YÁÑEZ VALENZUELA, Claudio. “Un acercamiento a las leyendas de entierros
en la zona central de Chile”. Culturas Populares. Revista Electrónica 1 (eneroabril 2006), 10 pp.
http://www.culturaspopulares.org/textos%20I-1/articulos/Yanez.pdf
ISSN: 1886-5623
UN ACERCAMIENTO A LAS LEYENDAS DE ENTIERROS
EN LA ZONA CENTRAL DE CHILE
CLAUDIO YÁÑEZ VALENZUELA
Introducción
El territorio chileno, una larga y angosta faja de tierra emplazada en el extremo suroeste de
Latinoamérica, está bañado de norte a sur en su interminable costa por el Océano Pacífico
y, por el otro lado, en el oeste se alza como barrera infranqueable la majestuosa Cordillera
de los Andes. Pero la constitución y el largo espacio que conforma nuestro país no son las
únicas características que hacen peculiar su geografía, sino que también han influido en la
formación de una idiosincrasia muy heterogénea, lo disímil del territorio, del clima y de las
necesidades propias de un pueblo que tempranamente se conformó como una sociedad agro
- ganadera y pescadora, y -que al correr de los años- se consolidó como un país exportador
de materias primas.
El paisaje se introduce en los ojos del viajero, desde el norte con el desierto más
seco del mundo y con toda la riqueza cultural del altiplano andino; y en el sur con un
conjunto casi infinito de islas que hacen que el continente se vaya segmentando en forma
lenta, pero definitiva.
La rica tradición folclórica chilena -en una primera división metodológicapodremos segmentarla, a grosso modo, en tres zonas culturales muy diversas:
La "zona norte" donde la fusión entre los pueblos autóctonos del altiplano, más el
sustrato ibérico dieron un giro muy especial a la poética folclórica. Funde así la tradición
vernácula de los grupos andinos tales como aymaras, atacameños e incas con los aportes
hispanos.
La "zona central" posee una amplia tradición oral, que conserva muchos rasgos del
pueblo español en su entramado de motivos. Por un lado, dan cuenta del quehacer propio
del campesino chileno, y por otro, mantienen y conservan muchas características de un
sustrato hispánico.
Por último -y no menos importante- la "zona sur" del territorio dividida en dos
focos culturales: la zona centro sur que tiene una impronta mapuche muy fuerte. Tradición
cultural poblada de seres mitológicos, de brujos y de brujas, que dan pauta para la vida
social, incluso el cómo -en tiempos de los antiguos- los diferentes linajes ocupaban el
espacio, es decir, el habitar del mapuche estaba marcado por las grandes distancias a fin de
evitar el mal de ojo o el hechizo que pudiera hacer la machi del grupo vecino. La fuerte
presencia de la tradición de la mitología mapuche, que a pesar de corresponder a un grupo
pre - agrícola se presenta en extremo compleja y con una pervivencia que podemos palpar
en la cotidianidad del mapuche actual. De hecho, "guillatunes y machitunes" (celebraciones
religiosas) se siguen realizando hasta nuestros días. Y la otra vertiente es la Isla Grande de
Chiloé, que se articula como una realidad aparte, puesto que la vertiente indígena está
aportada por los huilliches, que tempranamente se aliaron con el conquistador español,
incluso en contra de los otros grupos indígenas, tales como los mapuches, tuvieron contacto
con poblaciones holandesas en la época de los corsarios.
Dar cuenta de una geografía religiosa popular en nuestro país, tan disímil como la
geografía física, es una puerta que nos obliga a adentrarnos en nuestra identidad como país
caracterizado por un gran fervor popular de marcado carácter sincrético.
2
Literatura popular de la "zona central"
Es en la zona central de Chile donde los relatos y ficciones campesinos han ocupado un
lugar de preferencia en los estudios folclóricos nacionales. Su alto grado de difusión en los
medios rurales, la diversidad de temas y la multiplicidad de variantes de un mismo motivo
literario hace que constituyan un género de primera importancia en la literatura popular.
Aunque se ha logrado establecer la procedencia europea de un gran número de relatos,
éstos han sufrido reinterpretaciones y adaptaciones que los convierten en un elemento vivo
de la cultura popular tradicional latinoamericana y chilena.1
En el cuento folclórico chileno se encuentran temas de diversa índole: los cuentos
maravillosos; de adivinanzas, que plantean interrogantes que el protagonista debe resolver
para llevar a cabo su cometido; los cuentos de fórmula, que se articulan a partir de una
determinada estructura narrativa que se repite constantemente, como sucede con los cuentos
de nunca acabar; los cuentos maravillosos; los cuentos de consejos y los cuentos picarescos,
entre los cuales el personaje de Pedro Urdemales2, herencia española, tiene una amplia
difusión.
Uno de los primeros estudiosos del género fue el erudito alemán Rodolfo Lenz3,
1
Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos Chilenos (DIBAM).
Visitada el 18. 01. 2006.
2
http://www.memoriachilena.cl.
Es tan fuerte la apropiación de este personaje popular, que a muchos de los entrevistados para este
artículo, Pedro Urdemales le parece un personaje exclusivo chileno, que "representa al ‘huaso pillo’, típico de
Chile". Es interesante observar cómo un personaje de cuento popular puede arraigarse tanto en la mentalidad
popular de un pueblo, que incluso logre perder totalmente su origen para la gente.
3
Aunque el estudio del español hablado de Chile no comienza exactamente con la llegada de Rodolfo
Lenz (1863-1938) a ese país, ni con la publicación de sus estudios filológicos, con él sí comienza un
apasionado debate lingüístico que aún no ha cesado. Años antes, sólo Andrés Bello había publicado, entre
1833 y 1834, una serie de artículos de carácter pedagógico en el semanario El Araucano bajo el título de
Advertencias sobre el uso de la lengua castellana dirigidas a los padres de familia, profesores de los colegios
y maestros de escuelas, los que estaban destinados más bien a corregir vulgarismos y expresiones viciosas en
el empleo del castellano en Chile. La llegada de Rodolfo Lenz a Chile en 1891 constituyó un acontecimiento
de primer orden en la historia del estudio del español de ese país. Desarrolló investigaciones sobre la lengua y
el folklore araucanos que fundamentó científicamente. Véase la investigación realizada por el profesor Miguel
Correa Mujica, en el artículo Influencias de las lenguas indígenas en el español de Chile en Espéculo. En
Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid. 2001.
3
quien recopiló cuentos de la zona mapuche. Sin embargo, fue el folclorista Ramón Laval4 el
que dio el impulso definitivo al tema, publicando diferentes compilaciones y estudios
acerca de los distintos tipos de cuentos. En años posteriores, las recopilaciones regionales
de cuentos y leyendas y el gigantesco trabajo desplegado por el folclorista Yolando Pino
Saavedra5 en la recopilación y clasificación de cuentos folclóricos han ayudado en el
rescate de una tradición que día a día pierde fuerza ante el avance de los medios de
comunicación de masas.
La narración de mitos y leyendas, así como de fórmulas mágicas y religiosas, tiene
gran importancia en la literatura popular. El imaginario popular se abre de esta manera a un
mundo más amplio que circunda la actividad de los hombres, estableciendo lazos con éste y
estimulando una percepción más viva de los fenómenos naturales. Es así como existen
mitos y supersticiones que aluden a un universo invisible para los ojos profanos pero de
gran poder sobre la vida de los humanos.
"Leyendas de entierro"
Centremos nuestro objeto de estudio bajo la nomenclatura popular que usan hasta ahora las
4
(1862 a 1929) Fue uno de los folkloristas más importantes de principios del siglo XX, junto con Julio
Vicuña Cifuentes y el erudito y lingüista alemán Rodolfo Lenz. Junto a ellos fundó la Sociedad del Folklore
Chileno en 1909, que dos años después se fusionó con la recién creada Sociedad Chilena de Historia y
Geografía. La obra de Laval destacó por el prolijo trabajo de campo que hizo en zonas rurales como Carahue,
en el sur del país, y por la erudición con que comparó diferentes manifestaciones de la cultura popular con sus
equivalentes europeos. Entre sus obras destacaron Del Latín en el folklore chileno (1910), Oraciones,
ensalmos i conjuros (1910), Cuentos chilenos de nunca acabar (1910), Contribución al folklore de Carahue
(1916), Tradiciones, leyendas y cuentos recogidos de la tradición oral de Carahue (1920), Paremiología
chilena (1923), Cuentos populares en Chile (1923) y Cuentos de Pedro Urdemales (1925). En Dirección de
Bibliotecas,
Archivos
y
Museos
Chilenos
(DIBAM).
http://www.memoriachilena.cl/mchilena01/temas/dest.asp?id=romanceroramon. Visitada el 21. 01. 2006.
5
La obra más importante sobre el cuento popular chileno es la que realizó el folclorista Yolando Pino
Saavedra. Fundador del Centro de Estudios Folclóricos y director de la revista Archivos del Folclor Chileno
en la década de 1950. Publicada en tres gruesos volúmenes entre 1960 y 1963, su obra Cuentos folclóricos de
Chile reúne más de cien cuentos distintos con diversas variantes que recogió en todas las regiones del país. En
Dirección
de
Bibliotecas,
Archivos
y
Museos
Chilenos
(DIBAM).
http://www.memoriachilena.cl/mchilena01/temas/index.asp?id_ut=cuentosfolcloricosdechile(1960-1963)
Visitada el 21. 01. 2006.
4
personas que conservan estos relatos en la tradición popular chilena: "Cuentos de
entierros". Antes, eso sí, hacemos nuestras las palabras de Clifford Geertz respecto de las
definiciones:
aunque es notorio que las definiciones no establecen nada en sí mismas, si se las elabora
cuidadosamente, suministran una útil orientación o reorientación de manera tal que un
minucioso análisis de ellas puede ser una manera efectiva de desarrollar y controlar una
nueva línea de indagación. Las definiciones tienen la útil virtud de ser explícitas; se
formulan en una forma de prosa discursiva que no cae en el peligro, tan frecuente en este
campo, de sustituir el argumento por la retórica.6
Definamos como punto de partida para nuestro trabajo los "cuentos de entierros"
como leyendas (siempre de un cariz local, pues no busca contar lo acontecido en lugares
lejanos o legendarios, ni tampoco se remonta a tiempos míticos sino que se ubica en un
tiempo pasado pero de alguna forma cercano) que dan cuenta de un fantástico tesoro oculto
que posee algún cariz mágico y de cierto valor implícito en su historia como, desde luego,
en su valor económico. Dicho tesoro siempre está enterrado en algún lugar que no deja de
ser insólito, casi siempre en dos tipos de localizaciones: por un lado tenemos los que están
dentro de un edificio -tanto en paredes como en el suelo- y por otro, los que están ubicados
en algún lugar geográfico peculiar, llamativo, y de difícil acceso -quebradas, cuevas, rocas,
lagos, entre otros-. Siempre la riqueza es cuidada por algún espíritu protector que impide
que los buscadores de tesoros puedan poseerlo.
La leyenda que presento a continuación ha sido recopilada en la comuna de
Colchagüa en la VI región de Chile. En la aún pequeña cuidad de Santa Cruz se mantiene
con fuerza una vida más bien de corte rural, que posibilita la conservación más o menos
intacta de su literatura oral.
En el Tambo la familia Millacary Gatica [es] descendiente del último cacique de la
resistencia del Tambo. Se contaba que este cacique enterró entre dos muros muy gruesos
una ojota7 de oro que le había dejado su abuelo. Muchas personas han tratado de buscarlo,
[pero] durante las noches salen unos perros negros que no dejan acercarse.8
6
Geertz, C., La interpretación de las culturas, Barcelona, Editorial Gedisa, 1997, p.89.
7
"Calzado a manera de sandalia, hecho de cuero o de filamento vegetal, que usaban los indios del Perú y
de Chile, y que todavía usan los campesinos de algunas regiones de América del Sur." (DRAE: 1992)
8
.Informante José Neftalí Yáñez Jeria, de Santa Cruz, Chile, 78 años. Recopilación realizada por Marcia
5
El texto anterior posee todas las características propias de una leyenda de entierros.
Veamos cuáles son: una persona de cierta importancia (el último jefe militar de los
mapuches de la resistencia del Tambo) esconde un tesoro fabuloso que ocultamente poseía.
Dicho tesoro escondido (una ojota de oro que está enterrada entre muros gruesos que
imposibilitan su extracción) concentra el interés central del relato. Por último, un guardián
mágico le protege: los ya tan típicos perros negros del imaginario chileno, imagen tantas
veces asociada al demonio.
Veamos otro texto, esta vez contado por Viviano Yáñez, hermano trillizo de nuestro
anterior informante:
Los últimos jesuitas que vivieron en Colchagua eran dueños de la hacienda de Yaquil,
cuando los expulsaron del país no sabían qué hacer con la fortuna que habían adquirido
durante estos años. Dice la gente que lo enterraron en un cerro llamado Nenquén,
colocaron arriba de él una roca con forma plana en su superficie, la llamaron La Mesa,
hasta el día de hoy nadie ha podido sacarlo por el peso de la roca, además algunas
personas han dicho que se veía una señora vieja, delgada y alta que cuida el entierro.9
Nuevamente encontramos los rasgos distintivos de la leyenda de entierros: un
personaje colectivo (los jesuitas, sin agregar nada más a su descripción) con cierto rango
social y comunitario, la presencia como eje central de un tesoro enterrado en un lugar
"insólito" y un espíritu que juega el papel de un guardián de la fortuna. Destaquemos en
este texto, que no se explicita el monto de la fortuna, pero con la sola mención de los padres
jesuitas se cumplen el papel de mostrar sin decir, o sea, está implícito el poder económico
que la iglesia muestra a la comunidad, por ende ya con solo la mención se intuye la
fastuosidad del "entierro". Recordemos que tal vez es la iglesia la que presenta la mayor
gala de opulencia, incluso más que los primeros estamentos estatales, en los países de
Latinoamérica colonial y en su primera etapa republicana.
Yáñez Valenzuela 10.01.2006. Chile.
9
Informante José Viviano Yáñez Jeria, de Santa Cruz, Chile, 78 años. Recopilación realizada por Marcia
Yáñez Valenzuela 10.01.2006. Chile.
6
Tampoco es posible dejar de mencionar "La Mesa" como el relato denomina al lugar
de entierro del tesoro. Básicamente vuelve al lugar más clásico para esconder un tesoro
legendario: la tierra. Pero no es en cualquier sitio, sino que en uno muy particular, uno
inamovible, una roca lisa que asemeja una forma tan cotidiana para el hombre del campo,
como una mesa. Innecesario resulta -al parecer- para el narrador, decir como fue que los
jesuitas movieron dicha piedra para colocar el tesoro, pues pese a que su peso es tal que
"nadie ha podido sacarlo" se subentiende que la industria e inteligencia que los jesuitas
poseen les permitiría hacer ese tipo de prodigios.
La estructura básicamente de toda leyenda de entierros posee -como ya hemos
mostrado- los mismos elementos constitutivos ordenados incluso de maneras iguales. Los
relatos orales siempre se visten de diferentes elementos que atrapen la atención del receptor
del texto y que usualmente tiene que ver con la realidad que circunda a la comunidad a la
que está dirigida el relato. ¿Qué visión entregaban para el alma comunitaria chilena este
grupo de sacerdotes?
Veamos un grupo de relatos que dan cuenta de las diversas formas que puede adquirir
las leyendas de entierro:
Un señor llamado Antonio cruzaba los cerros de Vichuquén con sus dos mulas cargadas
con sacos de sal. Durante el viaje se encontró con un caballero que le ofreció un tesoro,
pero tenía que tener cuidado con el Culebrón. Al escuchar esta historia no se animó, él
otro viejo insistió que no debía preocuparse porque el Culebrón era solo un cordón
trenzado, pero que no debía dañarlo. Antonio lo pensó, pero no se atrevió porque les tenía
mucho miedo a las serpientes. Al llegar a la casa le contó todo a su hermana, que no fue
capaz de botar los sacos de sal para ir a buscar el tesoro y su hermana lo retó, por ser
cobarde y perder el tesoro.10
Tránsito Valenzuela contaba que cuando trabajaba de guardia en Calama, se encontró con
un caballero que le contó que en Paredones, en una quebrada que se llamaba Las Cruces,
abajo de una roca había un entierro muy grande donde a las doce aparecía una vela al
acercarse se encontraban con un zorro, no deja sacar el entierro. 11
10
Informante Ramón Valenzuela, de Santa Cruz, Chile, 91 años. Recopilación realizada por Marcia
Yáñez Valenzuela 15.01.2006. Chile
11
. Informante Ramón Valenzuela, de Santa Cruz, Chile, 91 años. Recopilación realizada por Marcia
Yáñez Valenzuela 15.01.2006. Chile
7
Dicen los más antiguos habitantes de La Lajuela que Don Pancracio fue un hombre muy
rico que llegó a La Lajuela desde Curicó, era un hombre muy tacaño y cuando se casó y
tuvo hijos, les mezquinaba hasta el agua... Cuando se acercó el momento de su muerte
quiso ponerse en la buena con Tatita Dios y se arrepintió de su maldad, entonces les dijo
a sus hijos dónde tenía un entierro de monedas de plata. Sus hijos lo buscaron, pero jamás
lo encontraron... Y por eso los cerros de La Lajuela brillan siempre en noches de luna.
Cuenta la tradición que muchas veces se siente como el tacaño Pancracio anda con una
pala y un chuzo arañando las rocas en busca del tesoro que desea entregárselo a sus
descendientes... Mientras esto no ocurra, él andará como alma en pena y no podrá salir
del purgatorio.12
En Lolol, cuenta la tradición que se escondió uno de los tesoros de la banda de Los
Pincheira... Este tesoro estaba compuesto por joyas que estos forajidos robaban en las
casas de los ricos hacendados de la zona, pues bien... A la entrada de la comuna hay un
gran promontorio de rocas donde actualmente hay una pequeña ermita dedicada a la
Virgen María, bajo estas rocas se escondería el tesoro, pero nadie se ha atrevido a
profanar este lugar sagrado, porque dicen que los Pincheira mataron a los portadores del
tesoro y allí mismo los enterraron, para que nadie supiera donde lo habían escondido. En
noches de tormenta se escucha el lamento de los hombres que murieron sin poder
arrepentirse de sus pecados y faltas.13
Pese al rico sustrato folclórico en Chile, el estudio del mismo lamentablemente no es
tan acabado como sería necesario para la multitud de información aún viva en el territorio
nacional. Empero lo anterior, ya desde el siglo pasado muy buenos folcloristas aparecieron
en el panorama de la literatura popular nacional, entre otros, tal vez el más famoso don
Oreste Plath14 quien recopiló un cúmulo basto de la tradición folclórica:
Se cuenta que buscando refugio para eludir una tormenta de nieve, llegó hasta la orilla del
lago de los cristales en la cordillera de San Fernado, un arriero y su tropilla de mulas. A
este amparo se durmió, mientras las aguas del lago excedieron su nivel, arrastrándolo
hacia su fondo, conjuntamente con las mulas, que portaban una carga de oro. Narran que
ciertas tardes de sol se ven en el fondo el arriero y sus animales, y hasta se siente el sonar
12
Informante María Inés Vega Sanhueza, de Quillota, Chile, 55 años. 15.01.2006.
13
Informante María Inés Vega Sanhueza, de Quillota, Chile, 55 años. 15.01.2006.
Seudónimo del folclorólogo y profesor César Octavio Müller Leiva (1907 - 1996). Dictó innumerables
conferencias en Chile y Latinoamérica. Además publicó artículos en revistas chilenas y extranjeras, del
mismo modo se desempeñó como colaborador permanente de los diarios Las Últimas Noticias, La Tercera,
La Época y La Estrella de Valparaíso. Plath se interesó por todo lo profundamente nacional: los mitos, las
leyendas, los pájaros, los mineros, los juegos, el habla, las animitas, el Santiago que conoció, sus restaurantes,
hoteles, residenciales, personajes, tiendas, revistas, etc. Sus obras más consultadas son Folclore chileno, El
Santiago que se fue, Folclore religioso, Regionalización de las artes populares chilenas, Origen y Folklore de
los juegos en Chile y Geografía del mito y la leyenda chilenos. En Dirección de Bibliotecas, Archivos y
Museos Chilenos (DIBAM). http://www.memoriachilena.cl/ Visitada el 21. 01. 2006.
14
8
del cencerro de la mula madrina. Otros aseguran que las mulas salen de la laguna y,
arriadas por el hombre, toman una huella que no lleva a parte alguna. 15
Un personaje interesante en las leyendas de entierro son los "espíritus guardianes"
que pueden ser antropomórficos (viejas, señoras, damas, casi siempre de negro o en un
extraño semblante) o zoomórficos (perros negros o cabras) que son un nuevo tipo de "genio
protector", que puede hacer las veces de ayudante o de expulsor de los tesoros.
Curiosa es la presencia siempre constante estos diversos espíritus guardianes que
acompañan a los tesoros legendarios en todas las tradiciones culturales. Desde las ya casi
míticas maldiciones de las momias en las tumbas egipcias, a las más modesta apariciones
en las leyendas de entierros Al parecer es un tópico común la de alguna fuerza mágica que
defienda las fortunas de los buscadores de tesoros. Seguramente -desde mi perspectiva- este
motivo da cuenta de un mecanismo explicativo del porqué no se logra desenterrar el
"tesoro" para ser compartido y aprovechado por la comunidad y cómo, además, el alma
popular de la comunidad cubre de misticismo social un hecho que está fuera de la
cotidianidad inmediata de las personas.
Conclusiones
Las leyendas de entierro de un tesoro, en alguna medida tienen puntos en común
con el motivo de "el tesoro fatal". El profesor Pedrosa16distingue claramente dos tópicos de
tesoros: el "soñado" y el "fatal", en el primero entre los buscadores hay colaboración en su
15
Com. pers.
16
Pedrosa, José Manuel, ¿ Existe el hipercuento?: Chaucer, una leyenda andaluza y la historia de El
tesoro fatal (AT 763). En Revista de poética medieval 2 (1998), España, Universidad de Alcalá, p. 195 - 223.
Pedrosa, José Manuel, Más reescrituras de El tesoro fatal (AT 763): Del Orto de Esposa, Vicente Ferres y
Hans Sanchs a Eca de Queiriz, William Falkner y Max "aub". En Revista de poética mediaval 5 (2000),
España, Universidad de Alcalá. Pedrosa, José Manuel, El cuento de El Tesoro Soñado (AT 1645) y el
Complejo Leyendístico de El Becerro de Oro. En Estudos de Literatura oral Nª4, 1998, Portugal,
Universidade do Algarbe, p 127 - 156.
9
proyecto de búsqueda y disfrute por igual en las ganancias, en cambio en el segundo hay
una actitud individualista de los participantes del proyecto de búsqueda del tesoro, lo que
causa que todos mueran por diversas razones, evidentemente siempre impulsado por la
codicia y el egoísmo.
Nosotros creemos que las leyendas de entierros no se ajustan claramente a ninguno
de los dos relatos, pues se parte de la premisa que el entierro para que posea su carga
emocional y fuerza literaria no ha sido ni será nunca descubierto, y por ende, no hay un
rasgo de disfrute o de castigo por la actitud de los buscadores. Empero lo anterior, si
podemos observar que los entierros puede presentar elementos que inviten a creer al lector
que por el ambiente de misterio y maldición que reina sobre la riqueza presentada,
podríamos tener un desenlace fatal, pero eso no presenta una clara relación con la actitud
del buscador, es más bien una fuerza que depende directamente del que entierra dicho
tesoro.
Podemos además ya corroborar la definición con que se partió el análisis de este
tipo de texto, pues las leyendas de entierros, en el grupo examinado responden a las
premisas que teníamos de trabajo.
Para finalizar mencionemos lo interesante que resulta siempre el motivo del tesoro
escondido en la tierra. Es al parecer que la Pacha Mama o Madre Tierra ha sido y es fuente
de riqueza para el hombre, que a través de un trabajo puede encontrar la forma de obtenerla.
Más aún en Latinoamérica esta idea cobra importancia, sobre todo en la zona chilena de
Colchagüa, pues dentro una comunidad donde, en alguna u otra medida, son
mayoritariamente dependientes de la agricultura, la mitificación de los recursos de la tierra
siempre será símbolo de los frutos inagotables que se pueden obtener de ella. No deja
incluso de ser lógico que los "entierros" nunca sean encontrados, para que así no se agote la
esperanza de poder aumentar el bienestar comunitario con el encuentro de estos fabulosos
tesoro.
10