicitonoJ
comunidades ibéricas. En este sen- carga simbólica de esta iconogra-
tido el enclave ilicitano de la fía que compone el que hemos
Alcudia (Elche, Alicante) se convier- denominado estilo 1 ilici tano; pintu-
te en un lugar privilegiado porque, ras que aparecen, sobre todo en
como ya hemos indicado en otras cá latos, jarras de boca trilobulada
ocasiones1 es el único yacimiento y tinajillas.
que nos permite constatar el deve- Toda esa carga simbólica, con
nir de los estilos pictóricos que allí las influencias y las modas roma-
se desarrollan 1 marcando su etapa nas, se reconduce en torno al cam-
de apogeo y declive. Se aprecia, bio de Era a una diversificación del
además 1 la existencia de un código soporte vascular y a una reducción
iconográfico, que se encuentra de los tamaños de los recipientes;
latente en las representaciones zoo- mientras que en el terreno icono-
morfas, con unos tipos principales gráfico se asiste a una esquemati-
que son el ave y el lobo, Y otras filo- zación de la iconografía represen-
Interior de tocila decorado con ro¡tro de perfil que, en
morfas que ofrecen una reiteración tada en el estilo 1 ilicitano: nos
otro¡ oco1ione¡ ¡e ¡u¡tituye por una flor
de determinadas fórmulas composi- encontramos, ahora , ante el estilo 11 (E1tilo 11 ilicitonoJ
co del que participan estos estilos. dobladas. Continuando con la des- una mano, de otro personaje que
Estilos pictóricos que responden a cripción de este segundo friso halla- no se conserva, le toca el brazo.
una serie de similitudes temáticas, mos una escena con dos animales Estos personajes nos recuerdan
compositivas y de trazo identifica- afrontados a un arbusto mientras la escena represen tada en el askós
bles visualmente; se encuentran vin- que en el centro de la composición de La vello datado en la primera
culados a núcleos de población (la se representa un cie rvo, que mira mitad del s. 111 a.C. (Tagliente,
Alcudia, la Serreta), mayoritaria- hacia delante, con gran cornamen- 1996), en el que dos mujeres con
mente, y responden a una deman- ta y el órgano sexual indicado, tal cabellos rasurados y vestidas de
da ejercida , sobre todo, por comu- vez, se trate del macho de la mana- negro se encuentran en el gesto tra-
nidades urbanas. da. El cuarto y último friso nos ofre- dicional del luto -una tradición que
Esta identificación entre pobla- ce una serie de arbustos que surge parece estar presente en la tradi-
ciones de cierto rango con un deter- de la tierra y, en un extremo de la ción literaria de la Daunia-. En este
minado esti lo pictórico, no parece escena, un personaje masculino reci piente procedente de la
ser tan evidente en el caso de las con grandes manos, de perfil y con Basilicata , se representa además
necrópolis donde a pesar de encon-
trar las representaciones fitomorfas
y zoomorfas básicas, aparece, en
ocasiones, un mensaje más perso-
nalizado, a través de representacio-
nes singulares en las que el difunto
cobra una dimensión de protago-
nista. En este sentido, resulta para-
digmático el caso de una tumba
localizada en Hacienda Botella
Tinaja de Hacienda Botella JEiche, Alicante! con detalle del tercer y cuarta frisos pintados
(Elche, Alicante), muy cerca de la
ciudad de //ici (Tortosa, 2000). Una
tinaja, hallada en esta sepultura, la lanza en la mano, surge de la tie- una kliné con el difunto y una esce-
presenta una composición pictórica rra y se muestra. Surge con la na con músicos, tocando auloi y
estructurada en cuatro frisos: el pri- lanza en la mano porque muestra , tubas. En el recipiente ibérico, tal
mero, estrecho y mal conservado, de esta manera, su pertenencia a vez encontremos al difunto aproxi-
se desarrolla en el hombro del reci- un grupo social relevante. Junto a él mándose, llegando a este ámbito
piente; se observa la presencia de una cierva come tranquilamente de del Más Allá donde el ciervo y su
pequeñas ramas vegetales que sur- un arbusto presentando los elemen- lanza le permiten recordar y no
gen directamente de la tierra. tos de un entorno agradable: la olvidar el esta tus soc ial de qu ien se
Debajo, a la altura de las asas y cierva es animal aristocrático y enterró en ese lugar. De la misma
separado del anterior por una fecundo. En el tercer friso, sin manera , quizás, los personajes de
pequeña línea roja, hallamos en embargo, junto a algunos arbustos grandes manos puedan hacer refe-
otro friso continuo elementos rectan- y otros elementos que no podemos rencia a los familiares del difunto
gulares que presentan tres o cuatro distinguir dado el estado de conser- mientras que, el espacio de la
apéndices extraños y difíciles de vación del fragmento, observamos muerte ó, quizás, el Más Allá,
definir, junto a aquello que parece por lo menos cuatro personajes con representado en el friso inferior,
una cierva parada que baja la grandes manos representadas con corresp onda al difunto en el
cabeza y come tranquilamente de cuatro o cinco dedos y que mueven momento en el que surge de la tie-
un elemento vegetal; al otro lado los brazos hacia arriba y hacia rra. Se produce de esta manera
de este elemento fitomorfo , aparece abajo; uno de ellos con el cabello una complementariedad entre los
otro cuadrúpedo más pequeño que rasurado y otro con un tocado de dos espacios decorativos y se esta-
el precedente y con las patas forma apuntada; junto a este último blece así una lectura de conju nto.
177
Junto a estas representaciones de
ámbito funerario el segundo friso
con la representación de
ci ervos/c iervas -no olvidemos que
se trata de un animal aristocrático-,
incide en cualq uier modo tanto en
la personalidad como en el estatus
del difunto.
Por otra parte, es paradigmáti-
co, como decíamos, el hecho de
que en el momento de la deposi-
c ión de los elementos de es ta
tumba, en la segunda mitad del
s. 11 a . C., en la cercana 1/ici se
están realizando las decoraciones
con animales - con el ave y el lobo;
no con ciervos- y sig nos vegetales Palero con ónlolo decorado con pequeños oves de olas explayados IEslilo 1 ilicilono)
178
De •conogrofio voicular ibérico
Divinidad~
•
'
Elites
ANODO/ EPIFANÍA
Estilos Pictóricos Vasculares delúnbito lb6rlco.
rasgo que los aleja del ámbito anodoi y la epi fanía de todos esos manifiestan de manera particular
terrestre. Por ello, consideramos signos iconográ ficos representados en cada yac imiento. Así cada
que su función, tal vez, pudiera en un orden exuberante. Como ta ller, cada zona de producción de
encontrarse en esa franja interme- apuntamos supra cada uno de esos estas cerámicas se guiará por sus
dia entre el ámbito divino y huma- estilos pictóricos vinculado, por lo gustos locales. Estos vasos respon-
no. El tercer elemento que compone general, a un yacimiento, ofrece den a un uso que, sólo en ocasio-
esta jerarquía se refiere a las elites; sus propias peculiaridades y, aun- nes -como en el ejemplo de los esti-
de género masculino y femenino, que el estilo Serreta (Aicoi , los ilicitanos-, se realizan para una
con una representación escasa en A licante) por ejemplo no tenga difus ión provincial pe ro eso sí siem-
el repertorio y que tiene que ver entre su iconografía las representa- pre muy restringida ; cada comuni-
con escenas de caza, de danza o ciones aladas, propias del enclave dad programa y organiza ba jo un
de lucha con lobo. El cuarto y últi- ilic itano, sí ofrece las representacio- manto común que proporciona el
mo nivel, ubicado en la base de la nes de la Naturaleza vegetal y zoo- código a utilizar, los signos que
pirámide, estaría formado por las morfa ; símbolos al final que nos vin- selecciona como más oportunos o
repres entacion es acerca de la culan esa iconografí.a alcoyana , en más acordes a los mensajes que se
Naturaleza, con signos y composi- nuestra opinión , con una divinidad difunden. Pensemos que, en el caso
ciones fitomorfos y zoomorfos que femenina. de la Alcud ia -con 139 recipientes
expresa n o manifiestan dos ra sgos Las cerámicas de estos enclaves analizados y más de doscientos
fundamentales de este código: los como la Alcudia o la Serreta se fragmentos- , sólo encontramos dos
cálatos que podemos afirmar que en que otorga una gran carga de coincide, además, con una mayor
proceden de otras áreas geográfi- mensaje en una mínima representa- participación de la población en
cas; uno de la zona catalana -esti- ción; y, verdaderamente estas imá- los rituales y en los actos sociales
lo Nueva Cataluña- y otro del área genes desean, sobre todo, ofrecer que se desarrollan en la comuni-
edetana. rápidamente el mensa¡e que trans- dad. Se trata de una demanda
Por otro lado, estas escenas miten: todo funciona correctamen- efectiva por parte de asentamientos
que carecen de un marco paisa¡ísti- te, la Naturaleza, donde los anodoi urbanos, cuyos vasos e imágenes
co y en las que el tiempo no tiene y la epifanía no se interrumpen. responden a un imaginario colecti-
valor humano, es atemporal, no Para entender la función de va, que proporciona una identidad
ofrecen una prevalencia narrativa, este código iconográfico debemos social al grupo, mientras que su
una concatenación de hechos o de también tener en cuenta que esta presencia es mucho más residual en
escenas alrededor del vaso cerámi- producción no representa una vaji- las áreas de necrópolis.
co, sino que se trata de unas imá- lla de mesa (Tortosa, 2003); se En suma, estos recipientes pin-
genes mostrativas y sintéticas, trata de vasos que debieron tener tados que en ocasiones nos resultan
sobre todo, de rápida captación y un uso cultual, no sólo cuando apa- extraños, reflejan una estética
que se representan de forma reite- recen en contextos sacros o en bella, en nuestra opinión, que per-
rativa. Se emite así, un mensaje de necrópolis, sino también cuando se cibiría el ibero y que responde a
exuberancia, de fecundidad, de encuentran en un contexto de hábi- una manera indígena de entender
propagación de la Naturaleza; una tat. Cuando, desafortunadamente la Naturaleza y el mundo que le
Naturaleza presidida por esta divi- nos faltan los contextos arqueológi- rodea. Ese concepto de belleza
nidad que afecta tanto al ámbito de cos precisos, las formas de los ibero comulgaría con la realidad
la vida como de la muerte y que, soportes nos proporcionan datos visual que presentan estos recipien-
como hemos visto, surge espléndi- que nos ayudan a confirmar este tes, can la fuerza de sus signos ico-
da entre símbolos vegetales; mos- uso de !os recipientes: jarritas, imi- nográficos y con cierto grado de
trando también quizás, un mensaje taciones de askoi, pateras o cernas ingenuidad que percibimos los
de prosperidad y bienestar de la nos adentran en este ámbito. Estos espectadores de hoy.
propia comunidad ilicitana, aunque vasos que en ocasiones serían de
ésta sea idealizada. Esta iconogra- ofrenda (cf. tacitas de la Alcudia),
fía simbólica, precisamente se responden a la demanda social de
caracteriza en uno de sus rasgos, este tipo de productos que
180
LAs CERÁMICAS
181
sobre las cree ncias religiosas, Alcudia, concretamente estos vasos primero Cartailhac, después
sobre la estructura social e, incluso, de esti lo Elche-Archena, fueron cla- A Engel y P. París, todos se vieron
nos permiten indagar en las claves ves para la resolución de los pri me- inmersos en la polémica desatada
del universo de los antig uos habi- ros proble mas planteados: nada sobre la au tenticidad de dichas
tantes de la A lcud ia a través de las más y nada menos q ue la propia escu lturas tras su presentación en
imágenes con las que decoraron identificación de la culturo ibérica. las Exposiciones Internaciona les de
sus vasos. En este sentido, la cerá- El descubrimiento de esta cultu- Viena y París en 1873 y 1878,
mica ibérica destaca sobre las de ro y el despertar del interés por ella hasta que el estudio de l. Heuzey
otras épocas y, en especial, la de tiene lugar en el morco intelectual y (1890; 1891) aporta la solución al
su últi ma fase: la cerámica con académico de la segunda mitad del problema al conseguir diferenciar
deco rac ió n fig urada de es ti lo s. XIX, hecho en el q ue los investi- las falsificaciones de las esculturas
Elche-Archena de los sig los 11 gadores extran jeros, y en especia l auténticas.
y 1 a.C. franceses, tuvieron un destacado Con todo, la cred ibilidad de
No es casual que este estilo pic- papel (Rouillord, 1995). En aquel dicha cultura había quedado tan en
tórico vascular rec iba el nombre de momento se conocía el hallazgo entredicho que sólo el descubri-
miento de la Dama de Elche en la
1
Alcud ia en l 897 , uno de los
pocos yacim ientos del Sureste que
después del escándalo de las fa lsi-
ficaciones podía garantiza r la
autenticidad de la p ieza y, por
ende, la an tigüedad del pueblo
capaz de rea lizar dichas escultu-
ras, devolvió una suerte de optimis-
mo entre los eruditos. Y, sin embar-
go, como bien señaló E. Plo
( 1985), el busto no acababa de
identificar la cultura. los calificati-
vos utilizados por l. Heuzey, J. R.
Mélida, quien la denomi naba busto
ante-romano, o el mismo P. Pa ris,
para quien se trataba de un busto
español de estilo greco-asiático,
son bastante ilustrativos acerca de
la desorientación de aquellos inves-
tigadores pioneros.
N o deja de ser curioso que un
Vasija con representación de hombre y felino conflicto tan alejado de nuestras tie-
rras, como fue el que enfrentaba a
Elche, compartido con el de del llamado tesoro de Xest, en la Grecia y el Imperio Otomano,
A rchena, pues en aquel los primeros provinc ia de Valencia, pero es el pud iese intervenir en alguna medi-
momentos en q ue los estu dios sobre descubrimiento de las esculturas del da en la puesta en marcha de los
la cultura ibérica daban sus prime- Cerro de los Santos, en Albacete, estudios sobre la cultu ra ibérica ,
ros pasos, allá por los años finales lo que finalmente atrae en firme la pues aquel enfrenta miento hacía
del s. XIX y primeros del s. XX, los atenc ión de los estudiosos france- difícil la con tinuación de las misio-
hallazgos que se estaban produ- ses hacia esa presunta culturo nes francesas en el levante medite-
ciendo en las excavaciones de la prerromana de la Península Ibérica: rráneo (Rou illord, 1995, l 06), lo
los ctrómicos
que indujo o los arqueólogos fran- Asunción poro lo revisto Folq ués al hacerse cargo de las
ceses o volver su mirado hacia esto L' /1/usfrafion. Lo continuación de la excavaciones en La Alcudia, allá
porte del Mediterráneo occidental. historio ya lo conocen .. . por el a ño 1935, fuera demostrar
Con todo, y pese o tratarse de uno Vuelve a ser uno paradoja que que el yacimiento no sólo poseía
casualidad, hoy que reconocer que después de tan espectacular hallaz- uno estratigrafía sino que ero lo
lo expedición rea lizado por Engel go P. París no mostrase interés por más comple to de en tre muchos
por lo Península Ibérico en 1 891 , excavar en La Alcudia, un lugar yacimientos arqueológicos (Ramos
cuyo resultado fue lo primero cróni- que potencialmente podría seguir Folqués, 1966a).
co de lo arqueología hispánico librando valiosos esculturas y, por Pero, volviendo o lo figura de
(Engel, 1892), marco uno verdade- el contrario, continuase sin más con Albertini y o los cerámicas ibéricos,
ro inflexión en lo historiografía. Los sus trabajos en el valle del a pesar de la decepción fina l y muy
publicaciones periódicos Revue Guadalquivir. Queda cloro que no probablemente sin habérselo pro-
Archéologique y el Bulletin le interesaban los yacimientos puesto, este arqueólogo ofreció
Hispanique empiezan o acoger valencianos y, sólo o modo de com- uno valioso información poro el
desde entonces los artículos que probación, encarga o su discípulo conocimiento de la cerámica ibéri-
daban o conocer en el mundo aca- Albertini excavar en Lo Alcudia ca y su datación, especialmente de
démico los hallazgos de lo España ( 1906-1907). Éste pareció bastan- los vasos con decoración figurado
antiguo de uno manero yo oficial. te decepcionado, pues lo conclu- de estilo Elche-Archeno, gracias o
En un principio, sólo lo posibil i- sión final que obtiene de sus trabo- sus excavaciones en Lo Alcudia.
dad de adquirir poro el Louvre los jos es que se trotaba de un yaci- Ero aquél un período en que se
escultu ras que estaban aparecien- miento sin estratigrafía, agotado y empezaban a publicar y conocer
do, como las del Cerro de los revuelto (Romos Fernández, 2000), unos vasos profusamente decora-
Santos, los dos esfinges y un toro tras lo cual yo nunca más se intere- dos con motivos anima les y flo ro-
de Agost, lo cabezo de grifo de saría por el sitio arqueológico. Con les, cuyo procedencia cultura l todo-
Redovon, de cuyos hallazgos eran estos antecedentes, se entiende que vía se ignoraba. Con sus excava-
puntualmente informados, atrae o una de los primeros objetivos que ciones en La Alcudia de Elche,
los arqueólogos franceses hacia los se propuso Alejandro Romos Albertini presentaba nuevos piezas
comarcas del sur del País
Valenciano, en tonto que por para-
dójico que parezco poro empren-
der excavaciones eligieron los
sitios arqueológicos andaluces de
Almedinilla , Osuno y Belo
(Rouillord , 1995, 105), que con el
tiempo devinieron los grandes
insignias de lo arqueología france-
sa en España. Siguiendo la estelo
de los expediciones de Engel ,
P. París emprende su primer viaje
arqueológico en 1895 (París,
1979), pero será el de 1897 el que
adquiero uno relevancia man ifiesta
paro la cultura ibérica y poro toda
lo arqu eo logía de la época .
P. París llega o Elche el 11 de agos-
to para realizar un reportaje del Molivo¡ figurado¡ en un vo¡o cerámico
Misteri y de los fiestas de la
183
decoradas con dichos motivos . En née des origines (Aibertini , la filiación de ésta respecto a aqué-
algunos cortes debió llegar a nive- 1906-1907, 58-60). No en vano lla . Así, Albertini ponía las bases
les ibéricos antiguos, puesto que había observado en sus excavacio- para la cronología tardía de la
afirmaba que con una potencia de nes en La Alcudia que dicha cerá- cerámica ibérica y sus datos sobre
más de dos metros el hallazgo de mica pintada figurada aparecía a La Alcudia serían esgri midos poste-
cerám icas escaseaba , aparecía
muy fragmentada y , además, única-
mente llevaban decoración pintada
a bandas . No eran estas cerámicas
el objeto de su atención, y se cen-
tró, como era comprensible, en la
de estilo Elche-Archena, con moti-
vos animales y florales, que sí apa-
recía en gran número . Tras la
observación estilística de las pie-
zas, Albertini, como buen discípu-
lo, secundaba a P. París en el ori-
gen micénico de la cerámica ibéri-
ca y presentaba analogías con las
ilustraciones de la obra de
Furtwaengler, que le sirvieron para
confirmar que existían muchos ras-
gos iconográficos idénticos. No Cálato con decoración de un prótomo de ave
obstante, A lbertini aportó un nuevo
punto de contacto además del micé- muy poca profundidad e inmediata- riormente por los defensores de las
nico, el de la cerámica geométrica mente después de los estratos en los cronologías bajas, frente a las tesis
itálica , donde creía ver la influen- que la cerámica romana era muy de los partidarios de las cronologías
cia jonia . Aludía a algunos vasos abunda nte, mientras que la cerámi- altas encabeza dos por el profesor
de esta procedencia publicados ca pintada a bandas, con una P. Bosch Gimpera y su obra El pro-
por Pottier (1897) por el gran pare- decoración más sencilla, era la que blema de la cerámica ibérica
cido en la representación de peces se encontraba a mayor profundi- (Bosch Gimpera, 1915). Esto ocu-
y aves con los ibéricos de Elche . dad . Quizá sin ser consciente de rriría en 1940, año en que se publi-
Pese a todo, reivindicaba la origi- ello, Albertini echaba mano de los can dos trabajos claves para la
nalidad del alfarero ibérico porque principios estratigráficos para las defensa de las cronologías bajas
pensaba que había sabido plasmar dotaciones en la excavación de la cerámica figurada por parte
en los vasos su propio concepto del arqueológica, principios que sólo a d e Figueras Pacheco ( 1940) y
universo a partir, eso sí, de los fon- mediados de los años 50 del s. XX D. Fletcher (1940) . Los anteceden-
dos micénicos y jonios que le se empezaron a generalizar en la tes de La Alcudia propiciaron el
habían servido de inspiración. arqueología clásica . De esta mane- examen estratigráfico de los yaci-
En cambio, se mostraba caute- ra, Albertini y sus observaciones mientos que estudiaban estos
loso con la cronología al afirmar sobre las cerámicas de La Alcudia arqueólogos, en concreto el Tossal
que eran necesarios más datos representaron un nuevo paso en la de Monises, en Alicante, y el pobla-
estratigráficos y de comparación investigación de la cultura ibérica , do de Rechina , en Valencia, res-
de técnicas alfareras, tras lo cual se ya que permitían plantear el interro- pectivamente. Al igual que en La
decantaba por una cronología tar- gante del hiafus existente entre el Alcudia, Figueras Pacheco observa-
día para las cerámicas ibéricas final de la cerám ica micénica y el ba cómo en el nivel superior del
figuradas : la période la plus eloig- inicio de la ibérica , si se mantenía Tossal de Monises, que databa en
184
los cerám ico~
185
de a un impulso distinto al que pro- da a la manera romana (Abad, H . Bonet de unas habitaciones de
pició la aparición del otro estilo 1986-87) . Sant Miquel de lliria (Bonet, 1995)
decorativo importante en la cerámi- De nuevo, las cerámicas de La en cuyo interior aparecieron la
ca ibérica, el de Oliva-Liria, en las Alcudia vuelven a ser claves para mayoría de vasos decorados en
décadas finales del s. 111 a.C. Este plantear otro debate de sumo inte- estilo Oliva-Liria de este poblado
último responde al deseo de perpe- rés para la investigación y el cono- ibérico valenciano: dichas habita-
tuar a través de las imágenes cimiento de la cultura ibérica . Así, ciones resultaron formar parte de
-paradas militares, escenas de además de la simbología de las un ed ificio interp retado como tem-
lucha y caza, danzas rituale s... - el imágenes que los iberistas no aca- plo por el extraordinario con junto
poder que detentaban los propios bamos de entender, el repertorio de cerámico de su interior y por su
protagonistas de las escenas repre- vasos elegidos también apunta morfolog ía comparable con la
sentadas, las elites aristocráticas. hacia ese carácter especial de la a rquitectura religiosa semita.
Por el contrario, el Elche-Archena cerámica Elche-Archena. Aparte Aporte de estas sugerentes
significa la plasmación del formula- de los grandes vasos de almacena- interpretaciones, que no dejarán de
rio religioso y filosófico de la cultu- je, pithoi, funcionalmente más ser meros sospechas abiertas a
ra ibérica contestona de aquellas corrientes, los vasos característicos especulac iones diversas hasta que
fechas finales en unas imágenes y serán el kolothos, o sombrero de no se efectúe una lectura crítica de
recursos estilísticos, curiosamente, copa, y la s jarras pithoides, unas los diarios antiguos de excavación ,
más propias del universo oriental y formas que aparecen en la vajilla o se emprendan nuevas y rigurosas
semita antiguo (Marín Ceballos, ibérica contestona muy tardíamen- excavaciones, lo que sí es un hecho
1987). En este sentido, llama la te. Esta última, además, sólo se ha es que toda esta cerámica refleja
atención que la iconografía de la documentado en la Alcudia y úni- que el enclave ibérico de La
cerámica Elche-Archena , cierta- camente con decoración de estilo Alcudia vive su máximo esplendor
mente con analogías estilísticas en Elche-Archena, lo que refuerza en la fase final de la cultura ibérica,
la decoración de la cerámica micé- todavía más ese carácter especial. entre los siglos 11 y 1 a.C. A este
nica, como advirtieron los primeros Por otro lado, las excavaciones
estudiosos, y con el repertorio recientes en necrópolis ibéricas tar-
genenco de imágenes del días, como el Tolmo de Minateda,
Mediterráneo oriental, aparezca en en Albacete, o la s de Villajoyosa,
un momento en que, en principio, en Alicante, muestran que los vasos
la sociedad ibérica empieza la elegidos como urnas funerarias
inmersión hacia otro sistema bien entre los siglos 11 y 1 a.C. son los
distinto, la cultura romana. Hay kolothoi de estilo Elche-Archena.
quien opina que se trata de una Todo apunta, pues, a que se trata
Piolo con pie olio de cerámico componiense
especie de reacción indígena, de de vasos decorados por y para
autoafirmación frente al poder usos rituales funerarios y litúrgicos,
romano cada vez más en aumento, acordes con el contenido simbólico momento no sólo corresponde el
pero esta respuesta no resulta de la decoración. Probablemente, extraordinario conjunto cerámico
demasiado satisfactoria desde el si volviera a estudiar hoy la "tienda del estilo Elche-Archena, sino tam-
momento en que se contradice con del alfarero" de la Alcudia, uno de bién la gran mayoría de los vasos
otros datos que sí confirman la pro- los conjuntos más numerosos de importados de otras áreas de l
gresiva aceptación de los modelos vasos de estilo Elche-Archena , no Mediterráneo: vasos de barniz
romanos, como demuestra , por la interpretaría así, como propuse negro campanienses de la
poner un ejemplo de la misma en su día (Sala, 1992), sino como Península Itálica , cerámica de bar-
Alcudia, el mosaico helenístico que parte del thesouros del santuario de niz negro megárica, vasos de coci-
el ibero Sailacos eligió a fines del la Alcudia, secundando con ello los na campanos, vasos comunes y pin-
s. 11 a.C. para ennoblecer su vivien- resultados de la revisión de tados púnicos de Ibiza, jarras de
IR/,
los cerómicos
FEliCIANASAlA SEllES
cerámica gris indiketa , ánforas enclave principal durante los siglos las comarcas meridionales de la
vinarias itálicas y de salazones 11 y 1 a.C. Pero no es menos cierto Contestania que todavía no se ha
púnicas. Frente al rico contexto que las piezas recuperadas de las descubierto.
material de la fase ibérica tardía, épocas antigua y plena, escultura Con la deductio de veteran os
llama la atención el escaso número inclu ida, son pocas pero destaca- del ejército romano y la creación
de vasos cerámicos de las fases das y, aun teniendo en cuenta los de la colon ia en el último cuarto del
an teriores. Para hacerse una idea, criterios selectivos del p royecto s. 1 a.C. , la lectura que podemos
basta decir que los vestig ios de museístico an tiguo que pudieron hacer a partir de la cerámica entra
estos períodos, que abarcan los
siglos VI allll a.C. , incluido el con-
junto escultórico ibérico que ha
hecho célebre al yacimiento, ocu-
pan una sola sala del Museo la
mitad de extensa que la que alber-
ga los hallazgos correspondientes
al s. 1 a.C., el momento de la cerá-
mica figurada y las cerám icas cam-
panienses . La vaj illa de lu jo impor-
tada por los iberos durante las
fases ibéricas antigua y plena, los
vasos de barniz negro y figuras
rojas fabricadas en los alfares de
Atenas , apenas alcanzan una trein-
tena de fragmentos , lo que contras-
Kylix griego de origen ólico. Museo Arqueológico de Alche
ta con la cantidad y el estado com-
pleto de la vajilla de lujo importada
de la fase tardía. Tampoco se cons- haber discriminado las piezas de ya dentro de los términ os espera-
tatan las ánforas griegas y púnicas peor calidad, cerámicas de cocina dos. Así, en La Alcudia se encuen-
de vino y sa lazones características por ejemplo q ue no existen, todo tran toda la vajilla de mesa roma-
de estos siglos que, sin embargo, sí ello me permite fantasear acerca de na , desde los pla tos de cerámica
llegan a los poblados costeros ce r- que La Alcud ia hubiese sido en rea- sigillata a los cubiletes y cuencos
canos, como Picola , El Oral y La lidad el gran centro religioso ag luti- de paredes finas con los que
Escuera . nador de la población ibérica de bebían el vino. Dentro de la sigilla-
Lo que quiero decir con ello es
que hablamos de muy escasos
hallazgos para las fases ibéricas
antigua y plena, lo que se compa-
dece mal con la idea comúnmente
aceptada de La Alcudia como gran
capital ibérica de la Con testania
meridional desde el s. VI a.C. A
decir verdad , si tuviéramos q ue
valorar la importancia del enclave
ibérico a partir del recuen to de las
cerámicas existentes hoy en la
exposición museística, La Alcudia
Cerámico romano de lo llamado ferro sigillolo
sólo alcanzaría la categoría de
ta, a su vez, en La Alcud ia están vierte al yacimiento en una excelen- alcanzado y las fórmulas empleadas .
representadas todas las produccio- te muestra de los repertorios cerá- A medida que avanza la cu ltu-
nes de esta cerám ica fina, desde micos de época romana. A mi ra romana hacia el siguiente perío-
las itálicas primeras a las sigillatas ju icio, sin embargo, lo más desta- do b izan tino y visigodo, la calidad
tardías del s. VI d.C., lo que con- cable de las cerámicas ro manas de técnica y estética de las cerámicas
La Alcudia es el interesante conjun- irá dismin uyendo, pero con tinuarán
to de im itaciones de vajilla de siendo un excelen te indicador cro-
mesa, que abarca desde los platos nológico y cultural para las respec-
y cuencos de barn iz negro tardore- tivas épocas. Así, las cerámicas de
publicano a la sigillata y paredes los siglos VI a l VIl d.C. de La
f inas de época altoimperial. A lcudia (Gutiérrez, 1996) junto a
Además del gran número de vasos las de otros yacimientos con tempo-
recuperados, la calidad de algunas ráneos han servido para ir caracte-
imitaciones y la conjunción de ras- rizando estos pe rí odos en las
gos típicamente ibéricos, como los comarcas meridionales de la pro-
motivos eleg idos pa ra la decora- vincia de Al icante , hasta hace poco
ción pin tada de algunos, en una ma l conocidos.
vajilla que formalmente responde a Finalmente, es de nuevo la
los hábitos culinarios y alimenticios cerám ica el material arqueológico
roma nos, muy disti ntos de los loca- que está permitiendo recu perar
les ibéricos, nos remite de nuevo al algunos momentos perdidos de la
debate ya aludido sobre el proceso ocu pación histórica del yacimiento
de romanización de la población y confirmar los vacíos. Los recientes
Olpe de tradición ibérico ibérica, el grado de aculturación trabajos de excavación y documen-
tación del Á rea de A rqueología de
la Universidad de Alican te en cola-
boración con la Fundación
Universita ri a de Investigación
A rq ueológ ica La Alcudia constatan ,
por un lado, el predom inio comer-
cia l de las importaciones norteafri-
canas durante els. VI d.C. , que hay
que poner en relac ión con la pre-
sencia bizantina en estas comar-
cas, y por otro, el declive du ra nte el
s. VI l d .C. y el ya conocido vacío a
pa rtir del s. VI II que el hallazgo de
algunas cerámicas i slámicas, no
obstante, está empezando a mati-
zar (Abad, Moratalla y Tendero,
2000).
ca de esta región y la jerarquiza- interestatales, como sería el casa especialmente relevante la llegada
ción de sus intercambios premer- del núcleo ibérico de Picola en de ánforas vinarias grecoitálicas en
cantiles. Santo Polo (Badie el alii, 2000). estas regiones. Los datos que tene-
El valle del Vinalopó es uno de Los escasos Jatos disponibles mues- mos para el valle del Vinalopó
los principales entradas desde el tran unos intercambios condiciona- muestran que el nivel de importa-
Mediterráneo hacia el interior de lo dos por la escasa capacidad de ciones de vino itólico durante el
península Ibérica, que confluye, a generar excedentes de las socieda- siglo 11 a.C. es muy elevado, lo que
través del valle del río Segura, con des ibéricas en las que sólo las aris- demuestra la velocidad del proceso
la salida natural del arco sub-béti- tocracias acapararían las prestigio- de transformación cultural y lo
co desde las regiones centrales y sos importaciones griegas o púni- adaptación al sistema socioeconó-
orientales de Andalucía hacia el cas, pero siempre en proporciones mico romano por parte de estas
sureste hispano y las islas Baleares. minúsculas y, predominantemente, poblaciones ibéricas costeros. Sin
Estas condicionamientos geagrófi- o través de canales comerciales embarga, la llegado masiva de los
cos no son ajenos al temprano esta- púnicos. Más allá de la escasa tras- productos romanos no debe inter-
blecimiento fenicio en esta zono, cendencia económica que pudieron pretarse como una ruptura radical
en e! eje de comunicaciones entre tener estos contactos comerciales, con los anteriores vías de abasteci-
los núcleos costeros meridionales y cabrío destacar la fuerte influencia miento, ya que se mantienen los
el importante poblamiento ebusito- que tendrían en la configuración de importaciones púnicas, especial-
no, como prueba entre otros el las culturas locales y sus modelos mente ebusitanas y, en menor
extraordinario núcleo de La Fonteto políticos y sociales que, de esto medida del entorno de Cádiz
(Guardamar del Segura, Alicante) formo, se integrarán en la Koiné (ánforas Moñó C, CC.NN., PE
que remonto a los siglos VIII-VI! cultural mediterránea. 14-1 8, entre otras).
o.C., al menos, las relaciones eco- La Segunda Guerra Púnico A partir del siglo 11 a.C. obser-
nómicas y culturales de estos regio- marca un punto de inflexión y el ini- vamos el desarrollo de nuevos for-
nes con las mós desarrollados cultu- cio de un largo período de comer- mas comerciales propiamente mer-
ras del Mediterráneo (Gonzólez, cio mercantil que se refleja de cantiles: se consolidaron circuitos
1998; internet). Hasta la conquista manera inmediata en el territorio comerciales diferenciados poro dis-
romana las transacciones comercio- ilicitano. Desde el siglo 11 o. C. se
les en estos territorios quedan vincu- desarrolla uno agricultura basada
ladas a los intercambias de paren- en la venta de sus productos en
tesco y al comercio administrativo mercados exteriores. En este con-
orientados a la adquisición, al texto la conquista de la península
abastecimiento de grupos aristocrá- Ibérica vo a tener una importancia
ticos que comercian con los escasos relevante poro Roma, en lo medido
Transporte de ánforas por vía marítima.
excedentes producidos por las que obre nuevos posibilidades de Foro de las Corporaciones de Ostia
sociedades protohistóricas de estas expansión de los mercados. El
regiones, que son fundamentalmen- núcleo principal de consumidores tintos portes del Mediterráneo; se
te autosuficientes. El desarrollo de de estos productos estaría constitui- jerarquizan los redes portuarias y
las entidades protoestatales ibéri- do por las poblaciones itálicas des- de redistribución marítimo; se reali-
cas modifica los porómetros comer- plazadas a lo península Ibérico por za una previa selección de las rufos
ciales y potencia nuevas formas de motivos político-económicos [publi- comerciales en función de poróme-
intercambio como el "puerto de caní, mercafores, negotíatores) o tros geográficos pero también mer-
comercio" que, con algunas moti- militares (ejército). Sin embargo, el cantiles; aumenta el tonelaje de los
zociones, podría asimilarse al ter- papel que las poblaciones indíge- barcos y en estas grandes naves
min o griego 'emporíon, un centro nas ibéricos desempeñaron como encontramos cargamentos homogé-
de intercambios neutral y abierto consumidores de estos productos neos. Asistimos o la aparición de
que se rige por acuerdos o trotados no ho de menospreciarse, siendo grandes circuitos marítimos que se
1Dt\
Comercio y relaCiones portuarios en el territorio de llici
establecen entre algunos grandes sa o semipantanosa entre la actual desarrollo de las operaciones de
puertos que articulan redes subsi- línea litoral y las proximidades del descarga y daba refugio natural a
diarias de distribución. Para nues- oppidum ibérico complica sus posi- las naves, cumpliendo los requis itos
tro ámbito territorial y marítimo, bilidades portuarias, sobre todo si de un buen puerto natural. Esta s
diversos parámetros comerciales tenemos en cuenta que la creación condiciones debieron estar en la
demuestran la integración de la red del Porfus 1/icifanus es posterior, base del gran desarrollo que el
de embarcaderos de las costas contemporánea a la colonia de poblado del Tossal de Monises d is-
situadas al sur del cabo de La Nao 1/ici. Ante la ausencia de ocupación frutó desde los siglos IV y 111 a.C., y
en el circuito comercial del puerto en Santa Polo , tras el abandono del que se materializó después de la
de Carthago Nova . Destaca la núcleo de Picola en el siglo IV a.C. conquista romana con distintas
equivalente presencia de vinos y hasta la creación del porfus, todo
itálicos del ámbito tirrénico parece indicar que el abastecimien-
(ánforas Dressel 1) y a pulo-adriá- to comercial marítimo de La
tico (Lamboglia 2) indicando una Alcudia y el Vinalopó dependería
especial vinculación de estos territo- del puerto natura l más importante y
rios al puerto de Carthago Nova y cercano de esta región: la ensena-
de éste con los grandes puertos del da de la Albufereta de Alicante
Mediterráneo (Ostia, Puteoli, Deles, dominada por el núcleo del Tossal
Brindisi, etc .). de Monises, la romana Lucenfum.
El acceso en barco a La Este núcleo ibérico de clara raigam-
Alcudia de Elche no sería fácil para bre púnica poseía un fondeadero Barcos navegando en torno o un loro.
Foro de los Corporaciones de Ostia
naves de mediano calado. La exis- que sin necesidad de grandes cons-
tencia de una extensa área laguna- trucciones adicionales permitía el
191
fases de reforma urbanística duran- posibilidad de q ue ex istiera un mo roma no y la pax augusta. Estas
te los siglos 11 y 1a. C. , culminando pequeño fondeadero cercano al esferas comerciales, sin embargo,
con la concesión del estatuto muni- núcleo de La Alcudia y apto pa ra la hubieron de convivir, en el marco
cipal. Esta evolución no es extraña llegada de barcazas de escaso de una economía dual, con otros
si tenemos en cuenta que su voca- calado . Esta últi ma posib il idad terri torios alejados de la s rutas
ción comercial arranca de época podría encontrar un ulterior elemen- marítimas y fluviales que se
prerromana y que los romanos to de apoyo en la evolución que la mantuvieron en el ámbito del auto-
hasta la época de Augusto suelen ciudad de Lucentum disfrutó en abastecimiento. No fue éste el caso
aprovechar al máximo las in fraes- época imperial. Los datos dispon i- del territorio ilicitano: cercano al
tructuras preexistentes. Este núcleo bles sobre su desarrollo comercial mar; bien comunicado con el inte-
podría ser el centro reg iona l d e dis- muestran serios sín tomas de declive rior por la red viaria; donde la
tribución desde el que, vía terrestre en el siglo 11 d.C. coincid iendo con romanización se hallaba extendi-
o marítima , se introducirían las mer- una evolución de su trama urbana da , y para el que el impulso coloni-
cancías por el va lle del Vinalopó que ya empieza a contraerse a zador selló su privilegiada posición
hacia el interior. No invalida la fi nales del siglo 1 d.C (Oicina y económica en el conjunto del
Pérez, 1998, 5-49). Por el contra- Mediterráneo occidental. El territo-
rio, el Porfus 1/icifanus presenta la rio de 1/ici, situado en el convenfus
evolución inversa con un manteni- Carthaginiensis, por tanto, pudo
miento de las actividades hasta el beneficiarse de la dinámica comer-
siglo V d .C. No sería aventurado cial imperialista romana que ofre-
postular una relación entre el auge ció amplios niveles de crecimiento
del Porfus 1/icifanus y el declive de desde época tardoaugustea y el pri-
Lucenfum, por lo que a partir de mer tercio del siglo 1d. C. Pero ade-
época imperial sus áreas de influen- más, la llegada e instalación de un
cia se solaparían . importante contingente de pobla-
La dinámica comercial romana ción foránea fue uno de los factores
consolida su carácter mercantil y que marcaron decisivamente la
ampliamente monetarizado al evolución de la ciudad y su territo-
amparo del productivo expansionis- rio: aumento demográfico; promo-
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Ánforas y s0llos del Porlus 1/icilonus Transporte de ánforos en torno ol foro de Ostia.
Cotocumbo de Prete>:tCito. De P. Pomey, lo no•'igotion
dans I'Anliquilé, Aix-en Provence, 1977
que parece indicar que el Portus productivo y exportador del África
1/icitanus fu ncio nó como un área de Proconsular . La incorporación
" ruptura de carga" de las ánforas destacada al g ran comercio ínter-
Dressel 20, similar a menor escala p rovincial a partir de finales del
al monte Testaccio de Roma , dado siglo 11 de las provincias del
que estos pesados contenedores no África Proconsu lar (Byzacena y
se encuentran en la ciudad de 1/ici. Zeugitana) y, en menor medida, de
A partir del puerto su distribució n la Tripolitania culmina el paulatino
por el territorio de 1/ici se efectuaría desarrollo de un sistema económico
a través de otros cauces y emplean- y comercial policéntrico en época
do posiblemente odres o contene- imperial. Durante la época tardo-
dores más manejables y fáciles de rrepublicana habíamos asistido a
transportar a pequeña escala . la consolidación de una economía
La presencia de productos ori- expansionista de base agrícola y
ginarios de los territorios costeros mercantil, en la que Italia era el
de la Hispania Citerior, tanto tarra- centro económico. Pero a partir de
conenses como cartaginenses, es, la época de A ug usto, y en el marco
asimismo, relevante tanto en el de la pax augusta y la nueva admi-
puerto como en la ciudad , aunque nistració n provincial, observamos el
su proporción, siendo significativa, paulatino ascenso económico de
resulta menos relevante proporcio- las provincias, primero de
nalmente de lo que cabría espera r. Hispania , algo más tarde de las
Se trata, mayoritariamen te, de vino producciones galas, y posterior-
Ánfora Dressel 20 poro el transporte de aceite, transportado en ánforas proceden- mente de África y O riente. Esta evo-
de Alicante. Foto MARO
tes de tres áreas productoras princi- lución policéntrica de la dinámica
pales: las tierra s nororientales comercial mediterránea de época
ron hacia el occidente imperial peninsulares, en la actual imperia l puede seguirse en el regis-
desde el siglo 1a. C. Los datos rela- Cata luña ; el territorio litoral central tro material de 1/ici, especialmente
tivos al territorium de 1/ici nos indi- del conventus carthaginiensis, que en relación a la llegada de aceite,
can el predominio de la corriente se sitúa en tierras valencia nas, y las bético en época augustea y altoim-
comercial de exportación de ali- islas Baleares, especialmente Ibiza . perial y norteafricano a partir del
mentos béticos en la zona (55-70% Dura nte la época bajoimperial, siglo 111.
de las importaciones en el territorio a partir del siglo 111, se cierra el pro- De manera complem entaria ,
de llic11. Cabe destacar, sin embar- ceso de transformación y expan- también hay que destacar la difu-
go, la abundante presencia de sión económica iniciado en época sión de excedentes procedentes del
ánforas del tipo Dressel 20 tardorrepublicana. As istimos al pro- ámbito surhispano: béticos y lusita-
( 14.7 1%) en el Portus 1/icitanus, gresivo debilitamiento de las redes nos, vinculadas a las conservas de
consta tando la amplia difusión que mercantiles transmarinas que culmi- pescado . El auge exportador de la
tuvo el aceite del valle del nará con una verdadera descomer- Lusitania roma na también se refleja
Guadalqu ivi r en esta reg10n , cialización de largo radio en los a través de las importaciones de
especialmente durante el s. 1 d.C. territorios del Mediterráneo occi- pescado y productos derivados,
Re sulta llamativa la diferencia dental entre los sig los VI y VIl, ya en q ue complementaron la producción
detectada entre las elevadas impor- época tard orromana. En cualquier loca l de sa lazones documentada
taciones de aceite bético detecta- caso, hemos de destacar uno de los en el Portus 1/icitanus. El aceite de
das en el Portus 1/icitanus y el resto fenómenos económicos más oliva y el pescado y salsas deriva-
de los núcleos costeros de su entor- novedosos y relevantes del Bajo das mantuvieron su presencia en
no, donde apenas se encuentra n, lo Imperio como fue el crecimiento las importaciones, pero se redu je-
Reconstrucción ideal del puerto fluvial de Romo. Museo dello Civiltá Romano, Romo. De P. Pomey, la novigolion dons I'Antiquilé, Aix-en Provence, 1977
ron proporcionalmente las importa- 169-171; Gutiérrez, 1999b, de larga duración: la colmatación
ciones vinarias, posiblemente susti- 79-94) que pudieran ser la base del área mar¡alenca en la que se
tuidas por producciones locales o para argumentar una cierta conti· situó el porfus, circunstancia que
regionales. En menor medida, se nuidad en el funcionamiento del dificultaría progresivamente la lle-
detecta la llegada de vinos y otros puerto, el papel desempeñado a gada de embarcaciones y el tráfico
productos del Mediterráneo orien- escala regional es mínimo ya de mercancías vía marítima. Por
tal a partir de finales del siglo IV y durante el siglo V, y no se han otro lado, factores de naturaleza
los inicios del siglo V d.C. documentado indicios sobre su estratégica y política, como la
Aunque sin alcanzar la intensi- reactivación. Su decadencia y el potenciación de Carthago Nova
dad comercial detectada en la pri- cese de sus funciones portuarias desde fines del siglo 111 y su recupe-
mera fase del Alto Imperio, el podrían servir de punto de inflexión ración para la articulación del
Portus 1/icitanus continuó siendo, en el comercio marítimo de la comercio en el sureste.
hasta mediados del siglo V, el prin- zona. Aunque no disponemos de La desaparición del Portus
cipal enclave receptor de importa- dolos directos, desde nuestro punto /licitanus como puerto comercial,
ciones alimentarias en la zona. A de vista dos son los principales fac- no obstante, no significó el fin del
pesar de la información puntual tores que pudieron condicionar, de comercio exterior en la zona. De
aportada par algunas fuentes tex- manera no excluyente, el paulatino hecho, contemporáneamente o con
tuales (Hidacio, Continuatio ... 200; abandono de la actividad comer- posterioridad al final de sus funcio-
Chronica Gallico, 633; Isidoro de cial en el puerto de 1/ici. Por un nes se detectan productos de impor-
Sevilla, Hist. Vanda/ .. .76; Mario lado, un fenómeno de carácter tación, llegados a través del comer-
de Aventico; vide Márquez, 1999, natural, interno, básicamente físico, cio marítimo, tanta en 1/ici como en
195
Ad Ello y una serie de pequeños lu¡o), o bien el carácter minoritario de un punto costero que jerarquiza-
enclaves del valle del Vinalopó y poco relevante de la actividad ra comercialmente, en cierta medi-
(Reynolds, 1993, 9-43). La conti- comercial explicaría una comercia- da, la costa centromeridional ali-
nuidad de la presencia de importa- lización a partir del puerto de cantina. Y los indicios existentes al
ciones alimentarias en la zona Carthago Nova. Sin lugar a dudas, respecta sobre el eventual papel de
hace pensar que, en ausencia del hemos de destacar el carácter la isla de Taborca a de Benalúa
Porlus 1/icitanus, otro núcleo costero redistribuidor de Carthago Nova (Alicante) son lo suficientemente
se encargaría de organizar un en el sureste en esta época, espe· débiles o incipientes coma para
abastecimiento exterior de mercan- cialmente durante y a partir del de¡ar abierto el problema.
cías en el valle del Vinalapó (cerá- siglo IV, aunque también habría
micas, alimentos, productos de que valorar la hipotética existencia
LA MONEDA EN ILJCI
PERE P. RIPOLLES*
lA ÉPOCA REPUBLICANA
J:J
eLJ os primeros testimon ios monetales en la ciu-
dad de 1/íci son re lativamente ta rdíos, puesto
que, de momento, ninguno de ellos se remon-
ta más allá de fines del siglo 111 a.C. No obsta nte, pare-
ce lógico pensar que pud ieron haber existido monedas
con anterioridad a esta fecha , aunque, eso sí, escasas y
sin relación con una economía moneta ria , que era inexis-
tente, porque esto es lo que comenzamos a encontra r en
muchas áreas costeras del mundo ibéri co, en las que se
detecta la presencia de monedas de Massalía, Emporíum
y de algunas ci udades griegas y púnica s d el
Mediterráneo centra l (Ripolles, 2000, 329-331 ). Qu izá s
la estructura de la sociedad ibérica ilici tana sea lo que
pueda explicar, en parte, la ausencia de hallazgos de
monedas con una cronología an terior a los últimos años
del sig lo 111 a.C. En este sen ti do, algunos estudi os apun-
tan hacia una articulación del territorio ilici tano de tipo
Área de Arquea/agio. Universidad de Valencia gentilicio (Ramos y Uroz, 1992, 96) y ello p udo ser la
causa de que el dinero, bajo la A:' .• ~ ··., . •
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A partir de los últimos años del
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más ágiles en el desarrollo de las
relaciones humanas y comerciales
Denario romano-republicano. Hollado en lo Alcúdio. Museo Arqueológico de Elche
(Almagro, 2003 , 16- 18). Esta evo-
lución, esti mulada además por la
tendencia hacia una organización entorno regional, que sólo alcanzó minución de la producc ión moneta-
una cierta entidad a partir de ria de las ciudades hispana s, aun-
mediados del siglo 11 a.C. Por un que se debió mantener en circula-
lado tenemos las ciudades valen- c ión una parte de las monedas acu-
cianas, lo que denota una impor- ñadas con anterioridad. Para estos
tante orientación de sus relaciones años no existen pruebas sólidas
humanas hacia el norte; pero tam· que permitan identificar la existen-
bién proceden monedas del sur; la cia de una destrucción de la ciudad
mayor parle de ellas se emitieron y vincular con ello una disminución
en Castulo, siendo de notar que de de su vida económ ica y monetaria ;
momento ninguna se acuñó en la es más, los testimonios a pu ntan en
Perfil del aprovisionamiento monetario de lo ciudad ciudad de Obulco, a pesar del otra dirección pues, aunque en can-
de 1/ici (ca. 195 a.C.-siglo IV o. C.}, según dotas de
Aboscol y Albero/o, en prenso
inmenso volumen en que se emitie- tidades pequeñas, están rep resen-
ron, ni de lkalesken, a pesar de tadas las monedas de a lgunas de
política, en la que el cuerpo cívico estar próxima. Las monedas de las pocas ciudades que con seguri-
comenzó a ganar protagonismo, y plata , aunque de forma escasa, dad acuñaron moneda después de
por una nueva estructura de su también están documentadas, pero ca. 72 a.C. , como fueron Castulo,
urbanismo, desembocó, en tre otras sólo las de origen romano y acuña- con emisiones latinas, y Saetabi,
muchas novedades, en la progresi- das a partir de los últimos años del con una p ieza bilingüe .
va introducción del uso de la mone- siglo 11 a.C. , lo que atestigua la tar-
da en la ciudad. día introducción de la moneda los PRIMEROS AÑOS DE
El modelo de circulación mone- romana de plata y la escasa atrac- LA COLONIA
taria que reflejan los hallazgos 1 de ción que ejercieron las áreas coste-
la época tardo-republicana es el ras sobre los denarios ibéricos y La vida de la ciudad y de su
ca racterístico de una ciudad litoral celtibéricos. territo rio se transformó de un modo
sin ceca propia (Ripolles, 1994, La incipiente monetización de bastante radical a partir de media-
135-136). Los hallazgos muestran 1/ici experimentó una fase de estan- dos del siglo 1 a .C., cuando en ella
una ciudad dinámica y abierta al camiento, a partir de las Guerras Roma estableció una colonia, posi-
mundo romano, dado que un alto Sertorianas. Desde ese momento se blemente con veteranos de su ejér-
porcentaje de todas las monedas produjo una reducción importante cito, convirtiéndose en una ciudad
recuperadas fue acuñada por los en la llegada de moneda nueva, lo privilegiada y desarrollando múlti-
romanos, el 69 %. El resto de cual fue un hecho bastante genera- ples funciones de tipo admin istrati-
hallazgos refleja un aprovisiona- lizado en las principales ciudades vo, eco nómico, social y cultural
miento monetario proveniente de su de Hispania, en sintonía con la dis- (Aifi::ildy, 2003 , 37-45). Dentro de
lo monedo tn llic•
PERE P RIPOllES
esta nueva situación, diversos facto- bién fue importante (25 ,28%), au n- c1a de hallazgos de monedas acu-
res favorecieron el uso de la mone- que quizás menos de lo que cabría ñadas en Roma, poco más del 10%
da, tales como su configuración esperar. Otra cuestión a destacar de todos los hallazgos con fecha de
urbana, con la adopción del equi- de la masa monetaria es el signifi- acuñación en este período.
pamiento edilicio que caracterizó ca tivo uso de d ivisores, ya que el
al modelo romano de ciudad; sus 62% de todas las monedas recupe- ILICI PRODUCE MONEDA
necesidades de financiación , gene- radas fueron semis, en parte como
radas por la instalación de un consecuencia de que, inicialmente, Desde el punto de vista moneta-
1
nuevo contingente poblacional , sólo se acuñó este tipo de denomi- rio, los últimos años del período
muy familiarizado con el uso de la nación en las dos ciudades que republicano y los primeros de la
moneda; y la reorgani zación fiscal mayor cantidad de hallazgos dinastía julio-claudia fueron espe-
del territorio. proporcionan, lo cual está reflejan- cialmente relevantes para la colo-
Las monedas de bronce que se do que fueron acuñadas para nia, por cuanto que acuñó su pro-
utilizaron en 1/ici durante los prime- utilizarse en intercambios cotidia- pia moneda . Esta actividad se ori-
ros años de la dinastía julio-clau- nos y de escaso valor. También se ginó como consecuencia de su
dia procedieron de cecas provin- atestigua la presencia de monedas transformación jurídica y constituye
ciales de Hispania, como sucedió del valle del Ebro, siempre omnipre- una fuente relevante para el conoci-
en años anteriores, en los que no sentes en las tierras litorales valen- miento histórico de la ciudad, en
existió una restricción de circula- cianas (Ripolles, 1980, 149-151 ). tanto q ue proporciona información
ción de las monedas fuera del Por el contrario, las acuñaciones de sobre su condición jurídica, la iden-
ámbito de la ciudad emisora. El la Bética destacan por su ausencia, tidad de las elites gobernantes y el
índice de monedas por año duplica de lo que cabe deducir quizás origen militar de la nueva pobla-
el que se registra durante el perío- una limitada interacción de 1/ici ción.
do repub licano. Con las monedas con el sur. Entre el período que se extien-
provinciales se cubrieron las necesi- Por lo que respecta a la mone- de entre el año ca. 42 a .C. y los
dades básicas, ya que en la colo- da imperial, la muestra recopilada últimos años del reinado del empe-
nia estas acuñaciones, sin contar refleja que al principio el esta do rador Tiberio, 1/ici acuñó, por lo
las que de años anteriores todavía romano no se planteó el abasteci- menos, seis emisiones de monedas
estaban en circulación, alcanzaron miento de moneda de bronce a las de bronce y cobre (Liorens, 1987;
el 89% de toda la moneda, mien- provincias, ni promovió la existen- RPC, 97-99, nº 187-199).
tras que la romana imperial se cia de un sistema monetario unifica- La primera emisión se fecha en
encontraba en torn o al 11 %. do, lo cual explica la débil presen- el año 42 a.C. o poco después,
De entre todas las cecas, a
las que pertenecen los hallazgos de
la colonia de 1/ici, cuya emisión
se fecha entre los años 41 a.C.
-41 d .C., fue notoria la circulación
de moneda de Carthago Nova
(47, 12%), cuya constante y abun-
dante presencia se explica, en
parte, por su regular y considerable
volumen de acuñación y por su pro-
ximidad a la ciudad de 1/ici, mos-
trando unas relaciones que ahora
se hacen más patentes . Como es
lógico, la contribución de la pro-
Semi¡ de 1/ici, acuñado por los duoviri C. Solvius y O. Terenlius Mon/onus, hocio 42 o.C. o poco después.
ducción de la propia ciudad tam- Colección privado
9
dado que uno de los diseños utiliza- también las de L. lunius y L. Acilius misión de realiza r el censo. De ella
dos fue copiado de denarios emiti- (RPC 152) . destaca el diseño elegido para el
dos en esa fecha (RRC La segunda emisión que con reverso, pues se trata de un templo
494/10- 12, 41 ); estuvo formada seguridad se puede atribuir a 1/ici tetrásti lo en cuyo arqu itrabe se
sólo por sem is de bronce y se fue realizada por L. Manlius y menciona la divinidad a la que
acuñó con un peso medio de 6 , 12 T. Petronius, duoviri. Los diseños que estuvo consagrado, )uno, lo cual no
g. La onomástica de los magistra- utilizó son una fuente importante de hace más que ratifi ca r el cambio
dos que se mencionan en las mone- información, pues el retrato del político y cultural que se produjo en
das, C. Salvius y Q. Terentius anverso sigue los modelos de las la ciudad como consecuencia de la
Montanus, duoviri, sugieren que acuñaciones de colonia Patricia, lo población colon ial asen tada .
podían haber sido colonos venidos que sugiere una cronología del año Durante el reinado del empera-
de Italia (Aifoldy, 2003 , 50-51). 19 o posterior, mientras que el tipo dor Tiberio ( 14-37 d .C.) la colonia
Fue una emisión relativamente redu- de reverso, signa, aquila y vexillum, rea lizó sus tres últimas emisiones ,
cida, pues sólo se conocen 2 cuños ratifica sin ninguna duda la proce- en las que se introdujo el uso del
de anverso . dencia militar de los colonos asenta- cobre puro, de acuerdo con las
Debieron transcurrir a lg unos dos en la ciudad. Esta emisión nuevas directrices que estableció
años hasta que la ciudad decidió debió realizarse, quizás, cuando Augusto para las monedas de bron-
acuñar de nuevo, aunque, cierta- 1/ici ya hubo recibido la segunda ce. Por primera vez también, con
mente, un estudio un poco más deductio de veteranos, hecho que Tiberio se comenzaron a acuñar
minucioso sobre la territorialidad según Alfoldy (2003, 44-45) pudo ases, además de semis, denotando
de los hallazgos del que se ha rea- acontecer entre 26 y 19 a.C. que la colon ia tuvo necesidad de
lizado hasta ahora podría deparar En un momento que cabe situar una moneda de mayor valor, pro-
cambios importantes, en el sentido en torno al año 12 a .C. 1/ici puso bablemente como consecuencia del
de transvasar a 1/ici alguna emisión en circulación una nueva emisión aumento de la monetización de la
atribuida hasta ahora a Ca rthago de semis de bronce (5 ,48 g), esta ciudad. La cuarta emisión ratifica
Nova. Podría ser el caso, no sólo vez realizada por Q .Papirius de nuevo el origen militar foráneo
de las acuñaciones realizadas por Carus y Q. Terentius Montanus, con de la población asentada en la
Conduc. Molleo/. (RPC 158; el cargo de duoviri quinquennales, colonia, según se desprende de los
Llorens, 1991-93, 219-237), sino que entre otras funciones tenían la diseños leg iona rios del reverso,
Semis de 1/ici, acuñado o nombre del emperador Augusto, As de 1/ici, ocuñodo o nombre del emperador Tiberio, por T. Coelius Proculus y
por los duoviri l. Manlius y T. Pelronius, hacia el año 19 a.C. M. Aemilius Severus, mientras desempeñaron el cargo de duoviri quinquennales.
Biblioteca Nocional de París Colección privado
lo monedo en llicí
PERE P RIPOLLES
,,c¡no y oquilo. Fue acuñada por que aparecen en el reverso de los ra monetaria estaba muy arraiga-
1 Coelius Proculus y M. Aemilius ases, lo cual es bastante inseguro, da. A todo ello se podría añad ir la
.'wvorus, mientras desempeñaron el porque también existen otras posi- existencia de una coyuntura econó-
e w go de duoviri quinquennoles. El bilidades de identificación (RPC, p. mica favorable, una escasez de
tn omento de su acuñación es incier- 98). Estuvo compuesta por ases moneda, el prestig io de poseer
to y sólo se puede afirmar que fue (11,92 g) y semis de cobre y la moneda propia y, quizás en el caso
pos terior al 15 d.C. , a partir de la acuñaron los duoviri quinquenno- de la primera emisión, una cierta
mención del Pontificado Máximo les, L. Terenfius longus y L. Popirius intención conmemorativa.
do Tiberio. Avifus. A d iferencia de las otras
La qui nta emisión estuvo forma- emisiones formadas por ases y EL FINAL DEL PERÍODO
da también por semi s y ases semis, ésta varió los tipos utilizados JUUO-CLAUDIO Y EL CIERRE DE LAS
(12,05 g) de cobre puro. La lleva- en cada una de las dos denomina- CECAS CÍVICAS
ro n a cabo los duoviri ordinarios ciones, pues mientras los ases mos-
M. lulius Settol y L. Sesfius Celer. El traron dos figuras togadas dándose Con el emperador Calígula ya
cognomen del primero, Settal, se las manos, en los semis aparece un no se rea lizó ninguna emis ión
considera que pertenece a una per- vexillum entre dos águilas, reiteran- moneta l en 1/ici y poco después, en
sona romanizada, de orig en indí- do de nuevo el orig en legionario de un momento impreciso, durante éste
gena (Aibertos, 1966, 206). Los la nueva población. o el siguien te reinado, cesaron
reversos muestran una ara con la Las razones de 1/ici para acu- todas las emisiones cívicas en
inscripción Sol Aug, cuya interpre- ñar, todas ellas de índole local, fue- Hisponia. Este hecho consumó un
tación, relacionada siempre con ron diversas según el momento. largo proceso de unificación del sis-
sacrificios efectuados por la salud Para en tender su porqué debe tema monetario en Occidente; con
de alguna persona, continúa sien- tenerse en cuenta no sólo que la el tiempo y con carácter general,
do una incógnita. sociedad en la que se integraron con llevó un cambio importante en
La última emisión realizada por los veteranos del ejérci to romano la masa monetaria en circulación,
la colonia se ha fechado hacia los ya era usuaria de moneda , sino pues a partir de entonces las ciuda-
años 28-31 d.C. sobre la base del también que los nuevos pobladores des se vieron inmersas en flujos
posible reconocimiento de Tiberio y pertenecieron a un sector de la monetarios de alcance imperial
Sejano en los personajes togados sociedad romana en la que la cultu- (una visión global de la circu lación
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por lo1 dvoviri M. /v/ivs Sello/ y l. Sestivs Celer. por lo1 dvoviri qvinquennoles l. Terentius longus y l. Popirivs Avitvs.
Biblioteca nocional de París Biblioteca Nocional de París
monetaria en Hispania, en Ripolles, cual la moneda de plata fue la que un período en el que, en el conjun-
2002, pp 195-214). En conse- debió canalizar la mayor parte de to de Hispania, se advierte un
cuencia, los ilicitanos comenzaron los pagos importantes. Baste seña- incremento de la circulación de
a ver escasear las monedas acuña- lar el acondicionamiento del Parlus moneda de plata (7,6%), siendo
das por las ciudades de Hispania y 1/icilanus (Santa Polo) y sus activida- los hallazgos superiores en número
a manipular con más frecuencia las des comerciales (Sónchez el alii, en relación con el período
emisiones imperiales. 1989; Abascal, 1989 y 1996a), Julio-claudia (3,9%) y el de los
Con el cese de la actividad emi- que de forma bastante directa Antoninas (5,7%) (Bost el alii,
sora de los ciudades no se produjo debieron revertir en lo ciuítas; o la 1979, 1 89-190). Sin dudo este
un aumenta simultóneo de la acuña- erección de los edificios públicos incremento, no atestiguado en !lici,
ción por parte del estada romano, que una ciudad con su rango debía se debió a una mayor generación
lo que tuvo como consecuencia una poseer, a iniciativa de la propia de riqueza y ol incremento del
disminución de la moneda que colonia o de sus ciudadanos mós gasto, tonto de carácter público
periódicamente se venía poniendo acoudalodos, y que testimonios epi- como privado, en actividades diver-
en circulación, la cual fue paliada gráficos documenten. No menos sos tales como las edilicias, lúdicas
mediante la emisión de imitaciones importante debió ser también la y redistributivas.
de monedas de Claudia 1, realiza- fuente de gasto originada por la La moneda recuperada durante
das por personas vinculadas con lo arquitectura privada. la época de los Antoninos ournentó
manipulación de monedas a por ligeramente, aunque no debe estar
algunas ciudades (Sutherlond, los fLAVIOS Y ANTONINOS reflejando la realidad, como suce-
1935; Giard, 1970, 33-61; de durante el período anterior, por
Besombes y Barrandon, 2000, El aprovisionamiento monetario la escasez de niveles arqueológicos
161-188; Bost el alii, 1987, durante lo época de los flavios fue de estas fechas. Por lo que respec-
53-55). Este fenómeno tuvo un menor que el de los años inmedia- ta a las denominaciones encontra-
carócter general y está perfecto men- tamente anteriores, yo que los mos denarios, ounque de un
te documentado en los hallazgos de hallazgos fueron escasos, en parte, momento tardío, cuando el volumen
1/ici, donde de las 20 monedas acu- por tratarse de un período cronoló- de moneda emitida aumentó consi-
ñadas a nombre de Claudia 1, 15 gico relativamente corto, en el que derablemente. Aunque no posea-
son imitaciones locales. Bost y las acuñaciones no fueron especial- mos datos seguros, podemos supo-
Chaves (Bast el alii, 1987, 54) esti- mente voluminosas; no obstante, no ner que durante el siglo 11 hubo en
maron que las imitaciones de parece que se produjera ningún !lici una economía monetaria con-
Claudia 1 supusieron un 73 % de episodio de inopia monetaria. Es solidada en lo que se podrían
todas las monedas a nombre de muy probable que en la base de adquirir con monedas los productos
este emperador, cubriendo con ello esta reducida cuantía de moneda mós variados y en la que una serie
el vacío que dejó el cese de los emi- flovia recuperada se encuentre la de actividades pudieron ser remune-
siones locales. escosa cantidad de estratos exca- radas con moneda, especialmente
Las hallazgos de estos años vados, con cronología de fines del los artesanos.
registran unas escasas cantidades sigla 1, delll y de comienzos dellll,
de plata y la total ausencia de lo cual no permite recuperar EL SIGLO 111
monedas de oro; no obstante, muchos testimonios arqueológicos
debieran estar disponibles, espe- de estas años (Liedó, 2004, La tendencia a la reducción de
cialmente la plata, pues ésta fue 350-351 ). hallazgos monetarios durante los
una época en la que se desarrolla- Las monedas acuñadas con oro años 193-253 que se observa en
ron en todo el territorio provincial, y plata continúan sin estar presen- muchas ciudades hispanas (Bost el
incluida la colonia de 1/ici, actua- tes entre los hallazgos monetarios, alii, 1979, 177 y 191) apenas si
ciones urbanísticas, y la economía sin embargo debemos de nueva se manifiesta en 1/ici. Los hallazgos
inició una fase expansiva, para lo suponer su existencia, pues éste fue de monedas de plata en 1/ici refle-
lo monedo en IIICt
PERE P RIPOLLÉS
jan claramente la fase de transición vellón, con un poco más del 2 ó el este panorama genera l, dado que
que se produjo durante estos años, 3% (Estiot y Delestre, 1992, entre los hallazgos de este período
en la que el denario fue paulatina- 20-21 ). Como es lógico, esta situa- destaca este tipo de emisiones, aun-
mente desapareciendo del circuito ción propició el colapso del sistema que su porcenta je no llegó a ser tan
monetario y simultáneamente fue monetario alto-imperial, pues los importante, sólo un 78 %. A desta-
introduciéndose el antoniniano , denarios desaparecieron totalmente car, además, que la colonia no se
especialmente a partir de Gordiano de la circulación y la moneda de libró de la circulación de imitacio-
111 , cuando comenzó a emitirse en bronce imperial y la cívica que nes, pues casi todos los antoninia-
un mayor volumen. Todo ello sug ie- todavía se acuñaba en la parte nos póstumos de Diuo Cloudio que
re que los ilicitanos a partir de ca. oriental del imperio dejó de emitir- utiliza ron los ilicitanos fueron
238 comenzaron a utilizar la nueva se, porque el valor intrínseco del imitaciones.
moneda de plata, si bien es seguro metal que contenía fue superior al Una mención aparte merecen
que todavía existía una importante facial. las emisiones de los emperadores
galos (259-273), pues aunque
Hispon io oficialmente formaba
parte del imperio galo, sin embar-
go la estructura de su a limentación
monetaria fue claramente ita liana ,
dado que de estos emperadores lle-
ga ron escasas cantidades de mone-
da , documentándose sólo piezas
de Tétrico 1 y 11.
Esta coyuntura de deterioro de
Sestercio. Siglo 111. Hollado en lo Alcudia. Museo Arqueológico de Elche
la moneda en circulación y de infla-
ción no debe en ningún caso consi-
cantidad de denarios. El oro, en A partir de 258-260 se acele- derarse como un síntoma de declive
cambio no lo encontramos, en este raron los síntomas de la primera económico, a pesar incluso de la
caso no sólo porque sea un tipo de gran inflación monetario del impe- existencia de puntuales acontecí·
moneda que se perdía poco y se rio, perceptible en el enorme mientas desestabilizadores (invasio-
manipulaba con suma atención, aumento de la cantidad de moneda nes o revueltas). En 1/ici, estos acon-
sino porque fue acuñado en reduci- en circulación, en especial a partir tecimientos críticos no parece que
das cantidades y su rareza tuvo un de los años 260-275 (emisiones de tuvieron una grave incidencia en la
alcance imperial, lo cual no fue nin- Galieno reinando solo, Claudia 11 y vida de la colon ia (Abad , 2003 ,
gún obstáculo para el funciona- Diuo Cloudio). El estado romano 77) y, de hecho, de los hallazgos
miento económico de la sociedad, para hacer frente a sus crecientes monetarios se desprende una abso-
pues la plata bajo la forma de gastos se vio en la necesidad de luta normalidad en su funciona-
denarios o de antoninianos pudo aumentar el volumen de moneda miento económico.
e jercer perfectamente ese papel. acuñada, a partir de una cantidad El emperador Aureliano, a
La moneda que los ilicitanos uti- insuficiente de metal, lo que conlle- comienzos de su reinado, intentó
lizaron a partir de mediados del vó una reducción del peso de las poner o rden en este deterioro
siglo 111 comenzó a ser cada vez de monedas y de la calidad del metal. monetario emitiendo nuevas mone-
peor calidad, pues el sistema mone- En la mayor parte de las ciudades das de vellón , también con retratos
tario romano comenzó a deteriorar- de Hisponio estas acuñaciones radiados y con una cantidad esta-
se rápidamente. Los antoninianos representaron más del 90 % de las ble de plata, pero no consigu ió
que habían estado utilizando, cuya monedas recuperadas entre los sanear el sistema monetario, ya
calidad había sido de un 35 ó 40% años 260-294 (Bost ef alii, 1987, que no se acuñaron en cantidades
de plata , acabaron siendo de 72) e 1/ici no fue una excepción a suficientes ni llegaron a circu lar a
203
Londinium
•
Treveris •
Lugdunum Slscia
• Mediolanum • Sirmium
Arelate •• Aquileía
• •
• Ticinum
Constantfnopolls
H erac1ea
•Roma Tessalonica • • •
• • Nicomedia
Cycicus
•
Antioqula
Carthago •
UIOOkm •
Alexandría
localización de los principales cecas romo nos durante los siglos 111 y IV
lo largo y ancho del Imperio. Un plata pura (argenfeus) e introdu- tetrarquía , muy probablemen te
ejemplo de ello es que en 1/ici sólo ciendo tres tipos de monedas de abastecida a través del Porfus
se conoce una pieza. En conse- vellón. Pero de nuevo esta reforma 1/icifanus, donde también está docu-
cuencia la masa monetaria de tampoco llegó a tener impacto mentado este ti po de moneda
vellón de los años comprendidos sobre la economía provincial, tal y (Abascal , 1989, 52).
entre el reinado de Aureliano y como sug iere la escasez de hallaz- Las cecas de las que procedie-
Diocleciano estuvo formada por gos documentados, que está refle- ron las monedas de los tetrarca s
moneda de mala calidad e imita- jando que las nuevas monedas no halladas en 1/ici estuvieron básica-
ciones. En relación con el oro, sus se acuñaron en la cantidad necesa- mente localizadas en la parte occi-
posibles oscilaciones de peso deja- ria para abastecer la demanda de dental del imperio, siendo
rQn de tener una decisiva importan- moneda y para reemplazar la gran Carthago, Tréveris y Lugdunum, las
cia en tanto que circuló por el valor cantidad de moneda de vellón que más representadas; de las cecas
intrínseco del metal. se acuñó a nombre de Galieno y o rientales, fue Cícico la ciudad de
Los años de la tetrarquía no fue- Claudia 11 , oficial e irregular, la la que más monedas se conocen.
ron en 1/ici, desde el punto de vista cual durante años lastró la recupe- De estas procedencias destaca el
monetario, muy diferentes de los ración del sistema monetario y difi- Carthago,
aprovisionam iento de
del reinado de Aureliano. cultó la consolidación de la s refor- Hispania,
pues a nivel general de
Diocleciano también intentó sin mas. A pesar de ello, 1/ici fue una fue Roma y no Carthago la que
mucho éxi to la reforma del sistema ciudad en la que comparativamen- mayor porcentaje aportó; no obs-
monetario, estabilizando el peso te existió una mayor proporción de tante su importante presencia en
del oro, creando una moneda de monedas acuñadas durante la 1/ici ha de ponerse en relación con
204
lo monedo en llict
PERE P RIPOllÉS
la orientación de los intercambios 348-361, con un peso de ca. 32-33) . De las monedas de estos
comerciales que en estos años se 2.40 g y 18 mm), que como suce- años merece la pena destacar que
documentan en el Portus (Abascal, dió a principios de la segunda la diferencia entre las procedentes
1996b, p. 46). mitad del siglo 111, debió tener una de la parte occidental y oriental del
incidencia sobre el precio de los imperio se hizo menos acusada (28
EL SIGLO IV Y EL FINAL DEL
PERÍODO IMPERIAL
NOTAS
1 lo> hoHozgo> monetario• de lo ciudad de /líci han >ido publico· >obre lo> hallazgo• que se exponen en elle te.to proceden del ambos autores agradecemos muy encarecidamente su generosidad
dos, en su mayor porte, por A. Romos y R. Romos. En años mós estudio que sobre los propios monedas y los diarios de excovactón y lo posibrlidod de utilizar su material con anterioridad o su publi-
recientes han sido esttJdiodos de nuevo, o partir de la bibliografía, han realizado Aba>Col y Alberola, en prensa, el cual cambia m· cación
por Ripolle>, 1982, y por lledó, 2004; no ob,tonte todo• lo• doto> lonciolmente lo composición monetario de varios periodos A
206
lA ARQUITECTURA ORNAMENTAL
207
ejemplares idóneos para su reem- donde destacan piezas tan emble- mentaria, se conservan restos de
pleo como materiol constructivo, lo máticas como la Domo de Elche o pinturo en colores rojizos.
que dificulto su adscripción ol edifi- los vasos pintados del llamado esti- A partir de finales del siglo
cio original al que pertenecieron. lo Elche-Archena. En el caso de la 111 a.C., parece que lo ciudad reci-
Sin embargo, el grado de decoración arquitectónica -aunque be fuertes influencias del mundo
estondarizoción alcanzado, sobre se hayan recuperado algunas púnico, posiblemente a consecuen-
todo desde época romana, nos estructuras habitacionales que cia de los relaciones comerciales,
lleva a adscribir en cierta medida perecen articularse con cierta regu- lo que arquitectónicamente se tra-
el uso de determinados motivos a laridad (Ramos Fernóndez, 197 4, ducirá en lo llegada de elementos
uno u otro contexto arquitectónico; 34)- la mayoría de los ejemplares típicamente helenísticos, como ocu-
osí, por ejemplo, la representación hallados aparecen en contextos rre con algunos motivos vegetales
de palmetas o rosetas en un frag- constructivos de reempleo, en con- -flor de lis, acantos- o geométricos
mento pétreo, permite vincularlo, creto en lo que ha venido denomi- -esvásticas, meandros- que, aun-
con bastante probabilidad, a un nándose como "muralla púnica", que no podamos adscribirlos a nin-
ambiente funerario. Esto adscrip- un lienzo defensivo situado en el gún edificio documentado para
ción constructivo, realizada a partir extremo oriento! del enclave. Entre esta époco, nos perecen más pro-
de la decoración de las piezas, es los materiales del derrumbe de esta pios de un contexto cronológico
posible también mediante otros cri- muralla, se documentaron piezos cercano al cambio de era.
terios, como es el caso del material ornamentales realizados en mate- En la segunda mitad del siglo
empleado en la realización de riales pétreos locales, sobre todo 1 a.C., a la ciudad ibérica se le con-
estos ornamentos, que, como vere- caliza y arenisca, en las que se cede el estatuto de colonia romana,
mos a continuación, cambia según representan motivos tan característi- Colonia lulia 1/ici Augusta, lo que
los gustos y la especialización téc- cos como las palmetas o las cruces supondrá el establecimiento de un
nica de los artesanos en codo gomadas, que, junto a lo morfolo- contingente itálico que reformaré y
momento. gía y módulo de las piezas', hocen omplioró lo ciudad, favoreciendo
suponer su pertenencia o un tipo de así la llegado de nuevas influencias
DE CIUD/\D !llÍJliC!' A COLON!/•, monumento funerario de época ibé- arquitectónicas y estilísticos que, de
ROMA N/\ rica, consistente en una superestruc- manera paulatina, incluirán a la
tura escalonado bajo la cual se antigua ciuifas en la órbita romo na.
A pesar de la importancia que depositarían los restos de lo crema- Lo importancia demográfica y
debió tener la ciudad ibérica desde ción del difunto. administrativa de la colonia hace
finales del siglo VI a.C. o principios Las técnicas empleadas por los pensor en la existencia de numero-
del siglo V a.C., no contamos con antiguos artesanos ibéricos a lo sos edificios públicos propios de un
un registro arqúitectónico destaca- hora de realizar este tipo de ele- centro administrativo que debió
ble si lo comparamos con los con- mentos arquitectónicos no se restrin- controlar un amplio territorio, aun-
textos escultóricos y cerámicos gieron únicamente a la tolla de los que será a partir del cambio de
documentados para esta época, soportes pétreos, sino que optaron era, y sobre todo durante la segun-
frecuentemente por el uso de méto- do mitad del sigla 1 d.C., cuando
dos menos costosos, como por parece que la población se encuen-
ejemplo el estucado, consistente en tro plenamente romanizada.
revestir la piedra ya labrada con En el caso que nos ocupa, el de
una capa de yeso sobre la que pos- la decoración arquitectónico, esa
teriormente se pintarían los motivos impresión se corrobora por la pro-
propios de la pieza. Estos revocos pia evolución que presentan algu-
se constatan en numerosos ejemplo- nas de las piezas en la que al mate-
res documentados en La Alcudia de rial y a la ornamentación se refiere.
fragmento ornamental con palmetas, perteneciente
probablemente o un contexto furwrtlfio de Elche, en los que, de manero frag- La mayoría de las ejemplares, a
époccr ibérica
208
Lo orquitectufo ornamental"
excepción de los hallados in sifu en Los ejemplares de la Colonia consta tábamos para el caso de los
las conoc idas casas romanas ubica- lulio 1/ici Augusto demuestran la soportes materiales; nos encontra-
2
das al nordeste del yacimiento , evolución de las técnicas de talla, mos con piezas aisladas cuyos
fueron localizados en contextos cro- hasta la total adopción de la edili- motivos, más o menos canónicos
nológicos posteriores 3 , al ser utili- cia marmórea, a lrededor de la (Strong, 1953, 120), nos pe rmiten
zados como material constructivo segunda mitad del siglo 1 d.C.; a sugerir posibles entablamentos y
de reempleo, lo que dificul ta, una esta fecha se adscriben algunos de columnatas jón icas de edificios
vez más, su adscripción a los edifi- los grandes conjuntos monumenta- públicos propios del siglo 1 d. C. 5
cios originales a los que pertenecie- les hallados en la ciudad, como es Sin embargo, parece que será
ron . No obstante, si analizamos el caso de dos recintos termales de en el ámbito doméstico donde se
detenidamente algunos de los con- envergadura (Ramos y Tendero, desarrolle, de una manera más evi-
juntos hallados en el yacimiento, 2000), en cuya construcción se dente, la implantación del estilismo
vemos cómo en 1/ici se refleja la tra- emplearán materiales nobles para altoimperial; se decorarán las habi-
dición estilística implantada en la la ornamentación de los distintos taciones más prestigiosas de las
Urbs y sus provincias desde finales ambientes. Se pasará por tanto de casas romanas -sobre todo las
de la República, que consistió en un una costumbre arquitectónica en la sa las de represen tación 6- con pla-
proceso de reva lorización y crea- que los soportes fundamentales eran cas ma rmóreas en las que se repre-
ción de ciudades, en lo que al p iedras locales -calizas y arenis- senta n ba jorrelieves de gran cali-
ámbito edilicio se refiere; se consi- cas-, a otra en la que el empleo de dad técnica y estilística, convirtién-
4
derará a los monumentos públicos mármoles foráneos y autóctonos dose la decoración arquitectónica
fuentes propagandísticas en manos será sinónimo del poder económico en un medio idóneo a través del
del poder político, lo que les exigi- y político de la sociedad hispano- cual el dominus de la casa expresa-
rá estar a la altura de las " modas" rromana . ba su poder económico y social.
de cada momento. La iconografía representada en De entre los ejemplares marmó-
En época augustea, una de las los ejemplares documentados va reos recuperados en La Alcudia de
novedades arquitectónicas princi- pareja a esa evolución edilicia que Elche destacan las placas de reves-
pales será el concepto de marmori-
zación en la construcción u orna-
mentación de los edificios, enten-
d iendo por mormor todos aquellos
materiales pétreos que de una u
otra forma se caracterizan por
poseer vistosidad y buenas cualida-
des para la talla y el pulido. Este
proceso fue implantándose de
manera paulatina en las provincias
hispanas, ya que el trabajo de
estos materiales nobles, sobre todo
mármoles, requería un grado de
especialización considerable por
parte de los ca nteros y artesanos de
la talla , lo que obligó, en muchas
ocasiones, al tránsito de determina-
dos talleres itinerantes venidos
directamente de Roma, o a la impor-
Copilel jónico
tación de piezas ya labradas reali-
zadas en mármoles foráneos.
Cornisas con la mpresentac1ón
de dos hileras de dentículos de
tendencia apaisada, lo que las
sillm a comienzos del siglo 1 d_C.
Corni>o romano
21 i
rosetas cuadripétalas no sólo recor- cionaron como tenantes de altar o Por último, hemos de destacar
darán a !a musivaria romana, sino formando pequeñas balaustradas. la importancia que tuvo en la arqui-
que se asimilarán como símbolos En el entorno próximo a La tectura tardía y altomedieval el
propios de la nueva mentalidad Alcudia, encontramos esquemas fenómeno del reempleo de mate-
cristiana, como ocurre en el casa decorativos muy similares, tanto en rial, que como ya mencionábamos
de la cruz. los técnicos empleadas paro la talla al comienzo de este capítulo dificul-
Además de estos canceles ', (normalmente a bisel y fuerte trépa- ta la adscripción de muchos de los
existen otros ejemplares altomedie- no), como en el grupo de motivos piezas a sus contextos originales.
va!es dignos de mención, como los representados (círculos secantes, Desde el siglo IV d. C. existen inclu-
capiteles corintios de hojas lisos y rombos, octógonos, etc.); ello hace so leyes que regulan esta reutiliza-
acantos de lóbulos espinosos, o las suponer a algunos autores que ción de elementos ornamentales
características columnas de peque- existió algún taller ornamental como material constructiva en la
ñas dimensiones decoradas con que abasteció a los territorios cris- edilicia pública y privada (Código
tianos más orientales de la de Theodosio, 15. l. 36.). Pero no
Carthaginense, como demuestran debernos olvidar que esta arquitec-
los hallazgos de Aljezares tura de lo rentable na debió ser per-
(Murcia), La Alberca (Murcia), el ceptible a las ojos de la población,
Cerro de la Almagra (Murcia), yo que el propio acabado de los
Segóbriga (Cuenca) a El Tolmo de edificios, normalmente revestidos,
Minateda (Albacete) entre otros homogeneizaba el aspecto último
(Gutiérrez, 2003, 64). de las mismos.
A este último yacimiento perte- En definitiva, hemos podido
necen algunas de las piezas comprobar, con mayar a menor cla-
expuestas. Tras los datos resultantes ridad, cómo, a través del estudio
de las sucesivas campañas de exca- de los distintos elementos arquitec-
vación llevadas a cabo en el tónicos que ornamentaron los edifi-
mismo, parece con toda probabili- cios de 1/ici se fueron asimilando los
dad que en El Tolmo se ubicó la rasgas estilísticos y simbólicos pro-
Columnas decorados de lo Alcudio
sede episcopal visigoda de Elo, fun- pios de cada una de las sociedades
¡izquierdo, según A. lbmro, 1879) y
El Tolmo de Minotedo, según J. Sorobio dada tras la incorporación de 1/ici a históricas que habitaron en el
los territorios bizantinos (Abad, Sureste de la Península Ibérica.
Gutiérrez y Gamo, 2000), la que
motivos geométricos, cuya adscrip- explica en porte las similitudes
ción arquitectónica parece cada entre el material ornamental de
vez más clara; probablemente fun- ambos enclaves.
1 Por lo general, ¡e trote de frogrncr.tol de hisos o pb:cs de rcw>~· !Agrcd~<:cmos o M. Tende:o )' G. (Cfo !e ayude rreslodo en la re e 7 En ur1 mcmen:a roslcrior. probabicmco:e oircdcdor del oigio V
timiento <:uyas dimensiones no se .;o~re1ponden con lo1 pwpk•s de lización de esle lrcbo¡o, al proporcionarnos todo !o inlonncci6n y d.C so ie o~ncliró unn cabecen: c:b\1Cic:dc: en su b!c aricntd.
uno edificación de en~mgadum. ya fuero público o priYcdc docun:cnlccrón requerido) ccnstwida cn!rc otros con molcriule5 cor¡:uitecl6nicos dú recmpico
2 Dcst<-.can 1obre todo, los elementos de colurr.no <¡ue wmpo~en los 4 Perece probable io e>:istencio de un taller !ocal lln llici. ai menos (Mórqucz ¡· Povnia, 20C:O, 193)
di11intos penstilos o rotios porliccdos do dichcs cosa¡. donde se de~dc cslo épocc, quú ioci!rló le rec!ización de un programo OliiO· 8 Estos ploccs so!icn cr.cmt!ar>c en unos ,;eles ,,bicc:dm en e! H:elo
optó pe< el empleo dei orden l(nccr.o. con boscs y <:Cprtclcs mono· mcnloi unrlmio {IJ.uñoz y Scrcbio, 2000, 179]; el U\0 de r,\Órn,o!CI de! scnlumic, dclimitcndo OlÍ IN espacios 1esr·rvdm n !a ¡nra!·
low> 'l fus!cs !isos !ocab de contero\ como los de Jólivc. reduce !e dúpcnder.cic de quía eci¡¡¡iáslica. cerno por ejemplo el cltcr o el bop:isterio.
mérn-c!c~ béneo1. En eslc momento o¡¡ adepta :cmbién una deco
3 fn dos cmbientcs crquitcctónicos de rccmplao dcntw de! ymimien 9 Existen clgunoo cjcn:plorcs de ¡kcas <:dados con !o rcprcsenloci6n
:o ;e hon hc!icodo n~maroso: elementos arquitectónicos; ,,no es el 1oCi6n conóni;;a pawlo!c a le de o:ras ciudades dcllmporic de n:o:ivos cnimdcs (¡ue ¡!) ir.lerpre:orcn corno frcgmcn!O\ de con
conocido wmo '"¡\l¡ibc de Venus·. CCf(C de! cuo: se recogieron 5 Exi>le une rcs!ilucié-n cei (Rc:rr,cs folquilo. 1972, ibo. Hll, cvnquc pcn1o~'o5 cuc pro~(:
c!gunas piczos de grcn calidad er.tre !os r.:o!cricb <le r~:!cno; y el Fern6ndez(l975]. e>unqc:~ !úr.~ente Íuncicr,crcn corno ceios;o;
elle ül el de les íermc:s Occidcnta.ic¡, ¡¡r, cvyo lic"zo cxle1ivr se como ¡;:}iJic.'o do cu!:c..~os
un m~10 de boncci en el so r~uti!izG· 6 Espc:cio; dcs:;nados
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EL VIDRIO EN ILICI
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1. Ungüentario globular, lsings 10; 2. Ungüentario piriforme, lsings 6; 3. Ungüentario tubular, lsings 84 y 5;
4 y 5. Ungüentarios de candelero, lsings 82
Fernández, 1974, 113 ss.). Junto a EL VIDRIO ALTOIMPERIAL: mos . Se trata de producciones que
la evolución de la ciudad , hemos TECNOLOGÍA Y FUNCIONALIDAD. están llegando en estos momentos a
considerado oportuno destacar el su puerto desde talleres estableci-
gran paralelismo que ofrece el El vidrio altoimperial se carac- dos en la parte occidental del
Portus 1/icitanus, localizado en la teriza por una gran variedad tanto Imperio, guardando una estrecha
actual Santa Pola, y que ha permiti- técnica como tipológica. Se trata relación con el material documenta-
do recuperar materiales muy simila- mayormen te de recipientes destina- do en otras ciudades próximas y de
res e igualmente destacados, por lo dos a contener líquidos o sustancias cronología similar, como son
que, en algún caso, se hará refe- oleaginosas, mostrándose como Carthogo Novo, a través de su
rencia a los mismos. uno de los materiales preferidos excavación en El Molinete
La colección de vidrio se para esta finalidad , dadas sus (Cartagena , Murcia) o Lucentum
encuentra repartida entre el Museo características de transparencia, (Tossal de Monises, Alicante).
Monográfico de la Alcudia y el fácil limpieza y rápida reutiliza-
Museo Arqueológico Municipal de ción, además de no dejar huella de La cosmética
Elche, mientras que en el Museo sabores previos, por lo que su con-
Arqueológico Nacional (M.A.N.) tenido permanecería prácticamente El vidrio, por sus característi-
se encuentra depositada la colec- inalterable. El vidrio proceden te de cas, era el contenedor idóneo para
ción !barra, cuyos materiales proce- 1/ici engloba algunos de los tipos la conservación de perfu mes y
den , salvo una pieza excepcional -para ello seguiremos la clasifica- ungüentos, al preservarlos y evitar
del Portus 1/icitanus, de las ción de lsings (1957)- más frecuen- su rápida evaporación, por lo que
continuas excavaciones llevadas a tes de ungüentarios, vasos, copas, los ungüentarios serían las primeras
cabo en el propio yacimiento escudillas o botellas, objetos que formas realizadas mediante el
de La Alcudia. poseen, cada uno de ellos, una fun- soplado, adquiriendo, desde el
cionalidad distinta, como tratare- principio, unas características pro-
214
El v.drio en m"
lo fonc,onolidod del ob¡eto
pias debido a las sustancias que Claudia, que presenta el fondo siglo 1 a .C. hasta época flavia , por
contendrían y que favorecerían su azul, sobre el que aparecen fundi- lo que su masiva y variada difusión
dosificación , así encontramos cue- dos trozos de vidrio de diversos provocará la progresiva desapari-
colores, rojo, verde y blanco. La ción de los cerám icos. Aunque tie·
pieza está muy deteriorada , fallá n- nen un uso polivalente, la mayoría
dole tanto el borde como la base, de los hallazgos proceden de con-
apareciendo, además, sus lados textos funerarios, pudiendo citar,
aplanados (Sánchez de Prado, como e jemplo, en el térm ino de
1984, fig. 1, 1). Técnicamente, Elche (Ramos Folqués , 1953a,
parece ha berse fabricado med iante 344-45), el de uno urna cineraria
un proceso mixto, en el que se de plomo que contenía, en su inte-
hab ría seguido primeramente el rior, dos ungüentarios piriformes,
moldeado característico de las pro- dotá ndose el conjunto, que se
ducciones en vidrio mosaico encuentra depositado en el MARQ,
(Sternini , 1995, 102 ) y se habría en época de Tiberio-Ciaudio
utilizado el soplado en su fase (Sánchez de Prado, 1984, fig. 1,
fi nal, técn ica de transición señala- 12 ; González, 2001, 409 s.). A
da para ciertas producciones (Foy y fines del siglo 1 d .C., aparece un
Nenna , 2001 , 151). Este ejemplar, nuevo tipo denominado de candele-
que presenta un vidrio opaco y ro (l sings, tipo 82), que se caracte-
apelmazado propio de la técnica riza por un largo cuello frente al
del moldeado, corresponde a un cuerpo, ba jo y ancho. A esta varíe·
tipo genera lmente realizado dad corresponden dos piezas,
mediante el soplado, que suele pre- datadas entre fina les del siglo 11 e
sentar decoración de hilos blancos inicios del 111 d.C . y realizadas en
o un moteado superficial. La pieza vidrio incoloro, procedentes de 1/ici
más próxima, en cuanto a tipolo- y del Porfus 1/icifanus (Sánchez de
Ungüentario piriforme gía, es un ungüentario (Sánchez de Prado, 1984, fig s. 2 , 14 y 3 , 1). La
Prado, 1999, fig. 1, 1), conserva- última formaba parte del ajuar de
llos largos y estrechos, que impedi- do en el M useo de Cartagena . Este una sepultura, depositada en el
rían la rápida evaporación del con- ejemplar, procedente del Molinete, Museo de la Alcudia, fechada en
tenido, o estrechamientos de su se ha realizado med iante el sopla- esos momentos por su asociación
espacio interno por medio de cons- do y presenta color verde-azulado, con vasijas cerámicas de proceden-
tricciones, que faci litarían su verti- apareciendo, igualmente, con los cia oriental y norteafricana
do gradual. En 1/ici encontramos laterales apla nados y la boca rota, (Gonzá lez, 2001, 417 s.).
algunas de las primeras y más habi- esto último debido a su cierre her-
tuales formas de estos balsama rios mético . La alimentación
o ungüentarios, que se caracterizan La s formas más corrientes de
por su escasa capacidad. Entre los balsamarios corresponden a tipos En Occidente, la cristalería
tipos reunidos, hay que destacar, piriformes o fusiformes , también lla- forma parte de la vajilla de mesa
en primer lugar, tanto por la esca- mados tubulares, (lsings, tipos 6 y desde finales del siglo 1 a.C. , ya en
sez de hallazgos como por su técni- 8 , respectivamente) (Sánchez de época de Augu sto encontramos
ca de elaboración, una pieza q ue Prado, 1984, figs . 1, 11 y 2, 1). Se copas de cerámica y metal que
presenta decoraci ón polícroma. Se trata d e objetos rea li zados en a lternan con otra s realizadas en
trata de un pequeño ungüentario vidrio muy fino, generalmente de vidrio de vivos colores. En estos
globula r (lsings, tipo 10), encuadra- color verde- a zulado, sien do un momentos destaca la producción
do entre época d e Tiberio a ha llazgo habitual desde finales del de cuencos decorados con costillas
?15
metal, a las que frecuentemente
imita, como demuestra la aparición
de nuevos tipos, que se populariza-
rán en la segunda mitad del siglo,
6 7 como el modiolus o el cantharos
(lsings, tipos 37 y 38, respectiva-
mente), que encontramos tan to en
el Portus 1/icitanus (Sánchez de
Prado, 1986, figs. 48, 4 y 49, 2) ,
como en 1/ici, donde se recuperó un
pequeño fragmento de la última
forma , en vid rio de color melado
traslúcido (Sánchez de Prado,
' fabricándose por medio del sopla- Prado, 1984, fig. 4, 6).
\•,lo
do libre, como un ejemplar de Así , a través de las piezas
pequeño tamaño, unos 14 cm, que documentadas, se comprueba que
se recuperó en el relleno de una el vidrio, en el siglo 1 d.C. , monte-
boca del alcantarillado de la ciu-
dad (Ramos Fernández, 1975, lám.
13 1
CXLII, fig. 5), y que representa el
7
nía su funcionalidad como contene·
dor de aceites perfumados, pues
hay que tener en cuenta el destaca-
do papel que tuvieron, desde el
siglo VI hasta el 1 a .C., algunos
pequeños ungüentarios elaborados
,.,.
~ 1
'
'• 1
"~ 11
sobre núcleo de arena, desbanca- ~ 1
~. 1
dos totalmente ante el avance de
'•.\t... l1
nuevas técnicas como el soplado. "'- _ /, 15
Este predominio del recipiente de 1~
vid rio terminó por provocar el fin
de los producciones de los ungüen-
tarios cerámicos, además irá impo-
niéndose como una de las materias
preferidas para la fabricación de
vasos, muy corrientes en paredes
fi nas, que terminarán por desapare-
cer a fines de la centuria. En estos
momentos también destacan los
cuencos o escudillas, principalmen-
te aquellos de costillas, y, en menor
medida , platos y fuentes, que 1G
siguen predominando en cerámica;
escasos son, por otra parte, los
recipientes para servir y verter líqui- 13. Vaso troncocónico lsings 106; 14. Vaso lroncocónico con cabujones, lsings 106;
dos, que debían corresponder, 15. Vaso elipsoidal con cabu jones, lsings 96
(Sánchez de Prado, 1984, figs. 6,8 ba jo (lsings, tipo 116), que, en este
y 8,1 ), motivo que se obtenía al coso, presento el borde en aristas
dejar caer uno serie de gotas de vivas (Sánchez de Prado, 1984,
vidrio caliente sobre lo pared del fig. 8, 2 4) . Este tipo, liso o decoro-
recipiente, quedando aplanados do, es uno de los más difundidos en
como un disco. Son recipientes que los ya cimientos bajoimperioles
tratan de imitar otros de oro o plato localizados en lo actual provincia
con incrustaciones de pied ras pre- de Alicante (Sánchez de Prado,
ciosos, siendo un o alternativo 1984, fig s. 8 y 9), llegando, inclu-
menos costoso poro un artículo de so, o alcanzar un alto porcentaje
gran exclusividad. En un principio entre los distintos recipi entes que
se producía n en Sirio , donde se componen el servicio de meso en
documentan desde el siglo 111, de estos momentos (Sánchez de Prado,
allí se extenderán o otros lugares 2001 b, 103, fig . 3, 5-6) . El tipo
del Imperio, alcanzando su máximo alcanzo su máximo difusión entre
difusión entre los siglos IV y V d.C. , los siglos V-VI, perdurando en el
cua ndo se están fabricando en VIl d .C., como pruebo su hallazgo
diversos talleres, entre los que des- en los niveles biza ntinos del Teatro
toco Colonia. Se troto de piezas roman o de Cortogeno (Sánchez de
frecuentes en los yac imientos Prado, 1999, fig. 4 , 8-9). A esta
bajoimperiales, destacando un misma forma, aunque ya de cron o-
vaso completo procedente lo necró- logía más avanzada, corresponde
polis de El Albir, Alfoz del Pí, como un fragmento de fondo decorado
porte del a juar asociado a un con hilos blancos fundid os en su
ungüentario dotado en el siglo V superficie, técnica decorativa que
d .C. (Sánchez de Prado, 2001 o, tendrá su máxima expansión entre
76 ss ., fig . 1,2) . No se puede des- el 490-540 d .C., siendo muy fre-
cortar que estos ejemplares, tonto cuente en la decoración de estos
por encuadre cronológico como platos o cuencos bajos, que suelen
por su magnífico estado de conser- presentar varios hilos bajo el borde
Vasos elipsoidales, soplados, color verde-amarillento, vación, pudieron proceder del así como motivos plumeados en los
decorados con cabujones
cementerio urbano localizado en el fondos (vid. Foy, 1995, 204 s. ,
sector 6-F, correspondi ente o lo forma21a, fig . 13).
ciudad bojoimperial, del que, ade- Una de las piezas más destaca-
fig . 6 ,9), que se documenta, igual- má s, se refiere el hallazgo de das, en este contexto bajoimperial,
mente, en el Portus 1/icitanus " algunos a juares compuestos de es una pátera (lsings, tipo 118),
(Sánchez de Prado, 1986, 49, 10). pendientes, anillos y collares, así procedente del Portus 1/icitanus
Se trata de un recipiente que apare- como vasos de vidrio" (Romos (lbarra , 1981 , 27 1, fig . XXV). Se
ce en el siglo 111, manteniéndose en Fernández, 1974 , 113 ss. ), lo que trata de una excepcional pieza
uso durante los siglos IV y V d .C. e ya ha sido sugerido por otros inves- decorada con la técnica del esmeri-
incluso hasta mediados del siglo VI, tigadores (González, 2001 , 403), lado, ampliamente recogida por la
ya residua lmente . En cuanto a esta todo vez que este tipo, como se ha bibliografía (vid. Vigil, 1969, fig .
forma , hay que destacar dos ejem- apuntado, suele ser un elemento 133; Price, 1981 , fig. 123; Sánchez
plares, conservados en el Museo frecuente entre los ajuares funera- de Prado, 1984, fig . 11, 5) .
Municipal, uno elipsoide y otro rios de ese momento. Presenta , en el centro, un crismón
troncocón ico (lsing s, tipos 96 y Otra fo rma ca racterístico de los inscri to en un doble círculo, rodea-
106), decorados con " cabujones" sig los IV-V d .C., será el cuenco do de esferas que surgen de los
219
217), que posiblemente se inspira-
rían en aquellos otras, del siglo
IV d.C. , con las que parecen estar
estrechamente re lacionados.
Los hallazgos de copas resu ltan
17 muy reducidos, destoca ndo la pre-
sencio de un fragmento de base
anular (Sánchez de Prado, 1984,
fig. 6, 18), obtenido a l plegar la
pared del propio recipiente, que
adopto lo formo de un vaso alto,
presentando su po rte inferior o
' modo de vástago . Esto forma
'
'' (lsings, tipo 10 9) será muy común o
'
partir del siglo IV d.C., rea lizándo-
se en vidrio incoloro de tonalidad
verdoso , mientras que yo en los
sig los V y VI presenta el caracterís-
..\'.
:1
., '
tico color verde o livo o amarillento,
.... '
'
resultando un ha llazgo muy común
en los en los yacimientos bojoimpe-
ria les (Sánchez de Prado, 1984,
fig. 6 , 15-18). El ti po irá evolucio-
nando, desarro llando un vá stago
corto, como se documento o través
de dos ejemplares (lsings, tipos
16. Cuenco bajo, lsings 116; 17. Pótero con decoración esmerilado, lsings 118; 18. Vaso olto,lsings 109; 1 1 1 y 1 12), caracterizados por un
19. Copo lsings 111; 20. Ungüentario globular con pie alto moldurado pie de vástag o macizo (Sánchez de
Prado, 1984, fig . 1O, 3) o hueco
ángulos de la cruz, a su alrededor demuestran los ha llazgos de esto (Sánchez de Prado, 1984, fig. 1O,
bandas con motivos ovales y círcu- área (Poolucci, 1997, 168 s.). En 10), realizado por separado y
los, así como otra con reticulado. cuanto al análisis del crismón, éste luego fundido. Se trota d e una pro-
Bajo el borde una banda de círcu- podría considerarse como un prece- ducción característica desde fi nes
los ovalados. Técnicamente se ha dente poro algunos vidrios, cuen- del V d.C., perdurando durante los
realizado con pequeñas incisiones cos y vasos, con decoración dos cen tu ri as siguientes (Foy,
y una ligera abrasión que propor- moldeado de simbología cristiana, 1995, 207s. , tipo 23), siendo fre-
ciona cierto efecto de opacidad. A procedentes de con textos de lo cuente entre el vidrio recuperado
pesar de la discutida procedencia segundo mitad del sig lo V e inicios de yacimientos encuadrados en
de la pieza (vid. Sánchez de del VI d .C. (Aienus-Lecerf, 1995, esos momentos, como demuestra,
Prado, 1986, 83), se mantiene un 59, fig . 18; Foy, 1995, 203, fig. nuevamente, su ha llazgo en los
origen renono poro estas produc- 12, 122). Se trata de cuencos con niveles biza nti nos localizados en el
ciones esmeriladas, que se centran un medallón central, en los que se Teatro ro mano de Cortogeno
o mediados del siglo IV d.C., y en represento el cri smón en formo de (Sánchez de Prado, 1999 , fig. 4,
los que vemos un uso frecuente de cruz y glóbulos en los ángulos, o su 3- 6).
mollas reticulodos y círculos ovalo- alrededor otros bandos decorados. Fina lmente, trataremos uno
dos dispuestos siempre alrededor Este tipo de producciones se atribu- pieza singu lar que procede, al
de un temo cen tral figurado, como ye a tallere s regionales (Foy, 1995, parecer, del área funera rio locoli-
220
El v1drio en l/ic1
lo lunc<onolidod del obielo
zada en el sector 6-F (Ramos gos macizos que caracterizan a polis de Vistalegre (Aspe, Alicante)
Fernández, 1974, 114). Se trata algunos recipie ntes a partir de fines o la de Alcalá de los Gazules
de un ungüentario de cuerpo globular del siglo VI d.C. (vid. Foy, 1995, (Cádiz), que han sido fechadas en
con un alto cuello cilíndrico y labio formas 23b y 27) . Todo ello nos el siglo VIl d.C. (Sánchez de Prado,
redondeado reentrante. El pie está sitúa, de antemano, en unos contex- 1984, 85; Gamo, 1995, 301 ss .,
formado por un alto vástago maci- tos plenamente visigodos, que son figs. 1,5 y 2,3). El hallazgo de esta
zo, moldurado (Sánchez de Prado, corroborados plenamente por la pieza , de cronología claramente
1984, fig. 3, 4). Este tipo, que no avanzada , en una necrópolis
aparece recogido en la tipol ogía bajoimperial, hay que rela cionarlo,
general del vidrio romano (lsings, posiblemente, con el uso dilatado
en el tiempo de ese espacio funera-
rio, que abarcaría desde el siglo IV
hasta el VIl d.C., como se ha docu-
mentado en otros casos, pudiendo
citar la necrópol is de la Almoina
(Valencia) o la del Muntayar
(Jávea, Alicante) (vid. González,
200 1, 222 SS. y 346 s.).
Frente a la gran variedad técni-
ca , tipológ ica y funcional del vidrio
altoimperia l, el correspondien te a
las dos últimas fases de la ciudad
engloba un repertorio muy reduci-
do, con unas ca racterí sticas muy
homogéneas en cua nto a color y
técnica de fabricación, correspon-
diendo fu ndamenta lmente a reci-
pientes para beber, principalmente
relacionados con el consumo de
vino, como los vasos troncocónicos
o elipsoidales, lisos o decorados
con gotas aplicadas, los platos o
cuencos bajos, generalmente en su
variedad lisa o decorados con talla-
21
dos o con hilos fundidos, y sobre
todo copas, relacionadas, además,
con una posible funciona lidad
como lámparas para ilum inación.
Pero, mientras que la cristale-
ría, que caracteriza la vajilla de
1957), parece evolucionar del mesa durante el siglo IV e inicios
Ungüentario globular con pie alto moldurado,
ungüentario globular (lsing s, tipo del V d.C., eng loba, por una parte,
soplado, color verde-amarillento
1O1), que suele documentarse en productos funcionales de fo rmas
algunas necrópolis visigodas (vid. muy simples, caracterizados por
González, 200 1, fig s. 44), al que similitud que guarda este ejemplar una baja calidad, resultado de su
se le ha añadido un pie de conside- con otros procedentes de ambientes fabricación con un alto porcentaje
rable altura, que recuerda los vá sta- funerarios , pudiendo citar la necró- de vidrio reciclado en pequeños
221
talleres locales, por otra, encontra- VIl d.C., en la que el recipiente de estad io del recipiente de vidrio
mos ciertas producciones que son vidrio se caracteriza por una cali- documentado en 1/ici vendría carac-
importadas desde los grandes talle- dad cada vez más baja, con un te rizado por la frecuente asocia-
res vidrieros de Colonia e Italia , repertorio cada vez más limitado y ción entre vasos altos, cuencos
como demuestran los hallazgos de carente de originalidad, destacan- bajos decorados con hilos fund idos
los vasos de "cabujones" o la páte- do la ausencia completa de cual- y copas u otro tipo de recipientes,
ra tallada del Porfus 1/icitanus, que quier producción de lujo, imponién- como el ungüentario, dotados, en
nos está documentando, además, dose, definitivamente, el pequeño cua lquie r caso, de un vástago de
la progresiva decadencia de 1/ici, taller local como productor de una cierta altura, siendo todo ello índ i-
que marcará el carácter de la últi- línea muy sencilla, en la que prima ce suficiente pa ra propone r un con-
ma fase de la ciudad, que abarca- la funcionalidad , destinada a una texto que alcanza de fo rma clara el
ría parte del siglo V hasta el clientela poco exigente. El último siglo VIl d.C.
222
LA BASÍLICA CRISTIANA DE ILICI
Epigrale griego.
225
opúsculo prácticamente desconoci- Pro bablemente prod ucto de
do de 1952, gracias especia lmente una larga utilización, con el paso
al motivo marino que, parcialmente del tiempo se sucedieron las repa-
perdido pero sin paralelo alguno raciones del mosaico de la basíli-
en sinagogas, acompañaba a la ca. 1/ici se convirtió en sede episco-
inscripción . Recientemente, Juan pal y más tarde en tró en la órbita
Carlos Márquez y An tonio Poveda bizantina, y la evolución del edifi-
han sugerido que en dicho motivo cio bajo el dominio del Imperi o
perdido se represente una parte del Romano de O riente parece proveer-
conocido C iclo de Jonás, ind icando lo, a finales del siglo VI, de una
además que podría ponernos sobre mesa polilobulada de tradición
la pista del paso hacia un descono- oriental. Pero no parece haber
cido bapti sterio, a l relacionar el grandes reformas hasta que en el
motivo con la última interpretación sigl o VI l, anexionada finalmente
de Helmut Schlunk de la inscripc ión 1/ici a l Reino Visigodo, se encasta-
como " un feliz via je te [deseamos) ron en el mosaico dos piedras irre-
(... )" , de posi bl e simbolismo g ulares de unos 70 x 85 cm, con
sobre el tránsito que supone a l neó- dos pequeños agu jeros respectiva-
fito la conversión cristiana. mente, alineadas amba s a más de
Paralelamente, en 1978 Helmut 4 m del lado este y separadas entre
Schlunk y Theodor Hauschild a rgu-
mentaron que las primeras letra s de
la primera inscripción - ... icheo-
chontes- no podían hacer referen-
cia a esos ancianos archontes, y
que los presbyteroi podían, a su
vez, ser también persona jes pro-
pios de la liturg ia cristiana. La pri-
mera interpretación del térm in o pro-
seuché como "sinagoga" fue supe-
rada en aquel mismo trabajo al bus-
car y encontrar diversos paralelos
en otras basílicas paleocristianas.
Así pues, la interpretación del
edificio como basílica cri stiana
desde su fundación, superando la
teoría clásica y más extendida de
Pere de Palo! de 1967 sobre una
sinagoga que tardíamen te se hubie-
ra convertido en basílica , se ha
impuesto en la historiografía de 1/ici
de una manera rotunda , y en un
proceso impa rable desde que el
mejor defensor de la identificación
como sinagoga cambiara de Canceles o celosías
??J.
sí por 1 '70 m, puede que para "pues sólo se han encontrado frag- oeste-este así como el motivo mari-
aguantar un espigón y conformar mentos de vasijas muy bastas", no -cuando éste ya se había perdi-
una transenna o balaustrada que mientras que "!os esqueletos se do o eliminada-. Tombién encontró
separara a los fieles de lo parte hallaban sobre la tierra, en direc- otro muro tangente por detrás ol
sacra del santuario mediante unos ción este-oeste, estando la cabeza ábside, pero un pié mós bojo que
canceles de piedra, o quizás poro al este"; una orientación extraño y éste y de muy peor resolución, y a
funcionar como soportes de colum- minoritaria. Una sexta tumba, inédi- ambos -el que sobrepasaba el
na. De esta época también serían ta, parece romper el pavimento de mosaico y el tongente ol ábside-
los fragmentos de losas de arenisca mosaico en su parte sudoeste, recu- los consideró tardíos, aunque ya en
talladas a bisel que, tradicional- biertas sus poredes de mampostería 1909 Josep Puig i Cadofalch supu-
mente interpretadas como canceles, pero sin ningún enterramiento cons- so que con aquel muro se enmarca"
puede que tuviéramos que suponer- tatado. Y por el momento sólo se ba el ábside en un rectángulo, y
las celosías y, recordando que puede sugerir una mayor extensión ésa es lo opción que ha triunfado
olgunos frogmentos los encontró para la necrópolis y un número de en la historiografía posterior.
Alejondro Romos inmediatos ol tumbas superior a las seis constato- Finalmente, y yo respecto a los
exterior del ábside, ubicorlas en el das, pues éstas se hallobon protegi- procesos destructivos de la fase de
propio ábside o en la pared este, das del laboreo agrícola por unos abandono y ruina del edificio,
recortando la luz y visibles poro ''árboles viejos", mientras que lo Eugene Albertini nos transmitió lo
unos oficiantes y un público que escasa profundidad -25 cm- en la existencia, en el poquete de tierro
celebrara misa mirando al este. que aparecieron facilitaría sin dudo de 1 m que cubría el povimento, de
A lo largo de lo Antigüedad la destrucción de otros potenciales tres frogmentos de capiteles corin-
Tordía los lugares de culto fueron enterramientos, y sólo algún testi- tios -uno de 38 cm de oltura- y de
progresivamente asociándose con monio aislado parece ponernos un por de frogmentos de volutas,
los lugores de enterramiento y, de sobre la pista de uno posible gran de un timbol de columna no estrío-
esta manera, las tumbas en derre- extensión que alcanzara los 50 o da y de muchos restos de aquellas
dor o incluso dentro de los templos 60 m en torno ol ábside para esto posibles celosías de arenisca talla-
resultaron comunes a lo largo de necrópolis tordío. das a bisel. Los muros de lo basíli-
los siglos IV-VIII, pese a las prohibi- Poco más conocemos sobre la ca fueron sin duda expoliados, y
ciones conciliares existentes. La basílica cristiana pavimentada de Alejondro Ramos tuvo en 1948 "la
basílica cristiana de l' Alcúdio no mosaico de 1/ici, y lo que podemos sensación de estar alterados los
iba a ser una excepción, e inmedia- afirmar es bien poco. El edificio niveles al hacer los cimientos del
ta a su ábside se encontró uno parece superor ese siglo VIl de muro [norte] del mosoico y a la des-
poco estudiada necrópolis que, de reformas casi diríamos que litúrgi- trucción del misma". los sillarejos
manera genérica, se ha ubicado cas, y aún vivió otros, pues Eug6ne serían reutilizados en otras cons-
entre los siglos V-VIII, sin que ol Albertini describió un mura de apa- trucciones mientras que la peor cali-
estado actual de lo investigación riencia bastonte irregular, de 60 dad del aparejo del muro del ábsi-
una moyor precisión resulte posible. cm de anchura y conservado entre de la conservó o uno altura máxima
En una zona que, por encon- los 30 y los 85 cm de altura, que, de 1 m, desaparecida, esa sí, en lo
trarse próxima al ábside de una sobrepasando el pavimento de zona de cantocto con el muro del
basílica -necrópolis ad sonetos-, mosaico hasta llegar a 50 cm del este que cerroba el pavimenta, y
resulta privilegiada para el enterra- muro del ábside, y flanqueado en qu1za así explicaríamos que
miento, Alejandra Ramas excavó su parte sudeste par dos piedras Eugene Albertini precisara que la
en 1950 cinca fosas de pequeñas desbastadas a la manera de esca- tierra comprendida entre el ábside
dimensiones sin "restos ni huellas lones para ganar una altura de y el mosaico había sido removida
de madera, clavos ni otros indicias 075 m, cubría el mosaica tapando "depuis l'épaque antique" con una
de cajas a féretros para su enterra- toda la parte central de la franja acumulación de piedras bastas
miento", prácticamente sin ajuar sur en una perfecta dirección arrojadas allí a propósito. Por otra
227
del Instituto Arqueológico A lemán
de Madrid se levantó el pavimento
conservado de su ubicación origi-
nal, montándolo en planchas de
cemen to de 3 m2 , y así se pudo
excava r a finales de los años
ochenta por debajo de la plan ta
basilical, exhumando el considera-
do templo ibérico y recolocando
posteriormente los muros de la basí-
lica. El mosaico debió, sin embar-
go, esperar a lgunos años más
hasta que, con motivo de la restau-
ració n y protección bajo techumbre
del edificio basilical, fue nuevamen-
te montado en el suelo, conformán-
dose la planta del ed ificio que
actualmente se puede contemplar.
Lo basílica, desde el Este Para finalizar, acabaremos este
apartado referido a la basílica resu-
das romanas del siglo IV, bien estu- sig lo 111 y la crisis generalizada con
diada por Teresa Marot. invasiones bárbaras, etc, que hacía
Por otra parte, no puede defen- de la Antigüedad Tardía un momen-
derse una fecha tan precisa porque to de decadenc ia , ha sido supera-
faltan los datos necesarios para da y con textualizada . En el siglo IV
poder afirmar una u otra datación, la vida urbana se conserva, combi-
básicamente por culpa del desco- nada por la aristocracia con la vida
nocimiento que envuelve al edificio, vi/loe, y en las proxi-
en suntuosas
así como por la ausencia de una midades de 1/ici son varios los
estratigrafía fiable con unas relacio- casos consta tados de mansiones
nes claras entre estructuras, pavi- con ricos pavimentos de mosaico
mentos y materia les aparecidos, que conocemos gracias a los dibu-
que no se obtuvo en ninguna de las jos de Aurelió !barra. Del estudio
antiguas excavaciones. Y, por de dichos mosaicos Helmut Schlunk
tanto, los futuros estudios que pue- dedujo en 1948 que el de la basíli-
dan realizarse sobre el edificio ten- ca fue " labrado por artífices que
drán que basarse forzosamente en pertenecían todavía a la misma
para lelos constatados en momentos escuela o tradición " en el siglo IV,
y lugares próximos -pero no única- y Pere de Palo! confirmó en 1967
mente del mosaico como ha sido que el pavimento de la basílica no
tradición, sino también de la planta podía diferenciarse del resto de tes-
y otras características constructi- timonios locales del siglo IV, preci-
vas- a la luz de las nuevas informa- sando una datación hacia la segun-
cio nes que sobre la arqui tectura tar- da mitad o fi nales del sig lo IV
día tenemos cada día, rev isando según el análisis del motivo central.
los estudios ya efectuados y relacio- Esta última datación se vería confir-
nando el edificio con las últimas mada por el paralelo más inmedia-
aportaciones provenientes de otras
partes del yacimien to.
Así pues, como un problema no
resuelto y arrastrado desde 1905,
la cronología fundacional de la
basílica resulta insegura aunque
apuntaremos una hipótesis de tra-
bajo, todavía en el terreno de la
pura especulación, basada en las
características del pavimento musi-
vo y, en menor medida , en las pro-
pias del cristianismo entendido
como hecho social y en el contexto
Monedas encontrados en lo basílica
de su constatación en las ciudades
mediterráneas de la Hispania ta r-
dorromana, en las que ahora no
entraremos por cuestión de
espacio.
Mosaico de Algorós, según A. lborro, 1879
La imagen catastrofista de rup-
tura con el mundo romano en el
229
to que conocemos para el mosaico menos en cuanto al pavimento- un templo cristiano construido en la
de la basílica, el procedente de la como las más importantes víllae segunda mitad del siglo IV, quizá
villa de Algorós (!barro, 1879, contemporáneas del entorno. Así cerca de los momentos finales del
lámina XXI) que, con "una disposi- explicaríamos probablemente la siglo, que culminarían en 395 con
ción idéntica" para Helmut Schlunk, ubicación marginal dentro del la implantación de la nueva reli-
ha sido datado ·por Rita Mondelo esquema urbano ba¡oimperial, gión como la única pública o, inclu-
hacia la segunda mitad del siglo IV según Xavier Barral una caracterís- so, a principios del siglo V; crono-
"por el estudio de los esquemas y tica de las primeras iglesias a fina- logía que concuerda mejor can la
motivos decorativos". les del siglo IV o principios del V -a situación del con¡unto de Hispania
Aunque en 313 el Edicto de veces al lado mismo de las mura- para esas siglos.
Milán autoriza el culto, a lo largo llas-, salvo en la substitución de Como reflexión final recuperaría-
del siglo IV el fenómeno religioso, céntricos templos paganos preexis- mos la idea de la ubicación margi-
social y económico del cristianismo tentes. nal para plantear la posibilidad de
estuvo restringido a una "minaría Esta hipótesis no entra en con- que la basílica pavimentada de
urbana de clase alta" en palabras tradicción con lo poco que sabe- mosaico no fuese la futura sede
de Enrique Llobregat, y sólo en 395 mos del con¡unto basilical, ni por episcopal ilicitana -como indirecta-
el codex Theodosianus implanta el los paralelos formales del mosaico mente se ha supuesto casi desde el
cristianismo como única religión o la interpretación del motivo mari- momento mismo del descubrimien-
pública, aunque aún tardaría siglos no como correspondiente al Ciclo to-, sino tan sólo una iglesia más.
en imponerse como tal. En este con- de Janás, ni por la posición proba- Puede que la primera, sí, pero no la
texto resultaría difícil que en 322 la blemente marginal del edificio y su más importante cuando, a lo largo
minoría cristiana de 1/ici tuviera larga utilización -constatada en las de los siglos V-VI, la cristianización
toda una iglesia con un rico pavi- numerosas reparaciones y refor- de la ciudad sea ya total y, sin
menta de mosaico que rivalizaría mas-, ni tampoco por la informa- duda, los grandes templos paganos
en esplendor con los todavía vigen- ción post quem proporcionada por y la zona del antiguo lorum -no
tes templos paganos. Pero, de las dos monedas del supuesto depó- indudablemente identificado para
acuerdo con nuestra teoría, avan- sito fundacionaL Por tanto, cobra el caso de !Irá- cobren un fuerte
zado el siglo IV las primeras comu- fuerza la posibilidad -planteada protagonismo al erigir una catedral
nidades cristianas de 1/ici yo pudie- desde hace años en diversos traba- y un consecuente palacio episco-
ron adquirir un solar, casa o casas jos que la historiografía actual deja paL Es decir, cuando se produzca
abandonadas y/o por derruir, y injustamente envejecer entre el la auténtica y definitiva cristianiza-
construir un templo tan lu¡oso -al polvo y el olvido- de hallarnos ante ción del paisaje urbano.
Los OBJETos METÁucos
?1 1
contexto arqueológico. En ese también en estos momentos de
momento podemos recurrir tan sólo época plena ibérica (Sanz ef alii,
a una identificación funcional de los 1992, n2 25), como demuestra el
mismos y a establecer unas pautas hecho de que una de éstas sujete la
generales para su cronología. camisa interior de la Dama de
Elche. Otros elementos característi-
IBERIA cos son los broches de cinturón,
del
está lleno de ellos (.. .1" Estrabón, 111 , 2, 8 . Conjunto de fíbulas ibéricas mismo yacimiento.
La aparición de exvotos se rela-
La explotación y uso de los su empleo en objetos de adorno ciona con la existencia de ofrendas
metales se remonta a la Prehistoria, personal y en la creación de ofren- en lugares de culto. La personali-
cuyos momentos fina les, debido a das para las divinidades. El hallaz- dad de estos objetos manifiesta por
la proliferación del mismo, se deno- go de diversas piezas en La
mina Edad del Bronce. La difusión y Alcudia se enmarca en esta tenden-
perfeccionamiento de su tecnología cia ya observada en el resto de
incide de forma directa en la cali- yacimientos. Es el caso de LA-7 61 ,
dad de los productos, que ya en LA-782 y LA-785 , tres fíbu las anu-
estos momentos se convierten en lares con paralelos en las cercanas
símbolo que marca la desigualdad regiones de Albacete y Murcia. En
social y la diferencia de rango el primero de los casos 2 se trata de
entre los que lo ostentan y el resto . una fíbula de navecilla correspon-
En las tierras alica ntinas conoce- diente al tipo 4 de Cuadrado, en su
mos varios ejemplos que ilustran variante b (Sanz ef alii, 1992,
este fenómeno, como sucede con el n2 79), datado en época ibérica
famoso tesoro de Villena (AAVV, plena ; la segunda es un tipo cono-
2001 a) o las hachas de bronce cido como fíbula de timbal, recono-
1
procedentes de La Alcudia • El des- cida en la clasificación de E.
arrollo de la metalurgia en este Cuadrado como tipo 2, variante e
mismo territorio tiene como motor la (San z ef alii, 1992, n2 32) y del
Exvoto en form o de pierna humana
presencia de contingentes fenicios siglo IV a.C. , mientras que la terce-
en la desembocadura del río ra corresponde a un tipo frecuente
Segura, cuya influencia se eviden- una parte su calidad técnica y por
cia en otros puntos del interior, otra la expresividad de los tipos
como sucede en la Sierra de rea lizados . En La Alcudia loca liza-
Crevillente. El desarrollo posterior mos un fragmento de un posible
de la tecnología del hierro revierte exvoto antropomorfo, perteneciente
en la aparición de nuevas armas y a la parte inferior de una pierna.
herram ientas para el trabajo del LA-651 muestra dos fractura s, una
campo, que en época ibérica se a la a ltura de la rodilla y otra en la
diversifican y perfeccionan . parte inferior, correspond iente a la
En época ibérica el bronce planta del pie derecho, por lo que
experimenta una generalización de Fragmento de broche de cinturón podría estar unida a una base para
los ob¡etos metáliCos
faci litar su depósito en posrcron sólo con una pieza de este metal recursos m1neros hispa nos se man-
erguida. Su hallazgo en un estrato que pueda relacionarse con el tiene sin cesar, y a la regresión de
4
con cerámica ibérica permite esta- mundo ibérico. Se trata de determinados yacimientos meta lífe-
blecer una cronología anterior a las LA-1659, un colgante con forma ros acompaña la búsqueda y
cerám icas de estilo Elche, es decir, de creciente lunar realizado en una ampliación de otros. A los metales
al siglo 11 a.C. fina lámina. El simbol ismo de esta preciosos acompañan otros como
El oro mantiene en época ibéri- figura está directamente relaciona- el plomo, producto secundario de
ca la preeminencia de momentos do con la fertilidad y determinados la explotación de las minas de
anteriores. Conocemos hallazgos ritos mediterráneos, aunque carece- plata, el cobre y el estaño pa ra la
de matrices y troqueles relaciona- mos de un contexto arqueológico rea lización de bronces, el mercu-
dos con la orfebrería en el territorio rio ... De esta forma , la riqueza his-
inmediato a La Alcudia , proceden- pana fluye hacia Roma d inam izan-
tes de la Sierra de Crevillente 5 , y do las relac iones comerciales de
otras de la tumba nº 100 de la aquellos puntos en los que se cru-
necrópolis de Cabezo Lucero, cuya za n las mercancías dirigidas hacia
amortización debió rea lizarse en la Urbs con las demandadas por
un momento avanzado del siglo IV los mercados hispanos.
a .C. , aunque los paralelos estilísti- La generalización de los obje-
cos demuestran que deben ser más tos de metal en época romana
antiguas (Uroz, 1992, 45). El ajuar Colgante en formo de crecien te lunar alcanza un nivel mayor que en
lo completaba un conjunto de unos época ibérica y se convierten en
cincuenta objetos que incluyen claro que perm ita establecer su per- soporte de todo tipo de mensajes y
herramientas de hierro y bronce tenencia a este período deb ido a su funciones. Desde la difusión de
como sierras, tenazas, yunque ... . mantenimiento en la ornamentación imágenes propagandísticas y sim-
De la riqueza de la orfebrería son de épocas posteriores. bólicas en monedas y esculturas
claros exponentes las representa- hasta la transm i sión de leyes ,
ciones escultóricas de Damas como HISPAN lA decretos y disposiciones lega les en
las de Elche o de Cabezo Lucero. planchas de bronce; desde los uten-
Sus joyas evidencian la continuidad "Polibio, o/ mencionar /as minas de silios de higiene personal al servi-
de modelos or iental izantes a piolo de Corthago Nova, dice que son muy cio de mesa , el roma no pod ía satis-
pesar de la discutida influencia grandes, que distan de la ciudad unos vein· facer sus neces idades con elemen-
helén ica en estos territorios (Éiuere, fe estadios, que ocupan un área de cuatro· tos de metal, bastante más lujosos
1997, 103). cientos estadios, que en ellas traba¡an cua· que otros de cerám ica y materias
La plata no aparece de forma renta mil obreros y que en su tiempo repor· diversas que cubrían las mismas
frecuen te. Esta tendencia se eviden- taban al pueblo romano veinticinco mil drac· funciones.
cia por todo el territorio peninsular, mas diarias" Estrabón , 111, 2, 1O Entre los restos de vajilla metá-
donde constituye un fenómeno pun- lica recuperados contamos con un
tual coincidente con el helenismo La llegada de Roma a los terri- conjunto de piezas pertenecientes a
tardío. Parece que el gusto por la torios de la Pen ínsula Ibérica se varios tipos de vasos rea lizados en
plata se despierta en un momento produce en el contexto de la bronce. Se trata de algunos frag-
final del mundo ibérico, como Segunda Guerra Púnica, y la con- mentos de asa de skyphoi-
demuestran las sofisticadas piezas quista de Carthago Nova y los terri- LA-13 7 4, LA-2031, LA-3118 y
de vajilla local izadas en Tivissa torios bajo la órbita de los Barca LA-3121- que pertenecen a diver-
(Tarragona), Santisteban del Puerto supone la incorporación de impor- sos tipos de copas para beber fre-
(Jaén) o los torqu es de inspira ción tantes distritos mineros de los que cuentes en contextos ta rdo republi-
celtibérica de diversas ocultacio- obtener una rápida ganancia. Esta canos y augusteos (Sedlmayer,
nes. En La Alcudia con tamos tan dinámica de explotación de los 2002, 366, fig. 2, nº 8 y fig. 2,
n9 7), aunque su continuidad en por el que pasa el asa en cada uno
momentos posteriores es bien cono- de sus extremos. Las asas pueden
cida (Beltrán el alii, 1998, 564, ser de varios tipos, como vemos al
fig . 261 , nQ3) . observar LA-3277, LA-3275 o
Son también destacables los LA-3276 . Resu lta difíci l precisar la
restos de sítulas, un tipo de reci- cronología de estos hallazgos debi-
piente metálico muy similar a los do al éxito de este tipo de recipien-
tes, pues desde su aparición su uso
se prolonga hasta momentos de la
tardoantigüedad, siendo frecuente
su reparación en sucesivos ocasio-
nes. Los tipos más senc illos de apli-
ques, como los ya comentados, sur-
gen en el siglo 1 d.C. , aunque exis- Aso con cabezo de Sobozios
~• ~·
desde fíbulas de orco del tipo dos fa los opuestos y unos genitales
Aucisso como LA-3445, propios masculinos en vista fronta l, con
del siglo 1 d .C. (Ettlinger, 1973 , grandes si militudes o un ejemplar
93 , tof. 9, n2 6 ; Erice, 1995; localizado en Barcino (Beltrán de
bula-, ya que se consideraba que donde se guardaban documentos. con un ejemplar del M. A . N . de
el tintineo alejaba el mal de o jo y Estos anillos se d ifunden de forma Madrid datado en el siglo 1 d.C.
reforzaba el ya de por sí poderoso paralela a un tipo de cierre simi lar (Martín de la Torre, 1991 , nº 1), y
amuleto (Galliazzo, 1979; Beltrán a l de nuestra s puertas a partir de algu nos ejemplares simila res de las
de Heredia, 2001, 143). Es por los sig los 11-111 d .C. (Ga lliazzo, necrópolis de A mpu ri as pueden
ello que destacamos la existe ncia 1979, 15 1-152; AAVV, 1991 , dotarse en época de Claudio.
10 2
de estos elementos , aunq ue en el 100 , n 19; Beltrán de Hered ia,
mundo romano la s ca mpa nill as 2001, 171, n2 127). Conocemos SPANIA
tenían una gran variedad de funcio- numerosas noticias sobre importa n-
tes hallazgos de joyas en el solar " Ego Serpenlinus in Chrisli nomine
de la ciudad romana de 1/ici, aun- ecclesiae 1/icilanae episcopus subscripst
que sólo uno de ellos ha sido publi- (Concilium Toletanum IV, a ño 6331
cado con criterios científicos actua-
les (Castellano, 1996). Se trata de La continuidad de los modelos
un con junto de orfebrería localiza- romanos en el mundo tardoantiguo
do en el a ño 1776, entregado al se plasma una vez más en las for-
rey por sus descubridores y com- mas de expresión artísticas de este
puesto por pendientes, colgan tes, momento, pues a pesar de q ue no
Conjunto de campanillos
apliques, collares y anillos de oro, contamos con g ran número de
nes : como ornamento personal , for- perlas y piedras preciosas. hallazgos, la calidad de los existen-
mando parte del vestuario infantil, El metal también sirvió como tes disipa cu alquier duda sobre la
asociadas a elementos religiosos o sepultura en algunos casos, concre- pericia técnica de los orfebres y
a instrumentos musicales. Pueden artesanos de estos momentos.
aparecer también en contextos Debemos recordar el carácter de
funerarios y era frecuente su inclu- sede episcopal que alcanza en
sión como adorno de caballos y estos momentos la ciudad, del
otros anima les domésticos . mismo modo que su capitalidad en
Sin duda, algunos de los ob je- los últimos estertores del domin io
tos de metal ligados más ín tima- bizan tino en la Península Ibérica.
mente a la vida de los romanos Los elementos de adorno perso-
deb ieron ser sus joyas, en tre las nal metálico adquieren nuevas for-
que destaca el empleo de los ani- mas, como sucede con una fíbula
llos, que se llevaban en todos los proceden te de fas termas
12
dedos de la mano, menos en el orientales , del tipo conocido
corazón, ya que se le atribuían
Urna cinerario de plomo
poderes mal ig nos. En cada dedo se
podía llevar uno, dos o tres anillos, lamente en un tipo de enterramien-
nunca juntos, sino d ispuestos a la to en que los restos del difunto se
altura de cada falange. En La introducían en una urna de cristal y
Alcudia contamos con un repertorio ésta se protegía en el interior de
bastante amplio de an illos que van otra urna de plomo. Uno de estos
desde ti pos se nci llos, como contenedores fue localizado en el
LA-3 11 4, hasta otros más especí fi- yacimiento 11 y permanece en depó-
cos, como LA-3115 y LA-3 477, sito con el número de inventario
que corresponden a anillos-llave LA-3704 . Este tipo de urna cilíndri-
que se dejaban a cargo del admi- ca, de base plana y tapa de disco
nistrador para cerra r cofres o cajas plano con borde recto, coincide Fíbula cruciforme
Tesorillo tordorromono. Colección Romos
como Zwiebelknopffibel (Ettlinger, de aro, roto por uno de los lados y oro, de diez gramos de peso, y dos
1973, tipo 57, 141 , taf. 16,14), con una pequeña anilla en su parte enta lles, uno decorado con un gue-
con aspecto cruciforme y los extre- inferior y dos pendientes más de rre ro y otro con un león; así como
mos rematados en una especie de cuya anilla pende un cabujón ova- cuatro cucharas de plata y otros
botones redondeados, datada en el lado orlado por una filigrana ondu- pequeños objetos de cobre. La
siglo IV d.C. A este momento o uno lante y de su parte más estrecha datación del mismo ofrece una
posterior corresponde también arranca un hilo que, liado en espi- fecha post quem de principios del
LA-3661 , una aguja para el pelo ra l sobre sí mismo, termina en un siglo V d .C., debido a la aparición
de plata rematada en uno de sus extremo afilado. Consta de seis ani- de dos monedas de oro de Arcadio
13
extremos por una esfera acha tada , llos de oro, cinco sin piedra y uno y una de Honorio (Ramos Folqués,
cuyos para lelos remiten al tesoro que conserva una imitación de 1949, 513; Doménech, 2003,
del Esquilino, en Roma (Shelton, pasta vítrea de color verde. La 231), y sus paralelos remiten a
1981, 92, n2 48, pi. 47). decorac ión es diferente en cada esas mismas cronologías (Barroso,
uno de ellos aunque todos son hue- 1990, 85-86; Perea, 2001, 194).
cos en su aro, están decorados con Otros elementos asociados son cua-
hilos formando línea s ondulantes, tro cucha ras de pla ta, muy pareci-
sinuosas y variadas combinacio- das a las del tesoro de Thetford
nes, y la caja se apoya sobre cua- (Johns, 1988, 52).
Aguja de plato
tro pequeñas esferas, una en cada Un aspecto muy sim ilar o estos
esquina, observando también el últimas presentan también los que
Pero sin duda el conjun to más empleo de ra cimos formados por forman pa rte de un con junto de
importante de este período es el perlitas de oro. Se añaden a l plata (Loro y Tendero, e.p.) descu-
denominado "tesoro bizantino" mismo varias cuentas de collar, dos bierto en el interior de un pozo del
(Ramos Folqués, 1949), compuesto de malaquita, una imitación de sector 6F e interpretado como un
por varias piezas, entre las que perla, y las demás, de pasta vítrea conjunto de tocador, que según lo
destacan dos pendientes en forma y hueso; un pequeño lingote de noticio de su excavador apareció
lo~ ob¡eto~ metólico~
envuelto en un paño dentro de un parte del ajuar metálico presentado sugiere una vincu lación directa con
pequeño cubo también de plata durante los banquetes, e incluso rituales litúrgicos, relacionados con
(Ramos Folqués, 1963). Está com- relacionados con distintos rituales. la preparación de la Eucaristía o la
puesto por un espejo de mano con En la mesa se disponían junto a pla- distribución de incienso. Otro ele-
disco circular y el mango decorado tos y copas útiles como las cucha- mento similar son los coladores,
con motivos vegetales estilizados, ras, que en aquellos casos en los pues su función primordial es la de
una navaja de afeitar con mango que tenían el mango aguzado eliminar las impurezas de determi-
rematado en forma de cabeza de servían para el consumo de huevos nados líquidos. Su vinculaci ón con
pájaro, un vaso de pequeño tama- y mariscos. Otro uso al que se pres- el ri tual del vino es bien conocida ,
ño con tapadera, un instrumento taban era su inclusión dentro y la presencia de este elemen to en
para la higiene dental y auricular, del repertori o de elementos la Eucaristía parece también proba-
un colador y cua tro cucharas. higiénico-san itarios, para la prepa- ble por su hallazgo en los tesoros
A pesar de que los elementos ración de ungüentos y su aplica- anteriormente ci tados. Los cubos o
pueden considerarse propios de ción posterior. Del mismo modo, su sítulas sirven tanto para contener
tocad or, muchos de ellos formaban presencia en tesoros eclesiásticos líqu idos como para la limpieza per-
sonal, a veces relacionad a con dis- Si bien se aludió su probable uso 1950, 36-37) y en momentos ante-
tintos rituales de purificación. El útil como dispensador de polvos de riores (Castoldi, 2002) . Ob jetos Y
doble LA-3204 servía tanto para la talco, su presencia en un ajuar de ritu ales que reflejan la entidad
higiene bucal como para la limpie- mesa reforzaría un posible uso alcanzada por la ciudad en este
za de orejas, un ritual que debía como sa lero. La importa ncia de la momento de su historia.
repetirse durante el transcurso de sal en rituales litúrgicos justifica
las reuniones y banquetes. Su apa- también otros usos.
rición frecuente en diversas oculta- Los paralelos de estas piezas
ciones junto a objetos de la vajilla remiten a modelos que se implan-
de mesa así lo atestigua . La navaja tan a partir del siglo 111 d.C. para la
de afeitar re sponde de forma clara navaja (Marien, 1971), aunque los
a necesidades higiénicas y estéti- pa ra lelos de ocultaciones en
cas, pero también pudo desempe- Britania o Roma del colador y las
ñar un papel importante en ciertos cucharas pueden dota rse desde
ritua les de purificación. El espejo es mediados del siglo IV al V d .C.
un elemen to claramente relaciona- (Shelton, 1981; Johns, 1988) .
do con la estética . El aspecto de su Ejemplares de útiles dobles para la
mango recuerda esquemáticamente higiene aparecen con frecuencia en
la forma de la clava de Hércules , este tipo de conjuntos, como suce-
personaje mitológico al que se de en el tesoro de Kaiseraugst
a lude debido a que la belleza de (AAVV, 199 1b, 294). El mango de
Ónfale le hizo sucumbir an te sus espejo tiene una decoración simi lar
enca ntos y él consintió vestirse de a otros ob jetos del tesoro de
mujer. De este modo, la unión de Carthago (Mundell , 1994 , 52 ,
uno de sus atributo s al espejo nº 36) y el tipo de vaso es simila r a
Aso de bronce
recuerda el poder que e jerce la e jemplos orientales de fechas tar-
belleza. El vaso de plata presenta días. Esta misma función debió
una curiosa tapadera, que debía tener un asa de bronce ,. pertene-
permitir la administración de su ciente a un tipo de vaso documen-
contenido en dosis de diverso tipo. tado en los siglos VI- Vil d.C. (Palo!,
NOTAS
1 1borro, 1879, 32; Romo• Folqué1, 1989, 30-31, Romo• orol (Gonzólez Prols, 1983, 178, lig 39). Esle moTivo coincide 9 De lingvo lorino, VIl, 97· "lo llevan los inlonles poro prevenorse
Fernóndez, 1974, 30. con el que decoro un fragmento de d1odemo 6ureo que formaba de los molelicios ( )"
porte de un tesoro orientolizonle hollado en el mismo yocimien·
2 El de~cubumiento de esto pieza ~e produce durante las excava- 10 LA-1297, 1490, 3429, 3432 y 3601
lo (Gonzólez ProiS, 1976-19781 Olro• do• molrices poro lo
ciones realizados el año 195.4 en ef sector 10 8, aunque no se elaboración de medoflones o colgantes, conocidos como •bron· 11 El hallazgo cotresponde o lo OKCOYOCiÓn de 1950. en. el_ nrvel e
especifko el nivel orqueoJOgico en el Diario de Excavaciones ces Candela•, proceden de uno zona de funcionalidad funero· de lo prolongación de lo calle o! sur de lo bo•iiKo (Droi!O de
jinéditol río en el Comí de Cotral, cerco de Peño Negro (Gonzólez Prots, ExcovociOn, inédito).
3 Aparece con un conjunto de materiales de cronología diveno 1989, 411 n) 12 Fue descubierlo en lo eKCovoción de 2002 en UE 301, un ni;e1
en el interiOJ de lo cloaca situado junto al implvvivm de la 6 Su hallazgo se produce el2 de lebrero de 1952, en lo excavo· wperficiol de relleno del hypocovslvm.
domvs 3F (Romos Folqués, 1953b, 115). ción del nivel E al sureste de lo bosilico (drorio de Excavación 13 Apareció en lo eKCovoción de 1948, durante los lrobo1os en los
4 la pieza aparece en el nivel f de los excavaciones realizados inédito) deporlomenlo• al este do! ábside de lo bosilico, mezclado enl!e
el año 1953 en el sedar 6F, tmezclodo con cerómico ibérico 7 AporeciO en lo e~ecovoción de lo prolongación de lo calle al sur moteriole¡ de un vertedero de época romano !Romos Fo!qués,
pinlodo con motivos típicos de lo Akudio• IDiorio de de lo bo•ilico, y su descubridor lo inlerprelo como porte de uno 1953b. 132)
Excavaciones, inéditoJ.
hebilla de oro (Romo• Folqué•, 1954-1955, 1081 l 4 localizado en uno de los estancias descubiertos en el sed<K liD
S Se treta de un troquel de bronce de secc1ón cuadrado con uno 8 Descubierto durante lo ellcovoción de 2001 en las termos occi· lo habitación H (Romos Folqués. 1962b, 94)
de sus extremos aplastado por morhlleo y el otro con un motivo dentolei, en los ni... eles de relleno supecficioles de lo nolalio,
decorot.vo que con~i~le en uno roseta cruciforme con punto een·
junio o lo pared norte (UE 12021
HISTORIA DE LA ALCUDIA
contemporáneo como algo propio según consta en los archivos de la pintada tipo Elche; reexcavó la
¡
i
de la etapa que vivimos y como Comisión de Antigüedades de la basílica paleocristiana y consolidó f
una extraordinaria creación plásti- Real Academia de la Historia, esta su pavimento de mosaico; excavó
ca que admiramos. Hallazgo que corporación había sugerido al en su lateral sur una calle que en
ha favorecido el carácter universal Ministro de Instrucción Pública y estratos inferiores a ella aportó el
que tiene el nombre de la actual Bellas Artes que la finca "loma de hoy conocido como conjunta escul-
ciudad de Elche y que despertó un la Alcudia" fuera adquirida par el tórico de la Alcudia; la necrópolis
extraordinario interés par la reali- Estado (Ramos Fernández, 2003, visigoda existente en el extrema
zación de excavaciones en La 32 y 33). suroeste; la que llamó "Casa del
Alcudia. Durante el año 1923 Antonio Orfebre" en su zona central; en
En el verano del año 1905 Vives Escudero realizó unas exca- e\ sureste excavó una casa
Eugene Albertini, inducido por vaciones en La Alcudia, consisten- ibero-romana con un área de culto
H11tono de lo Alcudia
1 Rolo el Romo> So>euñono, podre de Alejandro Romo> folqué>, 1878 y todavía texto básico en varios universidades españolas. tiene el expediente de lo Reo! Orden recibido en el Ayuntamiento
Regi>trodor de lo Propiedad y e>tudio>O de lo ontiguedod. Autor, 2 lo Comi>ión de Antiguedode> de lo Real Academia de lo Hi>torio de Elche por lo que " di>ponío que el !>todo " re>ervobo el
entre otros libros, de El Otrecho romano, editado en Valencia en
con$ervo uno corpetillo, con fecho 9 de marzo de 1923, que con· derecho o excavar en lo Alcudia de Elche.
LOS MUSEOS Y LAS COLECCIONES DE
LA ALCUDIA EN ELCHE
quedó abandonada. En junio de Museo Municipal de Elche, donde pretensión de crear un Museo
1939 A lejandro Ramos Folqués expuso las piezas más destacables Arqueológico en Elche. Museo que
presentó una instancia al halladas con anterioridad a 1947, fue inaugurado el 13 de agosto de
Ayuntamiento de Elche en la que entre las que se encuentran las lla- 1940. Museo que mantuvo su
solicitaba que se concediese a madas Venus de llici, Vaso de Tanit emplazamien to en un sem isótano
Isabel Martínez viuda de !ba rra la y Enocoe de lo Diosa. A partir de de la calle del Conde, que desde
pensión aprobada en 1935 con aq uella fecha hizo constru ir en La 1936 fue rotulada con el nombre
efecto retroactivo de 3 1 de enero Alcudia , y mantuvo , un museo de Pedro lbarra , museo en el que se
de 1934 y que, en cumplimiento monográfico en el que expuso su exponían los materiales ilicitanos
del intercambio acordado, se pro- colección de materiales arqueológi- en estantes, armarios acristalados y
dujera la municipalización de la cos, colección que fue fruto de las vitrinas de mesa y que en la prime-
colección !barra . Instancia que dio cuarenta y ocho campañas oficia- ra página de su " libro" Registro de
su fruto y por la que se nombró una les de excavación que realizó a sus Visitas , sobre las firmas de Manuel
comisión para el traspaso de titula- expensas y que contiene piezas tan Benedito y José Capuz, recoge este
ridad de aquella al Ayuntamiento y singulares como las integrantes del texto de Eugenio d 'Ors: También
por la que se cumplió lo acordado conjunto escultórico ibérico, con la los Museos, como los Ciudades, y
en 1935. dama entronizada, el busto de gue- como los Hombres, tienen su Angel
A dicha colección, en su apar- rrero con pectoral, el del togado, la Custodio. Invoquemos, contra toda
tado arqueológico procedente de cabeza de grifo y otros, o los gran- ruina, contra todo desorden, el
La Alcudia , pertenecieron, entre des vasos de cerámica ibérica pin- Ángel Custodio del nuevo Museo
otras piezas singulares, cinco tada de tipo Elche entre los que Municipal de Elche. (En lo mañana
hachas de bronce prehistóricas, un destacan los tradicionalmente lla- del 13 de agosto de 1940 año de
kylix ático, un anillo de oro con la mados La Tonto del Bote, El Héroe, la restauración de la Festa). En éste
impronta de un grifo, una cabeza El Campesino o La Bailarina que él su primer emplazamiento se mantu-
de Atis en ágata o fragmentos de descubrió, restauró y conservó. vo hasta 1947, año en el que fue
escultura ibérica como la cabeza Esta colección ha sido ampliada trasladado a uno de los pabellones
de guerrero con casco y la cabeza con los materiales procedentes de edificados en el Parque Municipal
de caballo. excavaciones posteriores, con
A partir del primer cuarto de hallazgos tan excepcionales como
aquel siglo XX se iniciaba en Elche la Crátera de 1/ici (Ram os
otra colección de antigüedades, Fernández, 1989, 236-240) locali-
ésta exclusivamente arqueológica, zada en 1987 o la Tobulo Ilicitana
era la de A lejandro Ramos Folqués, (Ramos Fernández y Ramos Molino,
colección que se consol idó en 1998, 24-33) de 1996.
1935 debido al in icio de excava-
ciones de carácter oficial en La EL MUSEO ARQUEOLÓGICO
11
Alcudia, autorizadas por el Estado MUNICIPAl ALEJANDRO RAMOS
11
español, colección que inicialmente FOLQUÉS
conservaba en una estancia que
había sido cuadra de caballerías Tras el cumplimiento en 1939
de la casa de campo existente en del acuerdo por el cual la colección
La Alcudia, llamada Villa ll ice, y lbarra pasaba a ser propiedad
que al ir engrosando a causa de las mun icipal, A lejandro Ramos
excavaciones anuales que realiza- Folqués desglosó de ella su conteni-
ba en este yacimiento fue básica y do arqueológico al que añadió
sucesivamente pasando a permane- parte de su colección particular, las
El pabellón del Parque Municipal,
cer en una primera fase en el piezas más excepcionales, con la antigua Museo Arqueológica
para la Feria Industrial de 1946
debido a que su creador logró que
fuera ced ido para ese fin por el
Ayuntamiento ilicitano y que fuera
aprobada su instalación por la
Dirección Genera l de Bellas Artes.
Nueva sede y nueva exposición
que abrió sus puertas el 16 de
mayo de 1948 para recibir a los
integrantes de l IV Congreso
Arqueológico del Sudeste Español
que se celebró en Elche.
De este edificio es destacable
'j"", , ( ...~ --
EL MusEo .MoNOGRÁFICO DE
LA ALCUDIA
1953, realizó una ampliación del la fachada sur de su lateral oeste, en un vestíbulo y cinco grandes
2
mismo ocupando la zona oeste de de 838 m de superficie, distribuido salas ded icadas a la presen tación
aquel edificio, zona que hasta
entonces estaba dedicada a coche-
ras, que supuso un añadido de la
misma anchura y siete metros y
med io de longitud, comunicado
con la primera sala por dos arca-
das laterales, con lo que el museo
dispuso de una superficie de ochen-
ta y seis m2 • Pero los materiales,
fruto de las ya mencionadas exca-
vac iones anuales en el yacimiento,
se acumulaban de manera desbor-
dante y ya en 1967, con un proyec-
to de su actual director, asum ió la
realización de la construcción de
un edificio de nueva planta, desti-
nado a ser el museo que este yaci-
miento requería, también adosado
a la casa, con puerta de acceso en Primero colección de lo Alcudia
los museos y los colee<iones de lo Akudio en Ekhe
1 Inventario del Museo delborro. 13 de sept1embre de 1935 Gorcic.- Els getmons AtJrelió y Pere lborro. Alicante
Archivo Municipal de Elche, legajo 173, n' 28 Cfr.· J Castaño 2002. p 207
LAs colECCIONES DE LA ALCUDIA EN
EL Museo ARQUEOlÓGICO NACIONAL
7
.,
ú y
Son los anos de lo ilustración, ¡unto 1 de sortijas, pendientes, ron en los primeras colecciones de!
del aliento del sueño de que es camafeos, collares, perlas, esmeral- Museo.
posible una nación, cuyas raíces das, granates, cadenas de oro, Sigue lo historia, y continúa for-
más auténticas están en un posado cucharas de plata ... que destinado mándose esa tela de araña en la
en el que pueden basar su grande- a ser propiedad del rey, recaló en que, de alguna formo, los protago-
za. Son los años del redescubri- el Real Gabinete de Historio nistas van cediéndose el puesto
miento en Europa del mundo clási- Natural en Madrid. Pero los mate- unos a otros, sin perder nunca ese
co, del interés por los antigüedades riales de este Gabinete convertido hilo conductor que serían las ruinas
en sí mismos. Aquí, en la España en 1845 en el Museo de Ciencias de La Alcudia.
de Carlos 111 un sargento, un capi- Naturales, pasaron a formar parte En el Museo, en esos primeros
tán, un subteniente del regimiento de los llamados "fondos fundacio- años de andanza actúan las llama-
de Infantería de Mallorca, y el cura nales" del Museo Arqueológico das "Comisiones Científicas", cuya
párroco de la iglesia de San Juan Nacional en 1 867. existencia se explica dentro de una
de Elche, a la sazón José De esta manera, La Alcudia político prioritaria de adquisiciones
Caamaño, Diego de Cuesta, formó parte del Museo desde el para un Museo Nacional recién
Enrique García de la Huerto y momento mismo de su nacimiento, creado y anhelante de piezas
Leonardo Soler de Cornellá comien- pues fueron esos fondos, junto con arqueológicas para constituir sus
zan, en 1775, las excavaciones en los del Museo de Antigüedades y fondos, y en el marco de una
un yacimiento ya conocido desde Monetario de la Biblioteca época de recuperación del patrimo-
antiguo: La Alcudia de Elche. Nacional y lo pequeña colección nio artístico, disperso tras la des-
En estas intervenciones además que habían comenzado Juan amortización eclesiástica de
de pavimentas, calles y plazas, res- Facunda Riaño y Juan de Dios de la Mendizábal, una actuación política
tos de estatuas, columnas y lámpa- Rada en la Escuela Especial de ya iniciada por las Comisiones
ras, encuentran un tesoro: un con- Diplomática los que se constituye- Provinciales de Monumentos
Históricos y Artísticos creadas para nada para el Museo. Pera lbarr·a, ¡Quién le iba a decir a lbarra
tal fin. antes que nada, amigo de sus ami- que su regalo sería la avanzadilla
En esta coyuntura, en 1869 fue- gos, no quiere que se vaya con !as de la llegada de su propia
ron comisionados por el Museo a manos vacías, y le regala para el colección casi un cuarto de siglo
viajar a Elche y Santa Polo Juan de Museo varias mármoles de revesti- después!
En efecto, Aureliana lbarro
había llegado a reunir un importan·
te conjunto de piezas arqueológi-
cas fruto de sus propias excavacio-
nes en La Alcudia y Algorós lleva-
das a cabo fundamentalmente
durante los años 1 861 y 1862,
aunque también realizó algunas
exploraciones y sobre todo recogí·
da de materiales en los años prece-
dentes. A pesar de la manifiesta
importancia del yacimiento, de los
restos de edificios que iban afloran-
do, como las suntuosas vi/loe orna-
mentadas con bellísimos mosaicos,
'¡"'} ::·
el que fuera correspondiente de la
Real Academia de la Historia preci·
samente como recompensa a sus
desvelos par el yacimiento, no llegó
a ver nunca una protección oficial
Aureliano lbarro y Monzoni, invcstigodor de lo Alcudio y su entorno
del mismo, más allá del mosaico de
Galatea. Su historia fue la de la
2
Malibrán y Autet y, sobre toda, miento y otros fragmentas decorati- perseverancia solitaria de un hom-
Juan de Dios de la Rada y Delgado, vos romanos que había hallado en bre ante la incomprensión y la igno·
gran conocedor de La Alcudia. Su las ruinas ilicitanas. rancia de sus vecinas, al que sólo le
misión: conseguir piezas de la anti-
gua 1/ici. La persona que lo tenia
que hacer posible, un personaje
clave en la historia del yacimiento:
Aureliano lbarra y Manzoni.
No llegaron en buen momento
nuestros visitantes, pues a pesar de
las incansables esfuerzos de lban·a
por evitarlo, se acababan de des-
truir los mosaicos de la villa de
Algorós. Rada, viejo amigo de
lbarra, y valedor años atrás ante la
Real Academia de la Historia del
propio yacimiento, entiende como
nadie la desolación de su anfitrión,
su decepción y su hastío. Y casi
habría entendido su negativa a dar Foto de grupo de los Facultativos del Museo Arqueológico Naciono! hacia 1875. Archivo fotogrélfico MAN
r
;
movía un inmenso amor hacia "su" también ibéricas y prehistóricas, e el delicado Hypnos, los paneles
tierra ilicitana y hacia la constata- incluso árabes (lo que nos hace marmóreos de revestimiento de las
ción de la verdad de su pasado his- constatar que estuvo formada tam- villae, los mosaicos pensiles de
tórico, el ser solar de la antigua !lici bién por materiales obtenidos de Apofo y del Centauro, la escultura
que otros se empeñaban en asignar fu era de La Alcudia), fue fi nalmente del dios Hermes en bronce, que sin
a otras latitudes ... Pero la adminis- vendida por su hija y heredera duda destacan de entre los cente-
tración no estuvo de su lado e Asunción, esposa del Dr. Manuel nares de piezas que componen la
lbarra tuvo que ver cómo se Campello, al Estado español , quien colecc ión, nos dejan asomarnos al
perdían las estructuras arquitectóni- la adscribió a los fondos del Museo esplendor de la !lici romana.
3
cas del pasado, e, impotente, salvó Arqueológico Nacional en 1892 • Pero antes de proseguir con
lo que pudo rescatar con sus Innumerables restos de la vida nuestro relato en el tiempo, debe-
manos: las piezas arqueológicas. cotidiana de 1/ici: lucernas, cerámi- mos parar un momento y volver
Esta importante colección de cas, monedas, vidrios ... pero sobre nuestra mi rada hacia la loma ilicita-
piezas sobre todo romanas, pero todo los hermosos Erotes dormidos, na donde un hecho fundamental en
tos colecciones de lo Alcudia en el Musco Arqucológrca Nocronol
con una mano lo que con la otra mayo de 1941 se re únen en el junto de vasos cerámicos ibéricos
condenaban. Así apareció en Museo Arqueológico Nacional su conocidos como del estilo
1938 el Servicio de Defensa del Director, Bia s Taracena y Joaquín Elche-Archena de los que, desgra-
Patrimonio Artístico Nacional cuya M º de Navascués , a la sazón ciadamente, se desconoce su pro-
premisa era, según consta en el Subcomisario General del Servicio cedencia concreta, pero que dada
7
Decreto de 22 de abril de 1938 la de Defensa del Patrimonio Artístico su importancia, no queremos dejar
"(reorganización del] servicio de Nacional para recibir en depósito de recoger aquí 9 .
recuperación del patrimonio artísti- unos "objetos [ ... ] procedentes de En este mismo año de 1941 cul-
co nacional y también de las obras los almacenes formados por el minará una negociación entre el
de arte de propiedad particular Servicio de Recuperación que actuó Gobierno del Mariscal Petain y el
sometidas a los azares de la durante el periodo rojo y que entre del General Franco, que procurará
guerra, cuando no a la furia los profesionales arqueólogos son la vuelta a España no sólo de la
destructora y a la improbidad conocidos con el nombre de colec- Dama de Elche sino de otras piezas
8
adquisitiva de las turbas, gobiernos ción Heiss" . también ilicitanas como el fragmen-
y otras formas de bandería, en que Efectivamente, 122 objetos ibé- to de escultura de un guerrero con
se ha materializado la resistencia ricos, reunidos por Carl W. Heiss, su falcata, encontrado en La
ro¡a, (que] corresponden a un (conjunto en el que debían figurar Alcudia en un lugar muy cercano a
anhelo tan vivo y claramente senti- las 81 cerámicas que había ofreci- donde aparec ió la Dama y un ca pi·
do que resulta inútil detenerse en su do en venta al Estado en 1934) tel de pilastra con palmetas ; ade-
10
proclamación". entre los que destacan jarras, pla- más de otras piezas y documen·
Bajo estas, cuando menos tos y sobre todo kalathoi, vinieron a tos igualmente de importancia capi·
inquietantes, premisas, el 7 de formar parte de un importante con· tal para la historia de nuestro país
1 El Cltudic de elloo ¡:¡iezcs !o podemo1 en;:ontrcr en: Costel1cno 5 Expediente 1923/37_ Ar<:hivo del Mu>eo Arqueológico 9 El estudio de CIIGI ccr6mica1 en el Mv1co Atqurwlógicc
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leer ¡¡n· R<:do y Dclgcdo, )_de D. de le y Mclibri:n Autet, J. A 25 de Siret, en el hchrvo del l,iu;eo Afqucolégico Nocicnol, i O les piezcl objeto del intercambio e1ti:n recogidos en· Gorda y
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3 Sobre !a hi¡toric de la llegada de le co!c.:ción lborw el Mu1co 7 Pare co~ccer elle 1' C!ICI dilpoliCionC\ que clectoron o le ge¡- 1\ Sobre io 1olidc y V<Jeita de lo DcmG e f;pañc, w.~ muáo1 b
llrc.udógico Nacionoí pude consultarse: Pepi Rodes, C 2000 tr6n del ptrinwnio, ;e puede <:onwlicr legj¡/cnón >obre el lew e\cri.'o;, peto dcllücore~w¡ cuctro en función de su cc¡i:cter
ro o¡¡i¡lico de E$paiia_ \957 _En euMio e c;!c se1!i6n en lo; pri· cxlon;ivo y minuc,o¡o y/o de su recienlc rubliccción. Mün1o
!, Lo1 avc:crlll de !o cob:ción y clgunoo C\lodio, 10br~ 1u1 pieza¡
meres coio; c'ei fronqvi1m0: Dicz-Andrc,, Gnrcic, .V, y Romírez Mmlin, f_ 1997, Remo> fernóndez, R. 2003: Rcrno1 fo!aué1. A
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i993. M&i:Cc \' ;,lincti. J R 1912 8 br. 1941/ ~6. /-.rchivo Nro1eo Arcyeoiégico Nccional
lA RECUPERACIÓN DEL PATRIMONIO
~
eLJ os materiales ob jeto de conservac ión y res-
tauración existentes en la actualidad en La
Alcudia son fruto de la actividad desarrolla-
da en este yac imiento desde 1935 y responden a tres
etapas que han de ser consideradas en el proceso de
recuperación de su yacimiento arqueológ ico, etapas cen-
tradas entre los años 1935 y 1984, entre 1984 y 1996,
y entre 1996 y nuestros días.
La primera de ellas está re presentada por el deseo de
recuperación y conservación del pa trimonio arqueológ i·
co ilicitano que surgió en Alejandro Ra mos Folqués moti·
vado por acontecim ientos de un pasado para él reciente:
las ventas de la colección de Aureliano lbarra Manzoni
y la del busto que fue llamado Dama de Elche; así como
por los saqueos realizados por aficionad os a principios
del siglo XX y también por las excavaciones entonces rea-
lizadas en La Alcudia con depósito de materiales en el
Museo Arqueológico N aciona l. Actividades de las que
sólo quedaba exclu ido Pedro lbarra Ruiz, cuya colecció n
*Fundación Universitario de Investigación Arqueológico Lo Alcudia de materiales arqueológicos pasó a constitu ir parte de
los fondos del Museo Arqueológico construcciones de alcantarillado tran las consol idaciones de la
Mun icipal de Elche. Su reacción existentes al sur de ellos. "domus" del secto r 5-F del yaci-
ante lo expuesto hizo nacer en él la Durante la segunda etapa men- miento [Ramos Molino, 1995 ,
pretensión de que nada volviese a cionada se contó ya con ciertas 355-359), la del 3-F, las de las
salir de Elche. Con dicho ánimo in i- ayudas económicas de la estructuras del 10-D, las de los edi-
ció el proceso de conservación, Consellería de Cultura de la ficios del foro, las de las termas
recuperac ión y difusión de los General itat Valenciana, ayudas orientales y las del mosaico paleo-
hallazgos fruto de sus excavaciones insuficientes para el mantenimiento cristia no de la basílica .
en La Alcudia, hallazgos que en del yacimiento e inexistentes para Con relación a las restauracio-
Elche llegaron a ser símbolos de su museo. A lo largo de ella se pro- nes escultóricas es destacable la
aspectos del pasado que llenaron dujo la continuidad de la excava- real izada en la llamada "Dama
de orgullo a su comunidad. Centró ción de la gran "domus" del sector Entronizada de La Alcudia", obra
su trabajo en extraer aquellos docu- 5-F y de sus estratos inferiores, se de época ibérica descubierta en
mentos del pasado y en preservar- realizó la consolidación de sus este yacimiento en las tareas de su
los de la mejor manera para él estructuras y se dejaron testigos de campaña de excavaciones de
posible desde el punto de vista su estratigrafía; en 1989 se inició 1949 [Ramos Fo lqués, 1956a,
científico, aunque mediatizado por la excavación de la zona central 102-113) , cuyos fragmentos, aisla-
lo económico puesto que tuvo que que aportó el descubrimiento del dos, no permi tían ap reciar su com-
afrontar todos los gastos que ello foro de la ciudad con sus templos, pleja iconografía.
ocasionaba. Tareas que mantuvo a también se rea lizó la excavación Esta res tauración , real izada
lo largo de toda su vida. En la de los estratos in feriores de la basí- con absoluto respeto a las partes
Alcudia descubrió la que ha sido lica paleocristiana que dieron conservadas y patrocinada por la
llamada "Venus de 1/ici'' en el inte- como fruto la localización del Dirección General de Patrimonio
rior de un aljibe de época romana templo ibérico, se consolidaron las
existente en su zona central del es tructuras de dicha basílica y
yacimiento; excavó la "domus" del para su protección se edificó una
noreste y sus niveles inferiores en gran cubierta soportada por pilares
los que encontró varios de los gran- de hormigón que lo alberga en su
des vasos ibéricos de cerámica pin- totalidad .
tada tipo Elche; reexcavó la basíli- Desde 1996 es la Fundación
ca paleocristiana y consolidó su Universitaria de Investigación
pavimento de mosa ico; excavó en Arqueológ ica La Alcudia, con el
su lateral sur una calle que en estra- apoyo de algunos de sus patronos,
tos inferiores a ella aportó el hoy qu ien, en esta tercera etapa, sopor-
conocido como con junto escultórico ta los costos de mantenimiento, con-
de La Alcudia; la necrópolis visigo- servación y recuperación del yaci-
da existente en el extremo suroeste; miento y de su museo.
la que llamó "Casa del Orfebre" en Los trabajos rea lizados en La
su zona central; en el sureste exca- Alcudia se han centrado básica-
vó una casa ibero-roma na con un mente en consolidaciones de estruc-
área de culto relacionada con turas arqu itectónicas, consolidacio-
cabezas cortadas; en el noroeste nes de mosaicos, consol idaciones
d el yacimiento excavó un sector de de metales, restauraciones escultóri- Piezas originales sobre soporte de la fig uro sedente
estructuras ibéricas en las que loca- cas y restauraciones cerámicas .
lizó la que llamó "tienda de alfare- Entre las tareas de recupera-
ría" ; y también excavó los pozos ción patrimonial de mayor relevan-
manantiales de la zona este y las cia hasta hoy reali zadas se encuen-
lo tecvperoción del polun1onto
Artístico de la Co nse llería de "Peligros", localizable a tan sólo manto aparece la mano derecha,
Cultura, Educación y Ciencia, nos unos pocos kilómetros de La perfectamen te trabajada, que se
muestra una imagen femenina Alcudia en dirección norte. Los tres apoya de forma relajada sobre la
engalanada con un collar de gran- fragmentos continuos forman un rod illa del mismo lado, luciendo en
des bulas que la identifican como cuerpo de 85 cm de altura, 40 cm su muñeca una pulsera espiralifo r-
mujer que ofreció su rostro a la de anchura y 29 cm de grosor. El me de sección triangular, y sujetan-
efig ie divina y, consiguientemente, cua rto fragmento corresponde a do entre sus dedos pulgar e índ ice
como sacerdotisa del templo en el una de las alas del tro no, con unas una pequeña rama de adorm idera .
que, al modo griego, se exponía su dimensiones de 23 cm de altura, Los p ies irían apoyados sobre un
estatua, "en piedra y de muy buen 14 cm de anchura y 4,5 cm de gro- escabel colocado en la parte infe-
arte" (Pausanias, Periégesis ... , so r. Representa una figura femeni- ri or frontal del trono .
11 38,8; y VIl 25,7). Imagen que, na sentada sobre un trono de la Del tron o sólo se conserva el
además, alude a una condición de que se conserva la mitad derecha brazo derecho, que va a lmohadilla-
pertenencia al mundo de los muer- del cuerpo, fallándole también la do, con una decoración de moldu-
tos, simbolizada por los frutos de la cabeza. El brazo esta apoyado en ra tallada hasta el arranq ue de la
adormidera que sostiene en su la rodilla. Viste una túnica y va pata, que es de sección cua drada y
mano, y cuyo trono provisto de alas cubierta por un manto rojo, de gran base piramida l truncada faltando el
expresa la idea de su trán sito al rea lismo y movilidad por sus varios pie. También se conserva el ala
más allá. plega dos, que se envuelven unos al derecha de forma rizada con un
De esta obra se conservan cua- brazo de la figura y otros penden gran ri zo en el áng ulo y otros
tro fragmentos escultóricos, tres de hasta llegar a la altura de los tobi- decrecientes a sus lados. Tiene mar-
ellos casantes entre sí, de piedra llos . El manto va sujeto con un bro- cadas con líneas incisas su decora-
ca liza procedente de la can tera che a la altura de la separación del ción intentando asemejar la pieza
pecho y el estómago, ya que este a las alas de un ave de forma sim-
no va pegado al cuerpo sino que bólica. Conserva todavía restos de
queda tenso entre los hombros y las color ro jo, muestra de la pol icromía
rodillas. Se trata de una fíbula anu- de la pieza.
lar hispá nica con decoración entor- Los fragmen tos escu ltóricos
chada, que en el modelo orig inal ob jeto de esta intervención han
sería metál ico, con un diá metro de sido respetados, ta nto a nivel artís-
5 cm. Son abundantes sus ropajes, tico como de restauración, en su
de exag erada anchura y de no totalidad. No se ha practicado en
menos exagerado grosor. También ellos ningún tipo de perforación
cubre la parte inferior de su cuerpo para sus respectivas su jeciones ni
una especie de faldeta que en su se ha alterado ninguna de sus
parte fron tal conc luye con una superficies, por lo que en ellos no
borla o botón central casi a la altu- han cambiado sus propiedades.
ra de los tobillos. Luce un collar La pa rte de la escultura conser-
sobre su pecho su jeto a los hom- vada constituye un pi lar, puesto
bros, formado por un haz de grue- que sus fragmen tos orig ina les
sos hilos del que cuelgan , por corresponden tod os a su lateral
med io de abrazaderas, bulas de de recho . Por ello, partiendo de la
Sislemo de sujeción inlerior de los piezas originales leng üeta, muy parecidas a las del base de estos, se ha constru ido una
tercer collar de la Da ma de Elche estructura interi or que soporta la
pero en este caso con ribete deco- restauración, sin forza r acopla-
rado, de las que aquí se observan mien tos y como soluc ión a desp la-
dos completas . Por debajo del za mientos laterales.
Construida la estructura indica-
da, se le apl icaron refuerzos dorsa-
les para así lograr, "a medida", la
fijación ideal prevista . Tras este tra-
bajo, y después de haber construi-
do una maqueta de madera con el
estudio de distancias que aportan
los fragmentos originales conserva-
dos, quedó concluida mediante las
pertinentes soldaduras la estructura
f inal inter ior que constituye el
soporte de estabilidad y acopla-
miento de dichos fragmentos y, a su
vez, el a rmazón de la composición
escultórica a realizar.
Esta estructura ha sido elabora-
da con hierro macizo de sección
cuadrada, chapas y pleti nas metáli-
cas que, además, por su diseño,
aporta la fortaleza y seguridad
esencia l estimada necesaria para
este tipo de obra .
El grueso interior de la pieza se
ha rellenado con poliespá n, sobre
el que se ha aplicado una cubierta
envolvente en la que se han ejecu-
tado los rasgos básicos, supuestos,
de la escultura completa . Esta
cubierta se ha elaborado con
cemento blanco y arena apl icado
mediante encofrados y modelado.
Así, esta restauración ha mantenido
aislados los fragmen tos escultóricos
originales y se ha constituido con
un interior vacío que, además, da Figuro sedente reconstruido
solución al considerable peso q ue
una obra de estas dimensiones
soporta. mano izquierda , han quedado Por último, debido a que la
Una vez conseg uido el volumen intencionadamente esbozadas, pre- coloración de una obra restaurada
total de esta pieza escultórica se sen tando sólo las d imensiones debe ser compatible cromáticamen-
ha n realizado las a rtes finales correspondientes al conjunto de la te con sus fragmentos conservados
med iante limas, lijas y máquinas image n re presentada. Con ello se al mismo tiempo q ue debe dejarse
erosionantes, para delimitar con ha pretendido, una vez más, signi- notar la diferencia entre ambas par-
precisión las joyas y pliegues del ficar el respeto que se tiene a los tes, atendiendo tanto a la tonalidad
manto del persona je y las tallas del fragmen tos origina les y expresar la y al contraste, en este trabajo se ha
trono; mientras que el resto de la diferenciación entre ellos y las aplicado a la superficie restaurada
obra , especialmente el rostro y la zonas restaurada s. un color tierra , que ha dado como
la recuperación del polumonio
La colocación, dado que cada adecuada, se optó por una restau- permitiendo fabricar copias con el
losa tiene un peso medio de unos ración de alta calidad en cuanto a mismo mortero e incorporarlas al
setenta kilos, se realizó con la materiales y estética se refiere, piso.
ayuda de herramientas y gatos
hidráulicos hasta lograr una perfec-
ta conexión entre ellas.
Una vez agrupadas, se aplicó
un mortero compuesto por resina,
cemento y áridos de alta calidad en
todas las juntas de estas losas con
el fin de asegurar todavía más su
inmovilidad, y al mismo tiempo
para que sirviera de "asiento" de la
futura restauración y reposición de
teselas.
Realizada esta fase de coloca-
ción y asentamiento de las losas se
comenzó con la limpieza de éstas,
una limpieza mecánica basada en
la eliminación de cementos y morte-
Restitución de teselas del mosaico
ros depositados donde existían
lo rccupcracton dclpotumnn1u
En las zonas sin restaurar cuyos secuencia siguiente: análisis de su todos los fragmentos cerámicos, la
motivos se desconocen se ha utili- estado de conservación, propuesta separación de estos según caracte-
zado un gravín con un color acorde de in tervención y proceso de rísticas de grosor, perfil de base,
al mosaico con el fin de ocultar la restau ración. panza, la s decoraciones, pigmenta-
base de cemento y mejo rar la esté- Las piezas a parecieron muy ciones y las erosio nes. Tras la con-
tica del con junto. También se ha fragmentadas y con diversas to nali- solidación de los fragm entos se rea-
instalado, en la estructura interna dades que habían ido adquiriendo lizó un primer montaje, sin pega-
de la cubierta constru ida en 1990
para proteger los restos de esta
basílica, un sistema "antipájaros"
cuya función es la de evitar la
caída de excrementos cuya acidez
dañe el pavimento.
Con relación a las restauracio-
nes cerámicas aquí se a ludi rá
exclusivamen te a las rea lizadas en
los grandes vasos ibéricos,
descubiertos en este yacimiento
arqueológico de La Alcudia, deco-
rad os con motivos pi ntados referi-
dos a la plasmación del surgimien-
to de la vida asociada a la repre-
sentación de una divinidad femeni-
na que se muestra bien como efigie
o bien como rostro que brota de la Proceso de restauración de uno pieza cerámico
j J
Hierro Hierro Cerámico
Rejo de orado. Instrumentos metálicos Guarnición y conjunto de armas Fusoyolos
largo rejo: 23 cm largo folcoto: 60,5 cm Altura: de 2 o 4 cm
Siglos IV-11 a.C. Siglo IV a.C. Siglos 111-1 a.C.
lo Bastida de les Alcusses, Valencia El Cigorrolejo, Mulo, lo Alcudia de Elche, Alicanto
El Xorpolor, Alicante Depósito y foto: Museo de Mulo, Murcio Depósito y foto Museo MonográfiCo do lo Alr urluo
Depósito y foto: Museu de Prehistoria
i de les Cultures de Valencia
Cerámico Bronce Bronce
Pesos de telar Fíbula Fíbula
Altura: de 12 o 13.5 cm Altura: 4 cm Altura: 6 cm
Siglos 111-1 a.C. Siglo V a.C. Siglo IV a.C.
Lo Alcudia de Elche, Alicante Lo Alcudia de Elche, Alicante Lo Alcudia de Elche, Alicante
Depósito y foto: Museo Monográfico de Lo Alcudia Depósito y foto: Museo Monográfico de Lo Alcudia Depósito y foto: Museo Monográfico de Lo Alcudia
Maquelo
Puerto Ibérico de Sonia Polo
Dimensiones: 100 x 100 cm
Siglo IV a.C.
Sonia Polo, Alicante
Museo Arqueológico y Morílimo de Sonia Polo
HISPAN lA
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783
Bronce Plato Plato
Sestercio de Foustino 1 Denario de Septimio Severo Denario de Gordiono 111
Diámetro: 32 mm Diámetro: 20 mm Diámetro: 19 mm
Post 141 d.C.. Año 198 d.C.. Años 241·243 d.C..
Lo Alcudia de Elche, Alicante Lo Alcudia de Elche, Alicante Lo Alcudia de Elche, Alicante
Depósito y loto: Museo Arqueológico Depósito y loto: Museo Arqueológico Depósito y loto: Museo Arqueológico
Municipal de Elche Municipal de Elche Municipal de Elche
285
Mosaico Mosaico Mármol
Delfín Toro Venus
longitud : 164 cm longitud: 275 cm Altura: 11 O cm
Siglo 11 d.C. Siglo 11 d. C. Siglos 1-11 d.C.
lo Alcudia de Elche, Alicante lo Alcudia de Elche, Alicante lo Alcudia de Elche, Alicante
Depósito y loto: Museo Monográfico de lo Alcudia Depósito y loto: Museo Monográfico de lo Alcudia Depósito y foto: Musco Arqueológico
Municipal de Elche
Cerámico
Ánfora Dressel 20
Altura : 65 cm
Siglo 11 d.C.
Alicante
Depósito y loto: Museo Arqueológico Provincial
de Alicante (MARQ)
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Cerámico
Fragmentos de ungüentarios tardíos
Altura: 17 cm
Siglos VI-VIl d.C.
Cortogeno, Murcio
Depósito y loto: Museo Arqueológico Municipal
de Cortogeno
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