El Progreso Económico Del Porfiriato
El Progreso Económico Del Porfiriato
El Progreso Económico Del Porfiriato
Uno de los principales pilares de la continuidad del gobierno de Porfirio Díaz fue su proyecto
económico, el cual se basaba en alcanzar el progreso material mediante la modernización
de todos los sectores. Si bien durante el primer periodo presidencial de Díaz los logros en el
ámbito económico fueron más bien magros, lo cierto es que a partir de la década de los
ochenta estos fueron mucho más contundentes. En buena medida, México tuvo la
oportunidad de integrarse al mercado mundial a partir del proceso denominado como
Primera Globalización Económica, que tuvo lugar de 1870 a 1914, y durante el cual las
materias primas latinoamericanas fueron muy importantes para apoyar los procesos
industrializadores de Europa y Norteamérica. De tal forma, el modelo de crecimiento
económico desplegado durante los gobiernos de Porfirio Díaz fue el primario exportador.
Las exportaciones mexicanas tuvieron la oportunidad de colocarse en el mercado
internacional por su gran demanda, al tiempo que fueron diversificándose, pues el país
vendía con profusión no solo metales preciosos, sino minerales industriales y una gran
variedad de productos agrícolas. Este proceso se vio fortalecido con la elaboración del
Código de Comercio que promovió las asociaciones mercantiles; el Código de Minería
(1884) que dio mayores seguridades a la propiedad, y la Ordenanza de Aduanas (1891), por
la que se establecieron franjas de protección arancelaria con fines desarrollistas que a su
vez apoyaron el proceso industrializador.
Las finanzas públicas también fueron arregladas, pues uno de los principales problemas
heredados de los periodos previos era el desequilibrio presupuestal que impedía llevar a
cabo proyectos económicos de largo alcance. José Yves Limantour tuvo entonces como
prioridad lograr y mantener la nivelación del presupuesto durante toda su gestión como
secretario (1892-1911). El objetivo no era menor, pues implicó el despliegue de una política
de reestructuración y contención del gasto, acompañada de la ampliación de fuentes de
ingreso internas. El denominado “plan de economías” implicó la clasificación y modificación
de montos de partidas presupuestarias al mínimo indispensable sin afectar el servicio
público; el control de los presupuestos parciales de todas las dependencias del gobierno; la
no disposición de algunas asignaciones con las que se haría un fondo de reserva y cuyos
montos serían invertidos en obras de utilidad pública; y la contracción en número de la
burocracia y dependencias del gobierno, entre otras acciones que le reportaron muchos
ahorros a Limantour. Con todo esto pudo conseguir el tan ansiado equilibrio presupuestal, lo
que le hizo acreedor del mote de “mago de las finanzas”.
La reforma fiscal tuvo como propósitos aumentar la recaudación interna por medio de la
eliminación de las alcabalas, el rediseño del impuesto del Timbre, la ampliación de la base
gravable de algunos impuestos ya existentes y el establecimiento de nuevos impuestos.
Esta reforma estuvo acompañada por cambios administrativos cuyos objetivos eran la
reducción de los costos de recaudación, la simplificación de los trámites y la obtención de
información precisa, todo ello tanto para hacer más eficiente el cobro de impuestos como
para establecer a la Secretaría de Hacienda como el centro directivo de todo el sistema, de
tal forma que la centralización política fomentada por Díaz también tuviera lugar en el
ámbito administrativo. Cabe añadir, en este sentido, que las acciones tomadas por parte de
la Secretaría de Hacienda para aumentar los ingresos de la Federación llevaron a una
pérdida de facultades fiscales de los estados de la república.